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Diez pinturas inolvidables XV (Chicago Art Institute) 10 Febrero 2010

Posted by Leiter in General.
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Art_Institute_of_Chicago_Front

 Dentro de nuestro periplo por América, ofrecemos hoy la decimoquinta entrega de esta serie dedicada a seleccionar las diez obras más representativas de las más importantes pinacotecas del mundo. Hacemos parada en Chicago, la moderna capital de Illinois que se encuentra a orillas del lago Michigan, y nos adentramos en uno de los mejores museos estadounidenses, el Chicago Art Institute, probablemente la pinacoteca que reúne la mejor colección de pintura impresionista del mundo fuera de Europa. Este museo es muy peculiar, ya que en el mismo se exponen principalmente pinturas de estilo medieval y de estilo impresionista, es decir, obras de épocas muy distantes entre sí. El museo se fundó en 1879 y desde 1893 se ubica en un edificio de estilo neo renacentista diseñado por un gabinete arquitectónico de Boston. Con esta entrada, atesoramos ya 150 cuadros de quince museos del mundo: Así, hasta ahora, hemos visitado El Prado, El Louvre, La Galería de los Uffizi, La National Gallery londinense, El Rijksmuseum de Amsterdam, El Orsay parisino, el Metropolitan de Nueva York, la Alte Pinakothek de Munich , el Museo Thyssen-Bornemisza, el Kunsthistorisches de Viena , el Hermitage de San Petersburgo , el Reina Sofía, la Pinacoteca di Brera en Milán y el MOMA neoyorquino… Y los que nos quedan. Cumplimos así los deseos de la madrina de este blog, Amalia, de quien hemos recibido la bendición para seguir con esta serie que comenzó con la idea de salvaguardar las mejores obras de la pintura universal ante el advenimiento de una presumible catástrofe cósmica que resultó ser un camelo… Bromas aparte, a ver si os gusta mi selección de hoy.

El Greco Asuncion de la virgen

1- LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN de El Greco: Es imposible dejar de pensar en otra conocida Asunción, la de Tiziano, a la hora de contemplar este cuadro. La pintura fue concebida para decorar el retablo mayor de Santo Domingo el Antiguo en Toledo, pero fue vendido en 1830 y sustituido por una copia. El original llegó hasta Chicago y fue el primer cuadro de El Greco expuesto en tierras norteamericanas. El cuadro presenta la misma disposición que el ya mencionado de Tiziano, con dos escenas, terrenal y celestial, que quedan vinculadas por la impactante figura de la Virgen. La obra destaca por la extraordinaria expresividad de los figurantes, aspecto en el que El Greco era un consumado maestro, y en el inconfundible y luminoso cromatismo.

Zurbaran san Barulas

2- SAN ROMÁN DE ANTIOQUÍA de Francisco de Zurbarán: La historia que narra este cuadro de Zurbarán es del todo escalofriante: San Román de Antioquía fue un diácono cristiano que murió en el año 303 durante las persecuciones ordenadas por el emperador Galerio. Cuenta la leyenda que al pobre Román le seccionaron la lengua para impedir que siguiera haciendo prosélitos. Pero el bueno de Román, que para eso era santo, siguió hablando sin lengua… Un niño llamado Barulas, al contemplar la escena, declaró la divinidad de Cristo y fue por ello igualmente martirizado. En este cuadro, el artista muestra a San Román sosteniendo su propia lengua con la mano derecha mientras que el niño le escucha con atención. La expresión del rostro del santo es una de las más logradas por Zurbarán en toda su extensísima producción y también resultan excepcionales los bordados de la casulla.

Watteau fiesta campestre

3- LA FIESTA CAMPESTRE de Antoine Watteau: Como suele ser tónica habitual en la producción de Watteau, este gran lienzo está ambientado en elegantes jardines aristocráticos que muestran el ambiente social del Rococó. Destacan las majestuosas tonalidades verdosas y azuladas del paisaje y una posible herencia de la pintura flamenca en cuanto a la técnica. Los personajes, ricamente vestidos y pintados al detalle, aparecen en una proporción inferior en comparación al exuberante paisaje. Existe un cierto componente erótico en la actitud de algún figurante, quien parece ajeno a las conversaciones tal vez insustanciales del resto del grupo. Watteau aplica los colores de una forma muy diluida, recurso que permite las transparencias. El cuadro aparece más oscuro de lo que fue en su origen debido a la aplicación de unos barnices coloreados que dificultan su limpieza y conservación. Aún así, me parece una obra maravillosa que, con vuestro permiso, me llevo a casa.

Renoir mujer al piano

4- MUJER AL PIANO de Pierre-Auguste Renoir: Grandísimo óleo del que quizás fue el exponente más sensibilizado del Impresionismo. Como buen impresionista, Renoir se siente motivado para retratar escenas del todo cotidianas, evitando las mitologías e historicismos de los académicos. La joven aparece vestida con un amplio vestido blanco ribeteado en negro que el artista pinta con gran maestría, logrando captar distintas tonalidades correspondientes a las sombras proyectadas. Otro magnífico contraste es el que enfrenta el delicado y pálido rostro de la joven con el negro caoba del piano, aspecto que indefectiblemente nos recuerda a Manet, el gran referente de los impresionistas. El cuadro refleja también el interés de Renoir por la atmósfera más que por el detalle y para ello aplica una pincelada rápida y muy empastada. Emotivo y excepcional óleo.

Caillebotte La plaza de Europa

5- LA PLAZA DE EUROPA EN TIEMPO LLUVIOSO de Gustave Caillebotte: El artista parisino, discutido aún por cierta parte de la crítica, pertenece a la escuela realista anteriormente abanderada por Courbet y Millet aunque sus obra presenta influencias del Impresionismo. De esta manera, este prodigioso cuadro refleja la realidad tal y como es en un empeño de reducir la teatralidad inherente de la pintura. Pero en este óleo, Caillebotte llega a tal dosis de hiperrealismo y maestría que consigue plasmar de manera fotográfica una calle de París. El aspecto moderno y distintivo del cuadro es evidente — recuerda mucho a Hooper — y la técnica delata el uso de colores planos. La arriesgada y profunda perspectiva puede resultar un tanto exagerada; sin embargo, Caillebotte demuestra ser un pintor valiente y no adherido a estilo pictórico alguno. El colorido del cielo y de las losetas de la calzada — observad como se “inclinan” hacia nosotros, como en una foto — están conseguidos con verdadera maestría. Obra maestra sin posible discusión.

Seurat grand Jatte

6- TARDE DE DOMINGO EN GRAND JATTE de Georges-Pierre Seurat: Nada menos que dos años empleó Seurat en completar esta cuidada composición que arranca de formas geométricas simplificadas. Las casi cuarenta personas que aparecen en el cuadro ofrecen la sensación de estatismo y poca comunicatividad; sin embargo, la intención de Seurat es la de plasmar los estereotipos parisinos de la época, añadiendo un cierto simbolismo lascivo en la figura del mono. El contraste entre el primer plano de sombra y el fondo soleado permite crear una conseguidísima sensación de profundidad que se ve reforzada por la continua recesión de los figurantes. El cuadro tiene algo de onírico, de irreal, pero me parece fascinante. Es además un claro exponente del alejamiento temático de Seurat respecto a los impresionistas, más preocupados éstos por captar la espontaneidad y fugacidad escénica.

cezanne-pannierdepommes1895

7- BODEGÓN CON MANZANAS Y MELOCOTONES de Paul Cézanne: Este sensacional cuadro corresponde a la época de mayor madurez del autor. Cézanne culmina su estudio del color mediante la aplicación de unas cuantas pinceladas yuxtapuestas de color. En este lienzo apreciamos como el artista expresa su teoría de que lo que realmente se ha de modular es el color y no el claroscuro, como se había hecho hasta entonces en la pintura tradicional. Otra de las características de este bello cuadro es la completa dislocación de la perspectiva en un intento de ofrecer al espectador dos puntos de vista. Si nos fijamos, el plano izquierdo no está a la misma altura que el derecho. Hasta cierto punto, y con muchas reservas, podría hablarse de un precedente del cubismo. Otro lienzo que me llevo directamente a mi casa.

Nonet nenúfares

8- LIRIOS DE AGUA (NENÚFARES) de Claude Monet: El cuadro pertenece a la serie de más de 250 óleos que Monet dedicó a esta serie y para cuya inspiración se fijó en los juegos de agua de su jardín de Giverny. Por algunas de estas obras se han llegado a pagar verdaderas fortunas en las subastas. Monet, ya enfermo de cataratas cuando inicia esta prodigiosa serie, se resuelve como uno de los más grandes pintores de la historia. Pocos saben que Monet ordenó importar nenúfares de Japón para su estanque de Giverny y para ello se tuvo que elevar artificialmente la temperatura del mismo, provocando las protestas de los vecinos que acudían a lavar al río que pasaba por la finca y que formaba el estanque. En este magistral óleo se advierte como la pincelada de Monet es cada vez más suelta, en un proceso que paulatinamente va a eliminar la forma en aras de una incipiente abstracción posteriormente desarrollada por otros autores. Grandioso y sublime lienzo de una serie que, con toda justicia, se ha venido llamando como La Capilla Sixtina del Impresionismo.

JuanGris_Portrait_of_Picasso

9- RETRATO DE PICASSO de Juan Gris: De rodillas, que estamos ante un monumento pictórico. Con este cuadro, homenaje de Gris a un compatriota que le aventajaba en edad y fama, se presentó Juan Gris en el famoso Salón de los Independientes de París. El cuadro se compone de una serie de planos cuyos bordes están delineados en firmeza y claridad. Dichos planos son construidos a base de pinceladas cuadradas de colores cálidos y fríos que Gris aplica a la superficie de la tela con una irregularidad distinta a la de la técnica empleada usualmente por Picasso o Braque. Para muchos especialistas, la adopción de esta estructura geométrica aparentemente rígida significa que Gris es el exponente más puro del Cubismo, consideración con la que estoy absolutamente de acuerdo. Prodigioso el detalle de la paleta negra sostenida por el retratado y en la que aparecen manchas de los tres colores primarios más el negro. Este cuadro, en mi opinión, forma parte de los diez mejores cuadros de la historia de la pintura española. Obra maestra sin posible discusión.

Hooper nigthhawks

10- NIGHTHAWKS (NOCTÁMBULO) de Edward Hopper: La clave de la belleza de este cuadro radica en el uso expresivo de la luz artificial que juega sobre las formas simplificadas. La pareja — ¿A que se parecen a Humphrey Bogart y Lauren Bacall? — contempla al camarero inclinado bajo el mostrador mientras que sus manos están a punto de tocarse, escena que hace resaltar indirectamente al solitario cliente que da la espalda al espectador. Las formas geométricas curvas, acentuadas por una fachada art-déco y una luz angular, proporcionan un escenario casi teatral al grupo de figuras casi aisladas. El anuncio de cigarrillos marca Phillies — marca barata que solía venderse en gasolineras — delata que el local no es, precisamente, de gran categoría. La escena es del todo intrigante al no verse la entrada al establecimiento, por lo que el espectador parece imperativamente expulsado de la escena. Este óleo sirve para decorar algunas historias contadas por el autor de este blog en otras categorías del mismo…

RAFAEL PUYANA 9 Febrero 2010

Posted by Leiter in Cajón de sastre.
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Dedico esta entrada a mi amigo IVÁN PAIXAO

 Nacido en Bogotá el 14 de octubre de 1931, el colombiano Rafael Puyana es considerado uno de los mayores intérpretes de clave del mundo en la actualidad y una de las primeras grandes figuras de origen sudamericano en destacar en el mundo de la interpretación de la música culta. Miembro de una familia con notables antecedentes musicales, Puyana comenzó a estudiar piano a los seis años bajo las órdenes del profesor italiano Giacomo Marcenaro, presentándose en público a los trece en el Teatro Colón de Bogotá durante un concierto benéfico. Con sólo 16 años, viajó hasta EEUU para ingresar en el Conservatorio de Boston y estudiar clave bajo la tutela de la eminente Wanda Landowska, la mujer que hizo posible la resurrección del clavicémbalo en pleno siglo XX. Tras ocho años de intensos estudios, Puyana viajó hasta para París para complementar su formación en Composición y Estética Musical con otra de las grandes personalidades femeninas de la época, la prestigiosa Nadia Boulanger, posiblemente la profesora más apreciada de Composición en el mundo en aquella época. Finalizados sus estudios, Puyana vuelve al continente americano e inicia su exitosa carrera como concertista de clave, tanto en los escenarios americanos de mayor relieve como asimismo en los europeos. La crítica se rinde ante su forma de ejecutar el clave, posiblemente dotado de una fidelidad interpretativa hoy en día insuperable. Su repertorio abarca desde la música renacentista hasta las principales composiciones realizadas para este instrumento en su particular revivir en el siglo XX. Compositores de la talla de Mompou, Montsalvatge o Louvier han creado obras especialmente para el maestro Puyana.

 Rafael Puyana es toda una institución internacional en el mundo de la interpretación del clave y especialmente es adorado en su país, Colombia, en donde es la mayor figura artística que ha dado el mundo de la música. Para los especialistas, el maestro Puyana destaca por la vitalidad de su sentido rítmico y una cuidadosa línea interpretativa. Pero además, el maestro Puyana destaca por ser una persona extraordinariamente bondadosa, generosa y dotada de un gran sentido del humor. Vive a caballo entre París y su adorada Colombia, y su casa siempre está abierta para los amigos y para cualquier discípulo que busque una magistral orientación por parte del artista. Nada amante de los lujos y ostentaciones, Puyana se caracteriza además por expresar las cosas “por su nombre”, algo que le ha conllevado algún dolor de cabeza por tratar temas de los que nadie se ha atrevido.

 Dentro de su extensa discografía, destacamos las Sonatas de Scarlatti (HARMONIA MUNDI); obras de Mozart (PHILIPS); obras de diversos autores del primer barroco (DECCA); obras de diversos autores del Renacimiento (PHILIPS); obras de Couperin (PHILIPS); y la obra del Padre Antonio Soler (PHILIPS), de la que por desgracia no he encontrado ningún vídeo en la red, algo realmente imperdonable dada la importancia de este registro discográfico. Nuestro humilde homenaje a este gran maestro colombiano.

Extasis de Santa Teresa – Gian Lorenzo Bernini 8 Febrero 2010

Posted by Leiter in A golpe de martillo y cincel.
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 Bernini fue, sin lugar a dudas, el escultor más grande del Barroco italiano (Y también un notable arquitecto). Hijo también de escultor, Bernini comenzó a gestarse un nombre en Roma merced al monumento funerario destinado al obispo Santoni, secretario del papa Sixto V. De ahí se sucede, por encargo del cardenal Scipione, el extraordinario David, una composición plena de energía y movimiento. Su fama se consolida con los grupos de Plutón y Proserpina (1622) y Apolo y Dafne (1625). Pero posiblemente su obra más apreciada y estimada sea el Éxtasis de Santa Teresa, realizada en 1646 con destino para la Capilla Cornaro de la iglesia de Santa Maria della Vittoria. El tema escogido por el artista no pudo ser de más actualidad, ya que Santa Teresa de Jesús había sido canonizada en tiempos recientes (16 de febrero de 1622) junto con las grandes figuras de la Contrarreforma, Ignacio de Loyola, Francisco Javier y Felipe Neri. La escultura italiana de esta época se caracterizó principalmente por su gran teatralidad y posiblemente el Éxtasis de Santa Teresa sea la escultura más deliciosamente teatral de toda la historia.

 La obra fue concebida para una escenografía en la que sobre el altar aparece la santa española en el momento de ser traspasada por la flecha del ángel. Nada parecido se había realizado anteriormente y la resolución contó con la ayuda de unos medios dispuestos para ensalzar la atmósfera mística del momento. Una luz abierta en lo alto ilumina la escena, presentando como suspendidas en una nube a las dos figuras. La escena representada es la que escribe la propia Santa Teresa en el capítulo XXIX de su propia autobiografía: Se le apareció un ángel en forma corpórea con una cara bellísima y toda iluminada. El ángel sacó un dardo, cuya punta parecía inflamada, que le traspasó las entrañas y le dio vida, dejándola “toda agitada en grande amor de Dios”. Bernini logró un realismo más que exquisito al esculpir el pesado manto de la monja, las nubes vaporosas, el velo ligero y la tierna epidermis del ángel adolescente, modelado con una sonrisa del todo enigmática, entre maliciosa y beatífica. La expresión del rostro de la santa es la de pérdida de la consciencia, con los ojos cerrados y los labios abiertos, y en donde manos y pies expresan un total abandono, en dramática actitud. Al mismo tiempo, el cuerpo suspendido en el aire y el movimiento en diagonal que lo anima nos hace creer en lo imposible. La conjunción de todos los instrumentos barrocos por excelencia fue puesta al servicio de esta idea en la que colaboran arquitectura, pintura y escultura, marcando la más completa fusión de las artes que jamás se haya imaginado. El conjunto se encuentra flanqueado a ambos lados por relieves en los que figuran los miembros de la familia Cornaro en animada charla, como en los palcos de un teatro. Luego de esta obra maestra, Bernini dirigió sus objetivos artísticos hacia la arquitectura, especialmente al tratamiento urbanístico.

Guillaume de Machaut: Kyrie de la Misa de Notre-Dame 7 Febrero 2010

Posted by Leiter in Guiños musicales.
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 En el enlace al vídeo que hoy os dejo podemos escuchar el Kyrie de Misa de Notre-Dame del compositor francés Guillaume de Machaut, una obra fundamental del repertorio histórico, toda vez que esta composición es la misa cíclica más antigua que se ha conservado con movimientos escritos por un mismo músico. Efectivamente, es posible que esta Misa sea la primera de este tipo, ya que la idea de escribir un conjunto complejo de movimientos polifónicos musicalmente relacionados no cuajó hasta mediados del siglo XV, con la obra de Dufay y de sus contemporáneos. Compuesta hacia 1363, la Misa de Notre-Dame fue concebida para cantar en la misa celebrada los sábados en honor a la Virgen María en la Catedral de Reims y todos los indicios apuntan a que es más que probable que se interpretara de forma regular tras su composición debido a que determinadas copias contienen algunas enmiendas musicales. Esta obra es la primera de su género que presenta un criterio unitario y también la primera compuesta para cuatro voces.

 Si las figuras de Dante y Giotto fueron determinantes en el cambio artístico europeo del siglo XIV, su equivalencia en música es Guillaume de Machaut. Los músicos de la época van a hablar de un Ars Nova que dará nombre a toda una renovación sonora como contrapartida al Ars Antiqua y, con frecuencia, esta denominación va a ser la empleada por los músicos para referirse a toda la antigua producción del siglo XIII. Generalmente, se ha venido comentando que el Ars Nova es una determinada música polifónica que pone freno al Cantus firmus del gregoriano anterior. Realmente, el Ars Nova no es sino un nuevo concepto de la polifonía que ya había florecido con Leonin y Perotin, una especie de progresiva conquista del espacio sonoro que marcha paralela con la conquista espacial que la pintura realiza mediante el descubrimiento de la perspectiva. La expresión Ars Nova se debió al compositor y teórico Philippe de Vitry (1291-1361) quien estuvo vinculado a los maestros de Notre-Dame y ocupó puestos importantes. En su tratado Ars Nova (1322), una de las obras teóricas más trascendentes de toda la historia de la música, expone los principios de una avanzada notación mensural que hace posible, por su precisión de entonación y ritmo, una polifonía mucho más compleja, con la introducción del isorritmo que será fundamental en la nueva forma del motete. Esta nueva anotación se encontró en tratadistas tan famosos como Jean de Muris (1290-1351), autor del Ars novae Musicae y amigo y partidario de Vitry. Pese a las violentas contestaciones que debió soportar — especialmente por parte de la propia Iglesia — las innovaciones hacían hincapié en lo artístico y dejaban de lado toda la parafernalia litúrgica, aspecto en el que la anterior música tenía su objetivo para el servicio del culto y no tanto para el agrado de los fieles. Incluso en 1322, una bula del papa Juan XXII (Docta santorum patrum) trata de limitar estas novedades al mismo tiempo que las critica. Pero la revolución fue del todo imparable, afectando principalmente al ritmo que logra arrinconar los seis modos rítmicos precedentes en aras de una división en modo perfecto (Ternario=Trinidad) e imperfecto (Binario). El procedimiento llega a la coordinación de melodía y ritmo a través de un motete isorrítmico en el que un mismo modelo rítmico se desarrolla durante toda la pieza. La música deja de ser un simple soporte matemático de la palabra divina para convertirse en un arte mucho más complejo.

 Poco se sabe de la figura del que fue uno de los más grandes compositores de la historia. Al parecer, nació alrededor de 1300 y estudió en algún lugar cercano a Reims. En 1323 se une al servicio del rey bohemio Juan de Luxemburgo y también entabla contacto con el teórico y músico Philippe de Vitry. En 1330, y luego de un viaje a Lituania, es recomendado para la posición de canónigo en la catedral de Verdún, donde permanece durante un período de diez años hasta ser nombrado canónigo de la catedral de Reims. Allí compuso, en una fecha estimada de 1363, su fabulosa Misa de Notre-Dame, quizás como acción de agradecimiento al frustrado sitio inglés de dicha ciudad cuatro años antes. Ese mismo año compone además la colección de música, cartas y poemas titulada como Le voir dit. Su muerte, en 1377, provocó que muchos colegas de Europa escribieran elegías en su nombre. Machaut fue un compositor del que, afortunadamente, se han conservado la práctica totalidad de sus obras. Gran emprendedor, transmitió copias fidedignas de su música y poesía a todo el conjunto de la nobleza europea. Aparte de su Misa, Machaut produjo una abundante colección de motetes y canciones, muchos de los cuales tratan del amor cortesano. No deja de ser sorprendente que, dada su condición de religioso, la música de Machaut contenga numerosas canciones sobre el amor no correspondido, llegando al extremo de expresar su desdichado amor por Péronne, una joven noble, en su música y poesía. Su característico estilo musical incluye melodías intrincadas y disonancias del todo audaces. Nuestro humilde homenaje a este decisivo compositor en el desarrollo de la historia de la música.

Barajar y dar de nuevo 6 Febrero 2010

Posted by th23 in El comentario de Theniger.
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Pero que cansino este Theniger. Vuelta la burra al trigo.

El gobierno ha instalado el debate sobre la sostenibilidad del sistema previsional anticipando la intención de modificar la edad de 65 llevándola a los 67 para acceder al beneficio. Ha trascendido que también planteará modificar la base de cotización para el cálculo y los años de aporte para acceder a las prestaciones del sistema ( lo llevaría de 15 a 17 años).

La rebelión es total, los medios de comunicación se regodean pues tienen para armar la de “San Quintín” con encuestas en la calle, foros de expertos, tertulias y lo que se les ocurra. Otro tanto están haciendo UGT y CCOO.

Por supuesto, el amplio abanico de nuestra clase política descarga sus “pensamientos” sobre los sufridos habitantes que no saben a que atenerse.

No hace muchos meses, esos mismos que ahora se oponen pregonaban que el sistema no se sostenía y estaba en riesgos el pago a los actuales pensionistas, pero ahora manifiestan que no es momento para ello.

No me llamaría la atención si en lugar de criticar plantearan alternativas a la propuesta, pero claro eso sería pedirles demasiado a nuestros próceres.

La realidad es que cualquiera que se detenga a pensar un poco concluirá que el actual sistema no es viable en el mediano – largo plazo.

Los factores muchos: esperanza de vida, crecimiento demográfico, concurrencia de distintos regímenes, prejubilaciones, privilegios, pensiones no contributivas, viudedad, evasión, etcétera, etcétera.

Lo primero que hay que apuntar es que el gobierno ha hecho lo correcto ( Theniger salió del armario… !!No!!) pues está haciendo una propuesta que deberá analizarse cuando el Pacto de Toledo se reúna, quien evaluará la propuesta, su conveniencia, su necesidad y en última instancia si se impone proponer lo más conveniente.

Lo segundo es que cualquiera sea el camino a adoptar, desde lo propuesto hasta volcarnos a un sistema de cuentas nocionales, su aplicación será gradual hasta su pleno funcionamiento.

Lo tercero es que como todo régimen general tendrá sus excepciones, ya sea por actividades, lo penoso de la tarea o área geográfica para asegurar al máximo la ecuanimidad.

Por supuesto, lo que pueda surgir será perfectible, revisable en el tiempo (por definición, un sistema de reparto debe contemplarlo para ajustarse a la dinámica social) y generará alguna inequidad (donde se pone el límite se genera la injusticia) pero ante el desafío de quedarnos sin sistema será el mal menor.

Sería fácil decir todo esto desde una posición excluyente pero aclaro que cualesquiera sea la modificación (edad, tiempo de cotización, base regulatoria) estaré afectado por los cambios, no obstante estoy convencido de la necesidad de su modificación.

La única condición es que involucre a todos sin privilegios de ninguna índole, ya sean  funcionarios, políticos, dirigentes o ciudadanos de a pie.

Y es aquí donde todos los partidos tienen que hacer su aportación, desprendiéndose del oportunismo caza votos y aportar ideas y soluciones pues más temprano que tarde el electorado les pasará factura.

Al contrario de lo que puedan pensar, esta es una oportunidad única para la oposición pues el gasto político de dar la mala noticia es del actual gobierno y si los aportes de ideas y propuestas son sinceros, realistas y positivos los frutos serán de ellos, pero sobretodo se lo agradecerán el conjunto de los españoles que quizás – de su aportación al debate dependerá – lo premien con su voto en las próximas generales.

Un abrazo

THENIGER

Cuarto movimiento – Molto Allegro – de la Sinfonía nº 41 “Júpiter” de Mozart 5 Febrero 2010

Posted by Leiter in Versiones comparadas.
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- Karl Böhm con la Orquesta Filarmónica de Viena: Si bien el doctor Böhm nos dejó una serie completa de las sinfonías de Mozart dirigiendo a la Filarmónica de Berlín — irregular y con muchos altibajos — en sus últimos años grabó algunas sinfonías del genial salzburgués con “su” orquesta, la Wiener Philharmoniker. La mejoría resulta evidente a todas luces. En esta versión, pulcra y cuidada, destaca el buen acierto a la hora de emplear un tempo preciso. La disposición orquestal es quizás demasiado amplia para interpretar a Mozart con los criterios de hoy en día, pero la orquesta ejecuta la partitura a las mil maravillas, con una calidez de sonido inmejorable. Magistral la sección de maderas, nítida y extraordinariamente ensamblada al conjunto. Gran clima en los primeros compases del desarrollo (Böhm prescinde de la repetición), en las reiteradas modulaciones, con otra exhibición de las maderas, y logradísima transición a la reexposición del primer tema (Eficaz dinámica sonora disminuida). Heroico segundo desarrollo antes de llegar a la última fuga, magistralmente edificada en toda su dimensión y que concluye con un ligero y excepcional ritardando mediante el que se resaltan aún más los acentos rítmicos de los timbales. No podemos sino calificar la versión como de sobresaliente, aunque la orquesta tiene “mucha culpa” de eso.

- Jeffrey Tate con la English Chamber Orchestra: Tate ha de dirigir sentado a causa de su sobrepeso y de la espina bífida que padece desde su nacimiento. Versión conceptualmente muy parecida a la anterior aunque ejecutada con un número menor de efectivos orquestales. La ejecución está muy acentuada y la orquesta responde admirablemente bien, aunque sin llegar a la calidez de cuerdas de la Filarmónica de Viena. Se echa un poco en falta algo más de pulcritud en una dinámica sonora excesivamente lineal, donde apenas se perciben gradaciones sonoras. Tate sigue la puntuación de la doble barra de compás y efectúa la repetición. Buen cambio de atmósfera en el primer desarrollo, con un sensacional paso a la primera reexposición y posterior pasaje de misteriosas e inquietantes modulaciones en la que los cromatismos de las maderas destacan sobremanera (¿Alguien sabe por qué Tate dirige su mirada hacia el cielo? ¿Será que está intentando buscar espiritualidad?). ¡Ay, falta claridad en los pasajes previos a la grandiosa fuga final! Quizás, algo precipitados. Brillante fuga, jugando bien con las fluctuaciones de tempi. Versión de notable.

- Mark Laycock con la Bayerische Kammerphilharmonie: El norteamericano (Posee además nacionalidad canadiense) Mark Laycock es el actual director asociado de la Orquesta Sinfónica de New Jersey y es además un emergente director cuya carrera va desarrollando poco a poco. En esta versión, un tanto acelerada y precipitada según mi opinión, Laycock cuenta además con el inconveniente de una formación poco precisa y de una calidad sonora más que mejorable. El problema de abordar esta obra con tanta velocidad es que, indefectiblemente, se pierden notas por el camino y eso, en Mozart, es pecado mortal. Aparte, da la impresión de que el maestro Laycock acelera en diversos pasajes sin venir a cuento, con lo que la textura y claridad de la partitura brilla por su ausencia. Aún lo dicho anteriormente, el nivel técnico de la orquesta es digno de tener en cuenta a la hora de leer la pieza a tanta velocidad. Pero eso no significa que “suene” bien. Cumplimentada repetición (Se la habría podido ahorrar. Los metales chillan…). Los desarrollos adolecen de los mismos defectos: Imprecisión y ausencia total de claridad instrumental. Y por si no fuera poco, Laycock nos “regala” otra repetición… ¡De nada, hombre! Concedemos un aprobado a la versión, entre otras cosas, porque el pasaje fugado final está muy bien elaborado y es, de largo, lo mejor de la ejecución.

- Frans Brüggen con la Orquesta del Siglo XVIII: Versión realizada con instrumentos originales por el maestro y flautista holandés Frans Brüggen, uno de los más grandes defensores de este tipo de interpretación. Aún a pesar de que el tempo elegido es también rápido, la versión de Brüggen es mucho más precisa y convincente que la anterior de Laycock, con mayores y más conseguidos matices sonoros. La calidad de la formación orquestal está fuera de toda duda, funcionando como un engranado motor al que no le afecta el gran flujo de revoluciones. Convincente cambio de atmósferas en el primer desarrollo (Aunque al timbalista se le va un poco la mano) y muy bien planificada vuelta para atacar el juego de increíbles modulaciones. Aquí, la verdad, se agradece la segunda repetición… Maravillosamente expuesta la fuga final, de una claridad apabullante (En todo momento, los denominados sujeto y contrasujeto de la escritura contrapuntística son perfectamente identificables y audibles a su paso por las distintas secciones, no perdiéndose entre la maraña orquestal de esta inmensa fuga). Brillante final, donde sólo retarda el acorde final. Versión de notable alto.

- Christopher Hogwood con la Academy of the Ancient Music: El británico Christopher Hogwood es un director y clavicembalista perteneciente a esa pléyade de extraordinarios y buenos músicos, de una formación académica envidiable, que el Reino Unido ha dado en los últimos treinta años como consecuencia de una política educativa musical del todo acertada y encomiable. Actualmente, y alternando su actividad docente en la Universidad de Cambridge, Hogwood es director honorario de la Academy of the Ancient Music, formación fundada por él mismo en 1973. Ejecutada también con instrumentos originales, la versión, de tempo rápido pero en absoluto acelerado, es realmente suave, precisa, elegante y extraordinariamente bien cimentada (Laycock — hoy la he tomado con él, lo siento — debería visionar este vídeo para aprender lo que es un fraseo pulcro y límpido). Hogwood dirige sin concesiones de cara a la galería, señalando tempi y entradas con eficaz resolución. (Da gusto ver cómo los profesores de la orquesta siguen con la mirada sus instrucciones). Cuidadísima y no menos equilibrada ejecución que permite que la música fluya libremente (Buenísimo el pasaje de la modulaciones). Doble repetición (Por mí, que también una tercera…). La fuga final todavía supera a la de Brüggen en claridad y precisión. Magistral ritardando final. Pese a ser una versión diametralmente alejada al concepto de Böhm, y no por ello incompatible, otorgamos un sobresaliente cum laude a la misma. Versión de absoluta referencia y curso magistral de cómo se ha de dirigir a una orquesta. ¡Bravissimo, maestro Hogwood!

- Gary M. Schneider con la Hudson Chamber Symphony: Perteneciente a la nueva generación de maestros norteamericanos, Gary M. Schneider destaca también por ser un reconocido compositor y un músico polifacético que también ha otorgado guiños al jazz. Esta versión se encuentra más próxima al estilo de Böhm y de Jeffrey Tate, y la verdad, no suena nada mal. Obviamente, la formación orquestal no es de primerísima fila pero cumple con encomiable dignidad su cometido. Excelente claridad expositiva a lo largo de toda la ejecución y notable equilibrio global. Muy matizado el cambio hacia el primer desarrollo, aunque se advierten ciertos desajustes durante el mismo. Mejor el episodio de las modulaciones. Fuga final en la que casi calca el modelo de Böhm — vuelven de nuevo los desajustes en algunos compases — y exquisito ritardando final. Versión de aprobado alto raspando el notable.

- Kazuo Yamada con la Orquesta Sinfónica de la NHK de Tokio: ¡Atención, señoras y señores! ¡Con él llegó el espectáculo! ¡Preparen los pañuelos para contener las lágrimas que las carcajadas van a provocar! ¿Os creíais que Bernstein era genuino? Pues nada de eso. Al lado del maestro nipón Kazuo Yamada, lo de Bernstein en un podio es agua de borrajas. ¡NO OS PERDÁIS ESTE VÍDEO! El llorado maestro japonés — fallecido en 1991 — es una antología de la heterodoxia al dirigir una orquesta. Veamos: Nada de agarrar una batuta como mandan los cánones. La batuta se sujeta como un cubierto chino, faltaría más. Pero además, Kazuo Yamada baila mejor que Bernstein, se encoge, serpentea y ataca a los primeros violines como un pistolero del Far West; deja quieta la batuta y marca el compás con los dedos de la mano izquierda; se enfada, se olvida de la partitura, se dirige al cielo y exclama: “¡Ah, ya me acuerdo”; grita, se cambia la batuta de mano y se asusta; hace como si arrancara un coche antiguo de manivela; mira a los violoncelos y baila; se acaricia la calva y parece decir: “¡Basta, basta…Bueno no…¡Sigamos!”; se vuelve a marcar un paso de baile; matiza con la manera derecha, aunque parece no estar muy convencido y vuelve a colocar la batuta en dicha mano; se levanta las gafas para ver mejor la partitura; dice: ¡Quietos ahí…¡Ahora!”; se pierde en la lectura y cuando vuelve a conectar ordena calma; vuelve a mirar al cielo con la boca abierta buscando inspiración; se vuelve a cambiar de mano la batuta y, agachándose, dice: “¡Chsss!”; el ayuda del violín concertino aguanta la risa de forma velada; se vuelve a levantar las gafas y se quita las legañas; compone un número de teatro samurai en el pasaje de las modulaciones y celebra con gozo la salida del mismo, saltando sobre el podio; mira hacia la andanada para ver si ha venido su cuñado hoy al concierto; indica a los violoncelos mediante un peculiar columpio de batuta; gruñe; lee tan atentamente un pasaje de la partitura que se olvida de dirigir y de marcar un cambio; se agarra a la batuta con las dos manos y salta, homenajeando a Bernstein; jura fidelidad eterna a los primeros violines; sopla y se desespera en los compases previos a la fuga; dispara a matar a los violoncelos en el inicio de la misma; los profesores de la orquesta prefieren no mirarle so pena de sufrir un ataque de risa; se vuelve a quitar las legañas y parece que va a renunciar, pero no; abre la boca y empuña de nuevo la batuta con las dos manos; comenta con la sección de vientos: “¡Eh, eh, no os cortéis ahora”; salta y parece que le va a dar un espasmo; y, finalmente, se abraza a sí mismo. ¡Anda que no es complicado dirigir a Mozart, maestro! ¡Diga usted que sí! ¡Todo sea por una interpretación brillante! Desde ahora mismo, me sumo al club de fans de Kazuo Yamada. ¡Eso es dirigir y lo demás pamplinas! Por cierto, la versión de notable; buena, buena… ¡Como para no serlo! Nuestro humilde homenaje al maestro Yamada y a sus peculiares modos de dirigir. Con este hombre no se aburre uno en un concierto. Dicen que en el cielo, o cómo se llame eso donde vamos al morir, Yamada está dando clases de dirección a Bernstein, Solti y Karajan. Alucinan con él.

- Herbert von Karajan con la Orchestra Sinfonica della Rai di Torino: Esta extraña grabación — es efectivamente de Karajan pese a lo indicado en algún que otro comentario del propio vídeo — corresponde a la primera época del inolvidable director salzburgués y fue grabada concretamente en Italia en 1942 para el antiguo sello POLYDOR, aunque en tiempos recientes ha sido reeditada por DEUTSCHE GRAMMOPHON y por otras firmas que han comercializado estas grabaciones bajo el título Historic Collection. Pese a tratarse de una grabación de hace muchas décadas — registrada en Mono — encontramos al Karajan de los primeros años, esto es, al mejor Karajan. Versión ágil y dinámica a la que sólo le ponemos el “pero” de una orquesta cuyas cuerdas chillan en exceso (Algo del todo comprensible dada la difícil época en que se realizó la grabación). La fuerza que transmite Karajan — quien prescinde de las repeticiones — es colosal y ofrece como resultado a un Mozart de muchísimos quilates. Excepcional cambio de aires en la transición al primer desarrollo y también la lectura del pasaje de las modulaciones, aunque la cuerda ahoga un tanto a las maderas. Heroica fuga final y conclusión sin ritardando. Enorme Herbert von Karajan. Versión de notable alto rozando el sobresaliente o, tal vez, de propio sobresaliente.

Los logros del rey David y el doble rostro de Salomón 4 Febrero 2010

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Representación del Templo de Salomón según la descripción bíblica

 Si bien Saúl fue quien introdujo la monarquía en Israel, fue David (1004-965 a.C.) quien consumó dicha institución. De orígenes humildes y natural de Belén, en principio David formó parte del séquito de Saúl, llegando incluso a ser su yerno, para posteriormente ser incluso perseguido por el mismo. Mucho se ha discutido desde entonces a la hora de afirmar si David configuró toda una época, un ideal que aún pervive en la mente de muchos judíos. La historiografía de Israel, propiamente dicha, arranca con los tiempos de David, un personaje que aparece representado en los escritos del Antiguo Testamento de una manera legendariamente similar a la de la posterior historiografía griega. No es descabellado afirmar que con David nos hallamos ante un caso en el que un hombre crea historia cuando esta misma ya está madura, esto es, que supone la respuesta histórica adecuada a un desafío asimismo histórico. Nadie puede saber con seguridad, a modo de conjetura, qué hubiera sido de Israel sin David; pero lo realmente cierto es que, gracias a su figura, una serie de acontecimientos determinaron el posterior devenir de un pueblo (Nación) como el de Israel.

 Parece del todo descartado que sin una figura de extraordinaria inteligencia y habilidad política como la que atesoró David jamás se hubiese llegado a una unión duradera de dos partes tan heterogéneas como el Norte y el Sur, Israel y Judá, propiamente dichas, en un gran reino de dimensiones considerables y con una más que eficiente estructuración política (El primero en suelo palestino). Según el relato bíblico — 2 Sam 5, 5 — no habían transcurrido aún siete años desde su aclamación como rey cuando ya gobernaba sobre todo Israel y Judá gracias a su descollante personalidad y con la ayuda de un funcionariado y un ejército mercenario personalmente juramentado con él y dispuesto siempre a intervenir. Además, Jerusalén — ciudad cananea de los jebuseos situada en un lugar estratégico en la frontera de Israel y Judá — pudo ser conquistada para convertirse en propiedad de David y de su dinastía; en definitiva, para ser la “ciudad de David”. Aquella nueva capital no hubiera jamás alcanzado el carácter sacro que ha venido reflejando hasta nuestros días si David no hubiese organizado ni asimilado en torno a Yahvé la administración de culto y sacerdotal cananea. Efectivamente, con una maniobra del todo astuta — solemnes procesiones con la portátil y sagrada Arca de Dios — David fue quien introdujo a Yahvé en Jerusalén y lo elevó a una especie de divinidad de estado, convirtiéndose así Jerusalén en una singular “ciudad santa” centro del culto para Israel y Judá (Dos reinos unidos de forma personal, no fusionados). Incluso para la historiografía crítica, la ciudad de Jerusalén como centro de culto a Yahvé marca el comienzo de una época nueva que finalizará con la destrucción del primer templo (587 a.C.) e inmediato exilio babilónico.

 David, cuya astucia diplomática no fue menos brillante que su estrategia militar, practicó una política exterior altamente expansiva, ya que lo que inicialmente fue una guerra defensiva se fue convirtiendo paulatinamente en una expedición de conquista. Mientras que en los libros de Josué y Jueces las guerras de tribus israelitas se nos presentan como dirigidas por el propio Yahvé, las conquistas de David ya no aparecen como “guerras santas”. Ni antes ni después de David las fronteras de Israel estuvieron tan ampliadas, y ello fue posible, en mayor medida, a que incorporó regiones no israelitas al Gran Israel, aspecto que condujo a considerables tensiones y conflictos internos. El estado nacional israelita se extendía desde “Dan a Berseba”, comprendiendo el territorio de las Doce Tribus. Esta extensión territorial, recordada a posteriori por el revisor deuteronomista del libro de Josué, se conservó como imagen ideal, cuidad y enriquecida a lo largo del judaísmo, circunstancia que ha provocado una interminable controversia territorial que permanece hasta nuestros días.

 David fue el soberano más importante de la historia de Israel y su papel como comandante en jefe militar y como organizador del estado quedó como modelo para todas las generaciones posteriores. Supo imponerse contra la pretendida secesión de ciertas tribus (Benjamín) y contra todas las revueltas e intrigas, consiguiendo consolidar la hegemonía duradera de la tribu de Judá y la de su familia. Por eso se comprende que su imagen fuese idealizada de forma creciente en el curso de la historia (Incluso en la reelaboración deuteronomista se le prometió una soberanía perenne, algo que no llegó a realizarse nunca). De un rey de carne y hueso se pasó a un rey ideal; y de una idea del rey, a la ideología regia. Precisamente de esta ideología de la realeza nacerá mucho más tarde, cuando ya ningún rey israelita gobernaba sobre el todo Israel y Judá, la ideología del Mesías que, como rey davídico ideal, como David venido por segunda vez o como “hijo de David” restauraría el reino davídico y realizaría la promesa de un reino perdurable. De este modo, David fue para todo Israel una figura de esperanza y de orientación profética que posteriormente fue convertida en fundadora del Templo y de toda la jerarquía sacerdotal. Desde el siglo II a.C. David se convirtió en la figura protodinástica para soberanos (Hasmoneos) y jerarcas (Exiliados babilónicos), en figura argumental para entusiastas escatológicos y revolucionarios, y en dirigente religioso de grupos interesados en la construcción de una vida comunitaria acorde con la tradición.

 El único aspecto en el que David fracasó por completo fue en el de su sucesión. Efectivamente, y para amasar poder, había practicado una hábil política matrimonial. Tuvo sucesivamente hasta 8 esposas que le dieron al menos 19 hijos de diferente ascendencia. Esta política tendrá repercusiones muy negativas al final, de tal manera que los últimos días de David se vieron envueltos en numerosas tragedias: El incesto del primogénito príncipe Amnón con su hermanastra Tamar (La única hija conocida de David); el asesinato de Amnón por orden de su hermano Absalón; la huida y el golpe de estado de Absalón; la huida de David y muerte de Absalón cuando le persiguen; la candidatura del príncipe Adonías y posterior postergación de éste… Finalmente, por instigación de Natán, el profeta de la corte de David, se nombró al hijo de Betsabé, Salomón, como corregente de su padre antes de su muerte. Una vez fallecido David, Salomón subió al trono y eliminó a todas las fuerzas opositoras, comenzando por Adonías.

 En el primer libro de los Reyes se habla sobre el gobierno de Salomón utilizando una secuencia no tanto cronológica como mayormente lógica: Se informa de su sabiduría, de sus construcciones, de su comercio… Pero también de su idolatría y de su final. Las obras literarias a él atribuidas — Proverbios, Cantar de los Cantares, Eclesiastés y Sabiduría — son pseudoepígrafos de una época posterior. Es posible que nunca nadie logre distinguir entre el Salomón histórico y las imágenes posteriores que le idealizaron. En la actualidad, los estudiosos y especialistas están de acuerdo en que la expresión proverbial “Salomón en todo su esplendor” constituye sólo una cara de su realidad histórica. De esta forma, las construcciones de lugares fortificados, el reforzamiento de un ejército ya existente, el fomento de las artes y de las ciencias, la expansión del comercio y el cuidado de las relaciones internacionales (Amén de un inmenso harén repleto de extranjeras cuyos dioses exigían cultos especiales) forman parte de esa cara esplendorosa o positiva de Salomón.

 Sin embargo, la otra cara, la negativa de la realidad histórica, es la del precio que Salomón hubo de pagar por toda esa grandeza. El reino se fue alejando cada vez más del pueblo, de sus usos y costumbre, embarcándose en una cultura urbana y creando un rígido gobierno central con doce distritos administrativos de los que, insólitamente, Judá quedó excluido. Dichos distritos abastecían a la corte mediante donaciones onerosas e incluso mediante el trabajo forzado bajo la supervisión de un ministro al que el pueblo lapidó tras la muerte de Salomón. Los esclavos no sólo eran reclutados entre los prisioneros de guerra, como en tiempos de David, sino también por deudas. Muchos se vieron obligados a vender sus tierras y la consecuencia de ello fueron los latifundios y el empobrecimiento de las masas. Para poder llevar a cabo sus enormes construcciones, Salomón tuvo incluso que vender al rey de Tiro todo un distrito galileo con veinte ciudades. Las severas levas de trabajadores fueron el principal argumento de las tribus del Norte contra Jeroboam, hijo y sucesor de Salomón.

 Con todo esto, el reino davídico, sometido desde un principio a las tensiones entre Norte y Sur, comenzará a dar las primeras señales de resquebrajamiento durante el reinado de Salomón, consumándose la escisión tras la muerte de éste. Hacia el año 927 a.C. se produjo la fatal separación de los dos reinos en el núcleo del territorio davídico, al tiempo que se produce la pérdida sucesiva de los territorios incorporados. La división da paso al Reino del Norte (Israel) y el Reino del Sur (Judá), cada uno con su respectiva y específica historia.

 Israel, el Reino del Norte, con capital en Samaría, será el mayor y más fuerte. Allí primó más el ideal del rey carismático que el elemento estrictamente dinástico, con lo que el derrocamiento de reyes — con terribles matanzas de por medio — fue moneda constante. También aquí, sobre todo a partir del rey Omrí y teniendo en cuenta que una parte considerable de la población era cananea, se trató de practicar una política de equilibrio, permitiéndose templos y dioses extranjeros. De ahí que se formase una fuerte oposición profética que quiso destruir todos los santuarios del Baal fenicio, tratando de erradicar el culto cananeo con la revolución del rey Jehú.

 Judá, el Reino del Sur, con capital en Jerusalén, fue más cerrado y apartado. Por contra, aquí se mantuvo a capa y espada la sucesión hereditaria davídica. En buena medida, Judá consiguió mantenerse alejado de la gran política mundial hasta que un revitalizado Egipto decidió intervenir en Palestina. Sin embargo, se siguió tolerando el culto cananeo, y el sincretismo, a pesar de las reacciones yahvistas en tiempos de los reyes Ajá, Josafat y Ezequías, se extendió de Jerusalén a la zona rural. Con ello, la religión israelita se configuró desde entonces como una religión típicamente profética.

Natalie Imbruglia – Torn 3 Febrero 2010

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Natalie Imbruglia

 La conocida actriz y cantante australiana Natalie Imbruglia — una verdadera belleza de rostro angelical — consiguió revolucionar el panorama musical británico en 1997 mediante la célebre y estupenda canción Torn, perteneciente a su álbum Left of the Middle. Imbruglia logró alcanzar unas ventas de 3 millones de copias de su trabajo, un millón tan sólo en Gran Bretaña. Pero esta magnífica canción, Torn, es una versión que Imbruglia realizó sobre el mismo tema original que pertenecía al grupo de rock alternativo Ednaswap y que fue compuesto en 1995. Aunque las opiniones están divididas al respecto, a mi juicio la versión de Imbruglia gana en claridad y acústica, presentando un arreglo extraordinario.

 Imbruglia es una mujer peculiar como ella sola: En 2003 se casó con su novio, Daniel Johns, y ambos siguieron viviendo en sus respectivos domicilios; esto es, ella en Berkshire, Inglaterra, y él en Newcastle, Australia. Obviamente, la tremenda distancia geográfica pasó factura y la pareja se separó en 2008, aunque la amistad entre ellos aún perdura. Igualmente, Natalie Imbruglia no duda en colaborar con todo tipo de campañas solidarias y así ha participado en un vídeo reivindicativo de Amnistía Internacional y en una campaña preventiva contra el cáncer. Asimismo, hizo pública una depresión nerviosa que llegó a padecer para concienciar al mundo de los problemas derivados de esta enfermedad tan poco entendida y comprendida por ciertos sectores. De igual manera, su nombre siempre sale a la palestra cuando se organiza alguna campaña con el objetivo de erradicar la pobreza en el mundo. Lleva unos tatuajes con leyendas en sánscrito y chino en su cuerpo y tiene perforado el pezón izquierdo. Que es una mujer extraordinariamente bella no me lo invento yo: En 2004 fue nombrada la sexta mujer más atractiva del mundo por un comité de agentes de modelos y expertos en moda.

 Torn es una preciosa canción acústica cuya característica principal es el inquietante y constante cambios de modos (mayor y menor) en su desarrollo. A un primer tema simple y sencillo le sigue un estribillo apoyado en coros de profundas resonancias melancólicas, aunque sin caer en un sentimentalismo torpe gracias, en parte, a esos cambios de modo ya aludidos. Tras las exposiciones, una guitarra con pedales nos brinda unas notas finales ligadas de gran belleza. Imbruglia está para comérsela en el vídeo…

Ahí os dejo la letra y su traducción

Thought I saw a man brought to life
Yeah, he was warm
He came around
He was dignified
He showed me what it was to cry
You couldn’t be that man I adored
You don’t seem to know
Or seem to care what your heart is for
No, I don’t know him anymore
There’s nothing where he used to lie
My conversation has run dry
That’s what’s goin’ on
Nothing’s fine I’m torn
I’m all out of faith
This is how I feel
I’m cold and I am shamed
Lying naked on the floor
Illusion never changed
Into something real
I’m wide awake and I can see the perfect sky is torn
You’re a little late
I’m already torn

So I guess the fortune teller’s right
I should have seen just what was there
And not some holy light
But you crawled beneath my veins and now
I don’t care
I have no luck
I don’t miss it all that much
There are just so many things
That I can’t touch I’m torn
I’m all out of faith
This is how I feel
I’m cold and I am shamed
Lying naked on the floor
Illusion never changed
Into something real
I’m wide awake and I can see the perfect sky is torn
I’m all out of faith
This is how I feel
I’m cold and I am shamed
Bound and broken on the floor
You’re a little late
I’m already torn

———————————–

Creí ver a un hombre traído a la vida.
Él era cálido.
Él vino alrededor como si fuera enaltecido.
Él me mostró lo que era llorar.
Bien, tu no podrías ser aquel hombre que yo adoré.
Tú no pareces saber.
Parece importarte para qué es tu corazón.
Pero no lo conozco nunca más.
No hay nada donde él solía mentir.
Mi conversación ha corrido seca.
Eso es lo que está pasando.
Nada bueno, estoy rasgada.
No tengo fe.
Así es como me siento.
Estoy fría y avergonzada.
Estando desnuda en el piso.
La ilusión nunca se transformó.
En algo real.
Estoy completamente despierta.
Y puedo ver el cielo perfecto está rasgado.
Has llegado un poco tarde.
Ya estoy rasgada.

Así que yo sé bien la fortuna del narrador.
Debí haber visto que estaba allí.
Y no alguna santa luz que se arrastraba por mis venas.
Y ahora no me importa.
No tuve suerte.
No extraño aquello demasiado.
Hay tantas cosas que puedo tocar, estoy rasgada.
No tengo fe. Así es como me siento.
Estoy fría y avergonzada.
Estando desnuda en el piso.
La ilusión nunca se transformó en algo real.
Estoy completamente despierta.
Y puedo ver el cielo perfecto está rasgado.
Has llegado un poco tarde.
Ya estoy rasgada.

No hay nada donde él solía mentir.
Mi conversación ha corrido seca.
Eso es lo que está pasando.
Nada bueno, estoy rasgada.
No tengo fe.
Así es como me siento.
Estoy fría y avergonzada.
Estando desnuda en el piso.
La ilusión nunca se transformó en algo real.
Estoy completamente despierta.
Y puedo ver el cielo perfecto está rasgado.
No tengo fe.
Así es como me siento.
Estoy fría y avergonzada.
Amarrada y rota en el piso.
Has llegado un poco tarde.
Ya estoy rasgada.

Corchero, el hombre tranquilo 2 Febrero 2010

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 De todos aquellos clientes que llegaron a pisar el bar de mi padre, y salvando la zoomórfica excepcionalidad de Murillo, fue indudablemente Corchero quien acaparó la unánime opinión de ser el personaje más reñido con la estética corporal. En otras palabras, Corchero era más feo que un demonio, dicho esto con todo el respeto hacia los traviesos seguidores de la causa luciferina. Desde cualquier ángulo o punto de vista donde fuese observado y quizás consciente de la relatividad que conlleva el concepto de imagen, aquel enclenque y patizambo individuo al que poco le faltaba para celebrar sus cuarenta primaveras y que llevaba desde las quince ejerciendo como mozo en un conocido centro comercial de la calle Conde de Peñalver, derramaba fealdad sin pudor alguno. Tal vez por ello, sus enarmónicos labios solían abocinarse en un trascendente intento de aparentar seriedad, rápidamente difuminado por la percusión de unos nervios faciales que delataban una risueña contención. Nunca pude adivinar con precisión la tonalidad de sus oscuros ojos, perennemente protegidos por unas aparatosas gafas metálicas que a buen seguro debían pesar un quintal, a tenor con la llamativa marca encarnada que exhibía en las cumbres de una nariz con forma de cartabón. Tan sólo en una ocasión le vi retirar momentáneamente sus lentes para desentumecer sus vistosas legañas: El grosor de los cristales de aquellas gafas superaba con creces el culo de una botella de Anís del mono… Afortunadamente, el negro cabello de Corchero no presentaba aún signos de alopecia, como tampoco de un uso regular de peine, cepillo y shampoo. Según qué días, la quebrada raya de su improvisado peinado aparecía indistintamente a derechas o izquierdas, aunque en ambos casos escoltada por unos casposos márgenes. El vaivén de sus andares recordaba lejanamente el paso de un conocido anuncio televisivo sobre unas muñecas que se encaminaban hacia el Portal de Belén, a lo que había que añadir algún que otro inesperado requiebro que evidenciaba, bien la distinta longitud de sus piernas, bien una alcohólica ingesta que rebasaba los límites de lo saludable. Todas las mañanas, apenas media hora después de que yo levantase los cierres del bar a eso de las seis, Corchero hacía su entrada en el mismo generalmente comentando las incidencias del diario trayecto metropolitano entre Portazgo y Goya. Su timbre de voz, de registro grave y potente aunque exento de coloratura, se apoyaba en un extraño dialecto de reminiscencias extremeñas pese a que Corchero era natural del Puente de Vallecas: El fonema alveolar y fricativo de la “s” sólo adquiría su real dimensión cuando encabezaba cualquier vocablo.  –”¡Jo, macho! ¡El maquinihta que noh ha traío hoy se creía que manejaba un Ferrari en ve dun tren! ¡Iba a toa leche! En la curva de Tirso de Molina, un viejo que iba leyendo el perióico se ha pegao un ohtión que no veah…”– Corchero atravesaba una más que delicada situación laboral. El supermercado en donde trabajaba había sido recientemente absorbido por una potente multinacional francesa que, para celebrar la nueva adquisición, había decidido prescindir de todo el personal más veterano. Aún así, nunca creí que esta inquietante circunstancia laboral fuese la causa de que, en menos de media hora, Corchero se metiera para el cuerpo diariamente un café solo y tres copas de Ponche Caballero para protegerse de los frescos aires de la alborada. Su desenfadada y risueña actitud no encajaba en absoluto con la incertidumbre de unas más que pesimistas perspectivas laborales. Corchero, que aparentaba cualquier cosa menos capacidad intelectual, demostró, empero, ser un hombre práctico e inteligente cuando vio venir de frente las adversidades: Ni corto ni perezoso, decidió convertirse en enlace sindical de la empresa con lo que, de alguna manera, garantizaba tanto su puesto de trabajo como una sustancial reducción de horas en su jornada laboral merced a las llamadas “horas liberadas” o “sindicales”, unos períodos de tiempo en los que, según convenio, el trabajador era liberado de sus obligaciones laborales para mediar o asesorar a cualquier compañero que estuviese involucrado en algún hipotético conflicto con la empresa. Así, Corchero entraba a trabajar a las siete de la mañana para reponer la fruta y dos horas más tarde hacía uso de esos períodos liberados. Pero Corchero, muy pillo él, aprovechaba esas horas para venirse a almorzar y a leer la actualidad deportiva en el Marca que mi padre compraba a diario para los clientes del bar. De esta manera, no daban aún las diez de la mañana cuando Corchero hacía de nuevo su aparición en el bar: –”Esto, Leiter… Ayer no cené casi nada… Me vas a poner una ración de esos callos con chorizo que tienes en la vitrina… Y un botellín de cerveza”– Y así, mientras que la mayoría de clientes de esas horas aprovechaban el breve receso de la mañana para dar buena cuenta de un reconfortante café con porras o churros, Corchero optaba por platos mucho más caloríficos y suculentos. Algunos oficinistas que trabajaban en las inmediaciones del bar llegaron con el tiempo a convertirse en compañeros de la tertulia futbolística que Corchero iniciaba puntualmente al leer en voz alta el Marca: –”¡Joder con el Madrid! ¡Pues no quieren fichar ahora de entrenador al Benito Floro!”–  Corchero, según la habitual perspicacia de Paco el taxista, debía de tener alojada la tenia en sus intestinos, ya que no era posible que con tanto comer y beber su figura fuese tan estilizada. No era raro que Corchero, a eso de la hora del ángelus, solicitase un pincho de tortilla para acompañar su enésimo botellín de cerveza.  –”¡Pues no hace ya tiempo ni nada que me he tomado los callos!”–  En consecuencia, Corchero se pasaba horas y horas en el bar durante casi todas las mañanas, dialogando con unos y discutiendo con otros, llegando a convertirse en un cliente preferencial debido al considerable consumo que de comida y, especialmente, de bebida realizaba a diario. Debido a ello, Corchero suponía para mí una simpática compañía durante las horas muertas que se suceden entre los puntuales apretones de flujo de desayunos y comidas. Quizás por eso, empecé a tomar cierta confianza con Corchero y a menudo, finalizado mi turno diario de mañana en el bar al mediodía, nos tomábamos juntos una cerveza en algún otro local de la competencia. A pesar de ser más feo que un remiendo, de sus estrafalarias costumbres y de sus más que apáticos y perezosos modos, Corchero me pareció siempre un buen tipo.

 No tardé en darme cuenta de que Corchero, casado desde los veinte años y sin descendencia conocida, era un hombre que sufría de cierta soledad existencial tal vez porque, en un mundo contaminado de prejuicios, la imagen exterior de una persona es la que prevalece sobre otros valores más difíciles de desentrañar. Paulatinamente, me iba apercibiendo que Corchero quería ser mi amigo en cuanto que su complicidad conmigo, especialmente cuando nos hallábamos fuera del entorno del bar, era del todo creciente. Corchero me reía todas las gracias y parecía divertirse del todo con mis improvisadas ocurrencias. Poco a poco, su vida fue girando en torno a los tres vértices que respectivamente representaban su domicilio conyugal, su entorno laboral y el bar de mi padre, éste último quizás el más importante en su escala de valores. Con casa de protección oficial en propiedad– en aquellos tiempos mucho más barata — sin hijos y con la aportación económica de los distintos trabajos domiciliarios que su mujer llevaba a cabo como reputada señora de la limpieza, el matrimonio Corchero vivía holgadamente y sin ningún aprieto financiero. Además, un peculiar detalle vino a confirmar enteramente mis sospechas sobre su presumible soledad vital: –”Mi mujer y yo apenas salimos de casa… Los fines de semana igual bajamos a tomar el aperitivo al bar de la esquina… Pero allí, por mi barrio, hay muchos gitanos que están de bronca a todas horas… A mí no me gustan las peleas. Así que, muchos sábados, me bajo a la bodega del Tiburcio a comprar unas litronas de cerveza y una bolsa de patatas fritas. Mi mujer y yo estamos así tranquilos en casa toda la tarde viendo la tele…”–  Una mañana, como tantas otras en el bar de mi padre, comenté mi preocupación por el excesivo tiempo que llevaba caducado mi Documento Nacional de Identidad (DNI). Corchero, apurando de un trago su noveno botellín de cerveza, exclamó: –”¡Andá, Leiter, yo también lo tengo caducado!”–  Un viernes, y atendiendo a la mencionada contingencia, abandoné mi turno de trabajo un par de horas antes de que éste finalizara y me dirigí junto con Corchero hacia la comisaría de Ventas para acometer la renovación del DNI. El problema surgió a la hora de sacarnos las obligadas instantáneas fotográficas en un foto-matón callejero que estaba ubicado en las proximidades del centro policial. Cada vez que, desviando un poco la cortinilla, advertía la circunspecta expresión facial que trataba de adoptar Corchero momentos previos al fogonazo desprendido por aquel artilugio, me entraba tal incontrolado ataque de risa que el pobre Corchero se contagiaba del mismo hasta el extremo de descomponerse del todo. Nos vimos obligados a repetir la sesión fotográfica unas cuantas veces hasta lograr unas instantáneas lo medianamente decentes. Ya en el interior de la comisaría, debimos aguardar una media hora hasta que llegó nuestro turno, no sin antes volver a desternillarme de risa ante el insólito comentario de Corchero: –”¡Joder, ya podían haber puesto un bar aquí dentro para hacer más confortable la espera…!”–  A la vuelta, fuimos dando un paseo hasta donde entonces se ubicaba mi apartamento de la calle Montesa; una vez allí, decidimos tomarnos unas cervezas de aperitivo en el bar de mi amigo Antonio, El Rescoldo. Tras dar buena cuenta de dos rondas, comenté: –”Bueno, Corchero… Yo me tengo que marchar ya mismo. Los viernes suelo tomarme la tarde libre, pero las pruebas finales están a la vuelta de la esquina y he de tenerlo todo bajo control ¡A ver si termina ya pronto este tema y mando el bar de mi padre a tomar por el culo!”–  Corchero me miró con resignación y añadió: –”¡Ah… Así que no vuelves ahora al bar! ¡Vaya por Dios! Había quedado allí con Agustina, mi mujer… Es que quería presentártela… Hoy tengo muchas horas sindicales y no trabajo en todo el día…”–  Nos despedimos, tras excusarme ante Corchero por la imposibilidad de acudir de nuevo a mi bar para conocer a su mujer. Aquel día yo había decidido también no pasar de noche por el bar para proceder a su cierre, dejándole confiada esta misión al empleado de turno, un hombre de contrastada solvencia y fidelidad. Mi sorpresa llegó cuando por la noche, ya de regreso y tras una agotadora jornada de pruebas y exámenes, decidí picar algo en El Rescoldo antes de recogerme definitivamente en mi apartamento. Allí se hallaban Corchero y su mujer, Agustina, a quien vi por primera vez: –”¡Hombre, Leiter! Me dijeron en el bar de tu padre que esta noche no ibas a venir a cerrar y hemos dado un paseo mi mujer y yo hasta aquí… ¡No, no hemos regresado a casa antes! Comimos Agustina y yo en tu bar y luego nos tomamos unas copas donde Boni… ¡Nos hemos liado y hasta ahora! Teníamos hambre y le he dicho a Agustina: Vamos al bar ese del amigo de Leiter, donde hemos estado esta mañana… ¡Oye, vaya aperitivos de puta madre que pone este Antonio! ¡A ver si tomas nota en tu casa, macho! ¡Ah, bueno! Te presento a mi mujer, Agustina… Mira, éste es Leiter, de quien tanto te he hablado”–  Agustina parecía la madre de Corchero más que su propia esposa aunque, por contra, competía ferozmente con él en términos de dudosa apreciación estética. Rechoncha y regordeta, Agustina parecía mostrar un carácter mucho más abierto que el de su marido. A voz en grito, situación que provocó la colectiva mirada del resto de la clientela, y tomándome de las manos, exclamó: –”¡Ay, hijo mío! ¡Qué guapo eres (???)! ¡Dame un beso, prenda mía! ¡Ya me había dicho mi Corcherito que eras un hombre apuesto (???)! ¿Lo ves, Corcherito? ¡Cuando salgamos tú y yo de paseo quiero que vistas de chaqueta y corbata, como Leiter! ¡Dame otro beso, hijo mío! ¿Cómo que no tienes corbata? ¡Pues no te compré yo una de lunares en Saldos Arias! ¡Ay, este Corcherito, qué poca cabeza tiene! ¡Anda, Leiter, tómate algo con nosotros! ¡¡¡Camarero!!!” – Antonio me miró horrorizado — “¡Tú no sabes lo bien que me habla Corcherito de ti!”–  Un tanto ruborizado ante el tropel dialéctico y sonoro de Agustina, tiré de todas mis reservas de empatía para tratar de sobrellevar la situación. Sorprendentemente, Agustina pareció desinflarse tras aquel efusivo recibimiento y ya sólo abrió la boca para subrayar las continuas frases afirmativas de su marido. Traté de llevar la conversación a cuestiones relacionadas con el bar de mi padre, en un intento de que Agustina no se aburriera con nosotros. Me resultó del todo curioso el comportamiento de aquella pareja: Por un lado, Corchero parecía adoptar un grado mayor de complicidad conmigo que con su propia pareja durante la tertulia; por otro, Agustina, callada y sin prestar atención a lo que estábamos comentando — no paraba de observar las actitudes del resto de la clientela — se reía súbitamente a carcajada limpia si su marido y yo así lo hacíamos, incluso desconociendo el origen de nuestra hilaridad. En el transcurso de la animada reunión entre el matrimonio Corchero y un servidor, acertó a entrar en El Rescoldo la esposa del tendero del barrio, una llamativa mujer que presentaba un enorme parecido con la Bárbara Rey de las mejores épocas. Aprovechando que Agustina miraba para otro lado, me codeé con Corchero, señalando con mis cejas a la guapísima dependienta (Quién, por otra parte, se encontraba de espaldas a nosotros) y comenté en voz baja: –”¡Me tiene loco esa tía, Corchero! ¡Está para comérsela viva! Es uno de mis secretos amores platónicos…”– Corchero, sonriendo con unos vidriosos ojos no tanto por la repentina concupiscencia como por la acumulada ingesta espirituosa, respondió con un tono menos moderado de voz: –”¡Pues sí que está buena, joder!”–  De pronto, Agustina se aferró al brazo de su marido como una poseída y exclamó en un tono aún mayor en intensidad sonora: –”¿A quién estás tú mirando, sinvergüenza? ¡Mira que te, que te, que te, que te… Que te doy con el paraguas en toda la cabeza! Es que tú no sabes, Leiter. Mi marido es muy mujeriego y yo soy muy celosa. Tú no sabes lo mucho que me costó a mí convencer a Corcherito para que se casara conmigo para que ahora se vaya con una pelantrusca por ahí… ¡Mira que te doy un bofetón, Corcherito! ¡Sí, sí, encima, ríete…! ¡Pero cómo yo me entere de que en el supermercado alguna mujer se arrima a ti, voy y la saco los ojos…!”–  Antonio, desde el fondo de la barra, volvió a mirarme con cara de estupefacción, aunque adornada con la misma sonrisa que exhibían el resto de los clientes… Corchero me miraba y se partía de risa. Corchero era, ante todo, un hombre tranquilo.

 Corchero y yo mantuvimos desde entonces una relación circunstancialmente amistosa que, en ocasiones muy puntuales, reafirmábamos cuando, ya fuese a solas o en compañía de Agustina, se presentaba los sábados por la tarde en El Rescoldo, sabedor de que ese era mi enclave perpetuo para cenar y ver algún partido de fútbol por la televisión en el séptimo día. A mí no me incomodaba en absoluto su presencia y la de Agustina, toda vez que dicha pareja era ya del todo conocida por el resto de la clientela que por allí pululaba. Un domingo por la mañana me sorprendieron, cuando me encontraba profundamente dormido como consecuencia de los rigores espirituosos del anterior sábado, en forma de estridente telefonillo del portero automático de mi apartamento de la calle Montesa: –”¿Leiter…? ¡Calla ya, Agustina! ¿Leiter…? ¡Que sí, Agustina, que es el número 515, que ya lo sé…! ¿Leiter…? ¡Escucha! ¡Que he sacado unas entradas para el baloncesto! ¡Sí, en el Palacio de los Deportes! ¡Venga, que te esperamos en el bar de enfrente! ¡Antonio no ha abierto hoy!”– Total, que no me quedó mejor remedio que despejarme del todo y acudir con ellos a dicho espectáculo deportivo. El partido fue muy emocionante y ganó el Real Madrid, aunque Agustina sólo aplaudía cuando lo hacíamos nosotros. Se pasó todo el partido mirando hacia las gradas del pabellón… Corchero se lo pasó en grande mientras que yo no daba crédito ante las cuatro bolsas de palomitas que se ventiló él solito durante el encuentro, bien regadas por otras tantas latas de cerveza (Entonces, se permitía el consumo de bebidas alcohólicas en dichos eventos). Pero aún mayor fue mi asombro cuando, finalizado el partido y al despedirnos, Corchero me soltó: –”No, no nos vamos a Vallecas ahora. En el bar de Salus tienen paella y pierna de cordero hoy, de menú… ¡Vente con nosotros, hombre! ¡Te convido!”–  Decliné amablemente la invitación (Y mucho que me fastidió, ya que casi todos los domingos yo tenía por costumbre comer un poco de paella y de pierna de cordero precisamente en el bar de Salus). Eran demasiadas emociones para mí en tan poco tiempo…

 La definitiva clausura del bar de mi padre también significó, en cierto modo, el cierre de mi amistad con Corchero. Indefectiblemente, ambos éramos muy distintos y lo único que realmente nos unía era la relación clientelar con dicho negocio, puntualmente ampliada por esporádicos encuentros fuera de dicho entorno. Creo que Corchero se lo pasó siempre muy bien conmigo a juzgar por su inconfundible expresión risueña; por mi parte, pienso que yo aprendí a ser mejor persona gracias a Corchero, un hombre estrafalario, torpe, guasón, perezoso, ingenuo… Pero con un corazón enorme. No había vuelto a saber nada de él hasta que, a principios de 2002, y mientras me encontraba paseando por la calle Alcántara (Aún yo no había regresado definitivamente a mi calle de toda la vida), una voz grave, inconfundible, me alertó desde el interior del bar de Boni: –”¡Leiter, Leiter… Cuánto tiempo! ¿Pero qué es de tu vida, hombre?”–  Allí estaba Corchero junto con su inseparable Agustina –”¡Leiter, hijo mío! ¡Dame un beso, prenda mía! ¡Ay, que nosotros te queremos mucho, Leiter! ¡Dame otro beso, guapo (???)!” – Y  luego se calló del todo, como siempre. Corchero, adoptando su peculiar expresión de fingir seriedad al tiempo que sonreía, se aprestó a ofrecer las pertinentes explicaciones ante mi ineludible cara de asombro: Vestía de americana azul con verde pantalón pirata, insólita combinación rematada por una festivalera corbata de lunares blancos sobre fondo marino. Como guinda, una camisa igualmente blanca dibujada a cuadros rojos…  –”¿No me dirás que no está guapo mi Corcherito, eh, Leiter?” – Apostilló Agustina instantes previos a la exposición de su marido  –”Resulta que estábamos Agustina y yo en casa la otra tarde viendo la tele cuando nos llamaron a la puerta… Era una vendedora de seguros… La verdad es que no teníamos seguro de la vivienda y… Contratamos ese y otro de muertos, de entierros… La mujer aquella era muy maja y me dijo que porqué no me hacía yo también vendedor de seguros, que era muy fácil y se ganaba mucho dinero… ¡Y aquí estoy! Como tengo las tardes libres… Lo malo es que todavía no he conseguido vender ninguno… ¿El método? Vamos llamando de puerta en puerta…”–  Advertí una ineludible cara de disgusto en Agustina, sospecha que se confirmó del todo cuando, de pronto, ésta estalló de ira: –”¡Mira, Corcherito, que te voy a dar con el paraguas en la cabeza! ¡Tú no sabes, Leiter! Lo que pasa es que a este sinvergüenza le gusta la rubia esa… ¡Sí, sí, no te rías, Corcherito, que he visto yo como esa pelantrusca de Isabel te guiña el ojo!”– Ante mi cara de estupefacción y la bobalicona sonrisa de Corchero, Agustina se animó: –”Es que, Leiter, yo no dejo a Corcherito salir a solas con esa rubia… ¡No, no, no, no no! Me voy con ellos y les hago compañía, no sea que esa lagarta se quiera liar con mi Corcherito… ¡Mírale que guapo está con esa corbata! ¡Mírale, si todavía se ríe el desgraciado! ¡Mira, Corcherito, que te, que te, que te… Que te arreo un paraguazo…!”– Y, la verdad, es que por muy poco no descargó Agustina su ira sobre Corchero en forma de mandoble con el paraguas… Un tanto anonadado, pregunté: –”Corchero, ¿Cómo dices que se llama la compañía de seguros para la que estás trabajando? Ah… Ya…”

 Unos días más tarde, luego de cenar Celia, Theniger y yo en El Rescoldo, decidimos pasar un rato por el karaoke de la calle Francisco Silvela para prolongar un rato más mi celebración de cumpleaños. Theniger había llegado de Argentina un par de meses atrás y en ese breve espacio de tiempo ya nos habíamos convertido él y yo en inseparables, sin conocernos previamente de nada. Al entrar en el local, observé la inconfundible voz de mi amiga Isabel, una extraordinaria y rubia cantante que en sus ratos libres se dedicaba a vender seguros para obtener un dinero extra. Luego de las presentaciones de rigor, Isabel se sentó junto a nosotros para compartir tertulia. Noté cierta preocupación en su rostro: –”No, no me pasa nada, Leiter… Es que estoy un poco agobiada. Ya sabes que por las tardes, desde que me separé, me dedico a vender seguros para sacarme un dinerillo que me viene muy bien para mis caprichos… ¡Bueno, ahora que recuerdo: Si a ti y a Celia os contraté el mes pasado el seguro de la casa! ¡Qué tonta! ¡Ya ni me acordaba! El caso es que, no sé cómo ni por qué, el jefe me ha asignado a un tontaina para que le enseñe a vender y que aprenda… No veas: Es el tío más paleto y feo del mundo. Y no te lo pierdas de vista: Su mujer — eso dice él, aunque yo creo que es su madre — nos sigue de cabo a rabo y no nos deja en paz ni un instante. Ya me he quejado al jefe pero, claro, como yo lo capté para vendedor cuando le empaqueté dos pólizas en su casa, pues me tengo que aguantar… Imagínate la escena: Yo llamando a las puertas y esos dos ahí, con cara de alelados… Y no veas qué peste a cerveza echa el condenado por el aliento… Total, que nadie nos abre la puerta. Se asustan al verlos por la mirilla… Llevo toda la semana sin vender una maldita póliza por culpa de ellos… ¡Pues yo no le veo la gracia, Leiter! ¿Se puede saber por qué te estás descojonando de risa?”–

Manuel de Falla: Un músico fiel a sus raíces 1 Febrero 2010

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ManuelDeFalla

* Nacido el 23 de noviembre de 1876 en Cádiz
* Fallecido el 14 de noviembre de 1946 en Córdoba, Argentina

 Pese a presumir durante toda su vida de su condición andaluza y gaditana, Manuel María de los Dolores de Falla y Matheu procedía de una familia que no era andaluza: Su padre, un próspero hombre de negocios, tenía antepasados valencianos mientras que su madre era de origen catalán. Como correspondía a la elevada posición social de la familia, el pequeño Manuel recibió sus primeras lecciones de música de parte de los mejores profesores gaditanos y desde muy pequeño reveló unas aptitudes artísticas del todo encomiables. Durante su adolescencia, Falla dudó entre enfocar su futuro artístico bien hacia la literatura, bien hacia la música; pero el folklore andaluz, unido a unos conciertos a los que asistió en el Museo de Arte de Cádiz, decantaron definitivamente su inclinación hacia el mundo de la música. Unos problemas financieros del padre provocaron que la familia se trasladara a Madrid, ciudad en la que Falla tuvo como profesor a don José Tragó y en donde completó los siete cursos reglamentarios de piano del Conservatorio en tan sólo dos años, siendo puntuado con las máximas calificaciones. Pero Falla nunca olvidó Cádiz y en alguna ocasión regresó allí para visitar a sus amigos y ofrecer algunos conciertos.

 Los negocios de la familia fueron de mal en peor y el joven Falla tuvo que ganarse la vida. Con 18 años, España no le ofrecía nada en comparación con el resto de Europa aunque las enseñanzas que recibió en Madrid por parte de Felipe Pedrell fueron del todo decisivas. De esta manera, en 1904 Falla se presenta al concurso de ópera convocado por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid con su obra La vida breve, sobre texto de Fernández Shaw y, pese a terminar la obra instantes antes de cerrarse el plazo de presentación de originales, obtiene el primer premio que certifica al día siguiente al conseguir también el máximo galardón en la categoría de concurso de piano. En las bases del concurso se garantizaba una representación de la ópera ganadora en el Teatro Real de Madrid que finalmente y por oscuros motivos no se cumplió. En vista de ello — Falla contaba con los derechos de la obra para financiar su viaje a París — el músico se enroló como pianista en una compañía que iba a dar una gira por Bélgica, Suiza, Alemania y Francia. De esta manera, Falla llegó finalmente a París en 1907 y se alojó en el mismo hotel en el que se hospedaba Joaquín Turina. En la capital francesa, Falla entabló contactos con numerosos músicos, siendo Paul Dukas quien más le ayudó en un principio impresionado con la partitura de La vida breve. Por desgracia, Albéniz murió en 1907, con lo que su relación con Falla fue tan cordial como efímera. Por contra, surgió una mutua y duradera simpatía entre Falla y Ravel. Pero el músico español se las vio y se las deseó para poder sobrevivir en París, llevando una vida frugal a base de lecciones, acompañamientos, traducciones y continuos cambios a hoteles cada vez más baratos y lúgubres. En marzo de 1909, el pianista y compatriota Ricardo Viñes interpreta las Cuatro piezas españolas de Falla en la Societé Nationale de Paris, siendo muy bien acogidas por la crítica y, sobre todo, resultando publicadas por la casa Durand, circunstancia que otorgó un cierto alivio económico al compositor español. En 1909 compone las Trois mélodies para voz y piano, de neta influencia francesa, que siempre han estado un tanto postergadas. Aparte, Falla fue adquiriendo definitivamente la técnica orquestal y estudió a fondo las partituras contemporáneas, aspecto que será decisivo en su devenir artístico. Pero sin lugar a dudas, el gran acontecimiento de aquellos años en Francia fue el estreno en abril de 1913 de La vida breve en Niza, con enorme éxito. La presentación parisina no tardó en llegar y en enero de 1914 se ofrece la obra en la Opera Cómica de París con un triunfo arrollador. Como suele ocurrir en estos casos, las puertas que anteriormente le habían cerrado a Falla en Madrid se abrieron ahora de par en par y en noviembre de 1914, aprovechando el regreso del músico a España con motivo del estallido de la Primera Guerra Mundial, la obra se representó por fin en el Teatro de la Zarzuela de Madrid con un entusiasmo enorme. Los siete años en París, aun con sus penalidades, habían merecido la pena.

 Falla se trajo consigo de París las Siete canciones populares españolas que se interpretaron en Madrid en 1915. Tres meses después se representó El amor brujo en el Teatro Lara, con una versión “agitanada” en dos escenas para pequeño conjunto orquestal que interpretó Pastora Imperio y en la que su madre, Rosario la Mejorana, aportó canciones tradicionales. La obra no gustó en Madrid pero sí en Barcelona, ciudad en la que se instaló por un tiempo Falla. Sin embargo, en mayo de 1915 el maestro sufrió una crisis que le obligó a convalecer durante un tiempo en Córdoba. (Algunas voces sugirieron maliciosamente que Falla se había enamorado de Pastora Imperio, algo verdaderamente inconcebible en una persona tan escrupulosa como el compositor gaditano). De cualquier manera y, tras estrenar la versión revisada de El amor brujo, en abril de 1916 se presenta en Madrid Noches en los jardines de España, partitura cuyos borradores ya habían sido esbozados en París y que obtuvo un éxito del que no fue ajeno Serguei Diaghilev, el célebre director de los Ballets Rusos, quien propuso a Falla una adaptación de la obra como ballet. Falla contestó con una contraoferta llamada El sombrero de tres picos, obra de Pedro Antonio de Alarcón, pero no advirtió que su autor había prohibido en su testamento cualquier representación operística de dicha obra. Con cierta perspicacia, Falla preparó una obra titulada El corregidor y la molinera, pero Diaghilev sugirió numerosos cambios. El ruso propuso otra obra a Falla pero como éste estaba enfrascado en la composición de Fuego fatuo, el encargo de Pulcinella recayó sobre Stravinski. Tras múltiples peripecias, en Julio de 1919 Diaghilev ofrece en Londres la primera representación de El sombrero de tres picos – se esquivó el interdicto de Alarcón alegando el carácter de ballet y no operístico de la obra – con un éxito de los que hacen época. Sin embargo, Falla tuvo que regresar apresuradamente a Madrid debido al fallecimiento de su madre. (Su padre no esperó ni un año para hacerle compañía en la tumba). Con la muerte de sus progenitores, Falla se instaló en Granada con su hermana María del Carmen, quien acompañó al compositor durante el resto de su vida.

 En Granada, Falla entabló amistad con el poeta Federico García Lorca. Allí recibe dos importantes encargos: De parte del pianista Arthur Rubinstein, compuso la Fantasía bética; y de parte de la princesa de Polignac, El retablo de Maese Pedro. Pero en Granada, Falla dejó de escribir música con colorido andaluz aunque eso no significó, ni mucho menos, una disminución de su interés por lo popular (Seguía estando comprometido con la supervivencia del cante jondo) sino que supuso desprenderse de lenguajes más netamente convencionales. Con García Lorca colaboró tanto en la organización del Festival de Cante Jondo de 1922 como a la hora de preparar el acompañamiento musical que el poeta granadino proyectaba para un teatro de guiñoles. Muy importante fue la visita que recibió Falla por parte de la clavicembalista Wanda Landowska. Para ella escribió su magistral Concierto para clave. Pese a la tranquilidad que encontró Falla en Granada, el maestro viajó constantemente en busca de novedades musicales, amén de para ganar un buen dinerillo interpretando o dirigiendo su música. Fue en uno de estos viajes, realizado en 1926, cuando Falla concibió la idea de escribir su obra capital, La Atlántida, situación que le obsesionó del todo y que hizo que su producción menguase.

 Pero tanto la salud del compositor como la situación política de España se fueron deteriorando. El asesinato de García Lorca en agosto de 1936 representó un duro golpe para Falla. Mucho se ha escrito sobre el tema: Falla era ultraconservador y un ferviente católico, aunque no un católico “militante”. Tenía amigos en los dos bandos de la maldita guerra y ambos le cortejaron; la Falange Española le rogó que escribiera un himno marcial, cosa que hizo a medias, mientras que el gobierno republicano le invitó a ponerse al frente del Instituto de España, honor que Falla declinó. Lo cierto fue que Falla intentó interceder por García Lorca, un valeroso gesto, sin duda, que por desgracia llegó demasiado tarde. Recién terminada la Guerra Civil, Falla recibió la invitación del Instituto Cultural de Buenos Aires para dirigir allí un concierto. El compositor aceptó la propuesta y el 2 de octubre de 1939 partió junto a su hermana rumbo a Buenos Aires desde el puerto de Barcelona. En la maleta, Falla llevaba los bocetos de La Atlántida.

 Falla ofreció numerosos conciertos en Buenos Aires, debutando en el Teatro Colón el 11 de noviembre de 1939. Si bien cada concierto constituía un éxito, también resultaba enormemente fatigoso para un hombre cuya salud era ya más que precaria. Tras un período de intensa actividad en donde fue ayudado por el músico argentino Juan José Castro, Falla y su hermana se instalaron en Alta Gracia, provincia argentina de Córdoba, cuyo paisaje le recordaba a su añorada Andalucía. Allí pasaría el resto de sus días en una especie de exilio voluntario. Su vida transcurrió entre sus animadas tertulias (Falla se ponía a conversar y no paraba), entre sus manías hipocondríacas y entre su celo por guardar el horario español en lo referente a las comidas, coyuntura que resultaba del todo engorrosa para sus sirvientes. Los derechos de autor de Falla habían sido bloqueados durante la Guerra Civil y lo siguieron estando durante la Segunda Guerra Mundial. La Sociedad General de Autores de España le otorgó una pensión mensual en forma de crédito, algo que a Falla le sobró al recibir unos suculentos honorarios que una compañía cinematográfica le dispensó por filmar a Rubinstein tocando su Danza ritual del fuego. Falla propuso que aquella pensión recabase en los compositores españoles más necesitados. Pero su mayor quebradero de cabeza seguía siendo La Atlántida, obra en la que todavía trabajaba después de doce largos años de labor cuando su salud se lo permitía. Poco después de su setenta cumpleaños, el 14 de noviembre de 1946 Falla dejó de existir a consecuencia de un ataque cardíaco. Su cuerpo fue trasladado hasta Cádiz y en la actualidad reposa bajo la cripta de la catedral. La Atlántida quedó inconclusa y Ernesto Halffter, el discípulo a quien se había confiado la conclusión póstuma de la obra, dedicó aún más tiempo en esta tarea que el que el propio Falla había invertido durante la composición.

 El mayor mérito de Falla consiste en haber fusionado el agudo e intenso modernismo de Stravinski con las melodías gimientes y los vibrantes punteos de la guitarra andaluza, creando un estilo completamente personal y caracterizadamente español. Sus partituras transmiten sentimientos de melancolía, reserva y desdén aristocrático, a semejanza de otros artistas como Goya o Zurbarán. Tomó de los ballets impresionistas lo mejor de su sonido para crear una variedad muy española de neoclasicismo, sumándose a este factor su progresivo abandono de los pintorescos convencionalismos en favor de la música antigua española (Tomás Luis de Victoria). Su paleta sonora es, por lo general, de una belleza tímbrica tan asombrosa como solemne. Para algunos especialistas, Falla sigue siendo la gran figura española de la música culta.

OBRAS

- 3 Óperas, destacando La vida breve
- 2 Ballets, El amor brujo y El sombrero de tres picos
- Noche en los jardines de España, para piano y orquesta
- 12 Obras para piano, destacando Cuatro piezas españolas y Fantasía bética
- 2 Series de canciones (Tres canciones y Siete canciones populares españolas)
- Psyche, para voz y cinco instrumentos
- Concierto para clavicémbalo
- Cantata La Atlántida (Inconclusa)
- Otras obras vocales menores