Mohamed VI indulta a 178 españoles presos en Marruecos 7 Agosto 2009
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Con motivo de la Fiesta del Trono, en el décimo aniversario de la entronización del actual rey de Marruecos, Mohamed VI, el monarca ha adoptado medidas de gracia para un 40% de los presos que cumplen condena en el país magrebí, de las que aproximadamente 178 reclusos con nacionalidad española han resultado beneficiados… Y la gran mayoría, presos que cumplían su condena en Tánger. No podemos sino alegrarnos de tal medida en lo que a nuestros compatriotas se refiere, toda vez que la facultad del perdón es una virtud tanto islámica como cristiana. La naturaleza de los delitos por los que los presos españoles cumplen condena se centra, de forma casi exclusiva, en el tráfico y posesión de sustancias narcóticas, asunto tan grave como delicado. De todos es sabido que Marruecos es uno de los principales países ”productores” de hachís, circunstancia que provoca la proliferación de numerosos delitos relacionados con el tráfico de dicha sustancia narcótica y en la que determinados ciudadanos españoles se ven involucrados por los beneficios económicos que reporta tal ilegal comercio, sobre todo en su posterior distribución por España, donde la droga quintuplica, por lo menos, su valor de venta. Muchos de los condenados son simples “camellos” que trabajan para poderosas organizaciones que prácticamente acaparan la distribución de sustancias narcóticas tanto en España como en el resto de Europa, merced a una complicada red que tiene en cuenta otros aspectos colaterales de dicho negocio (Lavado de dinero, extorsión, etc…) y que, por regla general, mantienen vínculos internacionales con otros cárteles de la droga.
Hasta aquí, todo parece una buena noticia: Insistimos, cualquier medida de gracia nos parece, al menos, misericordiosa. Muchos de esos “camellos” son unos pobres desgraciados que no tienen ni la inteligencia ni la cultura suficiente como para realizar una reflexión profunda acerca de la ilicitud y peligrosidad de sus actos, del todo censurables. Ahora bien, echando un vistazo a distintos artículos que han sido publicados en numerosos medios españoles, uno no deja de avergonzarse ante las patéticas declaraciones de algunos de estos presos que han sido indultados y que cumplían su justa condena en la prisión de Tánger. Leamos algunos ejemplos.
- Una pareja procedente de Badajoz cumplía condena en Tánger: El varón transportaba 150 kilos de hachís en una autocaravana cuando fue detenido. Su condena, bastante benevolente, fue de cuatro años, de los que sólo ha cumplido 18 meses. Su compañera llevaba encarcelada desde 2007. Las declaraciones de ambos no tienen desperdicio: –” Marruecos es un país tercermundista y allí se nota mucho más la discriminación, el racismo. En el penal de Tánger no había condiciones higiénicas. Teníamos que ducharnos con cubos de agua fría. Todo iba a base de favores, de dinero. Si quería llamar a la familia por teléfono, necesitaba dinero…”–
- La madre de un detenido, un joven de apenas 19 años, muestra su preocupación, no ya por el hecho delictivo de su hijo –”Él quería ganar dinero para poderse ir a vivir con su novia”– sino por los cambios en su conducta tras su paso por la cárcel: –”La experiencia ha sido horrible y creo que eso le ha dejado muy marcado para toda la vida. Yo creo que está tocado: Me ha hablado de religión, de que lee el Corán, que tiene que rezar… y estoy preocupada”– Para esta buena señora, es una tragedia que su hijo pueda reflexionar sobre su conducta, pero no así que su hijo haya sido detenido por tenencia de 40 kilos de droga oculta en las ruedas del vehículo que conducía. El joven añade: –”La cárcel de Tánger es la peor cloaca que existe: Ratas, cucarachas, corrupción; no hay atención, no te dan comida… No he llamado a los funcionarios del Consulado Español porque tampoco me ha hecho falta”–
Yo simplemente me pregunto:
¿QUÉ ESPERABAN USTEDES? ¿ACASO QUE LES ALOJARAN EN UN HOTEL DE CINCO ESTRELLAS? ¿ACASO QUE FUESEN ATENDIDOS POR UNA COHORTE DE BELLAS HURÍES? ¿ACASO QUE DISPUSIERAN DE ALFOMBRAS DE SEDA PARA QUE NO SE RESFRIASEN? ¿NO LEEN USTEDES LOS PERIÓDICOS? ¿NO SABEN A LO QUE SE EXPONEN INTENTANDO TRAFICAR CON DROGAS EN OTRO PAÍS? ¿ACASO SUS NECESIDADES — COMPRARSE UN PISITO PARA VIVIR CON SU NOVIA — JUSTIFICAN TAL IRRESPONSABLE CONDUCTA?
Suerte tienen ustedes de haber sido liberados, gracias a la Providencia, al malik Mohamed VI o a quien corresponda. Suerte tienen ustedes de haber padecido las penalidades de la prisión de Tánger (De haber estado en Brasil o Tailandia, Tánger les hubiera parecido un paraíso). Pero que sepan que, con su desvergonzada actitud de miserables traficantes de droga, ustedes SI QUE HAN PODIDO LLENAR DE RATAS Y DE CUCARACHAS MUCHOS DOMICILIOS DE GENTE INOCENTE. SÍ QUE HAN PODIDO CONVERTIR EN UNA CLOACA EL HOGAR DE MUCHAS GENTES DE BUENA VOLUNTAD. Ustedes han encontrado la misma mierda que perseguían, no lo olviden. Y, por favor, cállense la boquita y reflexionen sobre su miserable actitud. Si necesitan dinero, TRABAJEN COMO CUALQUIER HIJO DE VECINO. Ustedes sí que han ensuciado el nombre de ESPAÑA en el extranjero. Ustedes sí que han ensuciado el nombre de ESPAÑA en TÁNGER. ¿Les pasará el Estado Español factura por sus trámites de excarcelación? ¿Tendremos que pagar todos de nuestro bolsillo esa factura? Me temo que sí.
Tánger, la andaluza: Artículo de Javier Valenzuela 16 Julio 2009
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Con el permiso de Javier Valenzuela, habitual analista del programa Los desayunos de TVE y periodista del área de Opinión del diario EL PAÍS, os inserto un extraordinario artículo acerca de Tánger publicado por el autor en Marruecos Digital y que también puede ser leído en su blog personal. Nacido en Granada en 1954, Javier Valenzuela se ha destacado a lo largo de su trayectoria profesional como uno de los mejores corresponsales de la prensa española en Oriente Medio, Marruecos, Francia y EEUU. De igual manera, sus trabajos como enviado especial del periódico EL PAÍS a distintas zonas de conflicto mundial en las dos últimas décadas han sido alabados por todos los sectores de la prensa. Valenzuela es un gran especialista en temas del mundo árabe y musulmán, como así lo demuestran sus libros El Partido de Dios (EL PAÍS-Aguilar, 1989), La última frontera (Temas de hoy, 1996) y España en el punto de mira (Temas de hoy, 2002). En 2007, Javier Valenzuela recibió el Premio Convivencia de la Asociación Intercultural de Melilla.
“Si en Marrakech están los cimientos que anclan a Marruecos en África, en Tánger está el balcón que abre ese país a Europa y América. Por eso Marruecos necesita hoy más que nunca a Tánger, porque sus múltiples, amplias y hermosas estancias aún están llenas de excesivo polvo, de numerosas telarañas, de oxígeno empobrecido.
Es un secreto a voces que los marroquíes necesitan vigorosas corrientes de aire fresco que, sin derrumbar la mansión -más sólida, por lo demás, que muchas de sus vecinas en el continente africano y el mundo arábigo-musulmán-, les permitan respirar más desahogadamente. Estoy hablando, por supuesto, de democracia, de empleo, de equidad social y de limpieza en la gestión de los asuntos públicos.
Ahora bien, el mundo, y muy en particular España, también necesita a Tánger. Una de las grandes lecciones de lo que llevamos de siglo XXI es que la libertad, la prosperidad y la seguridad en Europa y América dependen en buena medida de que Marruecos, el Magreb, África y el universo musulmán también dispongan de unos mínimos razonables de libertad, prosperidad y seguridad. Y como en tantas ocasiones en el pasado, Tánger es un balcón privilegiado para la entrada en las tierras del sur de ideas, personas, inventos, mercancías, tendencias, proyectos, sueños e inversiones.
La buena noticia es que, a diferencia de los tiempos de Hassan II, que castigó a Tánger con su soberana indiferencia cuando no manifiesto desprecio, las elites que ahora gobiernan Marruecos, empezando por el rey Mohamed VI, parecen conscientes de la importancia estratégica que esa ciudad tiene para el conjunto de su país. De ahí que la urbe fundada por Anteo y los territorios de alrededor lleven unos cuantos años en permanente estado de obras. En cuanto al regreso de una presencia importante de europeos a Tánger, tanto en busca de descanso o inspiración como en calidad de empresarios o cooperantes, atestigua la renovación de un compromiso histórico.
Así que fue una pena que Tánger no resultara elegida como sede de la Exposición Universal del año 2012. Como percibieron muchos marroquíes –y también el grupo de españoles que les apoyó en ese empeño-, la celebración de tal evento en Tánger hubiera sido más positiva para el diálogo de civilizaciones que cientos de conferencias académicas y cumbres políticas. De hecho, la candidatura tangerina se presentaba con un lema que no podía ser más explícito: “Rutas del mundo, encuentro de culturas. Por un mundo unido”. El fantasma de ese gran viajero que fue el tangerino Ibn Battuta debió removerse de alborozo en su tumba.
Otra vez será. Entretanto, el objetivo español sigue siendo el establecido en los años ochenta del siglo XIX por la Sociedad Geográfica de Madrid: ni Pirineos ni Estrecho. Si lo primero, con la pertenencia de España a la Unión Europea y su mutuamente provechosa alianza con Francia, es un hecho, lo segundo aún deja que desear. No es culpa, cabe decir, ni de este Gobierno, ni de las empresas instaladas en el país magrebí, ni, mucho menos, de los españoles comprometidos con la causa de la amistad entre las dos riberas del Estrecho de Gibraltar, no pocos de ellos instalados en Tánger o visitantes asiduos de la ciudad.
De Tánger, de sus especificidades geográficas, culturales y humanas, de su período de ciudad internacional y su posterior decadencia, se ha dicho todo o casi todo. O tal vez no. Pariente de las antaño grandes ciudades cosmopolitas del Mediterráneo musulmán (Alejandría, Beirut, Estambul), Tánger, por su situación entre ese mar y el océano Mediterráneo, ha tenido, y tiene, una dimensión peculiar: la americana. Ya a comienzos del siglo XX, un presidente de Estados Unidos, Theodore Roosevelt, se interesaba por sus asuntos políticos con el célebre: “Quiero a Perdicaris vivo o a Raisuni muerto”. Desde entonces, la lista de americanos relacionados con Tánger es enorme, incluyendo escritores como Paul Bowles, William Burroughs, Truman Capote, Tennessee Williams y Jack Kerouac y millonarios como Barbara Hutton y Malcom Forbes.
Así que mediterránea y atlántica a la vez, encrucijada feraz entre el sur y el norte (África y Europa), y entre el este y el oeste (Asia y América), Tánger es, definitivamente, una ciudad andaluza. Como Granada, como Sevilla, como Cádiz. Y al decir esto, no estoy pensando, faltaría más, en ninguna ampliación de la Comunidad Autónoma de Andalucía al norte de Marruecos. No, ese ser andaluz en el que pienso no es político ni administrativo; tampoco racial o religioso. Es cultural, entendiendo cultura como una forma de vivir lo grande y lo pequeño, de vivir en el barrio y en el mundo.
Ese ser andaluz ni tan siquiera es lingüístico. Puede expresarse en castellano, francés, inglés, italiano, portugués, árabe, bereber o jaquetía, hablas todas ellas, por cierto, utilizadas en Tánger. Por mucho que sorprenda esta afirmación, el plurilingüismo es algo muy andaluz. Como lo es la pluralidad de estirpes: fenicios, latinos, bereberes, árabes, judíos, africanos, godos, anglosajones… La pureza racial, nacional o religiosa con la que sueñan los locos más peligrosos del planeta está en las antípodas de lo andaluz.
El periodista Eduardo Haro Tecglen, que conoció el cenit y el crepúsculo del Tánger cosmopolita, tenía una definición fantástica para la ciudad: decía que es “un estado de ánimo”. Pues sí, un estado de ánimo para vivir la vida con gusto, con calma, con humor. Para vivirla con la mente curiosa, el corazón abierto y el cuerpo gozoso. Para procurar embellecer cualquier lugar y cualquier momento. Un estado de ánimo pleno de liberalidad y estética.
Cabe precisar que lo andaluz de Tánger o de sus hermanas del norte del Estrecho tampoco es meramente lo andalusí. Es evidente que el rico legado de Al Andalus es una parte sustancial de lo andaluz, pero lo andaluz es más, bastante más, que ese legado, no en vano han pasado cinco siglos. En este sentido, puede decirse que la medina de Fez es maravillosamente andalusí, un auténtico viaje al pasado común, mientras que Tánger, en sus zocos y en sus barrios modernos, es contemporáneamente andaluza. Por Tánger, como por Jerez o Málaga, han pasado, y dejado una intensa huella, muchos ingleses, franceses, alemanes y americanos desde que Boabdil fuera destronado.
En Rostros, amores, maldiciones, su última obra, Mohamed Chukri escribió: “Tenía un amigo que opinaba que aquel que no supiese soñar su vida debía venir a Tánger”. Es un consejo excelente. Sirve para lo personal –Tánger te hacer soñar que allí es posible comenzar una nueva vida- y sirve para lo colectivo –la superación del Estrecho tendría que ser el sueño común de marroquíes y españoles-. Y es que, en la región del mundo que nos ha tocado habitar, el siglo XXI será andaluz o no será”
El Lebrijano, Paco Cepero y la Orquesta Andalusí de Tánger 25 Junio 2009
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Dedicado a ÁNGEL GUIRAO
Os dejo el enlace a un interesantísimo vídeo en el que podemos contemplar todo un magistral ejemplo de lo que realmente significa el término FUSIÓN en lo que a música se refiere. Se trata de una interpretación de El Lebrijano, acompañado por Paco Cepero a la guitarra y por la Orquesta Andalusí de Tánger. La pieza que se ejecuta presenta una construcción formal sencilla pero de enorme interés por la extraordinaria fusión entre dos culturas tan cercanas y presumiblemente tan distintas. El vídeo ya tiene sus años y algunos pensarán, no sin razón, que resulta un tanto heterodoxo. Pero la música, que es de lo que se trata, suena admirablemente bien. Disfrutadlo. Aprovechamos este pequeño espacio dedicado a Tánger para felicitar al Club Ittihad de Tánger, flamante campeón nacional marroquí de baloncesto al vencer en la final al AS Sale por 57-47.
Mañana vienes tendremos, de modo excepcional, el habitual comentario de Theniger. Esta misma noche he de salir a resolver unos asuntos en Andalucía, por lo que este bar de copas permanecerá cerrado el fin de semana.
Los que no quieren o no pueden volver a Tánger 29 Mayo 2009
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Juan Vega Montoya, autor entre otras obras de El último verano en Tánger (Editorial Club Universitario. ISBN 84-8454-045-6) es también el autor de esta extraordinaria reflexión que he visto publicada en la excelente página SIEMPRE TÁNGER de Ricardo — espero que Ricardo no se enfade por copiar directamente el texto de su página – y de la que ruego encarecidamente su lectura por lo acertado de su contenido.
“Salí de Tánger en 1973. Treinta y siete años después de haber llegado. Media vida, como quien dice. ¿Dolorido? Me parece una pregunta muy tonta. Por no citar más que dos ejemplos, tan dolorido como aquel que después de cuarenta años sale de su serranía o de sus islas caribeñas natales sin esperanza de retorno. Voy a evitar los tópicos y a pasar de largo los clichés, tantas veces repetidos, de la ciudad escalonada deslizándose hacia el mar, el minarete de la mezquita y la flecha de la catedral tan cerca el uno de la otra y la maravillosa curva turquesa de la bahía en su amorosa unión con la playa. En el barco que me llevaba a España, me instalé en el bar, le di la espalda a Tánger, cerré los ojos y, al igual que el famoso general Mac Arthur, me dije: “¡Volveré!”.
Y volví. Veintidós años más tarde, pero volví. Y esta vez, disfruté a placer del magnifico espectáculo del que me privé al marcharme. Desde la proa del navío, igual que el viajero que vuelve a su casa tras una larga ausencia, traté de comprobar que no faltaba nada, que nada se había movido. Que ni el tiempo transcurrido, ni visitantes indeseables habían causado estragos en lo que yo consideraba mi morada. Al taxista que me conducía al hotel le indiqué el recorrido que me apetecía: Avenida de España, Cuesta del Hotel Rif, Calles Molière y Juana de Arco, hasta el Hotel Chellah.
Olía a mar y playa. Los recuerdos, como una manada de potros salvajes al galope, caracoleaban y golpeaban impacientemente con sus cascos, intentando abrirse paso hasta mi mente. Tan alegres como un perro perdido que vuelve a encontrar a su dueño ausente después de mucho tiempo, aquellos recuerdos volvieron a alojarse en mi memoria de la que jamás habían salido. Y como por encantamiento, la tristeza que me envolvía desde mi partida se borró.
Tánger seguía siendo el mismo. Al salir del hotel, la blanca fachada del Lycée Régnault y su reloj me hicieron apretar el paso como temiendo llegar tarde a clase. El Bulevar, sus tiendas con los mismos nombres, la murallita y el mirador, me incitaban a buscar entre los paseantes a Manolo, Luís, Jaky, Pepita, Paquita y tantos otros amigos de juventud. Transcurridos los años, el decorado seguía siendo el mismo pero los personajes eran otros. Mi imaginación suplía las ausencias.
Bajé a la Medina. Atravesé el Zoco Chico, paseé por la Fuente Nueva y las calles de mi infancia y en la de Italia, entre los cines Alcázar y Capitol, sentí un pellizco en el corazón. Subí la cuesta del Paseo Cenarro y, al llegar al Estadio, volví a oír los clamores del público animando a la Deportiva y al Maghreb. Si, Tánger seguía siendo el mismo, y yo, aunque más viejo, también.
Desde entonces, casi todos los años, he pasado en Tánger unos días. Para mí es como un renacer, una peregrinación, una fuente de juventud. Allí me encuentro con los amigos que se han ido y a los que desgraciadamente ya no volveré a ver. Pero en mi vuelta al pasado, al torcer de una esquina, a lo largo de un paseo o en la terraza de un café, los veo de nuevo, los abrazo y charlo con ellos. Nos contamos cosas. Por supuesto, cosas de Tánger…
Tengo numerosos familiares, amigos y relaciones tangerinos. Algunas veces me reúno con ellos para charlar un rato y recordar viejos tiempos. Muchos de ellos no sólo no han regresado a Tánger desde su éxodo si no que se han prohibido el volver a pisar las calles de la ciudad de sus amores. Contrariamente a mi habitual actitud tolerante, ni respeto su postura ni admito sus argumentos.
Objetar que la ciudad está descuidada y sucia, sin haberla visitado, es imperdonable. Sobre todo porque es mentira y que la urbe luce más bonita y coqueta que en sus mejores tiempos, gracias a las decisiones del gobierno y a un equipo de benévolos, capitaneados por un incansable Tafersiti, que no ceja en su esfuerzo por renovar viejos lugares típicos y volver a darles la pátina, el lustro y la belleza de antaño.
Tánger sigue siendo Tánger. Bueno, hasta cierto punto. El niño se nos ha hecho mayor. Claro que cada uno de nosotros tenemos y seguiremos teniendo nuestro Tánger personal. La ciudad ha crecido, su talla actual nos es incomprendida y nos perdemos en ella. Pero la tendencia de todo ser humano es volver al regazo materno y bien es sabido que un regazo es más bien estrecho. Por eso, cuando vuelvo, limito mis paseos al viejo Tánger, a la antigua ciudad. Allí me hallo bien, a gusto, como cuando uno se prueba una prenda y siente que es su talla, que no le aprieta o no le hace pliegues.
Tánger sigue estando ahí, a unos kilómetros de Europa. Jamás ha renegado de su hospitalidad ni de su cordialidad. Espera al visitante, sobre todo si ha sido y sigue siendo hijo suyo, con los brazos abiertos para estrecharlo con fuerzas. Un reencuentro es siempre maravilloso y no debemos privarnos de esa alegría.
Entre los que no han vuelto a Tánger desde su partida hay que distinguir dos grupos. Los que quieren y no pueden y los que pueden y no quieren. Para los primeros, la situación es muy dolorosa y son merecedores de toda nuestra simpatía. Que una situación difícil, familiar o económica, los prive de tal alegría es muy triste. Lastimosamente, poco o nada podemos hacer por ellos. No vuelven por falta de medios o porque viven una situación familiar excepcional, pero no por falta de ganas.
Analizar el segundo grupo es una tarea más ardua. Está compuesto en su mayoría por personas que han cruzado el umbral de los sesenta, ver los setenta. Que han vivido en Tánger una infancia, una adolescencia y una adultez, unas veces holgadas y otras menos, de las que guardan, grabadas en la memoria, unos recuerdos felices, a menudo embellecidos por el tiempo transcurrido y magnificados por las dificultades provocadas por su trasplante. Por lo general, dichas personas que no han vuelto a Tánger desde su éxodo, temen que un retorno rompa en mil añicos las idílicas imágenes que han alimentado y mimado en su mente durante su larga ausencia. Una vuelta después de tantos años tendría probablemente consecuencias emocionales desastrosas y mantenerse alejado de la ciudad de sus amores es la manera idónea de conservar vivo en su corazón el rescoldo de un amor. Son, de cierto modo, como niños que han crecido pero que siguen creyendo en el país de las hadas.
En este cariñoso recuento de nuestras tropas, nos queda en el teclado una estrecha franja de personas que, arrastradas por las circunstancias, se vieron obligadas a abandonar la ciudad dejando tras de sí situaciones punibles por la ley. Inútil decir que estos tangerinos, cuyo amor por la ciudad no se puede ni debe poner en duda, no podrán volver a hollar el suelo marroquí. Lo sentimos por ellos porque, aunque lo deseen, jamás podrán regresar.
Pero todos aquellos que tengan aun la posibilidad, las ganas y los medios de volver, no deben dudarlo un segundo y realizar el viaje. Los años pasan y el tiempo no nos espera. Aprovechemos el que aun nos queda y aunque sea por sólo una vez, volvamos…”
Poco más puedo yo añadir.
Tangerinos: II Reencuentro internacional en Tánger 30 Abril 2009
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Organizado por Carlos Hernández, el creador y director de la emblemática página Tangerjabibi, hoy comienza el II REENCUENTRO INTERNACIONAL de tangerinos que como no podía ser de otra manera se habrá de celebrar en Tánger, según se acordó “de oficio” durante la velada del Primer Reencuentro celebrado en Madrid en noviembre de 2007. Casi trescientas personas procedentes de todos los rincones del planeta se darán cita en la ciudad norteafricana desde hoy y hasta el próximo domingo en un evento que contará con comidas y cenas de gala, visitas a la ciudad y sus alrededores, y un variado programa en el que no faltará el clásico guateque discotequero donde se escuchará y bailará música de la de entonces que tantos y tantos tangerinos llevan en su memoria. Aparte de todos estos actos, también se realizará una subasta benéfica de objetos donados por algunos socios con el objetivo de crear un fondo económico destinado a diversas asociaciones que se encargan de ayudar a las personas más necesitadas. También es de resaltar la loable iniciativa propiciada por el organizador referente a la posibilidad de que los participantes en este evento lleven consigo algunas prendas de ropa para donar y que son muy necesarias para un sector de la actual población tangerina cuyas condiciones económicas no son del todo satisfactorias.
Conociendo a Carlos Hernández, sabemos de antemano que el éxito de la cita está garantizado plenamente. Por motivos que no vienen al caso, tanto la presencia de Celia como la mía a este evento no ha podido ser posible, circunstancia que nos ha apenado profundamente. De todas formas, estamos seguros de que no habrá de ser el último reencuentro y por ello confiamos en poder asistir a un futuro tercer reencuentro. Intentaré en la medida de lo posible insertar cuanta información me vaya llegando en lo referente al desarrollo de esta cita y también animo a quienes tengan la posibilidad de leer estas líneas que nos brinden sus sensaciones en forma de comentario en esta página que está abierta a cualquier opinión sobre Tánger y los tangerinos. Por último, queremos dejar también constancia de otro encuentro celebrado hace unas semanas en Tánger, a nivel más íntimo y organizado por Ricardo Rigallor, el director de otra magnífica página sobre asuntos tangerinos, Siempre Tánger, de cuyo éxito tenemos buena prueba a través de los elogiosos comentarios vertidos en los foros de dicha página.
Mañana, festividad de San José Obrero, patrono del trabajo, nos tomaremos un descanso. El sábado volverá THENIGER con uno de sus interesantes comentarios.
Tánger, un poema de Mohamed Chakor 20 Marzo 2009
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Sidi Mohamed Chakor es un poeta nacido en Tetuán que tiene como principal virtud, entre otras muchas, la de atreverse a dirigirse a los lectores en español. Su obra poética es un cántico repleto de buenas intenciones que tratan de fortalecer los vínculos de amistad y amor entre personas de distintos credos y religiones. Además, es autor, junto con Sergio Macías, de la obra Literatura marroquí en lengua castellana, una extraordinaria antología que abrió caminos a muchos indecisos escritores que aún no se atrevían a componer sus obras en la lengua de Cervantes y que dio lugar, con las pertinentes críticas, a que saliesen a la luz otras antologías de escritores marroquíes que se sirven de la lengua castellana. En su obra Diván sufí y otros poemas, se recoge este bello poema dedicado a la ciudad de Tánger. Para mí, es de lo más maravilloso que he podido leer nunca en forma de poesía descriptiva de Tánger. Espero que os guste tanto como a mí.
Tánger, diadema de jardín y de azahar,
refulge en la cristalina pecera del Estrecho,
coronada por gallardos alminares,
faros serenos de la espiritualidad.
Alma de Oriente, flor de Occidente.
Engarce áurico entre África y Europa.
Mediterráneo y Atlántico,
se abrazan en sus orillas como hermanos,
derramando fragancias de sal en su Medina.
La luz lunar baña su playa dorada.
Jardín de pensamientos y de enigmas
que florecieron en epopeyas inmortales
inspiradas a Hércules, Tarik e Ibn Battuta.
Tánger, en tus calles de ilusiones
miradas de miel me fascinan y me embrujan.
Mohamed Chakor
Los malos modos del cónsul español en Tánger 3 Marzo 2009
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Leo la noticia en el DIARIO TÁNGER: Al parecer, el cónsul español en Tánger, don José de Carvajal Salido, se negó a contestar unas preguntas formuladas por un grupo de periodistas españoles durante una visita a la exposición pictórica del español Antonio Fuentes. Según se relata en la fuente, el cónsul no sólo se negó a realizar declaraciones a unos periodistas que pertenecían a un medio cultural sino que además les apartó con un a todas luces injustificado y descortés empujón. El editorial del medio que sirve de enlace a esta entrada apuesta por la hipotética incomodidad del cónsul a la hora de que fuese interrogado sobre las últimas y polémicas órdenes dictadas desde el Ministerio de Interior español y relativas a la detención diaria de un “cupo” de indocumentados en España, con especial referencia a ciudadanos magrebíes. Esta noticia, que fue desmentida por el propio ministro Rubalcaba tras unas declaraciones a mi juicio contradictorias, sería más que suficiente como para pedir el cese del ministro en el caso de confirmarse, a pesar de que Rubalcaba sea, posiblemente, uno de los mejores ministros de todo el actual gabinete del ejecutivo. Pero ese es otro tema. Lo cierto es que el cónsul, días más tarde, pidió perdón en privado a los periodistas agravados, circunstancia que si bien es de agradecer no lo es menos el hecho de que dicha disculpa debería haberse efectuado mediante una nota oficial. La trayectoria diplomática de don José de Carvajal Salido es del todo admirable, siendo poseedor incluso de la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, y habiendo desempeñado sus tareas en distintos puntos de la geografía mundial. Por ello nos sorprende aún más este intolerable comportamiento de alguien cuya misión principal es la de establecer lazos diplomáticos y cordiales entre los países vinculados a su actividad profesional.
Tánger, por su historia, es probablemente uno de los enclaves extranjeros que mayor vinculación tiene a España, toda vez que miles de tangerinos fueron y son ciudadanos españoles cuyo legado en la referida ciudad es absolutamente incuestionable. Ya no sólo la cercanía geográfica de Tánger, sino también el espíritu de tantos y tantos tangerinos se mantiene vivo hoy en día como puede demostrarse en la gran proliferación de foros sobre el tema que de unos años a esta parte han surgido en la Red y que tienen a Tánger como epicentro fundamental de su razón de ser. Por ello, no acabamos de entender como los distintos gobiernos españoles no prestan mayor atención a este histórico enclave, poniendo al frente de sus gabinetes diplomáticos a gente contrastadamente experta, como en el caso de don José de Carvajal, pero quizás sin ninguna particular vivencia con respecto al entorno en cuestión. Estoy seguro de cualquier tangerino podría haber representado mejor la labor diplomática española en Tánger que lo que este cónsul, según lo visto hasta ahora, ha hecho. Y reiteramos que sus disculpas son aceptadas, por supuesto, pero que una nota pública al respecto hubiese dado mayor consistencia a las mismas. Esperemos que, de ahora en adelante, no se vuelvan a repetir estos tipos de actuación que dejan en muy mal lugar a quienes llevan una labor que se sobreentiende ha de ser de cordialidad en todo momento.
Partieron desde Tánger… 19 Febrero 2009
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Una vez más nos vemos obligados a contemplar estas patéticas imágenes que se quedarán por siempre grabadas en nuestras retinas. De las 25 personas que perdieron la vida al naufragar esa patera junto a las costas canarias, 20 correspondían a menores de edad, como el joven que ilustra esta espeluznante foto. Tan reiterados llegan a ser estos episodios que parecen no provocar sino un silencio en las privilegiadas personas que hemos tenido la suerte de nacer en un país tan cercano y a la vez tan distante. En la medida en que formo parte de esta sociedad, presuntamente del bienestar, asumo mi porción de culpa cada vez que un suceso de estos tiene lugar. Me repugna pensar que mis cotidianos problemas son una completa gilipollez comparados con las carencias más básicas y elementales que sufren millones de personas en este globalizado mundo, millones de seres cuyo único delito es haber nacido en un lugar y bajo unas circunstancias del todo desfavorables, millones de seres que por el hecho de nacer de su padre y de su madre han de tener las mismos derechos y oportunidades que cualquier otra persona y que, sin embargo, no son sino unos desgraciados con la única pretensión de poder sobrevivir día a día en un mundo que se presenta ciego y sordo a sus súplicas.
Estos seres que se han ahogado a tan solo a veinte metros de la costa, como si de una cruel y terrorífica maldición se tratase, partieron desde Tánger. La bella e inolvidable ciudad norteafricana ya fue testigo en su tiempo del éxodo obligado de tantos y tantos tangerinos que partieron rumbo a España, Francia, América, Israel u otras partes del mundo y que dejaron tras de sí el recuerdo de su tierra, vecinos e infancia en la búsqueda de un desarrollo personal que Tánger ya no estaba en condiciones de ofrecer. Ahora, muchos años después, Tánger contempla con desolación como parten las ignominiosas embarcaciones rumbo a la muerte, rumbo a un destino que jamás habrá de llegar y que sepultará el océano bajo su inmenso manto de frialdad.
Mientras que una sola persona tenga la necesidad de abandonar su tierra de origen por algo tan simple como el hecho de poder subsistir, este mundo no podrá considerarse como justo. Mientras que la vida sea una especie de lotería donde el mero hecho de nacer en un lugar u otro condicione el posterior desarrollo de cada persona, este mundo estará mal planteado. Mientras que el cadáver de un niño sea rescatado de las aguas, a semejanza del que ilustra la imagen, en su desesperado intento de alcanzar una tierra donde poder labrarse un porvenir sin pasar calamidades, este mundo será un puro camelo.
Recuerdos de Tánger: Los Berenguer, una familia maravillosa 12 Febrero 2009
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Imagen prestada de SIEMPRE TÁNGER
Celia, tangerina de nacimiento y corazón, me obliga a escribir esto:
“… En aquellos tiempos vivíamos humildemente en el Patio Eugenio de Tánger, sólo con las infantiles ilusiones en un entorno donde nadie se sentía ajeno o excluido y en el que todos los vecinos aportaban su granito de arena para que la convivencia fuese lo más amable posible dentro de unas circunstancias económicas que no eran, precisamente, las más idóneas. En cuanto podía, me escapaba a casa de mis vecinos de patio, a casa de Juana, quién siempre me acogía como si fuese una hija más. Sólo con mirarme sabía lo que yo quería y no dudaba en ofrecerme cuanto estuviera en su mano para provocar la más abierta de mis sonrisas. Nunca me faltó de nada con ella y en mi familia así lo sabían y así y también de corazón lo supieron agradecer. Con el tiempo, mis inocentes anhelos infantiles de sentirme querida por esta familia dieron paso a una amistad con visos de amor adolescente hacia uno de los hijos de Juana, un chico moreno, muy alto y no menos delgado llamado José. En el patio todos se empezaron a dar cuenta de que José y yo tonteábamos y aquello me costó alguna que otra reprimenda por parte de mi hermano Enrique y, sobre todo, de mi madre, quién me armaba cada una que para qué… Yo creo que esto se debía a que yo era muy jovencita y trataban de protegerme a su manera, acorde con las peculiaridades sociales de una época. Para que no nos vieran salir juntos del patio, el bueno de José salía primero y comenzaba a silbar junto a mi puerta, señal inequívoca que me ponía en estado de alerta. A los cinco minutos ya paseábamos juntos los dos por la calle Sevilla y hablábamos de nuestras cosas o nos íbamos al Cine Goya, donde también nos encontrábamos con otras amigas mías como Pepi, Mary Carmen… A la vuelta, yo entraba primero al patio, con el temor de ser descubierta por mi hermano, y a continuación él. No llegamos a ser novios, en el sentido literal de la definición, pero éramos un par de chiquillos con la ilusión de creernos más mayores. Una vez que yo ya me vine a Madrid, José se casó con una mujer maravillosa, mi anteriormente mencionada amiga Pepi. Hoy en día son abuelos de dos nietos y me alegro de su felicidad, a pesar de que en ocasiones hayan pasado juntos por períodos donde la vida se empeña en golpear precisamente a aquellos cuya única condición es la de ser buenas personas.
¿Cómo no recordar también a la hermana de José, mi queridísima Paqui? Ella se fue pronto de Tánger rumbo a Francia pero recuerdo la alegría que me daba cuando todos los años venía a visitarnos. Ese era el motivo de que se organizara una fiesta en el patio donde se asaban caballas, sardinas y otros pescados, amén de unas imponentes sandías que en ningún otro sitio del mundo he vuelto a ver. Era una fiesta de mayores, pero como yo estaba todo el día con su hermano José, allí que me colaba. Hoy en día nos seguimos llamado “primos” ya que la madre del marido de Paqui era prima hermana de mi madre.
Pero fue con Beli, la hermana de José y Paqui, con quién yo tuve más contacto. Recuerdo que tuvo la suerte de casarse con Alfonso y de irse a vivir a una casa que tenía nada más ni nada menos que bañera, algo que era todo un lujo en aquellos tiempos tangerinos. Todos los sábados íbamos José, su madre Juana y yo a bañarnos. También jugábamos a la “lotería” por las noches y nunca me faltaron los diez francos que José, a escondidas, siempre ponía en mi mano. Desgraciadamente, hace ya algunos años que Beli no está con nosotros.
Estas líneas no son más que un simple homenaje y recuerdo a una de las familias que mejor se portó siempre conmigo en Tánger y a la que nunca he podido agradecer públicamente todo cuanto desinteresadamente hizo por mí.”
Entrañable comida de amigos 23 Enero 2009
Posted by leiter in Acerca de Tánger.3 comments

De izquierda a derecha: Juan Cabrerizo, Carlos Hernández, Mayte, Celia, y Marita.
Teníamos ganas de vernos y nos juntamos durante unas horas para compartir una entrañable comida. Yo no soy tangerino pero me encuentro feliz al lado de esta gente, con sus recuerdos, con sus historias y sus anécdotas. Juan eligió el restaurante, LA COMARCA DE ALISTE, un sitio encantador donde nos han tratado con extraordinaria amabilidad, amén de ofrecernos una sensacional comida donde no faltó de nada y cuya factura fue mucho menor de lo que nos esperábamos. No he parado de reírme en toda la tarde cuando alguien de los presentes comentó aquel episodio del burro y el Cine Mauritania de Tánger… Ya os lo contaré. Carlos Hernández, el creador y director de TANGERJABIBI, es una persona de esas de la que no te cansas de escuchar, un pozo de cultura y sapiencia que trata de hacerte comprender muchos episodios acaecidos en Tánger con suma paciencia en todo momento. Es también un buen negociador… Y ya no digo más.
Pero lo mejor, sin duda, ha sido el poder compartir unas horas con una gente maravillosa que adora y quiere su tierra tangerina por encima de todo. Lo que más valoro en esta vida es aprender y hoy os puedo garantizar que he aprendido muchas cosas acerca de Tánger y también acerca de la vida misma. No sabéis cuánto os admiro y qué sana envidia me dais cuando escucho el relato de vuestros recuerdos de infancia y mocedad en Tánger. Ahora comprendo por qué Tánger fue esa ciudad abierta a todos y donde nadie nunca se sintió extranjero, con independencia de sus creencias e ideas. Vuestra educación, vuestro respeto y vuestro saber estar me recordaron aquellas palabras que un maestro de Galilea pronunció hace ya dos milenios: En esto reconocerán que sois mis discípulos. Efectivamente, por todos vosotros se reconocerá siempre lo que significó Tánger para la pacífica convivencia entre las personas. Para mí, es todo un lujo el hecho de poder compartir una velada con todos vosotros. Os doy las gracias por todo lo que he aprendido.