Leiter´s Blues os desea un Feliz Año Nuevo 2009 31 Diciembre 2008
Posted by leiter in Actualidad.2 comments

¿Quién me iba a decir, hace justo ahora un año, que acabaría por crear mi propio bar de copas virtual? Bastante tenía yo con escribir diariamente una reseña relacionada con la más viva actualidad internacional en la página de mi siempre recordado JGIbáñez y así, por estas mismas fechas del año pasado, hablábamos de las patéticas declaraciones de un general brasileño implicado en la Operación Cóndor… ¡Ahí es nada! Aún estábamos un tanto traumatizados por la inexplicable e inexplicada clausura de aquella improvisada tribuna de comentaristas anónimos en que se convirtió el mítico FORO DIGITAL de EL PAÍS. Observar como el nombre de un servidor aparecía con frecuencia publicado en la edición impresa de dicho diario suponía un inestimable orgullo personal, amén de un acicate para intentar superarse día a día en responder a la cuestión sometida a debate. Como anécdota, confesaré que el último día en que apareció publicado dicho foro en las páginas del diario EL PAÍS pusieron mi nombre a un comentario que no era mío sino de TALIA 666… En fin, allí fue precisamente donde contacté con JGIbáñez, quién amablemente y, ante el impacto que supuso el repentino cierre de dicho foro, me invitó a colaborar en EL COLOR DEL CRISTAL. Lamentablemente, esta bitácora también se clausuró en septiembre y hoy en día sólo mantengo contacto con uno de aquellos “foreros” del inolvidable FORO DIGITAL, el antaño ROMARIO, nick de mi querido y admirado Ángel Guirao, el creador y administrador de LA CARRETERA, un blog abierto a todo tipo de opiniones y en donde Ángel pone ese punto indispensable de equilibrio con una maestría de la que muy pocos periodistas profesionales — Y Ángel no lo es — pueden hoy en día presumir.
Bueno, esta noche despedimos un viejo año y las perspectivas para el próximo, la verdad sea dicha, no son nada halagüeñas, con esta crisis económica en la que estamos inmersos y que tanto unos se empeñaron en negar como otros siguen empecinados en considerar como exclusivamente autóctona. Con estos mimbres parece muy difícil que se encuentren soluciones globales a la misma… Ante esta pesimista tesitura me parece que esta noche voy a tomar uvas negras, en vez de las tradicionales moscatel, por estimar que van más acorde con los oscuros presagios que nos amenazan. Aunque he de confesar que tengo un solícito problema con esto de las doce uvas de Nochevieja: Como nunca le he otorgado trascendencia a este festivalero acto desde que tengo uso de razón– léase desde que cumplí los treinta años – tampoco nunca recuerdo con exactitud si la noche en que he decidido tomarme las uvas ha significado posteriormente un buen año en líneas generales o no, con lo que quienes conviven conmigo se desesperan ante mis dudas de última hora relativas a la conveniencia o no de ingerir las dichosas uvas, con intercambio de frases del estilo: – “Bueno, Leiter, ¿Te pongo el plato de uvas o qué? Joder… ¡Que el reloj del DVD ya marca las 23.59! Todos los años igual, Dios mío, ¡Qué santa paciencia hay que tener contigo!”. Lo que sí recuerdo con grata simpatía son las competiciones que se organizaban en casa de mis padres, todo el mundo con la boca llena y con la cara forzada, adoptando expresiones más propias de un zoológico que de una reunión familiar. Ah, y las primeras felicitaciones, con el primer anuncio de TVE, todavía con el mosto en la garganta. “¡Feggguizz agggo, higgggo mío (ñam, ñam) unggg beshhhgo…!”. Mi padre siempre nos sacaba ventaja porque no hubo manera de explicarle, año tras año, que el primer sonido campanillero anunciaba los llamados “cuartos”. Con tanta destreza engullía las uvas que al cuarto o quinto campanazo de rigor ya nos estaba intentando felicitar el año nuevo.
Yo no sé si será también debido a la crisis, pero este año vengo observando una menor profusión de motivos navideños en las fachadas de los balcones de este peculiar y madrileño barrio de Salamanca. Donde antaño se contemplaba un Papá Noel de trapo simulando trepar por la fachada de una finca representativa hacia el vano de un lujoso piso, ahora se puede leer un desangelado cartel con la leyenda: “SE VENDE. URGE. Tf…”. Recuerdo como también mi padre, hubiera crisis o no, siempre tiraba de los mismos espumillones y bolas navideñas que celosamente guardaba en una caja de cartón para decorar el bar año tras año. El problema radicaba en que en una de las referidas pelotillas venía reflejada la leyenda: Feliz año 1971. Cortesía de Anís Castellana, el anís de España. Mi padre se negaba en redondo (Nunca mejor dicho) a retirar de la circulación semejante y anacrónica bola que, por lo demás, siempre salió indemne de los eventuales accidentes que surgían al manipular a sus semejantes compañeras de adorno. Provocaba cierta hilaridad entre la clientela contemplar un reluciente “Feliz año 1971″ en las navidades de los primeros años ochenta. Ante tal pitorreo y bochorno, por mi parte intentaba dar la vuelta a la fatídica bola, aunque lo único que conseguía con tal operación era que a continuación fuera factible leer: “Cortesía de Anís Castellana, al anís de España”. De todas maneras, lo más excéntrico en lo relativo a la decoración navideña del bar llegaba justamente a la hora de retirar dicha parafernalia, aproximadamente a mediados del mes de enero. Mi padre tenía por costumbre jugarse con los clientes del bar una consentida demora a la hora de devolver a su sitio los ya caducos adornos navideños. Ocurrió que un año la apuesta fue tan elevada que, ya en plena Semana Santa, a últimos de marzo, los clientes no habituales se quedaban desconcertados cuando, al entrar en el bar solicitando un café con una torrija, podían leer en una de las bolas que alegremente seguía allí colgando: Feliz año 1971. Cortesía de Anís Castellana, el anís de España.
Celia y yo solíamos montar en el recibidor de nuestro domicilio un pequeño y entrañable Belén que ella se trajo consigo de Tánger y al que guardaba mucho cariño. Pero, en el transcurso de unas navidades, tuvimos a mal el subestimar los prejuicios integristas del mamarracho de mi gato Winston y una noche, de vuelta al hogar, descubrimos con horror como aquel portal de infantiles recuerdos para Celia había sido completamente arrasado por las zarpas y mandíbulas del felino, por mucho que aquel bicharraco jamás admitiera la autoría de semejante y blasfema tropelía. Ante mis requerimientos, el mamón del gato se hacía el lerdo y, tumbado sobre el respaldo del sofá y con la aristocrática pose de esconder su mano derecha arqueándola bajo la panza, dirigía su mirada hacia otro lado, al tiempo que bostezaba con evidentes muestras de perenne holgazanería. A los pocos días, Celia descubrió mientras fregaba la figura de un desamparado Niño Jesús bajo la cama. A mí me ocurrió lo mismo, aunque esta vez se trató de un camello, desgraciadamente sin montura, que encontré junto al radiador principal del salón. De esta manera logramos recomponer, a duras penas, el maltrecho Belén aunque los daños ocasionados en la cubierta del pesebre fueron irreparables por lo que no logró pasar con éxito la Inspección Técnica de Edificios a la que apresuradamente le hubimos de someter. Además, de un pastor nunca más se supo… Bueno, la verdad es que una tarde observé la curiosa forma que adoptaba una de las heces en el interior del cajetín de arena de que dispone el gato para albergar sus necesidades fisiológicas… Sinceramente, no me entraron ganas de confirmar mis más que fundadas sospechas.
Queridos/as lectores/as de LEITER´S BLUES: Para el próximo Año Nuevo de 2009 os deseo precisamente todo aquello que vosotros/as deseáis en el interior de vuestros corazones… (Siempre que no sea, claro está, algo que me perjudique a mí). Mañana descansamos. El viernes intentaré ofreceros una pequeña reseña sobre el tradicional Concierto de Año Nuevo que en esta ocasión será dirigido por Daniel Barenboim. Salutem pluritam.
Es el momento de efectuar un breve balance 30 Diciembre 2008
Posted by leiter in General.2 comments

LEITER´S BLUES tal y como se ve desde mi ordenador de sobremesa
Sí, llegado el día 30 de diciembre, penúltimo del año, es el momento de hacer un balance general de lo que ha supuesto este bar de copas virtual que abrimos al público el 26 de marzo del presente y que desde entonces, justo en el instante en que redacto estas líneas, ha recibido 20.269 visitas. Actualmente, el promedio diario de visitas ronda una media de 150 diarias y el día con mayor afluencia fue el 20 de noviembre de 2008, con 302 visitas. Nos da de sobra para pagar la luz y la hipoteca del local, aunque echamos de menos más propinas en forma de comentarios. Las entradas con mayor número de visitas han sido las siguientes, en orden decreciente:
- Diez pinturas inolvidables (II) Museo del Louvre
- Marian y sus dotes pedagogas
- Los diez mejores conciertos para piano
- Los diez mejores conciertos para instrumentos de cuerda
- Carta de amor para mi princesa favorita
Voy a ser un tanto reservado con aquellas otras entradas que menos tráfico han tenido. Lo que sí os puedo confesar es que, en ocasiones, entradas que publiqué con muy pocas o nulas pretensiones han sido posteriormente visitadas de manera continua y reiterativa. Y, de forma contraria, me he estrellado en algunos post que a priori consideré como muy interesantes y que no lo han sido tanto para el respetable global. Así, es difícil acertar de pleno con los distintos aperitivos que os pongo en el mostrador virtual de LEITER´S BLUES aunque ello no quita para que me siga esforzando día a día en su elaboración para que puedan ser de todo vuestro agrado. Y, por supuesto, este bar está abierto a todo tipo de sugerencias siempre y cuando un servidor tenga los mínimos conocimientos suficientes para abordar los temas o categorías propuestos. Por ejemplo, que nadie me anime a que trate sobre las declinaciones del búlgaro medieval porque de eso, obviamente, no tengo la más mínima idea…
Reconozco que en este bar de copas virtual los temas se han ido centrando, sobre todo durante el último trimestre, en entradas relacionadas con el mundo de la música en general y de la clásica en particular. No lo he podido evitar y quién me conoce lo suficiente sabe que esto iba irremediablemente a ocurrir. Aún así, creo que estas nuevas categorías musicales han sido, en general, muy bien acogidas a tenor con lo que se traduce de los datos estadísticos a los que tengo acceso. También, a modo de homenaje a mi actual pareja y a todos sus paisanos, he querido reservar un rincón del local para tratar de asuntos relacionados con Tánger. Pero ello no va a suponer, bajo ningún concepto, que deje de lado las categorías más mundanas que significaron la base de este proyecto en sus comienzos. Por el bar de mi difunto padre pasaron cientos y cientos de personas susceptibles de ser protagonistas de alguno de mis “retratos”. Además, generalmente en horas de cierre, se narraron multitud de inverosímiles historias que mezclan lo humano con lo divino y que encierran tanta dosis de misterio que han de ser secretamente leídas sólo para los ojos de cada cual… Por mi parte, guardo aún en el baúl de los recuerdos muchas vivencias personales para poder compartir con todos vosotros. Afortunadamente, poseo una excelente memoria y además mi signo astrológico es Cáncer. Mi padre siempre me recomendó que jamás opinase, tras la barra del bar, de aspectos relacionados con la política, el fútbol y las mujeres de algunos clientes. En BLUES seguiremos fielmente sus dictados (La categoría de Semblanzas políticas es sencilla, directa y sin ningún ánimo de crítica)
Este sábado estuve charlando en LA FLAUTA con dos personas que visitan asiduamente el bar virtual de LEITER´S BLUES aunque, los muy agarrados, nunca dejan propina en forma de comentario. Se trata de un conocido dramaturgo y un no menos famoso músico y colega. Uno de ellos me criticó — sin acritud, de forma constructiva y no sin razón — la desmesurada extensión de ciertas entradas para las humildes pretensiones de un blog como este. Estoy de acuerdo y, tal vez, lleve razón; pero en esta casa, recordando los tiempos del bar de mi padre, nos gusta servir las raciones de manera generosa para que nadie se quede con apetito… Aunque ello, a su vez, pueda provocar indigestiones no deseadas. Sinceramente, no sé hacerlo de otra forma. Aún así, a estos dos buenos amigos les gusta el blog — me sorprendió gratamente el extraordinario conocimiento que tenían del mismo — y son fieles lectores diarios. Además, ya conocen algunos aspectos ocultos que se cuecen en la trastienda de este virtual bar de copas. Es todo un orgullo para mí saber que este par de fenómenos me leen a diario. Un abrazo, chicos y… ¡A la próxima invito yo!
Ya estoy metido en una edad en la que uno deja paulatinamente de mirar cada día el futuro con ansias de comerse el mundo y, por contra, vuelve con añoranza a los tiempos del pasado. No puedo quejarme de nada; hago lo que me da la gana, tengo todo el tiempo del mundo y Celia todavía me soporta. Pero cada día necesito más echar la vista hacia un pasado que sé positivamente que jamás volverá pero que resulta, por muchos motivos y no siempre del todo felices, imprescindible, al menos para mí. Bueno, la verdad es que en este aspecto coincidí el otro día con mi querido amigo, el doctor Paco Morales, uno de los compañeros escolapios con el que empecé mi trayectoria educativa a los cinco años y con quién, gracias a la Red, me he vuelto a reencontrar muchos, muchos años después. Él también se toma su vermut todos los días en LEITER´S BLUES. Este bar virtual representa, en alguna medida, ese pasado al que antes me refería y supone, hoy en día, uno de mis más preciados caprichos e ilusiones. Pero mi mayor alegría es saber que TÚ lo lees y te gusta. Y si, encima, de aquí algo aprendes, esa alegría se transformará en orgasmo. Lo que más valoro de esta puta vida es poder aprender de los demás y sentirme, asimismo, solidario en mis humildes conocimientos.
Bueno, mañana hablaremos del Fin de Año, de la Nochevieja, de las uvas y de ese tipo de historias relacionadas. Esperemos que el próximo año sea un poquito mejor que este que ya se despide. Entre otras cosas, digo esto porque estoy viendo de refilón el informativo de la televisión y se me están revolviendo las tripas al contemplar a unos niños gravemente heridos y llorando… ¡Dejaos ya de bombitas y tanques y poneos a dialogar alrededor de una maldita mesa, coño! Cuando cada parte asuma su parte de responsabilidad y culpabilidad vais a ver qué pronto se arregla este enquistado problema de siglos. Os dejo, que me estoy calentando.
Isaac Albéniz: Una vida de aventurero 29 Diciembre 2008
Posted by leiter in Galería de músicos.add a comment

* Nacido el 29 de mayo de 1860 en Camprodón, provincia de Girona
* Fallecido el 18 de mayo de 1909 en Cambo-les-Bains, sur de Francia
Hijo de un funcionario, cuando apenas tenía un año la familia se trasladó a Barcelona. Allí, el querubín sorprendió a propios y extraños por su precisión rítmica para marcar el compás de una banda de música de un cuartel que todos los días pasaba bajo el balcón de su casa. De esta manera, recibe de su hermana los primeros rudimentos musicales y, con tan solo cuatro años, (Sí, sólo cuatro años) ofrece su primer recital en Barcelona con un clamoroso éxito debido a la dificultad de las piezas que hubo de interpretar. Por ello, no faltó quién maliciosamente advirtiera de la presumible presencia de otro pianista escondido tras una cortina que doblaba las interpretaciones de la criatura, en lo que fue un rumor totalmente infundado. Su padre le impuso una severa y estricta educación musical bajo la supervisión del profesor Narciso Oliveras y puede afirmarse, sin ningún tipo de exageración, que el pequeño Albéniz aprendió la notación musical antes que a leer y escribir, en su más amplio sentido. Sabemos que tuvo que enseñarse a leer de manera autodidacta, descifrando su nombre en los carteles que anunciaban sus recitales.
Su padre, imitando los pasos de los progenitores de Mozart y Beethoven, decide explotar las cualidades del niño y decide presentarle en Madrid. Tras dos años de recitales por la geografía española acude, junto a su madre y hermana, a París para preparar el examen de ingreso en el Conservatorio. Después de nueve meses de duro trabajo y en vísperas del examen, al niño Albéniz no se le ocurre otra cosa que romper los cristales de una sala con una pelota (¡Pero si todavía era un niño!) y los soberbios profesores, que de pedagogía no entendían un pimiento, deciden posponer su admisión por dos años, pese a los contrastados conocimientos del precoz genio. Vuelve a Barcelona en 1868 y se dedica otra vez a dar giras de conciertos por toda España junto con su hermana. Tal es la admiración que despierta que se le empieza a conocer como “El joven Mozart devuelto a la tierra”. Debido a los problemas laborales que tuvo el padre por la situación política, la familia hubo de trasladarse a Madrid, ciudad en cuyo Conservatorio perfecciona Albéniz sus estudios de piano bajo la tutela del catedrático Mendizábal — Recordemos que el chico sólo tenía ocho años –
Como le gustaban mucho las novelas de Julio Verne, un día decide hacerse aventurero y abandona el hogar, sin decir nada a nadie, tomando un tren, sin billete, rumbo a El Escorial donde, increíblemente, se permite el lujo de ofrecer unos recitales. Vuelve a Madrid, mas de nada sirvió la correspondiente reprimenda paterna: Se lee otro libro de Julio Verne y se escapa de nuevo en tren, esta vez hacia el norte de Castilla la Vieja. Cuando el niño se cansa de dar conciertos y recitales por aquellas tierras, ganando un buen dinero, decide trasladarse de nuevo a Madrid, esta vez en diligencia. La mala fortuna hace que la misma sea asaltada por unos bandoleros durante el trayecto y, de esta manera, todos los dinerillos que el niño había ahorrado se esfuman ante la amenazadora estampa de un trabuco. Como no le hacía ninguna gracia presentarse en Madrid sin un real, se da la media vuelta y prosigue con su insólita gira de recitales por Galicia, León, La Rioja, Aragón y Barcelona. Desde allí regresa a Madrid.
Tras comprometerse a seguir con los estudios de piano (La verdad era que poco podían enseñarle ya) el niño Albéniz pasa sus horas aburriéndose tanto que, como quién no quiere la cosa, se escapa de nuevo, esta vez a Andalucía. Estando en Cádiz, su padre, hasta la mismísima coronilla por las andanzas del nene, se pone en contacto con el gobernador de dicha ciudad, quién ordena su búsqueda y captura. Albéniz, ni corto ni perezoso, se embarca como polizón en un barco que partía rumbo a Puerto Rico. Al ser descubierto en alta mar, consigue pagarse el pasaje mediante una serie de recitales que ofreció mediante un piano que se hallaba a bordo… Con doce años, Albéniz se encuentra ya en América y sus comienzos allí fueron especialmente duros, viéndose obligado a dormir muchas noches al raso. Poco a poco va mejorando su situación y acaba ofreciendo conciertos en Cuba, Argentina, Brasil y Uruguay. En 1873 regresa a Madrid, aunque por poco tiempo ya que su padre es nombrado funcionario de aduanas y Albéniz aprovecha dicha coyuntura para largarse de nuevo rumbo a América. En Santiago es detenido por las autoridades a instancias de su padre, pero al final éste tiene que ceder, admitiendo la capacidad de iniciativa de su hijo quién, solventada la papeleta, se marcha hacia los EEUU donde consigue cautivar al público norteamericano con unos recitales más propios de exhibición circense que de meramente artística.
Sin embargo, Albéniz logró ganar mucho dinero y decidió regresar a Europa en 1874, instalándose en Leipzig para “perfeccionar” sus estudios de piano y composición. Nadie sabe lo que pasó allí con certeza pero el asunto fue que al año siguiente regresa a Madrid sin un céntimo y no le queda más remedio que ponerse bajo la protección del conde Morphy, secretario personal de Alfonso XII. Por mediación del conde consigue una beca real que le sirve para trasladarse al Conservatorio de Bruselas donde deja alucinados a los eminentes profesores con sus peculiares maneras pianísticas. Tres años permaneció allí, con alguna que otra escapada a los EEUU, y al final acabó obteniendo el Premio Extraordinario del Conservatorio. Con 18 años recién cumplidos viaja a Budapest para conocer a Franz Liszt, quién no da crédito ante la prodigiosa técnica del mancebo español. Tras esta fugaz visita regresa a España y realiza una gira de conciertos tan intensa y agotadora que, sorprendentemente e iluminado por una extraña inspiración, decide meterse a cura y abandonar su actividad musical. Menos mal que los sabios consejos de un superior, advirtiéndole sobre las obligaciones que conlleva este tipo de vida para un espíritu tan inquieto y aventurero como el de Albéniz, le hacen finalmente desistir de tan cristiana pretensión. Buena prueba de ello es que, tras esta mística tentativa, se larga de nuevo rumbo a Cuba, México y Argentina. A la vuelta, Albéniz es ya un pianista reconocido en toda España y recibe importantes distinciones. Es entonces cuando le da por la Zarzuela y, a consecuencia de ello, decide hacerse empresario del sector con tal estrepitoso fracaso que no le queda más remedio que volver a dar recitales de piano para reajustar su delicada situación financiera. Ya en Barcelona, se casa con una antigua y acomodada alumna, Rosina Jordana, quién logra frenar un tanto los impulsos bohemios del artista.
En 1885 se instala en Madrid, nuevamente bajo la protección del conde Morphy, aunque no deja de ofrecer giras por diversos países acompañado, en ocasiones, por su amigo y violinista Fernández Arbós. Por estas fechas, se le empieza a conocer como el “Liszt español” (Antes, el Mozart vuelto a la tierra; ahora el Liszt hispano… ¡Buena carrera!) y también publica sus primeras composiciones de importancia, como la Suite Española y los Recuerdos de viaje. En 1889 toca en París, durante los actos de la Exposición Universal, con un programa que sólo incluía obras propias. El éxito fue abrumador y su calidad tanto interpretativa como creadora fue unánimemente reconocida en toda Europa. Sin embargo, durante el estreno en Madrid de su comedia lírica La Sortija se produce tal indiferencia por parte del público que Albéniz, que se encontraba dirigiendo la orquesta, se volvió hacia el patio de butacas llamando “cafre” a la concurrencia para abandonar, seguidamente, la sala. No resuelto del todo con aquella afrenta compone a continuación Pepita Jiménez, con idénticos resultados durante su estreno en Madrid aunque con el consuelo de que en Bruselas fue aclamada por público y crítica. De cualquier manera y dicho con todos los respetos, el drama nunca fue el punto fuerte del compositor.
Cansado de sus giras por Europa y de sus continuos fracasos como autor de escena, Albéniz, con problemas de salud, decide recluirse en Niza en 1906. Allí comenzó a escribir su obra cumbre, la Suite Iberia, tarea que le llevó dos años. Desgraciadamente, su estado de salud no termina de mejorar y los médicos a los que visitó en París le dan por desahuciado, aconsejando su traslado al campo. Así, en 1909, Albéniz llega a Cambo-les-Bains, en los Pirineos franceses, en lo que sería su última residencia. Allí recibe la visita de los mejores músicos e intérpretes de la época y es incluso condecorado con la Legión de Honor Francesa a propuesta de Debussy y Fauré, entre otros. Finalmente, el 18 de mayo de 1909 fallece a los 49 años rodeado de los suyos e interrumpiendo una de las trayectorias musicales más extraordinarias de la historia artística española. Sus restos fueron trasladados al cementerio de Barcelona.
Albéniz nació en una época en que la interpretación cobraba una asombrosa importancia y donde todo aquel que atesorase una mezcla perfecta de personalidad y técnica triunfaba a la manera de una estrella de la música pop de nuestros tiempos. Albéniz siempre tuvo un infatigable espíritu trabajador y un apasionado amor hacia la música popular de Andalucía. Es el primer nacionalista español relevante y uno de los más apreciados fuera de nuestras fronteras. Sus composiciones para piano forman parte por derecho propio del repertorio fundamental de la literatura pianística que todo intérprete que aspire a ser figura internacional ha de tocar en algún momento. Abarca desde las más sencillas piezas propias para un principiante hasta las más endiabladas composiciones que hacen palidecer a los pianistas más reputados. Para muchos, Albéniz es el compositor más difícil de ejecutar y supone todo un reto técnico afrontar sus obras. Es, de largo, el mejor pianista que ha dado la música española.
OBRAS
- Una inmensa producción para el piano, destacando principalmente la Suite Iberia, Recuerdos de viaje, Suite Española y Cantos de España.
- Cinco óperas
- Tres operetas
- Algunas piezas orquestales, como la Rapsodia Española para piano y orquesta y el Concierto para Piano
Ernest Ansermet: ¡Así se dirige una orquesta! 28 Diciembre 2008
Posted by leiter in Guiños musicales.add a comment
Señoras y señores, ESTO ES UN EJEMPLO DE CÓMO SE HA DE DIRIGIR UNA ORQUESTA. Se trata del maestro suizo Ernest Ansermet dirigiendo, asunto que podríamos considerar casi como excepcional, a la Orquesta Sinfónica de la NHK de Tokio. Decimos esto porque Ansermet estuvo casi toda su vida ligado única y exclusivamente a la orquesta que creó y supo llevar a la altura de los mejores conjuntos sinfónicos de la época, la famosa SUISSE ROMANDE, formación que, tras la muerte del maestro en 1969, ha ido perdiendo ese nivel artístico y que ninguno de sus posteriores directores titulares (Kletzki, Sawallisch, Stein, Jordan — qué pesadilla — Luisi y Steinberg) han sabido preservar. Me cuentan que Janowski, el actual titular, está haciendo progresos más que notables. Que así sea.
Ansermet, matemático de profesión, tenía una fina sensibilidad para el oído y era un convencido racionalista. Odiaba el dodecafonismo de Schönberg y fue muy famosa su frase refiriéndose al nazismo como consecuencia de “haber puesto Wagner la pólvora y Strauss encender la mecha”. Para Ansermet, la música fue retirada del ámbito de su valoración internacional por Richard Wagner y limitada a un estrecho margen de culto nacional. No le faltaba razón al afirmar esto aunque también se nota un cierto chauvinismo muy acorde con su personalidad de suizo-francés. Fue uno de los mejores, si no el mejor, intérpretes de la música de Debussy, Ravel, Stravinsky… Precisamente por esa capacidad de raciocinio propia de una mente matemática. Su repertorio, reducido al ámbito de un puñado de compositores, no fue inconveniente para que fuese reconocido como uno de los talismanes de la escuela francesa de dirección de orquesta. Su legado discográfico, recogido mayoritariamente en el sello DECCA, forma parte de la historia de la fonografía con letras de oro. Las versiones de Ansermet jamás pasan de moda y son difícilmente superables por su precisión y capacidad analítica. El vídeo que os dejo en el enlace es una buena muestra de esas cualidades; fijaos, sobre todo, como ralentiza el tiempo en los compases finales (Sin apenas utilizar los matices de la mano izquierda, propio de la escuela francesa) para que se pueda apreciar con mayor claridad el torrente progresivamente armónico del final de la obra de Stravinski que ejecuta, el Pájaro de Fuego de Stravinski. Es algo realmente memorable. Disfrutadlo.
Emil Zrihan y la música sefardí 27 Diciembre 2008
Posted by leiter in Acerca de Tánger.3 comments
Cuando los Reyes Católicos decidieron expulsar a los judíos de la Península Ibérica mediante el Decreto de la Alhambra de 1492, muchos de ellos se instalaron en la costa norteafricana, principalmente en las orillas de Tánger, y también en Fez y Tetuán. Una de las ramas del inmenso patrimonio cultural judeo-sefardita que dicha comunidad preservó en su nuevo exilio fue precisamente la llamada música sefardí. Esta tiene su origen en los judíos que habitaban los reinos peninsulares hispánicos y cuya labor creativa se ceñía a adaptar el cancionero popular castellano a los nuevos ritmos árabes. De esta forma, la música sefardí no deja de ser una bella fusión de la música árabe, en cuanto a ritmos e instrumentos, y cristiana en lo relativo al idioma en que se cantaba, que era el incipiente castellano. Así, no podemos hablar de una creación propia sino más bien de una adaptación a unas melodías ya existentes con el añadido de una riqueza tanto rítmica como instrumental. La temática de dichas canciones es muy variada aunque predomina la amorosa, principalmente, y también la propia para bodas e incluso la más íntima, representada en unas bellísimas canciones de cuna. Al ser expulsados los sefardíes de España, llevaron consigo este bagaje cultural que fue ampliado y enriquecido por nuevas formas propias de las tierras de acogida, tanto en África del Norte como en la Europa Oriental, aunque sin llegar a perder la verdadera esencia musical de origen. Por ello, cuando escuchamos alguna interpretación seria de música sefardí nos introducimos en una especie de túnel del tiempo y podemos hacernos con una idea clara acerca de cómo sonaba esa música en la España medieval.
El tangerino Emil Zrihan es uno de los máximos representantes en lo que a la interpretación de esa música se refiere. Conocido respectivamente como “La voz del pájaro burlón” y “El ruiseñor marroquí”, Zrihan ha tenido la sabia virtud de llevar hasta Israel toda la tradición musical sefardí del Norte de África. Acompañado por laúd, violín, kanoun y darbuka, el intérprete tangerino ha sabido aprovechar sus cualidades vocales de contratenor para inyectar una nueva savia en la rica mezcla de música arábigo andaluza y norteafricana. Actualmente colabora con los servicios de la sinagoga de Ashketon y ha tocado en los principales países árabes del mundo. Su gira, en 1999, a los Estados Unidos fue tremendamente exitosa y fue seguida con atención por numerosos rabinos de las principales urbes norteamericanas.
Aquí os dejo este enlace con una de las interpretaciones de Emil Zrihan acompañado por la Orquesta Andalusí de Israel. De verdad, no os perdáis este vídeo. La música es de una belleza extraordinaria y las cualidades vocales de Zrihan resultan especialmente asombrosas. Disfrutadlo.
Ave Verum de Mozart: Una música conmovedoramente bella 26 Diciembre 2008
Posted by leiter in Guiños musicales.8 comments
Este retrato de Mozart fue pintado en 1782 y se cree que es la imagen más fiel del autor
En este fragmento de apenas cuatro minutos, el Ave Verum Corpus, K. 618 de Wolfang Amadeus Mozart, se encuentra resumido todo el legado musical del inolvidable compositor salzburgués, que es lo mismo que decir que del mejor compositor, y con diferencia, de toda la historia de la música. En 1791 a Mozart sólo le quedan unos meses de vida que serán consagrados a la composición de obras únicas, obras en las que su genio nunca ha parecido tan grande: La Flauta Mágica, el Concierto para clarinete, el Concierto para piano Nº27, el Quinteto para clarinete y cuerda, el Réquiem y este Ave Verum. Mozart murió en esa fecha, en la más completa miseria, a la edad de treinta y seis años…
Habían transcurrido unos ocho años desde que Mozart compusiera su última obra religiosa, la Misa en do menor, K. 427, y en este momento retorna con el más perfecto y expresivo de sus motetes, el Ave Verum, pequeña y magistral composición que no podemos determinar si fue concebida bien para su amigo Stoll, bien para optar a un puesto de relevancia en la vienesa Catedral de San Esteban. Mozart nunca escribió música religiosa obedeciendo a una irresistible necesidad espiritual sino, más bien, por encargo o porque se le han cerrado en esos momentos otras vías alternativas de expresión. Pese al carácter pretendidamente masónico del compositor en esta última fase de su vida y que viene reflejado en muchas de sus obras (La Flauta Mágica, la Sinfonía Nº39… ) es indudable el sentimiento de piedad, súplica y arrepentimiento que se desprende de esa breve e inigualable pieza, quizás un grito desesperado del autor ante la inminencia de su próximo e inevitable fin. El posterior Réquiem será una nueva confirmación a todo ese complejo mundo de comprensibles angustias. (Contra cualquier convencionalismo, la siguiente frase está reflejada en una de las últimas cartas de Mozart: –¿No te había dicho antes que estoy componiendo este Réquiem especialmente para mí?– )
El texto del Ave Verum Corpus reflexiona sobre la crucifixión de Jesucristo e inspira en Mozart una ambientación conmovedora que explotará por completo en La Flauta Mágica, una auténtica reconciliación entre lo Personal y lo Universal. Esta pequeña pieza, de tan solo 46 compases, tiene como única indicación expresiva en la partitura un solitario “sotto voce”. Contra lo que se pueda suponer, la simplicidad de la melodía es muy engañosa y oculta una enorme dificultad para los intérpretes por sus continuas y magistrales modulaciones de tonalidad. Parece increíble que TODO MOZART se pueda hallar en esta prodigiosa y breve pieza, una de las cimas musicales de todos los tiempos. La versión que os dejo en el enlace del vídeo corresponde a una sensacional interpretación de Leonard Bernstein (Gran mozartiano) acompañado de la Orquesta y Coro de la Radiodifusión Bávara en concierto celebrado en la iglesia alemana de Waldsassen en abril de 1990. El gran director norteamericano fallecería seis meses después…
Os cuento un secreto: He escuchado esta obra cientos y cientos de veces a lo largo de mi vida. Este verano pasado, durante uno de mis paseos de alborada por el madrileño parque de El Retiro a bordo de mi bicicleta, sonó en mis auriculares esta obra. Estaba sintonizando Radio 2 Clásica y la versión ofrecida fue de Rafael Kubelik dirigiendo a la misma Orquesta de la Radiodifusión Bávara. Frente al Estanque de dicho parque tuve que apearme de la bici y disimular, gracias a mis graduadas gafas de sol, las lágrimas que, contra mi voluntad, caían por mis mejillas. Simplemente fue la belleza de la MÚSICA y la grandeza del mejor músico de la historia: Wolfgang Amadeus Mozart. Cerrad los ojos y disfrutad de esta pieza. Es mi mejor regalo navideño para todos vosotros.
Leiter´s Blues os desea una FELIZ NAVIDAD… 24 Diciembre 2008
Posted by leiter in Actualidad.6 comments

…O un Feliz Solsticio de Invierno — Que cada cual haga suya la opción que más le satisfaga – Bueno, pues ya estamos en Navidad. Otro año más y van… Recuerdo con nostalgia aquellas reuniones familiares en tiempos de mi infancia cuando mi padre nos advertía, a modo de negro y pesimista presagio, que posiblemente esa fuese la última Navidad que hubiere de celebrar con nosotros… Y así, con esa lacónica letanía, se tiró unas veinticinco Nochebuenas, demostrando que la predicción no era su fuerte (También le ocurría lo mismo todos los domingos con la quiniela). En fin, ¿Cómo olvidar aquellos aromas de ilusión infantil durante las navidades? ¿Cómo olvidar aquel besugo relleno de espinas como púas? ¿Cómo olvidar aquel cordero asado que resultaba tan duro al digerir y al que presumiblemente hubieron de sacrificar más por viejo y decrépito que por su condición lechal? ¿Cómo olvidar aquellos dulces y turrones que se adherían inmisericordemente al paladar y obligaban a una urgente visita al odontólogo durante la primera semana del mes de enero? ¡Benditas navidades aquellas!
Reunidos en familia, solíamos esperar hasta bien entrada la noche la imprescindible presencia de mi padre, quién se las veía y se las deseaba para cerrar el bar esa tarde noche debido a los numerosos clientes que se empeñaban una y otra vez en tomarse la penúltima copa entes de recogerse en sus domicilios, bien con sus respectivas familias, bien con sus sempiternas soledades. Arriba, desde el piso, podían oírse las voces y cánticos procedentes del bar, las botellas de cava al descorcharse y los improvisados discursos de Quintín, Fustel, Paco el portero, Alejandro o Campos festejando la Navidad. También las sonoras y espirituosas carcajadas de Paco el taxista, Ramón el del garaje, o de don Fidel, quién esa noche, tras cerrar su tienda y haciendo una excepción, acudía al bar para felicitar las fiestas y de paso tomarse una copita de Calisay. No faltaban también los clientes solitarios, como Rafa Piedra o Don Luis; y, de igual manera, lo menos cuerdos, como Murillo ó Carlitos el bueno. Finalmente, ante la resignada cara de mi madre y los ya impacientes estómagos del resto de la familia, mi padre, tras no pocas intentonas, lograba de una vez por todas echar el cierre tirando del siempre efectivo recurso de cortar sin previo aviso la luz general.
Ya en casa, el ambiente era de íntima y enternecedora velada familiar, a pesar de que mi padre tenía por cristiana costumbre la de invitar a Remigio, el camarero del bar de don César, ya que el desdichado dependiente no tenía a nadie de la familia en Madrid. También solía acudir esa celebrada noche a nuestro domicilio el tío Federico quién devoraba con ansia las patatas asadas que servían de guarnición tanto al besugo como al cordero. Una vez que Franco terminaba su discurso navideño en la televisión no tardaban en iniciarse apasionados debates políticos en los que uno de mis hermanos, Marinus el Ceremonioso, se mostraba muy crítico con el régimen frente a las soflamas en su favor que dictaba el tío Federico. –”¡Qué apertura ni qué ocho cuartos!” – Solía decir mi tío con evidentes muestras de contrariedad. Ya en los postres, con la confianza que suele otorgar la entrañable intimidad familiar y sobre un fondo de botellas semivacías de vino, de las tertulias políticas se pasaba a un tipo de conversación más ameno: –”No, lo que pasa es que tu cuñado es un vago de mil demonios y… ” – Y, obviamente, las charlas subían un tanto de tono aunque no tardaba mi madre, doña Taratatiana Vicalvarensis, en aplacar las mismas con la manida frase de: –”Venga, venga, dejad ya ese tema, que estamos en Nochebuena” – Pero no sin dejar de añadir: –”Y para vago, tu hermano…”– La polémica se zanjaba cuando mi padre me retaba a tocar el “Asturias, patria querida” en el piano, prometiéndome quinientas pesetas por tal requerimiento (Que, por otra parte, jamás me fueron posteriormente abonadas).
A eso de la medianoche acudían al domicilio doña Lola, la portera, junto con su marido, su hija Mary y Antonio, el Chaparrito. Con su habitual gracejo y picardía murciana, doña Lola organizaba una improvisada fiesta a base de cánticos y villancicos que acompañaba con una estrepitosa zambomba. Luego llegaban los bailes y para ello nos servíamos de un viejo tocadiscos de maleta que era manipulado con destreza por mi otro hermano, Ludovico el Magnífico quién, por medio de unas complicadas conexiones a unos bafles por él mismo diseñados, lograba amplificar el sonido convirtiendo de esta manera el salón de la casa en una discoteque de esas que estaban ya de moda. Allí se pinchaba música de todo tipo: Karina, Machín, José Feliciano, Los Payos, Raphael, Los Tres Sudamericanos… Tampoco faltaban Los Pekenikes, Los Diablos y Fórmula V. Mientras, el tío Federico, ajeno al jolgorio allí montado, seguía dando cuenta de todas las patadas asadas que habían sobrado de la cena. Mi tercer hermano, Césare Hyppocraticus, el más reservado de todos, aprovechaba para sentarse a espaldas del tío e imitar burlonamente sus gestos, provocando mis estruendosas carcajadas (Esta cómica complicidad entre mi hermano Césare y yo ha perdurado hasta la actualidad). Aquella algarabía culminaba con un celebrado pasacalles, ya a altas horas de la madrugada, y que consistía en ir bajando todos en fila india las escaleras hasta el portal, tocando cualquier objeto que sirviese para hacer ruido — Cacerolas, tapaderas, matasuegras, botellas de anís rasgadas por tenedores… — y regresar de igual forma subiendo los cinco pisos. Era tal el escándalo que se organizaba que todos los años, sin excepción, salía al rellano y en camisón la señorita Trini y amenazaba con telefonear al 091, no sin antes llamarnos cafres, zulúes, bereberes y otras cosas por el estilo. Pero nos daba igual; era Nochebuena.
¡Ah, qué tiempos los de aquellas navidades! De veras que los recuerdo con melancólica añoranza… Ahora todo ha cambiado. Mi madre se niega a celebrar nada desde que murió mi padre y declina cualquier invitación de mis hermanos o mía para pasar la noche. Dice cenar bien pronto y tomarse, excepcionalmente, un vasito de vino para retirarse a la cama tras el discurso de S.M. el Rey. Por su parte, mis hermanos están desperdigados por distintos puntos de la geografía hispana y esa noche la celebra cada uno con sus respectivas familias. Y así, en el momento de redactar estas líneas, estamos solos Celia y yo; bueno, también está con nosotros Pepito, el perrito caniche, que está aguantando como un campeón, y Winston, nuestro enorme y holgazán gato que lleva ya once años con nosotros y que pasa de todo y de todos con tal de tener comida en su escudilla. Celia está un poco triste por no poder contar esta noche con su hija, obligada a asistir a otros compromisos familiares, y por recordar a su tangerina familia de Málaga. Luego les llamaremos. Ah, y mañana vienen la hija y el chico con quién convive a comer.
Aún así, somos felices. No pensamos salir por la noche porque, sinceramente, no nos apetece. Yo intentaré leer algo de madrugada; me acabo de comprar un libro de exégesis bíblica que tiene muy, pero que muy buena pinta. ¡Mira que gustarme tanto esa materia siendo agnóstico como soy…! En fin, desde esta página os deseamos la misma felicidad a todos aquellos que pasáis por este bar de LEITER´S BLUES. ¡Feliz Navidad! ¡Feliz Solsticio de Invierno! Mañana toca descansar. Estaré con vosotros de nuevo el viernes. Pasadlo bien y disfrutad.
Las profecías de la gitanilla 23 Diciembre 2008
Posted by leiter in Retratos.2 comments
Todos los sábados, alrededor de las ocho de la mañana, puntualmente aparecía la gitanilla por el bar de mi padre con los décimos de lotería que aún le quedaban por vender para el sorteo correspondiente al mediodía. – “Buenos días, señores. ¡Llevo los millones! Me quedan sólo el tres y el siete… Para hoy.” –. La gitanilla mostraba ostensiblemente los décimos para provocar la inconsciente duda condicional del cliente, por lo que no era raro que de una tacada y a modo de efecto dominó vendiese cinco o seis décimos seguidos. Lo realmente complicado, según me dijo en confidencia, era colocar el primero; una vez superado ese inicial escollo, los demás caían por sí solos. – “Los payos sois muy envidiosos, Leiter.” –. A esas tempranas horas del sábado el bar de mi padre no daba a basto para atender a los desayunos del personal del supermercado y de la Empresa Municipal de Transportes, cuyas cocheras y oficinas centrales estaban a un palmo. La gitanilla, con muy buen criterio, aprovechaba estas corporativas reuniones para ofertar su lúdica mercancía, yéndose de vacío en raras ocasiones. Nunca supimos su verdadero nombre y todos la conocíamos como “la gitanilla”, pese a ser una mujer entrada en años, de considerable altura, con un orgulloso garbo y un no menos voluminoso trasero. Muchos clientes desconfiaban de ella, contando peseta a peseta y en su presencia las vueltas por el pago de algún décimo de lotería. Carlos, el mecánico de la EMT, siempre me advertía: – “¿Te has fijado, Leiter, como la gitanilla nunca se acerca a mí? Antes paraba mucho por mi barrio y nos acabó dando gato por liebre a unos cuantos. Observa cómo me mira de reojo, la muy cabrita… ” –. Era del todo cierto: La gitanilla miraba de reojo a Carlos de la misma forma en que yo miraba a su novia, también empleada de la EMT, sin duda, la mujer más guapa que haya pisado nunca el bar de mi padre… A pesar de las advertencias, la gitanilla se sacaba un buen pellizco todos los sábados en el bar, incluyendo el desayuno. — “Leiter, dame un café en vaso bien calentito y una porra… Mira a ver si tienes la del centro… ¡Vamos, señores! A ver quién me invita hoy al desayuno.” En realidad, nunca se lo tuve que apuntar a cuenta ya que siempre, aunque fuese en el último momento, algún cliente terminaba por pagarlo. Pero el mercadeo de la gitanilla no se basaba exclusivamente en la venta de décimos de lotería, sino que también abarcaba la lectura de manos y su posterior interpretación a los incautos que se prestaban a ello, aspecto para el que decía contar con unas enormes facultades adivinatorias. – “Anda, payo, que por cinco durillos te leo el porvenir en la mano… ¡Ya puedo ver cómo te miran los ojos de una morena que está loca de amor por ti!” –. Los habituales no le hacían ni caso pero pobre de aquel inocente que se dejase llevar por los proféticos manejos de la gitanilla. Una mañana, ya despejado el bar de las numerosas tandas de desayunos, la gitanilla advirtió de la presencia de una joven pareja de turistas extranjeros que estaban tomando un café alrededor de una de las mesas. – “Déjalos en paz, gitanilla” – Le sugerí — “Son alemanes y no te van a entender ni una palabra.” –. La gitanilla, lejos de calmar sus pretensiones, se animó aún más. – “¡Huy, de Alemania! ¡Si allí tengo yo unos primos que viven en París!” –. El chico, quién parecía entender un poco el castellano, accedió amablemente a la petición de lectura predictiva de manos previo pago de diez duros (Tarifa para extranjeros). — “¿Esta es tu novia, no? Mira qué guapa es y que ojazos azules tiene… Pero… A ver… ¡Huy, huy, huy, lo que estoy leyendo! Aquí te sale una morena que te está mirando con los ojos enamorados… Anda, dame otros diez duros, que aquí hay mucho por leer… ” –. Hasta quinientas pesetas le sacó la gitanilla a esa pareja de teutones quienes, contra lo que uno pudiera imaginar, salieron muy felices y contentos del bar con las predicciones de la gitanilla. Al día siguiente volvieron y me preguntaron que por qué no había acudido la gitanilla… Una gélida mañana de invierno, en víspera de Navidades, le compré un décimo extraordinario a la gitanilla y, de paso, le serví un nuevo café. – “Gracias, Leiter, prenda mía… ¡Déjame la mano un momento, que a ti te la leo gratis!… Hum… Ahora veo que no tienes novia, pero… Aquí leo que una morena te está mirando con ojos de enamorada y… “ –. Creo que, aunque tardó mucho en cumplirse, en esta ocasión la gitana acertó en sus profecías.
Determinados clientes eran reacios a comprar lotería a la gitanilla por un motivo bien sencillo: Si los números que ella vendía eran posteriormente agraciados con algún premio menor, circunstancia que se repetía con cierta frecuencia, la gitanilla no dudaba en exigir una comisión de las ganancias. – “Anda, payo, que la semana pasada te vendí el siete y ha tocado a duro la peseta. ¿Qué menos que me des cinco duros de propinilla? ¡Mira, que tengo ocho criaturas que alimentar!” –. Según me contaron, en una ocasión la gitanilla vendió unos décimos que posteriormente resultaron beneficiados con el segundo premio, una cantidad nada despreciable de dinero. La gitanilla fue pidiendo la propina a todos aquellos afortunados (Esta mujer tenía una memoria comercial infalible) y, quién más y quién menos, le obsequió con algún que otro billete de mil pesetas. Pero un individuo se negó en rotundo y no quiso saber nada de comisiones post premio. Dicen que la gitanilla se presentó una mañana en el bar por donde solía parar aquel tipo con su marido, unos primos, no menos cuñados y sus ocho churumbeles. Cuentan que, al final, el buen hombre acabó tirando de cartera… Fue en aquellas mismas navidades cuando el azar quiso premiar con el reintegro a los numerosos décimos que la gitanilla había vendido para el sorteo extraordinario de esas fechas. Esa mañana de sábado, con cierto ambiente festivo propio de las fechas, la gitanilla hizo su particular agosto canjeando casi todos los décimos premiados por otros tantos correspondientes para el próximo sorteo, el conocido como el de El Niño. De pronto, uno de los mozos del economato entró en el bar portando una vieja y acartonada guitarra española. — “¡Leiter, pon una ronda de chispazos, que estamos en Navidad…!” –. La gitanilla, no queriendo ser de menos, se auto incluyó en la generosa ronda. – “A mí de anís, Leiter, que la coñá no me gusta…” –. Los mozos se arrancaron por los villancicos más populares entre los acordes de una guitarra que pedía a gritos una completa afinación. La gitanilla comenzó a batir palmas y se marcó unos bailes aflamencados, levantando la falda y mostrando pícaramente el refajo en numerosas ocasiones, en el peculiar modo bailable gitano. Ciertamente, la danza no acompañaba mucho a la música, pero la gitanilla se fue animando y, con los ojos un tanto brillantes como consecuencia del anís, le requirió al mozo solista: — “¡Niño, tócate algo de la Perlita!” –. El mozo rasgó las cuerdas y se produjo el milagro: ¡Qué manera de cantar tan potente! Jamás he vuelto a escuchar una interpretación tan magistral del Qué bonita que es mi niña, calcando el timbre de voz de Perlita de Huelva. Luego le siguieron el Amigo conductor, donde bordó con maestría el fandango final, y una serie de villancicos, inéditos para mí, y con letras un tanto extravagantes. Aquel improvisado festejo se interrumpió súbitamente cuando mi padre hizo acto de presencia en el bar. — “¡Feliz Navidad, don Caesar Imperator!” – Le dijeron a coro los mozos. Mi padre ni se inmutó; mirándome con un rictus muy poco bondadoso, me dijo: — “Supongo que todo lo que están tomando estos cretinos estará bien apuntado, Leiter…” –.
Un sábado entró la gitanilla en el bar a unas horas que no eran las habituales suyas. Me solicitó un café y se acomodó en un taburete sin muchos aparentes propósitos de ofrecer lotería a los pocos clientes que en ese momento permanecían en el bar. En un momento en el que nos quedamos a solas, me llamó y me dijo en voz baja: – “Leiter, esto… Mira, he tenido un problemilla en casa… Y, claro, ahora no sé cómo voy a poder hacer la compra… Y los churumbeles no tienen comida… Y digo yo, ¿No me podrías dejar tres mil pesetillas hasta el sábado que viene?. Ya sabes que yo soy mujer de palabra y que la palabra de un gitano va siempre a misa… Además, sabes que aquí tengo mi clientela y… ” –. A juzgar por la sombría expresión de la gitanilla, quién no paraba de llevarse las manos a la cabeza, con los ojos vidriosos al borde del llanto, pensé que era del todo veraz su exposición de motivos y, sacando de por allí y rebuscando por allá, conseguí reunir las tres mil pesetas y se las presté. — “Gracias, prenda mía. Eres un sol. Bueno, me voy, que mira qué horas son ya. El café me lo apuntas, que también te lo pagaré la semana que viene.” –. Esa misma tarde, Boni me comentó en El Paraíso: – “Me parece que la gitanilla me ha tomado el pelo esta mañana. Me contó una historia muy rara y me acabó pidiendo tres mil pesetas. Como yo soy un gilipollas, se las he acabado dando. Me han comentado que también ha ido pidiendo dinero en El Baretu y en El Fernández. El paleto le ha mandado a tomar por el culo… No sé, me huele muy mal el tema.” –. Y le llegó a oler mucho peor cuando yo mismo le confirmé que había sido otro de los requeridos. Llegó el sábado siguiente y la gitanilla no apareció por el barrio. Ni tampoco al otro. Pasaron muchos años y a la gitanilla jamás se la volvió a ver por la calle Alcántara. Recordé lo que me había advertido Carlos, el mecánico de la EMT. — “Esa mujer no es trigo limpio, créeme.” –.
Han pasado ya muchos años desde aquel episodio protagonizado por la gitanilla. Recientemente, me encontraba almorzando en El Rescoldo, el bar de mi querido amigo Antonio, en la calle de Padilla, cuando observé que entraba una mujer mayor, con cabellos muy canosos y de rasgos inconfundiblemente agitanados. Comenzó a ofrecer lotería de mesa en mesa. Don Blas, un respetado anciano de la zona, estaba sentado en un taburete, tomándose tranquilamente su vermut. La gitana se le acercó: – “Anda, esaborío, dame esa mano, que por tres euros te voy a leer el porvenir… Ya puedo ver cómo te miran los ojos de una morena que está loca de amor por ti…” –. Al bueno de don Blas casi le da un soponcio y, con exquisitas maneras, logró desembarazarse de la gitana, quién puso rumbo a mi mesa. Clavó sus ojos en mí, se dio la media vuelta y se largó, sin decirme ni ofrecerme nada. ¡Hay que ver qué memoria selectiva sigue poseyendo la gitanilla! ¡Si yo ya ni me acordaba!
Erik Satie: La intransigencia como norma 22 Diciembre 2008
Posted by leiter in Galería de músicos.add a comment

* Nacido el 17 de mayo de 1866 en Honfleur, costa norte francesa
* Fallecido el 1 de julio de 1925 en París
Sus padres no habían escuchado más música que la de las olas del mar, él en Normandía y ella en Inglaterra, de donde procedía. Ocurrió que ésta falleció y el padre entonces decidió casarse en segundas nupcias con una pianista que se las daba de buena aunque realmente era más bien mediocre. El joven Erik había recibido algunas clases de un organista y, al parecer, tenía ciertas aptitudes. Con todo, en 1878 la familia se traslada a París y Satie comenzó a tomar lecciones de su madrastra. Acabó odiándola, aunque gracias a ella pudo llegar a ser músico. Es muy probable que de esta tempestuosa relación germinase el siempre declarado antiacademicismo del compositor. En 1879 logra ingresar en el Conservatorio de París donde permanece estudiando ocho años, hasta 1887. Pese a superar con brillantez todos los exámenes, Satie se aburría como una ostra y con frecuencia se quedaba dormido durante las clases. Además, en aquellos años conoció y se hizo muy amigo del poeta Contamine quién, como su nombre sugiere, contaminó las primeras composiciones de Satie con un aroma de extraño goticismo.
En 1887 le llamaron para hacer la “mili” pero el chico era tan delicado que le licenciaron y declararon inútil para la vida militar. La verdad, Satie padecía de bronquitis pero cuentan que no hizo nada para poder curársela, al menos en los días en que permaneció acuartelado. Liberado ya del servicio militar y del Conservatorio, decide ganarse la vida como pianista en ciertos cabarets de París, al tiempo que compone sus Tres Zarabandas. Pudo ingresar, y de hecho ingresó, en el famoso cabaret Chat Noir, pero su comportamiento fue tan estrafalario y excéntrico que le mandaron a hacer gárgaras. Luego de este episodio, fue admitido en otro cabaret, L´Auberge du Clou, donde conoció a Debussy. En 1889 tuvo lugar la Exposición Universal de París y esto puso en contacto a los diversos compositores parisinos con música de otras zonas geográficas del mundo, algunas muy alejadas. Satie, peculiar como él solo, se interesó y mucho por la música de Rumanía.
Pero Satie siempre fue un alma inquieta, interesada en obtener respuestas allí donde no llegaba el conocimiento racional humano. Por ello, en 1890, empieza a introducirse en ambientes místico-esotéricos, por si no fuera poco su ya carácter atrabiliario. No llega a encontrarse a gusto en las numerosas sectas con las que se vincula y, en un ataque de iluminación, decide crear la suya propia, La Iglesia Metropolitana del Arte de Jesús Conductor, con el lema “Luchemos contra la inmoralidad estética y artística de esta época”. ¡Toma ya! Por añadidura, sintiéndose del todo un elegido de los dioses, Satie empieza a lanzar invectivas y excomuniones a diestro y siniestro, incrementando de manera directamente proporcional la ya amplia lista de sus enemigos. Todo aquello culminó en una delirante sesión de los Conciertos Lamoureux, donde llovieron los bastonazos, bofetadas y puñetazos entre los escasos adeptos a su secta y un grupo de músicos que estaban hasta la mismísima coronilla de Satie. Para contrarrestar aquel escándalo, Satie, valiente como pocos, presenta su candidatura a la Academia en 1892, lo que provocó no pocas burlas y rechiflas por todo París. Pero lo cierto es que hoy conocemos más a Satie que a quién finalmente resultó elegido…
En 1898, Satie decide instalarse en un arrabal a las afueras de París. Vivía tan miserablemente que se hacía llamar Monsieur le Pouvre. Allí mantuvo contacto con algunas figuras del cabaret para quienes escribió un gran número de deliciosas canciones. En 1903, percatándose de que su formación musical no era del todo completa, se matricula en la estricta Severa Schola Cantorum, ante el delirio de sus conocidos. Algunos piensan que Satie sólo lo hizo para burlarse de aquellas enseñanzas tan académicas y es muy posible que esto fuese completamente cierto, conociendo a Satie. Tras un período de relativa calma, aderezada con alguna que otra polémica, en 1911, y gracias a los oficios de Ravel, se le organiza un concierto monográfico que supuso su consagración como compositor. A esta época pertenecen algunas de sus mejores obras, como el ballet Parade, que se estrenó en 1917 en el Teatro Châtelet con un escándalo de los que hacen historia. La crítica se contagió de aquella polémica y comenzaron a lanzarse tales insultos y groserías entre sus partidarios y detractores que el pobre Satie pasó una semana en la cárcel por delito de injurias. ¡Qué tiempos aquellos! Satie, envalentonado por la afrenta, llegó a afirmar que su música era tan genial que se escuchaba incluso dentro del trullo… Para contrarrestar este estrambótico episodio, el llamado Grupo de los Seis Franceses, patrocinado por Cocteau, decidió adoptarle como padrino: Mal asunto; Satie tenía tanto amor propio que acabó discutiendo con casi todos ellos… En 1920 estrenó la cantata Sócrates, una de sus mejores composiciones, tan inspirada que fue incluso incomprendida por sus admiradores. Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra y así ocurrió en 1923: Otro grupo de jóvenes músicos le apadrina y crean la llamada Escuela de Arcueil. Obviamente, Satie acabó discutiendo con todos ellos. También por estas fechas intenta un acercamiento a dadaístas y surrealistas. Fruto de la influencia de los primeros, compone los ballets Relâche y Mercure. Durante los estrenos, y como no podía ser de otra manera, se desataron sendos escándalos.
Satie siempre estuvo solo, no conociéndosele pareja sentimental alguna. Descuidó mucho su salud personal, motivo por el que envejeció prematuramente. Algunos músicos, en un alarde de osadía, tuvieron el valor de acompañar al compositor en sus últimos días; de todas formas, pese a sus limitaciones físicas, nunca perdió el mal genio. Así, en 1925, tuvo que ser hospitalizado a la fuerza debido a la brutal resistencia que ofreció. Pidió muchas veces que le trasladaran de nuevo a Arcueil para morir pero no fue posible y falleció en París el 1 de julio de 1925 no sin antes tener sus más y sus menos con los médicos que le atendieron en sus últimos momentos.
Satie fue un compositor peculiar, inclasificable, apartado de cualquier escuela o estilo. Su lema lo resume todo: Hay que ser intransigente hasta el final. Se apartó tanto de los rigores académicos como de las más novedosas vanguardias. Su música, pese a no ser reconocida en su tiempo, fue fundamental para el posterior desarrollo compositivo del siglo XX. Para Satie, el ideal era el de conseguir mayor efectividad, incluso expresividad, con los mínimos medios. Sus obras son encantadoras, de sobria belleza, frente a la presunta excentricidad que reflejaba su comportamiento social. Más que “excéntrico”, propiamente dicho, sus hábitos rayaban a veces en la paranoia: Coleccionaba paraguas; vestía a pantalones de raya y levita en cualquier época del año; bautizaba con títulos grotescos a muchas de sus composiciones (En traje de caballo, Tres fragmentos en forma de pera, A la manera de un ruiseñor con dolor de muelas, Españaña…) Llegó a publicar un libro: Memorias de un amnésico.
OBRAS
- 150 obras para piano, generalmente agrupadas en series o suites.
- 14 series de canciones
- 6 obras escénicas, destacando los ballets Parade y Relâche
- Misa para voces y órgano
- Sócrates, cantata para cuatro voces y orquesta
Yo soy un pobre emigrante 21 Diciembre 2008
Posted by leiter in Acerca de Tánger.5 comments

Simplemente, quiero que esta semana contempléis un magnífico vídeo que he tenido la oportunidad de visionar durante la sobremesa del sábado en el Canal 24 Horas de TVE y que trata de la aventura de unos emigrantes marroquíes que trabajan en España y que retornan por unos días a su país. Muchos de ellos son tangerinos aunque el vídeo finaliza con la llegada de los protagonistas a Larache.
Nunca olvidemos lo que supone salir de un país, de una tierra y de un entorno para tratar de encontrar las oportunidades que esa lotería que se llama “vivir” nos concede a todos los seres humanos. Marruecos y España, tierras tan cercanas y tan distintas, representan el escenario de muchas personas cuyo único objetivo es tratar de salir hacia adelante en la aventura que significa el devenir humano. En estos tiempos que corren, donde la inmigración es vista con reparos por todos aquellos ignorantes que no paran de mirarse su caduco ombligo ideológico, fundamentado en una asquerosa visión del mundo como algo “territorialmente propio”– contrastado síntoma de una ignorancia que se traduce en patéticos complejos– supone un verdadero ejercicio de conciencia el tratar de introducirse en el espíritu de las personas que irremediablemente se ven obligadas a abandonar su tierra, familia y entorno para tratar de ponderar una legitimidad personal que esta egoísta sociedad les niega, amparada en una serie de convencionalismos sociológicos carentes de la ética necesaria para entender que cualquier persona, venga de donde venga y proceda de dónde proceda, tiene derecho a labrarse un futuro con dignidad
Los tangerinos saben muy bien lo que representa el hecho de abandonar una tierra que sirvió de escenario a su infancia, con los inolvidables recuerdos que de ello se derivan, para partir rumbo a países desconocidos con la incertidumbre de saber cómo habrían de ser acogidos. Algún día comentaré en esta página las penalidades que hubieron de sufrir muchos de ellos, españoles de sentimiento y corazón, a la hora de llegar a esa “tierra prometida” llamada España donde lo más suave que se les decía nada más llegar era: – Ah, usted es de Tánger, vamos, que es usted moro… ” – Personas que, por otra parte, atesoraban una educación y unos principios que provocaban los celos de una población española embrutecida por los desmanes ideológicos de un mamarracho con ademanes de fascista, condición que dejaba translucir su nula capacidad cultural y humana, por mucho que se hiciera acompañar de obispos “bajo palio” en las procesiones de Semana Santa. Muchos tangerinos recién llegados a esa España de la que tanto oyeron hablar se encontraron con un insultante rechazo propio de un sistema dictatorial que no podía soportar que “Un moro de esos que vienen de Tánger” supiese tres o cuatro idiomas y estuviese mucho más capacitado para desempeñar una función laboral que la de esos babosos mequetrefes que vieron en Franco su tabla de salvación para posar una innata mediocridad personal y humanística. La historia de los tangerinos no puede olvidar nunca este impresentable episodio de envidias y rechazos
Por ello, contemplad este vídeo. No habla específicamente de Tánger pero su carácter es válido para servir de ejemplo y sobre todo para que nunca se olvide que los TANGERINOS fueron los primeros emigrantes ESPAÑOLES que sintieron el rechazo en sus propias carnes – y en su propia tierra — por parte de unas autoridades españolas que miraban con recelo su origen geográfico. Lo más triste que le puede ocurrir a un grupo social es que olvide su historia y sus raíces. Que nunca sea sepultado un episodio de insidiosas envidias por parte de quién trató de extender un concepto de españolidad desde la comodidad de un sofá e ignorando la realidad social de una población, ESPAÑOLA, marginada por el hecho de nacer y vivir en la otra orilla del Estrecho.