El Jardín de María: Otro inolvidable concierto 31 Marzo 2009
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Estamos ante uno de los mayores fenómenos musicales que se están dando en Madrid en esta temporada, máxime cuando las autoridades municipales de esta Villa siguen poniendo todo tipo de impedimentos a la celebración de conciertos, con indiscriminados cierres de salas que parecen estar pagando desgraciados acontecimientos pasados que no tienen nada que ver con la música ni con un público cuya única intención es pasar un buen rato escuchando las actuaciones de las principales bandas madrileñas de Rock. A pesar de todas estas circunstancias, la fuerza emergente de EL JARDÍN DE MARÍA está desarrollando una temporada repleta de éxitos y sus repetidas actuaciones, solicitadas por un público entusiasta y admirador, no están dejando indiferente a nadie. Son, como hemos dicho, el grupo revelación del año en Madrid y la otra noche, poco tiempo después de su arrollador éxito en Honky-Tonk y haciendo un hueco en su apretada agenda, los artistas madrileños de EL JARDÍN DE MARÍA nos volvieron a obsequiar con otro inolvidable concierto en la sala Imperio Pop.





Pasadas las doce de la noche, se produjo una de las novedades del grupo, la presentación por parte de Carlos Moraleda del nuevo bajista del grupo, Adolfo, todo un crack que demostró su impecable acoplamiento a la banda con tan sólo cinco ensayos efectuados con la misma. Durante el concierto se evidenció lo más que acertado de su fichaje. Enhorabuena.

Carlos Moraleda, vocalista y alma mater del grupo, pronto se asoció con el pie de micro como improvisado compañero de baile, y ya desde su primera intervención, Una canción interminada, demostró su desparpajo y talento en el escenario. Al calor de un público incondicional totalmente entregado, Carlos tiró de recursos que sólo los buenos músicos saben y acercó a los espectadores al borde del escenario mediante ingeniosas frases de armónica rítmicamente acompasadas. Pero lo mejor estaba por llegar…

Finalizando el concierto y ante las numerosas peticiones del respetable, sonaron los acordes de El Rubio, una mítica canción que EL JARDÍN DE MARÍA llevaba dos años sin tocar y que era reiteradamente solicitada por sus fans. Pero en estas, llega la sorpresa y Carlos, junto al batería de la banda, el señor don Peter Michigan, se arrancan inesperadamente con la copla Soy minero del siempre recordado Antonio Molina. El éxito de esta insólita iniciativa fue indescriptible, demostrando la gran capacidad musical de esta banda, y, enfervorizado por la festivalera circunstancia, don Peter Michigan nos demostró sus virtudes a la batería con un épico solo que dejó con la boca abierta a los asistentes. Prodigioso dominio del instrumento de don Peter Michigan.



Finalmente, la banda puso fin al concierto — tras numerosos bises — con Sábado en la noche, la canción emblemática con la que EL JARDÍN DE MARÍA concluye sus conciertos y que, como no podía ser de otra manera, todos, la banda, el público, los encargados de la sala, los dependientes… Bailaron en medio de una feliz y desenfrenada atmósfera. ¡Esto es música, señores!
Giacomo Puccini: Óperas de amor, venganza y traición 30 Marzo 2009
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* Nacido el 22 de diciembre de 1858 en Lucca, región de Toscana
* Fallecido el 29 de noviembre de 1924 en Bruselas
Hijo del organista y maestro de capilla de la catedral de Lucca, a los seis años se queda huérfano de padre y se somete a la tutela de su tío Fortunato, de quién recibe sus primeros rudimentos musicales, toda vez que la administración de Lucca, atendiendo a la larga tradición familiar de los Puccini, tenía reservado dicho cargo para cuando el pequeño Giacomo alcanzase la mayoría de edad y su consiguiente formación musical. A pesar, pues, del obligado destino musical del muchacho, pronto se destaca como un excepcional organista — llevaba los genes en la sangre — y con tan sólo 15 años las iglesias de los alrededores ya se lo disputaban para acompañar al órgano durante las funciones religiosas. Sin embargo, Puccini solía asistir a las representaciones del vecino Teatro del Giglio y de ahí le vino su amor por todo lo relacionado con el mundo de la ópera. Con 18 años asiste en Pisa a una representación de Aida de Verdi, un hecho que le empuja definitivamente a inclinarse hacia este mundo.
En 1880 se traslada a Milán para completar sus estudios gracias a una beca concedida por la reina Margarita de Saboya. Allí coincide con Mascagni y, terminada su formación en el conservatorio, consigue que se represente su primera ópera escrita, Le Villi, con tal éxito que hasta el todopoderoso Verdi se interesa por el compositor. Animado, emprende la composición de su segunda ópera, Edgar, cuyo fracaso le amargó de tal manera que a punto está de abandonar su carrera musical. Para consolarse, se lía con la mujer de un amigo, un acaudalado comerciante de Lucca, y la pareja decide instalarse en Milán (Por el “qué dirán”) en medio de unas condiciones económicas verdaderamente complicadas. Pero aquella relación fue más bien tormentosa debido a los celos totalmente justificados de Elvira, que así era como se llamaba la amante, y Puccini, con grandes quebraderos de cabeza por tal situación, sólo pudo sobrevivir gracias a la ayuda económica dispensada por su amigo Ricordi. Fue entonces cuando acometió la composición de su tercera ópera, Manon Lescaut, sobre un libreto en el cual tanta gente había colaborado (Marco Praga, Domenico Oliva, Liugi Illica, Giuseppe Giacosa…) que el día de su triunfal estreno en Turín, la noche del 1 de febrero de 1893, el mencionado libreto apareció como anónimo. Con esta obra Puccini se consagra como uno de los principales operistas del momento y tanto dinero ganó que se permitió el lujo de adquirir una villa en Torre del Lago, en su Toscana natal, que pasaría a convertirse en su inaccesible refugio — a semejanza del Sant´Angelo de Verdi — y en donde dos meses después inicia la composición de La Bohème, una ópera que tardó tres años en completar y que se vio constantemente interrumpida por largos períodos de abulia inventiva mezclados con frecuentes escapadas cinegéticas, una de las mayores pasiones del artista. La Bohème fue finalmente estrenada el 1 de febrero de 1896 bajo la dirección de Toscanini en el mismo Teatro Regio de Turín y, si bien su éxito no fue como el de Manon Lescaut, poco a poco fue imponiéndose, consagrándose definitivamente tras el grandioso éxito obtenido dos años más tarde en una representación efectuada en París.
Puccini, un músico ya en la cresta de la ola y con extraordinarios ingresos económicos, abordó entonces la composición de Tosca, luego de mantener una enconada disputa — cosa que era bastante habitual — con sus libretistas de turno. Finalmente, la obra obtiene un éxito apoteósico en el estreno llevado a cabo en el Teatro Constanzi de Roma el 14 de enero de 1900 y que encasilló a Puccini como compositor “verista”, circunstancia que es del todo incierta y que ha provocado a lo largo de buena parte de la historia que las interpretaciones de las óperas puccinianas hayan sido auténticos desastres de ejecución, muy alejados de la verdadera realidad de la música de Puccini, que es cualquier cosa menos verista. Tras Tosca, le llegó el turno a Madame Butterfly. Como ya podemos anticipar, el talento musical de Puccini no representaba mayor problema; lo verdaderamente complicado — y fue el caballo de batalla a lo largo de toda su trayectoria — fue la elaboración del libreto. Cuando se había llegado por fin a un acuerdo con Giacosa e Illica para su redacción, tuvo lugar un gravísimo accidente de automóvil que sufrieron Puccini y su familia durante un viaje de Lucca a Torre del Lago, en el que el compositor se fracturó la tibia y fue largamente inmovilizado en una silla de ruedas. (Cuesta creer que, en 1903 y con unos cacharros que apenas sobrepasaban los 20 kilómetros por hora de velocidad punta, el tortazo que sufrió Puccini tuviese tales consecuencias). Al final, la obra se estrenó el 17 de febrero de 1904 en la Scala de Milán, ocurriendo entonces dos hechos insólitos: Por una parte, la obra cosecha un colosal fracaso; por otra, Puccini decide casarse con Elvira al quedar ésta por fin viuda, pese a las numerosas desavenencias entre ambos. Pero Puccini, hombre práctico como pocos, decide dar unos retoques por allí y unos cuantos ajustes por allá y la obra, que había sido incluso retirada del cartel, se reestrena de nuevo cinco meses después en el Teatro Grande de Brescia con un éxito descomunal.
El período que siguió a la composición y estreno de Madame Butterfly fue uno de los más borrascosos en la vida de Puccini. En ese mismo año de 1904, había entrado a formar parte del servicio de Torre del Lago una bella manceba, Doria Manfredi, de quién Elvira sintió inmediatamente unos violentos celos que derivaron en una paranoica obsesión. Pese a que la joven fue finalmente despedida cuatro años después (Lo que alimentó no pocas sospechas) Elvira siguió calumniándola e insultándola públicamente. La consecuencia fue que Doria se suicidó mediante la ingesta de unas pastillas y Puccini fue amenazado de muerte por la familia de la joven. Al demostrar la autopsia que la chica aún estaba virgen, las amenazas se orientaron hacia Elvira, a quien denunciaron en los tribunales. Puccini, que había pensado seriamente en separarse de Elvira, llegó finalmente a un acuerdo económico con la familia y el asunto quedó archivado.
Mientras que las relaciones entre el compositor con Elvira parecían volver a su cauce, éste aprovechó para componer La Fanciulla del West (La Muchacha del Oeste). Como no podía ser de otra manera, la obra se estrenó en el Metropolitan de Nueva York el 10 de diciembre de 1910 con Caruso como protagonista. El éxito fue apoteósico, nuevamente, aunque en Italia no terminaron de comprender del todo la obra. Pero en aquellos tiempos, Puccini tuvo que enfrentarse a las nuevas tendencias musicales del momento, muy alejadas de sus concepciones artísticas y fue por ello criticado como un compositor exitoso pero aislado frente a la nueva vanguardia tanto europea como italiana (Debussy, Stravinski, Schoenberg, Malipiero, Casella…). En 1912, el musicólogo Fausto Torrefranca le atacó despiadadamente en un conocido ensayo que dio mucho de qué hablar. Mientras, Puccini, un tanto ajeno a estas polémicas, reclamó un viejo proyecto para una opereta que le habían encargado en Viena y, con los consiguientes retoques, estrena el 27 de marzo de 1917 La Rondine en el Teatro Casino de Montecarlo. Además, durante los años de guerra y paralelamente a la composición de la mencionada ópera, creó tres breves obras en un acto (Il Tabarro, La Houppelande y Gianni Schicchi) a las que unió bajo la denominación de Il Trittico y que, bajo esta forma, fueron estrenadas el 14 de diciembre de 1918 en Nueva York.
La Guerra acentuó en Puccini su carácter sombrío y ello le llevó a largos, agotadores e imprevistos estados de melancolía. Muchos de sus amigos — y enemigos — ya habían muerto y la explotación de unas minas de carbón junto a Torre del Lago le obligó a abandonar de mala gana aquel lugar con el que había estado tan vinculado. Además, sopesó someterse al tratamiento de un médico de Berlín que consistía en la inoculación de glándulas de chimpancé para… En fin, por increíble que parezca, entonces se reconcilia del todo con su mujer (Ella ya no vio peligro alguno en las aventuras amorosas de su marido) y vivió felizmente hasta el fin de sus días con ella. En estos años, su preocupación artística se centró en la creación de su última ópera, Turandot, un proyecto que no llegó a acabar. En 1923 se le diagnosticó un tumor cancerígeno en la epiglotis tan avanzado que hizo imposible cualquier intervención quirúrgica. Los médicos le propusieron una radioterapia y por ello Puccini acudió a Bruselas, una de las dos ciudades europeas en donde se practicaba dicho tratamiento. Finalmente, y tras un mes de inútiles curas e insoportables dolores de garganta, falleció en dicha ciudad el 9 de noviembre de 1924. Turandot fue completada por Franco Alfaro. Se cuenta que, durante su estreno en 1926 en la Scala, Toscanini abandonó la batuta al llegar al último compás del canto fúnebre por la muerte de Lió y se dirigió al público:–”Señores, y en estas líneas, murió el maestro”–
Gracias a su don para la invención melódica, su exquisito trato para las voces de soprano y tenor y a su habilidad para escoger argumentos de amor, venganza y traición, Puccini se convirtió en el último de una gran línea de compositores italianos de ópera romántica. Su lirismo sigue la senda original de la ópera italiana del siglo XIX, aunque adoptó algunas ideas del siglo XX. Su afición por lo exótico le llevó a incorporar música de orígenes dispares, como melodías japonesas (Madama Butterfly), del salvaje Oeste (La Fanciulla del West) o escalas pentatónicas chinas (Turandot). En sus últimos 25 años sólo compuso cuatro óperas, dedicándose principalmente al cultivo de sus aficiones, sobre todo de la caza.
OBRAS
- Una Misa
- 4 Piezas instrumentales breves
- 12 Óperas, destacando La Bohème, Madame Butterfly, Tosca y Turandot – Gianni Schicchi es su mejor ópera del grupo llamado Il Trittico.
John Cage: 4 minutos 33 segundos 29 Marzo 2009
Posted by leiter in Guiños musicales.add a comment
Hoy me vais a correr a gorrazos pese a que os inserto un enlace con una de las obras musicales que más han dado que hablar en todo el siglo XX, la famosa pieza para piano en tres movimientos 4´33″ del compositor norteamericano John Cage. Si observamos con detenimiento este excepcional documento sonoro, apreciamos como el pianista encargado de la interpretación despliega la partitura de la obra sobre el teclado y seguidamente pone en funcionamiento un reloj cronómetro que indica la duración total de dicha obra, cuatro minutos y treinta y tres segundos. Entre tanto, el pianista se limita a levantar y cerrar la tapa del piano en los inicios de cada movimiento de esta breve obra, como bien se puede apreciar en el vídeo. Transcurridos esos cuatro minutos y treinta y tres segundos, el ejecutante para su cronómetro, recoge la partitura y se larga con viento fresco. Como habréis podido apreciar, esta obra puede ser interpretada por cualquier persona, no siendo necesaria ningún tipo de formación pianística para la misma. Pero entonces, ¿Dónde está la música? ¿Qué es eso de sentarse frente a un piano y dejar pasar casi cinco minutos sin hacer absolutamente nada, sin percutir ni siquiera una sufrida tecla? ¿Estamos ante un fraude musical? ¿Se corresponde esta obra experimental y vanguardista con una de las llamadas mistificaciones del arte?
En 4´33″ el pianista se sienta a leer esa partitura durante exactamente ese tiempo referido, pero no toca nada. Ello se corresponde con el proceso creativo de desvinculación que llevó a cabo el conocido compositor californiano. Primeramente, prescindió en sus obras de la melodía y de la armonía; sus primeras composiciones se construyen con un ritmo puro, tocado por la percusión o el “piano preparado” — un piano agregado con diversos objetos que sirven para modificar su sonido, generalmente con tornillería intercalada en su aparato de cuerdas. Posteriormente, Cage se deshizo de la intención y de la forma al introducir operaciones “de azar” en la música que culminaron con la composición del “silencio puro” en 4´33″. Esta técnica compositiva le llevó a crear un estilo acogedor en el que cualquier sonido al azar — movimiento de la partitura, toses del público, etc… — forma también parte de la pieza. Pero no penséis que Cage se detuvo aquí, ni mucho menos: Otras obras suyas posteriores se significan por sus peculiares modos compositivos, por ejemplo las famosas Variaciones II para piano en las que la “partitura” consiste en 11 hojas transparentes con líneas o puntos, agujereadas al azar, usándose el resultado para determinar las características básicas del sonido. Su Roaratorio es una exuberante obra cacofónica para grabación electrónica e intérpretes en directo en un intento de poner música a la novela Finnegans Wake de James Joyce. (El “experimento” dura unos 75 minutos…)
Nacido en Los Ángeles el 5 de septiembre de 1912, John Cage pronto se interesó por la música clásica hindú y las filosofías orientales. Formó una orquesta de percusión antes de establecerse en Nueva York en 1942 y empezar a colaborar con la compañía de danza de Merce Cunningham. Revolucionó la música contemporánea al dotarla de un lenguaje caótico, continuando la trayectoria de Varese y, en menor medida, de Charles Ives, el mejor compositor que hayan dado nunca los EEUU de América. Influenciado por la filosofía Zen, Cage utilizó en sus partituras sonidos desconectados, casuales y atonales con un volumen, timbre y entonación aleatorios. Utilizó un curioso sistema de 25 tonos en su intención de dar protagonismo al “ruido” como una forma más que el oído humano puede percibir. Repudió la tradición musical de Occidente, pero sin enfado ni negatividad. Incluso en sus momentos más decididamente caóticos, su música transmite exuberancia y reafirmación de la vida. Para muchos críticos, el mayor mérito de Cage fue el de “liberar” los sonidos de los efectos “intimidatorios” de las normas e intenciones humanas, para que pudieran “ser sí mismos”. Actualmente, John Cage pasa por ser uno de los compositores más originales de la historia de la música occidental. Su fallecimiento, el 12 de agosto de 1992 en Nueva York, provocó no pocas multitudinarias adhesiones y homenajes en los estudiantes de grado superior de los principales conservatorios musicales del mundo.
AGUA, el ORO AZUL del siglo XXI 28 Marzo 2009
Posted by th23 in El comentario de Theniger.6 comments
Ha concluido el V Foro Mundial del Agua y las conclusiones son desalentadoras: Sólo 19 de los más de 180 países participantes consideran el acceso al agua y al saneamiento como un derecho.
Para más Inri, los firmantes lo hicieron en un anexo de la declaración final (no forma parte del cuerpo central).
Por cierto, entre los firmantes se encuentra España, no así Francia y Alemania.
En los primeros años de la década de los 90 y en referencia a las implicaciones que tendría la caída del Muro de Berlin, participé en un seminario sobre geopolítica en la por entonces Escuela de Estudios de Estrategia y Geopolítica de las Fuerzas Armadas de Argentina. Las circunstancias de mi participación y otros temas desarrollados en el seminario no vienen a cuento pero, sí es relevante, que uno de los temas tratados era la importancia del recurso AGUA como hipótesis de conflicto futuro en el escenario mundial.
Muchos de los oyentes nos miramos con estupor (quizás por desconocimiento, incredulidad o bien pensados).
El tiempo ha pasado y mucha agua ha corrido (nunca mejor la frase) pero hoy y cada vez en forma más evidente el agua se ha convertido en un recurso económico susceptible de disputa.
Sin temor a equivocarme puedo decir que el verdadero centro de poder mundial pasará por quienes manejen este recurso vital para la supervivencia de nuestra especie
Podemos sobrevivir más tiempo sin ingerir alimentos sólidos que líquidos (agua), dada la conformación de nuestro cuerpo (relación 4 a 1).
A dia de hoy se calcula que un 20 % de la poblacióm mundial (1000 millones de personas) no tienen acceso a agua potable, 2500 millones carecen de agua para saneamiento y el 80% de las enfermedades en los países en desarrollo son consecuencia de contacto (físico o ingesta) con agua contaminada .
Si agregamos las previsiones de crecimiento demográfico del planeta podemos concluir que estamos entonces ante un tema que no es menor y por tanto hay muchos intereses que pujan por este “negocio”
Analizando un poco los conflictos bélicos que hoy viven algunas regiones del planeta ( metafóricamente, si “cavamos” un poco) descubriremos que además de las supuestas causales manifiestas está en juego el recurso AGUA. Ejemplo de ello es ORIENTE PRÓXIMO y algunas guerras tribales en Africa.
Otro punto de análisis podrían ser ciertas inversiones millonarias que multinacionales están haciendo muy lejos de sus centros de decisión en tierras económicamente improductivas o en proyectos económicamente no rentables a priori, pero que merced a legislaciones locales laxas o ambiguas pueden permitir en un futuro próximo la explotación comercial del agua existente en el subsuelo.
Y si miramos más cercano a nosotros podríamos hablar también de las continuas peleas comunitarias por el Tajo y el Segura, o la privatización en Madrid del Canal de Isabel II por razones de “mejor servicio”.
Es evidente que el agua es el nuevo petróleo del siglo XXI. Entonces si el agua es ahora el tipo de materia prima que fue el oro negro, sabemos que harán los poderosos, hacia dónde irán sus acciones y las consecuencias .
El cambio clímatico está potenciando esta lucha encarnizada. En algunas zonas, como el centro de China, la desertificación está ocurriendo directamente en las afueras de Pekín y áreas que no hace muchos años eran fértiles están sufriendo condiciones parecidas a las de un desierto.
Según la Organización Mundial de la Salud hay un alto retorno en inversiones en proyectos de agua potable y saneamiento que puede suponer beneficios económicos de entre 7 y 12 dólares en promedio por cada unidad de la misma moneda invertida.
Los que puedan, comiencen a invertir en bombonas de oxígeno, pues mucho me temo que ese será el próximo peldaño.
Un abrazo y buen fin de semana
THENIGER
Dos bautizos y una búlgara 27 Marzo 2009
Posted by leiter in Vivencias.15 comments
Conocí a Tzveta durante la celebración de un bautizo y a la semana siguiente ya estábamos almorzando juntos en La Taberna del Alabardero. En aquellos tiempos, el fenómeno de la inmigración extranjera era aún prácticamente anecdótico en nuestro país y la presencia en el barrio de una bella y joven búlgara como Tzveta suponía toda una exótica novedad. Tzveta eludía cualquier comentario sobre los motivos y circunstancias que la habían inducido a abandonar su patria y, en mayor medida, los pormenores de su periplo, que en absoluto debió ser fácil para ella toda vez que por entonces Bulgaria se hallaba sometida a la férrea dictadura comunista de Todor Zhivkov, una de las más duras de todo el antiguo bloque del Este. Hasta donde pude averiguar, Tzveta se había liado, pese a la diferencia de edad, con un conocido personaje del barrio pero el asunto no llegó a cuajar del todo. Posteriormente fue acogida por un matrimonio que regentaba un bar no muy lejos de donde se hallaba el de mi padre, ayudando en cambio en las tareas domésticas y en las propias de la taberna. Algunas voces en la barriada sugirieron la lujuriosa posibilidad de que dicha colaboración laboral se extendiera también a otros ámbitos más íntimos, pero todo eso me fue categóricamente negado por Tzveta durante aquel almuerzo. –”Para nada, Leiter”– Tzveta se expresaba en un correctísimo castellano. –”La señora está muy delicada de salud y apenas puede hacerse cargo de las faenas domésticas. Yo ayudo por las tardes en el bar mientras que por la mañana cuido y limpio la casa. Los señores se portan muy bien conmigo; tengo una habitación para mí sola y a finales de mes la señora siempre me concede una cantidad de dinero. De no ser por ellos, estaría en la calle durmiendo… ¡Huy, qué tarde! Tengo que irme al bar ya mismo, Leiter. Gracias por tu invitación… Si quieres, llámame a este número el sábado por la tarde, que tengo libre, y seré yo quién te invite a cenar”– Pese a las bondades físicas de Tzveta, una mujer extraordinariamente atractiva, y a su petición de que volviésemos a quedar para el próximo sábado, no tenía yo la ardiente impresión de haber “ligado” con ella — aunque, quizás ese fuese mi mayor deseo — ya que Tzveta, si bien cercana y amable en el trato, se mostraba excesivamente fría para cualquier romántica pretensión. De todas formas, volvimos a quedar el sábado siguiente y, para mi sorpresa, Tzveta me llevó a cenar a un lujoso restaurante impidiendo cualquier tentativa mía en pagar la consecuente y elevada factura. Dada su llamativa y silvestre belleza, luciendo una espectacular y sedosa mata de pelo negro, observé como de buenas a primeras se convirtió en el centro de atención de muchas miradas del resto de la clientela y a ello contribuyó, de buena manera, la considerable pero muy armonizada estatura de Tzveta, aspecto que hacía sentirme un tanto incómodo y estúpidamente acomplejado. Pero Tzveta acabó por desconcertarme del todo cuando, finalizada la cena, me propuso acudir a probar suerte a una sala de bingo. Durante el trayecto, no tuve más remedio que preguntar: –”Perdona Tzveta… Creí que tu situación económica era más modesta. La cena te ha salido muy cara y ahora pretendes gastarte más dinero en el bingo. No sé…”– Tzveta, con una altivez que me resultaba particularmente atractiva, me interrumpió: –”Apenas piso la calle, Leiter. De casa al bar y del bar a casa. Tengo algún dinero ahorrado y para una vez que salgo me gusta divertirme y pasármelo bien; creo que me lo merezco ya que no paro de trabajar en todo el día.”– Me llamó mucho la atención el hecho de que, teniendo en cuenta su procedencia, Tzveta poseía un gusto exquisito para vestir y usaba prendas de marca no precisamente baratas. Salimos del bingo con más pena que gloria y Tzveta aceptó mi propuesta de tomarnos la “penúltima” copa en un pub cercano. Fue allí donde la besé por primera y última vez, aunque Tzveta no mostró en ningún momento el más mínimo atisbo de pasión que semejante e íntimo trance suele generar. Creo que aceptó mi inadvertido beso más por cortesía que por cualquier otra cosa, si es que el referido término de “cortesía” puede definirse con tal acepción. Aquella insustancialidad amorosa provocó que no sugiriese, por mi parte, una estimulante prolongación de la velada en la intimidad de mi apartamento, aunque estaba convencido de que Tzveta era tan directa y natural que, de habérselo propuesto, hubiéramos acabado acostándonos juntos esa misma noche. Me despedí de ella de la misma forma en que uno se despide de un amigo íntimo, sin ningún tipo de demostración pasional: Un “adiós” con la propina de un gélido beso en los labios. Ya a solas en mi apartamento de la calle Montesa, tuve la extraña sensación de que ya nunca más la iba a volver a ver a pesar de que habíamos prometido llamarnos nuevamente. Además, también se me quedó el amargo regusto de pensar que había actuado como un completo gilipollas esa noche con ella. –”Me cago en la puta… ¡Lo bien que nos lo estaríamos pasando ahora en esta cama!”– Reflexionaba a solas, fumando un cigarrillo y recostado junto a la almohada…
Una sobremesa, cuando tenía por costumbre tomarme un café en el bar de Boni para sentir la libertad de hacerlo fuera de mi propio entorno, me volví a encontrar allí con Tzveta quien, seguramente, paladeaba con mis mismos condicionantes un refrigerio a la espera de reincorporarse a su turno en el otro bar. –”Ah, Leiter… ¡Gracias a Dios! Te estaba buscando y no quería que te viesen conmigo en el bar de tu padre… Tengo que hablarte”– Salimos a dar un garbeo y noté como la búlgara estaba muy alterada anímicamente. –”Me han echado de casa y del trabajo… No me preguntes el porqué pero la señora se ha enfadado conmigo y me ha puesto de patitas en la calle. No sé qué hacer, Leiter. Estoy sola y sin trabajo…”– Intenté ponérselo aún más fácil a Tzveta. –”Bueno, ¿Qué quieres que yo te diga? Sabes que ahora vivo solo en un minúsculo apartamento y a veces echo en falta algo de compañía… Tú en la calle no te vas a quedar, claro…”– Tzveta aparcó su aparente intranquilidad y volvió a mostrarse tan naturalmente concisa, como siempre. –”Sí, yo sé… Te acabas de separar y quizás eches de menos a esa persona…”– Decidí entonces poner las cartas sobre la mesa. –”Tzveta, si quieres y, mientras encuentras otra alternativa, puedes quedarte en mi casa. Y ahí empieza y termina todo. Si algo más ocurre, que sea de mutuo acuerdo”– Tzveta me sonrió, en una expresión bastante inusual en ella. –”Vale, Leiter; me parece muy adecuado tu razonamiento. Yo intentaré molestarte lo menos posible. Esta misma noche tengo una entrevista de trabajo en un pub…”– Aquella situación se complicaba por un hecho en absoluto intrascendente: En mi apartamento sólo había un sofá-cama… Durante los días donde Tzveta compartió alojamiento conmigo en el apartamento me vi obligado a dormir sobre una improvisada colchoneta; y eso que Tzveta solía llegar de madrugada, tras regresar de trabajar en el pub donde finalmente había sido contratada. Alguna noche, se dio la paradoja de que ella regresaba justo cuando yo me levantaba para abrir el bar, situación que se producía alrededor de las cinco de la mañana. Durante aquella estancia, Tzveta se mostró muy cariñosa en todo momento conmigo aunque jamás llegamos a traspasar las indecorosas barreras del amor, y no por falta de ganas, por lo que a mí concernía, ya que la contemplación de Tzveta en ropa interior me excitaba sobremanera. Y a ello se añadía la propia y pasmosa naturalidad de la búlgara, quién no pocas veces se paseaba por casa con total desenfado (A veces en bikini; otras, en monokini; y algunas, inolvidables, simplemente en “kini”…). Pienso que yo debía representar para ella el papel de un hipotético hermano mayor, mucho más que el de un simple y platónico amante. Un viernes, aprovechando que yo no tenía que madrugar para ir a trabajar el día siguiente, esperé a su llegada. Apareció sobre las cuatro de la mañana con síntomas evidentes de estar muy fatigada. Tras darse una reconfortante ducha, se tumbó sobre la cama y comenzamos a charlar (Yo sobre la colchoneta, claro está). Me fui embobando, aún más, con la escultural belleza de su cuerpo y animado por unas copas que previamente nos habíamos servido, solicité su permiso para hacer de todo con ella en la cama menos dormir… –”No, Leiter; estoy muy cansada. Fíjate qué hora es; y mañana tengo que realizar unas gestiones antes del mediodía. Me piden unos papeles para darme de alta y no sé aún cómo voy a poder conseguirlos. He quedado con una compatriota que tiene algún contacto en la embajada… Escucha; cuando vuelva, me invitas a comer por ahí y después subimos y hacemos el amor durante toda la tarde…”– Aún conociendo ya de antemano el inverosímil desparpajo de Tzveta, me sorprendió tanto su respuesta que no supe qué añadir aunque, obviamente, acabé aceptando sus propósitos, circunstancia que elevó todavía más mi concupiscente ánimo. Pero Tzveta no terminó ahí: –”Ah, por cierto, Leiter. Te quería pedir un favor. ¿Podrías prestarme hasta primeros de mes 13.000 pesetas? Tengo que mandar un giro urgente a mi familia en Bulgaria y ahora mismo estoy sin un céntimo”– Yo, que estaba dibujando en mi mente unos esbozos sobre lo que iba a ocurrir la sobremesa del día siguiente, asentí sin pensármelo mucho: –”Claro, sin problemas. Ahora no tengo todo el dinero aquí. Mañana acudiré a un cajero y te dejaré el dinero en casa… O mejor, espera. Tengo aquí la recaudación de esta noche del bar… A ver… Sí, entre todo juntamos las 13.000 pesetas. Tómalas. Ya haré yo las cuentas mañanas y repondré el dinero del bar”– Tzveta se incorporó de la cama y guardó en su bolso el dinero prestado. Su visión, paseando medio desnuda por el apartamento, a poco me provoca un volcánico estallido espiritual. Peor lo pasé cuando se me acercó y me dio un beso en la mejilla –”Gracias, Leiter; te quiero mucho”– Al volver a arroparse en la cama, poética escena que me indujo a soñar despierto, Tzveta añadió:–”Bueno, me voy a dormir, Leiter. Mañana quiero salir cuanto antes para hacer todo lo que te he dicho. Tú quédate durmiendo, que yo voy a estar ocupada durante toda la mañana. A eso de las dos de la tarde quedamos en El Rescoldo y comemos, ¿Vale?”– Asentí –”¿Y?”– Ya con la luz apagada, Tzveta me contestó:–”Sí, Leiter, sí; ya verás qué bien nos lo pasamos luego… De veras, me apetece mucho hacerlo contigo. Venga, que descanses. Yo ya me duermo; estoy agotada…”– Aún no sé cómo pude conciliar el sueño aquella noche, repleta de ardientes y apasionadas sensaciones y no menos gozosas perspectivas.
Tal y como habíamos arreglado la noche anterior, me presenté en El Rescoldo a las dos de la tarde para compartir almuerzo con Tzveta, en lo que habría de suponer el preludio a una tarde del todo inolvidable para mí. Pero fueron pasando las horas y Tzveta jamás apareció por allí, provocándome una creciente intranquilidad, amén de una desolada fractura en mis festivaleras pretensiones. Por más que busqué por todos los lugares donde presuntamente pudiera encontrarse la búlgara no fui capaz de dar con ella, preocupándome por el hecho de que quizás hubiese sufrido algún extraño percance. Sin embargo, ya por la noche en mi apartamento, llegué seriamente a sopesar la posibilidad de que Tzveta me hubiese “estafado” 13.000 pesetas, asunto que empezaba a rondarme por la cabeza y al que no terminaba por dar crédito por parecerme del todo incongruente. Lo que sí me llamó, y mucho, la atención fue el hecho sintomático de que la maleta que contenía todos los enseres personales de Tzveta había también desaparecido del apartamento, circunstancia que me provocó el mayor de los desconciertos posible. Pasaron unos días y un conocido me trajo una tarjeta publicitaria del pub donde supuestamente trabajaba Tzveta en el turno de noche, no sin antes mostrar su extrañeza por mi sospechoso requerimiento. Sin dudarlo, llamé durante las horas en las cuales se suponía que Tzveta debía de estar allí trabajando. –”¿Quién es?… Ah, sí, Leiter… Bueno, eh… Ya te contaré. Ahora mismo no puedo hablar. Ya iré a verte. Chao”– Me fastidió el vanidoso y cortante tono de Tzveta, quién no sólo no quiso ofrecer explicación alguna a su inesperada desaparición sino que también se mostró indisimuladamente molesta conmigo. A las dos semanas, tiempo en el que Tzveta ni apareció por el barrio ni mucho menos por mi apartamento, sufrí un impulsivo ataque de orgullo personal y volví a descolgar el teléfono:–”Tzveta… ¡No, no, escúchame tú a mí un momento! Me da exactamente igual que vuelvas o no por mi casa pero, al menos, recuerda que me debes algo…”– Cortándome, Tzveta me empezó a gritar desde el otro lado del auricular:–”¡Tú eres un gilipollas! ¡Haz el puto favor de no volver a molestarme en mi trabajo! ¡Yo a ti no te debo nada! ¿Te enteras? ¡No se te ocurra volver a llamar aquí!”– En ese momento, por fin, me di cuenta de que había sido utilizado miserablemente por Tzveta. Me sentí completamente engañado y con la hiriente sensación de haber hecho el completo gilipollas con ella. Además, por si no fuera poco, la aventura también me había supuesto la pérdida de 13.000 pesetas de las de entonces… Me entristeció aquel episodio tanto — y mayormente teniendo en cuenta la difícil situación anímica por la que yo estaba atravesando desde hacía unos meses — que durante unos días caí en un estado de fuerte depresión reactiva, subestimándome hasta extremos psicológicamente preocupantes. Pero aún faltaba la guinda a todo ese pastel de despropósitos. Unos meses después, en plena primavera y de forma diabólicamente increíble, volvimos a coincidir Tzveta y yo en otra ceremonia de bautizo de uno de los retoños de un colega de bar del barrio. En los preámbulos de la religiosa ceremonia, me acerqué hasta donde se encontraba Tzveta e intenté ser lo más decidido y directo con ella que pude:–”Oye, guapa; ¡Tienes mucha cara! ¿Cuándo demonios me vas a devolver el dinero que te presté?”– Tzveta, encolerizada, me agarró de un brazo y me llevó tras uno de los árboles que estaban plantados en aquel jardín escolar donde iba a tener lugar la celebración eucarística. –”¡Eres un hijo de la gran puta! ¡Yo a ti no te debo nada, cabronazo! Te lo advierto, Leiter; si vuelves otra vez a molestarme te arranco la cabeza de una hostia… ¿Te enteras, hijo de puta? ¡Vete a la mierda y olvídame!”– Puedo asegurar que, dada la musculosa envergadura de Tzveta y su indescriptible expresión de ira, jamás me ha asustado tanto una mujer en toda mi vida. La bella cara de Tzveta se había transformado en un rostro irascible que reflejaba un odio completamente visceral y en ningún momento dudé de que hubiera sido capaz de cumplir su amenaza en cualquier momento. Al poco de haberse alejado Tzveta de la escena, vino a mi encuentro Pablo, el camarero — y buen amigo — que trabajaba conmigo en el bar de mi padre. Muy alterado, me confesó:–”Oye, Leiter… ¿Pero qué coño te pasa a ti con la búlgara? ¡Joder, lo que me ha dicho la tía! Dice que te va arrancar la cabeza de una hostia como la sigas molestando… Y me ha pedido que te lo diga. Pero, tío… ¡No me jodas que tú y ella habéis estado liados! ¡Qué cabrón eres, tío! ¡Qué calladito te lo tenías! Aunque no sé, tío, a mí esa gachí me da mal rollo. Me ha llegado a acojonar cuando me ha hablado de ti… ¡Joder, la tiene tomada contigo! Seguro que está celosa…”– Tras contarle un poco por encima a Pablo la historia de lo que me había acontecido con Tzveta unos meses antes, decidimos irnos de allí y no acudir al convite posterior al bautizo (Yo estaba totalmente acongojado por las amenazas de Tzveta) Finalmente nos fuimos Pablo y yo a un pub y terminamos la noche totalmente borrachos, aunque mi cogorza fue de las sentimentales, llorera incluida. Decididamente, nunca llegué a comprender los motivos que indujeron a Tzveta a comportarse conmigo de ese modo tan violento. Es muy posible que se viese envuelta en alguna circunstancia del todo desconocida para mí y que, de alguna manera, condicionó su extraña e incomprensible actitud. Creo que no actué correctamente cuando me decidí por llamarla telefónicamente al pub donde trabajaba pero, para ser sinceros, su injustificado silencio fue el que provocó tal coyuntura. Al poco tiempo de aquel incidente, Tzveta desapareció del barrio y nunca se supo más de ella. Lógicamente, yo tampoco llegué nunca a recuperar las 13.000 pesetas…
–”¡Andá, eso es mi idioma! ¿Dónde lo ha aprendido a hablar?”– Me preguntaba hace muy poco un operario búlgaro que se encontraba realizando unas reparaciones de albañilería en mi domicilio. –”No, por favor, tan sólo sé decir alguna frase suelta”– Contesté, añadiendo:–”¿Me dice usted que dónde lo he aprendido? En fin, es una historia muy larga…”–
Hoy cumplimos un año…Y como regalo, la B.S.O de LEITER´S BLUES 26 Marzo 2009
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¡Cómo pasa el tiempo! Hace exactamente un año estaba yo enfrascado en la redacción de mi diaria reflexión para la página de mi siempre admirado JGIbáñez, EL COLOR DEL CRISTAL, cuando Celia me hizo la siguiente observación: –”Oye, veo muy bien que cada día escribas una reseña en esa web, pero… ¿Por qué no abres tu propio blog?”– Un tanto sorprendido por su atrevida sugerencia contesté al modo gallego: –”Y… ¿De qué hablo?”– La respuesta de Celia fue tan simple como sencilla: –”Pues de qué vas a hablar; de tus cosas…”–
Y así, de manera improvisada y con mi propia óptica, inauguré este bar de copas virtual con la única pretensión, a modo de capricho, de que me sirviera de diaria y melancólica distracción, a semejanza de una de esas mini-barras de bar que adornan las esquinas de las mansiones que a veces vemos en las revistas de decoración, y con el ánimo de ocupar las ociosas horas de que a diario dispongo. Sin embargo, con el discurrir de los siguientes meses, una clientela con la que yo no contaba a priori fue paulatinamente aficionándose a esos cócteles y aperitivos que a diario preparaba con el mayor esmero posible. Ya a la vuelta de las vacaciones de verano me vi obligado a reformar un tanto el local para dar cabida a los cada vez más numerosos clientes que acudían a tomarse una copa en BLUES. En la actualidad, y debido a las aproximadamente 350 visitas diarias que este bar virtual recibe, ya adelanto que estoy adquiriendo unas nuevas estanterías para, a la vuelta del verano, poder exhibir las novedades que los clientes más fieles me han ido solicitando. Dado el carácter atemporal de esta página no es mi intención eternizarme; todo en esta vida tiene su momento y, como bien decía mi padre, en un negocio “tan importante es saber abrir como cerrar a tiempo”. Pero de momento, ya que aún mantengo la ilusión por este bar y como además el casero me ha dado cuartelillo — no hemos montado ningún escándalo ni hemos atosigado con humo de fritanga a los vecinos colindantes — y ha decidido prorrogarme el contrato sin actualizar el precio del alquiler, tenemos la intención de seguir una temporada más preparando para vosotros los mejores combinados y tapas que uno sea capaz de llevar a la práctica.
Quiero expresar mi más sincera gratitud a quienes visitan asiduamente esta página y en especial a aquellos/as que dejan propina en forma de comentario. Toda la dinámica de este blog de copas se debe, en mayor medida, a quienes hacéis posible el diálogo por medio de reflexiones personales sobre los distintos asuntos que por aquí vamos comentando y que no difieren mucho de las conversaciones más cotidianas que se pueden escuchar en cualquier bar de nuestra geografía. Particularmente, quisiera dar las gracias a mi pareja, Celia, por soportar estoicamente que un servidor se pase algunas horas del día al frente de la barra de este virtual bar, las mismas que, injustamente, a ella dejo sin dedicar. Aunque me da que en el fondo lo agradece…
Bueno, pues hoy es día de soplar una vela en esa tarta de primer cumpleaños a la que todos/as estáis invitados. Mi deseo es poder contar con todos vosotros por lo menos hasta el 26 de marzo de 2010, momento en el que encenderemos, Dios mediante, otra vela más. Por mi parte, haré todo lo posible para que las copas y los aperitivos sean de vuestro mayor agrado.
Por último, el consejo de administración de LEITER´S BLUES confirma en sus cargos los nombramientos que se han producido hasta la fecha
MADRINA DE HONOR: Amalia
MUSA OFICIAL: Marian
KAPELLMEISTER: Ángel Guirao
JEFE DE OPINIÓN: Theniger th23
¡Gracias a quienes, de una u otra forma, colaboráis en LEITER´S BLUES!

Año 1991, Buffalo; EEUU: El autor intentando ligarse a una oriental — la chica de marrón, al fondo a la derecha– Obviamente, no lo consiguió. El chiquillo de la izquierda se mostró mucho más interesado con mi interpretación…
Como colofón a esta entrada de hoy os dejo la primera Banda Sonora Original de LEITER´S BLUES. Me explico: He seleccionado algunas entradas singulares que han aparecido a lo largo de este año y les he puesto música. En los enlaces que vienen a continuación podréis escuchar la música que se me pasó por la mente a la hora de redactar esas entradas y ello significa que esa música no ya sólo formó parte de la elaboración de las mismas sino que también, en buena medida, me acompañó en esos momentos que os he relatado, con sus alegrías y sus tristezas. Os juro que esas canciones me acompañaron en todas las vivencias descritas. Junto al enlace con la música tenéis también el enlace a la entrada correspondiente. Consecuentemente, la mayor parte de las entradas seleccionadas pertenecen al apartado VIVENCIAS, el más íntimo y particular de este bar de copas virtual. Y, por una vez y sin que sirva de precedente, no os voy a dar el coñazo con la música clásica. Las canciones son para todos los gustos y espero que os agraden. Han formado parte de la Banda Sonora Original de esas vivencias que os he relatado a lo largo de este año. A ver si el año que viene lo podemos repetir. Venga, a ver si os gustan
- Dust in the wind (Kansas) — CON MI PROPIA ÓPTICA (26 marzo 2008)
- Taxi Driver BSO (Bernard Herrmann) — EL TAXISTA MÁS SABIO DE MADRID (31 marzo 2008)
- Sabor de amor (Danza Invisible) — AÚN TE RECUERDO, ESTHER (9 abril 2008)
- There must be an angel (Eurythmics) — ¡MENUDO HARÉN! (27 junio 2008)
- Para que no me olvides (Lorenzo Santamaría) — PARA QUE NO ME OLVIDES (26 mayo 2008)
- Lambada (Kaoma) — LA VIDA TE DA SORPRESAS (30 mayo 2008)
- Yo te lo digo cantando (El Luis) — FELIZ CUMPLEAÑOS, CELIA (13 junio 2008)
- Capri c´ést fini (Herve Vilard) — MI PRIMERA Y MÁS ÍNTIMA EXPERIENCIA I (4 julio 2008)
- La vie en rose (Edith Piaff) — MI PRIMERA Y MÁS ÍNTIMA EXPERIENCIA II (11 julio 2008)
- Ne me quitte pas (Jacques Brel) - MI PRIMERA Y MÁS ÍNTIMA EXPERIENCIA III (18 julio 2008)
- Shape of my heart (Sting) - CARTA DE AMOR PARA MI PRINCESA FAVORITA (31 julio 2008)
- Annie´s Song (John Denver) — LOS ESTRECHOS MÁRGENES DE LA AMISTAD (15 agosto 2008)
- Burbujas de amor (Juan Luis Guerra) - CUANDO EL DIABLO SE VISTE DE DESEO (10 octubre 2008)
- You got it (Roy Orbison) — LA LEYENDA DEL PRIMER BESO I (7 noviembre 2008)
- Something (The Beatles) — LA LEYENDA DEL PRIMER BESO II (14 noviembre 2008)
- Aquellas pequeñas cosas (Joan Manuel Serrat) - LA LEYENDA DEL PRIMER BESO III (21 noviembre 2008)
- ¿Quién me ha robado el mes de abril? (Joaquín Sabina) – ¿QUIÉN ME HA ROBADO EL MES DE ABRIL? (9 enero 2009)
- Wonderful life (Black) — LA CINTA FUNERARIA (2 marzo 2009)
Y, para finalizar esta recopilación, un homenaje a mis amigos virtuales:
- We are the champions (Queen) – YONOSOYLUISFIGO de Miguel, Juan Bau, Fito y Markos
- A este lado de la carretera (Danza Invisible) – LA CARRETERA de Ángel Guirao y…
- Volver a los diecisiete (Rosa León) - EL OLIVO de Amalia
¡GRACIAS POR TODO!
LEITER
El Parque del Retiro de Madrid: Ya estamos en primavera 25 Marzo 2009
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Tras un invierno que ha resultado demasiado frío y desagradable — en comparación con lo que desde hace unos años estábamos viviendo — llega por fin la primavera a Madrid. Los vecinos de esta Villa tenemos un tesoro que se llama Parque del Retiro, un entorno verde en medio de la ciudad que sirve, entre otras muchas cosas, para olvidarnos del nervioso vaivén de una ciudad empeñada en vivir al borde de un ataque de nervios. Es un buen momento para madrugar y salir a hacer unas fotos y eso es, precisamente, lo que yo he hecho. No son fotos preparadas, ni tomadas con una cámara de alta resolución. Simplemente, son unas instantáneas sacadas durante una mañana de primavera, bien temprano, y a bordo de mi bicicleta. No hay situación que más me guste que salir a pasear con mi bici por El Retiro e ir escuchando música de la buena a través de los auriculares de mi MP3. Bueno, existen otras situaciones que me gustan más pero, de momento, no creo conveniente haceros un relato de las mismas… Por lo pronto, os regalo estas imágenes del Retiro al amanecer en primavera. A ver si os gustan.


Desde mi domicilio en la Calle de Alcántara hasta esta entrada, según el reloj de mi bici, hay 1,66 kilómetros, un trayecto que no dura ni tres minutos. Es mi ruta de acceso habitual. La calle de mi “tocayo” Pelayo es una de las más preciosas de Madrid y en donde la prima de Celia — la conocida como Pantera – tiene un impresionante ático con unas vistas primorosas a este parque. Desgraciadamente, no lo pone en venta. Da igual, yo no tengo dinero para tanto… ¡Ya nos lo podría dejar de herencia!



El Paseo de Coches, una toma en el paseo paralelo y el curvón de Fernán Núñez. De un tiempo a esta parte, el Paseo acoge todo tipo de eventos e impide la libre circulación de paseantes, patinadores y ciclistas. Al desmontar la parafernalia, quedan muchos clavos sueltos y por eso es fácil pinchar aquí con la bici. Ya me ocurrió hace bien poco. Además, en el paseo paralelo, me di la primera bofetada con la bici. Estaba escuchando a Mahler y me distraje con la estampa de una bellísima mujer…






Algunas tomas del Estanque y del monumento dedicado a Alfonso XII, sin duda, la zona más conocida del parque. Desde hace mucho tiempo, por aquí abundan las “tarotistas” aunque, en honor a la verdad, casi nunca aciertan. A mí me llegaron a predecir que iba a ser un extraordinario director de orquesta… Yo tengo más mano: En este enclave escuché a dos jóvenes cantar, hace ya muchos años, y también predije que iban a llegar muy lejos. No me equivoqué: Se trataban de Marta y Marilia, más conocidas como ELLA BAILA SOLA. Aquí empezaron.


La rasante del Paseo de Cuba y la estatua del Ángel Caído. Posiblemente, se trata de uno de los pocos monumentos en el mundo dedicado al mismísimo diablo. Esta zona, en otoño, es particularmente bella. Subir y bajar continuamente este ligero repecho con la bici supone un buen ejercicio para fortalecer las piernas. Cuidado con los gatos que de manera imprevisible cruzan la calzada.




El Palacio de Cristal, el Kiosco de música y dos tomas cercanas al Palacio Velázquez y al Parterre, respectivamente. Dentro de poco empezarán los conciertos dominicales de la Banda Sinfónica de Madrid en el Kiosco. Tocan muy bien y en ocasiones han sido dirigidos por el maestro García Asensio. Su repertorio es muy extenso y abarca todos los géneros pero a mí lo que más me pone es cuando se arrancan por pasodobles, uno de los géneros musicales más extraordinarios que existen y que en nada tiene que envidiar a otros más pretendidamente encumbrados.



El monumento a Jacinto Benavente, un rincón de La Chopera y una panorámica de La Rosaleda. Dentro de poco, este jardincillo nos mostrará todo su esplendor primaveral. Ya os pondré alguna foto, aunque tendré que ir más tarde ya que no abren hasta bien entrada la mañana. La Chopera es una de las zonas más íntimas del parque. Pero resulta muy poco recomendable adentrarse por la misma cuando cae la luz solar. El monumento a Jacinto Benavente se alza frente a la entrada donde se encuentra el Casón del Buen Retiro, una de las prolongaciones del Museo del Prado.




Una de las mejores maneras de pasear en bici por El Retiro es circunvalando su perímetro. Aquí os muestro unas instantáneas de su trayecto paralelo a la Calle de Alcalá. La iglesia de San Manuel y San Benito es una de las más bellas de Madrid, en estilo neobizantino. A veces, me escapo alguna tarde hasta allí para escuchar algún recital de órgano del maestro Domingo Losada. La entrada del Parterre es quizá la más encantadora de todo el parque. Como no podía ser de otra manera, la Puerta de Alcalá se muestra reluciente y orgullosa, a pesar de los patéticos carriles separadores que afean el conjunto visual y que son detestados por la mayoría de conductores madrileños.



La entrada de Alfonso XII y unas panorámicas con las vacas que desde hace unos meses pastan alegremente por Madrid. Pertenecen a la exposición itinerante Cow Parade y, luego de recorrer decenas de ciudades del mundo, han arribado por fin a Madrid. Por desgracia, los pobres bichos no han podido eludir los ataques de una serie de vándalos que no entienden ni de urbanidad ni de respeto por lo ajeno, llegándose a crear incluso una unidad hospitalaria — es cierto — para reparar a los animales afectados. La exposición arrancó con cierta polémica pero en la actualidad estos simpáticos bichos se han hecho muy queridos por la mayoría de los madrileños. A mí me parecen entrañables.


El Bosque de los Ausentes, paraje conmemorativo de las 192 inocentes víctimas que fueron vilmente asesinadas en los llamados Trenes de la Muerte, durante una desgraciada jornada que los madrileños tardaremos en olvidar. Todos ellos, junto con el resto de víctimas del terrorismo, permanecerán siempre en nuestro recuerdo.


Para finalizar este breve recorrido, la Casita del Pescador y el “despropósito” visual de la Torre de Valencia. No tengo nada contra la torre y mucho menos contra sus vecinos — ya me gustaría a mí tener un ático allí. Pero su construcción, frente al mismo parque, afea visualmente el entorno. La panorámica desde la Gran Vía, con el Palacio de Correos al fondo y la mole de esta torre, es uno de los mayores despropósitos visuales que se han cometido arquitectónicamente en Madrid en el siglo pasado.
La Vocación de San Mateo – Caravaggio 24 Marzo 2009
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* Óleo sobre lienzo
* 322 x 340 Cm
* Realizado entre 1598 y 1601
* Ubicado en la Iglesia de San Luis de los Franceses; Roma
Michelangelo Merisi, más conocido por el sobrenombre de Caravaggio, enclave lombardo de su nacimiento, fue considerado en su tiempo como el Anticristo de la Pintura porque, en vez de emplear el pincel para la expresión de altas ideas, se atenía a la simple imitación del natural de modo “imperfecto e indocto”. Sus obras, hoy confortablemente adaptadas a iglesias y museos, levantaron un verdadero escándalo en la Europa de comienzos del siglo XVII. Para la mayor parte de los entendidos de esa época, imbuidos de un notable idealismo neoplatónico, la pintura habría de expresar una idea de belleza que, a modo de pirámide, sería tanto más perfecta cuanto más se elevase a la cúspide, que no es sino Dios. Frente a este concepto, Caravaggio opone cuadros de bodegones con bajos y viles pensamientos, de borrachos, fulleros, tahúres y cosas semejantes; incluso de pícaros descompuestos y de mujeres desaliñadas. El clasicismo idealista de Rafael, Carracci o Carducho tendrá su contrapunto en el naturalismo de Caravaggio, corriente a la que también se suman Velázquez y Ribera.
Caravaggio se planta ante el modelo y reproduce fielmente su aspecto en el lienzo, de ahí que fuese considerado en su tiempo como el Príncipe de la Fealdad, negándose las iglesias romanas a colgar sus cuadros por su vulgaridad. Sin embargo, esta aparente “fealdad” fue a menudo confundida con la “plebeyez”. Caravaggio tomaba sus modelos no en los altos y lujosos palacios, sino en los barrios populares, a veces entre gente de muy dudosa condición, como se correspondía con la trayectoria vital de este artista, un ser que pasó repetidamente por la cárcel y que con frecuencia se veía envuelto en todo tipo de riñas propias de los bajos fondos. Se puede afirmar sin exagerar de ninguna manera que en Caravaggio se da ya una cierta afición proto-romántica.
Sin ser el creador del tenebrismo, fue Caravaggio quién le dio mayor publicidad. Busca el artista en lo tenebroso una presentación efectivista de la escena que se aproxima a lo teatral (En correspondencia con todas las ramas artísticas del siglo XVII). Lo fundamental consiste en iluminar la escena con un oportuno chorro de luz que sólo nos permita describir lo esencial de la misma, dejando en sombras el resto. Por esa espectacular forma de presentar a sus personajes, arrancándolos de una tiniebla informe, Caravaggio consigue darles una presencia física casi obsesiva, bastando con apagar ese foco de luz para que esos sujetos tan escultóricos dejen instantáneamente de existir. En consonancia, sus composiciones adoptan un aire casual, como de toma fotográfica en la que no se omite absolutamente nada. Esa naturalidad, sobre todo en sus temas religiosos, más que apartarse del cristianismo ideal parece querer ponerlo al alcance de todos, en lo que supone una cotidiana representación de los diferentes motivos evangélicos. Caravaggio, en suma, nos da una versión propia y humilde de que la belleza reside, fundamentalmente, en la verdad.
Fue a partir de 1597 cuando Caravaggio, protegido por varios nobles y cardenales, recibió los primeros encargos importantes que generalmente procedían de iglesias y cofradías. Ello le llevó a enfrentarse por primera vez con una temática religiosa que en su etapa inicial había quedado ignorada. Entre los encargos, destacó la realización de tres cuadros de proporciones mucho más grandes que las acostumbradas hasta entonces por el artista y cuyo destino era la iglesia romana de San Luis de los Franceses. Para el altar mayor pintó un lienzo, San Mateo con el Ángel, cuya primera versión fue rechazada por la vulgaridad del modelo y posteriormente destruida por un bombardeo de la II Guerra Mundial. A los dos lados del altar figuran, respectivamente, El Martirio de San Mateo y La Vocación de San Mateo. En este lienzo vemos una escena de interior — más propia de una taberna que de un relato evangélico — donde Mateo cuenta lo obtenido en su función de publicano o recaudador de impuestos, y no se apercibe de que Jesús le está señalando con la mano. Es verdaderamente extraordinaria la síntesis con la que el artista ha unido el foco de luz con la figura del Salvador, símbolo de esa llamada. Si nos fijamos, la escena parece tener lugar en una dependencia subterránea, a juzgar por la altura en que se encuentra el chorro de luz. Los ropajes de los personajes son del todo anacrónicos, de igual manera que el sable que contemplamos en primer plano y que cuelga de la cintura de un personaje que está de espaldas y al que ciertos críticos han querido ver en el mismo un autorretrato del artista. La cara y expresión de Cristo es durísima en comparación con lo que se venía pintando hasta entonces y su dedo señalando a Mateo es prolongado por el personaje que se halla sentado junto al joven. No deja de resultar enternecedor apreciar las lentes (En una escena del siglo I) del personaje que se encuentra junto a Mateo. El detallismo en los objetos (Monedas, sombreros… ) es verdaderamente extraordinario y revela la buena técnica del autor.
Siempre se ha afirmado que Caravaggio es un pintor muy “fotogénico”, esto es, que sus cuadros se reflejan preciosos en las ilustraciones pudiendo decepcionar posteriormente en su directa contemplación. Pero, La Vocación de San Mateo, una de sus obras maestras, produce el efecto contrario. Su contemplación al natural es toda una excitante y maravillosa experiencia que en absoluto nos defrauda. Y Caravaggio, con el paso de los años, parece resistir bien los nuevos enfoques de la crítica.
Presto agitato de la Sonata nº14 en do sostenido menor, Op. 27 nº2, de Ludwig van Beethoven 23 Marzo 2009
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Antes que nada, quisiera felicitar a felipefelipe por la edición de este magistral e inolvidable vídeo que nos muestra una perfecta combinación de imágenes sobre la interpretación del último movimiento de la Sonata Nº14 en do sostenido menor, Op. 27 Nº2, de Ludwig van Beethoven en versiones de Wilhelm Kempff, Daniel Barenboim y Murray Perahia, tres de los más grandes intérpretes de la literatura pianística de todos los tiempos. La dinámica y sucesión de imágenes del vídeo son de una realización extraordinaria y nos permiten observar como tres pianistas, muy distintos entre sí, abordan un fragmento de extrema dificultad tanto técnica como expresiva.
La Sonata Nº14 de Beethoven, popularmente conocida como CLARO DE LUNA, es una de las piezas más famosas del autor de Bonn. Sin duda, su primer movimiento, Adagio sostenuto, forma parte por derecho propio de la extensa lista de hits musicales que el mundo de la Música Clásica ha otorgado a numerosas recopilaciones, algunas de muy dudoso gusto, susceptibles de ser escuchadas por un público más bien profano pero con deseos de penetrar en esta dimensión pluscuamperfecta del arte de combinar sonidos. En realidad, pocos saben que ese fragmento es una introducción para una de las creaciones más excepcionales que se hayan escrito jamás para el género pianístico: La Sonata Nº14 de Beethoven, compuesta en 1801 y dedicada a Guiletta Guicciardi, una de las cumbres creativas del genial músico alemán. Su tercer movimiento, Presto agitato, es de extrema dificultad para el ejecutante — y para los nerviosos aspirantes a obtener el grado superior de piano en muchos conservatorios musicales de todo el mundo — y supone un claro contraste entre sus dos movimientos precedentes, por lo demás, fáciles y sin ninguna relevante dificultad técnica a la hora de ser abordados. El fragmento es endiablado, con numerosas escalas ascendentes quebradas por severos acordes y ciertos arpegios de transición que ponen los pelos de punta y obligan a una máxima concentración por parte del ejecutante. Todo el movimiento es una especie de dramático diálogo entre las distintas secciones de octavas del piano, con deliberados cruces e interludios que parecen pelear por adquirir el protagonismo melódico a lo largo del desarrollo de la partitura.
Este magnífico vídeo nos ofrece la interpretación de este último movimiento alternando, con una maestría digna de elogio, distintas fases de la pieza sin ningún tipo de interrupción en el discurso. Los pianistas elegidos por el autor para elaborar este inolvidable vídeo representan, a su vez, tres distintas escuelas interpretativas y suponen auténticos paradigmas de las mismas. Se trata de Wilhelm Kempff, Daniel Barenboim y Murray Perahia. A mi juicio, son tres de los mejores pianistas de todos los tiempos y en esta cinta, literalmente, se “salen”.
Wilhelm Kempff, cuya interpretación íntegra podéis ver en este enlace, pertenece a una generación de pianistas representada por Erdmann y Gieseking que es a su vez heredera de la primera generación alemana de pianistas del siglo XX y cuyos máximos exponentes fueron Schnabel, Backhaus y Fischer. Kempff fue alumno de Heinrich Barth, depositario de la gran tradición lisztiana, y de Robert Kahn, discípulo de Brahms, en composición. Esta escuela germánica se caracteriza por la sobriedad en la interpretación, huyendo de cualquier efecto gratuito que pueda desnaturalizar la partitura. En ocasiones, esta concepción aséptica provoca que a muchos aficionados les resulte un tanto aburrida la interpretación beethoveniana a manos de Kempff. En todo caso, son cuestiones de gusto personal y ello no priva al ilustre pianista de Jüterbog su condición de referente absoluto en lo relativo a la literatura pianística del genial sordo de Bonn. La austeridad, sobriedad y economía de medios de que hace gala Kempff son una prueba indiscutible en el capítulo de la correcta ejecución beethoveniana.
En este video, lo primero que nos llama la atención es la valentía del maestro — calculo que debía de tener cerca de los noventa años en la fecha en que se realizó la filmación — para abordar un pasaje tan complicado. Cierto que en ocasiones se le resbalan los dedos al efectuar una escala o atacar un acorde, pero no podemos otorgar mayor importancia a esos “fallos”, del todo excusables. Además, en un ejercicio de dominio y seguridad, el artista apenas dirige su mirada al teclado y adopta una pose trascendental, a la manera de una comunión mágica entre compositor e intérprete. Uno de los aspectos más destacados de esta versión es la prodigiosa mano izquierda de Kempff, insuperable a la hora de marcar el ritmo de la ejecución. No perdáis de vista la perfección con la Kempff resuelve el paso a la primera repetición (Minuto 1: 36 del vídeo con la interpretación completa) Es maravillosa su claridad y atemperación del ritmo, verdaderamente insuperables. También debemos resaltar la magistral forma de atacar los acordes y arpegios de transición previos a la coda ( Minuto 6: 05 del vídeo que contiene la interpretación completa) ¡Qué sonido extrae el maestro Kempff del piano Steinway! Una verdadera locura que consigue emocionar hasta casi el llanto. El final es toda una lección de cómo ha de abordarse un pasaje de endiablada dificultad técnica cuando las manos ya no quieren — ó pueden –responder. Ya os anticipo que esta es mi versión predilecta de las tres que vamos a comentar hoy aquí. De verdad, creo que no se puede concebir el legado pianístico de Beethoven sin hacer expresa mención de Wilhelm Kempff.
Daniel Barenboim, cuya interpretación íntegra podéis ver en este enlace, pertenece a la escuela de Edwin Fischer que, a su vez, se emparenta con el tronco de Rosenthal, testigo directo de Franz Liszt. El mejor maestro de Daniel fue su propio padre, Enrique Barenboim, quién llegó a ser profesor de piano en la Academia de Viena y que supo transmitir a su hijo la clave fundamental de su estilo interpretativo: Que la música fluya como algo completamente natural, sin obsesionarse nunca con la perfección mecánica. De hecho, Barenboim no suele hacer ejercicios en el teclado y simplemente controla su técnica a base de numerosos conciertos y recitales. Por ello, siempre se le ha achacado una carencia técnica a la hora de abordar las composiciones más difíciles aunque, dentro de esta arriesgada afirmación, este presumible defecto se compensa, y de qué manera, por la musicalidad que se desprende de cualquiera de sus interpretaciones. Si observamos el vídeo con la interpretación íntegra, podemos apreciar como Barenboim arranca el movimiento con mayor velocidad que Kempff, pero con menos claridad a la hora de atacar las temidas primeras escalas ascendentes. El Beethoven de Barenboim se caracteriza, lejos de los tiempos de su primera integral en disco, por su libertad de concepto, el rico colorido de la expresión y la belleza del fraseo, con construcciones basadas en una elegancia no reñida con el sentido dramático que sabe imprimir a aquellas partituras que así lo requieren.
Observemos el vídeo con la interpretación íntegra: En el tiempo 1: 12 podemos apreciar esa libertad a la que antes aludíamos con un ligero retardo en los acordes que consigue añadir un punto de dramatismo y sensibilidad a la ejecución. Si seguimos el desarrollo, vemos la gran diferencia de concepto con respecto a Kempff a la hora de manejar las notas que preceden inmediatamente a la primera repetición: Barenboim acelera y sube la intensidad de sonido para culminar con un acorde al que dota de vida propia y que sirve de enlace para la repetición. Fijaos bien en el fraseo del momento 2: 06 del vídeo… ¡Qué belleza y que derroche de expresividad! También hay que destacar la elegancia en el difícil contrarritmo (Minuto 3: 29 del vídeo) de manos, pasaje que encierra mucha más complejidad técnica de lo que a primera vista parece. Barenboim resuelve estos diálogos cambiados con una maestría encomiable, con una tremenda concentración sobre lo que está ejecutando. El particular uso que hace del pedal el maestro argentino (Minuto 5: 55 del vídeo) logra que en los arpegios finales se fundan las armonías bajo una atmósfera de inestabilidad que parece conquistar la partitura en los momentos previos a la coda. Es un buen ejemplo de cómo Barenboim arriesga con las masas sonoras para obtener ese punto dramático que inspira la composición. Las escalas finales las ejecuta con firmeza y convicción, otorgando una estupenda grandeza a la sonata beethoveniana. Estupenda e inolvidable versión, de lujo. Por último, no quiero dejar de comentar una jugosa anécdota que le aconteció a Barenboim en Barcelona: En un café de la ciudad, sus amigos le animaron para que tocara algo en el piano del local, toda vez que el pianista oficial del café se encontraba ausente. Barenboim se arrancó con unos tangos. En estas, el dueño del café se le acerca y le espeta: –”Señor, siento decirle que en este local no se permite que el piano sea tocado por pianistas aficionados. Retírese, por favor… “–
Murray Perahia, cuya interpretación íntegra podéis ver en este enlace, pertenece a la escuela de Horszowski que, a su vez, se emparenta con la rama de Theodor Leschetitzky, paradójicamente, la menos virtuosística y más sensible de los discípulos de Liszt. Decimos esto porque Murray Perahia es, con diferencia, uno de los pianistas más técnicos que hayan surgido en la segunda mitad del siglo XX. Lo de Perahia es un caso de precocidad y, sobre todo, de auténtica mala fortuna personal. Ya muy joven grabó la integral de los conciertos de Mozart, dirigiendo también a la English Chamber, y posteriormente la serie de Beethoven junto con el Concertgebouw y Haitink. Para muchos, entre los que humildemente me incluyo, Perahia tiene esa doble y difícil virtud de equilibrar una impresionante técnica con un gran sentido del discurso musical debido, esto último, a la estrecha relación que mantuvo con pianistas de la talla de Serkin y, sobre todo, de Vladimir Horowitz. El pianista neoyorquino atesora una facultad imprescindible para ser una figura de la interpretación: Su conocida velocidad al teclado desemboca en un fraseo puro, cristalino y limpio, lejos de exhibiciones circenses muy en boga hoy en día (Lang Lang) pero un tanto insustanciales a la hora de construir Música, que es de lo que se trata, ni más ni menos. De no ser por un fatal accidente que lastimó su mano, con secuelas que se reproducen a lo largo de los años como si de una maldición se tratase, posiblemente Perahia hubiera sido el mejor pianista, con diferencia, del mundo. (Bueno, para quien esto escribe, es uno de ellos)
Ya en el segundo : 13 del vídeo con su interpretación completa nos damos cuenta de que Perahia arriesga hasta lo indecible con asombrosos resultados. Es imposible resolver este pasaje tan rápido y con esa pasmosa claridad; esto va a ser la constante a lo largo de toda la interpretación. En el minuto 1: 12 del vídeo podemos contemplar su magnífica dinámica para atacar los acordes en fortissimo, toda una demostración de poderío y técnica por parte del artista. (Obsérvese cómo inclina el cuerpo hacia atrás al lanzar el ataque sobre el teclado). Digno de elogio también es su trabajo con la mano derecha (Minutaje 3: 27 del vídeo completo), desconectando en intensidad sonora las dos manos, algo verdaderamente complicado y a la altura de unos pocos escogidos para este arte. En 4: 42, Perahia se desmelena y nos brinda una clase magistral de digitación (Es realmente impresionante la cualidad técnica del artista). Los arpegios finales que preceden a la coda los ejecuta como si tal cosa, con una seguridad rayana en lo decididamente insultante. (Para muchos estudiantes de piano debe resultar desesperante contemplar como Perahia resuelve los pasajes más comprometidos). El artista ha tomado la autovía a todo gas y no hay tiempo para pausas: La coda es vertiginosa, maravillosamente bien resuelta. ¡Enorme Perahia!
Sería mi deseo que quién decida comentar esta entrada nos haga saber cuál de las tres versiones le ha gustado más. También resultaría muy interesante que los lectores nos comentasen otras grabaciones sobre esta obra que les hayan impactado. Queda abierto el debate.
El padre Antonio Soler: Fandango 22 Marzo 2009
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Quizás la duración del vídeo que dejo como enlace sea un poco larga pero os aseguro que merece la pena la audición. Se trata del clavicembalista estadounidense Scott Ross interpretando el célebre Fandango del padre Antonio Soler (1729-1783), aquel monje escurialense nativo de Olot, Gerona. La versión de Ross es extraordinaria, con una ejecución tan sencilla como sentida, demostrando un absoluto dominio de la partitura. Mala fortuna tuvo este magnífico intérprete de clave, uno de los mejores traductores de la obra para teclado de Bach, Haendel, Scarlatti y Frescobaldi. Huérfano de padre, se trasladó con su madre a Francia, con la desgracia de que ésta se suicidó cuando Ross apenas contaba con 17 años. Cuando estaba en el cénit de su carrera, Ross falleció prematuramente a los 38 años de edad, al parecer víctima del virus del VIH. Sirva esta breve y humilde reseña para homenajear a un excelente y desdichado maestro. Para quién quiera profundizar, el sello ERATO dispone de la integral de las Sonatas de Doménico Scarlatti en versión de Scott Ross, todo un monumento discográfico de 34 CD´s. Entre los distintos clavecines empleados para la empresa, Ross también cuenta con el modelo que vemos en el vídeo, un David Bergmark Ley construido a mediados del siglo XX aunque, eso sí, siguiendo fielmente las estrictas tradiciones del Barroco.
El Fandango se basa en un simple ritmo ostinato de la mano izquierda, el denominado Bajo de Alberti, sobre el que el padre Soler nos brinda toda una genial gama de recursos: Valientes y arriesgadas armonías, con constantes pasos en terceras y sextas; amplísimos saltos de intervalos; repetidos y difíciles cruces de manos; originales y bellísimos adornos con trinos prolongados y simples; sorprendentes cromatismos melódicos (Escalas ascendentes y descendentes de semitono en semitono); asombrosas modulaciones… En suma, todo un compendio de composición con un inconfundible aroma español en una partitura que es de mediados del siglo XVIII. Y es que, aunque muchos lo ignoren, el padre Antonio Soler fue el músico español más importante del período de la Ilustración.
Por desgracia, no disponemos más que de unos datos genéricos sobre la biografía del padre Antonio Soler. Sabemos que nació en el gerundense pueblo de Olot el día de San Francisco Javier de 1729. Con tan sólo 6 años ingresó en la Escolanía del Monasterio de Montserrat, lugar en el que recibió sus primeras lecciones de teoría musical y órgano. Más tarde, se incorporó a la orden de los Jerónimos y recibió las órdenes sacerdotales en 1752. Llegó a ser maestro de capilla de la catedral de Lleida y posteriormente fue nombrado organista y maestro de coro del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Allí conoció a Doménico Scarlatti cuya influencia en la música del sacerdote va ser determinante. Realizó música religiosa para El Escorial componiendo unos más que interesantes villancicos pero su máximo arte está en el teclado. En su obra destacan 120 estupendas sonatas para clavecín, la mayoría en un movimiento, desarrollando así el estilo de Scarlatti, aunque también contamos con algunas que tienen más de un tema e incluso unas cuantas finalizan con una fuga. Aparte del Fandango aquí comentado, también destacan 6 Quintetos para órgano y cuarteto de cuerda y otros 6 Conciertos para dos órganos, todos ellos de una gran calidad e interés musical. El padre Soler se vio envuelto en una de las frecuentes disputas musicales teóricas del momento que reflejaban la tensión entre lo antiguo y lo moderno, y ello fue debido, en mayor medida, por la publicación en 1762 de su tratado Llave de modulación, muy discutido por algunos músicos y que actualmente ha caído en el olvido. Este período es muy importante en el desarrollo de la música española, de tal manera que otro sacerdote, el jesuita Antonio Eximeno, también publicó en Italia — estaba exiliado por orden de Aranda — su famoso tratado Del origen y reglas de la música, donde defiende el carácter de lenguaje de la música y que para algunos fundamenta el nacionalismo musical. Ello fue debido, sobre todo, a que años después el eminente Felipe Pedrell, pionero de la musicología en España, citó a Eximeno en su obra Por nuestra música (1912) confirmando tal pretensión nacionalista. Sin embargo, la famosa cita de Pedrell basada en Eximeno no aparece en el tratado de éste… ¡Paradojas de la vida! Finalmente, señalemos que el padre Antonio Soler falleció en el Monasterio de El Escorial el 20 de diciembre de 1783. Humildemente, opinamos que su música aún no tiene el reconocimiento que se merece.