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Tangerinos: II Reencuentro internacional en Tánger 30 Abril 2009

Posted by leiter in Acerca de Tánger.
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 Organizado por Carlos Hernández, el creador y director de la emblemática página Tangerjabibi, hoy comienza el II REENCUENTRO INTERNACIONAL de tangerinos que como no podía ser de otra manera se habrá de celebrar en Tánger, según se acordó “de oficio” durante la velada del Primer Reencuentro celebrado en Madrid en noviembre de 2007. Casi trescientas personas procedentes de todos los rincones del planeta se darán cita en la ciudad norteafricana desde hoy y hasta el próximo domingo en un evento que contará con comidas y cenas de gala, visitas a la ciudad y sus alrededores, y un variado programa en el que no faltará el clásico guateque discotequero donde se escuchará y bailará música de la de entonces que tantos y tantos tangerinos llevan en su memoria. Aparte de todos estos actos, también se realizará una subasta benéfica de objetos donados por algunos socios con el objetivo de crear un fondo económico destinado a diversas asociaciones que se encargan de ayudar a las personas más necesitadas. También es de resaltar la loable iniciativa propiciada por el organizador referente a la posibilidad de que los participantes en este evento lleven consigo algunas prendas de ropa para donar y que son muy necesarias para un sector de la actual población tangerina cuyas condiciones económicas no son del todo satisfactorias.

 Conociendo a Carlos Hernández, sabemos de antemano que el éxito de la cita está garantizado plenamente. Por motivos que no vienen al caso, tanto la presencia de Celia como la mía a este evento no ha podido ser posible, circunstancia que nos ha apenado profundamente. De todas formas, estamos seguros de que no habrá de ser el último reencuentro y por ello confiamos en poder asistir a un futuro tercer reencuentro. Intentaré en la medida de lo posible insertar cuanta información me vaya llegando en lo referente al desarrollo de esta cita y también animo a quienes tengan la posibilidad de leer estas líneas que nos brinden sus sensaciones en forma de comentario en esta página que está abierta a cualquier opinión sobre Tánger y los tangerinos. Por último, queremos dejar también constancia de otro encuentro celebrado hace unas semanas en Tánger, a nivel más íntimo y organizado por Ricardo Rigallor, el director de otra magnífica página sobre asuntos tangerinos, Siempre Tánger, de cuyo éxito tenemos buena prueba a través de los elogiosos comentarios vertidos en los foros de dicha página.

Mañana, festividad de San José Obrero, patrono del trabajo, nos tomaremos un descanso. El sábado volverá THENIGER con uno de sus interesantes comentarios.

Luz Casal – No me importa nada 29 Abril 2009

Posted by leiter in Jukebox.
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 Gallega de nacimiento y asturiana de adopción, Luz Casal es una de las mejores voces que ha dado la música española en los últimos treinta años. Ya desde su primer gran éxito, El ascensor, canción con indiscutibles ritmos de reggae, la artista daba muestras de un talento musical del todo encomiable. Fueron estos primeros años dedicados a un tipo de música más rockera, como lo prueban sus colaboraciones y giras con grupos como Leño o el propio Miguel Ríos. Aparte, Luz Casal destacó por ser una de las pocas artistas que parecían triunfar lejos de nuestras fronteras y en lugares tan insólitos como en la Checoslovaquia de mediados de los ochenta. Poco a poco, Luz se va despojando de su faceta más rockera y adopta un estilo más personal e íntimo, resolviéndose como una excepcional intérprete de baladas. Pero el verdadero aldabonazo le llega en 1989 con la edición de su disco LUZ V, primer trabajo fruto de la colaboración con el sello Hispavox, un LP que se vendió como rosquillas y en el que destacaban un buen puñado de canciones, entre ellas la inolvidable balada No me importa nada, una de sus mejores canciones a lo largo de toda su trayectoria. En 2007, afortunadamente, la artista superó un cáncer de mama y de esa convalecencia sacó un disco con claras referencias a su enfermedad y posterior tratamiento, Vida tóxica. Tenemos la absoluta certeza de que Luz Casal todavía nos tiene que ofrecer mucha y buena música.

 No me importa nada es una hermosísima balada que hace referencia al hartazgo que produce una relación sentimental que se agota sin remedio. Una brevísima cadencia de la guitarra, subrayada por una sostenida pandereta, da paso a la introducción en la que la misma guitarra, aparte de armar el valiosísimo componente rítmico de la canción, nos anticipa fugazmente el desarrollo armónico de la misma. El bellísimo timbre de voz de Luz Casal nos expone los dos motivos principales – Tú juegas a quererme y no me importa nada — preciosamente coloreados con unas cromáticas apoyaturas propias del blues. La segunda sección de la balada es un lógico desarrollo del segundo motivo, que hace las veces de estrofa, con unas transiciones moduladas muy efectivas que equilibran extraordinariamente el discurso melódico. Tras esta exposición, originalmente cantada en la dominante, la guitarra recoge el testigo melódico que no es sino una prolongación rítmica sobre la base en la que se apoya toda la composición y que, como ya hemos señalado, supone el armazón fundamental de la pieza. Nueva reexposición temática y recapitulación final sobre unas notas de la guitarra que dan sensación de cierta improvisación.

 El resultado se traduce en una canción deliciosamente fresca, magníficamente ensamblada y que evita en todo momento los contrastes rítmicos, manteniendo una línea de tempo similar, algo que no es tan fácil como aparentemente parece. En mi opinión, se trata de una de las mejores canciones de Luz Casal y la que posee un arreglo más trabajado. Ahí os dejo la letra.

Tú juegas a quererme,
yo juego a que te creas que te quiero.
Buscando una coartada,
me das una pasión que yo no espero
y no me importa nada.
Tú juega a engañarme,
yo juego a que te creas que te creo,
escucho tus bobadas
acerca del amor y del deseo
y no me importa nada, nada
que rías o sueñes
que digas o que hagas
y no me importa nada
por mucho que me empeñe
estoy jugando y no me importa nada.

Tú juegas a tenerme,
yo juego a que te creas que me tienes
serena y confiada
invento las palabras que te hieren,
y no me importa nada.
Tú juegas a olvidarme
yo juego a que te creas que me importa,
conozco la jugada
sé manejarme en las distancias cortas
y no me importa nada, nada
que rías o sueñes
que digas o que hagas
y no me importa nada…

La Familia de Carlos IV – Francisco de Goya 28 Abril 2009

Posted by leiter in Análisis pictórico.
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* Óleo sobre lienzo
* 280 x 336 Cms
* Realizado en 1800
* Ubicado en el Museo del Prado

 

 A Goya le tocó vivir en un momento histórico decisivo en la historia de España, la Guerra de la Independencia, ante en la que en ninguna ocasión adoptó una postura de indiferencia; al contrario, muchos le tacharon de afrancesado ante una presunta inclinación por las ideas liberales y, sobre todo, por el descarnado naturalismo con el que retrató ocho años antes a la familia del soberano Carlos IV, uno de los retratos psicológicamente más veraces que jamás se hayan realizado de los miembros de una casa real y que desató no pocas suspicacias en los ambientes cortesanos. Sin embargo, Goya era un gran patriota, como así lo demuestran los dos cuadros dedicados a los sucesos de mayo de 1808, partidario de las ideas que tomarían cuerpo en la Constitución de Cádiz de 1812 opuestas al absolutismo del Antiguo Régimen. Tras el fracaso del levantamiento de Riego, en 1823, Goya decidió fijar voluntariamente su residencia en Burdeos, donde falleció.

 La subida al trono de Carlos IV marca el inicio del período profesionalmente más brillante del artista aragonés. Es significativo que al poco tiempo el rey le nombrase Pintor de Cámara, convirtiéndole en el creador de retratos oficiales de los monarcas y a pesar de que el artista no intentara favorecerlos con un aspecto físico que la naturaleza les había negado. Esta labor como retratista se completa con encargos particulares, dando lugar a un conjunto de pinturas pocas veces igualado en este género por su exquisita sensibilidad.

 El prestigio que supuso para Goya la posesión del título académico de San Fernando — merced a su Cristo Crucificado — contribuyó a que empezara a relacionarse con grandes personajes que se disputarán sus obras. Todos ansiaban posar para el famoso artista y llegó incluso a retratar al Conde de Floridablanca. Su nombramiento como Pintor Real en 1786 va a permitir que Goya se convierta en el pintor de moda de la alta sociedad madrileña. En los retratos realizados durante estos años se advierte una transformación gradual: Goya, liberándose de las normas al uso y mediante rasgos descriptivos, tratará de reflejar la humanidad de los personajes y esta característica se observará preferentemente en los retratos femeninos. Cuando por fin Carlos IV sube al trono en 1789, Goya recibe gozoso la noticia de su nombramiento también como Pintor de Cámara del nuevo rey, asignándosele con ello un sueldo de 50.000 reales. Tanto el rey como su esposa María Luisa posarán en varias ocasiones para el pintor, quién gozaba de mucha simpatía por parte de los soberanos.

 Fue en 1800 cuando el monarca Carlos IV le encarga un retrato de la familia real y para ello, durante el verano del mismo año, Goya prepara una serie de esbozos al óleo con los que distribuir formalmente a los distintos personajes. Con gran refinamiento de matices y modelado dentro de una total espontaneidad, el pincel del artista fue sugiriendo aquellos rasgos y efectos imprescindibles para que, al estimular la retina del espectador, recreasen la totalidad de la forma real, con sus diferentes calidades táctiles y dentro de su ambiente lumínico y atmosférico. Sólo de esta forma podría lograrse la sensación de verdad absoluta que emana de estas imágenes, inverosímilmente acentuadas en sus valores tanto anímicos como materiales. Asimismo, sorprende la naturalidad con que está tratado el espacio, la flexibilidad en la distribución de los personajes y las variaciones lumínicas, evitando cualquier monotonía en la composición.

 La Familia de Carlos IV es, sin duda, el retrato más conseguido de Goya. Los miembros de la familia real van ataviados con ropajes suntuosos; sin embargo, a pesar del boato, el estilo naturalista que imprime el artista logra captar la individualidad de los personajes para que cada uno de ellos tenga la suficiente fuerza como para romper en cualquier momento la unidad que se espera de un cuadro de grupo. La figura dominante es la de la Reina María Luisa, situada en el centro. Realmente era ella quien se ocupaba de los asuntos políticos y su relación ilícita con Godoy — favorito del rey y mecenas de Goya — era muy conocida y estaba maliciosamente en boca del pueblo. No obstante su rostro altivo y perspicaz, Goya ha apreciado también su lado más tierno en la manera de coger a sus hijos. La figura del rey, a pesar de encontrarse un poco más adelantada hacia el espectador que la de la reina, nos parece como la de alguien resignado y conocedor de sus circunstancias, característica que acentúa la mirada un tanto nebulosa del mismo. Por su parte, Goya rinde un sincero homenaje a su predecesor, Velázquez, insertando un autorretrato parecido al de Las Meninas; aunque la diferencia estriba en que Velázquez se pintó con la altivez merecida de un artista que disfrutaba de una posición dominante, mientras que Goya se muestra más conservador y recatado, emergiendo entre las sombras de dos telas situadas al fondo a la izquierda.

 A pesar de que algunos críticos han interpretado satíricamente el abierto naturalismo de Goya, es muy poco probable que el artista arriesgara su posición en la corte de ese modo. La familia real dio su aprobación al retrato al considerar que ejemplificaba la fuerza y cohesión de la monarquía en unos tiempos que se presumían tumultuosos.

George Gershwin: Blues y jazz en la sala de conciertos 27 Abril 2009

Posted by leiter in Galería de músicos.
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  • Nacido el 26 de septiembre de 1898 en Nueva York
  • Fallecido el 11 de julio de 1937 en Beverly Hills, California
  •  

     Hijo de un matrimonio ruso emigrado a los EEUU — Gershovitz era el apellido familiar — su infancia transcurre en diversos barrios neoyorquinos, como Harlem, en donde en aquellos tiempos el jazz se estaba dando a conocer. De vocación autodidacta, a los doce años se defendía admirablemente bien en el piano por lo que su padre le anima a que estudie en serio. Su primer profesor fue Charles Hambitzer que, aparte de enseñarle piano, le adiestró en teoría musical, armonía e incluso orquestación. Aunque George inició la carrera de comercio en 1914, también a instancias de su padre, no abandonó nunca la música y llegó a componer alguna cancioncilla. Además, se colocó como modesto pianista en Tin Pan Alley para sacarse unos dólares.

     En 1916 publica su primera canción y al año siguiente actúa como pianista en Broadway. El éxito de sus canciones le abre las puertas del teatro City Fox, que lo contrata como pianista, por lo que abandona el humilde establecimiento del barrio de Tin Pan Alley. La familia Harms le contrata también como compositor de canciones y en 1918 estrena en Broadway su primera comedia musical, La La Lucille, con enorme éxito. También compone un Cuarteto de cuerda que tardará treinta años en ser estrenado. Con tan sólo 21 años, Gershwin parecía lanzado al éxito. En 1919, el músico toma contacto con el show anual de los Scandals, de George White, para quién escribe numerosas canciones en un estilo que pretendía imitar al jazz. Paralelamente, estrena una mini-ópera — una duración de 25 minutos — titulada Blue Monday Blues. En 1923 ofrece un concierto en el Aeolian Hall formado por piezas de música clásica y jazz que tuvo un éxito tan extraordinario que demostró un más que probable maridaje entre ambos tipos de música. Como consecuencia, a Gershwin se le encarga escribir un concierto que precisamente mezclase el jazz con lo puramente clásico. Como el compositor estaba aún muy poco versado en lo relativo a formas musicales, escogió la arquitectura libre de la rapsodia y así, en febrero de 1924, interpreta su magistral Rhapsody in Blue en un concierto que incluía música de Schönberg y Elgar y al que asistió Stravinski. El éxito fue descomunal y el genio de Gershwin se confirmó no ya sólo en el mundo del espectáculo, sino también en el de la música clásica.

     En 1925 estrena tres revistas en tres distintos teatros de Broadway y también el sensacional Concierto para piano, una extraordinaria síntesis entre lo clásico y lo jazzístico. (Adelantemos que este aspecto fue la mayor aportación de Gershwin al mundo de la música). El compositor no se duerme en los laureles ante el magnífico éxito de este concierto y en 1926 nos ofrece Oh, Kay!, que arrasa. También, en una faceta más clásica, compone sus maravillosos Preludios. Gershwin nunca descuidó su formación musical, estudiando continuamente para perfeccionar su oficio. Sin embargo, en 1927 fracasa con Strike up the Band, una sátira con fuetes matices políticos, pero se recupera con Funny Face and Rosalie. Fue entonces cuando vio el momento de viajar a Europa y consecuentemente pone rumbo a París, donde intentó infructuosamente que Ravel, Milhaud o Prokofiev le impartiesen lecciones. (No es que no quisieran ofrecérselas, sino que comprendieron que era una empresa del todo imposible dadas las peculiaridades compositivas de Gershwin). Tuvo la oportunidad de conocer a Alban Berg, quién le animó a seguir con su original música. Fruto de aquel viaje, en 1928 estrena en Nueva York una de sus mejores y más conseguidas obras, Un Americano en París, aunque vuelve a fracasar con Treasure Girl.

     En 1930 retoca la denostada Strike up the Band y también compone Girl Crazy, constituyendo las dos sendos éxitos. Era la época de la depresión económica norteamericana y el público solía acoger muy bien la comedia y la sátira. El cine, reconvertido a sonoro en aquellos años, le tienta pero no acaba de sentirse satisfecho en ese mundo. Durante un viaje a Cuba estrena la famosa Obertura Cubana en un estadio ante más de 20.000 personas y también conoce a Joseph Schillinger, una especie de embajador artístico de la URSS, quién va a influir a partir de ese momento decisivamente en Gershwin. En 1932 se produce el estreno de Let´em Eat Cake, una sátira política que no tuvo éxito pero que contiene una de las canciones más famosas del compositor, Mine. Ese mismo año empieza a escribir los primeros números de lo que será su gran e inmortal obra maestra, Porgy and Bess.

     En 1933 compone, atendiendo a los consejos de Schillinger, las Variaciones I got Rhythm, una obra de gran interés musical. Pero Gershwin ya sólo tenía en mente el libreto de Du Bose Heyward y su propio hermano Ira habían escrito para Porgy and Bess. El compositor se lo tomó tan en serio que incluso efectuó un viaje a Carolina del Sur junto a Heyward para estudiar sobre el terreno la realidad cotidiana y folklórica de sus personajes, no resultándole nada difícil intimar con gente tan distinta de la que acostumbraba a tratar en el mundillo teatral neoyorquino. Finalmente, el 30 de septiembre de 1935 se estrena Porgy and Bess, la mayor obra maestra del compositor, supervisada enteramente por Schillinger. La obra encumbra a Gershwin como un compositor indiscutible dentro de la historia de la música. Tras el apoteósico estreno, el compositor proyecta escribir otra ópera, más música sinfónica, de cámara e incluso coral. Pero lamentablemente todo aquello se habría de cortar abruptamente. Una serie de trastornos le hicieron visitar a un médico cuyo diagnóstico fue del todo desolador: Gershwin sufría un tumor cerebral maligno. Casi sin tiempo a una desesperada reacción, Gershwin fallece imprevisiblemente el 11 de julio de 1937, en plena madurez creativa. Su muerte es un caso lamentable de interrupción artística a semejanza de otros tantos compositores como Mozart, Schubert, Mendelssohn, Pergolesi, Arriaga, Wolf o Alban Berg.

     Gershwin fue un compositor ecléctico que escribió tanto música popular como música “seria”, aunque su mayor virtud fue la extraordinaria fusión que hizo de ambas corrientes. Su música es deliciosamente fresca, chispeante y no adolece de peligrosos amaneramientos. Supo introducir con maestría en las obras más “serias” los punzantes ritmos jazzísticos y el estilo melancólico e inconfundible del blues. Pero además se resolvió como un formidable melodista, con unas pegadizas creaciones que al instante resultaban familiares para el público y que se convertían, en la mayoría de los casos, en grandes éxitos.

    OBRAS

    - 2 Óperas, Blue Monday/135th Street y Porgy and Bess
    - 19 Musicales, destacando Lady Be Good, Funny Face y Girl Crazy
    - 6 Filmes musicales
    - Diversa obra orquestal para piano y orquesta, destacando Rhapsody in Blue y el Concierto para piano
    - Un Americano en París, Obertura Cubana, Variaciones sobre I Got Rhythm
    - 3 Preludios para piano
    - 150 Canciones

    Johannes Brahms: Intermezzo Op. 119 nº1 26 Abril 2009

    Posted by leiter in Guiños musicales.
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     En este enlace que os dejo podéis escuchar la magnífica interpretación efectuada por el pianista bávaro Gerhard Oppitz – uno de los mejores especialistas de la música pianística de Brahms y que ha llevado a cabo la grabación integral de su obra — del Intermezzo nº1, Op. 119 del genial compositor hamburgués. Brahms, al filo de los 60 años y con una carrera cumplida como pianista y compositor, mira hacia atrás y hacia sí mismo, volcando sus reflexiones y experiencias en estos monólogos en que se incluye su obra pianística constituida por los Opus 116 a 119. Son obras de breve duración, casi siempre en forma ternaria (A-B-A) y compuestas con una gran economía de medios, lo que manifiesta el predominante carácter de confesión personal expresada pudorosamente y sin alardes exteriores de técnica pianística. Sin embargo, no por ello estas obras son fáciles de interpretar, al contrario, requieren de un dominio total del instrumento, especialmente en el control de la sonoridad, y sobre todo de una muy madura musicalidad. En 1892, cuando fue escrita esta pieza, Clara Schumann —  el gran amor platónico de Brahms — empieza a sufrir un proceso reumático severo del que tiene que ser tratada con opio y con numerosos ingresos en balnearios. Fallecería cuatro años después, dejando tan desconsolado a Brahms que sólo tardaría un año en morir. La impronta de Clara es evidente en esta melancólica y bellísima pieza, un canto nostálgico de alguien que ve como la vida se va extinguiendo y como, además, los recuerdos se van precipitando a la manera de poéticas hojas de otoño que se van desprendiendo de los árboles.

     Mucho se ha escrito acerca del proceso creativo de Brahms pero el mejor testimonio es el que nos brinda su amigo Max Kalbeck, referido a los últimos años de Brahms, los mismos durante los cuales fue escrita esta sensacional pieza, y que transcribo literalmente:–”Nunca olvidaré la ocasión en que tuve el privilegio de escucharle componer sin ser yo visto. Me sorprendió grandemente el apreciar cómo un cierto aspecto demoníaco se mezclaba en su proceso creador. Me había dirigido por la mañana a su casa, situada en la carretera que lleva a Salzburgo, y me encontraba ya en el jardín cuando me di cuenta de que la puerta del salón donde se hallaba Brahms estaba abierta. En ese instante, escuché una música maravillosa que me hizo detenerme en seco. La tomé en principio como una improvisación; pero, tras escuchar las repetidas transformaciones que experimentaban ciertos pasajes, comprendí que Brahms estaba puliendo los detalles de una obra cuyas líneas esenciales ya había trazado. Se sucedieron nuevas variaciones, hasta que finalmente tocó todo el fragmento de un tirón. Pero el solo se transformó de repente en un extraño dúo: Cuanto más se enriquecía la obra, más claramente podía escucharse un singular gruñido, mitad queja, mitad gemido, que en los momentos culminantes se convertía en un auténtico aullido. ¿Habría adoptado Brahms un perro? Me parecía incomprensible que permitiese la presencia de un animal tan ruidoso en su cuarto de trabajo. Tras una media hora, cesaron simultáneamente el sonido del piano y el aullido. Al escuchar el ruido del taburete, entré en la sala, donde no había ningún perro. Brahms, algo embarazado, se secó los ojos con el dorso de la mano, adoptando la actitud de un niño sorprendido en falta: Debía haber sollozado abundantemente porque había lágrimas en su barba y su voz tenía inflexiones de ternura. Por mi parte, fingí que acababa de llegar y que nada había advertido. Inmediatamente, Brahms recuperó su jovialidad, hizo algunas bromas y se sentó de nuevo al piano para interpretar una fuga de Bach.” –

    Pepe: Una agresión impune 25 Abril 2009

    Posted by th23 in El comentario de Theniger.
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     A esta altura de la semana todos los españoles están en conocimiento de la increíble agresión del jugador Pepe (Real Madrid) al jugador Casquero (Getafe) en ocasión de la disputa del encuentro entre ellos por la Liga de Futbol Profesional de España.

    Si bien soy fanático del fútbol no es un tema que me hubiera llamado a escribir unas líneas, sino fuera por la trascendencia del episodio que a mi criterio fue descalificador para un deportista profesional.

    Muchas veces en otros ámbitos, por caso: abogados, médicos, políticos, se ha hecho mención al comportamiento corporativo a la hora de valorar la actitud de un colega, intentando poner paños fríos, justificar o desviar la atención del publico minimizando el episodio para evitar la reprobación social.

    Como era de esperar el colectivo del futbol no escapó a la regla pues el negocio hace que se diga lo políticamente (¿O debería decir futbolísticamente?) correcto.

    Por activa o por pasiva tanto la dirigencia, deportistas y periodistas “especializados” han opinado sobre el episodio con algunas perlas que merecen ser citadas:

    Jugador: no es una actitud digna de un jugador del Madrid.
    Entonces, ¿Si lo hubiera hecho alguien de otro equipo lo justificaría?

    Periodista deportivo: hay que entender lo que está en juego y la presión que recibe un jugador en el campo de juego.
    ¿Pregunto qué mayor presión que la de un currante que tiene que llevar todos los días el pan a su casa para alimentar a su familia, con la incertidumbre de no saber si mañana engrosará la lista de parados?

    Seleccionador: todos en nuestra vida deportiva hemos hecho algo de que arrepentirnos.
    ¡Sin comentarios!

    Dirigente: no debemos criminalizar un hecho que es fruto de la pasión por este deporte.
    Pues entonces justifiquemos la violencia de género y el crimen pasional

    Pero para hacer más grotesca la acción de defensa todavía, agregan que Pepe es una persona tímida, callada y que nunca había actuado de esa manera.

    No discuto las características personales de Pepe, pero la defensa del colectivo hacia el jugador es como si al responsable de un asesinato se lo sobreseyera por el hecho de que hasta que lo cometió no hubiera demostrado ser violento, llevaba a sus hijos todos los días a la escuela y concurría a misa todos los domingos.

    Mi única reflexión es que, así como en televisión existe la telebasura, se debe acuñar el término futbolbasura.

    No vamos a descubrir ahora que el futbol como deporte hace décadas que pasó a ser un negocio, pero ello no implica que para llevarlo adelante se pierdan valores esenciales de la condición humana como es el respeto por la vida del prójimo.

    El otro aspecto que me llama la atención es que todo lo que he escuchado como posible sanción quedaría en el ámbito deportivo, con una sanción ejemplar de 12 jornadas sin poder jugar (¿Será con suspensión de jornal o es mucho castigo?). Por comparación, en el rugby, deporte violento de por sí, existe la suspensión de por vida para acciones como la señalada.

    Desde mi óptica, quizás muy personal, el episodio pudo haber terminado con la vida de una persona (por azar no alcanzó la nuca de Casquero). Claro que, entonces la defensa por parte del colectivo hablaría de fatalidad, azar, mala suerte, etc… Cuando creo que la acción tiene el calificativo de acción criminal.

    No hay dinero, pasión o presión que pueda justificar un episodio como el descrito.

    En algunos países no tan desarrollados como España existe legislación de espectáculos deportivos que encuadran estas situaciones dentro del ámbito de incitación a la violencia, facultando a la fiscalía de turno a intervenir de oficio. Luego no nos lamentemos del comportamiento de los ultras, barrabravas o como les quieran llamar .

    Quizás algunos piensen que estoy dramatizando, pero no olvidemos que la juventud por su propio raciocinio o fruto de la presión mediática toma como referentes o modelos a los deportistas. No hace mucho tiempo una encuesta entre niños en edad escolar a la pregunta sobre qué querían ser de grandes respondía inequívocamente “futbolista como fulanito”

    Por último, señores del negocio del fútbol, tomen conciencia de sus responsabilidades y condenen como corresponde actitudes como ésta, estarán más tranquilos de conciencia, podrán mirar a sus hijos a la noche y su chiringuito no peligrará pues muchos como el que escribe seguirán disfrutando de este deporte, eso sí, añorando los tiempos en que se transpiraba la camiseta por amor al club, no existían los agentes y se cobraba cuando había dinero.

    Buen fin de semana

    THENIGER

    El amargo sabor de la decepción 24 Abril 2009

    Posted by leiter in Vivencias.
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    decepcion 

     Las circunstancias que envolvieron mi primer encuentro con María José no pudieron ser más accidentadas: Regresaba yo por la mañana a mi domicilio después de haber dado un breve paseo con mi perro cuando, ya en el interior del portal de la finca, observé como un grupo de chicas jóvenes bajaban las escaleras procedentes de la entreplanta. De pronto, una de ellas debió de tropezar con algo y, tras un par de circenses titubeos, comenzó a rodar sobre los peldaños en unos instantes que se me antojaron del todo angustiosos. La pobre se dio tal encontronazo contra el rellano final que hasta mi perro se puso a ladrar despavorido. Tan pronto como pudimos reaccionar, don Francisco — el conserje del edificio — y un servidor acudimos prestos en su ayuda, temiéndonos que tal considerable impacto contra la marmórea loseta hubiese tenido las preocupantes consecuencias que afortunadamente para la chica no se hubieron posteriormente de confirmar. Sentamos a la joven sobre un sofá del portal y ésta nos tranquilizó al indicarnos que, pese al dolor que sufría puntualmente en una cadera, se encontraba bien, que todo no había sido sino un percance sin mayores complicaciones que las lógicas molestias. Mientras que sus compañeras, ya calmadas, volvían a subir a la entreplanta en busca de un vaso de agua que la joven accidentada había solicitado, al pronto vi bajar corriendo por las mismas a una mujer aparentemente de mi edad, de menuda estatura, en cuya expresión se advertía un claro gesto de sincera preocupación. Sin percatarse de mi presencia, se acercó al sofá donde se encontraba la chica recién accidentada: –”Ana…¿Estás bien? He escuchado un golpe tremendo desde la oficina y las compañeras me han dicho que te has caído… ¿Quieres que llamemos a una UVI móvil? ¿De veras que te encuentras bien?”--  Tras explicarle con detenimiento a aquella mujer lo que había acontecido con Ana, quién ya se encontraba del todo restablecida, se me presentó: –”¿Es usted vecino de aquí? Ah… Gracias. ¡Vaya manera de inaugurar las nuevas oficinas! Le agradezco mucho su interés por mi compañera de trabajo. Me llamo María José”–  Durante esos breves instantes de cortesía me apercibí de como María José no dejaba de dirigir su mirada hacia los llamativos y exagerados tacones que portaba la recién accidentada Ana, componiendo simultáneamente una pícara sonrisa que me resultó del todo cómplice.  –”Desde luego, Ana, con esos tacones tan altos que sueles llevar no creo que esta sea la última vez que hayas de caerte por las escaleras…”–  Según me informó don Francisco con posterioridad, el local de la entreplanta había sido arrendado a una empresa subsidiaria de una conocida compañía de suministros eléctricos. Dicha empresa se encargaba de tramitar las numerosas incidencias que surgían a diario como consecuencia del inmenso volumen de clientes y para ello contaba con una plantilla de unas quince jóvenes a cuyo mando se encontraba la encargada, María José. Me alegré de aquel soplo de bendita juventud que adquiría el edificio, máxime cuando la edad media de su vecindario rondaba los 75 años, aproximadamente — Y eso, tirando por lo bajo — y en el que los únicos “jóvenes” que habitaban el mismo éramos Celia y yo. Aunque yo creo que lo que más me llegó a animar fue el hecho de que con frecuencia me cruzaba en el vestíbulo con aquellas guapas y simpáticas chicas, algo realmente estimulante para todo un incondicional admirador de la belleza femenina como yo. Muchas fueron las ocasiones en las que coincidí con María José en la entrada del portal y ello era debido, mayormente, al compulsivo vicio de fumar del que adolecía la encargada y que provocaba que cada dos horas, aproximadamente, se ausentase unos minutos de la oficina para liarse un pitillo junto a la cancela del portal. Siempre nos sonreíamos mutuamente al vernos y ante mis requerimientos sobre el estado de salud de la antaño accidentada, María José me respondía: –”No, está bien, de veras. Le duele un poco la espalda y tiene un moratón en un brazo, pero se encuentra bien… ¡Con esos tacones! … Jé, jé…”–  Paulatinamente fuimos alcanzando una mayor confianza durante nuestros esporádicos encuentros y así, una mañana, en lugar de compartir un cigarrillo juntos, decidimos irnos a tomar un café al bar más próximo. –”Estamos hasta arriba de trabajo, Leiter, pero lo resolvemos bien. Formamos un buen equipo entre todas… ¿Mi labor como encargada? Bueno, en un colectivo de quince mujeres trabajando en una oficina, sin presencia de hombres, los conflictos suelen surgir con cierta periodicidad. No, en serio, no lo digo por una mera cuestión sexista, ni mucho menos. Es posible que los hombres no lo entendáis, pero trabajar sólo con mujeres, en ocasiones, es complicado. Aún así, no me puedo quejar. Llevo más de veinte años en la empresa y este es uno de los mejores grupos, aunque siempre hay una bala perdida que, inconscientemente, desequilibra la labor colectiva. De todas maneras, las chicas están contentas con este traslado a una zona más céntrica. Antes estábamos en el quinto pino y ni siquiera podíamos salir a la calle a echar un pitillo. Ya ves que paradoja, Leiter. Catorce de las quince chicas fuman y en la oficina tenemos terminantemente prohibido hacerlo…”–  Durante aquella amena e interesante conversación, observé como María José se encendía un cigarrillo con el rescoldo del precedente.  –”Sí, lo reconozco, Leiter. Fumo un montón, pero te aseguro que sólo aquí, en el trabajo. La labor que desempeñamos estresa bastante. Los jefes no paran de traernos partes y más partes de incidencias y hay que tenerlo todo solucionado antes de que acabe cada jornada. Las chicas, llegada su hora, se van, pero yo tengo que quedarme un par de horas o tres más para supervisar todo y montar una guardia… ¿Mucho dinero?  ¡Qué va! Yo gano sólo un poco más que ellas como encargada pero, si te digo la verdad, no compensa. ¿Las horas extras?  No, esas no me las pagan; forma parte de mi labor…”– De aquella conversación saqué dos conclusiones: Por una parte, María José era una persona tremendamente eficaz en su labor, un lujo para cualquier empresa por su alto grado de compromiso. Por otra parte, y mucho más importante, María José aparentaba ser una persona encantadora y extraordinariamente comunicativa. En absoluto me hube de equivocar en mis apreciaciones.

     Vinieron los calores del verano y poco a poco María José y yo llegamos a alcanzar un alto grado de empatía y confidencialidad. Raro era el día en el que no coincidíamos en el portal y, consiguientemente, departíamos un rato ameno de charla. A esas improvisadas tertulias se solía unir con frecuencia Marian, la funcionaria de Correos, quién pronto se ganó con su espontaneidad y sabiduría a María José, a pesar de que, incluso delante de mí, le advirtió: –”María José, ten cuidado con Leiter. Ahí donde le ves, y aunque parezca que no ha roto un plato en su vida, es un ligón compulsivo. No tiene remedio; le pierden las mujeres…”–  Aquella “simpática” — y no menos verdadera apreciación de Marian — tuvo su origen en un particular momento en el que pregunté a María José por una de las chicas con quién a menudo la veía conversar.  –”Sí, mujer, el otro día venía yo con el carro del supermercado y te vi hablando con ella. Es una chica monísima — mejorando lo aquí presente, claro está — jovencita que apenas rondará los treinta años, rubia, de ojos claros, finita… ¡Una chica preciosa!”–  Maria José, afirmando con la cabeza, me contestó: –”¡Ahhh… Ya sé a quién te refieres! ¡A Anna, la rusa! No, no; no es española, aunque habla perfectamente el castellano, sin ningún acento. Sí, la verdad es que la chica es muy guapa y, sobre todo, buena trabajadora. Entiende todo a la perfección y su labor es absolutamente encomiable. Últimamente afirmaba no encontrarse bien de salud y por eso me has visto hablando con ella… ¡Pobrecita! Decía que tenía la sensación de que se iba a morir pronto… Yo creo que tiene un poco de melancolía por su tierra, eso es todo. Pero, en realidad, es una niña estupenda. No da problemas y cumple con su trabajo a las mil maravillas”–  Otra mañana, desde lo lejos, observé como María José discutía acaloradamente con otras dos chicas junto a las inmediaciones del portal. No quise molestar, ni mucho menos entrometerme en conversaciones del todo ajenas, por lo que opté por pasar de largo. Días después, María José me explicó el motivo de aquella aparente disputa dialéctica: –”De un tiempo a esta parte las cosas están un poco revueltas en la oficina. Los jefes nos aprietan cada día más y tanto agobio provoca que por nada salten los conflictos. Esas dos chicas se habían mutuamente insultado por una tontería, por una cuestión sin importancia. Es lógico y lo comprendo; nos están atiborrando de trabajo y, aún así, no quieren meter más personal. Lo he hablado en decenas de ocasiones con los jefes, pero ni caso. Basta con que una chica se acoja a una baja temporal por cualquier motivo para que todo repercuta en el resto del grupo. Así, no damos abasto… El otro día me tuve que poner seria con esas dos compañeras; no puedo consentir que se llegue al insulto, que se desequilibre toda la labor del grupo. Pero, con este ritmo de trabajo… No sé. No me gusta nada cómo se están desarrollando los acontecimientos en la empresa durante estos últimos meses”--  Fue esta la primera vez que noté un tanto tensa a María José, sin esa contagiosa sonrisa que iluminaba bellamente su rostro. Pero cuando más me hubo de sorprender María José fue una tarde-noche de ese caluroso verano, en plena jornada intensiva, cuando saliendo Celia y yo del edificio con la intención de dar un paseo aprovechando la tenue brisa, nos encontramos en el portal con María José: –”¿Pero qué demonios haces tú aquí a estas horas? ¿No estabais ya en jornada intensiva?”– Pregunté sorprendido, luego de presentarle a Celia.  –”Ya ves, Leiter; esta semana se me han puesto enfermas dos chicas y, encima, otra se ha largado. Se ha despedido. Como encargada, me tengo que hacer cargo de todo el trabajo de ellas y no me llega el tiempo… No, no; no te creas que estas horas extraordinarias me las pagan. El trabajo hay que terminarlo y punto. En fin, que este verano me estoy chupando horas y horas como una gilipollas…”–  Durante algunas semanas no tuve oportunidad de sostener ni una mínima charla con María José ya que siempre que nos cruzábamos por las inmediaciones del portal estaba acompañada de dos o más chicas. Una mañana, antes del mediodía y cuando me disponía a salir a comprar el periódico, noté un tremendo alboroto en el vestíbulo del portal. Con la mirada, interrogué a don Francisco, el conserje: –”No sé qué ocurre hoy en la oficina, señor Leiter, pero están las chicas continuamente subiendo y bajando. He podido ver cómo protestaban entre ellas e incluso como dos estaban llorando a lágrima viva… No sé, pero me huelo que algo raro pasa aquí”–  Una semana antes de marcharme de vacaciones, estaba ya entrando en el portal después de haberle dado un paseo a mi perro cuando, de forma sorpresiva, dadas las circunstancias, María José me agarró del brazo: –”¡Hombre, Leiter! Te tengo abandonado últimamente. Venga, vamos a tomarnos un vino… ¿El perro?… ¡Anda, joder, déjaselo un rato al portero!”– Observé como María José se encontraba visiblemente alterada y con unas ganas tremendas de querer expresar muchas cosas al mismo tiempo.  –”¡Qué mal rollo estamos teniendo en la oficina! Estos cabrones de jefes, que sólo se pasan por aquí para darnos el coñazo, cada día nos exigen más con menos medios. Lo malo es que ahora parecen haberla tomado conmigo. No paran de molestarme y de darme justificaciones que considero del todo absurdas. ¡Joder, que llevo más de veinte años en la empresa y sé a la perfección cómo he de realizar mi trabajo! Ahora, ya nadie se fía de nadie y las chicas apenas se hablan entre ellas… ¡Con lo que era este grupo! Me da en la nariz de que va a haber cambios en breve y que, por si no fuera poco, van a despedir a alguna chica… ¡Encima! ¡Como tenemos tan poco trabajo! ¡De veras, no lo entiendo, Leiter!”–  En los escasos diez minutos que duró nuestra conversación, María José se encendió hasta tres pitillos, uno de ellos cuando ya tenía otro recién prendido… Sinceramente, nunca he llegado a comprender las extrañas y complicadas actuaciones que realizan los dirigentes y ejecutivos de determinadas empresas. Parece como si alguno tratase de justificar su labor poniendo trabas al trabajador ¿No será mejor tener un buen ambiente de trabajo para lograr una mayor eficiencia y productividad en el mismo? ¿O, quizás, la política de conseguir mayores beneficios al menor costo posible significa que necesariamente se intente exprimir a los empleados hasta extremos del todo insostenibles? Yo, que la única experiencia en estos temas ha sido la de dirigir un pequeño bar durante unos años, procuré que los empleados a mi cargo trabajasen en unas condiciones inmejorables, intentando crear para ello un ambiente laboral que consideré sensato y llegando incluso a comprometerles a unas mayores ganancias en virtud al incremento de la facturación. Si en algún momento me veía obligado a dar un toque de atención a alguno, procuraba hacerlo a puerta cerrada y a solas con el empleado de turno, exponiéndole claramente el origen de mis quejas y preguntándole si existía alguna desconocida circunstancia para mí que provocaba un menor rendimiento cualitativo sobre lo que solía ser habitual. Si al final eché el cierre al negocio fue porque el bar suponía un verdadero quebradero de cabeza para mí, acabando por ignorar todo cuanto tenía relación con él. Así se lo hice saber a los empleados, preocupándome de que tuvieran preparada una alternativa laboral — e implicándome en la misma — antes de que llegara la hora fatídica del definitivo cierre del negocio. Clausuré el bar porque me dio la gana, pero nunca por los malos oficios de mis empleados quienes, en el tiempo en que yo estuve como encargado, cumplieron con su trabajo con la mayor dignidad posible, unos mejor que otros, como es natural.

     Tardé en volver a coincidir con María José a la vuelta de las vacaciones. Ocurrió durante una sobremesa, cuando volvía de compartir una estupenda comida y posterior velada con unos antiguos compañeros de estudios y de trabajo.  –”¡Hombre, ya estás aquí de nuevo, Leiter!” – La cara de esta nerviosa y menuda mujer era todo un poema, con síntomas más que evidentes que reflejaban una situación anímicamente tensa.  –”Tengo poco tiempo, Leiter. Ya te lo contaré más despacio. He de subir ahora mismo a la oficina… ¿Sabes? Ya no soy la encargada… Me han rebajado y ahora tengo el status laboral de una empleada más…”–  Pese a las inquietas prisas que mostraba María José, no pude sino preguntar del todo sorprendido: –”¿Cómo dices? ¿Qué te han rebajado de categoría? ¿A ti, que te has pasado todo el santo día encerrada en esta oficina? ¡No me lo puedo creer! Pero, entonces… ¿A quién han puesto en tu lugar?”–  María José bajó resignada la cabeza y aprecié cómo se le humedecían lacónicamente sus ojos.  –”A Anna, la rusa…”  – Mi expresión de indignación no pasó desapercibida para María José.  –”Mira, Leiter… Yo no tengo la culpa de no contar con una cara de muñequita como ella… Ni de tener sus ojos azules y su pelo tan rubio… No sé si me explico, Leiter…” – Una lágrima empezó a deslizarse por el melancólico rostro de María José.   – “Por desgracia, para el gilipollas del nuevo jefe que tenemos, es mucho más importante el físico de una persona que su hoja de servicios a la hora de atesorar méritos… No, Leiter, no seas ingenuo. Esa niñata ya ni me dirige la palabra sino es para censurarme algo delante de todo el grupo. Ahora ya no la sirvo de nada… He pasado a ser su subordinada y me está puteando durante todo el día… Es muy humillante para mí”–  En esa misma semana, coincidí con María José a la entrada del portal a punto de caer la tarde: –”¡María José!”–  Pero, con un gesto oscilante de su brazo izquierdo, me hizo unas silenciosas indicaciones que no invitaban precisamente al diálogo. Las lágrimas brotaban como chorreones de sus ojos mientras que apoyaba su espalda contra la marmórea fachada del edificio, componiendo una mirada que destilaba, entre las nebulosas de su sempiterno cigarrillo, el amargo sabor de la decepción. Comprendí que no era el momento más adecuado para sostener una conversación y me fui de allí procurando ser lo más discreto posible. Ya nunca más volví a ver a María José y, transcurridas unas semanas de aquella patética escena, no tuve más remedio que preguntar a don Francisco, el conserje de la finca: –”No, ya no trabaja aquí, señor Leiter… Esto… ¡Leiter! — perdóneme, es que no me acostumbro a llamarle así… A llamarte, quiero decir — Según me contó, acabó por renunciar al trabajo y solicitó la liquidación. Me da a mí que a esa pobre le estaban haciendo la vida imposible. Y, créame, señor… ¡Créeme, Leiter! Que para nada era mala chica esa tal María José. Siempre que salía a echarse su pitillo me decía si quería un café o un refresco… Conmigo siempre fue respetuosa y amable, pero ya se sabe cómo son las envidias… Por cierto, al despedirse, me dio muchos recuerdos para us… ¡Para ti, Leiter!”–

     Han pasado ya muchos meses de aquellos tristes episodios que culminaron con la penosa y a todas luces injusta marcha de María José de aquella compañía que aún sigue ocupando el local de la entreplanta del edificio donde habito. A menudo suelo seguir viendo a alguna que otra chica fumándose un cigarrillo junto a la puerta de acceso a la finca y no puedo entonces dejar de acordarme de María José, una mujer de la que guardo un estupendo y entrañable recuerdo. Estoy convencido de que, pese a la actual crisis económica y laboral que padecemos, no habrá tardado en encontrar otro trabajo acorde con sus extraordinarias dotes. O, al menos, ese es mi mayor deseo. ¿La rusa? Por ahí sigue y en algún momento nos hemos cruzado en el vestíbulo del portal, aunque yo me hago el despistado cuando dicha anecdótica circunstancia ocurre. De todas maneras, me dan unas ganas tremendas de espetarla a la cara: –”¡Guapetona… ! Quién a hierro mata, a hierro muere. Nunca lo olvides…”

    Bandrés, un hombre en busca de la paz 23 Abril 2009

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     bandres

     Lo primero de todo, desearle a usted, don Juan María, una plena recuperación y que esos fastidiosos achaques no se le vuelvan a repetir. Porque usted fue uno de los primeros que comprendió que la lucha armada no tiene ni sentido ni justificación cuando se vive en un marco de libertades democráticas. A todos nos quedará ese recuerdo feliz que supusieron las conversaciones con antiguos militantes etarras cuyas manos no estaban manchadas de sangre inocente y su posterior inserción en las filas de la formación política que usted dirigía, liquidando de un plumazo ETA pm (VII Asamblea), y demostrando que cualquier idea puede y debe ser defendida dentro de unas reglas democráticas y nunca bajo el uso coactivo de la fuerza de las armas. Desgraciadamente, otros no siguieron este ejemplo y todavía por ahí siguen, ciegos, ignorantes y con una percepción distorsionada de la realidad, ensuciando el buen nombre de Euskadi mediante tiros en la nuca y bombas indiscriminadas. Allá se pudran para siempre en la cárcel. Pero su labor, don Juan María, no se paró ahí y, además de trabajar por la pacificación de Euskadi, es usted un activo defensor de los derechos humanos y un hombre comprometido con su trabajo solidario en favor de los refugiados. En estos tiempos un tanto turbios, se echan de menos personajes de su altura y honestidad política con independencia de sus posicionamientos ideológicos, que cada cual es muy libre de tener los suyos. Mi reconocimiento y mi admiración, don Juan María. La historia sabrá agradecer su gran labor.

    Diez pinturas inolvidables IX (Museo Thyssen-Bornemisza) 22 Abril 2009

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     museo-thyssen

     Nos llega el turno de hacer la selección en una de las mejores colecciones de pintura del mundo, la llamada Colección Thyssen que alberga el museo del mismo nombre. Primeramente he de reconocer la dificultad que me ha supuesto elegir diez pinturas en una inmensa colección que ronda los 1.000 cuadros y que abarca todos los estilos imaginables, desde la pintura gótica hasta el Pop-Art. He intentado hacer una selección abordando la mayor faceta estilística posible y ello ha sido el motivo de que muchas obras geniales de Goya, Vermeer o Picasso se hayan quedado fuera de la misma. Ni es la mejor selección, por supuesto, ni tampoco la más ecuánime. Pero después de mucho pensarlo me he decantado por estos cuadros. Espero que os guste, especialmente a la madrina de este bar de copas, mi admirada Amalia, alma de esta serie de entradas que comenzó con una selección de El Prado para luego seguir con El Louvre, La Galería de los Uffizi, La National Gallery londinense, El Rijksmuseum  de Amsterdam, El Orsay parisino, el Metropolitan de Nueva York  y la Alte Pinakothek bávara. La cacareada catástrofe cósmica que amenazaba este mundo y que dio pie a estas series ha sido un camelo. Pero seguiremos en la labor de seleccionar los mejores cuadros. Con estos, ya tenemos noventa. ¿Qué tal el Kunsthistorisches vienés para la próxima entrega? Bueno, a ver qué os parece mi selección.

    van-eyck

     1- DÍPTICO DE LA ANUNCIACIÓN de Van Eyck: Catalogada como obra de Van Eyck desde 1934. La pintura está concebida como un escultural díptico trabajado en grisalla. El fondo se realizada tan magistralmente que no sólo reproduce los contornos de las figuras sino que nos muestra, en el caso de la Virgen, la parte posterior de su figura como si de un espejo se tratase. Por la posición adoptada de los protagonistas, parece como si éstos fuesen a abandonar el marco de la pintura. Los pliegues tienen una considerable dureza visual y los protagonistas reposan en peanas hexagonales. En la sala donde está actualmente expuesta esta pintura, muchos visitantes, a lo lejos, se confunden y sorprenden al descubrir que no es una escultura sino un cuadro. Tal es la asombrosa perfección técnica.

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     2- RETRATO DE GIOVANNA TORNABUONI de Doménico Ghirlandaio: Una de las joyas de esta fabulosa colección y uno de los retratos más elegantes de toda la historia de la pintura. Es un modelo del característico retrato florentino del Quattrocento, donde el cliente posa erguido, de perfil, con los brazos en reposo y las manos juntas. En el cuadro aparecen muchos detalles que sirven para aludir a la vida pública de la retratada, Giovanna de Tornabuoni, mujer de un conocido y rico noble florentino. La leyenda que aparece en el cuadro es un epigrama de Marcial: “¡Oh, arte, si fueses capaz de representar las costumbres y el alma no existiría en el mundo un cuadro más bello”. La belleza ideal de la retratada corresponde a los principios teóricos del Quattrocento que recogen modelos de la Antigüedad clásica y los combinan con los rasgos individuales del cuadro pintado. Este cuadro me lo llevo a mi casa. Sublime obra.

    carpaccio

     3- JOVEN CABALLERO EN UN PAISAJE de Vittore Carpaccio: Atribuido inicialmente a Durero, es uno de los cuadros más famosos del Museo y sirve para ilustrar la portada de alguna de sus guías. Al serle practicado un proceso de limpieza, en 1958, se descubrieron las inscripciones con la ficha, firma y leyenda. El detallismo y minuciosidad de la flora es verdaderamente antológico. La identificación del personaje es todo un misterio, aunque abundan las distintas conjeturas. De tratarse de un retrato, sería el primer ejemplo conocido en que el cliente posa de cuerpo entero. Hay algo de inquietante y misterioso en esta pintura y ello ha dado pie a que se interprete como un cuadro funerario, donde la flora y fauna no son sino meros símbolos alusivos a la pureza y la corrupción. De cualquier manera, el cuadro me parece prodigioso.

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     4- SANTA CATALINA DE ALEJANDRÍA de Caravaggio: El Thyssen tiene el lujo de contar con una de las mejores obras del maestro lombardo. Inicialmente se dudó de su autoría, pero desde 1922 es opinión unánime que la pintura pertenece al gran Caravaggio. El potentísimo claroscuro acentúa el sentido expresivo de toda la escena. La santa se nos presenta lujosamente vestida — en consonancia con su rango de princesa — y arrodillada en lo que parece un cojín de Damasco. La gama cromática de los ropajes es admirable y el juego de líneas de los distintos objetos que hacen alusión a su martirio es de una extraordinaria eficacia pictórica. Se piensa que el modelo elegido por Caravaggio fue el de una cortesana que frecuentó el círculo del artista.

    brugghen

     5- ESAÚ VENDIENDO SU PRIMOGENITURA de Hendrick Ter Brugghen: El maestro de Utrecht está considerado como uno de los más fieles seguidores de Caravaggio y este lienzo es buena prueba de ello. Brugghen se sirve de una composición cerrada, muy habitual en el conjunto de su obra, donde los personajes se pliegan hacia el centro, espacio que queda reservado para una vela que constituye el único foco de luz y que contornea los perfiles y cuerpos de los personajes con un intenso juego de claroscuros. Las manos de los personajes adquieren un relevante protagonismo y son todo un monumento de expresividad. En cuanto a la gama cromática, es muy arriesgada (Marrones, verdes, violetas…) pero admirablemente resuelta por el pintor. Extraordinario cuadro que, con vuestro permiso, también me llevo a casa.

     hooch

     6- INTERIOR DE UNA MUJER COSIENDO Y UN NIÑO de Pieter de Hooch: Pese a que el museo cuenta con algún que otro ejemplar de mi venerado Vermeer, he decidido incluir esta preciosa obra de Hooch, muy característica de la pintura holandesa del siglo XVII y que, indefectiblemente, nos recuerda al inmortal pintor de Delft. El cuadro es un ejemplo típico de la pintura interiorista holandesa de la época y nos permite asomarnos a una escena cotidiana de la incipiente burguesía de aquel momento. La mirada de la mujer hacia el chico es de un lirismo irreprochable, aunque, a mi juicio, lo mejor de la tela es el magistral detallismo que envuelve a todo el cuadro. El espacio se crea, de forma verdaderamente sublime, por el juego de luces, el enlosado del suelo y la puerta que da acceso a una habitación que se deja entrever a la derecha. Este lienzo me eriza el vello. Obra maestra sin posible discusión.

    friedrich

     7- MAÑANA DE PASCUA de Caspar Friedrich: Yo siento decirlo, pero es que a mí este pintor me pone a cien… La sensación religiosa de unos árboles que están echando yemas junto a la mera contemplación de los brotes del campo que han sobrevivido al invierno es verdaderamente mística. Tres mujeres caminan hacia el cementerio por la mañana muy temprano, cuando aún no ha amanecido del todo y la luna permanece todavía alta en el firmamento. ¿Se puede ser más genialmente simbólico?  Nunca se ha expresado un sentimiento tan religioso sin recurrir al tradicional repertorio de imágenes directamente alusivas. El cuadro es un prodigio interpretativo de la vida y la otra vida después de la muerte. Hay una clara referencia a la resurrección y el silencio del cuadro es tan patéticamente doloroso como esperanzador. Genial Caspar David Friedrich.

    pisarro

     8- LA CALLE SAINT-HONORÉ (EFECTO DE LLUVIA) de Camille Pisarro: Este portentoso lienzo es uno más de la serie que entre 1897 y 1898 pintó Pisarro desde la ventana del hotel parisino situada en la Place du Théâtre de Paris. Este modelo pictórico de vista urbana ya había quedado anteriormente establecido por Monet en sus lienzos del Boulevard des Capucines. La escena es de primera hora de la tarde, después de un chaparrón lluvioso, como así se advierte en los numerosos paraguas abiertos de los personajes que caminan por las calles. El delicado punto de vista consigue que la composición tenga un aire fortuito, en consonancia con las aspiraciones impresionistas de pintar realidades. El cuadro significa un excepcional ejemplo de relación entre la modernización urbana de París emprendida por Napoleón III y la nueva pintura impresionista.

    matisse

     9- CANAL DU MIDI de Henry Matisse: La pintura es completamente neoimpresionista, con marcados empastados y fuertes tonos lumínicos. Matisse no superpone los colores y emplea el gris claro para amplias zonas del fondo, actuando como tono neutro que permite la plasmación de los carmines y naranjas de la puesta de sol. El cuadro forma parte de una serie que Matisse pintó entre 1898 y 1899 y que se corresponde con la estancia del artista en Toulouse tras una temporada vivida en Córcega. El cartón supone una de las primeras aproximaciones del autor a la luz y el color, aunque en absoluto es naturalista y revela, en mayor medida, el subjetivismo cromático que unos años más tarde caracterizará a todo el movimiento fauvista. En este cuadro empezamos a atisbar al grandísimo Matisse.

    lichtenstein1

     10- MUJER EN EL BAÑO de Roy Lichtenstein: Los años sesenta supusieron el abandono del expresionismo abstracto y la llegada de una nueva corriente artística, el Pop Art. Lichtenstein, al igual que Warhol, empieza a fijarse en los objetos cotidianos, en los anuncios comerciales y en todo aquel producto propio de una sociedad de consumo en relación con la bonanza económica experimentada en esa década. En este impresionante lienzo — nada que ver su observación al natural con las ilustraciones al uso — Lichtenstein aplica la llamada técnica Benday de puntos, la misma con la que se imprimían entonces los cómics y que establece una conexión entre el arte y la cultura popular. Este cuadro, pintado en 1963, presenta un tema recurrente en la historia de la pintura — Baño de Venus — aunque con una imagen muy habitual de los artistas Pop. La pintura está realizada con unos elementales cromatismos de colores primarios aplicados con la ya referida técnica Benday. El resultado es verdaderamente espectacular; he llegado a estar parado frente a esta obra maestra durante media hora. Y mi asombro cada día es mayor.

    La azarosa vida de Pepe, el torero 21 Abril 2009

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    elbala 

    San Sebastián de los Reyes, año 1967: Espeluznante cogida de El Bala en el segundo de la tarde. Como consecuencia de la misma hubo de serle amputada la pierna días más tarde. Ya por la mañana durante en el encierro, ese mismo toro — según algunos testigos — hirió mortalmente a un mozo. En dicha corrida intervino, aparte de Vicente Perucha y el malogrado El Bala, el protagonista de nuestro relato.

     Pese a haber llegado quizás demasiado tarde al soñado debut con picadores, los esfuerzos bien que merecieron la pena. Fueron largos y duros inviernos caminando a través de los campos, de aquí para allá, de capea en capea, con el hatillo sobre las espaldas y con la firme voluntad de cambiar el insustancial destino existencial que el azar le había otorgado desde su nacimiento. Ya dijo don Luis Mazzantini a principios del siglo XX que en la España de entonces sólo existían dos puntuales formas para hacerse famoso y millonario sin contravenir los oportunos preceptos legales: Convertirse en un virtuoso cantante de ópera o meterse a torero (Sin dejar uno de arrimarse, claro está,  ya que si de un cuerno pende la tragedia, no menos del otro la fortuna). Puede decirse que don Luis, el torero más ilustrado que jamás haya pisado ruedo alguno, triunfó en ambas facetas, bien inscribiendo su nombre en el libro de oro de la historia de la Tauromaquia, bien destacando como un excepcional intérprete pianístico de Beethoven en sus ratos ociosos. Pero el caso de Pepe, aquel hombre serio y circunspecto del que por el barrio se comentaba que había sido torero en sus años mozos, era bien distinto al del mítico don Luis Mazzantini. De orígenes más que humildes, quiso hacer del valor la enseña de su oficio y durante años peleó junto a muchos otros maletillas para hacerse con un hueco en el complicado y poco accesible Planeta de los Toros.  –”No veas, Leiter; aquella tarde del debut con caballos, en San Sebastián de los Reyes, le corté las dos orejas a cada uno de mis toros. Me sacaron a hombros del albero y comenzaron a lloverme los contratos. No hubo plaza en la provincia de Madrid donde no llegase a torear. No recuerdo tarde donde, al menos, diese una vuelta al coso y, lo mejor… ¡Ni una cogida seria! Percances y sustos, todos. Y empecé a ganar dinero de verdad. Yo, que tuve que alquilar los ternos de toda la cuadrilla en mi debut… Esa misma temporada me llegaron a pagar hasta 10.000 duros por tarde… Y eso que el canalla de mi apoderado se empeñó en quitarme un porcentaje doble del que previamente habíamos pactado. Pero había que tragar… “–  Pepe, el maestro, de estatura más bien mediana, de duras y marcadas facciones donde se reflejaban de igual manera los años y los excesos, con un acuoso peinado que trataba de amansar los rebeldes rizos de su ya canoso cabello y con esa expresión altiva en su mirada que sólo quién se ha las ha visto delante de un toro sabe adoptar, me relataba orgulloso y soberbio sus hazañas de juventud, mezclando nostalgia y sobrada vanidad a partes iguales y componiendo una mágica iconografía al nebuloso aire que desprendía el eterno Ducados que sujetaban sus dedos color brea. Le brillaban los ojos al narrar aquellos épicos episodios, y mayormente cuando humedecía su lengua con la inseparable caña de vino blanco que su otra mano sostenía. Pero Pepe solía interrumpir su discurso, ignorando a cualquier interesado interlocutor, cuando la chirriante melodía de una máquina tragaperras anunciaba un inesperado aunque perseguido premio.  –”¡La madre que la parió!  Pues no me da la hija de putalas sandías” después de los mil duros que llevo gastados… “–  Todos en el barrio sabíamos que Pepe no disponía de tal capacidad económica como para hacer frente a sus constantes arrebatos lúdicos. Al parecer, Pepe jugaba a la máquina compinchado con uno de los camareros de La Villa  –”¡Vamos, Pepe, que la revientas!”– Le grita burlonamente Rafa el Lince, al tiempo que solicita una ronda para los allí presentes.   –”No, Leiter, no te creas que yo me burlo de Pepe. Al revés, hombre. Debe ser muy duro el trago que ha tenido que pasar en la vida, estar ahí, en la cresta de la ola y que de buenas a primeras te sientas marginado, sin un puto duro y que encima la gente te venga a tocar los cojones… “–  Fueron años de gloria, aquellos en donde una temporada tras otra ocupaba los primeros puestos del escalafón de novilleros. La alternativa era tan sólo una cuestión de tiempo y madurez personal, un paso irremediable y obligado para un diestro que estaba llamado a conquistar a la afición por su empaque y ortodoxa elegancia, muy lejos de los irreverentes tremendismos que caracterizaban a muchas de las figuras de aquella época.  –”Tú no sabes, Leiter – prosigue Rafa el Lince — cómo manejaba viruta Pepe en aquellos tiempos. Llegó a comprarse un Buick descapotable, un coche inmenso, como pocos de los que se veían por entonces en Madrid y que adquirió a un militar de los de la base de Torrejón. Y, no veas con que compañías se le veía… ¡Unas tías de escándalo!”–  Efectivamente, aquellos triunfales años que preludiaban una envidiable carrera artística se reflejaron en decenas de impecables trajes a juego con la corbata y de gabardina ceremoniosamente liada al brazo junto con el ABC, estratégicamente abierto justo por la página donde aparecían las reseñas taurinas firmadas por Díaz-Cañabate. Fueron tiempos de imperativas consignas:  –”¡Niño, invita a todo el mundo de mi parte!”–, de puntuales y muy oportunos admiradores y de amigos “de toda la vida”. Y por fin llegó la tarde de la alternativa.

     ¡Cuántos prometedores diestros que apuntaban a figuras se han eclipsado en semejante trance!  Una cosa es lidiar con novillos y otra, bien distinta, es enfrentarse a un morlaco cinqueño de proporciones más que considerables. El toricantano Pepe recibió los trastos de matar una soleada tarde de junio en la plaza de Motril y desde aquel trascendente momento su trayectoria fue tan evanescente como efímera. El resto de la temporada transcurrió con más bajos que altos y ya en las postrimerías de la misma, casi finalizado septiembre, recibió su bautismo de sangre, ineludible suceso con el que más tarde o temprano ha de enfrentarse todo torero, por muy renombrado y técnico que sea.  –”Fue también en Granada” – relataba el maestro –”Durante una de esas corridas que sirven para limpiar los corrales. Mi primer astado había resultado muy duro y bronco, por lo que no me quedó más remedio que hacerle una faena de aliño sin ninguna vistosidad de cara al respetable. Me la tuve que jugar de todas todas en el segundo, un morucho que flojeó en el caballo pero que se creció en banderillas. Desde la tarde de la alternativa había perdido mucho el sitio y me vi obligado a pegar un buen arreón de cara a la próxima temporada. Me fui a por el bicho a los medios y le pegué una buena tanda de ayudados por alto. Le gané el sitio y el muy cabrón quería pelea, se lo leí en los ojos. Culminé aquella tanda con un pase del desprecio y la plaza se puso en pie, envalentonándome con la ovación. Aquel toro no se me iba a escapar por nada del mundo y estaba dispuesto a cortarle hasta los cojones, si fuese preciso. Me crucé para iniciar los derechazos y el toro se arrancó como un avión al primer cite; guardándole la muleta en la cara, se la bajé para ligar el segundo derechazo cuando… El hijo de puta se me coló. Todavía no comprendo que fue lo que pudo ocurrir. Cargué la suerte, le marqué el pase… Pero el canalla se me coló. 25 centímetros de herida”– Pepe se alzó el pantalón con prudencia y me enseñó la espantosa cicatriz  – “…Y suerte de que sólo me llegó a rozar la femoral. Si me la parte, no lo cuento”–   Pepe reapareció durante la siguiente temporada pero luego de una dolorosa y complicada rehabilitación invernal que concedió tiempo más que suficiente como para reflexionar entre las frías paredes del Montepío de Toreros. Ya nunca fue el de antaño, aquel torero valiente y arrojado que dibujaba verdaderos carteles taurinos en cada uno de sus pases con la muleta. Aquella temporada la cerró sin alcanzar las diez corridas que únicamente había podido apalabrar e incluso en alguna de ellas llegó a poner dinero de su bolsillo en busca de una efímera gloria ante las terroríficas estampas de unos marrajos que las figuras de postín no querían ver ni en pintura. Desencantado, con escasa ilusión y no más positivas perspectivas, Pepe decidió cortarse la coleta sin haber cumplido su sueño de, al menos, confirmar la alternativa en su querido coso venteño. Como si de una ley física se tratase, el dinero ahorrado hasta entonces se fue extinguiendo de manera proporcional a un desánimo vital cuyo máximo exponente se reflejaba en inacabables veladas nocturnas empapadas de whisky con fragancias de humo. No tardó en vender el Buick y los dos apartamentos que había adquirido en Manuel Becerra por mediación de su antiguo apoderado. La dueña de una pensión le exigió un mes por adelantado y en los mismos bares donde no mucho antes había sido el centro de atención se negaron a servirle si previamente no abonaba las consumiciones solicitadas.  – “Y los amigos… ¡Ay, los amigos! ¡Ni siquiera llegaron a invitarme a un triste café!”– Añade Pepe – “Muchos de los que antes me sobaban constantemente la espalda ahora ni se dignaban en saludarme. Siempre tuve la impresión de que mi decadencia personal era motivo de alegría para ellos”–   Pepe se encontró solo, arruinado, humillado por las penosas circunstancias de una vida que no suele conceder tregua alguna a los ídolos caídos. Aún así, tuvo la suerte de colocarse como mecánico en un taller de coches, cambiando el reluciente terno por un mono grasiento. Pero, sobre todo, contó con la caritativa ayuda de una hermana que no dudó en cederle una habitación donde poder dormir y asearse. Así, con lo poco que ganaba y alguna propinilla, tuvo margen suficiente para un paquete de Ducados y unos cuantos chatos de vino blanco al día. Asumió su destino con la misma dignidad que aún conservaba de su fugaz y triunfal pasado como matador de toros. Y nunca dejó de sentirse torero. Aún así, siempre tuvo que soportar con estoica gallardía los irreverentes comentarios de una clientela activamente ignorante, sobre todo cuando a través del viejo aparato de televisión del bar de mi padre se retransmitía alguna corrida de El Cordobés.  –”Nunca pude entender como aquella panda de catetos que se juntaba en el bar de tu padre se admirase de aquel toreacabras cuyo único mérito consistía en hacer el payaso en la mismísima Plaza de Toros de Madrid…”–  A punto estuvo de llegar la sangre al río en una de esas televisivas tardes de Feria de San Isidro. Un tal Patricio que se las daba de antiguo banderillero se empeñó en darle indicaciones desde el taburete del bar a Paco Camino, quién esa tormentosa tarde no andaba muy ducho con la cruceta.  –¡A dos dedos por detrás de la testuz! ¡Qué no te enteras, Paco Camino! – gritaba socarronamente Patricio con una croqueta en la mano a modo de estoque simulado.  –”Mírale…¡Otra vez! ¡Qué no te enteras, desgraciado! ¡A dos dedos!”–  Pepe ya no pudo contenerse más:  –”¿Te quieres callar ya de una puta vez, Patricio? ¿No sabrá Paco Camino mejor que tú lo que tiene que hacer?” –  A esta afrenta, el banderillero contestó:  –”¡Oye, tú… Que yo he descabellado a muchos toros, eh! ¡Y sé muy bien lo que digo!”–  Pero Pepe, con esa enigmática e irónica sonrisa que siempre le ha acompañado, le replicó:  –”¿Tú? ¡Vamos, anda! Si lo más cerca que has estado de un toro en tu puta vida ha sido desde una andanada de sol… ¿Torero tú? No me toques los cojones, Patricio, que yo sé de sobra que tu mayor mérito fue ejercer de sobresaliente en una novillada de tercera…”–  De no ser por la intervención de algunos clientes, entre ellos Paco el taxista, gran aficionado, de las veladas acusaciones se hubiese pasado a los violentos puñetazos.

      A Pepe parecía perseguirle un mal fario existencial y, en consecuencia, perdió su empleo en el taller de vehículos dos años antes de jubilarse como consecuencia de haber cambiado de dueño el local. Tuvo que ser nuevamente su hermana quién, con un gran esfuerzo, se encargara de darle todos los lunes un billete de 500 pesetas… Y así hasta la fecha, aunque ahora ya por fin cobra una modesta pensión de jubilado. Hace unos veinte años, mientras me estaba tomando una cerveza en el bar de Los Paletos, Pepe vino a mi encuentro. Tras solicitar un chato de vino blanco Pepe me habló de una manera que yo entendí como confidencial:  –”Esto… Leiter… Tengo que hablar contigo”–  Un tanto sorprendido respondí:  –”Usted me dirá, maestro”–  Casi al oído, Pepe comenzó con su particular confesión:  –”He visto que eres muy aficionado a la fotografía y que tienes un buen equipo. Esto que te voy a pedir te ruego que quede entre nosotros, Leiter. Verás, tengo un dinerillo ahorrado y no me quiero morir sin probarme de nuevo ante un toro. Bueno… Mejor un novillo. He hablado con unos conocidos que regentan una placita de tientas en un pueblo de la Sierra y el negocio es del todo factible. Yo sólo te pido que me grabes con una cámara de esas, de vídeo, y que me hagas un reportaje fotográfico. Eso sí, claro, yo corro con todos los gastos de carretes y revelado… Y de las pilas.”–  Me quedé con la boca abierta.  –”Maestro, no me lo tome usted a mal, pero…”–  Pepe me cortó la respuesta.  –”Sí, Leiter, sí; ya sé que estoy muy mayor para esta empresa que no es sino un capricho pero… No sé cómo explicártelo: Necesito ponerme delante de un toro. Quiero volver, aunque sólo sea una vez, a sentirme torero. Es la única ilusión que me queda ya en esta puta vida”–  Me llegaron a emocionar las sinceras palabras de Pepe, de tal forma que no tuve más remedio que contestar:  –”Maestro, sea como fuere, cuente usted conmigo para lo que quiera”– Pero nunca más Pepe me volvió a comentar esa peligrosa y arriesgada iniciativa. Tal vez, fue un arrebato melancólico; o quizás Pepe no se sintió con las facultades necesarias como para colocarse frente a un novillo y desistió de tal empeño. Pero lo cierto es que nunca me ha vuelto a comentar nada en estos veinte años. En la actualidad, apenas se ve ya a Pepe por el barrio. La edad y los achaques de salud le obligan a permanecer casi todos los días en el hogar, al cuidado de su fiel y enviudada hermana. Muchos vecinos, las pocas veces que se pueden ya cruzar con él, ignoran que esa persona de rígidos y serios ademanes fue un torero como la copa de un pino a quién, lamentablemente, le falló la suerte en un momento puntual de su vida. Hoy tan sólo quedan unos recuerdos en una serie de recortes de periódico que el maestro guarda como su mayor tesoro y una breve reseña, con foto incluida, en el tomo VI de El Cossío.