Colosimo´s: Copas con glamour 31 Julio 2009
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El “auténtico” Colosimos norteamericano y el de Miguel
Sin ningún género de dudas, si existe un bar de copas en la barriada con personalidad propia, con la leyenda y sabor que otorgan los muchos años que lleva en funcionamiento, y donde es posible solicitar cualquier marca espirituosa, por extraña, rara y cara que pueda parecer, ese es el bar de Colosimo´s, gestionado con enorme profesionalidad y brillantez por su propietario de siempre, Miguel. Bajar las escaleras de acceso a Colosimo´s supone adentrarse en un local y ambiente más propio de la Quinta Avenida neoyorquina que del peculiar barrio de Salamanca, un bar exquisito donde no tienen cabida la cañita de cerveza acompañada por un triste y desangelado platillo de aceitunas resecas, sino más bien el trago largo, combinado o no, de exclusivas marcas que difícilmente podremos encontrar en otros locales. Y mucho mejor si no dejamos asesorar por Miguel, todo un entendido en estas artes, cuya trayectoria profesional está lo suficientemente acreditada. Obviamente, los precios son acorde con el impecable servicio y la pulcra limpieza que Miguel en todo momento orgullosamente exhibe. Colosimo´s no es un lugar fashion, de gente joven, ni mucho menos — aunque todo el mundo es bien recibido aquí — sino un local propio para gente de mi edad, para un público que busca tranquilidad, calidad y la posibilidad de mantener cualquier conversación o tertulia sin estridencias musicales que dañan salud y oídos, acompañados de un insuperable combinado. El mismo Miguel es una proyección de su local, un ser amable, algo reservado y que sabe guardar perfectamente las distancias. Conoce a la perfección su oficio y tiene muy claro dónde empieza y termina su trabajo. Observar como Miguel manipula los artilugios necesarios para preparar cualquier combinado, por simple y conocido que sea, es toda una experiencia digna de ser visionada en las mejores escuelas de hostelería. Tengo la sana costumbre de acudir a Colosimo´s todos los sábados, desde finales de mayo hasta septiembre, para tomarme un par de gin-tonics en su terraza, con la única compañía de mi MP3, escuchando la música que en ese momento me apetece, según mi estado de ánimo. Cuando viene Celia a buscarme nos vamos, ya que ella no ha probado nunca una gota de alcohol en su vida y se aburre de estar sentada junto a una mesa, tomando una coca-cola que nunca se termina del todo. Por eso, cuando sabe que me largo al Colosimo´s se las apaña para aparecer una hora y media más tarde, el tiempo que suelo requerir para pimplar un par de gin-tonics. Es todo un espectáculo contemplar con qué mimo y arte Miguel me prepara el gin-tónic, sin lugar a dudas, de los mejores que pueden tomarse en Madrid a día de hoy. Fue el propio Miguel quién me recomendó la marca Bombay Shapire como aglutinante de tan conocida combinación. Para prepararla, Miguel se sirve de una copa que recuerda a la de tipo “balón”, pero algo más estilizada en sus formas, más armonizada en sus proporciones, por decirlo de alguna manera. Miguel añade el hielo justo, un tipo de hielo fuerte y robusto, no de esa clase de hielo japonés, frágil y hueco, que lo único que provoca es sobrehidratar penosamente los cubatas. Resulta patético como en otros lugares te cargan de hielo el vaso hasta arriba y al ir a dar el primer trago…¡Zas!, corbata al tinte. A continuación exprime con sumo cuidado y sirviéndose de un filtro media lima. Después, valiéndose de dos pinzas, frota repetidamente la corteza de un limón convencional sobre el borde del recipiente y sirve la dosis alcohólica precisa. Un buen gin-tónic debe saber a gin-tónic, no a alcohol de quemar ni a simple agua tónica. Luego, pausadamente, deja caer el refresco y, como toque final, con una cucharilla alargada mece suavemente la mezcla, de abajo a arriba, lejos de los nerviosos y banderilleros modos de otros profesionales del sector. ¿El resultado?… ¡Inolvidable! Miguel también recomienda dejar reposar el gin-tónic al menos un minuto antes de darle el primer trago, cosa que se me antoja harto difícil.
Conozco a Miguel desde hace muchos años y posiblemente sea el propio Miguel la única persona que a su vez haya conocido a todos mis ligues, lista tan intensa como poco extensa, algunos de ellos coyunturalmente prohibidos. Desde Ana hasta Celia, a todas las chicas con las que he ligado –o, en algunos casos, simplemente he intentado — me ha gustado llevarlas al Colosimo´s, un lugar relajado que favorece la intimidad de los encuentros pasionales. Alguna se me quejó de que por qué acudíamos a un sitio de viejos… En fin, Miguel tiene un pequeño piano de pared en su local y a mí me gustaba lucirme delante de mis ligues interpretando piezas excesivamente edulcoradas. Miguel nunca me puso impedimento alguno, pero observé como su rostro siempre se tornaba más serio cada vez que yo tocaba el piano. Tenía razón, aquel piano no era para tocar, sino un instrumento meramente decorativo (y bastante desafinado, por cierto). Miguel le echó el cierre a la tapa y jamás le he vuelto a pedir la llave. Además, ahora ya no me hace falta… De momento. Aunque, lo cortés no quita lo valiente, Colosimo´s también fue testigo de alguna ruptura sentimental, como aquella noche cuando le dije a Isabel, la enfermera, y poniéndome el disfraz de valiente, que yo era muy joven para una mujer como ella, mucho más existencialmente experimentada que yo. He dicho que me puse el disfraz de valiente pero luego, a solas, lloré como un gilipollas. A Isabel la quería un montón… También Colosimo´s fue testigo de nuestros primeros y clandestinos encuentros entre Celia y un servidor. Pero lo mejor fue que en el propio Colosimo´s me reencontré con un antiguo compañero de colegio al que no veía desde hacía casi 30 años y que, gracias a la red virtual y al aviso que así mismo me dio una amiga virtual, pudo dicho reencuentro hacerse realidad. Miguel, con su habitual discreción, jamás ha hecho mención alguna del tema de mis pasados ligues, incluso cuando estoy a solas. Nunca me ha preguntado por tal o cuál chica y, no sólo eso, sino que, si en alguna ocasión el enfado con alguna chica era evidente, jamás me interrogó después acerca del motivo. Pienso que Miguel, a lo largo de su dilatada trayectoria como gerente del Colosimo´s, ha sido testigo de numerosos e insólitos encuentros pasionales en su local, algunos de ellos quebrando los vínculos benditos de las uniones más pretendidamente sagradas e imperecederas… Esa es una de las mejores cualidades de Miguel, la discreción. Nunca le he oído comentar nada de nadie — a no ser algo que resalte las virtudes –, muy diferente a lo que sucede en otros bares de la zona donde cuando accedes siempre se está hablando de una tercera persona entre la dependencia y la clientela, la cual, paradójicamente, nunca está presente en esos momentos. Este año, Miguel está solo al frente de Colosimo´s y se le nota más cansado; se lo comento cuando me sirve el segundo gin-tónic en la terraza: — “No puede ser, Leiter. Este año estoy solo porque ya sabes lo que pasa cuando metes aquí a alguien para que te ayude. Suelo ser moderadamente riguroso con ciertos aspectos, pero con el de la bebida soy inflexible. Cuando se entrevistan conmigo les dejo bien claro que aquí, mientras se trabaja, no se bebe; luego, fuera de horas de trabajo, que tomen lo que quieran… Pero nada. Escucha lo que me pasó con el último: No me pareció malo en los días que estuvo de prueba. Fue dejarle solo y ¡Adiós!. Me presenté una vez de incógnito y estaba como una cuba. Se lo recriminé y encima el tío me lo negaba, aunque me pasé toda la tarde descubriendo cubatas empezados por los sitios más insólitos. Total, que tuve que vigilarle de cerca para que no bebiera. Y para eso, pues me quedo yo solo. No sé qué les pasa. Será porque tienen la bebida tan a mano, digo yo… ” –. Estoy seguro que le van a sentar muy bien estos merecidos días libres que se va a tomar Miguel en agosto.
El pasado domingo fui a despedirme de Miguel ya que era el último día que abría Colosimo´s como consecuencia de las referidas vacaciones veraniegas. Como el calor era tan sofocante, no quise estar en la terraza y opté por bajarme directamente al local. Allí, Miguel me contó un poco por encima la leyenda del auténtico Colosimo, un personaje que abrió un bar en Chicago en los albores del siglo XX y que poco a poco fue controlando todos los sectores hosteleros de la ciudad, logrando edificar un gran emporio económico. Hizo algún que otro trato con el famoso Al Capone y al principio las cosas parecieron rodar bien. Pero algo tuvo que estropearse, ya que el pobre Colosimo apareció un día tiroteado supuestamente por parte de unos sicarios que obedecían las órdenes de Capone. Fue en ese momento donde entró en vigor la célebre “Ley Seca” que desató tantos crímenes y asesinatos entre miembros de bandas rivales. Yo no sé cómo serían los bares de aquella época, repletos de personajes de muy dudosa condición y procedencia. Pero de lo que sí estoy seguro es que ni Capone ni ninguno de sus esbirros jamás hubieron de probar un gin-tónic tan bien elaborado y servido como los que hoy prepara Miguel. Lo tengo más claro que el agua de Lozoya.
Siluetas enmascaradas XX 30 Julio 2009
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No añoras un pasado de frágiles estampas
cuando convives con tu anhelo de obligadas circunstancias;
sonriendo al doble juego de la fortuna,
con la experimentada rutina de los idénticos quehaceres
y en la misma postura de compromisos derivados.
Aceptas, en silente ensoñación, los protocolos revestidos de poesía
como llave de apertura a paraísos de atardecer.
Acudes, con instinto enervado, a la antesala de las retóricas
portando la ardiente llama protectora de penumbras.
Me deseas en tu sueño de primavera
con la determinante incógnita de ser mujer.
En la sorpresa de un galante imperativo
escuchas la justa enmienda de una realidad sin complejos.
Te expones desnuda al capricho de los indecorosos destinos
doblegando tu rebeldía con axiomas de consciente libertad;
buscas respuestas en el cielo estrellado,
cabalgando inerte sobre la pasajera emoción,
sintiéndote maná de pretéritos instintos,
presa de un voraz desenfreno
que halla en tu cuello el antídoto de la virtud.
Abres tus ojos al son de humildes procedimientos
y, sin embargo, experimentas como va fluyendo un placer incomprensible.
Te cobijas bajo un manto de cumplida solemnidad
al vaivén de tus besos más sensuales,
percibiendo los crecientes rumores de la felicidad
como preámbulo de un súbito relámpago en la tormenta.
Te sorprenden las caricias de suave terciopelo
en la distancia de tus más nobles atributos.
Intentas adornar la sagrada ceremonia con lágrimas de necesidad
mas, por tu rostro sólo discurren perlas enamoradas.
Hierve tu espíritu en la contradicción de las ansiedades
cuando inspiras el perfume de una pasión ya soñada.
Planteas la disyuntiva sobre muros infranqueables
que retienen tu cuerpo junto a la estela de una infinita vereda;
pierdes la libertad de tu deseo
cuando intentas de abarcar en vano una realidad inasumible.
Ahora, sí lloras de cruel impotencia…
… Y un doliente suspiro
como aguijón entre tus pliegues.
Víctor Manuel – Por el camino de Mieres 29 Julio 2009
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Decantarse por un tema en concreto dentro de la extensísima lista de éxitos que ha cosechado el cantante asturiano Víctor Manuel a lo largo de su carrera no es tarea nada fácil. Más de treinta álbumes, aparte de numerosos sencillos en sus comienzos y de algunos otros trabajos extraordinarios, cimentan la carrera de uno de los mejores autores de la llamada música moderna en España. Además, su unión, tanto sentimental como artística, con otra figura de la canción como es Ana Belén ha dado como fruto muchas y muy interesantes propuestas que han logrado superar el rentable ámbito de las giras de conciertos. Víctor Manuel es un cantante cercano y a la vez distante; no posee la fibra sensible de un Serrat, la complicidad directísima de un Sabina o el intimismo trascendente de un Aute, por poner unos comparativos ejemplos. Pero aúna, en muy buena medida, las mejores características de los más grandes cantautores de la música española, con ese toque un tanto tímido e introspectivo que otorga a sus obras. Gustos aparte, nadie puede poner en duda que Víctor Manuel, a día de hoy, ocupa por derecho propio un lugar más que privilegiado en la historia de la música ligera española.
Tras mucho pensarlo, me he decidido por la que considero una de las mejores canciones de su extensa discografía, Por el camino de Mieres, perteneciente al álbum Por el Camino, un trabajo que vio la luz en 1983 y que cuenta con grandes y conocidos temas, como ¡Déjame en paz!, Bailarina o Asturias, una de sus canciones baluartes. Pero Por el camino de Mieres también hace referencia a su siempre presente tierra asturiana. No obstante, el autor nació en Mieres del Camino, una de las localidades mineras más emblemáticas de toda la región astur. La canción es una joya a nivel compositivo que cuenta con una pequeña orquesta clásica de cuerda extraordinariamente adaptada a un estilo que a veces puede parecer tan antagónico. La obra es un tanto melancólica y desconsolada, con claras alusiones a la vida minera y a las cotidianas preocupaciones por un amor supuestamente incomprendido.
Una melodía, aparentemente en tono mayor y que servirá posteriormente como base para el estribillo central, es dulcemente expuesta por la orquesta de cuerda, modulando en breves transiciones a modo menor mediante unos bellos intervalos armónicos en terceras y su correspondiente inversión en sextas; con ello se prepara el pórtico de introducción en el acorde menor de dominante para que el solista entone el tema principal sustentado en la tónica, cadencioso, ligado y de resonancias claramente asturianas, que se ve acompañado rítmicamente por los acordes de la guitarra en la inicial exposición. El siguiente enunciado del tema va escoltado por una cuerda que parece querer imprimir un contracanto en pianissimo. Tras esa repetición, sobreviene el estribillo marcadamente acentuado por los acordes graves de las cuerdas, cerrando dicho pasaje con repetidas notas en tresillo. A continuación, surge un solitario pasaje en la cuerda que va a desarrollar el tema principal de forma lacónicamente expresiva para desembocar de nuevo en el solista vocal, quien, a modo de recapitulación, vuelve a entonar el tema principal, esta vez modulado a un intervalo de tercera superior. Doble repetición del estribillo y conclusión en el registro agudo de la cuerda sobre nota dominante.
A mí me encanta y fascina esta canción. Ahí os dejo su letra.
Por el camino de Mieres,
entre aldeas y montañas,
junto al puente de la perra,
puedo verme en la distancia.
Río muerto ¡cuánto diera!
por clarear tus negras aguas.
Por el camino de Mieres
un carbonero cantaba:
¿por qué dices que me quieres
y si falto no me extrañas?
Si en mi corazón mandara
no me robaras el alma.
Señor San Xuan
ya en la foguera
non hay que quemar.
Viva la danza
y los que en ella están.
Por el camino de Mieres
ya no me despierta al alba
el run run del tren de chapa,
la sirena de la fábrica.
No dejaron ni migajas
de los años de abundancia.
Retrato de un hombre – Antonello de Messina 28 Julio 2009
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* Óleo sobre tabla
* 35,5 x 25,5 Cms
* Realizado hacia 1473
* Ubicado en la National Gallery de Londres
Desde los primeros años del siglo XV, tanto la pintura italiana como la flamenca se vienen reafirmando mediante concepciones tan originales como, en un principio, divergentes. Si en 1428 Masaccio concluye los trabajos de la Capilla Brancaci en Florencia, cuatro años más tarde Jan van Eyck ultima su monumental Políptico del Cordero Místico. Sin embargo, con el correr del siglo, el encuentro entre estas dos corrientes va a ser posible debido, en buena medida, a los viajes que algunos primitivos flamencos (Van der Weyden) realizaron a Italia, provocando con ello que las obras flamencas empiecen a formar parte de las colecciones principescas y nobiliarias de Florencia y Nápoles. A todo esto ha de añadirse la disputa que sobre Nápoles — reino que integraba a Sicilia, la provincia natal de Antonello — mantenían Renato de Anjou, gran amante de la pintura flamenca y francesa, y su rival, Alfonso de Aragón, no menos admirador del arte flamenco, quien mandó enviar a Flandes al pintor Luis Dalmau para que estudiase la posibilidad de implantar en Aragón un taller de tapicería. En estas circunstancias hubo de comenzar su formación Antonello de Messina, alumno de Colantonio, un pintor muy influenciado en su técnica por el Maestro de Flémalle (Robert Campin).
Una de las claves para entender la influencia de los maestros flamencos — mucho más directa de la que pudo asimilar de Colantonio — es tratar de averiguar si Antonello llegó a viajar a Flandes — tesis sostenida por Vasari — o si, por el contrario, conoció la obra de Van Eyck en la colección real de Nápoles, opción menos probable que el propio Vasari señala como previa al viaje del pintor siciliano. Sea como fuere, los documentos sobre la vida del pintor en esos primeros años escasean, no datándose su primera obra hasta 1465. Pero de lo que no cabe ninguna duda es que su ligazón con lo flamenco se plasma de forma muy especial en el retrato. Ya la elección de la presentación del sujeto con el busto cortado por los hombros procede directamente de Van Eyck, como también la moldeadora iluminación del rostro sobre un fondo de tonalidad relativamente sombría. Sin embargo, el punto de originalidad de Antonello consiste en incidir en la firmeza de la mirada dirigida hacia el espectador. Mientras que los flamencos se mantenían fieles a los retratos de donantes dialogando con Dios, o vueltos hacia el Niño Jesús, Cristo o la Virgen María, Antonello pinta representaciones absolutamente profanas sin el menor ánimo de devoción. (Es preciso aclarar que en este sentido ya había sido precedido por algunos flamencos, como el famoso Hombre del turbante de Van Eyck).
El principal mérito de Antonello reside en la adaptación de las fórmulas flamencas a una visión italiana. Sus cuadros poseen la nobleza y la amplitud de la ejecución italiana; sus paisajes son absolutamente meridionales y sus elementos figurativos se suelen integrar en una disposición de paneles muy cercana al concepto de Piero della Francesca. En su modelo, el realismo flamenco no se aplica tanto a la decoración de la vida, no trata de introducir una dimensión alegórica complementaria. Por contra, trata de acrecentar la desnuda humanidad de los personajes a través de una punzante presencia física, buscando que el espectador sienta la vida y la calidad humana del retratado.
Retrato de un hombre data de, aproximadamente, 1473, fecha en la que Vasari da por bueno el nunca probado viaje de Antonello a Flandes. Lo cierto fue que en esta época el artista siciliano realizó muchos óleos sobre tabla, a la manera flamenca, que fueron muy considerados por la clientela de aquel tiempo. El Retrato de un hombre que se conserva en la galería londinense fue, sin duda, uno de ellos. La tabla siempre ha estado rodeada de una cierta polémica, ya que una antigua inscripción en el reverso la tiene como autorretrato del artista. Pero esta indicación ha sido puesta en tela de juicio por la crítica, si bien con un argumentario poco riguroso. De esta manera, y a falta de otros documentos, la cuestión de saber si se trata de un autorretrato o no es difícil de resolver. Conviene señalar que Vasari nos habla de un retrato de Antonello que en todo caso se trataría de una composición en perfil y de fecha posterior. Un análisis radiográfico de la pintura delató que tanto la posición de la cabeza como la de la mirada habían sido rectificadas durante el curso de la ejecución, pudiendo esto significar que fuesen las del propio pintor examinando su rostro en el espejo. Pero entonces el problema surge en que dicho retrato tendría que ser forzosamente una obra de madurez, algo que parece imposible según el personaje representado. Si nos fijamos detenidamente en el cuadro, existe algo de escultórico en el mismo, claro exponente de la influencia de la época clásica. La pronunciada verticalidad de los pliegues de las ropas se asemeja a la de las togas clásicas, aunque el retrato es del Quattrocento italiano y no de la Antigua Roma. Lo que sí guarda el retrato es una gran similitud con los retratos de la escuela flamenca, como anteriormente comentamos. Antonello nos muestra al modelo — o a su propio retrato, según se quiera entender – sentado y en una clásica postura de tres cuartos, permitiendo una mayor conexión entre observador y sujeto. El detallismo en el cuello y en los pliegues de la ropa es de una clara influencia de la pintura de Van Eyck, como también el modelado sobre un fondo oscuro. Pero la comunicativa mirada entre retratado y potencial espectador, de donde parece desprenderse un diálogo sordo, es una característica propia del maestro de Messina. Retrato de un hombre supone una de las cimas del arte del retrato de todo el Renacimiento italiano.
Gustav Mahler: La belleza de lo trágico 27 Julio 2009
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* Nacido el 7 de julio de 1860 en Kaliste, Bohemia
* Fallecido el 18 de mayo de 1911 en Viena
Aunque Mahler nació en Kaliste, a los tres meses su familia se trasladó a la vecina Jihlava, una ciudad de gran actividad cultural y en donde existían varias posadas que se encargaban de alojar a las columnas del ejército austríaco que allí estaban estacionadas. La influencia de las marchas y sones militares en los oídos del niño Gustav será decisiva en su devenir como compositor. Su padre, carretero de profesión, había mostrado desde siempre un enorme interés por la cultura, asimilada desde una perspectiva autodidacta. Pronto descubrió las cualidades artísticas de Gustav — sorprendido, con sólo cuatro años en un intento de tocar el piano en casa de sus abuelos — por lo que le proporcionó una digna educación musical a cargo del entonces Kapellmeister de Jihlava, Herr Viktorin. Sus progresos fueron tales que con apenas diez años ofrece su primer recital pianístico en Jihlava. Es entonces cuando su padre, una vez terminados los estudios del Gymnasium, decide enviarle a Praga con la intención de que Gustav se labrara un porvenir como concertista de piano. Gustav se alojó en casa de los Grünfeld y allí permaneció en tal lamentables condiciones (Le llegaron a robar hasta los zapatos) que su padre se vio obligado a traérselo de nuevo a Jihlava. Finalmente, el 20 de septiembre de 1875 y tras superar diversos y complicados ejercicios, Gustav es admitido en el Conservatorio de Viena.
En la capital austríaca, Mahler perfeccionó sus estudios y se reveló como un entusiasta wagneriano. Sin embargo, su situación económica era tan precaria — llegó a solicitar la exención de las cuotas del Conservatorio — que pronto se vio obligado a dar clases. En su primer año, Mahler obtuvo el diploma de piano y ganó el primer premio del mismo gracias a una portentosa ejecución de la Sonata en la menor de Schubert. Por si esto no fuese suficiente, también logró el primer premio de composición merced a un Cuarteto con piano, obra que aún hoy en día resulta muy controvertida para los especialistas. Por contra, el contrapunto le dio más problemas de los previstos. Paralelamente, en esos años Mahler ingresó en la universidad y abordó estudios de humanidades y filología alemana. De 1878 data su primera obra de cierta importancia, la cantata La canción del lamento, que quedó definitivamente terminada en 1880. En este mismo año, y durante las vacaciones que pasó en Jihlava y Seelau, se enamoró de una chica aunque, como Mahler era tan cerebral, él mismo la convenció para que dejaran de verse, informándola de su precaria condición de músico sin empleo (Todo un caballero, vamos). En 1880, tras romper su amistad con el liederista Hugo Wolf — un compositor al que le bailaba más de un tornillo — Mahler recibe una oferta para dirigir opereta en el teatro Bad Hall, en la Alta Austria. Puede afirmarse que con este trabajo, Mahler inició su carrera como afamado director de orquesta. De ahí pasó al Landstheater de Liubliana, en donde el 3 de octubre de 1881 dirige Il trovatore de Verdi, con enorme éxito. Tras una breve estancia en el teatro de Olomuc, Mahler consigue su primer trabajo de auténtica relevancia, la intendencia general del Karltheater de Kassel, en donde conoció al prestigioso director Hans von Bülow (Aquel a quien Wagner tenía tanta estima, aunque mucho más a su mujer). Allí, en 1883, Mahler se enamora de nuevo de una de las cantantes, Johanna Richter, quien le dio poco menos que calabazas. Fruto de aquel desaire, escribe las Canciones de un camarada errante y esboza también su Primera Sinfonía. Pero el Mahler-director era mucho más prestigioso que el casi desconocido Mahler-compositor y, de esta forma, obtiene un clamoroso éxito dirigiendo Las estaciones de Haydn en el Festival de Münden. Dicho triunfo se vio posteriormente refrendado por otra sensacional ejecución del oratorio Paulus de Mendelssohn. La fama de Mahler como director subió como la espuma y consecuentemente recibe una oferta del prestigioso Deutsches Landstheater de Praga. Allí, venciendo la resistencia de público y crítica, Mahler se consagra dirigiendo óperas como Fidelio, Don Giovanni, Los maestros cantores y La valquiria. La severidad, rectitud y capacidad de trabajo de Mahler empiezan a hacerse famosas de tal forma que el Mahler-director eclipsa totalmente al Mahler-compositor, peculiar dualidad que sólo cambiará de signo cuando Mahler fallezca y su música comience a ser conocida. Dos años se mantuvo Mahler al frente de la Ópera de Praga, ciudad en la que acabó por convertirse en un verdadero ídolo.
En 1886, Mahler negocia un compromiso con el Neues Stadttheater de Leipzig cuando un golpe de fortuna le coloca en una posición privilegiada. Una inoportuna enfermedad de Arthur Nikisch le impide acabar a éste la primera representación íntegra de El anillo del nibelungo. Mahler tomó la batuta para dirigir La valquiria y Sigfrido (Segunda y tercera parte del Anillo) y obtuvo un memorable éxito. Además, allí conoció a un nuevo amor, Marion von Weber. Fruto de aquella relación, Mahler retomó la composición de su Primera Sinfonía y comenzó el ciclo de canciones Des Knaben Wunderhorn. Pero Mahler era un hombre inquieto: Corta con Marion — ofreciendo todo tipo de razonadas explicaciones — y en 1889 acepta el puesto titular en la Real Ópera de Budapest. Mahler revolucionó el panorama musical húngaro — impuso que las óperas se cantasen en ese idioma — y favoreció los sentimientos nacionalistas. Brindó un Don Giovanni tan extraordinario que el propio Brahms, tras asistir a una de las representaciones, declaró que “sólo en Budapest se sabe montar esta obra en toda su grandeza”. Luego de dos exitosos años en Budapest, Mahler aceptó una jugosa oferta de la Ópera de Hamburgo, ciudad en la que vuelve a enamorarse de una cantante, Anna von Mildenburg. Durante cuatro años, Mahler no sólo se encargó de la dirección musical de la Ópera de Hamburgo sino que además fue invitado a dirigir en Londres, Berlín y Moscú. A sus 35 años, Mahler gozaba de una insólita fama en toda Europa por lo que, cuatro años después, planea el asalto al puesto más codiciado, la jefatura de la Ópera Imperial de Viena.
Mahler reunió todo tipo de apoyos para tal empresa — llegó incluso a entrevistarse con Brahms — aunque topó con un inesperado problema: Sus raíces judías parecían incompatibles para el cargo. Pero Mahler, que siempre fue un hombre práctico, resolvió dicha “pega” haciéndose bautizar en la fe católica el 23 de febrero de 1897. Consecuentemente, en abril de ese mismo año Mahler es nombrado, con sólo 36 años, director de la Hofoper, debutando con un Lohengrin que asombró al público vienés. Un año más tarde es designado director de la Filarmónica de Viena (Orquesta de la propia Ópera) sustituyendo a Hans Richter, con lo que sus poderes en Viena se acrecientan aún más. La relación con la orquesta se rompió en 1901 cuando, convaleciente de hemorroides en Italia, Mahler se entera de que han nombrado como director adjunto a un músico mediocre, Josef Hellmersberger. En su primer año como director de la Ópera de Viena, recibió la visita de Hugo Wolf, aquel músico con quien había discutido en su juventud. Este le pidió que representara su ópera El corregidor. Sin embargo, un comentario jocoso de Mahler desató de nuevo las iras de Wolf, quien llegó a agarrar del cuello al director. Horas más tarde, Wolf fue detenido en Viena cuando se encontraba gritando por las calles y de noche que Mahler había sido expulsado de la Ópera y que él era el nuevo director. Wolf ingresó en un sanatorio para enfermos mentales y murió en 1903; al año siguiente, Mahler representó El corregidor con escaso éxito.
A finales de 1901 se produce un hecho decisivo en la vida de Mahler: Conoce a Alma Schindler, una joven de 22 años e hija del pintor Jakob Schindler. La mutua fascinación surgió desde el primer momento y así, el 9 de marzo de 1902, Gustav y Alma contrajeron matrimonio en Viena. La influencia de Alma en el proceso compositivo de Mahler fue notable, sobre todo en la elaboración de las sinfonías nº5, 6 y 8, así como también en los dos ciclos de Rückertlieder. Durante los años en Viena, Mahler entabló una buena amistad con Schoenberg, Berg, Webern y Richard Strauss. Por otra parte, el conocido director holandés, Willem Mengelberg, convirtió la sala del Concertgebouw en el santuario mahleriano por excelencia. En el transcurso de los últimos años, Mahler tuvo ciertas dificultades en Viena — como han tenido siempre y sin excepción todos sus sucesores — por las espartanas condiciones de trabajo que el compositor había impuesto en la Ópera y que fueron alimentando los consecuentes resentimientos. (Prohibió la entrada a la sala una vez empezada la función, impidió las manifestaciones de entusiasmo en medio de las obras, sometió a orquesta y cantantes a agotadores e interminables ensayos, supervisó hasta las labores de los empleados de limpieza, mandó corregir una y mil veces las particellas, etc…). Finalmente, el 17 de mayo de 1907, Mahler presentó su dimisión. Pese a todo, su década como director de la Ópera de Viena, entre 1897 y 1907, fue la más fructífera en toda la historia de esta identidad.
Mahler, mundialmente consagrado como director de orquesta, firma en junio de 1907 un contrato con el Metropolitan de Nueva York, pero la desgracia se ceba con el matrimonio Mahler y, de manera imprevista, fallece su hija María cuando contaba con apenas cinco años de edad. Como consecuencia de este duro golpe, Mahler se somete a unos análisis médicos en los que se le detecta una endocarditis aguda, prescribiéndosele un drástico cambio de vida. De diciembre de 1907 a mayo de 1908, Mahler anduvo de gira por América, con sonados triunfos aunque sin resultar tan expeditivo en sus objeciones como en su anterior etapa de Viena. Ya de vuelta en Europa, el 11 de septiembre de 1908 estrena en Praga su Séptima Sinfonía para retornar a continuación nuevamente a América, en donde rechazó la titularidad de la Filarmónica de Nueva York, aunque firmó dirigir con la misma formación numerosos conciertos durante tres temporadas. Ya en 1910, Mahler parece encontrarse plenamente restablecido de su dolencia cardíaca y dirige febrilmente por toda Europa, estrenando además su monumental Octava Sinfonía en Munich. Sin embargo, por estas mismas fechas, se produce una fuerte crisis sentimental entre Gustav y Alma que acabará solucionándose (Luego de diversos tonteos de Alma con algunos amigos comunes de la pareja) tras unas visitas del compositor al conocido psicoanalista Segismund Freud. Un nuevo viaje a América resultó fatal para Mahler, debiendo regresar de urgencia a Europa en penosas circunstancias al volvérsele a complicar su crisis cardíaca con un extraño virus sanguíneo. El fin parecía inminente cuando desembarcaron en Cherburgo y tomaron rumbo a Viena vía París, trayecto en el que cientos de periodistas inquirían sobre su estado. Nada más llegar a la capital austríaca fue ingresado en el Löw Sanatorium. El 18 de mayo de 1911, tras experimentar una ligerísima mejoría, abrió los ojos y, sonriendo, gritó: –”¡Mozart, Mozart, Mozart…!”– Justo después cayó en coma y falleció alrededor de la medianoche, en medio de una descomunal tormenta eléctrica. Su cuerpo fue depositado junto con el de su ya fallecida hija María.
Mahler, principalmente conocido como director de orquesta en su época, componía durante su tiempo libre, generalmente durante las vacaciones de verano. Su estilo es romántico tardío, aunque expandió la orquesta tanto en sonido como en tamaño. Sus sinfonías parecen obras teatrales en las que existe la sensación de una clara secuencia de acontecimientos. Lo trágico, sarcástico, irónico y paródico se refleja con una magistral belleza en sus obras, que suelen respirar el tenso ambiente de angustia de finales del siglo XIX. Pese a ser un reputadísimo director de ópera, jamás escribió una ópera propia, basando su fuente compositiva en la forma sinfónica y en la poesía popular alemana en forma de canciones con acompañamiento orquestal. Su música cayó en el más absoluto ostracismo tras su muerte — de hecho, su obra nunca llegó a ser excesivamente popular en vida — debido a la oposición de la Alemania nazi contra todo lo que oliese a “músico judío”. Sólo en la segunda mitad del siglo XX, su legado compositivo adquirió una más que justa popularidad y reconocimiento. Es el último gran sinfonista vienés y su ciclo sinfónico constituye una de las mejores y más completas integrales de la historia de la música occidental. Actualmente, Mahler es considerado un enlace entre la tradición germánica del siglo XIX y el modernismo del siglo XX.
OBRAS
- 10 Sinfonías (La Décima concluida por Deryck Cooke)
- Das klagende Lied (La canción del lamento)
- Das Lied von der Erde (La canción de la tierra)
- Lieder eines fahrenden Gesellen (Canciones de un camarada errante)
- Kindertotenlieder (Canciones a la muerte de los niños)
- Varias docenas de Canciones con piano, destacando los Rückertlieder (En versión también para orquesta)
- Música de cámara (Obras de juventud e inmaduras)
Maurice Ravel: Segundo movimiento – Adagio assai – del Concierto para piano en Sol mayor 26 Julio 2009
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La música no sólo sirve para mero placer del ser humano; en ocasiones, la música sirve también para hacernos reflexionar desde nuestro interior. Escuchando el fragmento que hoy os brindo mediante el enlace al vídeo, el Adagio assai del Concierto para piano en Sol mayor de Ravel, no puedo imaginar un mundo de estulticia y maldad. ¿Cómo puede haber gente “mala” teniendo esta música a su disposición? Esta pieza, de lo mejor y más inspirado que jamás creó Ravel, es uno de esos fragmentos musicales que percuten el alma. Si no lo sentís así, disculpad que os diga, con todo el dolor de mi corazón, que no tenéis sensibilidad musical. Perdonad de antemano que sea tan riguroso.
Esta estupenda interpretación del vídeo se corresponde con la versión ofrecida en directo por François-Frederic Guy y la Orquesta Philharmonia de Londres dirigida por el maestro finés Esa-Pekka Salonen durante una sesión de los Proms londinenses de 2006. Poco vamos a comentar ahora sobre la extraordinaria carrera del que está llamado a ser uno de los mejores directores de orquesta de su generación, el finlandés Esa-Pekka Salonen, maestro que en breve se ha hecho con la titularidad absoluta de la Orquesta Philharmonia tras su exitosa andadura con la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles. Además, Salonen se ha resuelto también como un extraordinario compositor, aspecto del que me enterado hace poco gracias a mi amigo Frank Ar. Por su parte, el pianista francés François-Frederic Guy, (Un tío guapísimo en opinión de mi pareja, Celia) nacido en Normandía en 1969, es actualmente uno de los máximos valores de la escuela pianística francesa. Sus interpretaciones de las sonatas de Beethoven, así como de las grandes obras para piano de Brahms, Prokofiev y Bartok, le han otorgado una más que merecida fama en el mundo de la interpretación. Guy destaca, sobre todo, por la excepcional sonoridad que consigue extraer del piano, algo realmente complicado y que sólo está a la altura de los mejores maestros.
De los dos conciertos para piano de Ravel, concebidos simultáneamente en 1929, éste fue terminado un poco antes, en otoño de 1931. Se estrenó el 14 de enero en París, en los conciertos de la Sala Pleyel (Lamoureux) bajo la dirección del compositor y con Marguerite Long como solista. Inmediatamente, Ravel comenzó una gran gira con esta intérprete a través de Europa, presentando esta obra con enorme éxito en todas partes. La orquestación es mucho más clásica que la excesivamente recargada, a mi juicio, del Concierto para la mano izquierda. El Adagio, en Mi mayor y compás de 3/4, toma como modelo formal el movimiento lento del Quinteto para clarinete de Mozart. Durante 34 compases, el piano despliega en solo una melodía en 3/4 en la mano derecha, acompañado en la mano izquierda por un ritmo obstinado. (Y, curiosamente, escrito en 3/8). Toda la maravillosa belleza de este movimiento está basada, de hecho, en la ambigüedad rítmica y en las extrañas armonías y disonancias que aportan a esta página una coloración exquisita. Tras un prolongado trino, el piano espera a sus acompañantes, flauta, óboe y clarinete, y continúa su ejercicio guardando su ritmo inmutable en la mano izquierda. El diálogo con la orquesta se va haciendo cada vez más tenso, pero el piano prosigue en seisillos hasta llegar a un fortissimo en sol sostenido menor, inquietante sobre un bajo de Sol becuadro, antes de volver a descender hasta la tonalidad inicial. Es entonces cuando el corno inglés — el instrumento de mayor belleza tímbrica de la orquesta — recoge la melodía del solista, que le acompaña hasta el fin con fusas de una delicada fluidez. Precedido de un canto murmurado por la flauta con una conmovedora sensibilidad, el sonido del piano se desvanece definitivamente sobre un trino que pone punto final a este prodigioso e inolvidable ensueño. Disfrutad con esta portentosa música.
El verano, la televisión, los periódicos y la nada 25 Julio 2009
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Llegó la segunda quincena de julio y como por arte de magia todo el mundo entra en vacaciones (que en sentido metafórico significa no pasa nada en el mundo). Alguna vez pensé que las vacaciones eran un fenómeno que solo ocurría en Argentina (pensamiento propio de quien cree que el mundo es su entorno) donde en enero los políticos toman sus “merecidas vacaciones” y entonces ya nada ocurre.
Pero veo que es un fenómeno mundial (bendita globalización) y, salvo excepciones, el planeta ha entrado en un letargo estival que si no fuera por algún famoso de turno, el caso Gürtel , Il Cavallieri Berlusconi o Cristiano Ronaldo, los telediarios no tendrían tema .
Entonces aparecen las clásicas noticias del verano, aquellas que hacer para mitigar el calor, piscinas, camping, salidas, pantanos, propagandas encubiertas de tiendas y restaurantes, paseos que se redescubren, reportajes intrascendentes y más de lo mismo. Surgen los programas del verano (eufemismo para nombrar una catarata de estupideces) sólo apetecibles para mentes anormales con formatos repetidos (en el tiempo y en los distintos canales) donde la base es concursar por premios ridículos y haciendo el pavo (pero la magia de la tele los encandila) durante días y días. Como uno es crédulo, piensa que el concursante aprovechó sus vacaciones para participar pero luego cae en la cuenta que salvo que el pluriempleo signifique sumar días de vacaciones de cada empleador (algo muy raro en estos tiempos), esa gente vive del aire. Lo grotesco es que hacen creer que se la pasan pipa y te quiero, son geniales y gracias a este equipo maravilloso …Puaj.
La otra veta son los programas del corazón o los concursos musibodrios (participantes con dudosas cualidades artísticas, famosos que se prestan al ridículo sólo para que el pueblo no se olvide de sus jetas y de paso publicitar algún espectáculo que estén haciendo o contar que no hacen nada pues “están analizando proyectos”).
De películas ni hablar, las series elaboradas (CSI, House, Mujeres desesperadas, etc.) repetidas; terminó la temporada en junio (léase no tenemos presupuesto para comprar nuevos capítulos hasta setiembre) y nos adormecen con películas de tercer presupuesto (no sé si los actores serán huérfanos o si sólo los conoce la familia) donde el argumento y desenlace se adivina cuando ponen el reparto de actores.
Confieso que a pesar de la crítica soy consumidor de todo esto, pues como no estoy de vacaciones mato mi tiempo libre delante de la caja boba.
Claro está que nos queda el recurso de la prensa escrita (je, je, je iluso de mi)
La historia se repite. Los titulares de los periódicos son banalidades o temas antiguos que se reflotan para mantenerlos vivos y poder seguir vendiendo algún ejemplar. En algunos casos hay “noticias “que en épocas normales no se publicarían ni en pie de pagina 40, dorso. Algunos ponen en portada noticias deportivas que en época normal ponen al final del periódico.
A esta altura del comentario se comprenderá mi hastío e impotencia pero se que no estoy solo en esta brega y más de uno asentirá con la cabeza diciendo tiene razón.
Lo mismo ocurre con los suplementos de los periódicos (revistas “culturales”) . Aquí la cosa es más grave, podríamos pensar que en los casos anteriores hablo de envidia por no comprender que todo el mundo tiene derecho a sus vacaciones y por consecuencia las genialidades del resto del año cuando ellos no están es imposible cubrirlas, pero en las revistas en general los armados se hacen con tiempo (se programan, se compran reportajes) y en el caso de los colaboradores que tienen su columna, la más de las veces no tocan temas del momento sino que reflexionan sobre temas atemporales o de actualidad pero no como exabruptos sino analizando la realidad con suficiente distancia temporal. La modalidad es hacer entregas a la editorial y ésta las va incluyendo en los sucesivos números de acuerdo a su criterio (o criterio compartido).
El colmo son los periódicos gratuitos que en agosto no se editan. Hace años la excusa era que los repartían estudiantes y estaban de vacaciones; si ese fuere el caso podrían recurrir al INEM y bajaría el número de parados por agosto.
¿Es que durante agosto no hay problemas, tránsfugas, cohechos, estafas, necesidades de los ciudadanos, etc.? Claro, haber las hay pero para qué denunciarlas si nadie se va a enterar (todo el mundo esta de vacaciones)
Alguien dijo que el verano se hizo para descansar, que bastante para preocuparnos está el resto del año. ¿SERÁ QUE NOS DAN UN RESPIRO?
Un abrazo y buen fin de semana
THENIGER
Sinfonía nº2 en re menor, Op. 43, de Jean Sibelius 24 Julio 2009
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* Escrita entre los meses de febrero y marzo de 1901 en Rapallo
* Estrenada en Helsinki el 8 de mayo de 1902
* EFECTIVOS ORQUESTALES: 2 flautas, 2 óboes, 2 clarinetes, 2 fagots, 4 trompas, 3 trompetas, 3 trombones, tuba, timbales y sección de cuerda.
* Duración aproximada de la ejecución: Entre 45 y 46 minutos.
Sibelius ocupa una posición singular no sólo en la música escandinava, sino también en el desarrollo de la sinfonía. Además de ser el mayor músico surgido en los países escandinavos, sus siete sinfonías acreditan una excepcional maestría en esta forma compositiva. Dos temas principales atraviesan transversalmente su legado sinfónico: El arrebatado amor del compositor por la naturaleza y la seducción que sobre su música ejerció la mitología finlandesa tradicional. Pero los logros de la obra de Sibelius resultan aún más notables si tenemos en cuenta que fue compuesta sin el apoyo de una verdadera tradición musical autóctona. Su música brotó en una tierra prácticamente virgen, sin el calor de una tradición propia y en un ambiente de pobre iniciativa musical.
Las influencias musicales de Sibelius pasan desde un inicial amor por los clásicos vieneses y una notable incidencia de la obra de Grieg y de Chaikovski a posteriormente declarar su amor por Bruckner, compositor con el que Sibelius llegó incluso a cartearse. Por contra, y pese a todo lo que se ha escrito, Sibelius sintió una enorme animadversión hacia Wagner, pero más en lo relacionado con la peculiar personalidad del compositor alemán que con su obra dramática. Nadie puede negar que la magistral utilización de los metales de la que suele hacer gala Wagner en sus composiciones fue totalmente admirada por Sibelius hasta el extremo de que en muchas de sus obras podemos escuchar ciertas, si se me permite, reminiscencias wagnerianas en lo relativo a la orquestación de la sección de metales. Además — y eso que el propio Sibelius siempre trató de negarlo — las óperas wagnerianas le causaron un sobrecogedor impacto, según las tesis del profesor Erik Tawaststjerna, una de las mayores autoridades mundiales en lo que a música de Sibelius se refiere. De cualquier manera, Sibelius, como sinfonista, hizo una contribución única a la música, demostrando una inigualable maestría para hacer evolucionar orgánicamente los materiales en una especie de creación continua de los mismos.
Posiblemente, la Segunda sinfonía de Sibelius sea la más conocida e interpretada de todo su ciclo sinfónico. Escrita después de Finlandia — la obra más emblemáticamente nacionalista del autor — fue concebida durante una estancia del músico por Italia. Su estreno en Helsinki en marzo de 1902 constituyó un inmediato éxito, siendo la obra repetida tres veces en el intervalo de ocho días. De manera similar a Finlandia, la obra fue considerada como un canto de combate contra el opresor ruso por los finlandeses y la expresión musical de sus aspiraciones nacionalistas. Su audiencia internacional provocó también un paralelo movimiento de simpatía hacia su país. En cuanto al contenido, podemos catalogar de “romántica” esta sinfonía, si bien se trata de una obra especialmente original en la que destaca la brevedad de los temas que construyen poco a poco conjuntos más vastos y la predilección de Sibelius por los grupos instrumentales inusuales, sobre todo en las maderas.
Como enlace para la audición, os he puesto una extraordinaria versión de uno de los mejores directores de orquesta del momento, el finlandés Esa-Pekka Salonen, dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de la Radio de Suecia en concierto celebrado en el auditorio Berwaldhallen de Estocolmo en noviembre de 1992. El paisanaje entre compositor e intérprete surte efecto y la versión es de categoría. Como suele ocurrir, algunos movimientos se encuentran solapados en dos vídeos. Señalemos también que los dos últimos movimientos se encadenan, interpretándose sin interrupción.
DESARROLLO DE LA OBRA
- PRIMER MOVIMIENTO: Allegretto: En Re mayor, es sin duda desconcertante y su comienzo llama nuestra atención por su carácter fragmentado, a la manera de una improvisación temática en el seno de la forma sonata. Sibelius opera un considerable rejuvenecimiento en esta forma sobre breves células melódicas que se suceden de uno a otro instrumento sobre un fondo rítmico de la cuerda en 6/4 — once negras consecutivas — que asegura su permanencia. El desarrollo parece realizar una síntesis que no es otra cosa que una intensificación de los elementos temáticos precedentes en registros instrumentales más homogéneos, con predominio de la cuerda y posteriormente de la familia de los metales. En la reexposición vuelve a aparecer el tema pastoral del principio, pareciendo que se abrevia en base a un logrado diminuendo.
- SEGUNDO MOVIMIENTO: Tempo andante ma rubato: En re menor, es un sombrío movimiento lento que inauguran los violoncelos y contrabajos en pizzicato y al que se superpone una melodía sobrecogedora, casi modal, expuesta por el fagot. Seguidamente interviene la cuerda dividida — Andante sostenuto — en la tonalidad de Fa sostenido mayor, acompañada de diversos motivos en la zona grave de la orquesta que se entrecortan por estallidos de los instrumentos de metal.
- TERCER MOVIMIENTO: Vivacissimo: En Sí bemol, es un incisivo y tempestuoso scherzo, una especie de movimiento perpetuo en 6/8 que recorre inmediatamente los registros extremos de la orquesta (Desde los contrabajos a los violines en su registro agudo). Los timbales introducen un breve trío en sol bemol y el óboe abre una atmósfera casi agreste. Hay repeticiones variadas del scherzo, después del trío y del inicio del final, cuyo primer tema se prepara ya sin interrupción con el posterior y último movimiento de la sinfonía.
- CUARTO MOVIMIENTO: Finale-Allegro moderato: Encadenado al anterior, es un Allegro moderato en 3/2 fundido en la forma sonata. Son cuatro temas, provistos de motivos secundarios: El primer tema es expuesto por la cuerda, al que le sigue una fanfarria de las trompetas; el segundo opone la cuerda a las maderas; el tercero es tranquilamente dibujado por el óboe para posteriormente ser relevado por el resto de maderas y por la cuerda; y el cuarto, más breve, es perfilado por los instrumentos de metal en Do mayor. La reexposición, en la que la orquesta gana en amplitud, también se dilata, progresando en base a un continuo crescendo. La corta y triunfal coda, en la que dominan los instrumentos de metal, termina la obra en un clima de apasionada exaltación.
VERSIONES RECOMENDADAS
- Lorin Maazel con la Filarmónica de Viena. DECCA. (Maazel es uno de los grandes especialistas de Sibelius. Versión de referencia)
- Sir Thomas Beecham con la Orquesta de la BBC de Londres. BBC LEGENDS. (Impetuosa y con un genial sentido de la anticipación)
- Georg Szell con la Orquesta del Concertgebouw. PHILIPS. (Un disco un tanto insólito de Szell. Magnífica versión)
- Sir Colin Davis con la Sinfónica de Boston. PHILIPS. (Una correctísima lectura de un ciclo estupendo)
- Sir John Barbirolli con la Royal Philharmonic. CHESKY. (Otra grabación rara, pero sensacional. Muy apasionada y efervescente)
- Leonard Bernstein con la Filarmónica de Viena. DG. (De las mejores grabaciones de Bernstein. Eso ya lo dice todo. Genial)
- Pierre Monteux con la Sinfónica de Londres. DECCA. (Para melómanos. Original y con un punto un tanto exótico)
- Herbert von Karajan con la Filarmónica de Berlín. EMI. (Brillante, poderosa y magnética. Muy buena versión)
Por contra, no acaban de satisfacerme las versiones de Simon Rattle con la City of Birmingham. EMI. (Algo insulsa y desdibujada) y la de Herbert Blomstedt con la Sinfónica de San Francisco. DECCA. (No suena mal, pero me aburre por momentos). Por supuesto, éstas no son sino apreciaciones personales sin ninguna pretensión vinculante por mi parte.
Miguel Herrero y Rodríguez de Minón: Un sabio de la política 23 Julio 2009
Posted by leiter in Semblanzas políticas.add a comment
Yo no sé qué fue lo que pudo ocurrir, don Miguel, pero todavía no acierto a entender cómo pudo usted salir derrotado en aquella especie de primarias que se llevaron a cabo en 1987 en la entonces Alianza Popular por un Hernández Mancha que no parecía tenerlo muy claro. Pero, en fin, así fueron los acontecimientos y luego todos supimos lo que hubo de sucederle al bueno de don Antonio, su antaño contrincante. Porque, por cultura, principios, inteligencia, experiencia y oratoria pocos políticos pueden ni siquiera compararse con usted. Uno de sus grandes caballos de batalla en estos últimos años ha sido plantear una necesaria reforma del Senado, aspecto al que ahora se intentan apuntar ciertos advenedizos cuando ya usted dejó publicado un excelente libro al respecto en 1996. Otros, sin embargo, le acusan a usted de haber evolucionado peligrosamente en su personal ideología, con algunos matices que se alejan un tanto del que fue su partido político hasta 2004, al menos en su condición de militante. Aunque, conociendo sus orígenes, don Miguel, y repasando su trayectoria de moderado centrista, yo diría que quizás han sido precisamente ellos, aquellos quienes más le critican, los que se han ido escorando hacia posiciones un tanto extremas. ¿No opina usted lo mismo, don Miguel? Si la clase política actual tuviese tan sólo un pequeño porcentaje de su cultura y sabiduría, estoy seguro de que otro gallo nos cantaría. Mi admiración y mis respetos, don Miguel.
Diez pinturas inolvidables XII (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía) 22 Julio 2009
Posted by leiter in General.2 comments

Inaugurado oficialmente en septiembre de 1992, el Reina Sofía es uno de los museos más emblemáticos de España y posiblemente el mejor de su categoría en lo relativo a arte del siglo XX. El Museo alberga no sólo pinturas, sino todo tipo de artes figurativas, aunque presenta algunas lagunas en su repertorio. Junto con El Prado y el Thyssen, forma la trilogía de pinacotecas de obligada e imprescindible visita en el marco de la capital de España. Si difíciles han sido otras selecciones llevadas por mí a cabo en otras entradas de este tipo, os aseguro que decantarme por una serie de diez cuadros — con la máxima de no repetir autor — en este museo ha resultado tremendamente complicado. Pero, como siempre, creo que el esfuerzo ha merecido la pena y con esta colección atesoramos ya 120 cuadros de las mejores pinacotecas del mundo. Recordemos que esta tarea, bendecida por la madrina de este bar virtual de copas, Amalia, nos ha llevado a seleccionar las mejores obras de El Prado, El Louvre, La Galería de los Uffizi, La National Gallery londinense, El Rijksmuseum de Amsterdam, El Orsay parisino, el Metropolitan de Nueva York, la Alte Pinakothek de Munich , el Museo Thyssen-Bornemisza, el Kunsthistorisches de Viena y el Hermitage de San Petersburgo… Y los que nos quedan. En fin, aunque ya no haya tragedia cósmica que amenace estas inmortales pinturas, espero que os guste mi selección.

1- EL CRISTO DE LA SANGRE de Ignacio Zuloaga: Antes de viajar a París, Zuloaga se formó como copista en el Museo del Prado. Su relación con la generación del 98 le llevó a desarrollar temas de una España en crisis, a menudo con una gran crudeza. En este sensacional óleo vemos estas características, sobre todo en lo relativo a la peculiar idiosincrasia del pueblo español, al que critica con vehemencia. Destaca el lúgubre tono ocre de los fondos, contrastado con un atrevido rojo en la casulla del sacerdote. Los retratos de los personajes parecen sacados del campo castellano que siempre hubo de admirar el genial pintor eibarrés, uno de los máximos exponentes del costumbrismo español.

2- RETRATO DE JOSETTE de Juan Gris: A mi juicio, es una de las mejores obras del pintor madrileño, quien decide retratar a su esposa como reflejo de sus conocimientos de las tradiciones anteriores. El cuadro se despoja de cualquier elemento accesorio, huyendo también de cualquier perspectiva y otorgando un especial tratamiento al volumen y a la luz. La figura se descompone en numerosos planos remarcados por el uso del color negro entre los que la figura se representa de modo transparente, creando una mágica unidad visual con el fondo. Las gamas blancas empleadas en rostro y manos aportan una sensación del todo cálida. El conjunto parece querer desembocar en la plena abstracción aunque con un original toque de realidad. Cuadro muy influyente para artistas posteriores, una indiscutible obra maestra.

3- MUJER CON ABANICO de María Blanchard: Tras un inicial período de formación en Madrid, la pintora cántabra se trasladó a París y se puso en contacto con las corrientes modernistas del momento, desarrollando una etapa cubista en donde nunca llegaron a desaparecer del todo las referencias figurativas. De esta época es el cuadro seleccionado, un muy atractivo lienzo en donde parecen tomar cuerpo las angustias y depresiones de su autora, una mujer que ha sido rescatada para la historia española del arte en tiempos recientes. El motivo de un abanico descompuesto sirve a la autora para plasmar una dramática exposición cromática basada en los contrastes de los tonos amarillos y rojos. La construcción es decididamente monumental dentro del llamado cubismo figurativo. Una joya de lienzo.

4- RETRATO DE LUIS BUÑUEL de Salvador Dalí: El cuadro supone un punto de ruptura con el cubismo adoptado en años anteriores y una vuelta a la figuración por parte del artista de Cadaqués, cualidad que caracterizará su obra en la década de los años veinte. Tanto la figura del retratado como el paisaje del fondo son de construcción meramente sintética, con una atmósfera general un tanto enigmática y misteriosa. Aunque puede ser una obra considerada de la llamada pintura verista, para muchos especialistas, el surrealismo ya está presente en esta obra de Dalí. La pintura presenta contornos duros, colores fríos y distanciadores pero llenos de una atractiva seducción. Existe una cierta melancolía desprendida en el metafísico paisaje del fondo, quizás como reacción a los tumultos futuristas.

5- ESCARGOT, FEMME, FLEUR, TOILE de Joan Miró: Uno de los cuadros más conseguidos de Miró en donde se destaca el difuminado del color del fondo en contraste con las formas que se nos aparecen en primer término. Las palabras, dibujadas de forma ondulante y expresiva, parecen dotar de unidad a ambos planos. En el lienzo se valora especialmente el color — negro y rojo — y la figura, dentro de un horizonte onírico muy del gusto surrealista. La obra, además, nos invita a desatar los límites impuestos a nuestra imaginación, liberándonos del lenguaje y del discurso y siendo dueños del código y del mensaje. Los objetos no dejan de ser proyecciones de la mente a través de una serie de lenguajes y de esos códigos que la propia obra propone.

6- GUERNICA de Pablo Picasso: Poco que contar acerca de uno de los cuadros más famosos de todos los tiempos. De esta legendaria obra hablamos detalladamente en otra sección de este blog.

7- RITMO CON OBLÍCUAS EN BLANCO Y NEGRO de Joaquín Torres García: Más conocido por desarrollar el estilo del universalismo, la carrera de Joaquín Torres empezó a los 17 años cuando su familia abandonó Montevideo y se instaló en Barcelona, ciudad en la que estudió Bellas Artes y en la que colaboró con Gaudí antes de trasladarse a Nueva York y París. En esta obra, las formas geométricas irregulares evocan las estructuras arquitectónicas primarias. El dramático contraste entre luces y sombras en los planos crean un efecto de profundidad y volumen. Existe algún eco de los trabajos de la arquitectura incaica en lo relativo a los oscuros límites entre los compartimentos que parecen dar la impresión de bloques de piedra alienados.

8- OTOÑOS de Pablo Palazuelo: Artista esencial dentro del llamado constructivismo español, las obras de Palazuelo acusan fuerte influencia de Mondrian, Klee y Kandinsky. Su producción, en sintonía con la conocida abstracción geométrica, es muy peculiar y está dotada de un gran sentido poético. Esta pintura es de austera tonalidad y rigurosa estructuración, apreciándose ya ese mencionado lirismo y delicadeza que tomará cuerpo en los años venideros. Palazuelo se sirve de la llamada familia de formas, series que utiliza como medio para profundizar en el conocimiento de la materia. Durante la fase de elaboración de esta pintura, Palazuelo se interesó en su aproximación al análisis de la materia tanto en la filosofía presocrática como en la de la corriente musulmana sufí.

9- GRITO Nº7 de Antonio Saura: Una de las obras más conocidas y emblemáticas del autor en donde se advierte toda su fuerza y expresividad pictórica. Sin color, en blanco y negro, el pincel recorre el lienzo con tal vehemencia que permite que el propio grito interior explosione en todo el cuadro. Existen efectos de chorreado muy propios de la conocida como art painting, aunque el personalismo de Saura, nunca abandonando del todo la figuración, consigue una perfecta simbiosis entre abstracción y realismo. La pintura refleja un sentimiento acusador sobre una presunta España negra y gris de aquel tiempo. Aragonés como Goya, hereda en línea directa el expresionismo desgarrador de éste, configurándose como el gran maestro español de expresionismo abstracto.

10- FIGURA TUMBADA de Francis Bacon: Es el pintor emblemático de la corriente figurativa surgida en Europa tras la guerra, con grandes dosis de informalismo material. En este cuadro se aprecia esta característica, rehuyendo el autor de formas artísticas concretas. Bacon plasma el período particularmente angustioso de una Europa destrozada por la guerra y con las secuelas de una dramática postguerra. Mucho se le ha criticado al autor sus excesos en las deformaciones de las figuras humanas, llegándose a pensar que nos encontramos ante verdaderas figuras de cadáveres. En casi todas sus obras se insinúa la idea de la muerte y sus propias figuras parecen tener dicha conciencia. Para muchos, Bacon sigue siendo un pintor maldito. Para mí, es uno de los más grandes autores del siglo XX, un artista empeñado en descubrirnos su particular y muy peculiar verdad.
