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ELIAHU INBAL 16 mayo 2012

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 Puede afirmarse sin ningún género de dudas que la tradición interpretativa musical en Israel comenzó en 1936, año en que el violinista Bronislaw Huberman decidió fundar la Orquesta de Palestina con una serie de músicos judíos que habían sido expulsados de algunas formaciones centroeuropeas por su condición en un ambiente de creciente antisemitismo. Pese a que muchos directores judíos procedentes de Europa, Rusia y América decidieron colaborar con la Orquesta Sinfónica de Palestina, embrión de la futura Orquesta Filarmónica de Israel, los dos primeros maestros de la dirección orquestal judía nacidos propiamente en territorio israelí fueron Noam Sheriff y Eliahu Inbal. Este último era sobrino de uno de los principales rabinos de Jerusalén especializados en la Kabala, una forma tradicional de conocimiento judía basada principalmente en la meditación. Quizás por ello, Inbal pudo comprender desde muy joven el universo bruckneriano precisamente como meditación, como religión y como estado cósmico.

Eliahu Inbal nació el 16 de febrero de 1936 en Jerusalén, territorio antaño administrado por Gran Bretaña y hoy bajo control israelí. Inbal comenzó su formación musical estudiando violín y composición en la Academia de Música de Jerusalén bajo la tutela de Paul Ben-Haim. Tras haber sido escuchado por Leonard Bernstein, el director norteamericano consiguió un beca con la que Inbal pudo trasladarse hasta París para continuar su formación con Fourestier y más tarde accedió a la prestigiosa Accademia Chigiana de Siena para tomar parte de los cursos de dirección impartidos por Sergiu Celibidache y Franco Ferrara. Sus progresos fueron tales que ya en 1963 Inbal consiguió el primer premio en el Concurso de Dirección Guido Cantelli celebrado en Novara, en las inmediaciones de Milán, y que le facultó para poder debutar en La Scala un par de años después. Ese mismo año de 1965, Inbal dirigió por primera vez a la Orquesta Filarmónica de Londres con tal éxito que inmediatamente fue requerido por otras orquestas inglesas para actuar como invitado, llegando incluso a adoptar la ciudadanía británica. En 1969, Inbal dirigió su primera ópera, Don Carlo de Verdi, en Verona y se mostró también como un solvente director de este género. Pero el primer cargo de verdadera relevancia que obtuvo Inbal fue su nombramiento en 1974 como director titular de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Frankfurt sustituyendo al norteamericano Dean Dixon (uno de los pocos directores de orquesta de raza negra de la historia que padeció en sus propias carnes intolerables episodios de racismo). Durante su andadura con esta formación, prolongada hasta 1990, Inbal realizó numerosas giras internacionales amén de completar una notable producción discográfica centrada en las versiones originales sinfónicas de Bruckner y Mahler que fueron aclamadas por la crítica.

De forma paralela, entre 1984 y 1989, Inbal fue el principal director del teatro de La Fenice de Venecia, institución que años más tarde, en 2007, decidió nombrarle director musical. Inbal también mantuvo una estrecha colaboración con la Orquesta de la Ópera de Montecarlo, institución con la que llevó a cabo una serie de grabaciones discográficas poco habituales en el repertorio tradicional. A partir de 2001, Inbal se encargó de la dirección musical de la Konzerthausorchester de Berlín (formación fundada a partir de la antigua Orquesta Sinfónica de Berlín Este) en sustitución de Michael Schonwandt hasta 2006. Dos años más tarde, Inbal fue nombrado director titular de la Orquesta Sinfónica Metropolitana de Tokio, una de las tres principales orquestas de Japón junto con la Orquesta Sinfónica de Tokio — formación con la que se suele confundir — y la Orquesta Sinfónica de la NHK. Ese mismo año, la gerencia de la prestigiosa Orquesta Filarmónica Checa anunció a Inbal como director titular a partir de 2009 en sustitución de Zdenek Macal, cargo en el que se mantendrá hasta la próxima temporada 2012/13, cuando será sucedido por Jiri Belohlavek.

Director muy conocido y apreciado en Europa por su especialidad en la música de Bruckner y Mahler, Eliahu Inbal ha orientado su carrera con un excelente equilibrio entre el género sinfónico y la dirección operística. Inbal posee una magnífica técnica de batuta y se muestra del todo concentrado en los conciertos pese a que su forma de ensayar es muy minuciosa y detallista, no dejando ningún cabo suelto. Su repertorio es muy amplio y, aparte de su predilección por las obras sinfónicas del posrromanticismo, muestra un interés especial por la música de su tiempo. De esta forma ha registrado títulos nuevos y nada convencionales que han obtenido la unánime consideración de la crítica. Asiduo visitante de España en calidad de director invitado, Inbal se presentó en Madrid por primera vez en 1971 dirigiendo la Décima de Mahler (edición de Deryck Cooke) al frente de la Orquesta Nacional de España. Bajo su batuta, las orquestas españolas han sonado siempre muy bien y su nombre llegó a barajarse como director titular de alguna de las principales agrupaciones sinfónicas basadas en Madrid en numerosas ocasiones. Hombre muy reconcentrado y de un carácter un tanto difícil en las distancias cortas, Inbal fue censurado por una conocida publicación musical española por la negativa de uno de los sellos discográficos con los que colaboraba (DENON) a ceder ejemplares para la crítica. Tal vez por ello, su estupenda producción discográfica tardó en imponerse en España.

De entre la producción discográfica debida a Eliahu Inbal podemos mencionar las siguientes grabaciones (advertimos que los distintos enlaces que vienen a continuación no tienen porqué corresponderse necesariamente con la versión citada pero sí con la obra mencionada): Triple Concierto de Beethoven, junto a Starker, Arrau y Szeryng, y dirigiendo la New Philharmonia Orchestra (PHILIPS 4643682); Sinfonía nº4 de Brahms dirigiendo la Orquesta Sinfónica de la RAI (vídeo de referencia desconocida); la integral sinfónica de Bruckner dirigiendo la Orquesta Sinfónica de la Radio de Frankfurt (TELDEC 2564680228 — integral sinfónica en 11 CD´s); La tempestad de Chaikovski dirigiendo la Orquesta Sinfónica de la Radio de Frankfurt (PHILIPS 442586); los 2 Conciertos para piano de Chopin, junto a Claudio Arrau y dirigiendo la Sinfónica de Londres (PHILIPS 438338); Maria de Rudenz de Donizetti, junto a Ricciarelli, Nucci, Surjan y Baleani, y dirigiendo la Orquesta del Teatro La Fenice de Venecia (LIVING STAGE 35140); Sinfonía nº7 de Dvorak dirigiendo la Philharmonia Orchestra (APEX 4614272); la integral sinfónica de Mahler dirigiendo la Orquesta Sinfónica de la Radio de Frankfurt (BRILLIANT CLASSICS 903839 — integral sinfónica en 15 CD´s); y, finalmente, Concierto para piano nº3 de Rachmaninov, junto a Boris Berezovski y dirigiendo la Philharmonia Orchestra (ERATO 18411). Nuestro humilde homenaje a este gran director de orquesta.

ZUBIN MEHTA 14 mayo 2012

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 Una cultura universal unificada supone casi una utopía en medio de esta aparente globalización mundial. Muchos países pobres de África, América del Sur y Asia no pueden permitirse una vida musical al estilo euro-americano a pesar de que algunas de sus economías han experimentado un enorme desarrollo durante los últimos años. En cualquier caso, las posibilidades de comunicación y formación han crecido de forma tan rápida que no resulta extraño que alguna persona perteneciente a esas culturas tan desconocidas sea capaz de llegar al reconocimiento musical de Europa. En los años treinta del siglo pasado, era prácticamente imposible que una familia propiamente hindú se interesara por la música occidental hasta el extremo de profesionalizarse en este campo. Sin embargo, alrededor de Bombay se había formado un grupo étnico importante conocido como los parsis, una minoría étnica de religión zoroástrica que, a diferencia de las tradiciones ancestrales hindúes opuestas a la occidentalización, estaba abierta a cualquier influencia artística. Los parsis se instalaron en Bombay huyendo de la islamización persa en el siglo VIII y formaron un colectivo independiente. Durante la década de los años treinta, un joven músico llamado Mehli Mehta comenzó a ejercer como violinista y director improvisado de una pequeña orquesta de ballet que había sido creada en Bombay para acompañar las actuaciones de la bailarina Anna Pavlova. Poco podría imaginar Mehli Mehta en aquellos momentos que su hijo Zubin llegaría a ser no sólo el director de orquesta más famoso de la India, sino también uno de los más populares de todo el panorama musical internacional.

Zubin Mehta nació el 29 de abril de 1936 en Bombay, India, en el seno de una familia parsi en la que el padre ejercía como violín concertino en la orquesta de la ciudad. Pronto el joven Zubin demostró unas cualidades innatas para la música y, de esta forma, a los dos años de edad ya simulaba tocar el tambor mediante dos palillos de madera que le había regalado su padre. Dotado del llamado oído absoluto y de una memoria excelente, el pequeño Mehta recibió sus primeras clases de violín y piano a los siete años, aunque tuvo que abandonarlas durante una temporada debido a que contrajo una meningitis de la que tardó en recuperarse. Además, su padre había logrado convertirse en el director de la Orquesta Sinfónica de Bombay y la comunidad parsí de aquella ciudad le becó para ampliar estudios en los EEUU, con lo que en el verano de 1945 el padre de Zubin viajó hasta América dejando sola a su familia. El pequeño Zubin, admirado de las noticias que llegaban de su padre desde los EEUU, comenzó a hacer acopio de discos y se centró en los estudios de piano. En 1949, el padre regresó a la India y se vio obligado a recomponer la Orquesta Sinfónica de Bombay, desmantelada un par de años antes con motivo de la Guerra de Segregación de Pakistán. Fue entonces cuando decidió dejar la educación musical de su hijo en manos del profesor italiano Odone Savini, quien vivía en una localidad cercana a Bombay. Con todo, los deseos del padre de Zubin eran que el joven se dedicara a la medicina y por eso decidió matricular a su hijo en la Universidad de San Javier dirigida por el jesuita español Ramón de Rafael. Este hombre, muy versado en música, descubrió que a Zubin sólo le interesaba la música y le animó en secreto a que prosiguiera con su formación musical. En 1952, Zubin recibió una carta de su primo Dady, quien se encontraba en Viena realizando estudios musicales, en la que le animaba a dirigirse a la capital austríaca para ampliar formación. La negativa de su padre fue rotunda y Zubin siguió con sus estudios de medicina. Sin embargo, ese mismo año Zubin se vio obligado a tomar la batuta por primera vez durante un ensayo de la Sinfónica de Bombay dirigiendo a su propio padre como solista. Aquello marcó el devenir de Mehta quien, desde ese momento, decidió dedicarse por completo a la música a pesar de la negativa paterna. Durante una clase de disección anatómica, Mehta abandonó el aula y comunicó a sus profesores el abandono definitivo de los estudios de medicina (en un caso muy similar al ocurrido con Berlioz más de cien años atrás).

En 1954, con dieciocho años de edad, Mehta se trasladó a Viena y en la Academia de Música de la capital austríaca se dedicó a ampliar su formación en composición, piano y contrabajo. Allí también conoció a un joven estudiante procedente de Milán, Claudio Abbado, con quien entabló una gran amistad y con el que ingresó en la Singverein de la Sociedad de Amigos de la Música para poder subvencionar sus costosas clases y de paso observar cómo dirigían los principales maestros de la época. (No deja de ser paradójico que la primera grabación discográfica de Mehta fue aquella en donde intervino como miembro del coro durante una sesión musical en donde Karajan registró la Novena de Beethoven…). Un año más tarde, Mehta superó las pruebas de acceso a los cursos de dirección orquestal impartidos por Hans Swarowski y de paso conoció a quien se convertiría en su primera mujer, la cantante canadiense Carmen Lasky. Un momento de gran orgullo para el padre de Mehta significó el hecho de que el propio Swarowski le confesó que ya no podía enseñarle nada nuevo a su hijo y que su talento como futuro director de orquesta era excepcional. Fue entonces cuando el padre de Mehta decidió trasladarse con toda su familia a Glasgow al ser admitido como concertino de la Scottish Chamber Orchestra. Mientras, Zubin Mehta prosiguió con sus clases en Viena con un breve paso por la Accademia Chigiana de Siena durante el verano de 1955. De vuelta a Viena, Mehta debutó como director en 1956 al encargarse de un concierto extraordinario para los inmigrantes húngaros que habían abandonado su país como consecuencia de la invasión soviética. Su figura llegó a hacerse muy popular en Viena — se le apodó con el sobrenombre de Der Inder (El Indio) — y en 1957, tras finalizar los cursos de dirección, dirigió a la Tonkünstler Orchester como prueba final de examen obteniendo los mejores elogios. Tras una nueva breve estancia en Siena durante aquel verano, Mehta partió para Inglaterra para ver a su familia y de paso se inscribió en un concurso de dirección de orquesta en Liverpool. Pocas semanas después, Mehta consiguió un doble éxito: Ganó dicho concurso y contrajo matrimonio en Viena con Carmen Lasky. Gracias al triunfo en aquel certamen, Mehta fue contratado como director asistente de Sir John Pritchard en la Royal Philharmonic de Liverpool. Tras un periplo realmente complicado en el que Mehta nunca llegó a adaptarse del todo, la gerencia de la orquesta británica decidió no renovarle el contrato y a Mehta no le quedó más remedio que volver a Viena para encontrar nuevas expectativas laborales.

En Viena, Mehta conoció la invitación de Leopold Stokowski para dirigir a la Orquesta de Filadelfia y por ello se vio obligado a solicitar un préstamo a la Embajada India en Viena para poder afrontar el costoso viaje a América. No sólo recibió la subvención — al gobierno hindú le interesaba la proyección internacional de uno de sus súbditos como motivo de propaganda política — sino que su padre fue también recomendado para obtener un cargo docente en la New School of Music de Filadelfia, lo que suponía un nuevo reencuentro familiar. A todas estas felices noticias se sumó la invitación de Bernstein para que Zubin Mehta fuese su asistente en Nueva York. Ya en 1960, Mehta fue contratado de urgencia por la Orquesta Sinfónica de Montreal para dirigir una serie de conciertos sustituyendo a un enfermo Markevitch (se descubrió que el ucraniano no estaba tan enfermo — se encontraba dirigiendo en París — y se decidió contratar a Mehta como titular durante la temporada 1961-1962). Con apenas 24 años cumplidos, Mehta era ya un director bastante famoso en el mundillo norteamericano y ello no pasó desapercibido para los rectores de la Orquesta Filarmónica de Los Angeles, quienes propusieron a Mehta ser el director asistente de un recién contratado Solti. Al húngaro no le gustó nada esta decisión y presentó su dimisión irrevocable sin casi haber dirigido a la formación californiana, lo que facilitó el ascenso de Mehta a la titularidad de la misma en 1962. De forma paralela, Mehta empezó a ser requerido como director invitado en Europa y se gano una insólita fama de conquistador amoroso (se le llegó a atribuir un romance secreto con una conocida soprano que acabó por costarle su matrimonio con Carmen Lasky). La labor de Mehta en Los Angeles duró nada menos que hasta 1978 y se caracterizó por las numerosas giras acometidas y por abrirse paso en el repertorio operístico. La popularidad de Mehta subió como la espuma gracias a diversas apariciones mediáticas que le presentaban como un showman. En 1967, Mehta fue esclavo de sus palabras al negar la posibilidad de ser el sucesor de Bernstein en Nueva York aludiendo a que la Filarmónica de Los Angeles era una orquesta muy superior a la neoyorquina. Diez años después, Mehta fue nombrado director titular de la Orquesta Filarmónica de Nueva York… A partir de 1969, Mehta inició una estrecha vinculación con la Orquesta Filarmónica de Israel, entidad que acabó nombrándole director musical en 1977 y director emérito en 1991.

Mehta permaneció al frente de la Orquesta Filarmónica de Nueva York hasta 1991 y durante este tiempo trató de desterrar los programáticos experimentos de su antecesor Boulez. La crítica musical neoyorquina atacó el conservadurismo de Mehta y, pese a los indiscutibles éxitos obtenidos, nunca llegó a estar a la altura de la salvaje genialidad de Bernstein o de la autoridad legisladora de Boulez. Con todo, el director hindú batió el récord de permanencia al frente de la formación neoyorquina y decidió reconducir su vida privada casándose con Nancy Kovac, su segunda esposa. En 1990, Mehta dirigió el primer concierto de la serie de Los Tres Tenores con motivo de la celebración de la Copa Mundial de Fútbol en Italia y ello ayudó a aumentar aún más su enorme popularidad mundial. También por estas fechas Mehta empezó a colaborar con el Mayo Musical Florentino, entidad de la que había sido su director artístico hasta 1985. Desde entonces, Mehta ha realizado una incesante actividad como director invitado en las más prestigiosas orquestas del mundo y ha intervenido en numerosos acontecimientos musicales conmemorativos. Dirigió, además, el tradicional Concierto de Año Nuevo en Viena en las ediciones de 1990, 1995, 1998 y 2007. Entre 1998 y 2006, Mehta fue el director musical de la Ópera Estatal de Munich y desde 2005 se ha venido ocupando, junto con Lorin Maazel, de la Ópera de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de la Comunidad Valenciana. Mehta reside en los EEUU pero conserva la ciudadanía hindú.

Siendo uno de los directores de orquesta más populares de la actualidad, los años de actividad de Mehta le han ido convirtiendo paulatinamente en un maestro más maduro y con mayor capacidad de expresión musical. Durante su juventud, Mehta fue criticado por dotar de un excesivo ímpetu a sus lecturas tal vez en consonancia con su edad y dentro de un estilo espectacular muy apreciado en los EEUU. Director dinámico como pocos, Mehta une a su privilegiada memoria musical una extraordinaria capacidad de trabajo capaz de llevar a cabo una incesante actividad como director y como artista asiduo de los estudios de grabación. Desde sus orígenes, Mehta ha ido pulsando todos los géneros musicales, desde los conciertos a la ópera pasando por los espectáculos musicalmente más heterogéneos, con un incontestable éxito popular que no siempre se ha visto acompañado por el de la crítica. Su técnica de batuta resulta fuerte y poderosa, aunque sus peculiares modos de dirección pueden resultar en ocasiones excesivamente vistosos y muy de cara a la galería.

Pocos directores han consumado de una manera tan rápida como Mehta la transformación de un músico interesante en una verdadera estrella comercial. El producto Mehta es sinónimo de eficacia y garantía en cualquier campo y su superioridad técnica y musical hace que continúe su actividad de manera ascendente. Capaz de versionar las partituras más complejas con los mínimos ensayos, Mehta posee una resistencia física sobre el podio a prueba de bomba que la faculta para dirigir alguna mega obra de Mahler ó Bruckner durante una sesión para, finalizada la misma, tirarse más de diez horas metido en un avión para ofrecer al día siguiente una densa ópera de Wagner en el otro extremo del mundo. Pero toda esta condición atlética — obviando su congénita tendencia a echar barriga — que le hace aparecer como un verdadero virtuoso sobre el podio no puede ocultar una cierta carencia de profundidad en algunas de sus lecturas. Lo mejor de su repertorio se encuentra en las grandes producciones sinfónicas del Romanticismo más tardío con especial atención a tres compositores: Bruckner, Mahler y Richard Strauss. A nivel operístico, divide su fidelidad entre Verdi y Puccini con alguna incursión en los extremos de Mozart y Wagner. La música de su tiempo más allá de Stravinski y Bartok ocupa un espacio del todo marginal en su programación.

En junio de 1985, quien esto escribe tuvo la oportunidad de asistir por primera vez a un concierto de Mehta en el Teatro Real de Madrid al frente de la Orquesta Filarmónica de Nueva York y en el que se ofreció una correctísima versión de la Sinfonía Fantástica de Berlioz muy bien ejecutada por la orquesta bajo un calor asfixiante (la climatización de la sala falló y en la segunda parte del concierto los músicos tuvieron que tocar en mangas de camisa). Finalizada la sesión, Mehta estuvo muy amable durante la firma de autógrafos aunque se negó en redondo a realizar alguna improvisada declaración a nuestro grupo. Un año después se repitió la historia en el mismo escenario, esta vez con la Orquesta del Mayo Musical Florentino (Requiem de Verdi). Mehta apareció tras el concierto como un ser afable pero escasamente comunicativo.

Domingo 3 de diciembre de 1989: nada más sentarme en mi localidad del Auditorio Nacional de Música de Madrid, situada de cara al director por encima de la bancada del propio escenario, comencé a experimentar unos preocupantes síntomas de indigestión. Aguantado el tipo como buenamente pude, esperé la finalización del primer movimiento de la Octava de Bruckner dirigido por Mehta al frente de la Filarmónica de Israel para abandonar la sala. Al levantarme del asiento, dirigí la mirada hacia el director hindú al tiempo que oscilé mi dedo índice derecho en señal de desaprobación. Luego de haber vomitado toda la comida en uno de los cuartos de baño y ya más aliviado, un agente israelí me impidió de nuevo el acceso a la sala y no me quedó más remedio que escuchar el resto del concierto por el socorrido foyer. Un par de horas después, mi amigo Alfonso recriminó mi grosera conducta en un célebre pub madrileño donde nos reuníamos los miembros del grupo tras los conciertos (obviamente, esa tarde no se me ocurrió acercarme a camerinos para pedir autógrafo o declaración): –”Leiter, a mí también me ha decepcionado Mehta, que no la orquesta, pero tu actitud ha sido del todo intolerable entre músicos. Te has pasado tres pueblos, macho…”– Fue el acto más vergonzoso que protagonicé a lo largo de mi vida musical y siempre me he arrepentido de ello. Desde entonces, mi presencia en los conciertos fue reduciéndose paulatinamente hasta resultar prácticamente anecdótica. Nuestro grupo de jóvenes músicos acabó disolviéndose y comprendí que una década inolvidable de puntual asistencia por mi parte a todos los conciertos sinfónicos celebrados en Madrid había finalizado para siempre.

De entre la producción discográfica debida a Zubin Mehta podemos mencionar las siguientes grabaciones (advertimos que lo distintos enlaces que vienen a continuación no tienen porqué corresponderse necesariamente con la versión citada pero sí con la obra mencionada): Concierto de Brandemburgo nº6 de Bach, junto a Pinchas Zukerman y Daniel Benyamini, y dirigiendo la Filarmónica de Israel (KULTUR VIDEO 4250); Concierto para orquesta de Bartok dirigiendo la Filarmónica de Los Angeles (EUROARTS 2072248); Suite de El mandarín maravilloso de Bartok dirigiendo la Filarmónica de Berlín (SONY 45748); Sinfonía nº6 de Beethoven dirigiendo la Filarmónica de Israel (HELICON 29628); Concierto para piano nº4 de Beethoven, junto a Vladimir Ashkenazy y dirigiendo la Filarmónica de Viena (DECCA 411901); Fidelio de Beethoven, junto a Meuer, Seiffert, Raimondi y Stabell, y dirigiendo la Orquesta de la Comunidad Valenciana (EUROARTS 2072498); Concierto para violín de Beethoven, junto a Pinchas Zukerman y dirigiendo la Filarmónica de Israel (HELICON 9614); Sinfonía Fantástica de Berlioz dirigiendo la Filarmónica de Londres (APEX 89533); Harold en Italia de Berlioz dirigiendo la Filarmónica de Israel (DECCA 4669072); la integral sinfónica de Brahms dirigiendo la Filarmónica de Israel (SONY 53279 — integral sinfónica); Concierto para violín de Brahms, junto a Pichas Zukerman y dirigiendo la Filarmónica de Los Angeles (RCA 55268); Concierto para violín de Bruch, junto a Pinchas Zukerman y dirigiendo la  Filarmónica de Los Angeles (SONY 48274); Sinfonía nº8 de Bruckner dirigiendo la Filarmónica de Israel (SONY 45864); selección de piezas orquestales de Chaikovski dirigiendo la Filarmónica de Los Angeles (DECCA 417683); Concierto para violín de Chaikovski, junto a Itzhak Perlman y dirigiendo la Filarmónica de Israel (EMI 54108); Concierto para piano nº1 de Chaikovski, junto a Daniel Barenboim y dirigiendo la Filarmónica de Berlín (KULTUR 4531); Sinfonía nº104 de Haydn dirigiendo la Filarmónica de Haydn (vídeo de referencia desconocida); Los planetas de Holst dirigiendo la Filarmónica de Los Angeles (DECCA 467418); Sinfonía Española de Lalo, junto a Shlomo Mintz y dirigiendo la Filarmónica de Israel (DG 457896); selección de poemas sinfónicos de Liszt dirigiendo la Filarmónica de Berlín (SONY 66834); Sinfonía nº2 de Mahler dirigiendo la Filarmónica de Viena (DECCA 440615); Concierto para violín de Mendelssohn, junto a Shlomo Mintz y dirigiendo la Filarmónica de Israel (KULTUR 4250); Sinfonía concertante para violín y viola de Mozart, junto a Pinchas Zukerman e Itzhak Perlman y dirigiendo la Filarmónica de Israel (DG 415486); Las bodas de Fígaro de Mozart, junto a Pertusi, Gallo, Mattila y Bacelli, y dirigiendo la Orquesta del Mayo Musical Florentino (SONY 687759); preludio de Khovanschina de Mussorgski dirigiendo la Filarmónica de Berlín (KULTUR 4531); Carmina Burana de Orff dirigiendo la Filarmónica de Londres (APEX 41377); La bohème de Puccini, junto a Bocelli, Fritolli, Gavanelli y Luperi, y dirigiendo la Filarmónica de Israel (DECCA 464060); Tosca de Puccini, junto a Domingo, Milnes, Price y Plishka, y dirigiendo la New Philharmonia Orchestra (RCA 70783); Turandot de Puccini, junto a Guleghina, Berti, Previati y Esteve, y dirigiendo la Orquesta de la Comunidad Valenciana (C MAYOR 700308); Concierto para piano nº3 de Rachmaninov, junto a Vladimir Feltsman y dirigiendo la Filarmónica de Israel (CBS 44761); selección de obras orquestales de Ravel dirigiendo la Filarmónica de Los Angeles y la Filarmónica de Londres (DECCA 4666672); Capricho español de Rimski-Korsakov dirigiendo la Filarmónica de Berlín (KULTUR 4531); Introducción y rondó caprichoso de Saint-Saëns, junto a Itzhak Perlman y dirigiendo la Filarmónica de Nueva York (UNIVERSAL 462802); Sinfonía de cámara nº1 de Schönberg dirigiendo la Filarmónica de Los Angeles (DECCA 430007); Sinfonía nº3 de Schubert dirigiendo la Filarmónica de Berlín (DG 1469202); Concierto para violín de Sibelius, junto a Midori y dirigiendo la Filarmónica de Israel (SONY 58967); selección de valses y polkas de Johann Strauss dirigiendo la Filarmónica de Viena (SONY 45808); selección de obras orquestales de Richard Strauss dirigiendo la Filarmónica de Los Angeles (LIM 35); La consagración de la primavera de Stravinski dirigiendo la Filarmónica de Nueva York (TELDEC 46420); Aida de Verdi, junto a Nilsson, Sereni, Corelli y Giaiotti, y dirigiendo la Orquesta de la Ópera de Roma (EMI 58645); Falstaff de Verdi, junto a Raimondi, Lanza, Frittoli y Shtoda, y dirigiendo la Orquesta del Mayo Musical Florentino (TDK OPFALF); Il trovatore de Verdi, junto a Verrett, Nucci, Pavarotti y Banaudi, y dirigiendo la Orquesta del Mayo Musical Florentino (DECCA 430694); La forza del destino de Verdi, junto a Urmana, Guelfi, Giordani y De Simone, y dirigiendo la Orquesta del Mayo Musical Florentino (TDK 5); La traviata de Verdi, junto a Te Kanawa, Hvorostovski, Borodina y Mazzoni, y dirigiendo la Orquesta del Mayo Musical Florentino (PHILIPS 464982); Otello de Verdi, junto a Domingo y Bruson, y dirigiendo la Orquesta de la Ópera de Viena (ORFEO D´OR 698072); Requiem de Verdi, junto a Vargas, Cedolins, Siwek y D´Intino, y dirigiendo la Orquesta Sinfónica de la Fundación Toscanini (TDK COVREQ); selección de Conciertos de Vivaldi, junto a Itzhak Perlman y dirigiendo la Filarmónica de Israel (DG 419214); El Anillo de Wagner, junto a Lukas, Bress, Vázquez y Seiffert, y dirigiendo la Orquesta de la Comunidad Valenciana (C MAJOR 703808 — set de 8 DVDs); Tannhäuser de Wagner, junto a Kollo, Meier, Weikl y Secunde, y dirigiendo la Orquesta de la Ópera de Baviera (KULTUR 1483); y, finalmente, Tristán e Isolda de Wagner, junto a Nilsson, Buoso, Bertolini y Wolff, y dirigiendo la Orquesta Sinfónica de la RAI de Roma (MYTO 11239). Nuestro humilde homenaje a este gran director de orquesta.

Emilio Arrieta: Marina (Brindis) 13 mayo 2012

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 En el enlace al vídeo que hoy os dejo podemos escuchar una fantástica versión del famosísimo Brindis de la zarzuela-ópera Marina del compositor Emilio Arrieta. La interpretación corre a cargo de los solistas David Menéndez y Alejandro Roy acompañados de la Orquesta Sinfónica de RTVE dirigida por el maestro Enrique García Asensio. Una grabación completa de esta zarzuela-ópera ha sido registrada por Víctor Pablo Pérez al frente de la Orquesta Sinfónica de Tenerife y la grabación se encuentra disponible en el sello NAIVE (ref 5120). Estrenada el 21 de septiembre de 1855 en el Teatro del Circo de Madrid, Marina fue concebida como una zarzuela en dos actos bajo libreto de Francisco Camprodón. El recibimiento del público fue del todo frío y discreto, siendo la zarzuela retirada del cartel con apenas diez representaciones. Pasados 16 años, un conocido tenor de la época, Enrico Tamberlick, propuso cantar dicha obra en el Teatro Real. Aprovechando que el libretista original, Camprodón, ya había fallecido, Arrieta ordenó la transformación de Marina en una ópera y para ello confió la adaptación del libreto a Ramón Carrión. Con la añadidura de nuevas piezas y la eliminación de ciertos números, Marina pasó a tener tres actos y toda la obra fue pulida de nuevo por Arrieta. Reestrenada el 16 de marzo de 1871 en el Teatro Real de Madrid, la ópera tuvo un éxito clamoroso y supuso el mayor triunfo de su autor a lo largo de toda su vida. Pese a todo, hoy en día Marina apenas se representa.

La verdadera batalla que se plantearon los compositores españoles a mitad del siglo XIX fue la consecución de una ópera nacional. Pasado el romanticismo revolucionario en el que la ópera española seguían los modelos italianos e incluso se servían de esa lengua, los compositores desearon lograr una ópera nacional con texto y argumentos españoles. A pesar de que esta aspiración fuera una constante entre los músicos de España nunca se lograría su realización. Por un lado, la burguesía española, poco numerosa, estaba demasiado atada a las tradiciones teatrales italianas. Por el otro, los grandes coliseos musicales como el Teatro Real de Madrid o el Liceu de Barcelona se constituían como templos del arte italiano donde lo español no tenía cabida, o bien la tenía en escasa medida y peores condiciones. De esta manera, los compositores españoles se refugiaron en mayor medida en un género considerado menor como es el de la zarzuela. (Un crítico de la época, Antonio Peña y Goñi, sostuvo que no había problema alguno con la ópera española, pues ésta existía y se llamaba zarzuela. El verdadero problema fue que los músicos no lo tuvieron tan meridianamente claro…). Aquella nueva zarzuela remodelada, que ya no tenía nada que ver con la de los siglos XVII y XVIII, cada vez fue incorporando con mayor empeño temas locales y melodías y ritmos nacionales. Era mucho más barata de montaje que la ópera y algunos papeles podían ser asumidos por actores que aparte de tal condición también sabían cantar. De igual manera, las orquestas eran más modestas y las puestas en escena mucho menos complicadas que en una ópera. Por otra parte, la zarzuela se dirigía a un sector de público muy amplio — y en parte popular — y de ello resultaba el medio de vida de los compositores, situación que Ruperto Chapí mejoró al crear en 1893 la Sociedad General de Autores de España (SGAE), una organización que tuvo como objeto la regulación de los derechos de los compositores y el registro de sus obras para evitar plagios. Antes de ello, los editores compraban directamente la obra al artista por muy poco dinero y se convertían en sus propietarios, con lo que el compositor dejaba de tener control alguno sobre su producción. La zarzuela se remodeló completamente desde la segunda mitad del siglo XIX y a ello contribuyó el arrollador éxito que en 1849 obtuvo Colegialas y soldados del madrileño Rafael Hernando. Pese a que su trabajo se encuentra hoy olvidado, Hernando participó en 1851 en la sociedad creada por Barbieri, Gaztambide, Inzenga y Oudrid para explotar el teatro Variedades, en cuyo escenario se asentó definitivamente el género. Aparte de los mencionados, los más importantes compositores de esa generación de zarzuelistas fueron Francisco Asenjo Barbieri (1823-1894) y Pascual Juan Emilio Arrieta (1823-1894). (Texto tomado en préstamo de la entrada dedicada a Ruperto Chapí y publicada el 6 de agosto de 2010).

Pascual Juan Emilio Arrieta Corera nació el 21 de octubre de 1823 en Puente la Reina, Navarra, en el seno de una familia de labradores. Huérfano desde niño, Arrieta se trasladó con su hermana hasta Madrid e ingresó en el Conservatorio para más tarde, entre 1839 y 1845, acceder al Conservatorio de Milán, merced a una beca concedida por el conde de Litta, y pasar a ser alumno de composición de Vaccai, llegando a estrenar incluso su primera ópera. De vuelta a España en 1846, Arrieta es nombrado profesor de canto de Isabel II y tres años más tarde profesor de la corte, estrenando una ópera en el Teatro Real de Madrid bajo la protección de la reina. En 1857, Arrieta fue nombrado profesor de composición del Conservatorio de Madrid, institución de la que sería su director desde 1868 hasta su muerte. Ese mismo año, con la caída de la reina Isabel II, Arrieta se mostró muy poco agradecido con los favores que ésta le había brindado y, ni corto ni perezoso, escribió el himno Abajo los borbones. Entre los más destacados alumnos que Arrieta tuvo bajo su tutela se encontraban Chapí y Bretón. Nombrado miembro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando y poseedor de la Gran Cruz de Isabel de la Católica, finalmente Arrieta falleció el 11 de febrero de 1894 en Madrid.

Compositor iniciado en sus principios a la creación de óperas merced a su formación italiana, Emilio Arrieta fue poco a poco sintiéndose seducido por la zarzuela merced a los éxitos de Gaztambide y Barbieri, abandonando el género operístico para dedicarse en exclusiva a la zarzuela. A pesar de no formar parte del primer grupo de renovadores de la zarzuela, Arrieta pronto se unió a ellos contándose entre los más importantes. Aunque su estilo es ciertamente conservador, sus melodías son muy frescas y fluidas, estando conectadas con un estilo italiano que Arrieta jamás abandonó. Sirva desde aquí nuestro humilde homenaje a su figura.

DAVID ZINMAN 11 mayo 2012

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 Existe una sustancial diferencia de procedimiento entre los directores nacidos y criados en los EEUU frente a los que proceden de la Vieja Europa. En América, los jóvenes maestros tratan de buscar el éxito merced a las propias peculiaridades de una sociedad que no admite, en la mayoría de los casos, la paciencia que implica un trabajo serio y bien dirigido. Por contra, en Europa se sigue valorando más el hecho de curtirse artísticamente en escenarios provinciales hasta ir dando, poco a poco y sin ninguna prisa, los requeridos saltos de cualidad profesionales (y no negamos que esta condición también se va perdiendo en Europa en estos tiempos actuales dominados por el mero y exclusivo interés comercial). Determinados directores de orquesta se han ganado la admiración y el reconocimiento mundial por su acertada labor no sólo en el campo estrictamente musical, sino también en el de la gestión corporativa. El americano David Zinman ha sabido asumir las mejores virtudes de cada continente a la hora de desarrollar su exitosa carrera: Por una parte, se ha vinculado de manera estable desde hace muchos años a un conjunto sinfónico al que ha sabido colocar entre las orquestas de mayor renombre europeas. Y por otra parte, ha sabido introducir en las caducas estructuras musicales europeas las innovaciones de gestión procedentes de América. El resultado final de esta mezcla sólo puede calificarse como de éxito abrumador.

David Zinman nació el 9 de julio de 1936 en Nueva York, EEUU, y con apenas seis años comenzó sus estudios de violín para posteriormente acceder al Conservatorio del Colegio de Oberlin en Ohio. Luego de haberse graduado en esta institución, Zinman estudió composición durante tres años en la Universidad de Minnesota para luego asistir a los cursos de dirección orquestal impartidos en Tanglewood. Fue allí donde su incipiente talento artístico no pasó desapercibido para Pierre Monteux, quien decidió reclutarle como su asistente en la Orquesta Sinfónica de Londres de 1961 a 1964. Un año más tarde, Zinman fue contratado como director asistente de Szymon Goldberg en la Orquesta de Cámara de los Países Bajos, puesto en el que permaneció hasta 1977 para, dos años después, relevar a Edo de Waart al frente de la Orquesta Filarmónica de Rotterdam por un período de tres temporadas. De firma paralela, Zinman ejerció como director titular de la Orquesta Filarmónica de Rochester, sustituyendo a Samuel Jones, entre 1974 y 1985. Con esta formación, Zinman realizó numerosas giras y grabaciones que le permitieron ganarse un respetable nombre como director en los EEUU. De hecho, tras su salida de Rochester en 1985, Zinman fue designado director titular de la Orquesta Sinfónica de Baltimore en sustitución de Sergiu Comissiona. Con esta formación, a la que Zinman venía dirigiendo como invitado desde un par de años antes, se mantuvo hasta 1998 y durante este largo período la orquesta se convirtió en una de las más interesantes y requeridas de EEUU. Zinman amplió el repertorio de la misma en base a un total compromiso con la música de su tiempo y llegó incluso a diseñar nuevos formatos de conciertos para elevar las ya de por sí considerables audiencias. Director invitado por las principales formaciones estadounidenses, Zinman fue un maestro habitual en los numerosos festivales organizados en tierras norteamericanas.

Por lo que respecta a su carrera artística en Europa, en 1995 Zinman sucedió a Claus Peter Flor al frente de la Orquesta Tonhalle de Zurich, cargo que aún acapara en la actualidad. De igual manera que en Baltimore, Zinman cimentó en Zurich una extraordinaria gestión musical basada en una nueva y más coherente programación, en la producción de numerosas grabaciones discográficas y en la acometida de exitosas giras internacionales, especialmente por EEUU y Japón, que elevaron el prestigio de una orquesta que nunca había pasado de ocupar una discreta segunda fila tras la estela de la prestigiosa Suisse Romande. Zinman no sólo superó a esta histórica formación en lo relativo a niveles de calidad, sino que erigió a la Tonhalle como una de las mejores agrupaciones de toda Europa. Desde 1998, Zinman también ejerce como director del Festival de Música de Aspen, Colorado, que abarca también la Academia Americana de Dirección Orquestal. Comprometido con la música contemporánea y con la docencia, Zinman también imparte clases en el Curtis Institute de Filadelfia y en Zurich, ciudad en donde tiene fijada su residencia a la par que en New Jersey. En tiempos recientes, Zinman también ha dedicado parte de su tiempo al mundo de las bandas sonoras cinematográficas con enorme éxito.

Considerado como uno de los directores estadounidenses más reputados y brillantes de su generación, David Zinman se ha ganado el prestigio unánime tanto en los EEUU como en Europa por su capacidad tanto como gestor musical como por su contrastada solvencia como director de amplio y variado repertorio. De gestos claros y precisos, Zinman destaca por su gran técnica de batuta y por la adopción de una gran elegancia escénica en sus modos de dirección que coadyuva a una mayor concentración de lo musical tanto en profesores como en público. Tal vez influenciado por Pierre Monteux, el estilo de Zinman destaca por la claridad expositiva y el equilibrio sonoro de las distintas masas orquestales. Para ciertos especialistas, Zinman es uno de los directores actuales que mejor respira a la hora de exponer las secuencias interpretativas. Acaparador de un amplio repertorio que va desde Mozart a lo más novedoso de la música contemporánea, Zinman ha desarrollado una interesante actividad discográfica que ha sido muy considerada por la critica debido al gran nivel sonoro y cualitativo que logra extraer de la Orquesta Tonhalle de Zurich. Hombre de trato cordial y amable, Zinman ha relatado en sus memorias un incidente de infancia digno de comentar: Cuando apenas era un chiquillo, él y un grupo de amigos estaban asustados por la presencia en las calles neoyorquinas de su barrio de un hombre extraño que no ofrecía muchas simpatías. Aquel individuo solía tocar el piano desde su estudio dejando la ventana abierta, por lo que el grupo de niños arrojaba piedras al cristal provocando la iracundia de aquel siniestro personaje… Aquel hombre tan huraño no era otro que Bela Bartok, uno de los compositores más apreciados actualmente por Zinman.

De entre la producción discográfica debida a David Zinman podemos mencionar las siguientes grabaciones (advertimos que los distintos enlaces que vienen a continuación no tienen porqué corresponderse necesariamente con la versión citada pero sí con la obra mencionada): Concierto para flauta en la menor de Carl Philipp Emmanuel Bach, junto a Aurèle Nicolet y dirigiendo la Orquesta de Camara de Holanda (PHILIPS 4681912); Concierto para clave, BWV 1056, de Bach, junto a Alicia de Larrocha y dirigiendo la London Sinfonietta (DECCA 4762729); selección de piezas orquestales de Barber dirigiendo la Sinfónica de Baltimore (DECCA 202902); Concierto para orquesta de Bartok dirigiendo la Filarmónica de Berlín (BERLINER VIDEO); Concierto para dos pianos, percusión y orquesta de Bartok, junto aNelson Freire, Martha Argerich y dirigiendo la Orquesta del Concertgebouw (PHILIPS 416378); la integral sinfónica de Beethoven dirigiendo la Tonhalle de Zurich (ARTE NOVA 65410 — integral sinfónica en 5 CD´s); Triple Concierto de Beethoven, junto a Mork, Bronfman y Shaham, y dirigiendo la Tonhalle de Zurich (ARTE NOVA 640150); Cascanueces de Chaikovski dirigiendo la Orquesta del Ballet de Nueva York (NONESUCH 79294); Concierto para violín de Elgar, junto a Gil Shaham ydirigiendo la Sinfónica de Chicago (CANARY CLASSICS 6); Sinfonía nº3 de Gorecki dirigiendo la London Sinfonietta (NONESUCH 79282); Concierto para piano en Re mayor de Haydn, junto a Alicia de Larrocha y dirigiendo la London Sinfonietta (DECCA 18002); la integral sinfónica de Mahler dirigiendo la Tonhalle de Zurich (RCA 72723 — integral sinfónica en 15 CD´s); selección de Conciertos para piano de Mozart, junto a Radu Lupu y dirigiendo la Orquesta Filarmónica de Cámara Alemana (EUROARTS 2010238); Capricho Español de Rimski-Korsakov dirigiendo la Sinfónica de Baltimore (TELARC 80378); y, finalmente, la integral sinfónica de Schumann dirigiendo la Tonhalle de Zurich (ARTE NOVA 577430 — integral sinfónica en 2 CD´s). Nuestro humilde homenaje a este excelente director de orquesta.

CHARLES DUTOIT 9 mayo 2012

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 Dicho con todas las reservas posibles, Suiza es posiblemente la zona geográfica centroeuropea que menos compositores de relevancia ha sumado al panorama musical internacional. Si bien Ernest Bloch, Arthur Honegger y Frank Martin han sido de siempre los compositores helvéticos más conocidos, no es menos cierto que el modernismo serialista suizo ha estado muy bien representado por autores como Klaus Huber y Heinz Holliger, este último más conocido por su virtuosismo al óboe. Sin embargo, en materia interpretativa y más concretamente en dirección orquestal, Suiza ha ofrecido al mundo una serie de directores de gran prestigio dentro de una escuela mayormente francófona iniciada por Ernest Ansermet y continuada por Niklaus Aeschbacher, Karl Rickenbacher, Peter Maag, Armin Jordan y Michel Corboz. A nivel operístico, parece del todo lógico que los directores suizos más destacados procedan del área meridional más próxima a Italia, como Silvio Varviso y Marcello Viotti. Aparte de otros directores asimilados, como el polaco Paul Kletzki o el griego Maurice Abravanel, el director suizo con mayor proyección internacional en estos momentos no es otro que Charles Dutoit. Sus 25 años como titular de la Orquesta Sinfónica de Montreal, formación que bajo su mando se convirtió en una de las más atractivas de todo el planeta, le avalan por completo.

Charles Édouard Dutoit nació el 7 de octubre de 1936 en Lausana, Suiza, e inició sus estudios musicales de violín y teoría en el conservatorio de su ciudad natal para más tarde pasar al Conservatorio de Ginebra para estudiar viola y dirección orquestal. Después de haberse diplomado de ambas materias en 1958, Dutoit viajó hasta Siena para estudiar con Alceo Galliera y posteriormente a Tanglewood para ponerse bajo la tutela de Charles Munch. Entre 1957 y 1959, Dutoit ejerció como violista en numerosas orquestas europeas y americanas, llegando a ser el director del Coro Universitario de Lausana en 1959, el mismo año en que hizo su debut como director de orquesta al dirigir un concierto al frente de la Orquesta de la Radio de Lausana. Dado el éxito de esta cita, Dutoit fue invitado a dirigir con cierta regularidad a la Orquesta de la Suisse Romande hasta que en 1963 fue designado director del Coro Bach de Lausana. Un año después, Dutoit aceptó el cargo de segundo director de la Orquesta Sinfónica de Berna para tres años más tarde hacerse con la titularidad de dicha formación, sustituyendo a Paul Kletzki, hasta 1978. Hombre dotado de una gran capacidad para el trabajo, Dutoit también ejerció como director de la Orquesta de la Radio de Zurich entre 1964 y 1966, de la Orquesta Sinfónica Nacional de México entre 1973 y 1975, y de la Orquesta Sinfónica de Gotemburgo entre 1976 y 1979. Un par de años antes, en 1977, Dutoit dirigió por primera vez a la Orquesta Sinfónica de Montreal en un concierto triunfal que le valió para ser nombrado ese mismo año director musical de la misma en sustitución de Rafael Frühbeck de Burgos.

Durante los 25 años en los que Dutoit se mantuvo al frente de esta agrupación sinfónica, la formación llegó a ser mundialmente conocida en virtud a las numerosas giras que realizó por todos los puntos del planeta y al productivo trabajo discográfico llevado a cabo principalmente para el sello DECCA. La orquesta se especializó en el repertorio francés y fue unánimemente considerada por la crítica como una de las mejores formaciones americanas, rivalizando en calidad con las tradicionales orquestas de los EEUU. Con todo, en el año 2002 Dutoit se vio obligado a renunciar a la titularidad de dicha formación por fuertes desavenencias con el colectivo orquestal, quien llegó a acusar a Dutoit de tirano. (Al parecer, los problemas surgieron cuando Dutoit decidió expulsar de la formación a dos instrumentistas debido a su bajo rendimiento artístico). A partir de los años ochenta, Dutoit también colaboró estrechamente con la Orquesta de Minnesota y con la Orquesta de Filadelfia, llegando a ser el director principal de esta última en 2008 tras la salida de Christoph Eschenbach. Por otra parte, de 1991 a 2001, Dutoit también ejerció como director titular de la Orquesta Nacional de Francia relevando a Lorin Maazel. Al igual que en Montreal, Dutoit centró el repertorio en la música francesa y convirtió a la orquesta en una verdadera embajadora del arte musical galo. En 1996, Dutoit comenzó también a dirigir con regularidad a la Orquesta Sinfónica de la NHK de Tokio, formación de la que dos años más tarde se convertiría en su director musical hasta 2003, cuando fue nombrado director emérito de la misma. Esta labor se vio complementada con la dirección de la Orquesta de Filadelfia en calidad de director principal desde 2008 — la dirección musical de la formación recayó en el joven canadiense Yannick Nézet-Séguin en 2010, aunque Dutoit sigue acaparando un cargo casi creado en exclusiva para él — y con la dirección de la Royal Philharmonic de Londres desde 2009, posición que conserva en la actualidad junto con la dirección musical del Festival Verbier en Suiza.

Dotado de una gran sutileza musical, Charles Dutoit es uno de los más destacados directores en la actualidad en lo relativo a la música francesa, rusa y del siglo XX. (Y, posiblemente, el mejor lector actual de la música de Falla). Dutoit es un director del todo eficiente cuya técnica de batuta no destaca, precisamente, por su espectacularidad, sino que es más bien contenida y sólo subrayada en los momentos de mayor expresividad. A lo largo de su dilatada e intensa trayectoria artística, se le llegó a reprochar a Dutoit un excesivo detallismo analítico que restaba frescura y espontaneidad a algunas de sus ejecuciones, aunque con el tiempo, y según se puede apreciar en sus grabaciones discográficas, Dutoit ha ganado en madurez y ha sabido corregir ese presumible defecto. Dutoit también se ha caracterizado por ser un excelente educador de orquestas e imprimir a las mismas de un muy cualificado nivel sonoro. Y todo esto resulta ciertamente difícil de entender en un director que ha llegado a dirigir la asombrosa cifra de 150 conciertos al año (uno cada dos días de media). Con una gran producción discográfica a sus espaldas, Charles Dutoit fue uno de los pioneros en servirse de la moderna técnica digital en los estudios de grabación, aspecto que le ha servido además para acaparar numerosos premios y menciones especiales de la industria fonográfica. Dutoit es una persona muy comunicativa y de un abierto talante según pudo comprobar quien esto escribe allá por 1987, cuando asistí como testigo a una entrevista concedida por Dutoit para una conocida publicación española y en la que se expresó en un perfecto castellano (Dutoit estuvo casado con la pianista argentina Martha Argerich). Dutoit es Oficial de la Orden Canadiense, Gran Oficial de la Orden Nacional de Quebec y Comendador de las Artes y las Letras de Francia.

De entre la producción discográfica debida a Charles Dutoit podemos mencionar las siguientes grabaciones discográficas (advertimos que los distintos enlaces que vienen a continuación pueden no corresponderse con la versión citada pero sí con la obra mencionada): La condenación de Fausto de Berlioz dirigiendo la Sinfónica de Montreal (DECCA 455361); Los troyanos de Berlioz, junto a Lakes, Voigt, Pollet y Quilico, y dirigiendo la Sinfónica de Montreal (DECCA 443693); Sinfonías nº5 y 6 de Chaikovski dirigiendo la Sinfónica de Montreal (DECCA 425503 y 430507); Concierto para violín de Chaikovski, junto a Kyung-Wha Chung y dirigiendo la Sinfónica de Montreal (DECCA 410011); los 2 Conciertos para piano de Chopin, junto a Martha Argerich y dirigiendo la Sinfónica de Montreal (EMI 56798); Noche en los jardines de España de Falla, junto a Alicia de Larrocha y dirigiendo la Sinfónica de Montreal (DECCA 837709); Requiem de Fauré, junto a Te Kanawa y Milnes, y dirigiendo la Sinfónica de Montreal (DECCA 421440); Concierto para violín de Glazunov, junto a Leila Josefowicz y dirigiendo la Sinfónica de Montreal (PHILIPS 464059); Los planetas de Holst dirigiendo la Sinfónica de Montreal (DECCA 417553); la integral sinfónica de Honegger dirigiendo la Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara (APEX 62687 — integral sinfónica); El rey David de Honegger, junto a Collard, Pierre, Tappy y Desailly, y dirigiendo la Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara (APEX 4620332); Sinfonía nº2 de Ibert dirigiendo la Sinfónica de Montreal (DECCA 440332); Concierto para violín de Mendelssohn, junto a Leila Josefowicz y dirigiendo la Sinfónica de Montreal (PHILIPS 464059); Canciones y danzas de la muerte de Mussorgski, junto a Dmitri Hvorostovski y dirigiendo la Sinfónica de Montreal (VIDEO ARTISTS 4330); los Conciertos para violín nº3 y 4 de Paganini, junto a Salvatore Accardo y dirigiendo la Filarmónica de Londres (DG 423370); Concierto para órgano de Poulenc, junto a Pascal Rogé y dirigiendo la Philharmonia Orchestra (DECCA 436546); selección de piezas orquestales de Poulenc dirigiendo la Orquesta Nacional de Francia (DECCa 452937); Sinfonía nº1 de Prokofiev dirigiendo la Sinfónica de Montreal (DECCA 421813 — curiosísimo vídeo); Concierto para piano nº1 de Prokofiev, junto a Martha Argerich y dirigiendo la Sinfónica de Montreal (EMI 56654); selección de piezas orquestales de Ravel dirigiendo la Sinfónica de Montreal (DECCA 460214); Fuentes de Roma de Respighi dirigiendo la Sinfónica de Montreal (DECCa 410145); Scheherezade de Rimski-Korsakov dirigiendo la Sinfónica de Montreal (DECCa 410253); selección de piezas orquestales de Saint-Saëns dirigiendo la Philharmonia Orchestra (DECCA 414460); y, finalmente, selección de obras orquestales de Stravinski dirigiendo la Sinfónica de Montreal (NEWTON CLASSICS 8802013). Nuestro humilde homenaje a este gran director de orquesta.

LEOPOLD HAGER 7 mayo 2012

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 El Mozarteum de Salzburgo es una de las más prestigiosas instituciones de Austria en lo que a materia musical se refiere. Fundado en 1841 a iniciativa de la viuda de Mozart, el centro acoge una universidad musical y dos salas de conciertos, la Grossensaal, un espacio de bellísima decoración, y la Wienersaal, más pequeña y apta para la música de cámara. Un gran centro como éste no podía dejar de tener su propia orquesta y así, también en 1841, fue creada la entonces conocida como Orquesta del Estado de Salzburgo que a partir de 1908 adquirió su actual denominación. Dicha formación presenta un enorme protagonismo durante el Festival de Salzburgo y hoy en día está reconocida como una de las mejores y más prestigiosas orquestas de Austria. Concebida inicialmente como una orquesta de estudiantes, en 1939 la formación se hizo del todo profesional y a partir de 1958 se refundó mediante la fusión con otros pequeños conjuntos orquestales de Salzburgo. Si bien la agrupación fue desde siempre dirigida por las más afamadas batutas, puede afirmarse que su primer director titular en esta nueva etapa fue Leopold Hager, un maestro que se mantuvo durante doce años al frente de dicha entidad y que fue el responsable de consolidar el amplio prestigio que desde entonces ha gozado la formación.

Leopold Hager nació el 6 de octubre de 1935 en Salzburgo, Austria, y desde muy joven exhibió un extraordinario talento para la práctica musical, por lo que en 1949 fue admitido en el Mozarteum de Salzburgo para estudiar piano, dirección y composición bajo la tutela de los profesores Bernhard Paumgartner, Gerhard Wimberger, Cesar Bresgen y Egon Kornauth. Finalizados sus estudios en 1957, Hager debutó como director un año después al dirigir La italiana en Argel de Rossini en el Teatro de Mainz, escenario que le nombró director asistente hasta 1962. A partir de esa fecha, Hager pasó a dirigir el Linz Landestheater por un período de dos años para pasar, durante la temporada de 1964-1965, a dirigir la Ópera de Colonia en sustitución de un enfermo Sigfried Köhler. Tras este breve periplo, Hager fue nombrado Generalmusikdirektor de Freiburg por un espacio de cuatro años. En 1969, Hager fue nombrado director de la Orquesta del Mozarteum de Salzburgo, una formación que en 1958 se había fusionado con la orquesta sinfónica de la ciudad de Salzburgo y que desde entonces se constituyó en uno de los principales conjuntos musicales de Austria. Hager permaneció al frente del Mozarteum hasta 1981, fecha en que fue relevado por un indolente Hans Graf, y durante su período de mandato la formación adquirió niveles artísticos que provocaron la admiración de todo el firmamento musical por la frescura y elegancia de las ejecuciones del repertorio clásico y romántico.

De forma paralela, Hager desarrolló una gran carrera internacional como director invitado y especialista en Mozart y así, en 1971, debutó en la Ópera de Viena con una extraordinaria producción de Don Giovanni. En 1976, Hager hizo su presentación en el Metropolitan neoyorquino merced a una representación de Las bodas de Fígaro que fue aclamada por crítica y público. Un año después, Hager dirigió Tristán e Isolda en el Teatro Colón de Buenos Aires para más tarde, en 1978, debutar en el Covent Garden londinense con otra gran producción de Las bodas de Fígaro de Mozart. Desde ese momento, Hager se convirtió en una figura muy apreciada por su alto grado de conocimiento de la música de Mozart y en consecuencia fue constantemente requerido para dirigir como invitado a las principales formaciones de Europa y América. A finales de la década de los años setenta, Hager fue contratado por el sello PHILIPS para llevar a cabo el registro de las óperas tempranas de Mozart junto a las más relevantes figuras líricas del momento (Baltsa, Schreier, Mathis, Popp…). Ya en 1981 y una vez que hubo abandonado la dirección del Mozarteum, Hager fue nombrado director titular de la Orquesta de la Radio Televisión de Luxemburgo en sustitución de Louis de Froment, permaneciendo en el cargo hasta 1996. Desde entonces, y hasta 2004, Hager abandonó su carrera como director de orquesta para centrarse en la docencia en la Universidad de Música y Artes Escénicas de Viena, donde impartió la clase de dirección orquestal sucediendo a Karl Österreicher y continuando la línea directa de renombrados profesores de dicha institución como Clemens Krauss y Hans Swarowski. De 2005 a 2008, Hager trabajó estrechamente como director de la Volksoper de Viena dirigiendo algunos títulos de Mozart,Verdi, Wagner y Offenbach. Leopold Hager suele visitar con asiduidad España como director invitado y es un maestro muy apreciado por el público español por su especialidad en el repertorio clásico.

Director serio y muy disciplinado, Leopold Hager es un maestro especializado en el período clásico cuyas interpretaciones mozartianas han recibido un tratamiento muy favorable por parte de crítica y público. Con todo, el repertorio de Hager no se queda tan sólo en el Clasicismo, sino que abarca un amplio rango que va desde Haendel hasta las más modernas obras de Schnittke y Eder. Las ejecuciones de Hager suelen caracterizarse por un alto grado de sensibilidad musical dentro de unas lecturas del todo ortodoxas conforme a la partitura. Otra de sus facetas, muy poco conocida, es la de la composición, siendo autor de un Concierto para violín con un estilo cercano al de Hindemith o Stravinski. Aun siendo un director muy apreciado por los públicos más exigentes, tal vez la mayor popularidad de Hager reside en su producción discográfica llevada a cabo para diversas firmas y que recoge grabaciones poco habituales dentro de un repertorio generalmente saturado.

De entre la producción discográfica debida a Leopold Hager podemos mencionar las siguientes grabaciones (advertimos que los distintos enlaces que vienen a continuación no tienen porqué corresponderse necesariamente con la versión citada pero sí con la obra mencionada): Sinfonía nº45 de Haydn dirigiendo la Orquesta de Concierto Clásica de Viena (vídeo de referencia desconocida); Gran Misa de Haydn dirigiendo la Orquesta de la Capilla de Hofburg de Viena (vídeo de referencia desconocida); selección de arias de concierto para soprano de Mozart, junto a Hanna Schwarz y dirigiendo la Orquesta del Mozarteum (PHILIPS 586002); selección de arias de concierto para tenor de Mozart, junto a Thomas Moser y dirigiendo la Orquesta del Mozarteum (PHILIPS 586002); Mitridate, re di Ponto de Mozart, junto a Schreier, Moser, Auger y Lorengar, y dirigiendo la Orquesta del Mozarteum (OPERA D´ORO 1361); selección de Sinfonías de Mozart dirigiendo la Orquesta del Mozarteum (OEHMS 579); Concierto para piano nº9 de Mozart, junto a Felicja Blumental y dirigiendo la Orquesta del Mozarteum (BRANA RECORDS 8); Exsultate Jubilate de Mozart, junto a Edita Gruberova y dirigiendo la Orquesta del Mozarteum (ORFEO D´OR 394501); Concierto para clarinete de Süssmayer, junto a Thea King y dirigiendo la English Chamber Orchestra (HELIOS 55188); y, finalmente, Concierto nº2 para dos clarinetes de Tausch, junto a Nicholas Bucknall y Thea King, y dirigiendo la English Chamber Orchestra (HELIOS 55188). Nuestro humilde homenaje a este gran director de orquesta.

Alberto Ginastera: Sonata para piano nº1, Op. 22 6 mayo 2012

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 En el enlace al vídeo que hoy os dejo podemos escuchar el primer movimiento, Allegro marcato, de la Sonata nº1, Op. 22, para piano del compositor argentino Alberto Ginastera. La versión corre a cargo de Alberto Portugheis y dicha grabación se encuentra disponible en el sello ASV (no nos consta el número de referencia) en un volumen doble dedicado a la obra pianística del compositor. El resto de los movimientos podéis encontrarlos en los siguientes enlaces: II-Presto misterioso; III-Adagio molto appasionato y IV-Ruvido ed ostinato. Compuesta en 1952 a instancia del Instituto Carnegy y del Colegio de Pennsylvania para mujeres, la Sonata nº1 de Ginastera presenta elementos claramente dodecafónicos, mezclándose los elementos folklóricos con un lenguaje musical simbólico. Dividida en cuatro breves movimientos, el primero de ellos presenta forma de sonata clásica en donde un tema primitivo de apertura es seguido por un segundo lleno de lirismo y un tanto flexible, a modo de pastoral. El segundo movimiento es fugaz y vaporoso. El tercero es una especie de lied subdividido en tres partes mientras que el cuarto es una reminiscencia de la escritura a toccata. La obra consta de episodios politonales y ritmos de gran complejidad creativa.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la música culta iberoamericana va a pasar del nacionalismo a la vanguardia con cierta brusquedad, siendo pocos los compositores de transición que van a hacer de puente evolutivo. Uno de ellos es el panameño Roque Cordero (1917-2008), quien evolucionó paulatinamente desde el nacionalismo hasta el empleo libre de los doce sonidos. El puertorriqueño Héctor Campos-Parsi (1922-1998) también compaginó nacionalismo con evolución, al igual que el venezolano Antonio Estévez (1916-1988), quien llegó incluso a practicar la música electrónica. El chileno Juan Orrego Salas (1919) representó la transición entre el neoclasicismo y la vanguardia mientras que el brasileño Claudio Santoro (1919-1989) tomó un camino del todo inverso, pasando de la atonalidad y el dodecafonismo de su maestro Koellreutter hasta llegar a un compromiso con elementos nacionalistas. Ya en una etapa posterior, Santoro aceptará la vanguardia serial y la electrónica de un modo muy personal. Menos nacionalista y más cercano a un lirismo que luego derivó hacia la vanguardia fue el uruguayo Héctor Tosar (1923-2002), de formación francesa y estudioso de las músicas orientales. Con todo, el más espectacular ejemplo de evolución desde el nacionalismo a la vanguardia lo producirá quien es considerado como el más importante músico culto surgido en Argentina, Alberto Ginastera.

Alberto Evaristo Ginastera (el compositor suprimió muy pronto su segundo nombre, por lo que hoy se le conoce como Alberto Ginastera), nació el 11 de abril de 1916 en Buenos Aires, Argentina, y estudió en el conservatorio de su ciudad natal, donde fue alumno de Athos Palma, José André y José Gil. Apenas estaba concluyendo sus estudios cuando se representó su ballet Panambí en el Teatro Colón en julio de 1940, lo que le proporcionó una enorme fama en su país. Tras una estancia en los EEUU a mediados de los años cuarenta en donde estudió en Tanglewood con Aaron Copland, en 1948 Ginastera fue nombrado director del Conservatorio de La Plata, ejerciendo dicho cargo hasta 1952 para un año después ser designado profesor de composición en Banfield. En 1962 Ginastera fundó el Centro Iberoamericano de Altos Estudios Musicales que acoge, por un período de dos años, a los compositores jóvenes de mayor talento. En 1966 Ginastera presentó su ópera Don Rodrigo en Nueva York obteniendo un apoteósico triunfo aunque, empero, su ópera Bomarzo fue objeto de censura por parte de las entonces autoridades gubernamentales argentinas. Instalado en Suiza desde 1970, Ginastera trabajó sin descanso y a un ritmo frenético hasta la fecha de su fallecimiento, acontecida el 25 de junio de 1983 en Ginebra, Suiza.

Considerado el mejor compositor argentino del siglo XX, Alberto Ginastera combinó una espléndida técnica de composición con un fuerte sentido de identidad nacional. En su última etapa, Ginastera se sirvió de un lenguaje más libre en el que las técnicas de vanguardia son del todo usuales. A mitad de su carrera escribió también bandas sonoras de películas y se le amontonaron los encargos, componiendo de una forma prodigiosamente rápida y sin ninguna merma de calidad técnica. Sirva desde aquí nuestro humilde homenaje a su figura.

JEAN-CLAUDE CASADESUS 4 mayo 2012

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 Si existe un apellido de connotaciones artísticas en Francia ese no es otro que el de Casadesus. Robert Casadesus, tío-abuelo del director que protagoniza esta entrada, fue uno de los más destacados pianistas surgidos en Francia durante la primera mitad del siglo XX y uno de los mejores intérpretes de siempre de Ravel. Su hijo Jean, fallecido en 1972, fue también otro excelente pianista aunque nunca llegó a alcanzar los niveles artísticos de su padre. Por su parte, Henri Gustave Casadesus — abuelo del director que hoy nos ocupa – fue un reconocido violista y compositor que trabajó estrechamente con Saint-Saëns en la creación de la Sociedad Francesa de Instrumentos Antiguos. Su hija Giséle, madre del protagonista de nuestra entrada, es una destacada actriz francesa que ha intervenido en numerosas series y películas, especialmente a partir de 1970. Con estos mimbres familiares, no es de extrañar que Jean-Claude Casadesus (no confundir con su tío pianista homónimo) decidiera seguir los pasos artísticos de su familia.

Jean-Claude Probst Casadesus nació el 7 de diciembre de 1935 en París, Francia, en el seno de una familia muy comprometida con las artes. Casadesus comenzó su formación musical en el Conservatorio de París y ya en 1959 ejercía como percusionista en la Orquesta de dicha institución. Más tarde, Casadesus amplió su formación en la Escuela Normal de Música estudiando dirección bajo la tutela de Pierre Dervaux y Pierre Boulez, llegando a participar en los conciertos que, bajo el título de Le Domaine Musical, organizaba este último. En 1969, Casadesus fue contratado como director permanente de la Ópera de París y de la Ópera Cómica para dos años después fundar, junto a Pierre Dervaux, la Orquesta Filarmónica del Loira (actual Orchestre National des Pays de la Loire) basada en Nantes y Angers. Pero sin duda alguna, el nombre de Jean-Claude Casadesus se asocia a la Orquesta Nacional de Lille, formación creada en 1976 y de la que Casadesus permanece aún como director titular. Bajo su mandato, esta agrupación se ha convertido en una de las principales orquestas de Francia y al frente de la misma Casadesus ha realizado numerosas giras internacionales a lo largo de cuatro continentes. El mérito de Casadesus en Lille fue del todo extraordinario, ya que a su llegada sólo contaba con una plantilla de 33 profesores desmoralizados por la penosa situación económica de la formación. Casadesus amplió la plantilla hasta las dimensiones de una gran orquesta sinfónica y mejoró paulatinamente las condiciones laborales de sus miembros.

De forma paralela a su trabajo en Lille, Casadesus ha desarrollado una importante trayectoria como director invitado que le ha llevado a dirigir conjuntos sinfónicos de la talla de la Orquesta de Filadelfia y la Orquesta Filarmónica de San Petersburgo. A nivel operístico, Casadesus dirige regularmente en la Ópera de París, la Ópera de Montecarlo y, obviamente, en la Ópera de Lille. A partir de 2005 y por un espacio de tres temporadas, Casadesus relevó a Emmanuel Krivine al frente de la Orquesta Francesa de la Juventud. En la actualidad, Casadesus atesora numerosas condecoraciones como la Comandancia de la Legión de Honor, la Orden Nacional del Mérito y la Orden de Orange-Nassau. Considerado como una de las mayores autoridades de la dirección de orquesta francesa en la actualidad, Casadesus ha escrito su propia autobiografía — Le chemin de corte más coeur d’à un autre –  y dos de sus hijos, Caroline y Olivier, también se dedican al mundo artístico como cantante y actor respectivamente.

Jean-Claude Casadesus es un director sesudo que en todo momento trata de buscar las perfecciones mediante un enorme ahondamiento en las partituras. Director del todo eficaz y solvente a tenor con los resultados artísticos logrados, Casadesus es un maestro que no abusa en exceso de las gesticulaciones gratuitas y que sabe transmitir a la orquesta, mediante decididas expresiones faciales que se acoplan al tono de la música, una enorme seguridad interpretativa. Conforme a los tradicionales valores de la Escuela Francesa de dirección orquestal, Casadesus suele obtener un alto grado de refinamiento musical en unas lecturas que destacan por su gran claridad expositiva. Su repertorio se centraliza un tanto en la música francesa a partir del Romanticismo y en la actualidad es uno de los mayores especialistas en la música de Milhaud y Poulenc. Su compromiso con la música contemporánea francesa es total, como así lo demuestra su cargo como Presidente de la Asociación de la Música para la Libertad, entidad encargada de difundir la obra de los jóvenes compositores galos.

De entre la producción discográfica debida a Jean-Claude Casadesus podemos mencionar las siguientes grabaciones (advertimos que los distintos enlaces que vienen a continuación no tienen porqué corresponderse necesariamente con la versión citada pero sí con la obra comentada): Te Deum de Bizet dirigiendo la Orquesta Nacional de Lille (NAXOS 8572270); Danza Húngara nº5 de Brahms dirigiendo la Orquesta Nacional de Lille (vídeo de referencia desconocida); Cantos de Auvernia de Canteloube, junto a Véronique Gens y dirigiendo la Orquesta Nacional de Lille (NAXOS 6110065); Sinfonía nº10 de Mahler dirigiendo la Orquesta Nacional de Lille (vídeo de referencia desconocida); Werther de Massenet, junto a Uria-Monzon, Delescluse, Haddock y Bou, y dirigiendo la Orquesta Nacional de Lille (NAXOS 8660072); El buey sobre el tejado de Milhaud dirigiendo la Orquesta Nacional de Lille (NAXOS 8557287); Gloria de Poulenc dirigiendo la Orquesta Nacional de Lille (vídeo de referencia desconocida); y, finalmente, selección de obras orquestales de Ravel dirigiendo la Orquesta Nacional de Lille (HARMONIA MUNDI 1951434). Nuestro humilde homenaje a este gran director de orquesta.

SEIJI OZAWA 2 mayo 2012

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 Cerrado durante más tiempo que otros países asiáticos a la influencia occidental, Japón acabó por asimilar como ningún otro la cultura euro-americana y su modo de vida. Esto no supuso una pérdida de identidad nacional, sino que se estableció un concepto de doble-identidad como moderna nación industrializada y país de rica tradición cultural. En base a su prosperidad (aunque muy tocada desde el catastrófico seísmo ocurrido en marzo de 2011), Japón siempre ha mostrado un enorme interés por las artes autóctonas y por el concepto musical occidental. La naturalidad con la que el músico japonés asimila los lenguajes extranjeros se expresa también en la exportación de artistas altamente cualificados en el mercado internacional de los talentos musicales. Hoy en día, Japón es uno de los países más representados por el arte sonoro europeo y sus solistas son muy apreciados en las salas de conciertos de Europa y América por su celebrado virtuosismo. A nivel de dirección orquestal, posiblemente sea Seiji Ozawa el director japonés más conocido y respetado. En muy pocos años, Ozawa alcanzó la fama y la categoría de estrella en el panorama musical internacional. Tras unos años en los que la enfermedad se ha cebado con su cuerpo, Ozawa parece haber retomado el vuelo artístico con nuevos y renovados bríos. De todas formas, en marzo de 2012, Ozawa anunció su retirada durante un año para recuperarse del todo de su debilitada salud.

Seiji Ozawa nació el 1 de septiembre de 1935 en Fentien, antigua provincia perteneciente a la región china de Manchukuo ocupada por las tropas japonesas y en la actualidad bajo administración china con la denominación de Shenyang. Hijo de padre sintoísta y de madre cristiana de orígenes japoneses, el pequeño Seiji educó su oído al modo occidental en base a las piezas cristianas que su madre le cantaba en la intimidad. En 1944 la familia decidió retornar a Tokio y allí Ozawa comenzó su formación musical con el pianista Noboru Toyomasu, mostrando un absoluto desinterés por los instrumentos musicales tradicionales de la música japonesa. Ya en 1953, Ozawa accedió a la Escuela Musical Toho Gakuen de Tokio con la intención de prepararse para ser concertista de piano. Sin embargo, un accidente producido durante la práctica del rugby y que le fracturó los dedos índices de ambas manos le obligó a dejar el piano, cambiando sus perspectivas musicales por la composición y la dirección orquestal. Alumno en esta última materia del profesor Hideo Saito, Ozawa debutó como director en 1958 al frente de la Orquesta Sinfónica de la Radio Japonesa tras finalizar sus estudios y obtener las máximas calificaciones y premios. Fue entonces cuando Ozawa decidió ampliar su formación en Europa. Alrededor de 1960, Europa era para los japoneses un continente casi inalcanzable y Ozawa se vio obligado a trabajar en el barco mercante durante la travesía, llegando a Europa con sólo 100 dólares en el bolsillo y una motocicleta de la que había prometido hacer propaganda para una empresa japonesa. (Al parecer, Ozawa logró vender varios ejemplares de dicha moto en Francia e Italia). A punto de abandonar su carrera musical para convertirse en representante de la firma motociclista japonesa, por fortuna Ozawa decidió presentarse ese mismo año de 1960 al Concurso Internacional de Dirección de Besançon, logrando el primer premio. Admitido como alumno en Francia de Eugéne Bigot y Charles Munch, el talento de Ozawa no pasó desapercibido para nadie y el propio Munch le consiguió una beca para estudiar en el Berkshire Music Center de Tanglewood, Boston. Allí estudió bajo la tutela de Munch y de Monteux, logrando también el primer premio de dirección orquestal en el Concurso Koussevitzki. Este galardón le permitió obtener una beca para trabajar como asistente de Herbert von Karajan en la Orquesta Filarmónica de Berlín, ciudad en donde también conoció a Leonard Bernstein quien, impresionado por las facultades de Ozawa, decidió llevárselo también a Nueva York como director asistente de la Orquesta Filarmónica de dicha ciudad por un período de cuatro años. Ozawa debutó al frente de la orquesta neoyorquina en abril de 1961 en el Carnegie Hall y un año más tarde decidió regresar a Japón para hacerse cargo de la Orquesta Sinfónica de la NHK de Tokio (la antigua Sinfónica de la Radio Japonesa). Pero Ozawa se enemistó con los miembros de dicha formación y unos amigos le propusieron dirigir otra orquesta, la Filarmónica de Japón, con la que Ozawa obtuvo un enorme éxito.

Durante los años siguientes, Ozawa trabajó regularmente tanto en Japón como en los EEUU, país en el que desde 1964 a 1971 se hizo cargo de los conciertos veraniegos de la Orquesta Sinfónica de Chicago. En 1965, Ozawa obtuvo su primer cargo de verdadera relevancia al ser designado director musical de la Orquesta Sinfónica de Toronto en sustitución de Walter Susskind, cargo que ejerció hasta 1970. El progreso artístico de Ozawa resultó del todo meteórico y desde entonces su presencia fue constantemente requerida para dirigir como invitado en Inglaterra y América. De esta forma, y luego de haber debutado en el Festival de Salzburgo dirigiendo con éxito una ópera mozartiana, en 1970 Ozawa aceptó la dirección musical de la Orquesta Sinfónica de San Francisco en sustitución de Josef Krips. La popularidad de Ozawa en California fue enorme y en todos sus conciertos se puso el cartel de agotadas las localidades. Aparte de firmar un contrato discográfico con el sello Deutsche Grammophon, Ozawa logró renovar las estructuras de San Francisco mediante una programación novedosa y la creación de un coro del todo profesional. Cuando parecía que Ozawa iba a desarrollar una larga carrera al frente de la Orquesta Sinfónica de San Francisco (llegó incluso a comprarse una casa allí), en 1973 recibió la oferta de uno de los más atractivos puestos del panorama musical norteamericano, la dirección musical de la Orquesta Sinfónica de Boston, una de las mejores formaciones del mundo. Tras unas décadas en la que la formación fue dirigida por Charles Munch, Erich Leinsdorf y William Steinberg (y en la que, según las opiniones más especializadas, había perdido parte de su magnífico nivel antaño conseguido por Koussevitzki), Ozawa culminó su fulgurante carrera con dicho nombramiento. Habiendo renunciado desde 1976 a la dirección de la Orquesta Sinfónica de San Francisco y dedicado desde entonces por entero a Boston, Ozawa permaneció como titular hasta 2002, año en el que fue sustituido por James Levine. Durante los 29 años en que estuvo al frente de la formación de Boston, superando el record de permanencia de Koussevitzki, Ozawa recuperó los mejores niveles artísticos de la orquesta y la situó de nuevo entre las Top Five de América. Además, Ozawa realizó giras por todo el mundo que sirvieron para desatar la admiración internacional por un conjunto sinfónico realmente extraordinario. De forma paralela, Ozawa mantuvo una incesante actividad como director invitado de las mejores orquestas del mundo, manteniendo una estrecha vinculación con la Orquesta Filarmónica de Berlín y la Filarmónica de Viena (en 2002 fue el encargado de dirigir el tradicional Concierto de Año Nuevo en Viena). De igual manera, su presencia fue también requerida en los principales coliseos operísticos del mundo, como La Scala, el Metropolitan y la Ópera de Viena.

A partir de 2002, y una vez que hubo abandonado la titularidad de la Boston Symphony, Ozawa se encargó de la dirección musical de la Ópera Estatal de Viena hasta 2010. Durante este período, Ozawa dedicó mucho más tiempo a la docencia en el Tanglewood Music Center y continuó dirigiendo a la Sinfónica de Boston en los veranos. A principios de 2006 comenzaron los graves problemas de salud que desde entonces han afectado a Ozawa. Ese mismo año se vio obligado a cancelar sus compromisos en Viena durante un año debido a una complicación bronquial que afectó severamente a su visión. Más tarde, en 2010, Ozawa tuvo de nuevo que interrumpir su actividad como consecuencia de un cáncer de esófago que afortunadamente fue atajado a tiempo. Desde julio de 2010, Ozawa prosigue con su actividad musical aunque con una intensidad del todo reducida.

Poseedor de una memoria fotográfica y de un estilo de dirección del todo heterodoxo, Ozawa se ha destacado como un director hábil, de gran ingenio y con un profundo conocimiento de las estructuras de las obras a ejecutar. Cuando más grandes e imponentes son las masas sonoras y los colectivos empleados para su ejecución, más parece estar Ozawa en su elemento. El maestro nipón suele organizar con incansable agilidad acontecimientos sonoros excesivos, subrayando con gestos vivos y conjuradores los impulsos dramáticos de esas piezas. Su estilo interpretativo presenta una gran superficie y también un excesivo sentido que le hace encontrar los más nimios detalles. A nivel operístico, Ozawa procura una y otra vez con impresiones fuertes aunque, con la debida elegancia, sabe cuándo ha de contenerse y cuándo ha de estar del todo presente. Por contra, en muchas ocasiones se le ha criticado que su extenso repertorio se ha basado en una memoria prodigiosa para retener las partituras que ha provocado que algunas de sus lecturas sean muy superficiales y carentes de esencia musical. Con todo, el extenso y brillante período de Ozawa al frente de la Orquesta Sinfónica de Boston, cuyo tradicional repertorio afrancesado supo ampliar, le da derecho a ocupar uno de los más altos escalafones de la dirección orquestal de la segunda mitad del siglo XX.

En muchas ocasiones, la crítica se ha referido a Seiji Ozawa como el Eugene Ormandy japonés por su minuciosidad, clarificación y desmenuzamiento de cualquier acontecimiento sonoro. Ciertamente, Ozawa siempre se ha mostrado como un director rapsódico capaz de edulcorar muchas de sus lecturas con ráfagas de intensa expresividad no siempre convincentes. Durante sus últimos años en Boston se le criticó su indolencia e inseguridad, al tiempo que la prensa se cebó con él por su nula predisposición a aprender inglés con corrección tras más de treinta años de estancia en los EEUU. Por si esto no fuera poco, muchas de sus grabaciones discográficas resultaron un verdadero fiasco comercial y la casa PHILIPS se vio obligada a modificar su contrato. La lapidaria frase de Simon Rattle tras un concierto en Boston – “Esta orquesta ya no es lo que era” – exacerbó los ánimos hasta el punto de que Ozawa se vio casi obligado a salir por la puerta de atrás en Boston tras más de 29 años de continuados servicios. Todas estas tribulaciones incidieron un tanto en el ánimo de Ozawa, un director perfeccionista que se vio rodeado de muchas y despiadadas críticas — se llegó a decir que su nombramiento en Viena obedecía a un guiño hacia la continua afluencia de turistas nipones a la capital austríaca – tras un imparable ascenso a los puestos más altos de la dirección orquestal. Pero Ozawa, director pragmático como muy pocos, supo contestar estos desaires manteniéndose como una de las figuras más requeridas y cotizadas por las orquestas de mayor prestigio. Con un carácter muy modesto — negó la orden de Karajan de dirigirse hacia su persona con un simple Herbert, algo impensable dentro de su cultura oriental — y en suma equilibrado, Ozawa también fue objeto de críticas por descartar el tradicional chaqué en los conciertos y sustituirlo por un jersey de cuello alto y abotonado. Sin embargo, en la actualidad, la moda actual de los directores de orquesta en escena es precisamente esa y son ya pocos los que se sirven de la clásica levita de tiros largos. Y es que Ozawa no es ya sólo ese producto exótico de la dirección orquestal, como algunos han intentando maliciosamente definir. Ozawa es precisamente Ozawa, con sus defectos, sus virtudes y su encantadora sonrisa de pillo.

De entre la producción discográfica debida a Seiji Ozawa podemos mencionar las siguientes grabaciones (advertimos que los distintos enlaces que vienen a continuación no tienen porqué corresponderse necesariamente con la versión citada pero sí con la obra mencionada): Concierto para orquesta de Bartok dirigiendo la Sinfónica de Boston (PHILIPS 442783); Sinfonía nº9 de Beethoven dirigiendo la Filarmónica de Berlín (PHILIPS 250409); Concierto para violín de Beethoven, junto a Anne-Sophie Mutter y dirigiendo la Filarmónica de Berlín (EUROARTS 2072514); los 5 Conciertos para piano de Beethoven, junto a Rudolf Serkin y dirigiendo la Sinfónica de Boston (TELARC 80061); Sinfonía Fantástica de Berlioz dirigiendo la Orquesta Sinfónica de Toronto (SONY 5301); Carmen de Bizet, junto a Freni, Norman, Le Roux y Estes, y dirigiendo la Orquesta Nacional de Francia (PHILIPS 422366); Danzas polovtsianas de El príncipe Igor de Borodin dirigiendo la Sinfónica de Chicago (EMI 69131); Sinfonía nº1 de Brahms dirigiendo la Saito Kinen Orchestra (PHILIPS 432121); selección de obras orquestales de Chaikovski dirigiendo la Filarmónica de Berlín (KULTUR VIDEO 4508); La dama de picas de Chaikovski, junto a Freni, Atlantov, Hvorotovski y Roudenko, y dirigiendo la Sinfónica de Boston (SONY 7527712); Sinfonía nº9 de Dvorak dirigiendo la Filarmónica de Viena (PHILIPS 432996); Pelléas et Mélisande de Fauré, junto a Eskin y Lieberson, y dirigiendo la Sinfónica de Boston (DG 423089); Un americano en París de Gershwin dirigiendo la Filarmónica de Berlín (EUROARTS 2053098); Sinfonietta de Janacek dirigiendo la Sinfónica de Chicago (EMI 47837); Sinfonía Española de Lalo, junto a Anne-Sophie Mutter y dirigiendo la Orquesta Nacional de Francia (EMI 809907); Sinfonía nº2 de Mahler dirigiendo la Sinfónica de Boston (PHILIPS 420824); Kindertotenlieder de Mahler, junto a Jessey Norman y dirigiendo la Sinfónica de Boston (PHILIPS 426249); Sinfonía nº41 de Mozart dirigiendo la Orquesta del Mayo Musical Florentino (vídeo de referencia desconocida); Los cuentos de Hoffmann de Offenbach, junto a Domingo, Gruberova, Schmidt y Stamm, y dirigiendo la Orquesta Nacional de Francia (DG 427682); Carmina Burana de Orff dirigiendo la Sinfónica de Boston (RCA 59417); la integral sinfónica de Prokofiev dirigiendo la Filarmónica de Berlín (DG 463761 — integral sinfónica en 4 CD´s); Romeo y Julieta de Prokofiev dirigiendo la Sinfónica de Boston (DG 423268); los Conciertos para piano nº1 y 2 de Rachmaninov, junto a Krystian Zimerman y dirigiendo la Sinfónica de Boston (DG 185802); selección de obras orquestales de Ravel dirigiendo la Sinfónica de Boston (DG 437392); Gurrelieder de Schönberg, junto a Norman, Troyanos, McCracken y Klemperer, y dirigiendo la Sinfónica de Boston (PHILIPS 464040); Concierto para violoncelo nº1 de Shostakovich, junto a Mstislav Rostropovich y dirigiendo la Sinfónica de Londres (WARNER 447036); selección de valses y polkas de Johann Strauss II dirigiendo la Filarmónica de Viena (PHILIPS 468999); Elektra de Richard Strauss, junto a Secunde, Behrens, Ludwig y Hynninen, y dirigiendo la Sinfónica de Boston (PHILIPS 422574); selección de obras orquestales de Stravinski dirigiendo la Sinfónica de Boston y la Sinfónica de Chicago (RCA 61557); y, finalmente, selección de oberturas y preludios de Wagner dirigiendo la Filarmónica de Berlín (PHILIPS 426271). Nuestro humilde homenaje a este gran director de orquesta.

ALDO CECCATO 30 abril 2012

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 La trayectoria artística de los directores de orquesta puede estar marcada por diversas circunstancias profesionales que, a modo de estricto resumen, podemos reducir en dos: Aquellos directores que permanecen larguísimos períodos al frente de una formación o teatro operístico, pudiendo alternar este cargo con otros eventuales; y aquellos que prefieren permanecer poco tiempo en sus cargos y afrontar los nuevos retos según van surgiendo. A fuerza de ser sinceros, la primera opción puede resultar mucho más determinante a la hora de adquirir una mayor popularidad debido a la inevitable asociación director-orquesta que va cristalizando con el paso de los años. Sin embargo, esta modalidad corre el serio peligro de provocar un estancamiento artístico si los resultados cualitativos están por debajo de las expectativas marcadas. Por el contrario, los directores trotamundos lo tienen mucho más complicado para gozar de una mayor popularidad internacional debido a la poca estabilidad temporal de sus compromisos. Ello, empero, revierte a la hora de engordar el currículum profesional y, consiguientemente, el caché como artista. Ambas opciones tienen, como vemos, sus pros y sus contras. Uno de los directores trotamundos más conocidos del actual panorama musical es el milanés Aldo Ceccato.

Aldo Ceccato nació el 18 de febrero de 1934 en Milán, Italia, y comenzó su formación musical como pianista en el Conservatorio de su ciudad natal hasta que, influido por quien más adelante será su suegro, Victor de Sabata, decide pasarse casi en exclusiva al terreno de la dirección orquestal. De esta manera, y tras haberse graduado en el Conservatorio Giuseppe Verdi de Milán, Ceccato perfeccionó sus estudios de dirección en la Hochschule für Musik de Berlín durante tres años. Fue en esta época cuando Ceccato entabló una gran amistad con quien sería su mentor, Sergiu Celibidache, maestro que nombra a Ceccato como asistente suyo de 1960 a 1963 y de quien recibirá una influencia que será del todo decisiva. En 1973, Ceccato accede a su primer cargo de importancia al ser nombrado director titular de la Orquesta Sinfónica de Detroit en relevo de Sixten Ehrling, cargo en el que se mantuvo hasta 1977 para posteriormente servir como director titular de la Orquesta Filarmónica de Hamburgo hasta 1982. Ya en 1985, Ceccato acepta sustituir a Karsten Andersen como director titular de la Orquesta Filarmónica de Bergen permaneciendo en el cargo por un período de cinco temporadas. Al año siguiente, y confirmando los rumores que se sucedían entonces por Madrid, Ceccato es nombrado director de la Orquesta Nacional de España tras haber servido durante una temporada en la Orquesta Filarmónica Eslovaca como director musical.

Ceccato había dirigido a la ONE por primera vez en 1974 y era un asiduo como director invitado de las dos principales orquestas con sede en Madrid, la Nacional y la Sinfónica de RTVE. Su labor al frente de la ONE fue compartida con su compromiso como director titular de la Orquesta de la Radio de Hannover mientras que, como director asistente, Ceccato contó con la ayuda de un jovencísimo Ángel Gil. Antes de acceder oficialmente al cargo, Ceccato dirigió un ciclo sinfónico de Schumann que fue muy bien recibido tanto por crítica como por público. El 31 de marzo de 1992, con motivo del cincuentenario de la orquesta, se ofrece una gran versión de la Novena de Beethoven en la que tanto orquesta como director dieron lo mejor de sí. En su segunda temporada, Ceccato dirigió la integral de las sinfonías de Beethoven y además, en octubre de ese mismo año, la orquesta realizó una gira por los EEUU de América. Sin embargo, el 19 de noviembre de 1993, se declara la primera huelga de la ONE en sus cincuenta años de historia. Estos conflictos desviaron la atención estrictamente musical tanto de Ceccato como de la ONE, como se pudo comprobar en un decepcionante concierto ofrecido el 17 de diciembre del mismo año en donde se hizo una pésima lectura de la colosal Misa en si menor de Bach. El 16 de marzo de 1994, y de manera un tanto sorprendente, Ceccato declara a la prensa su próximo abandono de la titularidad de la ONE al finalizar la temporada. Sus palabras fueron hirientes y sus motivos no menos lacerantes: “El futuro incierto de la ONE, así como la falta de clarificación de competencias entre los distintos sectores de la formación. Tengo 60 años, soy avaro de mi tiempo y debo alejar de mí periodos estériles. Cuando acepté la dirección titular de la Orquesta y Coro Nacionales de España, país al que amo especialmente y en el que cuento con excelentes amigos, lo hice, principalmente, por una razón: La de hacer algo positivo para situar a la ONE en el lugar que potencialmente merece y le corresponde. No he visto la necesaria clarificación de competencias entre los distintos rectores de la orquesta, ni tampoco el tan necesario nuevo reglamento marcha al ritmo urgente que las circunstancias aconsejan. Hemos visto cómo la orquesta ha perdido media docena de elementos de gran importancia y todos estos asuntos puntuales forman una especie de laberinto que hacen difícil mi andadura y la de la orquesta“. En un acto un tanto justificativo, Tomás Marco hace públicos los emolumentos percibidos por Ceccato en estos años, unos 7 millones de pesetas (42.000 euros) por semana de trabajo, una cifra considerablemente alta para los baremos de la época. Ceccato se despidió como titular con una ovacionadísima versión de la Novena de Beethoven el 10 de junio de 1994.

Tras su periplo por España, Ceccato empezó a colaborar regularmente con la Orquesta Filarmónica de Brno hasta el punto de que en 1997 fue nombrado director titular de la formación en relevo de Leos Svarovsky y por espacio de tres temporadas. Luego de muchas tentativas y de haber dirigido varios conciertos a dicha formación, Ceccato es por fin nombrado director titular de la Orquesta Filarmónica de Málaga, en sustitución de Alexander Rahbari, en 2004 y por espacio de cinco temporadas. La despedida de Ceccato en Málaga estuvo rodeada de cierta polémica al negarse el director milanés a dirigir una obra del compositor malagueño Rafael Díaz en su último concierto como titular. Tras su salida de Málaga, Ceccato ha desarrollado una intensa actividad como director invitado por las más prestigiosas orquestas de Europa y América. Ceccato es miembro de la Academia de Santa Cecilia de Roma y doctor honoris causa por la Universidad de Michigan.

Maestro depositario de las tradiciones interpretativas de Victor de Sabata y Sergiu Celibidache, Aldo Ceccato pasa por ser uno de los directores de orquesta más solventes de la actualidad como así demuestra el hecho de las constantes peticiones que recibe para actuar como invitado en los principales conjuntos sinfónicos del mundo. Con más de 45 años de trayectoria musical y avalado por una serie de grabaciones ciertamente difíciles de encontrar pero que destacan por su contrastada calidad artística, Ceccato es ante todo un excelente director que se encuentra en el punto más alto de su madurez como artista. Maestro seguro y dotado de un estilo vigoroso, Ceccato es un director que sabe contagiar su entusiasmo a las distintas orquestas que están bajo su gobierno. De repertorio más bien limitado y mayormente centralizado en el Romanticismo, tal vez su poca afición a la música contemporánea haya resultado un lastre en aras de una mayor y merecida popularidad. Amante de los retos, Ceccato nunca se ha caracterizado por mantenerse muchas temporadas al frente de un mismo cargo y ha preferido alternar sus compromisos estables con la dirección como invitado.

De entre la producción discográfica debida a Aldo Ceccato podemos mencionar las siguientes grabaciones (advertimos que los distintos enlaces que vienen a continuación no tienen porqué corresponderse necesariamente con la versión citada pero sí con la obra mencionada): Concierto para violín de Beethoven en transcripción para piano, junto a Alessandro Marangoni y dirigiendo la Orquesta Filarmónica de Málaga (vídeo de referencia desconocida); Alternancia para orquesta de Bettinelli dirigiendo la Orquesta Sinfónica de Milán (vídeo de referencia desconocida); Variaciones Rococó de Chaikovski, junto a Simca Heled y dirigiendo la Orquesta Filarmonía de las Américas (vídeo de referencia desconocida); Maria Stuarda de Donizetti, junto a Farrell, Sills, Burrows y Quilico, y dirigiendo la Filarmónica de Londres (DG 465961); Concierto para violoncelo de Dvorak, junto a Michaela Fukacova y dirigiendo la Orquesta Sinfónica de RTVE (archivo RTVE); Sinfonía prólogo de Glazunov dirigiendo la Orquesta Sinfónica de Bamberg (RCA 30323); Concierto para piano de Ravel, junto a Martha Argerich y dirigiendo la Orquesta Sinfónica de la Radio de Hannover (vídeo de referencia desconocida); Concierto para piano de Schumann, junto a Luca Buratto y dirigiendo la Orquesta del Conservatorio de Milán (vídeo de referencia desconocida); la integral sinfónica de Valen dirigiendo la Orquesta Filarmónica de Bergen (SIMAX 3101 — integral en 2 CD´s); y, finalmente, La traviata de Verdi, junto a Kraus, Sills, Pandano y Carta, y dirigiendo la Orquesta del Teatro de San Carlo de Nápoles (OPERA D´ORO 1263). Nuestro humilde homenaje a este gran director de orquesta.

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