AMADEUS de Milos Forman: Una extraordinaria y controvertida película 31 Mayo 2009
Posted by leiter in Guiños musicales.3 comments

Hoy vamos a comentar brevemente una de las películas más polémicas que se han realizado acerca de un músico, Amadeus, film del director Milos Forman, sobre la vida y circunstancias que envolvieron los últimos años del inigualable compositor, Wolfgang Amadeus Mozart. La cinta fue rodada en 1984 y tiene una duración aproximada de 160 minutos. Basada en el guión de la obra de teatro homónima de Peter Schaffer, la película contó con la colaboración de artistas de la talla de Murray Abraham, Tom Hulce, Elisabeth Berridge, Simon Callow o Jeffrey Jones. La fotografía corrió a cargo de Miroslav Ondrícek; el vestuario fue responsabilidad de Theodor Pistek y Christian Thuri; el montaje fue debido a Michael Chandler, Thomas Christopher y Nena Danevic. Obviamente, toda la banda sonora del film se basó en música compuesta por Mozart e interpretada por sir Neville Marriner y la Academy of St. Martin-in-the-Fields. La película constituyó un enorme éxito comercial y fue galardonada con ocho estatuillas en el certamen anual de los oscars celebrado en 1985. (Por increíble que pueda parecer, Mozart no fue ni siquiera nominado a la mejor banda sonora…)
La película es un continuo flash-back relatado por el compositor Antonio Salieri a un sacerdote que trata de encontrar una confesión a un supuesto crimen cometido por el músico — y delirantemente autoconfesado por sí mismo tras un intento de suicidio en la primera escena de la película — contra Mozart. En la primera parte de la película se describe someramente la prodigiosa infancia musical de Mozart y el interés de Salieri por conocer a una personalidad musical insigne. Contra lo esperado por el músico italiano, Mozart resulta ser un hombre aniñado y tremendamente extravagante, aunque confirmando su portentoso talento en lo que a música se refiere. Salieri, un hombre de educados y rígidos principios, se siente completamente perplejo al no comprender como ese “bobo” puede atesorar tales cualidades musicales. Trata de ganarse su confianza recurriendo a todo tipo de comportamientos, no recibiendo más que una educada pero ineludible ignorancia por parte de Mozart. El posterior hilo de la película sigue la narración de los hechos acontecidos desde que Mozart se liberó de la tutela del príncipe-arzobispo Colloredo hasta su muerte en diciembre de 1791. Salieri, carcomido por la envidia de sentirse ninguneado por la genialidad de Mozart, intenta aprovecharse del deterioro físico de éste en los últimos meses y, adoptando otra personalidad, le encarga secretamente componer una misa de requiem con la perspicaz intención de que, presumiblemente ya fallecido Mozart, pueda ser apropiada como composición del mismo Salieri, con lo que sería por fin considerado como un músico inmortal por haber “compuesto” un impresionante requiem a la memoria de Mozart. El plan se quiebra por la inesperada aparición de la mujer de Mozart, Konstanze, que se encontraba en un balneario recuperándose de una enfermedad y que al llegar a Viena y comprobar el lamentable estado a su marido, arrebata las partituras del requiem y las encierra bajo llave. La película finaliza con una esperpéntica loa – Yo me proclamo el Dios de los mediocres – de un Salieri completamente fuera de sí en el hospital mental donde se halla recluido. Sobra comentar que los hechos determinantes narrados en la película en lo que se refiere a la relación entre Mozart y Salieri son absolutamente falsos.
Amadeus es una película extraordinaria en lo que a características meramente cinematográficas se refiere, con un excelso guión que en apenas dos horas nos da las claves de la vida y circunstancias de Mozart. Con muy acertado esmero, a través de las últimas óperas de Mozart se va desarrollando el guión a la manera de capítulos en lo que podría dividirse la película, culminando con el proceso mediante el cual se gestó el famoso requiem, núcleo central de la obra. La selección de obras musicales que pueden escucharse a lo largo de la película está muy bien escogida y la interpretación escénica de algunos números de sus óperas es realmente estupenda. Existen momentos inolvidables, como el episodio donde Mozart interpreta una composición de Salieri delante del rey con sólo haberla escuchado una vez y que deja en evidencia al italiano, o la famosa escena en la que Konstanze le enseña unos manuscritos a Salieri y éste se queda absolutamente anonadado ante tal derroche de inmaculada perfección (Juro que a todos los que en alguna ocasión hemos tenido la suerte o desgracia de estudiar una partitura de Mozart nos ha ocurrido exactamente lo mismo); también es del todo admirable la larga escena final en la que Mozart va dictando parte por parte el Confutatis del Requiem a un desesperado Salieri, incapaz de asimilar la asombrosa y genial velocidad compositiva de Mozart. El hecho de que en esta parte se nos vayan mostrando por separado las distintas secciones orquestales y corales que configuran el Confutatis, mostradas luego en conjunto en un plano donde se ve la diligencia que traslada a Konstanze de madrugada rumbo a Viena, me parece todo un homenaje a la portentosa capacidad creativa del mejor músico de la historia. Pero, repito, esto no son sino dignas escenas cinematográficas. (Nadie jamás podrá filmar algo parecido a cómo realmente Mozart componía sus obras. Eso pertenece a otra dimensión humana…)
Pero Amadeus, en lo que a su trama argumental se refiere, es una película fantasiosa y completamente producto de la imaginación del guionista. Tanto la figura de Mozart como la del propio Salieri se hayan mayormente distorsionadas en la película. Antonio Salieri fue un gran admirador de Mozart y una persona que además no dejó de darle buenos consejos para tratar que éste se ganase a la empalagosa corte de Viena. A lo largo de su vida, Salieri gozó de un irrefutable prestigio como compositor, aunque se vio perjudicado por las nuevas e incipientes corrientes románticas que provocaron que su música pasara a un más que injustificado olvido en los últimos años de su vida. Ciertamente, acabó sus días ciego en un hospital y con síntomas evidentes de Alzheimer. Según el testimonio de dos enfermeras que lo atendían — dato este que no resulta nada claro – un día se confesó culpable de la muerte de Mozart. Lo más probable es que Salieri, como extraordinario músico que era, fuese consciente de que Mozart habría sido capaz de configurarse como un músico romántico de haber vivido más años, aspecto para el que el propio Salieri se había visto del todo imposibilitado. Por otra parte, Mozart siempre consideró a Salieri como uno de los más grandes compositores del momento. Pero aún es más controvertida la figura que sobre Mozart nos trata de hacer ver la película: Un “niñato” tonto, caprichoso, consentido, con ciertos síntomas de paranoia, aficionado al jolgorio y al alcohol, ingenuo, mujeriego y bobalicón, aunque con una prodigiosa capacidad musical (Esta última frase es lo más cierto de esa imagen). Mozart, por los testimonios y minuciosas biografías que sobre su persona se han elaborado, no fue en absoluto ese ser indolente con trazas de genio. Recibió una inestimable cultura por parte de su padre a lo largo de muchos años y visitó numerosos países en su infancia, teniendo que lidiar con lo más refinado y selecto de las casas reales europeas. Sin embargo, es muy probable que con el paso de los años se advirtiera en él una especie de liberación personal, una búsqueda de la infancia vivida como un adulto. Pero Mozart no fue un tipo remilgado y presuntuoso, como alguna que otra airada voz del mundo musical nos intentó demostrar totalmente indignada con el papel otorgado a Mozart en la película en las fechas recientemente posteriores a su estreno. Resulta del todo incomprensible como Mozart, a lo largo de su vida, fue incapaz de encontrar un trabajo estable y bien remunerado, siendo rechazadas todas sus solicitudes al respeto. Pese a que Mozart siempre quiso caminar por libre, como freelance, se vio obligado a buscar cargos bien remunerados que tratasen de solventar la perenne y peliaguda crisis financiera personal que arrastró a lo largo de los últimos años de su vida. Mozart murió rodeado de deudas e impagos, y su familia sólo pudo sobrevivir posteriormente gracias a los derechos de autor generados por sus obras. Si tenemos en cuenta que nadie ponía en cuestión las portentosas capacidades musicales de Mozart, resulta inexplicable como todas sus desesperadas solicitudes de aspirar a un cargo bien remunerado cayeran en saco roto. Obviamente debieron existir envidias y celos, pero parece más que probable que el propio carácter de Mozart fuese, cuanto menos, sospechoso como para que nunca le concedieran algún cargo de relevancia. Fue un genio; y todos los genios tienen su “punto oscuro”. Ni tan “bobo” ni tan remilgado. Sobre la famosa e insolente “risa enloquecida” de la que hace gala en la película, no consta dato alguno en los testimonios y biografías más relevantes. (Se dice que tenía, de niño, una risa un tanto sonora. Y nada más)
Aparte de estas consideraciones, existen una serie de inexactitudes históricas en la película Amadeus. A continuación, resumo las que considero más evidentes:
- En la escena de un baile de máscaras, a Mozart se le pide que imite a Haendel al piano. El compositor afirma que no le gusta, ya que le resulta aburrido: Es del todo incierto: Haendel fue para Mozart — y también para Beethoven — un extraordinario y admirado compositor.
- Mozart perteneció a la masonería. En La flauta mágica hay muchos guiños a dicha adscripción que en la película se silencian.
- Leopold Mozart, su padre, jamás visitó en Viena a su hijo y nuera.
- No consta que la mujer de Mozart tuviese contacto directo con Salieri
- Konstanze no pudo nunca oponerse a la composición de La flauta mágica por parte de su marido por el hecho de que ella no se encontraba en Viena en aquellas fechas (Se hallaba recuperándose en un balneario de Baden)
- Mozart no se desmayó durante el estreno de La flauta mágica, teniendo que ser llevado a casa durante la representación. Lo cierto es que sufrió un ligero desvanecimiento en el segundo acto del que felizmente se recuperó.
- El Requiem fue encargo del conde Franz von Walsegg-Stuppach: Nada de un “encargo anónimo”
- La transcripción del Requiem fue debida a Süssmayer — quien finalmente lo terminó — y no a Salieri.
- A su entierro acudieron muchos amigos y sin paraguas: La tarde del 7 de diciembre de1791 fue primaveral en Viena.
- No consta que Mozart fuese un beodo. Sin embargo, y eso en la película se ignora, sí parece que tuvo vicio por el juego.
En YOUTUBE, podéis seguir la película de forma completa — y subtitulada, mejor que mejor– saltando de vídeo a vídeo por diversos autores. Disfrutad de ella y, sobre todo, disfrutad con la banda sonora. Inolvidable.
La gestión de personas en un entorno de crisis: “El ERE siempre debe ser la última opción” 30 Mayo 2009
Posted by th23 in El comentario de Theniger.8 comments

Desde hace un tiempo el amigo Leiter viene sugiriéndome que aborde el tema de los consultores y expertos que pululan por el mundo de los negocios. Es cierto que los hay muy buenos y por tanto satisfacen las necesidades de los que usan de sus servicios, pero también — y este es el tema de hoy — el mercado de la consultoría está lleno de cantamañanas cuyo único antecedente es una buena campaña de markéting o el respaldo de alguna empresa que los cobija.
El artículo de Cotizalia que inspiro el título del post me ha motiva a decir algo al respecto
Es que no se puede escribir con tanta liviandad y desconocimiento salvo que se persiga un fin oculto y si este fuera el caso se puede ser profesional para hacerlo. El comentario abarca a la periodista que firma la nota, como a los expertos que expresan su visión del tema. La primera reflexión es sobre el tema de los costes empresarios. Un viejo axioma empresario expresa que la verdadera ganancia está en la compra y no en la venta. Es decir, que cualquier emprendimiento económico debe desde el primer día hasta el final centrarse en el control de sus costes pues el precio de venta en un mercado de libre competencia lo fija la demanda. Por tanto, hablar de costes en tiempo de crisis es practicar una autopsia pretendiendo salvar al paciente. Los ajustes de plantilla en sus distintas versiones (cantidad, sueldos, beneficios) son la resultante de una visión empequeñecida del concepto empresarial.
Es evidente que el concepto de responsabilidad social de las empresas que desde hace más de 20 años se ha instalado en los países más desarrollados no es conocido por los dicentes y mucho me temo que en España todavía no ha llegado como pensamiento, salvo que nos contentemos con alguna fundación que hace obras sociales o patrocina eventos como imagen publicitaria. Respecto a la función de RRHH en tiempo de crisis, es evidente lo anacrónico del pensamiento expresado y el desconocimiento de la función en la empresa moderna. Pretender que RRHH motive, reduzca costes, mejore rendimientos es pensar como en los años 50 del siglo pasado, donde todavía existía la concepción de RRHH como el malo de la película o el “capanga” del obrador del Chaco paraguayo. Desde los años 70 la función de RRHH se ha ido potenciando en las organizaciones de forma tal que las grandes empresas ( no solo en tamaño) exigen para la función una formación que permita discutir con sus pares de otras áreas en igualdad de condiciones y por ende asesorar en su especialidad a los demás para que sean ellos los que gestionan sus recursos y no como se expresa en el artículo.
Bien se expresa en el artículo que hay pasos anteriores a un ERE; lástima que no enuncian si los han realizado (cosa que dudo). Olvidan por supuesto que la mejor publicidad para una empresa es el concepto que de ella tienen sus empleados en función de cómo son tratados. Cuando una empresa tiene problemas de los que obligan a presentar un ERE por razones de caída de demanda, lo primero que tiene que hacer es escenificar en el tiempo la duración del problema y acto seguido existen muchas acciones que se pueden implementar para cubrir la coyuntura.
Algunos ejemplos :
- adelantar el plan de mantenimiento anual de planta
- realizar tareas de housekeeping o de inventarios
- adelantar vacaciones anuales
- cursos de formación en Riesgos de Trabajo
- cursos internos de formación profesional como preparación para el nuevo escenario. Es decir, no desaprovechar el capital humano en el que han “invertido” hasta entonces.
En otro párrafo señalan que uno de los problemas de las empresas es la comunicación. En realidad tendrían que decir que tienen miedo a comunicarse. Resulta evidente que no entienden que comunicarse no es unidireccional sino bidireccional y debe existir siempre en las organizaciones pues es el elemento esencial para que la maquinaria llamada empresa pueda funcionar y no solamente en tiempo de crisis. Claro que tiene el riesgo de que los trabajadores opinen. Las teorías de gestión como TQM, Círculos de Calidad, Grupos de Autogestión sin supervisión han demostrado que los beneficios de su aplicación son tremendos y los riesgos mínimos.
El consultor debe aportar conocimiento basado en su formación pero fundamentalmente en su experiencia de campo y este el tema es el tema central. Es suicida ponerse en manos de teóricos sin ninguna experiencia práctica. Ninguno de nosotros se dejaría operar por un cirujano que no hubiera hecho el MIR. Nadie buscaría un abogado para su defensa que no use una toga con un poco de brillo por el uso en los tribunales ¿Porqué nos rendimos ante el consejo del consultor sin validar su expertise, cuando está en juego mi empresa y sus trabajadores? Es cierto que crisis significa oportunidad pero mi énfasis está en que desoyendo a éstos “asesores”, abandonen el modelo de los que piensan y los que trabajan para entrar en el de TODOS TRABAJAMOS Y PENSAMOS.
Alguna vez trabajé en una empresa en que había una divisíón tácita entre los que trabajaban y los que se reunían. Huelgan las aclaraciones pero les cuento el final: La competencia la terminó comprando.
Buen fin de semana
THENIGER
Los que no quieren o no pueden volver a Tánger 29 Mayo 2009
Posted by leiter in Acerca de Tánger.5 comments
Juan Vega Montoya, autor entre otras obras de El último verano en Tánger (Editorial Club Universitario. ISBN 84-8454-045-6) es también el autor de esta extraordinaria reflexión que he visto publicada en la excelente página SIEMPRE TÁNGER de Ricardo — espero que Ricardo no se enfade por copiar directamente el texto de su página – y de la que ruego encarecidamente su lectura por lo acertado de su contenido.
“Salí de Tánger en 1973. Treinta y siete años después de haber llegado. Media vida, como quien dice. ¿Dolorido? Me parece una pregunta muy tonta. Por no citar más que dos ejemplos, tan dolorido como aquel que después de cuarenta años sale de su serranía o de sus islas caribeñas natales sin esperanza de retorno. Voy a evitar los tópicos y a pasar de largo los clichés, tantas veces repetidos, de la ciudad escalonada deslizándose hacia el mar, el minarete de la mezquita y la flecha de la catedral tan cerca el uno de la otra y la maravillosa curva turquesa de la bahía en su amorosa unión con la playa. En el barco que me llevaba a España, me instalé en el bar, le di la espalda a Tánger, cerré los ojos y, al igual que el famoso general Mac Arthur, me dije: “¡Volveré!”.
Y volví. Veintidós años más tarde, pero volví. Y esta vez, disfruté a placer del magnifico espectáculo del que me privé al marcharme. Desde la proa del navío, igual que el viajero que vuelve a su casa tras una larga ausencia, traté de comprobar que no faltaba nada, que nada se había movido. Que ni el tiempo transcurrido, ni visitantes indeseables habían causado estragos en lo que yo consideraba mi morada. Al taxista que me conducía al hotel le indiqué el recorrido que me apetecía: Avenida de España, Cuesta del Hotel Rif, Calles Molière y Juana de Arco, hasta el Hotel Chellah.
Olía a mar y playa. Los recuerdos, como una manada de potros salvajes al galope, caracoleaban y golpeaban impacientemente con sus cascos, intentando abrirse paso hasta mi mente. Tan alegres como un perro perdido que vuelve a encontrar a su dueño ausente después de mucho tiempo, aquellos recuerdos volvieron a alojarse en mi memoria de la que jamás habían salido. Y como por encantamiento, la tristeza que me envolvía desde mi partida se borró.
Tánger seguía siendo el mismo. Al salir del hotel, la blanca fachada del Lycée Régnault y su reloj me hicieron apretar el paso como temiendo llegar tarde a clase. El Bulevar, sus tiendas con los mismos nombres, la murallita y el mirador, me incitaban a buscar entre los paseantes a Manolo, Luís, Jaky, Pepita, Paquita y tantos otros amigos de juventud. Transcurridos los años, el decorado seguía siendo el mismo pero los personajes eran otros. Mi imaginación suplía las ausencias.
Bajé a la Medina. Atravesé el Zoco Chico, paseé por la Fuente Nueva y las calles de mi infancia y en la de Italia, entre los cines Alcázar y Capitol, sentí un pellizco en el corazón. Subí la cuesta del Paseo Cenarro y, al llegar al Estadio, volví a oír los clamores del público animando a la Deportiva y al Maghreb. Si, Tánger seguía siendo el mismo, y yo, aunque más viejo, también.
Desde entonces, casi todos los años, he pasado en Tánger unos días. Para mí es como un renacer, una peregrinación, una fuente de juventud. Allí me encuentro con los amigos que se han ido y a los que desgraciadamente ya no volveré a ver. Pero en mi vuelta al pasado, al torcer de una esquina, a lo largo de un paseo o en la terraza de un café, los veo de nuevo, los abrazo y charlo con ellos. Nos contamos cosas. Por supuesto, cosas de Tánger…
Tengo numerosos familiares, amigos y relaciones tangerinos. Algunas veces me reúno con ellos para charlar un rato y recordar viejos tiempos. Muchos de ellos no sólo no han regresado a Tánger desde su éxodo si no que se han prohibido el volver a pisar las calles de la ciudad de sus amores. Contrariamente a mi habitual actitud tolerante, ni respeto su postura ni admito sus argumentos.
Objetar que la ciudad está descuidada y sucia, sin haberla visitado, es imperdonable. Sobre todo porque es mentira y que la urbe luce más bonita y coqueta que en sus mejores tiempos, gracias a las decisiones del gobierno y a un equipo de benévolos, capitaneados por un incansable Tafersiti, que no ceja en su esfuerzo por renovar viejos lugares típicos y volver a darles la pátina, el lustro y la belleza de antaño.
Tánger sigue siendo Tánger. Bueno, hasta cierto punto. El niño se nos ha hecho mayor. Claro que cada uno de nosotros tenemos y seguiremos teniendo nuestro Tánger personal. La ciudad ha crecido, su talla actual nos es incomprendida y nos perdemos en ella. Pero la tendencia de todo ser humano es volver al regazo materno y bien es sabido que un regazo es más bien estrecho. Por eso, cuando vuelvo, limito mis paseos al viejo Tánger, a la antigua ciudad. Allí me hallo bien, a gusto, como cuando uno se prueba una prenda y siente que es su talla, que no le aprieta o no le hace pliegues.
Tánger sigue estando ahí, a unos kilómetros de Europa. Jamás ha renegado de su hospitalidad ni de su cordialidad. Espera al visitante, sobre todo si ha sido y sigue siendo hijo suyo, con los brazos abiertos para estrecharlo con fuerzas. Un reencuentro es siempre maravilloso y no debemos privarnos de esa alegría.
Entre los que no han vuelto a Tánger desde su partida hay que distinguir dos grupos. Los que quieren y no pueden y los que pueden y no quieren. Para los primeros, la situación es muy dolorosa y son merecedores de toda nuestra simpatía. Que una situación difícil, familiar o económica, los prive de tal alegría es muy triste. Lastimosamente, poco o nada podemos hacer por ellos. No vuelven por falta de medios o porque viven una situación familiar excepcional, pero no por falta de ganas.
Analizar el segundo grupo es una tarea más ardua. Está compuesto en su mayoría por personas que han cruzado el umbral de los sesenta, ver los setenta. Que han vivido en Tánger una infancia, una adolescencia y una adultez, unas veces holgadas y otras menos, de las que guardan, grabadas en la memoria, unos recuerdos felices, a menudo embellecidos por el tiempo transcurrido y magnificados por las dificultades provocadas por su trasplante. Por lo general, dichas personas que no han vuelto a Tánger desde su éxodo, temen que un retorno rompa en mil añicos las idílicas imágenes que han alimentado y mimado en su mente durante su larga ausencia. Una vuelta después de tantos años tendría probablemente consecuencias emocionales desastrosas y mantenerse alejado de la ciudad de sus amores es la manera idónea de conservar vivo en su corazón el rescoldo de un amor. Son, de cierto modo, como niños que han crecido pero que siguen creyendo en el país de las hadas.
En este cariñoso recuento de nuestras tropas, nos queda en el teclado una estrecha franja de personas que, arrastradas por las circunstancias, se vieron obligadas a abandonar la ciudad dejando tras de sí situaciones punibles por la ley. Inútil decir que estos tangerinos, cuyo amor por la ciudad no se puede ni debe poner en duda, no podrán volver a hollar el suelo marroquí. Lo sentimos por ellos porque, aunque lo deseen, jamás podrán regresar.
Pero todos aquellos que tengan aun la posibilidad, las ganas y los medios de volver, no deben dudarlo un segundo y realizar el viaje. Los años pasan y el tiempo no nos espera. Aprovechemos el que aun nos queda y aunque sea por sólo una vez, volvamos…”
Poco más puedo yo añadir.
Ahora sí: Mi felicitación al mejor equipo del mundo 28 Mayo 2009
Posted by leiter in Actualidad.3 comments
En este bar de copas no hablamos nunca de fútbol u otros deportes. Pero hoy, como aficionado del Real Madrid, no tengo más remedio que hacer una excepción. Tras la victoria de anoche en Roma del F.C. Barcelona en la final de la Champions League, y tras haber anteriormente obtenido en una temporada inolvidable los títulos de campeón de la Copa de S.M. el Rey y campeón de la Liga de Fútbol Profesional, no puedo sino dedicar una entrada para elogiar las virtudes de un equipo que, sin duda, pasará a la historia de este deporte. Mis más sinceras felicitaciones a todos los aficionados culés por la consecución de los tres títulos en juego durante la presente temporada y, sobre todo, por haber desarrollado un juego que podemos juzgar como artístico, muy lejos de los planteamientos especulativos de antaño. Una nueva era empieza hoy para este noble deporte gracias al F.C. Barcelona. Enhorabuena.
Diez pinturas inolvidables X (Kunsthistorisches Museum de Viena) 27 Mayo 2009
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Una ciudad antaño imperial no podía dejar de contar con un magnífico y extraordinario museo y así, la inolvidable Viena, se precia de acoger a uno de las mejores pinacotecas de Europa, el Kunsthistoriches Museum, sede no ya de una extraordinaria colección de pintura, sino además de una extensa colección de escultura y numismática. Con esta selección, que empezamos con el objetivo de salvaguardar los mejores cuadros ante una pronosticada catástrofe cósmica — un puro camelo — tenemos ya en nuestro poder 100 cuadros. Mi trabajo me ha costado, no os vayáis a creer, pero el esfuerzo ha merecido la pena… Y aquí no acaba nuestra labor; ya me están llamando de otros museos para que elija sus diez mejores obras y parece que a Amalia, la madrina de este bar virtual de copas, este esfuerzo mío le parece de obligado cumplimiento. En fin, seguiremos pues con esta difícil tarea que nos ha llevado a seleccionar las mejores obras de El Prado, El Louvre, La Galería de los Uffizi, La National Gallery londinense, El Rijksmuseum de Amsterdam, El Orsay parisino, el Metropolitan de Nueva York, la Alte Pinakothek de Munich y el Museo Thyssen-Bornemisza. Ya no sé dónde poder guardar estos cien cuadros y lo terrible es que he dejar hueco para al menos otros cien más… Pero bueno, asumiremos el reto. La selección que he hecho de las mejores pinturas del Kunsthistorisches vienés es la que os dejo a continuación. Espero que os guste. ¿Próxima parada? La Gran Madre Rusia… L´Ermitage.

1- LA CAÍDA DEL HOMBRE de Hugo Van der Goes: Increíble la minuciosidad del irrepetible pintor flamenco, una demostración de técnica que tan sólo es posible de contemplar al natural. Insinuante la posición de Eva, quien ya está con su mano izquierda agarrando otra manzana del Árbol Prohibido por si la primera tentación no fuese del todo suficiente. Destaca la absoluta perfección con la que Van der Goes cubre el vello púbico de Eva, más un ejercicio de técnica pictórica que un simple elemento ambiental y estrictamente funcional. La figura del Diablo es excesivamente real, bastante desagradable, con una más que probable referencia al mundo onírico. Tabla de pequeñas dimensiones, es una de las joyas de todo el museo.

2- RETRATO DE MAXIMILIANO I de Alberto Durero: Para muchos especialistas, nos encontramos ante el mejor retrato jamás realizado por Durero. El cuadro está realizado merced a unos apuntes que el artista alemán tomó del emperador durante la Dieta de Augsburgo, en 1518, ya que en el instante de la ejecución de la obra, en 1521, el emperador ya había fallecido. La sobriedad y dignidad con la que el artista retrata al emperador son del todo encomiables, aspecto que le valió la confianza de María de Hungría, su hija y futura protectora. Los ropajes son de una exuberante exquisitez, perfectamente plasmados mediante sutiles gamas de color rojo. El emperador sostiene en su mano izquierda una granada, símbolo del poder mundial por su forma, aunque denotando la humildad en su aspecto exterior. El modelo de retrato sirvió a futuras generaciones de pintores. Obra maestra sin posible discusión.

3- JÚPITER E IO de Corregio: Con sinceridad, el cromatismo de esta bellísima pintura es motivo suficiente como para ser seleccionada en esta relación de obras pictóricas. Lo más genial de esta escena mitológica es el genial contraste entre el paño blanco donde se asienta Io y la gama de grises que encierra la nebulosa jupiterina, adoptando una forma casi humana para besar a la princesa. Las proporciones de la retratada son prodigiosas, con la inestimable habilidad del potente foco de luz que envuelve a toda la figura. Desde cualquier punto de vista compositivo — forma, disposición, luz, etc… — el cuadro es arriesgadísimo y demuestra las buenas maneras de un pintor legendario. Con vuestro permiso, este óleo me lo llevo directamente a mi casa.

4- TORRE DE BABEL de Pieter Bruegel el Viejo: Es una de las pinturas más famosas del museo, ya que ha sido objeto de ilustración en numerosas y famosas narraciones bíblicas. Existe una clarísima influencia de Patinir en lo relativo al paisaje del fondo, de lograda y conseguida gradación cromática celeste. El colorido de la obra es majestuoso y, en vivo, se puede apreciar el detallismo del pintor a la hora de plasmar las distintas actividades que se dan en los sucesivos pisos de la torre. Sin lugar a dudas, el cuadro es una inconfundible alegoría de la vanidad — vanitas vanitatum et omnia vanitas, Ecles 1, 1 – pero el autor, lejos de utilizar la imagen como un mero símbolo de esa aludida vanidad, eleva la condición artística humana hasta extremos casi censurables. La ligerísima inclinación de la torre hacia el plano derecho, según la mirada del espectador, parece pronosticar su metafórico derrumbe. Gran óleo.

5- SUSANA EN EL BAÑO de Tintoretto: Obra de claras connotaciones didácticas acerca de la acusación falsaria que caracteriza a buena parte de la sociedad a lo largo de los tiempos. Cuadro complicadísimo en su ejecución, al mostrar a la bañista Susana en un extremo de la composición y metafóricamente bañada por una luz un tanto artificiosa que resalta los distintos utensilios empleados por la joven para el acto de lavarse. El dibujo es primoroso, muy ayudado por la original toma de luz. La posición de los libidinosos ancianos, escondidos en un trabajado escorzo en la zona inferior izquierda del cuadro, nos hacen sentirnos un tanto cómplices a la hora de contemplar la escena. El estudio del color y de la luz es un claro ejemplo de las preocupaciones estilísticas de los pintores venecianos del siglo XVI. La difuminación del paisaje del fondo, genialmente resuelta en esta obra, es una de las principales aportaciones de los pintores de la Escuela Veneciana al Barroco.

6- EL BAUTISMO DE CRISTO de Guido Reni: Quizás, a primera vista, este magistral lienzo no nos llame a la atención, pero una contemplación más detallada del mismo hace que enseguida nos enamoremos del arte del pintor boloñés Guido Reni, discípulo de Domenichino. La composición, simple a primera vista, se estructura en tres planos: Uno, con Cristo y el Bautista; otro, con los ángeles como espectadores; y finalmente, el fondo paisajístico sobre cuyas nubes desciende la paloma en forma de Espíritu Santo. Pero lo más sensacional de la obra, a mi juicio, es la perfecta armonización cromática de los colores primarios de la paleta. Pocos artistas son tan valientes como para intercalar un manto rojizo entre las figuras de los dos principales protagonistas del cuadro. Obra primorosa.

7- ANGÉLICA Y EL EREMITA de Peter Paul Rubens: Hay que ser un verdadero maestro para pintar una alegoría de las tentaciones lujuriosas y otorgar el mayor protagonismo, precisamente, al objeto de dicha lujuria. La expresión del viejo al retirar la tela que cubre la desnudez de Angélica es verdaderamente alucinante, de lo mejor de todo el arte barroco del siglo XVII. La presumible “gordura” de la retratada obedece a los cánones de belleza que ya Rubens adoptó en otros cuadros de desnudos femeninos. La influencia de la Escuela Veneciana — particularmente de Tiziano — es ineludible a la hora de aplicar una pincelada rápida sobre una masa aparatosamente iluminada que contrasta con las oscuras tonalidades del fondo. La composición, en diagonal, es una buena muestra del hacer de los pintores del barroco más tardío. La cara del Demonio, contemplando con rostro desencajado la escena, imprime un conseguido valor psicológico a toda la escena. Grandioso Rubens.

8- EL REY BEBE de Jacob Jordaens: Obra que cuenta con otras conocidas réplicas en diferentes museos. Si bien Jordaens es un auténtico discípulo de Rubens a la hora de tratar el color, en este hermoso lienzo vemos como el colorido es un tanto “pasteloso”, característica muy peculiar del artista de Amberes. A Jordaens le encantaba plasmar escenas concurridas, como la del cuadro en cuestión, con esa notable influencia ya señalada de Rubens. Pero Jordaens imprime su propio sello a la hora de abordar una decoración peligrosamente recargada con unos contrastes marcadísimos y unas formas muy voluptuosas en los personajes. La escena se enmarca en un realismo auténticamente descarnado, ejemplificado en la inquietante figura de un hombre que vomita alcohol a la izquierda del lienzo. Es un cuadro que merece ser contemplado con mucho detenimiento para evitar caer en una mareante recarga escénica.

9- LA INFANTA MARGARITA de Diego Velázquez: Bueno, pongámonos de rodillas ante uno de los más geniales retratos del mejor pintor de todos los tiempos. El cuadro es un verdadero precedente del Impresionismo en la forma en como el maestro sevillano aborda la pincelada, imprecisa, rápida y creando una serie de increíbles efectos que ponen en un pedestal la teoría de la perspectiva aérea, fundamental icono y aportación de Velázquez al desarrollo de la pintura. ¿Se pueden mezclar mejor los tonos grises y platas? ¿Se puede plasmar mejor la mano derecha de la Infanta — tiene todos los colores de la paleta? ¿Se puede pintar más perfectamente un fondo y, sin embargo, frenar su protagonismo ante la visión de la verdadera protagonista del retrato? ¿Se puede reflejar mejor la expresión de angustia de una infanta condenada a casarse con un tipo al que aborrecía, Leopoldo de Austria? ¿Se puede pintar mejor? Otro cuadro que me llevo a casa. Este lo pondré en el Sancta-Sanctorum… ¡Qué prodigio!

10- ALEGORÍA DE LA PINTURA de Jan Vermeer van Delft: Ya que estábamos de rodillas analizando el anterior cuadro… ¡Sigamos, pues! Nos encontramos ante uno de los más grandiosos cuadros de uno de mis pintores más queridos, Vermeer. La melancolía que se desprende de su factura es inimitable, con un juego de luces y sombras verdaderamente asombroso. La perfección técnica del artista — lámpara, cortinaje, tapiz de fondo… — no empaña en absoluto la delicadeza y espíritu de la obra en general. Es difícil, por no decir imposible, que se establezca un diálogo tan sonoro entre la expresión de la retratada y el retratante, de espaldas al espectador. El cuadro es una cámara fotográfica, una sublime instantánea. El cuadro es puro panteísmo. Todas las cosas son Dios… Al menos, así Vermeer trató de plasmarlo. Observad de qué color es el libro que sostiene la retratada al fondo…¡Valiente y inimitable Vermeer, el Brahms de la pintura!
Don Caesar Imperator Pater Leitaeris 26 Mayo 2009
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A la derecha y en primer plano, don Caesar Imperator en una instantánea tomada en el que ya era su bar en 1953. Junto a él, vemos a un asustado empleado, Pepe, sosteniendo una botella.
No me resulta en absoluto incómodo reconocer que jamás he sabido con certeza cuántos hermanos llegó a tener mi padre, don Caesar Imperator, ya que hasta él mismo se mostraba indefectiblemente dubitativo ante esa referida cuestión. Según algunas fuentes llegaron a ser 23 los hermanos, divididos a su vez en 13 hembras y 10 varones. Sin embargo, en aquel paraje montañoso perteneciente a la parroquia de Pola de Allande — Asturias — donde mi padre vio la luz por primera vez, se incrementaba esta primera cifra hasta llegar a los 25 y eso sin incluir los tres desgraciados procesos abortivos que hubo de sufrir mi abuela Matutina, personaje a quien apenas conocí y del que guardo un vago y nebuloso recuerdo. Fuesen 23 ó 25 la totalidad de hermanos y hermanas, lo realmente cierto es que mi padre se crió en aquella aldea rural formada por siete dispersas casas, contando con la del cura, que se ubicaba a medio camino entre Cangas del Narcea y Besullo, este último pueblo natal del conocido escritor asturiano Alejandro Casona. Un singular acontecimiento acaecido durante la más tierna infancia de mi padre marcó su consiguiente devenir existencial a lo largo de los tiempos y este no fue sino la experiencia de vivir un inesperado eclipse solar que cubrió de tinieblas todo el valle del Arganzinas a plena hora del ángelus. Los vecinos, aterrados por esta insólita circunstancia de conjunciones planetarias del todo desconocida para ellos, se dirigieron junto con sus vacas a la parroquia de la aldea pensando que aquello no era sino un signo cósmico del inminente fin de los tiempos. Desde aquel día, mi padre se convirtió en un auténtico devoto de la fe católica y de todas sus permitidas extensiones piadosas, llegando a atesorar al final de su existencia una espectacular colección de reproducciones de santos en formato de estampitas que celosamente guardaba en el cajón de su mesita de noche. Fiel a su devoción, jamás eludía celebración eucarística alguna, ya fuese ordinaria o de difuntos, y de esta forma compiló también una paralela colección de recordatorios funerarios que hoy en día permanecen también en el mismo y referido compartimento, encabezados todos ellos por el suyo propio. La primera gran oportunidad que se le presentó a mi padre fue cuando, cumplidos los 18 años, le llegó la hora de cumplir con la patria. Tuvo suerte y le tocó servir en el cuartel de Tetuán, enclave norteafricano al que tardó tres días y tres noches en llegar y en el que no sufrió el más mínimo problema de adaptación debido a que apareció con la cara tan abetunada por el hollín que pronto se integró como uno más de los allí lugareños. Siempre me juró que durante aquella militar estancia norteafricana sostuvo un terrorífico y espiritual encuentro con Aisa Kandisa, una extraña deidad musulmana, en los jardines de Larache y de la que sólo pudo liberarse componiendo la cristiana señal de la cruz. Aunque yo creo que lo que en realidad le aconteció fue que, sin él saberlo, aceptó un cigarrillo de Kif que le provocó alguna que otra alteración de tipo perceptivo. Trascurridos aquellos tres inolvidables años de servicio militar, mi padre abordó de nuevo el tren en Algeciras con vistas a regresar a su amada aldea rural asturiana, mas, en el obligado tránsito de la madrileña estación de Atocha se apeó para estirar un poco las piernas, quedándose tan prendado de los cosmopolitas aires capitalinos que decidió quedarse allí, dando con un palmo de narices al sucio y polvoriento tren que de nuevo arrancaba rumbo al norte. Pronto se colocó como ayudante en un bar, aprendiendo los entresijos de un oficio que habría de acompañarle hasta el resto de su vida. Pero aquellos fueron años duros, de melancólicas y susceptibles soledades, de dormir al raso en los bancos públicos de la Glorieta de Bilbao, de bañarse una vez a la semana en los sanitarios públicos y de constante abstinencia cárnica. Sin embargo, su fuerte espíritu norteño le ayudó a sobreponerse de aquella época de calamidades y a los seis meses dio con una modesta pensión de a perra y media la noche. También supo ahorrar para comprarse su primer traje de chaqueta con el que acudía todos los domingos al Retiro en busca de una flor silvestre. Según me contaba, una tarde llegó a quedar con siete chicas a la misma hora y en el mismo lugar, épica escena contemplada a bordo de un taxi que contrató para verificar tal proeza escondido en el asiento de atrás, puro en ristre aparte. Comprobando que todas las féminas habían acudido puntualmente a la cita, mi padre ordenó puntualmente al chófer que se alejase de allí a toda velocidad ante el temor de llegar a ser reconocido y humillantemente descubierto. Tan sorprendido se quedó el taxista ante esa pretendida hazaña que se negó en redondo a cobrar estipendio alguno por la carrera, interrogando a mi padre acerca de cómo se las podía ingeniar uno para llevar a efecto esa demostración de galantería. Esta anécdota, mil veces narrada por él mismo sin ninguna contradicción, delataba el carácter marcadamente egocéntrico de mi padre y de sus alegrías con el dinero ahorrado, aspecto bien continuado por quien esto escribe. Pero las circunstancias que envolvían a mi padre cambiaron radicalmente cuando por fin hubo de contactar con una hermana suya que también se había instalado en los madriles y que, por esos extraños e incomprensibles azares de la vida, se había casado con un paisano que regentaba un bar en la Calle de Alcántara. Por mediación de su hermana, mi padre se colocó en aquel garito triste y desdibujado que a duras penas mantenía su escaso fondo de comercio entre los más que sospechosos clientes que acudían a los ya decadentes chalecitos de la Calle de las Naciones en busca de eventuales compañías femeninas previo pago por adelantado y que tan bien fueron retratados por don Camilo José Cela en sus novelas San Camilo, 1936 y La Colmena. En tres meses, mi padre logró renovar aquella extraña clientela a base de ganarse a los numerosos empleados de la Empresa Municipal de Transportes, cuyo inmenso edificio hacía de chaflán en la esquina con la Calle de Ayala. Dos años más tarde, su cuñado decidió retirarse de la barra y dedicarse a tareas de cocina ante el exclusivo y singular protagonismo que había adquirido mi padre al frente de la citada barra. Finalmente, tres años más tarde y tras negociaciones que en absoluto fueron complicadas, mi padre se convirtió en el nuevo y flamante propietario de aquel bar.

Navidades de 1968: Mi padre, enfundado en su inseparable chaquetilla blanca, brindando junto con unos clientes en el bar. Justo a su izquierda y, mirándole de perfil, su paisano y conocido cantante Víctor Manuel. El artista asturiano estaba aún empezando pero ya daba muestras de su clase

Callejón de la Plaza de Toros de Las Ventas, Feria de San Isidro de 1969: Mi padre junto al diestro Paco Camino, uno de sus mayores ídolos en materia taurina
Tanto el local como mi padre empezaron a hacerse famosos a lo largo de toda la barriada, convirtiéndose aquel bar en centro de reuniones y tertulias compuestas por lo más variopinto de una acrisolada clientela deseosa de comentar la actividad social y política del país en unos tiempos donde no era muy recomendable la pública discrepancia con respecto a las actuaciones gubernativas. Según me narraron los clientes más antiguos y de toda la vida, mi padre solía generar las polémicas políticas, taurinas o futboleras mediante el ingenioso recurso de tirar la primera piedra y esconder luego la mano; y así debía ser, ya que lo único que en realidad le interesaba a mi padre era que aquellos improvisados tertulianos de barra desgastasen tanto su perspicaz lengua que luego no tuviesen otro remedio que el de seguir solicitando consumiciones para tonificar la misma, con el consiguiente desembolso económico que tan bien repercutía en la niquelada caja registradora. Y es que, sencillamente, esa era la verdadera obsesión de don Caesar Imperator, la generación de los suficientes recursos como para estabilizar su vida y cumplir su obligado sueño de fundar una familia. De hecho, durante alguna que otra temporada, mi padre se pasaba las veinticuatro horas del día en su local, sirviendo el reservado de improvisada vivienda por las noches. Ocurrió que una tarde doña Lola, la portera del edificio en cuyos bajos se albergaba el bar, le comentó a mi padre que el piso quinto estaba en venta ya que su último inquilino, un militar retirado, había amanecido más tieso que la mojama sobre la cama del dormitorio. En tan sólo dos meses, mi padre se vio obligado a acudir al ilustre notario don Blas Piñar para formalizar las correspondientes escrituras del piso. Ya tenía mucho más de lo que podía haber soñado desde aquella tarde de iluminados descubrimientos en la Estación de Atocha: Negocio y domicilio de su propiedad. El siguiente paso a dar fue el encontrar a alguien adecuado para llenar de vida esa solitaria casa. Pese a la fama de mujeriego que entonces había adquirido mi padre en la barriada — condición que también hemos heredado sus cuatro hijos varones — pronto le hubo de echar el ojo a aquella morena de ojos verdes que vivía con su hermana y su cuñado en el portal de enfrente y que, puntualmente, acudía todos los mediodías al bar en busca de una botella de gaseosa para mezclar con el vino tinto en la comida. Seis meses después, y luego de haber firmado unos documentos ante testigos en la vicaría de la iglesia de Manuel Becerra, aquella joven de Vicálvaro se mudó definitivamente al portal de enfrente. Don Caesar Imperator quiso emular a mi abuelo y fue a vástago por año, aunque con el cuarto, y tras dos procesos abortivos que pusieron en serio peligro la vida de mi madre, el matrimonio dio por finiquitada dicha empresa reproductora. Y así, mano a mano, mi padre tras la barra del bar y mi madre junto a los fogones de la cocina del mismo, fueron consolidando un negocio que dio además para adquirir otros dos pisos en Madrid, aparte del apartamento vacacional en la Sierra del Guadarrama. Pero lo más importante es que, tanto a mi madre como a todos los hermanos, nunca nos faltó de nada. Fue entonces cuando por el barrio se empezó a extender el malicioso rumor acerca del excesivo y rudo carácter de mi padre en relación con sus eventuales empleados bajo su cargo, que eran siempre dos, uno para el turno de la mañana y otro para el de la tarde. En aquellos tiempos no era como ahora, que se contratan empleados con un mero carácter provisional y sin ninguna posibilidad de superación personal. Antiguamente, el que valía para trabajar en la barra de un bar, aunque permaneciese allí años y años, terminaba por abrir, generalmente, su propio negocio. Fue la época de una lista de camareros y dependientes que pasaban a ser como de la familia y que para los ojos de un chiquillo de cinco años como yo se me antojaban como unos verdaderos héroes y compañeros de trabajo de mi padre (Por entonces, yo aún no tenía claro que mi padre fuese “el jefe”). De aquel período, recuerdo a Justo, Lino, José… Hombres que siempre me gastaban bromas cuando yo aparecía por el bar. Más adelante, cuando otro de aquellos inolvidables empleados, Pablo, se despidió, me dijo: –”Hay que tener los huevos muy grandes para estar aguantando los años que yo he estado con tu padre, Leiter. Es el tío más brusco que he visto en mi vida. Pero, eso sí: Si ahora voy a poder abrir mi propio bar es gracias a todo lo que el muy cabrón me ha enseñado. Todo lo que yo he aprendido aquí de hostelería no se enseña en ninguna parte, de veras, y tu padre, pese a su abrupta forma de ser y de trabajar, es el mejor jefe que he tenido en mi trayectoria profesional. Aunque no te lo creas, me jode tener que abandonarle, pero es ley de vida”– Pese a las recomendaciones de signo contrario por parte de mi padre, yo empecé a echar una mano en el bar y acabé por convertirme en un empleado más y, nunca, como “el hijo del jefe”, alternando mi trabajo con los estudios y otros quehaceres de la vida. No fue nada fácil la relación laboral con mi padre quien, detrás de la barra, me trataba con obligada displicencia y decoro, aunque en determinadas ocasiones surgieran los inevitables conflictos. Para mi padre, cualquier acción del negocio, por nimia que pudiera parecer, tenía su sentido y consecuentemente trataba de explicármelo. Una mañana, estaba yo muy enrevesado con una tortilla de jamón serrano que un cliente me había solicitado. Mi padre, observando mis dificultades, se acercó hasta la plancha y me dijo: –”¡Joder, qué manera de complicarte la vida! Piensa en que esa tortilla es para ti; piensa que estás en casa y que tienes hambre. Te apetece una tortilla de jamón. Dime la verdad, ¿No sabrías hacértela tú mismo? Quítate la vergüenza, que aquí lo único que interesa es que ese señor se coma su bocadillo y lo pague. Lo demás, no importa…”– De todas maneras, mi padre y yo éramos muy distintos tanto de ideas como de caracteres, por lo que terminábamos chocando por cualquier asunto sin importancia. Sí, éramos muy distintos: El, un hombre muy de derechas, católico practicante hasta la médula y seguidor ferviente del arte de Paco Camino. Por el contrario, yo era un marxista convencido, un declarado ateo y un admirador de la muleta de Antoñete… Fue curioso lo que le ocurrió a mi padre durante los últimos años de su vida. El, que durante muchas Ferias de San Isidro por las tardes se vestía de chaqueta y corbata para acudir a los festejos taurinos de Las Ventas, renegó de todo lo relacionado con los toros. Aún así, pienso que mi padre sentía por mí un cariño especial y que, a pesar de las frecuentes disputas que manteníamos, siempre estaba ahí cuando yo le necesitaba. Una mañana me brindó una de esas lecciones que jamás se olvidan: Llevábamos unos días sin hablarnos él y yo como consecuencia de una fuerte discusión relacionada con las tareas propias del bar, como no podía ser de otra manera. Por si no fuera poco, aquella mañana yo debía estar un tanto alineado con el mismísimo diablo ya que llamé a la atención a mi madre con unas groseras maneras por el simple hecho de que ésta había preparado unos aperitivos de forma distinta a la que yo había previamente solicitado. Mi madre, mujer de armas tomar, esperó a que se despejase momentáneamente de gente el bar para, saliendo de la cocina, dirigirse hasta mí en un tono manifiestamente colérico y molesto: –”¿Tú te crees que esas son formas de decirme las cosas? ¿Acaso me vas a enseñar tú ahora a mí a cocinar? ¿Sabes que te digo? Que eres un perfecto cretino y un gilipollas en toda regla, Leiter. Y quiero decirte una cosa: ¡No tienes ni puta idea de trabajar! ¿Te enteras? ¡No le llegas a tu padre ni a la suela de los zapatos! ¡Listillo, que eres un listillo de mierda…!”– Mi padre, que estaba sentado junto a una mesa tomándose un café, observó la violenta escena dialéctica sin abrir en ningún momento la boca mientras que yo me sentí muy dolido con aquellas frases de mi madre que, dada su poderosa entonación, parecían ser del todo sinceras. Finalizado mi turno de trabajo, me retiré totalmente desanimado hacia mi apartamento de la Calle Montesa, habiendo de parar en un bar vecino de la referida calle con las imperiosa necesidad de tomarme una cerveza, ensimismado en mis pensamientos por aquel desagradable episodio. Se me estaban escapando las lágrimas, dando vueltas a la jarra de cerveza y reflexionando sobre mi estúpida conducta, cuando por sorpresa apareció mi padre por aquel bar (El jamás visitaba los bares vecinos). Luego de acarrear con un taburete, y colocándose junto a mi lado en la barra, me dijo: –”Bueno, hijo: Ya has conseguido enfadarte con tu padre y con tu madre al mismo tiempo. Escucha, no llevo dinero encima… ¿Me invitas a una cerveza? Si no te importa, y pese a que llevamos unos días sin hablarnos tú y yo, quisiera decirte una cosa: Tú madre es la mejor mujer del mundo y no se merece esos desaires tuyos. Pero, tú tranquilo. Pídela perdón y ya está. ¡Joder, Leiter, que tienes los ojos humedecidos! ¡No pasa nada, hombre! Ya sabes cómo son las mujeres… Se enfadan por nada. Yo sólo quiero decirte que estoy muy orgulloso de ti y de tu trabajo en el bar…”–

Año 1971: Mi padre, quizás en su mejor momento, siendo observado por dos clientes del bar que han sido convenientemente retratados por mí en otra sección de esta página

Año 1973: Mi padre “saludando” a un retrato dedicado del maestro Antonio Chenel, “Antoñete”, torero que visitaba con frecuencia el bar. El diestro de la foto inferior es el venezolano Curro Girón.
La década de los años noventa significó el paulatino declive físico de mi padre, quien empezó a sentirse aquejado por una enfermedad de tipo nervioso que mermaba de buen grado su capacidad para trabajar. A esto se le sumó un inesperado proceso diabético por el que diariamente se veía obligado a inyectarse por vía intravenosa una dosis de insulina. Pero lo que realmente acabó por deteriorar la salud de don Caesar Imperator fueron tantos y tantos años de diario esfuerzo y sacrificio en un oficio tan complicado como el de “dar de abrevar” a la parroquia, como algunas veces así lo definía. Pese a las recomendaciones tanto familiares como facultativas, seguía bajando desde su casa al bar a diario, aunque su labor se limitaba a permanecer sentado y en silencio alrededor de una mesa, leyendo parsimoniosamente las páginas del ABC y deteniéndose más de lo habitual en la sección necrológica y de esquelas de dicho diario. También observaba con el rabillo del ojo la labor que realizábamos los que por entonces estábamos trabajando en el bar, supervisando que las cuentas de las consumiciones no fuesen erróneas, mayormente por defecto. Acudía puntualmente a misa de doce aunque al regreso se le notaban evidentes síntomas de fatiga tanto física como mental. Una de sus mayores ilusiones era la de darse un paseo con un simpático cachorrillo de caniche propiedad de una clienta y vecina de un edificio colindante. Una mañana nos sentimos alarmados al comprobar que, ya pasada la una del mediodía, no teníamos noticia ni de mi padre ni del perro. Avisamos a la Policía y al poco dieron con ellos en un banco del parque de Manuel Becerra. Mi padre había sufrido un repentino ataque de amnesia y no recordaba absolutamente nada acerca de su entorno y circunstancias. Afortunadamente, el perrillo pareció comprender la imprevista contingencia y no se hubo de separar de mi padre en lo que resultó ser una buena prueba de canina fidelidad. Incluso, según me contaron los policías, enseñó los dientes a los mismos una vez que estos se acercaron al banco para proceder con la comprobación del supuesto desaparecido. Por esas enigmáticas paradojas que suelen acontecer en la vida, aquel valiente y fiel perrillo acabó siendo adoptado por quién esto escribe muchos años después y en la actualidad, pese a que el veterinario afirmó que sería difícil que sobreviviera a estas últimas navidades, Pepito sigue dándonos todo lo que buenamente puede de sí, que no es poco. Vamos a ver si puede resistir los calores del verano… Tras sufrir una crisis cardíaca en el transcurso de unas vacaciones, el estado de salud de mi padre se deterioró aún más, resultando estériles los tratamientos médicos que, si bien paliaban las insuficiencias respiratorias, acrecentaban peligrosamente los complicados procesos derivados de la diabetes. Don Caesar Imperator se encontraba extraordinariamente fatigado por entonces y las diarias visitas a misa de doce se convirtieron en todo un suplicio para él. Un sábado por la tarde debió ser ingresado de urgencia al presentar un complicado cuadro con todo tipo de insuficiencias imaginables. Cuando era introducido en camilla al interior del vehículo sanitario observé como dirigía su lacónica mirada hacia las acristaladas puertas del bar. Pienso que, por unos instantes y de alguna manera, fue consciente de que aquello suponía una irremediable despedida. El lunes por la tarde, a las 18 horas y 11 minutos, falleció en el hospital. La noticia corrió como la pólvora por toda la barriada y al día siguiente no paró de acudir gente a la sala del tanatorio donde se hubo de exponer su cadáver. Con la desaparición de don Caesar Imperator Pater Leitaeris, aquel mítico bar de la Calle de Alcántara ya nunca volvió a ser el mismo.
Es muy posible que, en algún remoto lugar del universo, don Caesar Imperator esté sonriendo al comprobar que uno de sus hijos ya no es tan marxista – aunque se siga sintiendo de izquierdas — y que, al menos, haya pasado de considerarse ateo a proclamarse agnóstico. Pero de lo que sí tengo una total y absoluta certeza, es que mi padre estará muy ilusionado al comprobar como aquel amiguito suyo con el que salía a pasear al parque por las mañanas se encuentra ahora bajo mi protección –” Tranquilo, Pepito; se fuerte y aguanta. Te estoy esperando aquí con la correa para dar muchos paseos y para enseñarte de cerca la luna y las estrellas. Pero no tengo prisa; aquí nunca se tiene prisa. Anda, quédate un poquito más con Leiter y Celia…”–
En el día de hoy, 26 de mayo de 2009, se cumple el XII aniversario del fallecimiento de mi padre. Este humilde post va dedicado a su memoria
Ludwig van Beethoven (III): Los últimos años 25 Mayo 2009
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Retrato de Beethoven realizado por Ferdinand George Waldmüller en 1823
Hacia 1813 aparece en la vida de Beethoven un nuevo personaje cuya importancia será decisiva en los últimos años del compositor: Su sobrino Karl, hijo de su hermano Kaspar Anton Karl. En ese mismo año, el hermano del músico hizo una declaración jurada por la que, en caso de fallecer, su hermano Ludwig debía hacerse cargo de la crianza de su hijo en condición de tutor, siendo el propio Beethoven uno de los signatarios de ese documento. Ocurrió que cuando Kaspar falleció dos años después, en 1815, apareció un documento en el que se expresaba que Karl debía ser tutelado tanto por el compositor como por su ya viuda cuñada. Beethoven se rebeló contra esta disposición póstuma y se dirigió a Landracht — Corte Suprema regional — para invocar su derecho a ser reconocido como único tutor de Karl. Tras obtener la custodia legal del muchacho, Beethoven tuvo que enfrentarse a la tenaz resistencia de la madre, quien apeló a una instancia superior en la que, cuatro años después, vio reconocidos sus derechos a compartir custodia. Esta batalla familiar no cesó hasta 1820, cuando Beethoven se dirigió a la más alta magistratura vienesa que finalmente resolvió a su favor. Pero en esta pelea legal que se prolongó más de cinco años, Beethoven invirtió demasiadas fuerzas, tiempo y dinero. Y, paradojas de la vida, el muchacho por el que tanto había pugnado sería posteriormente una fuente de problemas constante para el músico. Algunos biógrafos se atreven a señalar este incidente como causa fundamental del deterioro físico que aceleró la muerte de Beethoven.
Durante unos años, el declive de las facultades del compositor se acrecentó, como ya hemos señalado, de manera harto preocupante. Su sordera era ya del todo irreversible y absoluta, siendo el único medio posible de comunicación la escritura en unos celebérrimos cuadernos de conversación en los que el interlocutor debía escribir lo que deseaba decir a Beethoven, contestando éste posteriormente por escrito o verbalmente según su estado de ánimo. Su situación doméstica se fue haciendo cada vez más problemática y su temperamento, ya de por sí receloso, se volvió irritable y suspicaz hasta límites extremos. Ejemplo de ello muestran las frecuentes cartas que Beethoven intercambió con Nanette Streicher, su casera, vecina, patrona, mecenas e incluso paño de lágrimas, en las que el compositor daba cuenta de los problemas que a menudo mantenía con su servicio doméstico. En una de las misivas, Beethoven declara sin pudor que a una chica que ejercía de cocinera le arrojó una docena de libros a la cabeza “como saludo de Año Nuevo…”. Nada especial; en otra ocasión, la sufrida joven no debió de realizar alguna tarea al gusto de Beethoven y éste, como si tal cosa, le tiró “una silla que tenía junto a la cama, tras lo cual el resto del día transcurrió en paz”. Parece ser que Nanette Streicher tuvo serias dificultades para proveer de servicio doméstico a Beethoven, dada la fama de irascible que paulatinamente se había ido creando.
Fue este un período en el que su capacidad creativa se redujo a niveles considerablemente bajos, ya que entre 1815 y 1820 apenas compuso media docena de obras, las Sonatas Op. 102 para violoncelo y piano, las Sonatas Op. 101, 106 y 109 para piano y el ciclo Canciones a la amada lejana. Mucho tuvo que ver con esto el enconado conflicto que mantenía con su cuñada por la custodia de Karl; Beethoven solía referirse a ella como “La Reina de la Noche”, personaje de La Flauta Mágica de Mozart… Esta situación provocó lo que los biógrafos han coincidido en señalar como “segunda transición” antes de su tercer y magistral período creativo. La anterior transformación había estado íntimamente relacionada con la crisis derivada de su progresiva sordera y, en esta ocasión, la crisis le sobrevino de una forma diferente. El proceso intimista que la música de Beethoven alcanzó en los últimos siete años de su vida tuvo escasa vinculación con los acontecimientos más mundanos. Su música fue el resultado de un continuo y lacerante dolor, más bien, de un “aprendizaje del dolor”, toda vez que finalmente aquel sobrino por el que tanto había luchado se alejó de su tío, le humilló y rechazó su cariño. Sobre aquel trauma afectivo, Beethoven declaró en un escrito dirigido a Karl en 1825: –”Deseo que nunca te avergüences de tu ingratitud hacia mí; estoy sufriendo, es lo único que puedo decirte. Ten la seguridad de que nunca has recibido sino afecto y bondades por mi parte. ¿Sería injusto que yo desease lo mismo para ti, aunque fuese en pequeña medida? Incluso si llegaras a verme enfadado contigo, atribúyelo a mi gran ansiedad hacia tu persona…”–
Los años finales de la vida de Beethoven, los de la incomparable Novena Sinfonía y la no inferior Missa Solemnis, fueron los de su acercamiento hacia la figura de su hermano Johann, con quien el compositor había roto relaciones en 1812 como consecuencia de las vinculaciones que mantenía su hermano con una mujer de dudosa reputación y con quien terminó por casarse. Sucedió que en 1826, después de un intento de suicidio de su sobrino Karl que llevó a Beethoven al borde del colapso absoluto, aceptó entonces visitar a su hermano Johann en Gneixendorf, una pequeña villa cercana a Viena en la Johann y su mujer vivían confortablemente gracias a la prosperidad de sus negocios. Allí pasó Beethoven dos meses en circunstancias nada beneficiosas para su salud. Aquejado de un fuerte enfriamiento que le obligó a guardar cama casi desde el día de su llegada, tuvo que regresar apresuradamente a Viena. Allí, su estado se agravó durante los primeros meses de 1827, viéndose incapaz de redactar sus propias cartas y debiendo dictar las mismas. El 18 de marzo dictó su última misiva, una nota de agradecimiento a la Royal Philharmonic Society de Londres, comprometiéndose a escribir para ellos una décima sinfonía…
El día 23 su estado empeoró y se le administraron los últimos sacramentos. (Aunque Beethoven era católico, en ocasiones manifestó una tendencia claramente panteísta). Horas más tarde, Beethoven perdió todo indicio de conciencia, falleciendo en la mañana del 26 de marzo de 1827. Junto al lecho de muerte se encontraba su cuñada Therèse — mujer de Johann — y Anselm Hüttenbrenner. Como si se tratase de una maldita ironía del destino, la causa del fallecimiento, según la autopsia, fue debida a una cirrosis. (En la actualidad, algunos especialistas apuntan a que Beethoven abusó del “frasco” en estos últimos años como consecuencia de sus problemas afectivos. Esta hipótesis me parece, cuanto menos, precipitada y con pocos visos de ser verídica). En la habitación, junto a la cama del difunto, se encontraron las cuartillas conocidas como “Carta a la amada inmortal”, al lado de un retrato de Therèse von Brunswick, lo que contribuyó desde entonces a forjar la conocida leyenda amorosa. El entierro tuvo lugar el 29 de marzo y, gracias a los estipendios que fueron enviados por la Royal Philharmonic Society londinense, fue del todo imponente y lujoso, calculándose que asistieron al mismo unas 20.000 personas. En la misma fecha se celebraron los funerales, a los que asistió Schubert, y en donde el poeta Grillparzer leyó una oración fúnebre. Casi 60 años más tarde, en 1888, sus restos fueron exhumados y trasladados al Cementerio Central de Viena, en donde reposan en la actualidad al lado de la tumba de Schubert.
Beethoven es, posiblemente y junto a Mozart, el mayor referente de la música occidental. Creó el concepto popular de artista quien, separado de la sociedad, supera la tragedia personal para conseguir su propósito y convertirse en héroe. Su música, intensa e invariable, abarca todo tipo de emociones, desde la más deprimente melancolía hasta la más alegre celebración. En ella refleja su creencia en el dominio de su espíritu individualista, enfatizando la expresión personal por encima del formalismo tradicional, abriendo con ello el camino hacia el pleno Romanticismo. Pero además, Beethoven fue el primero en establecer una carrera independiente desde sus comienzos, con su rechazo a servir a aristocráticos mecenas. Marcó un cambio — ya intentado anteriormente por Mozart — en el papel de los músicos, quienes pasaron de ser meros sirvientes a ser (o intentar ser) mediadores culturales independientes, creando para ello un modelo que siguieron posteriormente casi todos los compositores.
OBRAS
- 9 Sinfonías, destacando la 3, 4, 5, 6, 7 y 9
- 5 Conciertos para piano, destacando el 3, 4 y 5
- Un Concierto para violín
- Un Triple Concierto para violín, violoncelo y piano
- 11 Oberturas, destacando Egmont y Leonora nº3
- Música para obras de teatro, destacando Egmont
- Música para ballet, destacando Las criaturas de Prometeo
- 32 Sonatas para piano
- 17 Cuartetos de cuerda, destacando el 9, 14, 15 y 17, La Gran Fuga
- 10 Sonatas para violín y piano, destacando la 5, Primavera, y 9, A Kreutzer
- 5 Sonatas para violoncelo y piano
- 6 Trios para violín, violoncelo y piano
- Unas series de Variaciones para piano, destacando las Variaciones Diabelli
- Otras Obras de cámara
- Una Ópera, Fidelio
- 2 Misas, destacando la Missa Solemnis
- Fantasía Coral
- Ciclo de canciones An die ferne Geliebte (A la amada inmortal)
- 49 Arreglos de canciones populares
- 3 Cantatas y otras obras corales diversas
El movimiento Fluxus: Concierto ensemble saxophones de George Brecht 24 Mayo 2009
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Imagen de George Brecht ejecutando la famosa pieza Solo para violín de Maciunas en 1964
He aquí el famoso Concierto ensemble saxophones del compositor neoyorquino George Brecht, recientemente fallecido en diciembre de 2008, y miembro clave del conocido movimiento artístico FLUXUS. Si nos fijamos bien en el vídeo del enlace, la interpretación de dicho concierto consiste en que el solista llega al escenario con una escalera portátil y derrama un líquido a través de una regadera sobre un recipiente que parece un cubo metálico. Finalizada dicha acción, el intérprete recoge la escalera y se larga con viento fresco del auditorio. La respuesta del público ante la ejecución es magnífica aunque yo reconozco que no estoy musicalmente capacitado para juzgar si dicha interpretación es del todo ortodoxa. Tendría que ver más versiones para ello…
George Brecht fue un compositor muy comprometido con cualquier corriente artística conceptual y vanguardista, como el mencionado movimiento FLUXUS, y alternó su carrera de músico con la labor de consultor farmacéutico para importantes empresas norteamericanas, como Johnson & Johnson y Mobil Oil. Su propio nombre — en realidad se llamaba George MacDiarmid — lo cambió por el de Brecht pero no como homenaje al gran poeta germano, como pudiera en principio pensarse, sino porque “le encantaba el sonido de ese nombre”. Estudió química en Filadelfia y llegó a patentar hasta cuatro modelos distintos de tampones. Su gusto por la creatividad y la vanguardia le llevó a estudiar junto a John Cage en los últimos años de la década de los cincuenta, donde inventó la llamada puntuación del evento, elemento fundamental que caracterizaría al grupo FLUXUS, y que no son sino simples instrucciones para completar las tareas diarias que se pueden realizar — o no — tanto en público como en privado. Su música se implica en una clara intención de explorar el azar como elemento prioritario de la misma. Su prestigio dentro de las vanguardias musicales fue al alza, llegando a impartir clases en la Universidad de Rutgers y participando en cualquier evento relacionado con FLUXUS. Su principal composición es Goteo Evento (1962), una creación donde se dan instrucciones para que una fuente de agua golpee el casco de un barco vacío, organizando la forma en que ese agua cae en el buque. Tras viajar por numerosas ciudades europeas, se instaló definitivamente en Alemania, donde llegó a conquistar el prestigioso Berlin Kunstpreis en 2006. Su obra está incluida en cualquier retrospectiva o muestra de FLUXUS, siendo hoy en día considerado uno de sus mayores exponentes.
Aunque en ocasiones ha interferido con la estética “cagiana”, el movimiento FLUXUS debe considerarse como independiente de los postulados de John Cage y ha de circunscribirse a la raíz europea por sus características, muy cercanas a la intención creativa de una especie de nuevo dadaísmo. FLUXUS fue un movimiento “estructurado” en 1962 por el lituano George Maciunas que pretendía fundir el arte con lo cotidiano a través del empleo inmediato de elementos de la realidad. Aparte de George Brecht, muchos artistas de relieve — y no precisamente músicos — se acercaron a FLUXUS, como los pintores alemanes Joseph Beuys y Wolf Vostell, quienes realizaron collages y happenings en un intento de denunciar la brutalidad del entorno. A nivel literario, destacó el escritor norteamericano Dick Higgins, gran difusor de las ideas del movimiento a través de su editorial Something Else Press. Aunque la mayoría de los artistas de FLUXUS no eran músicos, bien es cierto que se les acercaron compositores de otras trayectorias, como Georg Ligeti, autor de la famosa obra conocida como Poema sinfónico para cien metrónomos, una composición cuya dificultad radica principalmente en reunir los cien metrónomos antiguos que requiere la interpretación, habida cuenta de que Ligeti especifica claramente en la partitura que la obra ha de interpretarse con “instrumentos originales”, esto es, con antiguos metrónomos que ya no se usan por obsoletos… De cualquier manera, casi todos los artistas que se acercaron musicalmente a FLUXUS lo hicieron desde una concepción particularmente deconstructiva. Beuys llegó a producir obras sonoras y a Vostell le fascinaban los ruidos estruendosos, como así se percibe en su famosa Sinfonía para 40 aspiradoras, de 1963. Maciunas demostró su concepción musical en obras como Solo para violín (1962), con detalladas instrucciones para la destrucción del violín; las Doce composiciones para piano (1962), en la que destaca la nº5, en la que se ha de colocar un perro y/o un gato dentro del piano e interpretar posteriormente cualquier composición de Chopin, y la no menos célebre nº13, en la que se clavetea concienzudamente todo el teclado de un piano para posteriormente desguazarlo. Por su parte, Higgins compuso El ruido de los animales muriendo (1964), donde ya os podéis imaginar lo que sucede durante la ejecución de la pieza. De particular interés es la obra del coreano Nam June Park, uno de los primeros videoartistas y acuñador del término “autopistas de la información”, que desarrolló una serie de conciertos inusuales basados en la electrónica y el vídeo con fuerte carga erótica, para los que colaboró la violoncelista Charlotte Moorman, y que por desgracia solían acabar en escándalos, detenciones, multas y posteriores juicios.
Según el músico y erudito español Tomás Marco, en numerosas ocasiones se ha relacionado a FLUXUS con el arte conceptual que se desarrolla en los mismos años, corriente en la que la idea artística prevalece sobre el objeto en sí. Otras veces se ha dicho que es lo contrario porque a FLUXUS lo que realmente le interesa es el objeto sin más. Aunque, según Marco, las cosas no son tan claras y ambas corrientes están interrelacionadas. Entre los primeros conceptuales se ha solido incluir al pintor Sol Lewitt quien, sin embargo, destacó más en el minimalismo. Al conceptualismo se ha adscrito mucha obra FLUXUS o el llamado Arte Povera italiano, así como artistas del carácter de Joseph Kossuth, quien llegó a creer que cualquier obra realizada se convertía en ornamental y por lo tanto rechazable; también Walter de María, quien es mucho más conocido en movimientos posteriores como el minimalismo o el Land-art.
Una variante, por así llamarlo, de FLUXUS en España fue el llamado movimiento zaj, una corriente que partió de la interpretación personal de Juan Hidalgo sobre ciertas ideas de John Cage. Pero ello ya será motivo de otra entrada en esta sección.
¿Cuando estallarán las calles en Europa? 23 Mayo 2009
Posted by th23 in El comentario de Theniger.9 comments

A la luz de algunos acontecimientos del dia jueves pasado, donde hubo enfrentamientos entre manifestantes desempleados y la policía en algunos puntos de España, rescato un artículo de COTIZALIA con el título ¿Cuándo estallarán las calles?
El planteo surge a partir de declaraciones de Jean Claude Juncker, primer ministro de Luxemburgo, cuya visión apocalíptica del futuro inmediato de Europa llama a reflexionar si el estallido está cercano.
¿Es incorrecto elaborar una hipótesis de conflicto social con la que está cayendo? No, seria incorrecto no hacerlo, pero ¿Puede ocurrir en España?
Para que el disconformismo social se exteriorice como protesta violenta deben concurrir varios factores (todos o la mayoría) en forma simultánea
- efecto imitación (contagio de movimientos similares)
- inexistencia o ruptura del tejido social
- que los afectados sean representativos en términos de volumen e importancia en la estructura social y que la actual sea una situación que se suma a postergaciones/marginaciones mas antiguas y no satisfechas
- existencia de una fracción política o colectivo que vea la oportunidad para capitalizar la protesta y erigirse como representante
- inacción por parte del gobierno en lo referido a contención social
- existencia en el arco político de facciones radicalizadas
- ausencia / insuficiencia de redes sociales
- hartazgo de la sociedad de sus referentes políticos
- baja presencia de sindicatos en términos de negociación (no hablo de representatividad)
- alta presencia de inmigración no integrada (existencia de ghetos)
- baja presencia de clase media en la estructura social
A priori podríamos concluir que existen algunas condiciones, pero debe ponderarse su importancia para analizar como incide cada una de ellas en la reacción colectiva. En nuestra España de hoy con más de cuatro millones de parados y muchas familias en serias dificultades para llegar a fin de mes (desempleo + hipoteca+ sobreendeudamiento) hay algunos aspectos que concurren para evitar el estallido en lo inmediato. Cabe destacar que no estoy tomando posicionamiento político pues con sus más o sus menos la situación sería similar con la oposición (me refiero a la coyuntura y no a cómo salir de la situación de crisis). Veamos entonces
- cobertura social: el sistema de salud, los servicios públicos y la cobertura al desempleado funcionan “aceptablemente”.
- Sindicatos: podremos criticar muchas cosas desde antes, aun con otros gobiernos y con los que vendrán pero su tarea en la coyuntura, amortiguando el conflicto es relevante.
- Organizaciones sociales: ONG´s, caritas, servicios sociales de ayuntamientos, comedores, etc… Dentro de su ámbito asumen su rol acercando sus ayudas a los más necesitados
- Grupos de izquierda: no están radicalizados; son críticos y reivindicativos pero no pugnan por llevar gasóleo a la hoguera
- Colectivos marginados: no existen grandes colectivos que hayan agravado su situación o que arrastren desigualdades crónicas
- Rol de la oposición: si bien aprovecha la situación para llevar agua hacia su molino, efectúa política de desgaste pues es consciente que poco más podría hacer para sobrellevar la situación en lo inmediato si estuviera gobernando.
- Clase media: afectada por el tema hipotecario y parcialmente por el paro, gracias a la contención familiar y créditos de consumo sobrevive.
- Inmigración: si bien es un colectivo representativo y al cual mayoritariamente afecta la crisis, está integrada al resto de la sociedad a diferencia de otros países donde forma ghetos
- Crisis global: afecta a toda la sociedad aunque con distinta virulencia, lo que hace que el efecto se diluya en términos sociales
En general este tipo de movimientos se fecunda en las generaciones más jóvenes con una alta carga de idealismo donde prenden fácilmente los conceptos reivindicativos y de cambio profundo. Nuestra juventud por distintos motivos (que sería tema de otro post) está despolitizada y sin capacidad de organización. La generación de los 40 a los 60 está posicionada pero no comprometida salvo con la defensa de lo propio y por tanto reacia a las acciones globales.
Ambos casos son fruto del accionar de la clase política que los despojó de sus ideas y adormeció su pensamiento, habiéndose convertido en un colectivo propio diferente a los votantes que les dan sustento. Prueba de ello es que está enfrascada en su propia contienda y que sólo hacen uso del tema de la crisis como munición de guerra pero sin abordar la raíz del problema.
Rescatando la pirámide de Maslow, vemos que las necesidades básicas a día de hoy están cubiertas algunas por el Estado-salud, desempleo, seguridad, servicios- y las alimenticias por sí mismas a costa de marcas blancas y algunas restricciones o por organizaciones sociales de amplio espectro que complementan (comedores, ONGS)
Si bien el problema esta latente la evolución dependerá del comportamiento global de la economía, de las medidas que adopte el gobierno en el corto plazo y el rol de los partidos políticos, sindicatos y patronales en su acompañamiento o no de las mismas para que no ocurra nada
un saludo y buen fin de semana
THENIGER
Cuadros de una exposición – Mussorgski-Ravel 22 Mayo 2009
Posted by leiter in Análisis musical.6 comments

La Gran Puerta de Kiev según el proyecto de Viktor Hartmann
* Escrita por Modest Mussorgski para piano en 1874 y orquestada por Maurice Ravel en 1922
* Estrenada (La versión orquestal) el 19 de octubre de 1922 en París bajo la dirección de Serguei Koussevitzki
* EFECTIVOS ORQUESTALES: 2 flautas, piccolo, 3 óboes, corno inglés, 2 clarinetes, clarinete bajo, 2 fagots, contrafagot, saxofón alto, 4 trompas, 3 trompetas, 3 trombones, tuba, 2 arpas, timbales, bombo, platillos, celesta, caja clara, xilófono, campanas, gong chino, triángulo, carraca, látigo y sección de cuerda
* Duración aproximada de la ejecución: Alrededor de 32 minutos
En 1874 tuvo lugar en Moscú una exposición de pinturas y proyectos arquitectónicos del artista ruso Viktor Hartmann, fallecido un año antes e íntimo amigo del compositor, y de un grupo de jóvenes artistas que aspiraban a la creación de un arte puramente ruso del que estuviera eliminada cualquier influencia extranjera. Mussorgski tradujo musicalmente esas pinturas en unos términos bien diferentes a lo que en el resto de Europa se consideraba por entonces como “música programática”. El resultado fue una colección de piezas para piano titulada como Cuadros de una exposición, partitura que fue recibida con enorme estupor por un público que no acertaba a descubrir el enorme talento de un compositor genial aunque muy criticado por los excesos alcohólicos que le impedían una mayor concentración creativa. De hecho, músicos como Rimski-Korsakov y Glazunov dedicaron grandes esfuerzos por suavizar las asperezas musicales de la producción de Mussorgski en base a rectificar e instrumentar unas partituras que, paradójicamente, han resultado ser mucho más completas, vehementes e imaginativas en su ruda versión original.
Cuadros de una exposición es un fascinante caleidoscopio pianístico que ilustra una serie de cuadros con una ilimitada imaginación y un milagroso poder expresivo dentro de una gama de colores cambiantes y fantásticas apariciones que nos hacen del todo prescindible la consecuente contemplación de los lienzos, en un verdadero ejercicio de imaginación virtual. La escritura pianística de Mussorgski es brutal y deliciosamente ruda, con bastantes pasajes “antipianísticos” y sin ninguna pretensión por parte del compositor para adaptar los efectos perseguidos a las posibilidades del instrumento, cuyos límites no parece querer tener en cuenta. De hecho, la partitura es endiablada de interpretar y muchos solistas de postín han prescindido de su ejecución en los recitales. Más que piezas para piano parecen apuntes de orquestación y durante mucho tiempo fueron tema de experimentos orquestales. Sin embargo, hacía falta un gran maestro que configurase todas las intenciones que parecen ocultarse en la versión pianística de Mussorgski. Y ese gran maestro se encontró en la persona de Maurice Ravel, uno de los más grandes orquestadores de toda la historia de la música.
Ravel acometió la orquestación de dicha obra a comienzos de 1922 y el resultado fue una de los más brillantes ejercicios de orquestación que nunca se hayan realizado, partitura obligada e imprescindible para cualquier estudiante de dicha materia. Ravel no se contentó con el buen hacer del trabajo de un especialista en la materia, sino que cimentó una labor propia de un orfebre musical. Conservó la composición original de manera casi intacta, con tan sólo unas mínimas alteraciones que sirven para mantener el equilibrio general de la obra (En particular, en el tema Il vecchio castello añade un compás y en La gran puerta de Kiev las pausas están vertidas en términos de anotación. Además, omite una de las Promenades). La versión orquestal es a día de hoy una de las grandes piezas del repertorio sinfónico de cualquier orquesta de relieve y es muy apreciada por todos los públicos. Quien acomete el estudio de la partitura descubre un mundo singular de geniales combinaciones tímbricas y prodigiosas soluciones en el desarrollo orquestal. Finalmente, es preciso señalar que muchos han sido, aparte del de Ravel, los ejercicios de orquestación de esta obra (Tushmalov, Funtek, Wood, Stokowski, Macal…). El célebre pianista Vladimir Ashkenazy hizo el suyo propio en 1982. En los comentarios del CD – en donde se ofrece la versión pianística y la suya orquestal — Ashkenazy afirma haber encontrado “imperfecciones” en la orquestación realizada por Ravel, motivo por el cual realizó su propia y definitiva versión. Sin comentarios…
Para seguir la audición, os pongo los cuatro enlaces a una magnífica versión llevada a cabo por el joven director finés Esa-Pekka Salonen dirigiendo a la Philharmonia Orchestra of London durante una sesión celebrada en el Royal Albert Hall londinense correspondiente a la temporada de los Proms de 2006. La interpretación es nerviosa, eficaz y con una excelente toma de sonido.
DESARROLLO DE LA OBRA
PRIMER VÍDEO: (Contiene Promenade, Gnomus, Promenade e Il vecchio castello)
- PROMENADE: El tema inicial — alternado en compás de 5/4 y 6/4 — es expuesto por la trompeta solista y contestado por una fanfarria de metales. Sobre este motivo se incorporan las cuerdas y la madera complementando y desarrollando el tema, que pasa por un 3/2 con fuertes reminiscencias corales. Este tema va a ser cíclico a lo largo de toda la obra y describe el deambular del autor por la galería donde se muestran los cuadros. El motivo es esencialmente ruso — nel modo russico – y presenta numerosas variaciones a lo largo de la obra.
- GNOMUS: En 3/4 y tempo vivo. Representa a un enano cojuelo moviéndose de manera grotesca. Un rápido motivo en las cuerdas, contestado de forma escalonada y descendente por maderas, con gran protagonismo de la celesta, da paso a un segundo tema en 4/4, pesante y amenazador, expuesto por las maderas y al que se contrapone el primer tema con violentas pausas. Una melodía áspera es dibujada por las trompetas y la madera sobre un fondo cromático descendente de violas y violoncelos, para inmediatamente pasar a trombones y tuba, ahora con el cromatismo de violines. A continuación, sobre notas en trino de fagot y clarinete bajo, el primer motivo escalonado de contestación — preciosas disonancias en los metales — culmina en una rápida escala ascendente que estalla en un seco acorde de Sol.
- PROMENADE: Ahora es la trompa quién expone el motivo, con el diálogo de la madera, para que primeros y segundos violines — en octavas — dibujen un motivo ascendente en ritardando.
- IL VECCHIO CASTELLO: Representa un paisaje italiano nocturno con un castillo y un trovador que canta una serenata al pie de una de las ventanas. En 6/8, expresivo, sobre un ritmo ostinato y persistente de la cuerda grave centralizado en la nota Sol, el saxo declama una de las más bellas melodías jamás compuestas, a la manera del canto de un trovador. (Extraordinaria la ejecución del solista en el vídeo de enlace, aunque no mejor que una que yo escuché a Pedro Iturralde con la ONE… ¡Sostuvo en pianissimo y diminuendo la última nota casi medio minuto! ¡Inolvidable!). Tras una respuesta de la cuerda con sordina, de magistral evocación poética, el tema pasa por flauta y se desarrolla con arriesgadas armonías. Finalmente, el saxo retoma el motivo cantabile con una inesperada escolta aguda de los contrabajos, desligados de los violoncelos, para finalizar con una nota sostenida tras un acorde en pizzicato de cuerdas.
- PROMENADE: De nuevo la trompeta expone el tema, más pesante y en Si mayor, armonizado por la cuerda grave en un asomo de contrapunto.
- TUILERIES: El cuadro describe a unos niños que están jugando en el famoso parque parisino bajo el atento cuidado de sus niñeras. Una caprichosa melodía es dibujada por el oboe y subrayada por la flauta. Al serpenteo de los trazos se le une el clarinete, que da paso a otro motivo expuesto por los violines y bellamente adornado por la madera que retoma posteriormente el protagonismo.
- BYDLO: El cuadro representa a una enorme carreta polaca tirada por un par de bueyes. El tema, angustiosamente pesante y en 2/4, es presentado por la tuba solista bajo un ritmo martilleante de maderas y cuerdas graves. Tras unos inquietantes dibujos en la cuerda, la orquesta toma el tema principal en un poderoso crescendo acompasado por los timbales y la caja clara. Nuevamente la tuba recoge el tema para ir cerrándose en pianissimo con un original subrayado de trompa con sordina.
- PROMENADE: El tema del paseo es ahora expuesto por flautas, clarinetes y oboes, en un clima que adquiere tensión con los oscuros acordes de los metales y el paso a modo menor del tema en la cuerda. El penúltimo compás presenta, de manera imprevista, un esbozo del cuadro siguiente.
- BALLET DES POUSSINS DANS LEURS COQUES: (Baile de los polluelos en sus cascarones). El cuadro — realmente un apunte — retrata los divertidos movimientos de unos polluelos recién nacidos. En 2/4 y Si bemol mayor, el tema se desarrolla como una encantadora miniatura llena de colorido orquestal. Se sucede un trio con trinos disonantes en los violines que es complementado por el oboe y luego por la flauta para retomar después el tema danzarín. La orquestación de este breve número es un auténtico prodigio.
- SAMUEL GOLDENBERG UND SCHMUYLE: El cuadro representa un diálogo entre un judío rico y otro pobre: Cuerdas (Violines sobre la cuerda de Sol) y maderas exponen al unísono un amenazador tema en si bemol menor que es replicado por un motivo en tresillos presentado por la trompeta con sordina en su registro agudo y que es escoltado por las notas largas y con menor intensidad sonora de las maderas. Tras una doble escala ascendente-descendente, la trompeta, a la que se le suma una segunda en octava, martillea un incesante ritmo sobre el que se acopla, de forma magistral, el cargante tema del judío rico en las cuerdas. Tras un pasaje de inquietante calma, el número termina con un unísono orquestal (Tresillo de semicorcheas y corchea final)
- LIMOGES-LE MARCHÉ: El cuadro retrata una escena de mujeres discutiendo en un mercado por la mañana. En 4/4 y Mi bemol mayor, este número es un antológico ejercicio de virtuosismo orquestal, con una sucesión temática a cargo de violines, maderas y metales que pelean, bromean e interactúan entre sí, y a las que se le une la percusión en medio de todo el festivo jolgorio. Tras unos rapidísimos diálogos entre todas las secciones, una escalofriante persecución acelerada en trémolos a lo largo de toda la orquesta culmina con el primer acorde del siguiente número. De nuevo, una muestra de la genialidad orquestal de Ravel. Tremendo y dificilísimo número (En piano es aún más complicado)
- CATACOMBAE SEPULCHRUM ROMANUM: El dibujo representa al propio Hartmann examinando a la luz de una linterna las catacumbas de París. En 3/4, un largo acorde de trombones y tuba — con el que culminó la carrera del anterior número — da paso a una oscura coral de metales, principalmente trombones, tuba y trompas, que se desarrolla por medio de notas ligadas y con abiertas disonancias armónicas. Unos contrastes de dinámica sonora dejan un hueco por el que asoma una misteriosa trompeta que pronto es absorbida por el resto de la sección de vientos. El número termina de nuevo con abruptas disonancias.
- CUM MORTUIS IN LINGUA MORTUA: (Hablando a los muertos en la lengua de los muertos). Es una licencia de Mussorgski, una reflexión sobre el número anterior. Trémolos agudos y en pianissimo de los primeros violines con sordina establecen un misterioso fondo sobre el que primeramente oboes y luego fagots perfilan un tema melódicamente relacionado con el de la Promenade. La atmósfera es del todo trascendente, desembocando en un paso a modo mayor, suave y relajado, que es mágicamente arropado por las notas ascendentes del arpa. El número concluye en pianissimo sobre una aguda nota de Fa prolongada en trémolos por los primeros violines. Es, sin duda, el número más introspectivo de la obra (Y, para mí, el más apreciado)
- LA CABANE SUR DES PATTES DE POULE: (La cabaña sobre patas de gallina): El dibujo de Hartmann representaba un reloj en forma de la bruja de la leyenda rusa de Baba-Yaga. Mussorgski añadió la caza de la bruja en la partitura. Tremendo y espectacular número. Dos secos golpes orquestales, ritmados por timbales y bombo, dan paso en la cuerda grave a un motivo rítmico sobre el que se instala el primer tema, expuesto por las trompetas en acordes picados de tríadas y contestado brillantemente por trompas y percusión. Tras un desarrollo orquestal, se pasa a una misteriosa atmósfera en la que se dibuja un segundo motivo a cargo de fagot y luego de tuba sobre un fondo de semicorcheas en las maderas. Luego de un acorde en pianissimo — con toque sutil de gong –, la orquesta vuelve a los secos acordes de la introducción y a la reexposición del primer tema que culmina con otro ejercicio de virtuosismo y en una carrera desenfrenada hacia el último número de la obra.
- LA GRANDE PORTE DE KIEV: El cuadro representaba un antiguo proyecto arquitectónico consistente en la edificación de una puerta monumental en la ciudad de Kiev rematada con una cúpula en forma de casco. Tras la carrera precipitada del número anterior, se sigue con una hermosa coral de maderas bajas y metales, en 4/4 y Mi bemol mayor, lejanamente relacionada con el tema principal de la Promenade. En la nueva exposición, se suma la cuerda y la percusión, en un ambiente solemne y glorioso. Tras este episodio, surge un nuevo y suave tema expuesto por clarinetes y fagots que culmina con otra explosión coral de la orquesta, parapetada por las escalas descendentes y ascendentes de primeros y segundos violines. Nueva exposición del segundo tema en clarinetes y fagots que desemboca en una preciosa atmósfera, ambientada por los toques de campanas, que prepara el camino a la gloriosa recapitulación. El tema ahora es el de la Promenade, que tras un golpe orquestal sobre el que se dibujan unas escalas descendentes en la cuerdas, explota majestuosamente en los últimos compases de la obra, toda una orgía sonora, con gran protagonismo de la percusión. La conclusión no puede ser más brillante y muy mal debe hacerlo el director y la orquesta para no recibir una cerrada ovación tras el último acorde.
VERSIONES RECOMENDADAS
- Sergiu Celibidache con la Filarmónica de Munich. ARTISTS FED. (El rumano ha sido de largo el mejor lector de esta obra)
- Fritz Reiner con la Sinfónica de Chicago. RCA.BMG. (Versión potente y sobria, sin concesiones)
- Carlo Maria Giulini con la Filarmónica de Berlín. SONY y también con la Sinfónica de Chicago. DG. (Lecturas minuciosas y atemperadas. Extraordinarias ambas)
- Mariss Jansons con la Filarmónica de Oslo. EMI. (Grandiosa cohesión, gran sonido orquestal. Impecable lectura)
- Ondrej Lenárd con la Filarmónica Eslovaca. NAXOS. (Todo un descubrimiento. Gran matización orquestal)
- Karel Ancerl con la Filarmónica Checa. SUPRAPHON. (Limpia y metódica, de referencia. Genial Ancerl)
- Rafael Kubelik con la Sinfónica de Chicago. MERCURY. (Borda los números lentos. Lectura cuidadosa y apasionada)
- Georg Szell con la Orquesta de Cleveland. SONY. (Le va como anillo al dedo. Analítica y meticulosa. Buenísima)
- Claudio Abbado con la Filarmónica de Berlín. DG. (Bien construida, en líneas generales, aunque con ciertos altibajos)
- Sir George Solti con la Sinfónica de Chicago. DECCA. (Espectacular, prodigiosa demostración de la orquesta)
- Theodore Kuchar con la Sinfónica Nacional de Ucrania. NAXOS. (Otra sorpresa. Interesante y correcta lectura a precio de saldo)
Por contra, no acaban de llenarme del todo las versiones de Simon Rattle con la Filarmónica de Berlín. EMI. (Descafeinada e insustancial, no me aporta nada especialmente interesante) y Zdenek Macal con la Sinfónica de New Jersey. NAXOS. (Sosa, deshilachada, se nota que ha sido grabada a golpes). Por supuesto, estas no son sino apreciaciones subjetivas mías, sin ningún ánimo vinculante.