Misteriosos encuentros espirituales 26 Octubre 2009
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¡La de cosas que le han ocurrido a mi hermano, Ludovico el Magnífico! Ya por entonces mi padre juraba, por activa, pasiva e incluso circunstancial, que en el momento de ver la luz por primera vez mi hermano Ludovico, éste, lejos de dar la bienvenida al mundo por medio de un reparador llanto, se hubo de desternillar de risa, a plena carcajada, dejando a la sorprendida comadrona con un palmo de narices ante tan insólita y lúdica visión. Lo cierto es que nunca nadie de mi familia se creyó esta estrafalaria anécdota y mucho menos mi madre, quien acusaba a mi padre de fantoche y otras lindezas por el estilo. Pero verdaderamente mi hermano Ludovico siempre pareció tener un extraño don especial para las situaciones más enrevesadas que pudieran surgirle a lo largo de su andadura existencial. Mi hermano siempre fue un hombre emprendedor, un verdadero self made bussines-man, aunque para ello tuvo que renunciar a una más que prometedora carrera como concertista de guitarra española — jamás he podido escuchar mejores versiones de Fernando Sor o Heitor Villa-Lobos que las interpretadas por mi hermano — un instrumento del que siempre ha sido todo un virtuoso. Pero lo que más ha caracterizado a mi hermano, como antes comentaba, ha sido una peculiar afinidad para verse envuelto en las situaciones más excéntricas y rimbombantes que uno sea capaz de imaginar. En ocasiones, cuando no existen testigos directos de las mismas, el desenfadado relato que de ellas compone mi hermano obliga a pensar a más de uno que dichas aventuras son más propias de los cuentos del barón Münchhausen por adolecer de tal incongruente dosis de fantasía… Sin embargo, algunas de esas inverosímiles situaciones sí que pudieron ser contempladas por un elevado número de circunstanciales espectadores, como aquella situación acontecida en el serrano pueblo madrileño de Guadarrama y de la que no dejó de hablarse durante meses por todo el vecindario. Ocurrió que a mi hermano se le había antojado comprarse una moto de trial, una Montesa Cota 49 c.c. de segunda mano, para ejercitarse en tan noble deporte por aquellos parajes de la sierra madrileña. Una vez adquirida, ni corto ni perezoso se plantó con ella — careciendo de permiso alguno de conducción — en Guadarrama, conduciéndola él mismo desde Madrid a lo largo de la Autopista de La Coruña, toda una odisea que, afortunadamente, llegó a buen término. Una vez allí, sucedió que por aquellos andurriales de la sierra donde mi hermano estaba practicando con la moto, un toro, rompiendo la verja que lo mantenía a resguardo de los caminantes, se escapó. Aquella fechoría taurina provocó el terror colectivo en todo el pueblo, circunstancia que era del todo desconocida por mi hermano. El drama vino a desencadenarse cuando un imprudente niño vino a interponerse en la trayectoria del furibundo astado, siendo enganchado por los pitones de la bestia y arrojado con inusitada violencia contra un barrizal. El pobre chico, inconsciente por el batacazo y a merced del morlaco, no parecía tener salvación cuando el toro se volvió a arrancar para cornearle de nuevo. Pero entonces, por allí apareció mi hermano Ludovico a lomos de su Montesa y, en un improvisado arranque de ingenio, se puso a ejecutar caballitos con la moto en un desesperado intento de desviar la atención del toro sobre el infortunado niño. –”¡Venga, bicho! ¡Hala, para atrás! ¡Venga, que te atizo con la moto, mamón! ¡Vamos, vamos!”– El tiempo que permaneció mi hermano practicando tal heterodoxa versión del rejoneo a bordo de su moto resultó providencial para que unos lugareños se acercasen hasta la charca y lograsen rescatar al malherido chico. Mientras, mi hermano seguía porfiando con el toro hasta que por fin llegó una patrulla de la Benemérita que, una vez despejada la zona, no tuvo más remedio que abatir al infeliz bicho por medio de ráfagas de ametralladora. Todo el mundo coincidió en que de no haber sido por la valerosa actitud de mi hermano aquel chico hubiese fallecido irremediablemente ante las acometidas del astado. Mi hermano fue incluso felicitado por el alcalde de la localidad en persona y hasta le concedieron una medalla de oro que no tardó en vender posteriormente en un mercadillo de Cercedilla…
Mi hermano Ludovico siempre fue muy aficionado a todo aquello relacionado con el mundo paranormal y esotérico, siendo verdaderamente jugoso su catálogo de anécdotas referidas a estos misteriosos ámbitos. Alguna buena predisposición ha de atesorar en lo relativo a las llamadas ciencias ocultas y a su capacidad de asimilación de las mismas ya que, puestos a recordar, fue el único miembro de toda mi familia al que se le dobló un tenedor de cocina siguiendo las televisivas instrucciones de un conocido mentalista israelí, Uri Geller, durante la retransmisión en directo de un famoso programa que trajo cola y que provocó que en España no se hablase de otra cosa durante días y semanas enteros. Aquella inolvidable noche de sábado, mi hermano aseguró que también había conseguido que un viejo reloj de muñeca que llevaba años parado volviese a funcionar como si tal cosa, simplemente debido a la presión calorífica y mental a la que había sido sometido en el interior de su puño izquierdo, atendiendo a las mismas indicaciones otorgadas por el mencionado Uri Geller. Pero posteriormente descubrimos el fraude al comprobar que dicho reloj se alimentaba por el simple mecanismo de girar de arriba abajo la ruedecilla que sobresalía de su esfera, esto es, que se trataba de un reloj de los llamados de “a cuerda”. Tras el mencionado programa, durante algunos días pudimos observar como mi hermano siempre parecía portar algún objeto aprisionándolo en el interior de su puño izquierdo (Transistores inservibles, mecheros sin gas, pilas agotadas, etc…). Sin embargo, famosa fue la predicción de mi hermano Ludovico regresando de madrugada desde el pueblo de Guadarrama hasta la urbanización donde mi padre había adquirido recientemente un modesto apartamento para las familiares escapadas de fin de semana y verano. En medio de una completa y nada agradable oscuridad, sólo parcialmente suavizada por los focos de luz de los escasos coches que pasaban junto a nosotros al borde de la carretera, pudimos de pronto escuchar los estremecedores maullidos procedentes de lo que debía de ser un refugio de gatos. Mi hermano, ante el temor que nos producía caminar entre tinieblas a esas horas y que se hubo de acrecentar por los inesperados y angustiosos alaridos felinos, trató de tranquilizarnos:–”Yo sé lo que ocurre. ¡Se ha muerto el Papa! ¡Seguro! Los maullidos de esos gatos nos lo están anunciando”– Cuando por fin llegamos a casa comprobamos como, efectivamente, el Papa Pablo VI había fallecido — aunque, la verdad sea dicha, era una noticia más que esperada, ya que el pontífice llevaba varios días en estado crítico. Pero aún más perplejo me dejó una tarde mientras estábamos charlando acerca de la hipotética existencia de seres extraterrestres. –”¿Cómo que no existen?”– Me replicó exaltado para, a continuación, añadir:–”Bueno, bueno lo que me ocurrió hace poco en Guadarrama. ¡Escucha! Eso sí que fue… Venía de regreso ya muy tarde desde Madrid en el 4×4 como consecuencia de una reunión que se demoró más de lo inicialmente previsto. Esa noche, aprovechando el lugar donde tuvo lugar la cita, opté por volver a Guadarrama por la carretera de Colmenar y por allí que me metí hasta el desvío que conduce hasta Collado Mediano. Enfilando la larga recta hasta Guadarrama — donde siempre se me va un poco el pie, por cierto — observo a través de los retrovisores como me persigue una especie de luz roja. Al principio no le di mayor importancia y pensé que se trataba de algún perturbado que conducía marcha atrás pero, je, je, ¡Nada de eso! Empecé a pisar el acelerador y la puñetera luz continuaba siguiéndome… ¿Un reflejo dices? ¡Venga ya! Aquello que me perseguía era totalmente consistente. Por medio de los dos espejos delanteros podía contemplarlo con total nitidez. Pero, calla, calla, que la puta luz, como por arte de magia, pega un respingo y se me coloca en paralelo al coche por el carril de la izquierda. Era un globo luminoso de color rojo del tamaño de un balón de fútbol aunque no emitía sonido alguno… ¿Asustarme yo?… ¡Sí, hombre! ¡Vamos anda! No veas, a la altura del cementerio giré un poco el volante y la luz se acojonó tanto que se elevó al aire a una velocidad de vértigo… Ja, ja. Tenías que haberla visto. Menudo susto se tuvieron que llevar quienes estuvieran dirigiendo aquel artefacto. Eso era una nave o una sonda de esas que utilizan los marcianos… ¡Qué bueno! Seguro que en algún planeta por ahí perdido deben tener una foto de mi coche, ja, ja”– Lo más curioso fue que en una ocasión, estando yo hojeando un libro que trataba sobre ese tipo de misteriosos encuentros, me encontré con un testimonio calcado al narrado por mi hermano y que había tenido lugar años atrás en Navarra…
Pero el acontecimiento más extraordinario que hubo de sucederle a mi hermano Ludovico, dentro de esta clase de misteriosos episodios, fue uno acaecido en su adolescencia y que, como no podía haber sido de otra manera, también ocurrió en Guadarrama. Una tarde, mi hermano y su pandilla de amigotes de la Sierra decidieron realizar una sesión espiritista. Algunos chicos adujeron sobre los potenciales peligros que podría conllevar esta inquietante empresa y, acorde a ello, se borraron de tal pretensión. Además, los ánimos en la serrana urbanización donde mi padre había comprado el apartamento estaban un tanto alterados ya que en primavera, el padre de uno de los integrantes de la pandilla había sido hallado muerto, tumbado en solitario sobre su propia cama y junto a un libro titulado El arte de morir. Aquel suceso conmovió a los veraneantes de esa zona residencial y fueron muchas las especulaciones que rodearon a aquel enigmático y misterioso suceso. Pero mi hermano, lejos de asustarse ante los mortuorios comentarios, se propuso averiguar por su cuenta cuáles habían sido los motivos que habían inducido a aquel hombre para tomar tal decisión — se comprobó que el óbito había sido producto de una autolisis — y para ello decidió que lo mejor sería tratar de contactar con el espíritu de aquel infortunado mediante un artilugio llamado ouija que por entonces no se vendía en España (Creo recordar que incluso estaba prohibida su comercialización) y que tuvieron que construir entre todos los pandilleros a base de pegar letras y números sobre una tabla que había servido de moldura en un ya jubilado armario ropero. Como los padres de uno de los integrantes de la pandilla se habían tenido que marchar de boda a Madrid esa tarde y no habrían de regresar hasta el día siguiente, decidieron instalarse todos en su casa y poner en práctica los conocimientos que sobre el tema había ido adquiriendo mi hermano mediante la lectura de unas extrañas revistas que puntualmente recibía por correo bajo pedido. Hasta allí que se fueron todos, con su improvisada ouija envuelta en unas toallas de baño, y no poco contentos se pusieron al descubrir una botella de whisky escocés apenas empezada que el padre del anfitrión mantenía oculta tras la puerta del mueble donde se sustentaba el televisor. Al parecer, y para entrar en calor, todos dieron buena cuenta del espirituoso elixir. Ya instalada toda la esotérica parafernalia, mi hermano tomó la voz cantante:–”Venga, apagad todas las luces y concentraos mentalmente en el espíritu del padre de Jaime (Nombre figurado). Apoyad ligeramente vuestros dedos en el culo del vaso y no lo mováis bajo ningún concepto… ¡Ya se pondrá en movimiento él solito, je, je!”– Según cuentan, alguno de los allí presentes, aterrorizado ante la fantasmagórica escena de verse todos a oscuras y únicamente iluminados por el leve resplandor de una vela, quiso desistir y marcharse, mas mi hermano se lo impidió:–”¡De aquí no sale nadie! Nos hemos comprometido todos para vivir esta experiencia irrepetible y todos, ¿Escucháis bien? TODOS vamos a ser testigos de un encuentro espiritual… Ahora ¡Silencio!… Dejad que me concentre. No quiero ni oíros respirar…. ¡Espíritu del padre de Jaime! ¡Danos una prueba de que nos estás escuchando!…. ¡Shsss!… ¡Joder, mirad cómo se mueve el vaso! ¡Se dirige hacia el “Sí”!… ¡Perfecto!…¿Lo estáis comprobando, ignorantes?… ¡Silencio!… Voy a preguntar: ¿Eres tú acaso el espíritu del padre de Jaime?… ¡Joder, mirad!… ¡El vaso se va otra vez hacia el “Sí”! ¡Esto se pone interesante!”– Según pude saber con posterioridad, uno de los allí reunidos empezó a temblar y a llorar del miedo (o del Whisky, quizás…) –”Esto… “– prosiguió mi hermano –”…Quisiéramos saber, espíritu, qué motivos tuviste para tomar la decisión de suicidarte… ¡Silencio, joder!… ¡Mirad, ya se empieza a desplazar otra vez el vaso!… ¡Qué extraño!… “X”, “Y”, “Z”… Las letras no sugieren ninguna palabra conocida. A lo mejor está hablando en algún idioma raro… “Q”, otra vez “Y”, “R”… ¡Oye, espíritu, que no nos estamos enterando de nada!”– El chico más pusilánime de todos, el mismo que anteriormente había expresado su deseo de abandonar la sesión espiritista, no pudo contenerse más y salió disparado hacia el cuarto de aseo, encerrándose bajo pestillo en el interior del recinto –”¡Joder, qué tío más cagueta!… ¡Que le den! Sigamos a lo nuestro… ¡Espíritu, que no nos enteramos de lo que nos quieres decir! ¿No podrías ser un poco más explícito?”– En ese instante, los allí reunidos sintieron un extraño temblor bajo sus pies, acompañado por el súbito y agudo alarido del chaval que se encontraba encerrado dentro del cuarto de baño. De pronto, un extraordinario ruido, parecido al desencadenado cuando alguna edificación se desmorona, sorprendió a la pandilla, cuyos miembros se pusieron a chillar presa del pánico. –”¡El cuarto de baño, el cuarto de baño!”– Gritó mi hermano Ludovico. En efecto, de manera absolutamente inexplicable, el cuarto de aseo se vino por completo abajo, despegándose todas las plaquetas y azulejos e hiriendo al asustadizo que allí se refugiaba hasta el punto de fracturarse un brazo. No es posible imaginar las caras de los padres cuando al día siguiente descubrieron con horror como el cuarto de baño de su coqueto apartamento había sido literalmente arrasado. Se investigó con minuciosidad aquel increíble suceso por parte del presidente de la comunidad de vecinos y del representante vecinal de toda la urbanización, más no se sacó nada en claro. Por su parte, mi hermano logró escabullirse de aquel incidente aunque con una preocupación que le mantuvo varios días reflexionando en la estricta soledad:–”¿Qué cojones significarían aquellas sucesivas conexiones de letras sin aparente sentido? ¿”Y”, “Q”, “Z”…?”– Se descartó un eventual movimiento sísmico en la zona — ningún otro vecino afirmó sentir el temblor previo al derrumbe — y finalmente se llegó a la conclusión de que la causa de aquel inesperado y estrepitoso derrumbamiento fue debida a la mala calidad de los materiales empleados para alicatar el cuarto de baño en cuestión. De cualquier manera, mi hermano siempre tuvo la certeza de que tras aquella demolición se escondía un mensaje oculto:–¿”X”, “Q”, “Z”…? –
Un ex astronauta de la Apolo XIV asegura que no estamos solos en el universo 4 Mayo 2009
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¿Os acordáis del contenido de la entrada que publiqué en esta misma sección el 9 de junio de 2008? Resumiendo, trataba de la insólita experiencia vivida por Fermín durante la histórica jornada del 21 de julio de 1969, fecha en la que el hombre conseguía posar por primera vez su pie en la Luna. No ha pasado un año desde la publicación de aquel post cuando un astronauta norteamericano, Edgar Mitchell, antiguo tripulante de la misión Apolo XIV parece confirmar todo lo apuntado por Fermín hace muchos años en el bar de mi padre. Según Mitchell, en declaraciones al Club Nacional de Prensa norteamericano, el gobierno de su país conoce la existencia de estos seres extraterrestres y la mantiene en secreto a propósito. Mitchell, además, instó a la administración de Barack Obama a revelar lo que sabe sobre la vida extraterrestre y los platillos voladores. El piloto de la NASA creció en Roswell (Nuevo México), el lugar donde muchos que creen en los OVNIs afirman que aterrizó uno en 1947. Los militares estadounidenses hicieron entonces todo lo posible por ocultar el hecho y evitar que los testigos dijeran lo que habían visto, según afirmaciones de Mitchell. El ex astronauta explicó como hace diez años consiguió que lo escucharan en el Pentágono, donde habló con un militar que le confirmó el suceso de Roswell. Cuando dicho militar quiso seguir investigando una instancia superior se lo impidió. Ahora, sin embargo, el oficial lo niega todo. No es la primera vez que Mitchell, de 77 años, hace este tipo de declaraciones. Todas las veces han sido desmentidas por la NASA que aclara que la agencia espacial no participa “de ninguna forma” en una maniobra de ocultamiento.
Pero no creáis que la declaración de Mitchell es la única en la que un astronauta o tripulación espacial ha estado implicada en algún extraño suceso relacionado con la supuesta existencia de seres, cuanto menos, ajenos en su origen al planeta Tierra. A continuación, voy a citar una serie de casos un tanto peculiares, desde mi punto de vista, que han implicado a alguna tripulación espacial con un hipotético contacto o avistamiento de origen desconocido. Con ello no pretendo afirmar, ni mucho menos demostrar, la existencia de vida inteligente extraterrestre. Yo soy un tanto escéptico en esta materia y mi intención es simplemente la de dar a conocer una serie de sucesos cuya explicación es difícil de entender desde un punto de vista exclusivamente científico o racional. Obviamente, muchos de estos casos tienen, a buen seguro, una explicación más simple pero, como la gran mayoría de las personas no poseen (poseemos) conocimientos avanzados de astrofísica, no podemos sino asombrarnos ante unos hechos que pueden dar lugar a múltiples conjeturas de todo tipo. Que cada cual saque sus propias conclusiones y, por supuesto, si alguien tiene alguna explicación que sea susceptible de aclarar el misterio que no dude en exponerla en forma de comentario.
- Marzo de 1965: La tripulación de la nave rusa Voshkod 2 compuesta por los cosmonautas Pavel Beliayev y Alexei Leonov se encuentra en órbita circunvalando la Tierra. Al iniciar la vuelta número 18, la nave se precipita inexplicablemente a la atmósfera y se estrella contra la nieve en un punto 1.400 kilómetros más apartado del lugar previamente programado para la fase de descenso. Milagrosamente, los cosmonautas sobrevivieron tanto al impacto como a una posible muerte por congelación. En una conferencia de prensa celebrada posteriormente en Moscú, los tripulantes afirmaron que, instantes previos al incidente que originó su caída, contemplaron un satélite misterioso y completamente desconocido que no aparecía en su catálogo de a bordo de objetos estelares.
- Junio de 1965: La capsula espacial norteamericana Gemini 4 tripulada por James McDivitt y Edward White regresa a tierra tras concluir un total de 62 órbitas alrededor de la Tierra. McDivitt declaró haber visto un objeto cilíndrico del que incluso llegó a tomar una serie de instantáneas. Se sopesó que aquel objeto no fuera otra cosa que una de las fases del cohete Titán 2 que impulsó a la cápsula a su vuelo orbital, pero pronto fue del todo descartado debido a la no coincidencia con las formas. Luego se propuso que el objeto avistado bien podría ser Pegasus II, un satélite lanzado en mayo de 1965 para estudiar el movimiento de los meteoritos, aunque también fue descartada dicha opción al no coincidir tamaños con distancias de avistamiento. McDivitt siempre insistió en que aquel misterioso objeto no tenía semejanza con ningún satélite hasta entonces conocido.
- Agosto de 1965: Los tripulantes de la cápsula norteamericana Gemini 5, Gordon Cooper y Charles Conrad, desmienten el contenido de una cinta de audio hecha pública en la que se escuchaban las conversaciones mantenidas entre la tripulación de la cápsula y el centro espacial de Houston durante el vuelo orbital de la misma. En la referida cinta, los astronautas fueron alertados por Houston acerca de un “misterioso” objeto que parecía perseguirles. Todo parecía ser una burda manipulación hasta que se supo posteriormente que el propio Cooper fue testigo dos años antes, durante otro vuelo, de un extraño e inexplicable avistamiento de características muy similares a las descritas en la cinta.
- Diciembre de 1965: Los tripulantes de la cápsula norteamericana Gemini 7, Frank Borman y James Lovell, inician los preparamentos de conexión con la cápsula gemela Gemini 6 cuando en la misma órbita, a unos 300 kilómetros de distancia aproximadamente, avistan un objeto no identificado y que no estaba previsto en los planes de vuelo. La NASA declaró que aquello no era otra cosa que una de las fases de acoplamiento del cohete impulsor Titán pero, con posterioridad, Borman declaró que nunca le habían perdido la pista al referido cohete, con lo que la novedad del avistamiento no podía ser compatible con la versión dictaminada por la agencia espacial norteamericana.
- Julio de 1966: La cápsula norteamericana Gemini 10, tripulada por John Young y Michael Collins, entra en órbita. Instantes después, Young llama al centro de control de Houston, visiblemente alarmado, y alerta de que tiene a la vista dos objetos sospechosos de color rojo que se desplazan por la misma órbita. Momentos después, el propio Young confirma que dichos objetos han salido de la órbita y se han alejado. Estima que pueden ser satélites. Pero para que su apreciación fuese cierta, tendría que haber visto el fogonazo que hubieran desprendido los motores al ser puestos en marcha, condición indispensable para alterar el rumbo de uno de estos artefactos. Young nunca confirmó tal extremo.
- Septiembre de 1966: La cápsula norteamericana Gemini 11, a cuyo mando están los astronautas Gordon Cooper y Charles Conrad, acomete la órbita número 18 de su programa cuando los tripulantes observan un objeto brillante que se mantiene a cierta distancia de la cápsula. La tripulación logra fotografiar dicho objeto y la NASA, posteriormente, lo califica como “no identificado”.
- Noviembre de 1966: Los tripulantes de la sonda espacial norteamericana Gemini 12, Edwin Aldrin y James Lovell, afirman durante el segundo día de misión que una especie de extraña flota de objetos se había acercado a la cápsula. La NASA calificó aquellos objetos, bien de basura espacial, bien de simples reflejos. Pero Aldrin fue muy preciso al respecto, señalando que el sabía muy bien lo que era un reflejo y que, ni por asomo, se relacionaba tal explicación con lo contemplado. En aquellos tiempos, la llamada basura espacial era mucho menos considerable en cantidad que en la actualidad y estaba perfectamente catalogada.
- Noviembre de 1969: La nave norteamericana Apolo XII es lanzada al espacio con la misión de alunizaje de su tripulación, compuesta por Richard Gordon, Charles Conrad y Alan Bean. Durante el trayecto, Bean informa a Houston que están siendo acompañados por un misterioso objeto al que pueden divisar a través de las escotillas. De un objeto inicial, se pasa a dos, tan brillantes, que son avistados por algunos astrónomos en Europa. Durante la aproximación y descenso a la Luna, los astronautas afirman escuchar una serie de ruidos extraños, silbidos y palabras absolutamente ininteligibles. Cuando se solicitó a la NASA que ofreciese algunas muestras fotográficas obtenidas en la superficie lunar, la agencia espacial norteamericana dijo que una de las cámaras estaba averiada y que otra fue “olvidada” en el módulo lunar. Con bastante posterioridad, la NASA reveló algunas instantáneas en las que no se aprecia nada especialmente relevante que pueda dar lugar a la especulación.
Cuanto menos, estos episodios son un tanto curiosos, ¿No creéis?
El hipotético código secreto de Leonardo da Vinci 13 Abril 2009
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El fresco de La Última Cena, ubicado en la Iglesia de Santa Maria delle Grazie, en las proximidades de Milán, es una de las obras pictóricas más admiradas y famosas del mundo. Pero también es un objeto de culto para todos aquellos amantes del simbolismo y, por extensión, de aquellos que buscan afanosamente una especie de código oculto de claras connotaciones mistéricas que, al parecer, dicho fresco encierra en su composición. De un tiempo a esta parte, ha aflorado todo un extenso corpus literario que versa sobre las posibles implicaciones del genio de Leonardo con una religión secreta u oculta. Algunos de los libros publicados sobre este tema han resultado ser un verdadero fenómeno editorial, con un número tan extraordinario de ventas que ha sorprendido a propios y extraños. Pero, salvando alguna que otra honrosa excepción, el contenido de tales recreaciones literarias ha pretendido edificar de la simple conjetura toda una teoría, concluyendo en afirmaciones más que dudosas y que no resisten el más mínimo análisis histórico y objetivo. Aún así, vamos resumir de la manera más breve posible algunos aspectos que pueden observarse en el famoso fresco de Leonardo, quedando su posterior interpretación al libre juicio del lector. Simplemente, voy a comentar algunas de las tesis que se han venido apuntando sobre algunos peculiares motivos que pueden contemplarse en dicho fresco. (Por cierto, La Última Cena de Leonardo atesora en su historial algo más que una leyenda: La pared donde fue pintado fue la única que permaneció en pie al ser bombardeada en la Segunda Guerra Mundial…)
Algunos autores afirman que las imágenes que nos resultan familiares nunca se miran bien del todo y aunque se ofrezcan a la mirada del espectador abiertas a un escrutinio más detenido, en el plano más profundo y lleno de sentido siguen siendo imágenes completamente cerradas. De esta manera, La Última Cena de Leonardo, con independencia de los postulados artísticos que la sitúan en un contexto histórico determinado, ha de ser contemplada por nuestros propios ojos como si fuese la primera vez que la miramos en nuestra vida, despojándola de todos esos conceptos previos. A fin de cuentas, una escena como la representada en el fresco de Leonardo nos resulta tan familiar y repetida por tantos y tantos artistas a lo largo de la Historia del Arte que nos puede resultar en exceso difícil de encontrar una serie de detalles, del todo particulares, que den lugar a una presunta voluntad de plasmar algún tipo de simbología oculta por parte del artista y que, en caso de existir, puedan incluso llegar a pasar desapercibidos para el espectador menos atento.
- Mirando con detenimiento el fresco, observamos que el personaje central, obviamente Jesucristo, está en una actitud contemplativa y dirigiendo su mirada hacia abajo y hacia su propia izquierda, con las manos extendidas al frente sobre la mesa, en señal de querer ofrecer algo al espectador. Sabemos de sobra, según lo narrado en las Escrituras, que Jesús instituyó, en la llamada Última Cena, el sacramento del pan y del vino, invitando a sus seguidores a que comieran y que bebieran tales alimentos como paralelismo de su carne y de su sangre (Transustanciación). Por ello, sería razonable encontrar algún cáliz o copa de vino delante de Él. Sin embargo, no hay vino frente a Jesús y apenas unas cantidades simbólicas en toda la mesa. Si seguimos observando esa misma mesa, vemos como muchos de los panes aún no están partidos. Teniendo en cuenta que el mismo Jesús identificó el pan con su propio cuerpo — el mismo que sería “partido” en el supremo sacrificio — quizás se nos esté comunicando algún tipo de mensaje sutil sobre la verdadera naturaleza de los padecimientos de Cristo. A todo ello se añade que el gesto anteriormente comentado de las manos vacías del Maestro puede inducirnos a un aviso, a un llamamiento de atención sobre algo en concreto que bien pudiera ser ese particular y enigmático detalle de la ausencia de vino y de los panes que aún quedan por partir.
- Según el relato bíblico, el joven apóstol Juan, llamado el “Discípulo amado” — tradicional caracterización de Juan el Evangelista que sin embargo ha sido puesta en duda por la moderna exégesis y hermenéutica bíblica — se halla tan cerca del Maestro durante la celebración de la Sagrada Cena que incluso apoya su cabeza sobre el pecho de Éste. En la representación de Leonardo que nos ocupa no apreciamos tal sintonía afectiva sino que Juan, lejos de inclinarse, se aparta de Jesús hacia su derecha con exageración (Me atrevería a decir que con cierta coquetería). Existe un extraño componente en la figura de ese “Juan”. Si bien es cierto que cuando Leonardo quería expresar la suprema belleza masculina con arreglo a sus propias predilecciones solía elegir un canon algo afeminado, lo que aquí realmente estamos contemplando es la ineludible figura de una mujer, con sus pequeñas y delicadas manos, sus finos y armoniosos rasgos del semblante, con un collar de oro e incluso con una pincelada que da relieve al pecho femenino. Curiosamente, esta “mujer” viste con una indumentaria que es justo el reflejo invertido de la de Jesús. Ningún otro comensal lleva prendas similares.
- Si nos fijamos en la composición del fresco, lo que más nos llama a la atención es la configuración que describen las figuras de Jesús y esa hipotética “mujer”, una gran y muy abierta M. Repasando los datos biográficos de Leonardo, sabemos que fue un gran psicólogo y que le divertía sobremanera presentar imágenes heterodoxas a las personas que le encargaban una pintura religiosa convencional. La cuestión, entonces, surge por sí sola: ¿Representa a alguien en particular esa M? ¿Encierra esa M algún tipo de símbolo? Estas observaciones han dado pie para la argumentación de una curiosa e insólita conjetura según la cual la figura “femenina” no es otra que una representación de María Magdalena (María de Magdala), hipótesis supuestamente avalada por esa M. Para muchos autores, la mencionada Magdalena habría tenido una importancia capital en la vida de Jesús, llegándose a afirmar que incluso habría mantenido relaciones amorosas con el Maestro, fruto de las cuales hubiera podido nacer un vástago — el conocido Grial de los templarios: Santo Grial = Sangre Real — descendiente directo, por tanto, del propio Jesucristo y que, por extraños azares, acabó llegando hasta Francia, dando lugar a la fundación de la rama dinástica de los merovingios. Siempre según estos autores, este misterioso secreto fue descubierto por los caballeros templarios durante su estancia y conquista de Jerusalén, y ello fue transmitido en forma de código a lo largo de los siglos hasta nuestros días. Leonardo no sería más que uno de los iniciados de una secta mistérica encargada de salvaguardar ese preciado enigma.
La cuestión planteada nos parece totalmente descabellada, máxime cuando no hay ningún tipo de alusión a la misma en los llamados Evangelios Canónicos. Aunque sí es cierto que en los Evangelios Apócrifos — concretamente en el de Felipe — se hace referencia a una relación más que amistosa entre Jesús y la Magdalena. De todas maneras, los llamados Evangelios Canónicos — los “oficiales” según la mayoría de iglesias cristianas — también presentan algunas lagunas de difícil comprensión sobre este tema. La sobreentendida soltería de Jesús es una circunstancia peculiar que no encaja muy bien con la realidad sociológica del pueblo judío del siglo I. Es más, ser un “soltero” estaba bastante mal visto en aquella sociedad y los propios evangelios no nos ofrecen ninguna referencia al motivo de esta supuesta “anomalía civil” del Maestro. En ningún texto se hace referencia a su estado civil. Simplemente, se deja pasar de largo esta cuestión. Por otra parte, la figura de la Magdalena tiene una importancia mayor en los Evangelios de lo que se puede presuponer de una primera lectura de los mismos. En uno de ellos — el de Juan, un relato que no pertenece al grupo de los sinópticos — La Magdalena es la primera persona que ve al resucitado Jesús, quién le transmite un mensaje de claras connotaciones apostólicas. Pero lo que realmente sorprende es la “desaparición” del personaje de la Magdalena en los Hechos de los Apóstoles, continuación del Evangelio de Lucas, donde no existe ninguna alusión a su figura. Parece como si hubiese sido tachada del guión.
- Sigamos observando el fresco de Leonardo: Si nos fijamos en la cara de esa supuesta “mujer” vemos como una mano amenaza su cuello graciosamente inclinado, al imaginativo estilo de un golpe de karate. También Jesús se ve amenazado por un dedo índice rígido que apunta hacia arriba, prácticamente delante de su rostro. Pero tanto Jesús como la “mujer” aparecen desentendidos de esos ademanes hostiles, visiblemente sumergidos en los mundos de sus propios pensamientos, tranquilos y sosegados, cada uno a su manera. A la derecha, según el punto de vista del observador, vemos a un hombre corpulento y barbudo que se dobla casi en dos para hablar con el último discípulo de ese lado de la mesa. Comúnmente se ha admitido que ese personaje, Judas Tadeo, es un autorretrato del propio Leonardo. Si partimos de la base de que los artistas del Renacimiento no pintaban nunca nada por casualidad, no acabamos de entender por qué Leonardo se retrata a sí mismo dando la espalda al Maestro.
- Veamos ahora el margen izquierdo del fresco: Una mano anómala apunta con una daga al estómago del discípulo situado justo detrás del personaje más próximo a la “mujer”. Por mucho trabajo que demos a la imaginación es del todo imposible que esa mano pertenezca a ninguno de los comensales, ya que, aún forzando la figura al máximo, nadie puede esgrimir la daga en semejante escorzo. ¿Qué extraño significado tiene esa daga? Estos extraños detalles han determinado que algunos autores hayan propuesto la conjetura de que la figura de Juan Bautista — que en otros cuadros de Leonardo adopta la misma postura del dedo índice que la del apóstol que está a la derecha de Jesús — fuese la del auténtico Mesías, resultando Jesús un simple seguidor o, como mucho, un continuador que con el paso del tiempo eclipsó la figura de su hipotético “maestro”, El Bautista, que fue decapitado tras la famosa y erótica escena bíblica de la Danza de Salomé ante el rey Herodes. Según dichos autores, ese dedo índice levantado no es más que una reivindicación de la potestad joánica sobre la figura de Jesús, una especie de advertencia o recordatorio. No deja de resultar curioso que en otros cuadros de Leonardo — concretamente, en la versión del Louvre de La Virgen de las Rocas – los dos niños que aparecen, representando a Jesús y al Bautista, son prácticamente idénticos; además, el que parece recibir la bendición es el que está junto a la Virgen. Pero aún resulta más asombroso constatar como en el famoso fresco de La Escuela de Atenas de Rafael, el personaje central que aparece señalando el cielo, con la misma posición del dedo índice, y que representa a Platón no es sino un retrato del propio Leonardo da Vinci.
Todas estas coincidencias, por muy curiosas que nos puedan parecer, no sustentan en absoluto la más mínima consistencia que pueda abarcar esa conjetura basada en una visión de Juan Bautista como auténtico mesías espiritual del antiguo pueblo judío. Aunque también hemos de aclarar que la figura del Bautista presenta alguna que otra contradicción en los Evangelios Canónicos (El propio Cristo se hace bautizar por él y la posterior narración de los hechos adquiere un tinte algo incongruente en las distintas narraciones evangélicas, denotando que la primitiva recensión o Fuente Q no expuso este episodio de manera clara y concisa, con lo que los distintos evangelistas adoptaron posturas un tanto encontradas al respecto). Hoy en día, no ha habido personaje que haya tenido una mayor trascendencia en la historia de la humanidad que Jesús de Nazaret. Por ello, resulta un tanto sorprendente que en una de las principales fuentes seculares con la que contamos de aquellos tiempos — las Antigüedades Judaicas de Flavio Josefo — la figura de Cristo apenas sea mencionada de refilón (Existe un famoso texto de carácter apologético sobre Jesús que ya no alberga duda alguna de que se trata de una apostilla posterior. También, en una traducción árabe menos enfática, el consenso de los historiadores es prácticamente unánime: Flavio Josefo, por su condición de judío pro romano, jamás pudo haber escrito semejante texto con ese estilo). Pero, por contra, la figura del Bautista es ampliamente divulgada en la obra de Flavio Josefo.
Como dijimos al principio, que cada cual saque sus propias conclusiones. Lo que sí nos parece un tanto lamentable es que de ciertas conjeturas que no son más que meras y muy discutibles hipótesis se intente edificar todo un edificio teórico que hace saltar por los aires la tradición comúnmente aceptada. Cualquier investigación al respecto ha de basarse en pruebas y datos reales, plenamente contrastados y meticulosamente analizados. Lo contrario es sólo un intento de confundir al lector, no ya por intereses religiosos en concreto, sino más bien por los puramente comerciales. Vender más de veinte millones de ejemplares de un determinado libro que versa noveladamente sobre estos aspectos no es una cuestión baladí. Por regla general, el público consumidor de esa literatura que sólo podemos calificar como de fantasiosa ignora que existen muchos estudios rigurosos al respecto que también tratan sobre esos temas y cuyas conclusiones son del todo encomiables. Pero la diferencia estriba en que la labor científica acaba precisamente con los datos que se tienen sobre la mesa. Pretender sobrepasarlos es ya materia de conjetura, pero nunca de teoría probada y contrastada.
Mañana nos toca comentar una obra pictórica en nuestra sección de análisis pictórico. ¿Adivináis de qué pintura voy a hablar?
La cinta funeraria 2 Marzo 2009
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Desde siempre he sentido un profundo respeto por todo lo relacionado con la muerte, ineludible suceso que acompaña a todo ser viviente desde el mismo instante de su alumbramiento, acrecentado, si cabe, por las historias y relatos que desde muy niño pude escuchar de labios de doña Lola, la incombustible portera del inmueble donde se ubicaba la casa de mis padres, y que estaban referidos en mayor medida al entorno geográfico de su bellísima tierra murciana. Siendo apenas un crío, pasaba muchas veladas en casa de doña Lola, mujer que asistió a mi nacimiento y que me adoptó como a un hijo, dada la buena amistad que desde siempre mantuvo con mi madre y que hoy en día aún perdura. Recuerdo que cada vez que me encontraba en su casa y, por diversos motivos, salía el tema de la muerte, doña Lola, de la manera más sarcástica posible, se arrancaba con un discurso que generalmente empezaba así: –”¡Ay, pijo! A mí que me quemen cuando me muera… Yo no quiero ir al hoyo, no sea que me pase lo que a la Campanera, que al ir a desenterrarla años después se encontraron con toda la cajica arañada… ¡Mira tú si el pijo! ¡Como que la enterraron aún con vida!” — No sé qué estimulantes efectos pedagógicos podrían tener los contenidos de aquellas macabras conversaciones en un niño de apenas diez años, como era mi caso, pero doña Lola, observando mi aterrada cara de infantiles circunstancias, me cogía del brazo y me decía: –”Tú, tranquilico, hijo mío, que no te vas a morir hasta dentro de cien años, por lo menos. Estás bendecido por estas manos que te vieron nacer y que te encomendaron a la Virgen de las Maravillas de mi pueblo…” – Pero tanto se animaban aquella mortuorias tertulias que Mary, la hija de doña Lola, solía continuar con el relato de otras anécdotas por el estilo: –”Ande, madre ¿No se acuerda usted de lo que contaba la yaya, a quién Dios tenga en su Gloria, sobre aquel fulano que se ahogó en el Cenajo? ¡Mira tú que ir a ponerle en el ataúd con los tirantes del pantalón! ¡Ay la que se armó!” – Intrigado por la repentina carcajada de Mary, acompasada por un batir de palmas, no dudé en preguntar: –”Pero, ¡Qué es lo que ocurrió?” – Fue doña Lola, conteniendo las risotadas a duras penas, quién prosiguió con el relato: –”Pues eso, nene. Que al muerto lo dejaron en la habitación de cuerpo presente y los que estaban de velatorio se retiraron a un cuarto contiguo a merendar. Se ve que el muerto, con los gases y al irse agarrotando, fue estirando los tirantes de tal forma que poquico a poco se fue incorporando. ¡Mira! En esto que acaban de merendar los allegados y vuelven al cuarto del velatorio… ¡Allí estaba el fulano sentado sobre la caja, más tieso que un alpargate!”– Aunque yo no le sacaba la gracia a esa terrorífica historieta, con muchos visos de ser más una leyenda rural que otra cosa, acababa por unirme a las carcajadas de doña Lola y de Mary, mujeres que disfrutaban con la sordidez de este tipo de lúgubres relatos. Pero doña Lola siempre tenía preparado el correspondiente antídoto: –”Tú, tranquilico, hijo mío, que estás bendecido… ¡Pero si te he visto nacer! ¡Ay, lo malica que estaba tu madre aquella tarde! ¡Tuvimos que tomar un taxi para ir al hospital! … Y el zanguango de tu padre ahí, con toda su seta trabajando en el bar mientras que su mujer se moría del parto… ¡Ay, qué huevón que es este hombre con el pijo del bar! ¡María Santísima!”– Fuera de estos surrealistas episodios narrados por doña Lola, más tarde y durante algún tiempo, llegué a obsesionarme del todo con el tema de la muerte, sufriendo numerosas pesadillas en las que me veía a mí mismo protagonizando el penoso trance del óbito. La sensación de angustia que llegué a sentir en aquellos escalofriantes sueños era tal que no pocas veces me desperté de madrugada alterado, sudoroso y con el corazón inquietantemente revolucionado. Aquella época coincidió con una grave crisis emocional que padecí por diversos motivos aunque, afortunadamente, pronto se esfumaron esos necrológicos pensamientos de mi mente, adoptando hoy en día el principio sofista de que “La muerte es algo que no ha de preocuparnos: Mientras vivimos, permanece lejana a nosotros. Y, cuando irremediablemente llega y se instala, nosotros ya no existimos”. Pero, en determinadas ocasiones, las escenas y estampas mortuorias parecen perseguirme allá donde voy. No hace mucho que me ocurrió esta inexplicable secuencia de episodios que paso a relataros.
Ya durante aquella misma noche había soñado con un buen amigo que desgraciadamente había fallecido años atrás como consecuencia de un repentino infarto. Pienso que cuando alguien ya fallecido protagoniza alguno de nuestros sueños, en cierto modo, le estamos devolviendo a la vida, aunque sólo sea en el estrecho mundo de nuestras sensaciones oníricas más íntimas. De esta forma, al despertarme, sentí un profundo abatimiento al constatar que aquella imagen virtual de mi apreciado y coetáneo amigo no había sido sino un fugaz sueño aunque, en el transcurso del mismo, no me había percatado de que aquel buen hombre con quién había estado conversando en sueños ya había fallecido. La soleada y reluciente alborada de aquel primaveral sábado invitaba a dar un paseo con la bicicleta, una de mis mayores y más saludables aficiones. Al ir a aparcar la bici junto al bar más cercano a mi edificio con la intención de tomar un reparador primer café me encontré con la siguiente y desoladora leyenda de CERRADO POR DEFUNCIÓN. –”¡Vaya! “– Sabía que un familiar del dueño estaba atravesando por una delicada situación y me barrunté lo que posteriormente se hubo de confirmar. Descartado ese primer y ceremonioso café, puse rumbo al carril ciclista que parte desde el Parque del Retiro y, una vez en la confluencia, inconscientemente opté por tomar el sentido contrario al mencionado parque. Ya cerca del Pirulí de TVE pensé: –”Iré a ver a Gema, la hija de Celia, al salón de belleza que regenta en Moratalaz. Se alegrará de verme y podremos tomar un café juntos… O unos vinos si por allí está Fede, su novio” – Ese ramal ciclista que parte de El Retiro finaliza, tras una dura subida a través del Parque de la Elipa, en el Cementerio de la Almudena, concretamente en el antiguo Arroyo de la Media Legua, hoy rebautizado como Avenida de las Trece Rosas en homenaje a aquellas jóvenes que fueron fusiladas justo en aquel paraje tras finalizar la Guerra Civil. De ahí, tras una vertiginosa y no menos peligrosa bajada en carretera y un giro a la izquierda, comienza el duro y prolongado ascenso hacia el barrio de Moratalaz, una vez sorteada la M-23. En los planes de movilidad ciclista proyectados por el Ayuntamiento de Madrid se contemplaba la idea de unir por carril-bici ese tramo desde el Cementerio hasta Moratalaz para conectar, ya casi a la altura de Vicálvaro, con el flamante y engañoso Anillo Verde Ciclista que circunvala toda la ciudad, evitando así la peligrosa bajada antes aludida. Ante mi curiosidad por descubrir por dónde se podrían hacer las obras de dicho ramal y debido a que todavía era un poco temprano, atravesé la Avenida de las Trece Rosas y comencé a rodar por un sendero que discurría en paralelo junto a la tapia oriental del enorme camposanto. Al ir en bajada, y pese a lo abrupto y escarpado del terreno, me fui animando con la intención de encontrar una salida alternativa que fuese a dar con el barrio de Moratalaz, algo que intuía al contemplar muy a lo lejos la inconfundible silueta de otro ciclista. Aún siendo una mañana soleada, el viento soplaba con relativa fuerza, agitando los matorrales que rodeaban aquella estrecha vereda. Desde la bici, podía ver sin dificultad toda la infinita hilera de tumbas y nichos que hacían de este cementerio uno de los mayores de toda Europa. De pronto, observé como delante de mí y salvando la tapia del camposanto, un extraño objeto alargado y de color corinto que revoloteaba por los aires fue a parar junto al manillar de mi bicicleta, provocándome un extraordinario susto al pensar que podía ser un bicharraco raro de esos que sólo se ven junto a estos sitios tan poco acogedores. Sin embargo, tal “bicho” no era sino una cinta funeraria que, sin duda, el viento habría arrancado de alguna corona de flores perteneciente a sabe Dios qué infeliz y perpetuamente alojado huésped del camposanto. En la misma, se podía leer: TUS HIJOS, NIETOS Y FAMILIA TE QUIEREN. Ya más calmado, me pareció tan curioso aquel inesperado encuentro que, sin saber aún por qué motivo, doblé la cinta y la guardé en un bolsillo de mi pantalón de chándal, para proseguir a continuación con aquella travesía que me estaba resultando mucho más incómoda de lo previsto inicialmente debido a la paulatina mayor accidentalidad del terreno, tanta que llegó un momento donde me tuve que bajar de la bici y seguir a pie con ella ante la imposibilidad de rodar sobre unos barrizales que frenaban en seco las ruedas y que por poco no dieron de bruces conmigo en el suelo.

Intersección del carril-bici entre las calles de O´Donell y Fernán González.

Mi Rockrider aparcada en las cercanías del famoso Pirulí de RTVE

El Pirulí de RTVE desde su base

El carril-bici atravesando el Parque de la Elipa. Curva en bajada a izquierda muy peligrosa

Bajada del Arroyo de la Media Legua; al fondo, Moratalaz

Tapia oriental del Cementerio de la Almudena. Junto a la misma y en paralelo, se puede apreciar el sendero por donde me metí con la bici
Tras una ascensión, observé como venían a mi encuentro dos jóvenes muchachos de raza gitana, a juzgar por sus inconfundibles rasgos. Lo apartado de aquel paraje unido a mi estúpido e injustificable prejuicio social, provocaron mi alarma, y mucho más cuando a pocos metros de distancia pude escuchar la siguiente frase: –”¡Andá, qué bici más chula…!”– Ya en el irremediable e insalvable encuentro, aquellos dos jóvenes, con evidentes síntomas de ir bajo los efectos de alguna sustancia psicotrópica, me espetaron entre unas desenfadadas risotadas que aceleraron mi medroso ánimo: –”Anda, payo… Regálame la bici… Pa mis niños…” – Uno de ellos posó la mano sobre el manillar mientras que el otro, con una indescriptible expresión nebulosa en sus ojos que llegó a descomponerme del todo, insistía en su plática: –”Venga, payo… Huy qué bici más chula… Mira, primo, lleva reloj… ¡Y un espejo! Anda, payo, dámela pa que jueguen mis niños…”– Llegué a preocuparme, no ya por la bici, a la que daba por perdida, sino por mi integridad física. Después de la bici supuse que le llegaría el turno a la cartera, a mi reloj, al teléfono móvil, al casco… Para que jugasen sus niños también, claro. Aquellos jóvenes, que rondarían la veintena de años, estaban totalmente fuera de sí y yo, por desgracia, siempre he sido muy cobarde para este tipo de enmiendas, de tal forma que noté como las piernas me empezaron a temblar sin yo quererlo, de la misma forma que en los tiempos de mi niñez, cuando el padre Eusebio me ordenaba salir a la pizarra en clase de matemáticas… Con todo, tiré del único recurso que me quedaba en aquellos difíciles momentos, mis dotes teatrales, muy pulidas por el reiterado uso que hube de hacer de las mismas en los referidos tiempos del padre Eusebio para evitar su cólera ante mi incapacidad de asimilar la geometría de Euclides. No tenía ya nada que perder en aquellas complicadas circunstancias, así que respiré profundamente y… –”Señores, por favor” – Dije con toda la gravedad posible de mi voz y enmascarando mi nerviosismo tras las graduadas gafas de sol – “Ayer enterré a mi padre aquí y hoy, dando un paseo con la bici, no he podido evitar el acudir a visitar de nuevo su tumba” – En este instante, saqué de mi bolsillo la cinta funeraria – “No me encuentro muy bien en estos delicados momentos, como ustedes comprenderán, así que les ruego me permitan continuar. No quiero dejar mucho tiempo sola a mi pobre madre…”– Fue verdaderamente milagroso. Los gitanillos, al ver la cinta, se echaron hacia atrás –”¡Huy…Lagarto, primo, lagarto! ¡Tira de aquí, payo! ¡Venga, tira de aquí!”– Yo sabía que los gitanos son especialmente sensibles hacia todo lo relacionado con la parafernalia mortuoria pero nunca pensé que fuese para tanto. Obviamente, seguí sus indicaciones y “tiré” de allí pitando, aunque tratando de no correr para evitar suspicacias. Salvando una loma e incorporándome de nuevo a la bici, se me subió la adrenalina al escuchar a lo lejos: –”¡Eh, payo! ¡Qué le acompaño en el sentimiento, eh! ¡Perdone que no le haya dicho na…!”–
La bici “engalanada” con la misteriosa cinta funeraria que fue a mi encuentro. Espero que no sea un funesto presagio…
Este delirante y surrealista episodio ha sido narrado tal y como me sucedió. La escena tuvo lugar la mañana del 26 de mayo de 2007, fecha del X aniversario del fallecimiento de mi padre.
Los Dogon: Unas más que extrañas coincidencias 9 Febrero 2009
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Confieso que cuando me comentaron esta fascinante historia quedé del todo perplejo. Ante mi inicial escepticismo, fui recopilando información para contrastar la veracidad de la hipótesis que plantea el llamado Enigma de los Dogon y no hallé nada especialmente refutable. Posiblemente, en un ejercicio de racionalidad, el misterioso legado de los Dogon no sea más que una curiosa coincidencia. Pero, siendo así, el grado de tal presumible coincidencia es tan elevado que deja la puerta entreabierta para la imaginación más fantasiosa. Algo parecido me ocurrió en México, en la explanada de Teotihuacán. Un buen amigo me dijo: –”Esta es una pequeña pirámide truncada dedicada al sagrado pájaro Quetzal. Observa los relieves… Ahora, da una palmada”– Por increíble que parezca, al batir una palmada frente a la pequeña pirámide, el eco producido por el sonido reflejaba exacta y fielmente el piar de un pájaro, el canto del pájaro Quetzal…
Los Dogon constituyen un pueblo de etnia sudanesa que habita entre los montes Hombori y la meseta de Bandiagara, en la actual República del Malí. Entre sus ancestrales tradiciones, la mitología ocupa un destacado y sagrado lugar. Más o menos, viene a decir que hace miles de años llegaron a nuestro planeta unos seres mitad hombres, mitad peces que procedían de la Constelación de Sirio. Eran conocidos como “los señores del agua” y respiraban a través de una serie de agallas situadas por encima de las clavículas. Llegaron en un artefacto parecido a un arca que primeramente era de color fuego y que al posarse seguidamente en la tierra se transformó en una enorme piragua blanca que flotaba sobre la superficie de un lago sobre el que fue a posarse. Esos enigmáticos seres fueron quienes contaron a los primitivos Dogon toda una cosmogónica mitología que han ido posteriormente transmitiendo de generación en generación hasta nuestros días. Según los relatos Dogon, la estrella Sirio, “Digi-Tolo” en terminología Dogon, tiene otro acompañante mucho más pequeño aunque más pesado, y que resulta invisible a los ojos humanos. Esta otra estrella, conocida como “Po-Tolo”, está constituida por un metal llamado “Sagala”, más brillante que el hierro y con un peso mayor que el de todo el mismo hierro y cereal que hay en la tierra. Su período de rotación es de un año y circula en torno a Sirio describiendo una órbita elíptica para la que invierte un tiempo aproximado de cincuenta años. Así, cada medio siglo, los Dogon celebran su más solemne ceremonia, la llamada fiesta “Sigui”, en la que supuestamente rememoran este acontecimiento. Para ello, los jefes de las aldeas confeccionan una vasija donde tiene lugar la fermentación de la cerveza, bebida primordial que acompañará a toda la ceremonia. Al finalizar la misma, la vasija se guarda obligatoriamente junto con las que habían sido utilizadas en fiestas precedentes. Siguiendo esta pista, los antropólogos han podido remontarse hasta el siglo XII, aproximadamente. Toda esta información la recibió por primera un prestigioso antropólogo francés, Marcel Griaule, cuando en 1931 efectuó un viaje por aquellas tierras africanas para estudiar a los distintos pueblos que por allí se asentaban.
Pues bien, eso es simplemente mitología. Ahora, pasemos a contar lo que sabemos realmente del sistema estelar Sirio: En 1814, el astrónomo Bessel se percata de una cierta irregularidad en la órbita de Sirio. Posiblemente, la estrella estaría siendo afectada gravitacionalmente por algún objeto que conseguía desplazarla de lo que debiera ser una trayectoria mayormente regular. Debido al extraordinario brillo de Sirio, cualquier intento de localizar un presunto compañero de andanzas resultaba del todo infructuoso y no fue hasta 1862 cuando Alvan Clarke consiguió por fin detectar al misterioso hermano de Sirio. Ya en el siglo XX, los científicos determinaron que Sirio B, la estrella que había permanecido oculta durante tanto tiempo y que provocaba las alteraciones orbitales de su hermana, Sirio A, no era sino una estrella del tipo “enana blanca”, de escasa luminosidad y enorme densidad, tanta que hacía posible un efecto gravitacional sobre su compañera de mucho mayor tamaño. Los investigadores también determinaron el período que Sirio B invierte durante su desplazamiento alrededor de Sirio A, exactamente 50,04 años. De igual manera, certificaron que el tiempo de rotación de la misma es de un año. No deja de ser paradójico que Sirio B fue la primera estrella del tipo “enana blanca” descubierta. Se estimó que su densidad media es de una tonelada por centímetro cúbico, más o menos una masa similar a la de nuestro Sol en un cuerpo del tamaño muy próximo al de la Tierra. Por si no fuera poco, en un dibujo de los Dogon que representa lo que parece una simulación de las trayectorias orbitales de las estrellas en cuestión se calca lo que posteriormente ofrecieron las modernas y computerizadas líneas de extensión astronómica…
Ya vemos como las coincidencias son más que sospechosas, por lo que la pregunta surge por sí sola: ¿Cómo pudieron los Dogon adquirir ese conocimiento? ¿Cómo es que la pista de las vasijas a las que anteriormente nos referimos nos llevan hasta el siglo XII, mucho antes de los descubrimientos “oficiales” de Sirio B? ¿Alguien es capaz de imaginar a un científico viajando hasta el poblado de los Dogon, a mediados del siglo XIX, para contarles un “rollo” acerca de Sirio A y Sirio B? No sé qué os parece a vosotros pero a mí esta historia de los Dogon no me deja en absoluto indiferente. Agradecería cualquier tipo de información adicional al respecto.
El mapa de Piri Reis: Un verdadero enigma 12 Enero 2009
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A pesar de los relatos que regularmente han ido configurando esta sección, FOR YOUR EYES ONLY, y que suelen versar sobre aspectos y situaciones que a menudo se escapan del conocimiento más científico posible (Sueños premonitorios, encuentros con seres supuestamente extraterrestres, contactos e intervenciones directas con individuos pertenecientes a un hipotético Más Allá, etc…) he de confesar mi absoluto escepticismo ante tales extrañas vivencias aunque ello no significa necesariamente que ponga en duda la veracidad de quienes dicen haber protagonizado dichos relatos, cuanto menos, incomprensibles desde un punto de vista estrictamente racional. Es más, en esta sección sólo he insertado aquellas narraciones en las que he podido comprobar la absoluta fidelidad argumental de quienes han sido los actores de alguna vivencia circunstancialmente enigmática. Mi método para verificar tales narraciones es bien sencillo: Finjo no acordarme de una primera — o segunda — versión ya narrada del episodio en cuestión y trato de encontrar contradicciones en la nueva exposición de los hechos. Hasta el presente, en todas las historias aquí comentadas no he sido capaz de descubrir alteraciones relevantes que sugieran una alevosa invención por parte de sus protagonistas. Desgraciadamente, sólo un escaso porcentaje de todo aquello que ha llegado a mis oídos pasa este simple y recurrente filtro. Algún día compondré un resumen de todas las barbaridades que he escuchado (Sobre todo en mis tiempos de empleado del bar) y estoy seguro que nos harán pasar un rato más que divertido.
Como decía anteriormente, no soy muy dado a creer en todos esos fenómenos aparentemente paranormales que muchos de mis conocidos juran haber experimentado en alguna ocasión. Quizás sea porque nunca he vivido ningún tipo de esas extrañas situaciones en primera persona, salvando la excepción de una noche en la que me encontré dialogando con Van Gogh y que ya comentaré, el caso es que los temas de espíritus, ovnis, apariciones misteriosas y demás no me causan mayor interés que el de la simple curiosidad. Otro asunto, bien distinto, son los llamados enigmas históricos, faceta de la que reconozco ser muy aficionado, sobre todo de aquellos en los que se produce un evidente anacronismo histórico o científico. Muchos casos me han llamado la atención, como el de los Dogon de Mali, las líneas de Nazca o las pinturas de Tassili. Pero existe uno en concreto que por más que he intentado obtener una explicación racional hasta ahora del mismo me ha sido del todo imposible. Me refiero al enigma del Mapa de Piri Reis. Quizás alguno sepa ya la historia pero, para quién desconozca de qué va este episodio, intentaré hacer un breve resumen.
En noviembre de 1929 los empleados del Palacio de Topkapi, en Estambul, se encontraban realizando unas tareas de inventariado cuando descubrieron un pequeño cofre del que no se tenía constancia y cuyo interior albergaba una serie de pergaminos inéditos. Dichos pergaminos estaban confeccionados en piel de gacela y según las inscripciones que figuraban en los mismos fueron elaborados en 1513 por Piri Reis, un reconocido almirante de la flota turca. En dichos pergaminos se encuentran representados el Océano Atlántico, la parte occidental de Europa y la oriental del continente americano, incluso con detalles de la Antártida y de la zona ártica del actual Canadá. ¿Cómo es posible que en 1513 alguien pudiera tener una visión tan aproximada de las zonas polares del continente americano? La paradoja es aún mayor si se observa que en uno de los escritos de Piri Reis se afirma que dichos mapas, con representaciones de tierras hasta entonces desconocidas, tenían su fuente en “Los Antiguos Reyes del Mar”, enigmática declaración que ha dado paso a todo un torrente de especulaciones. Por si no fuera poco, en los mapas se encontraban representados toda una serie de accidentes geográficos como ríos, montañas, etc, así como los perfiles de las costas europeas, africanas, americanas, árticas y antárticas. Las autoridades turcas solicitaron los servicios del especialista alemán Paul Kahle y sus conclusiones fueron presentadas dos años después, en 1931, durante el XVIII Congreso de Estudios Orientales celebrado en Leyden. Lamentablemente, las investigaciones pasaron inadvertidas y no fue hasta 1953 cuando este enigmático asunto vuelve a cobrar fuerza como consecuencia de unas copias del mapa que se hicieron llegar a la Marina estadounidense como regalo de la flota naval turca. La Navy los sometió al estudio del eminente cartógrafo naval Arlington Mallery quién, al ir desmenuzando los detalles, observó con estupor como los accidentes geográficos del mapa encajaban del todo con los auténticos aunque, si bien, desplazados de sus correctas posiciones. Al profundizar en las investigaciones, Mallery descubrió como aquel error de localización, del todo justificable, parecía no obstante obedecer a una desconocida ley matemática. Junto con otro cartógrafo de la Sección Hidrográfica de los EEUU, Walters, somete el mapa a la proyección de Mercator, una de las técnicas de representación más habituales de la época. Los resultados son del todo sorprendentes:
- El mapa parece tener unas líneas de rumbo parecidas a los actuales meridianos terrestres
- El mapa mostraba el actual estrecho de Drake que separa el cono sur americano con la Antártida como una mera prolongación terrestre a modo de lengua de tierra. Curiosamente, al cotejar el mapa con las modernas fotografías en infrarrojo que permiten revelar el perfil submarino de dicha región, se aprecia que ambos continentes estaban unidos por dicho puente de tierra, de forma casi idéntica a la reflejada por el mapa, hasta hace unos 11.000 años, durante la última glaciación.
- En el mapa de Piri Reis la Antártida aparece reflejada sin la capa de hielo pero sus contornos y valles coinciden plenamente con lo descubierto hoy bajo una capa de hielo de aproximadamente dos kilómetros de espesor.
- La península de Palmer y la llamada Tierra de Maud aparecen reflejadas en el mapa con nitidez. Fueron descubiertas realmente por una expedición británico-escandinava en 1952.
- La zona occidental de Cuba aparece en el mapa turco configurada por una serie de islotes. Charles Hapgood intentó demostrar que esa zona, efectivamente, llegó a estar sumergida en tiempos remotos, teoría muy contestada por la comunidad científica, pero en absoluto refutada.
- El mapa presenta las Islas Vírgenes dobladas: McIntosh afirma que ello es debido a que Piri Reis las tomó de dos mapas distintos sin advertir que eran el mismo archipiélago.
- De los Andes surgen tres grandes ríos que se corresponden con el Amazonas, el Orinoco y el Río de la Plata.
Todo lo anteriormente expuesto da paso a una serie de conjeturas que, con independencia de su mayor o menor credibilidad, resumimos a continuación:
- Dada la certeza con la que Colón emprende su expedición a “Las Indias” y de acuerdo con los últimos estudios publicados al respecto, es muy probable que el almirante genovés hubiese tenido acceso a unos mapas inéditos de los supervivientes de un intento de expedición hacia el Oeste del Atlántico durante su estancia en la isla portuguesa de Porto Santo (Archipiélago de Madeira). Algunas fuentes hablan de la extraña presencia de hombres “casi blancos, cruzados” en las Antillas Mayores en el momento previo en que Colón hizo su aparición por estas tierras. Cada día que pasa toma más fuerza la teoría de que Colón sabía perfectamente la ruta a seguir para dar con tierra allende el Atlántico. A todo esto, hemos de tener en cuenta que en 1501 Kemal Reis, tío de Piri y a la sazón capitán de la flota otomana, captura cerca de las costas españolas un convoy de naves y descubre que uno de sus tripulantes había viajado con Colón y poseía un mapa dibujado por el mismo.
- El hecho de que se muestre la Antártida sin hielo y con valles… ¿Podría ser una herencia remota de la mítica Atlántida que Platón juzgó arrasada “en el transcurso de un día y una noche” hace 11.000 años?
- La descripción de algunos lugares del mapa sólo ha podido ser posteriormente confirmada por medio de la aviación. La pregunta surge por sí sola: ¿Las líneas de Nazca en Perú, la curiosísima similar latitud de las pirámides aztecas y las egipcias, el mapa de Piri Reis…Llegó el hombre a dominar los cielos en la Antigüedad remota?
Obviamente, muchas de las tesis aquí expuestas han sido recibidas con cierto escepticismo por parte de la comunidad científica pero es obligado decir que la refutación de las mismas no aclara, ni mucho menos, los principales enigmas que se derivan del mapa de Piri Reis. Por mi parte, agradecería cualquier opinión al respecto que sirviera tanto para despejar las dudas como para añadirlas. Queda abierta esta página para quién así lo desee.
Algunos pasajes enigmáticos del Antiguo Testamento 15 Diciembre 2008
Posted by leiter in En materia religiosa, For your eyes only.2 comments

De igual manera que hace unos meses y en esta misma sección comentamos unos pasajes sobre aspectos de la vida y obra de Jesús de Nazaret, nos llega el turno de hacer lo propio con algunos fragmentos del conocido como Antiguo Testamento o Biblia Judía (Aunque debo aclarar que tales conceptos no son completamente similares). Por supuesto, el único motivo o pretensión es la de intentar despejar algunas dudas que dichos pasajes pueden provocar en el lector, no siendo, bajo ningún concepto, mi intención la de poner en cuestión la fe de cada creyente. Pero la Biblia, como cualquier otra colección de libros puede y, de hecho, debe ser analizada siguiendo las pautas del procedimiento que hoy nos brinda la moderna hermenéutica, con independencia del carácter sagrado que cada cual le quiera dar. No se deja de ser menos creyente por intentar asimilar todos los condicionamientos bajo los que la Biblia, en el transcurso de casi tres mil años, fue gestándose y ha ido llegando en la actualidad hasta nuestras estanterías. Aún así, son muchas las versiones disponibles hoy en día de la Biblia, con enorme disparidad de criterios a la hora de traducir o interpretar los muchos matices que encierra su extenso contenido. Para desarrollar esta entrada he utilizado como referencia la Biblia de Nácar-Colunga, de la Biblioteca de Autores Cristianos.
- “Díjose entonces Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza (…) Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó macho y hembra.” - Gen 1, 26-27. Pero, a continuación, tenemos también otro texto similar: -”Este es el origen de los cielos y la tierra cuando fueron creados. Al tiempo de hacer Yavé Dios la tierra y los cielos, no había aún arbusto alguno en el campo, ni germinaba la tierra hierbas, por no haber todavía llovido Yavé Dios sobre la tierra, ni haber todavía hombre que la labrase, ni vapor acuoso que subiera de la tierra para regar toda la superficie cultivable. Modeló Yavé Dios al hombre de la arcilla y le inspiró en el rostro aliento de vida, y fue así el hombre ser animado.” - Gen 2, 4-8.
En el primer relato, Dios da la existencia a los seres con una orden verbal, mientras que en el segundo se sirve de la arcilla para crearlos, a modo de escultor. Cuando, luego de la Ilustración, se comenzó a estudiar la Biblia con metodología científica y dejando de lado su carácter sagrado, se llegó a la conclusión, hoy en día unánimemente aceptada, de que los cinco libros que componen la Torá (Pentateuco) no son sino una síntesis de tres fuentes distintas y claramente diferenciadas:
- El llamado DOCUMENTO P (Sacerdotal), redactado por los doctores sacerdotales poco después de la época del Exilio (Siglo VI a.c.) y que configuró la forma definitiva de los cinco primeros libros de la Biblia. Cronológicamente es la fuente más moderna y se caracteriza por la impersonalidad y por el empeño en ofrecer datos estadísticos y genealogías. Esta fuente también se caracteriza por asentar definitivamente el monoteísmo.
- El llamado DOCUMENTO J (Yahvista), quizás redactado en el siglo IX a.c. en el reino de Judá. Corresponde al segundo relato de la creación aquí expuesto y se caracteriza por utilizar un material mucho más legendario en el tiempo y por fijar el término YAHVÉ (ó YAVÉ) para designar a Dios, frente al impersonalismo del Documento P (Que se correspondería con el primer relato de la creación arriba mencionado). Es también mucho menos formalista en el tratamiento de los temas.
- El llamado DOCUMENTO E (Elohim), el más antiguo de todos y probablemente redactado en el reino del norte (Israel). Utiliza la forma Elohim para referirse a Dios y tiene un marcado acento politeísta (Elohim es una forma plural en hebreo). Pese a que los compiladores trataron de eliminar toda referencia politeísta arcaica, algunos pasajes sobrevivieron, por ejemplo: –”Díjose Yavé Dios: He ahí al hombre hecho como uno de nosotros, conocedores del bien y del mal…” - Gen 3, 22. También son numerosos los pasajes donde Dios se muestra celoso y no excluye la existencia de otros dioses. El politeísmo es algo consustancial a todas las creencias primitivas, mientras que el monoteísmo es un concepto relativamente reciente en la fenomenología religiosa.
Durante y después del exilio babilónico (siglo VI a.c.) la clase sacerdotal adoptó la versión conjunta JE y añadió sus propios textos (Documento P) para la elaboración definitiva del libro del Génesis. De ahí que sea frecuente, como en el caso que nos ocupa, que durante la lectura de este libro nos encontremos con repeticiones, con el mismo relato contado un par de veces, cada una correspondiendo a su misma fuente de procedencia. La moderna escuela de interpretación alemana consiguió identificar y aislar cada versión.
- “Llegado a casa de Saúl, David se presentó a él. Tomóle cariño Saúl, haciéndole su escudero. Saúl dijo a Isaí: Pues quede, te ruego, conmigo David, a mi servicio, pues ha hallado gracia a mis ojos. Cuando el espíritu de Dios se apoderaba de Saúl, David tomaba el arpa, la tañía con su mano, y Saúl sentía alivio y bienestar, pues se retiraba de él su espíritu malo.”- 1 Sam 16, 21-23. Pero en el capítulo siguiente nos encontramos con otra versión bien distinta del modo en que David conoció a Saúl: –”Cuando Saúl hubo visto a David avanzar contra el filisteo, dijo a Abner el jefe de su ejército: ¿De quién es hijo ese joven, Abner?. Abner respondió: Por tu vida que no lo sé, ¡Oh rey!. Y el rey le dijo: Infórmate, pues, a ver de quién es hijo. De vuelta David de la muerte del filisteo. Abner le tomó y le llevó ante Saúl, teniendo todavía en la mano la cabeza del filisteo. Saúl le preguntó: ¿De quién eres hijo, mozo?. Y David le contestó: Soy hijo de tu siervo Isaí, de Belén” - 1 Sam 17, 55-58.
Estos dos relatos acerca de la presentación de David en la corte de Saúl se contradicen claramente. En el primero, David se gana la confianza de Saúl, quién se encarga del aprendizaje del muchacho para la guerra. En el segundo, tras el famoso episodio de Goliat, resulta que Saúl no conoce aún al joven y sólo mediante la fama que adquiere como vencedor frente al terrible Goliat, consigue David entrar en la corte. El conocido relato de la lucha entre David y Goliat parece ser producto de la hábil intención de un escritor por narrar un episodio de fuerte carga emotiva. Resulta curioso observar como ambas historias son expuestas sin forzar para nada su consistencia, como si los autores quisieran exponer las distintas tradiciones que había sobre el episodio de la presentación de David a Saúl. De cualquier forma, parece mucho más sensata y verídica la primera de las versiones.
- “Y para librarse de las aguas del diluvio entró (Noé) en el arca con sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos. Y de los animales puros e impuros, de las aves y de cuanto se arrastra sobre la tierra, entraron con Noé parejas, machos y hembras, según se lo había ordenado Dios a Noé” – Gen 7, 7-10
Si, como se afirma en el relato, Noé y su familia — Parejas de animales aparte — fueron los únicos supervivientes del gran diluvio que asoló por completo a toda la humanidad, la prole del primer patriarca bíblico tuvo que ser forzosamente polícroma. Obviamente, estamos ante el supuesto de realizar una lectura literal de la Biblia, como así lo hacen muchos grupos religiosos caracterizados por su integrismo y su negación a todo proceso evolutivo en el ser humano. De seguir esta fundamentalista línea de lectura, dentro de la familia que Noé subió a bordo tendrían que encontrarse personas de raza chino-tibetana, negra, caucásica, mongoloide, amerindia, mediterránea, germánica, esquimal… ¡Y sus correspondientes parejas, claro!
-”… Y Melquisedec, rey de Salem, sacando pan y vino, como era sacerdote del Dios Altísimo, bendijo a Abram, diciendo: Bendito Abram del Dios Altísimo, el dueño de cielos y tierra. Y bendito el Dios Altísimo que ha puesto a tus enemigos en tus manos. Y le dio Abram el diezmo de todo” - Gen 14, 18-21
Melquisedec es uno de los personajes más enigmáticos de toda la Biblia. Su significado en hebreo es el de “Rey justiciero” y su equivalencia en acadio, “Sargón”. Algunos especialistas señalan que Salem era la proto ciudad de la posteriormente conocida como Jerusalén. De ser esto cierto, se trata de la primera aparición bíblica de esta ciudad, enclave fundamental donde se desarrollará gran parte del relato bíblico posterior. Pero, ¿Cuál era la auténtica relevancia de este misterioso personaje? En el relato se nos cuenta que bendijo a Abram, en una clara muestra de hacernos dar a conocer el redactor que Abram fue bendecido por alguien excepcional, un sacerdote tan aceptado por Dios que hasta el propio Abram le rendía reverencia. Esto también sirve para demostrar que la capacidad para el sacerdocio se otorgaba al rey desde mucho antes del nacimiento de Leví; dicha dignidad sacerdotal se concedía “Según el orden de Melquisedec”. Es toda una incógnita que un personaje de la supuesta relevancia de Melquisedec no tenga mayor protagonismo en el relato bíblico. Salvando este episodio, sólo hay vagas referencias al mismo en algunos salmos.
-”El Señor mismo os dará por eso la señal: He aquí que la virgen grávida da a luz y le llama Emmanuel. Y se alimentará de leche y miel, hasta que sepa desechar lo malo y elegir lo bueno. Pues antes de que el niño sepa desechar lo malo y elegir lo bueno, la tierra por la cual temes de esos dos reyes será devastada.” – Isa 7, 14-17.
Este párrafo suele ser mencionado como una profética visión del nacimiento virginal de Jesús. Sin embargo, en el texto hebreo, se utiliza la palabra almah, que designa a cualquier muchacha, sea virgen o no. El vocablo hebreo que se emplea para definir específicamente a una virgen es bethulah, que no se utiliza en este caso. Pero, con independencia del aspecto más o menos mesiánico del versículo, no parece muy probable que el socialmente comprometido profeta Isaías ofreciese al rey Ajaz, dentro del contexto de la frase, el nacimiento de un niño que se habrá de producir unos siete siglos después. Además, conviene matizar que el libro de Isaías tiene, por lo menos, tres autores distintos: El supuesto profeta Isaías, hasta el capítulo 40; el llamado Deutero-Isaías, a partir de dicho capítulo y hasta el 55; y el Trito-Isaías, desde el capítulo 55 hasta el final del libro. (Sobre este último Isaías no existe una completa unanimidad entre los especialistas)
-”Entonces Helcías, el sumo sacerdote, dijo a Safán, secretario: He encontrado en el templo de Yavé el libro de la Ley. Helcías dio el libro a Safán, y Safán, escriba, lo leyó.” - 2 Rey 22, 8-9.
Este episodio tiene una gran trascendencia y repercusión para el desarrollo del judaísmo, ya que supone el triunfo final de la corriente yahvista en Judá. Antiguamente el yahvismo no era sino una de las tantas sectas que rivalizaban en Israel y Judá. Ese “Libro de la Ley” que cita el texto es ni más ni menos que el libro del Deuteronomio, el más importante libro normativo y ritual de toda la Biblia hebrea. El libro fue supuestamente ocultado en el Templo durante algún período de dificultad para los yahvistas y posiblemente fue sacado a la luz cuando accedió un nuevo rey simpatizante del yahvismo. Con Josías en el trono (638 a.c.) se inicia el paradigma del judaísmo como religión oficial del pueblo judío.
-”Mi abuelo Jesús, habiéndose dado mucho a la lección de la Ley, los Profetas y otros libros patrios, y habiendo adquirido en ellos gran competencia, se propuso escribir alguna cosa de instrucción y doctrina para quienes desearan aprenderla…” - Prólogo del traductor griego del libro del Eclesiástico.
Es el único libro de la Biblia sobre cuyo autor tenemos información fidedigna. Su nombre completo, Jesús ben Sirá, aparece en el capítulo 50, versículo 27. El Eclesiástico es una compilación de dichos sobre muchos temas que comienza con un poema de elogio a la sabiduría y termina con un poema acróstico sobre la búsqueda de la sabiduría (Eclo 51, 13-30). Aunque los judíos no lo incluyen en su canon, lo suelen citar con mucha frecuencia.
-“Siguieron andando y hablando, y he aquí que un carro de fuego con caballos de fuego separó a uno de otro, y Elías subía al cielo en el torbellino.” - 2 Rey 2, 11-12.
Esta cita a dado pie a numerosas especulaciones, alguna de ellas ciertamente rimbombante (Elías fue abducido por un ovni…). Elías fue un personaje audaz que no dudó en enfrentarse al rey y a una reina para defender sus posiciones yahvistas. Esta figura tuvo que causar una enorme impresión en el judaísmo posterior, por lo que es muy probable de que se alimentase la leyenda de que fue arrebatado en vida a los cielos para dignificar su persona. A su vez, esta leyenda sirvió como base para otra posterior que afirmaba sobre un posible retorno de Elías a la tierra. Junto con Elías, existe otro personaje bíblico que fue llamado por Dios sin pasar por el trance de la muerte: Enoc. Ello dio pie a que en el período posterior al Exilio se le atribuyesen a Enoc una serie de libros proféticos que, si bien no están recogidos en ningún canon, son con frecuencia citados en el Nuevo Testamento.
-”Darále a beber el agua; y si se hubiere contaminado, siendo infiel a su marido, el agua de maldición entrará en ella con su amargura, se le hinchará el vientre, se le secarán los muslos, y será maldición en medio de su pueblo. Si, por el contrario, no se contaminó y es pura, quedará ilesa y será fecunda.” - Num 5, 27-29.
Este es un polémico pasaje que deja entrever cierta permisividad en lo relativo al aborto. En toda la Biblia no hay condena expresa a esta práctica y quienes argumentan en contra suelen buscar pasajes a los que se les intenta dar una explicación teológica para condenar la práctica abortiva. Hemos de tener siempre en cuenta, con independencia de nuestro particular criterio en este espinoso asunto, que la Biblia es un conjunto de tradiciones escritas en un tiempo y lugar determinados, muchas de ellas absolutamente imposibles de llevar a la práctica en nuestros días, bien por su desnuda crueldad, bien por su anacronismo. La Biblia ha de leerse teniendo en cuenta la mentalidad de las gentes para la que fue escrita. Extrapolar a nuestros tiempos actuales ciertos pasajes solo induciría al error. Este es el problema de cuando se pretende realizar una lectura totalmente literal de la Biblia.
-”Existían entonces los gigantes en la tierra, y también después, cuando los hijos de Dios se unieron con las hijas de los hombres y les engendraron hijos. Estos son los héroes famosos muy de antiguo.” - Gen 6, 4-5.
Este es uno de los pasajes más enigmáticos de toda la Biblia y cuya explicación se antoja bastante complicada, por lo que también ha sido objeto de múltiples especulaciones, algunas verdaderamente osadas. Quizás, la explicación más versátil sea la de la impresión que causaba en los pueblos de la antigüedad la construcción de enormes muros (Ciclópeos-gigantes) que servían para fortificar las ciudades. Al contemplar aquellos muros, como los de la antigua civilización micénica, bien podría pensarse que en estas ciudades habitaban “gigantes”, debido a la majestuosidad de dichas fortificaciones y al impacto que producían al ser contempladas por primera vez. De todas maneras, esta cita bíblica puede tener alguna que otra connotación “oculta” de marcado carácter politeísta que el rígido monoteísmo yahvista se encargó de eliminar a la hora de refundir los diversos textos en uno definitivo. Es posible que esta cita sea tan solo un resquicio que escapó del censor brazo monoteísta.
Miedo de valientes 24 Noviembre 2008
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Siempre hubo un especial y mutuo feeling entre Carlos, el veterano y retirado piloto militar de cazas, y yo, pese a nuestra diferencia de años y de caracteres; él, un hombre curtido en mil batallas y yo, un simple veinteañero con toda la vida por delante. Desde siempre me gustó todo lo relacionado con el mundo de la aviación y cuando me dijeron quién era ese tal Carlos y a qué se había dedicado, puse todo mi empeño en tratar de ganarme su confianza y amistad, algo que logré sin mayores esfuerzos. Carlos era un ser solitario, algo brusco en sus maneras, pero sobre todo reservado y muy introvertido para desconocidos. Supe romper el hielo demostrándole mis autodidactas conocimientos teóricos de aeronáutica y de esta forma, escuchando mucho y hablando poco, conseguí pasar de simple conocido a ser su amigo. El jamás acudió a mi bar, ya que nos veíamos en la taberna andaluza situada al final de la calle Alcántara, casi en la misma esquina de la calle Francisco Silvela, lugar muy próximo a donde se ubicaba mi apartamento de soltero. Como ya he narrado en otra ocasión, Carlos me contaba historias y relatos inverosímiles que ponían en cuestión su credibilidad, pero como muchas veces me los repetía, nunca llegué a tener la sensación de que Carlos estuviese improvisando sino, más bien, contando unos relatos que probablemente le habían ocurrido, como aquel, ya comentado en estas páginas, donde juró escuchar a los marcianos hablar en su propia jerga… ¡Qué locura!. Era sobre todo durante los fines de semana cuando Carlos y yo coincidíamos en la taberna. El se alegraba al verme y, en el mismo instante en que yo por allí aparecía, juntaba su taburete junto al mío, dando paso a una tertulia que podía prolongarse durante horas y horas. Casi siempre nos veíamos a media tarde y Carlos, muy contento, me decía: – “Hombre, Leiter, te estaba esperando. Venga, que tengo ganas de tomarme unas gambas y no quiero pedir una ración completa, por lo del ácido úrico, ya sabes… Así que me acompañas y la compartimos.” –. Era muy extraña aquella argumentación, ya que la ración inicial se doblaba e incluso triplicaba. Y, claro, ante tal derroche, a mí no me quedaba más remedio que devolverle la invitación, por lo que en más de una ocasión fueron cuatro las raciones de incomparables gambas que nos hubimos de zampar, para alegría de unos camareros que me empezaban a llamar de “usted” y de “don”, con más coña que reverencia en sí. Carlos conoció los sinsabores de una separación matrimonial, con hijos de por medio, que nunca hicieron mucho por saber de él. Quizás fuera ese uno de los motivos por los que se sentía a gusto conmigo, ya que seguramente yo le recordaba a los mismos, quienes tenían más o menos mi edad. Me costaba mucho llevar a Carlos a mi terreno, a los chascarrillos aeronáuticos y a algún que otro fenómeno paranormal que había vivido en el interior de la cabina de un caza. A Carlos le gustaba mucho hablar de política (era muy de derechas), de mujeres y de sexo, cosa que a mí tampoco me desagradaba, pero prefería que entrase en la materia en la que yo tenía más interés. Después de cenar, a la segunda copa de whisky, ya empezaba con el discurso aeronáutico, para mayor alegría mía. La relación de Carlos con los aviones había sido tan peculiar como rocambolesca. Como muchos otros pilotos militares, llegado el momento, dio el salto hacia la aviación civil y un día se vio a los mandos de los más modernos reactores comerciales. Esta situación era del todo entendible ya que, como poco, suponía triplicar los ingresos monetarios. Pero fue ahí cuando realmente vinieron los problemas personales que desembocaron en la tragedia personal y afectiva de Carlos: Más dinero, más lujos, más horas muertas en habitaciones de hoteles, más desunión familiar, más desatención inconsciente a los hijos… En suma, una situación que debiera haber significado un progreso derivó en un insalvable e irresoluble conflicto. Además, por si no fuera poco, Carlos nunca se sintió a gusto del todo en los aviones de línea comercial. — “No tiene nada que ver un caza con un DC-9, Leiter. Es como pasar de pilotar un Fórmula Uno a un autobús polvoriento de esos que van por los pueblos…” –. Carlos se cansó del todo y un buen día decidió solicitar el reingreso en la vida militar. Aquello no fue aceptado de buen grado por su familia y le costó la separación. No obstante, ya en la reserva, Carlos no vivía mal del todo. No nadaba en la abundancia pero se permitía lujos que pocos convecinos podían imitar. Además, era amigo de sus amigos. Un día le conté mis apuros económicos por una inesperada rotura de la cafetera de mi bar, justo un día antes de cerrar por vacaciones. Al día siguiente, sin decirle ni, mucho menos, pedirle yo nada, me entregó un sobre. – “Toma, para el arreglo. No te agobies para devolvérmelo. Cuando buenamente puedas, después de que te pongas en órbita tras las vacaciones.” – Pese a mis reticencias, me obligó casi militarmente a coger aquel sobre que contenía 50.000 pesetas…
Una tarde de sábado acudí a la taberna sin más pretensiones que la de tomarme una copa y largarme. Había tenido accidentalmente que trabajar esa mañana en el bar sustituyendo a uno que dijo haberse puesto enfermo y, la verdad, no había tenido yo un buen día. A Carlos le chafé la ración de gambas. – “¿Pero qué te pasa, Leiter? ¿No me jodas que hoy no vamos a tomarnos unas gambas?” –. Pese a que me había pedido un cubata le hice saber que le acompañaría de todas formas. – “Perdona, Carlos, es que he tenido una mala mañana. Hoy me ha tocado trabajar por sorpresa y encima tuve problemas en el bar con un cliente. Fue un tipo joven de esos que salía de los pubs que están al lado, en los sótanos, y quiso seguir la juerga acumulada en mi bar, nada más abrir. Venía con una chica espectacular, rubia de esas que a ti te gustan, y el hijo de puta la tomó conmigo. Dijo que yo no la quitaba ojo de encima — lo que era algo cierto, para ser sinceros –. ¿Sabes qué ocurrió, Carlos? ¡Me sacó una pistola el muy cabrón! ¡Me llegó a encañonar! Me cagué en los pantalones… Sentí impotencia. No me robó, simplemente me amenazó con pegarme un tiro en los huevos… Tal y como yo me encontraba, hubiera tenido que apuntar muy bien…” –. Carlos me miró con cara de circunstancias y me dijo: – “Pero, bueno ¿Tú eres gilipollas o qué?. Para empezar, ese imbécil debía ir mamado del todo, después de estar toda la noche por ahí de copas, sin reflejos ni agilidad. Si me pilla a mí, le cojo la pistola en un descuido y le rompo los dientes con la culata. Cuando una pistola se desenfunda es para usarla. Quién no la usa en ese preciso momento no la va a usar después. Tenlo en cuenta por si te ocurre una situación similar otra vez…” –. Afortunadamente, nunca me ha vuelto a pasar una situación de esas a lo largo de mi vida, pero estoy seguro de que ni por asomo habría de seguir los consejos del bueno de Carlos si ésta se repitiese. Esta narración mía dio paso a que empezáramos a hablar de situaciones de miedo y angustia. Le conté lo mal que lo había pasado como pasajero durante un vuelo a Foz de Iguazú, en Brasil, cuando el avión rozó las ramas de los árboles al aterrizar. – “Bufff, eso no es nada, hombre. ¡Si yo te contara!. En Madeira, tienes que pegar un giro a derechas en final, a pelo, y planear sin ayudas con todo el flap sacado. Como te pases un pelo, te vas con el avión acantilado abajo… Con una avionetilla lo haces hasta tú, pero ¡Ay, amigo!, si vas con un reactor. Y ya no te digo nada si hace mal tiempo, que no veas como soplan los vientos por ahí…” –. Con el segundo whisky, Carlos se animó y me contó una de esas historias inolvidables, donde se mezclan lo humano y, quién sabe, si también lo divino.
– “Mira que a mí me han pasado cosas raras por ahí arriba. Creo que ya te he contado alguna vez cuando perseguí un cacharro de esos no identificados y juro como escuché a sus tripulantes hablar en marciano, los muy cabrones, ja, ja, já… Pero cuando más me he asustado fue aquella otra vez, pilotando como segundo el Convair Coronado, el mejor avión de línea que se haya jamás fabricado. ¡Vaya máquina! Con cuatro motores, aquello volaba que daba gloria verlo y sentirlo. ¡Cómo subía! Lamentablemente, hubo problemas con el aparato aquel. Decían que era un avión muy costoso y encima uno de ellos se la pegó en Tenerife… Total, que acabaron por retirarlos de la flota, aunque alguno se quedó. Bueno, el asunto es que estábamos en un vuelo que venía de Hamburgo, creo recordar, con destino Madrid y luego Mallorca, un vuelo chárter de tantos. Era una tarde tranquila, con alguna nube de desarrollo que no presentaban mayores problemas. En la vertical de Pamplona, más o menos, el cielo se encapotó y nos tuvimos que desviar un poco para evitar una formación tormentosa que ya era activa del todo. Nos metimos en plena bruma y, de pronto… ¡Todo el sistema electrónico se nos vino abajo! Ni Compás, ni VOR, ni Radio, ni ADF… Todos los instrumentos dejaron de funcionar. La brújula magnética se puso a girar como una peonza. El comandante me miró con cara de escepticismo; no sabíamos qué demonios estaba ocurriendo. Instintivamente, tiramos de palanca para ganar algo de altura… Todas las precauciones son pocas. Si esto nos llega a ocurrir en aproximación final, nos la hubiéramos pegado de todas todas. Fueron algo así como diez minutos volando a ciegas y tratando de buscar una salida para intentar visualizar referencias. Yo sudaba en frío, Leiter, pero más al ver que el comandante no sabía qué coño hacer. Tras unos instantes angustiosos, fue clareando y, como por arte de magia, todas las esferas de indicación volvieron a funcionar de nuevo. Y, lo más cojonudo del tema, seguíamos en plena aerovía, en la misma ruta, como si no hubiera pasado nada. Increíble, pero espera, que aún no he acabado. Según nuestros relojes, llegábamos a Madrid con diez minutos de adelanto sobre la hora prevista… Lo comunicamos a Control y nos respondió que no, que no podía ser, que estábamos justo en hora. Tanto el reloj del comandante como el mío marcaban la misma hora. Y también el del avión, en hora GTM. Era todo muy extraño. Llamamos a la sobrecargo y, joder, que también tenía la misma hora que nosotros… Con total discreción, le pedimos que mirase con disimulo la hora que marcaban los relojes de cuantos pasajeros pudiera… Igual, todos tenían la misma hora, con leves e inapreciables diferencias. Ya en tierra, no nos lo podíamos creer… Nuestros relojes estaban todos diez minutos retrasados con la hora oficial, justo los diez minutos en que estuvimos volando a ciegas dentro de esa nube. ¿Dónde estuvimos metidos realmente durante aquellos minutos que hasta los relojes, ¡Qué coño los relojes!, que hasta el tiempo se nos paró?” –.
Marian y su enigmático sueño 10 Noviembre 2008
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Pese a los muchos relatos que hemos incluido en esta sección y que tratan de la capacidad que supuestamente tienen ciertas personas para predecir futuros acontecimientos merced a los llamados sueños premonitorios, a mí nunca me ha ocurrido semejante circunstancia y todo lo más a lo que he llegado ha sido el mero y reiterado hecho de soñar con cifras de un décimo de lotería o con combinaciones mágicas de ese otro juego que se llama Lotería Primitiva o Euromillón. Posteriormente, dichas combinaciones no resultaron ser tan afortunadas una vez que fueron llevadas a la práctica en forma de boleto convenientemente sellado y provocaron tanta desilusión como desconcierto, a tenor con el carácter trascendente que quise otorgar a lo que ahora considero una simple rémora onírica. De cualquier manera, siempre que vuelvo a soñar con ese tipo de combinaciones no tardo en acudir a un despacho de Loterías y Apuestas del Estado y no por una cuestión de fe irracional, sino por un temor infundado que puede reflejarse con la manida frase de “A ver si esta vez va a ser que sí”. Pero ya adelanto que de momento, nada de nada. Ojalá algún día pueda escribir una entrada en este mismo medio certificando la veracidad de ese tipo de sueño premonitorio aunque me temo que me voy a quedar con las ganas. Lo que sí me suele ocurrir con relativa frecuencia, y de ello se deriva que en mi mesita de noche siempre tenga a mano papel pautado y un lápiz, es que sueño con música inédita, ya sean simples melodías o fragmentos completamente orquestados. Por más que posteriormente analizo y compruebo no encuentro ningún tipo de afinidad con otras piezas, por lo que llego a la conclusión de que esa música con la que he soñado jamás ha sido anteriormente compuesta. Con los bocetos que tomo nada más despertarme alguna vez he creado alguna pieza ligera de pocas pretensiones, máxime cuando el objeto de mis sueños de música no suele abarcar más que unas cuantas notas repartidas en cinco o seis compases a lo sumo. Bueno, la verdad es que, haciendo memoria, sí es posible que en una ocasión haya podido tener uno de esos sueños premonitorios: Hace ya muchos años, viviendo aún en la casa de mis padres, adopté como mascota a un animalillo de esos que por entonces se habían puesto muy de moda, un hámster. Me vino como anillo al dedo ya que, como el hámster es un roedor de hábitos nocturnos y por aquellos años yo hacía de la noche el día, pude disfrutar durante una temporada de sus cabriolas y desenfrenadas carreras por la conocida como rueda sin fin cuando aterrizaba en casa a las tantas de la madrugada. Una noche soñé con que el bicho se moría; me desperté y observé como mi hámster estaba en una esquina de la jaula, respirando con dificultad y con evidentes síntomas de haberse puesto repentinamente muy enfermo. Sin dudarlo un instante, lo llevé enseguida al veterinario con la esperanza de que el simpático animalillo pudiera ser curado de su enfermedad. Dos señoras se encontraban en la sala de espera con sus respectivos perros, hablando de raras enfermedades caninas, mientras que yo ahí, como un gilipollas, con mi hámster en el interior de una caja de zapatos. No quedó más remedio que sacrificar a Humphrey, que así era como se llamaba el ratoncillo, episodio que me provocó el mayor de los disgustos.
Tras el paréntesis de septiembre me he vuelto a encontrar con Marian, la funcionaria de Correos que un día sí y otro también se encarga de traerme a mi domicilio las numerosas cartas certificadas que, por múltiples razones, recibo. Marian ha sido mi mejor “fichaje” personal de este año: Hemos conectado a las mil maravillas y nos hemos hecho muy amigos. Marian es un torbellino de alegría y vivacidad que a uno termina por conquistarle aunque su mayor virtud es que es una bellísima y noble persona, pese a que ella siempre niega tal aseveración. Ciertamente, en septiembre nos hemos comunicado alguna que otra noche vía Messenger, como aquella en que estuvimos chateando hasta las dos de la mañana, entre enormes risotadas que llamaron la atención tanto de Celia como de la universitaria hija de Marian, respectivamente en cada domicilio. Normal: Terminamos, como en muchas otras veces, hablando de sexo pero en esta ocasión con tal grado de graciosas ocurrencias que hacía tiempo que no me reía tanto sentado frente a la pantalla de un ordenador. Obviamente, he de aclarar que todo bajo un clima desenfadado y humorístico, no sea que alguien se piense cosas que no son tales. La otra mañana observé como Marian parecía estar bastante nerviosa y alterada, mucho más de lo que en ella suele ser habitual. Lo achaqué a su excesivo volumen de trabajo pero pronto Marian me sacó de dudas: – “¡Vaya pesadilla que he tenido esta noche, Leiter! Cuando por fin me he despertado estaba tan asustada que luego me ha sido imposible poder reconciliar el sueño.” --. No hizo falta que animara a Marian para que prosiguiera con su relato; en este tipo de situaciones se dispara sola: – “Verás, Leiter; resulta que estaba corriendo con mi hija pequeña en brazos a través de un campo. Huíamos junto con otras personas de un enorme monstruo que nos estaba persiguiendo. De pronto noté como un chico me sujetaba para luego empujarme, haciéndome caer a una especie de cuneta con mi hija. (Perdona, es para que no te capture el monstruo) me dijo. El caso fue que me incorporé con mi hija de nuevo en brazos y seguí corriendo por el campo hasta que caí en la cuenta de que mi hija estaba como inconsciente. Me paré y observé como la pobre estaba sangrando por el cuello. Tenía un profundo corte y estaba muerta. Sin duda, aquel tipo que nos empujó anteriormente la había matado. En esto, llega otro hombre y me pregunta qué es lo que le ha pasado a mi hija. Entonces, veo como a este hombre le va creciendo poco a poco una cola… ¡Qué no, Leiter! ¡Siempre pensando en lo mismo!… ¡Una cola como de lagarto!, donde terminaba su espalda, ya me entiendes. Saqué un cuchillo y comencé a apuñalar con toda mi rabia a ese otro monstruo… Cuando me desperté, me levanté como un resorte para ver a mi hija en su habitación. Estaba la pobre durmiendo y me tranquilicé al verla respirar… ” –. Por la forma en que Marian me narró esta pesadilla era obvio que había pasado un muy mal trago con tan enigmático sueño. Traté en todo momento de guardar la compostura ante el acelerado relato de Marian pero me fui quedando perplejo al ir conociendo el desarrollo argumental de su pesadilla, no por su contenido en sí, ni mucho menos. No me lo podía creer y pensé que todo se debía a una de esas situaciones que definimos como casualidad cuando no queremos buscar un razonamiento alternativo mucho más adecuado: Yo también había tenido una extraña pesadilla aquella noche…
Me encontraba de madrugada en la vieja casa de mis padres, concretamente en la cocina, cuya ventana da a un espacioso patio interior. De repente, vi como empezaban a llover del cielo unas esferas muy brillantes de color amarillo que al impactar con el suelo producían una tremenda explosión sonora acompañada de destellos rojos. Pese a que era de noche, aprecié unos enormes nubarrones que cruzaban el cielo a velocidad vertiginosa, sin percibir una sola brizna de viento. Asustado, bajé por las escaleras del edificio con grandes dificultades como consecuencia de una extraña parálisis que repentinamente empezó a afectar a mis piernas. Ya en la calle, intenté correr pero la referida parálisis me lo impedía. Observaba aterrorizado como aquellas bolas luminosas caían al suelo muy cerca de donde yo me encontraba y el ruido provocado por el impacto era cada vez más ensordecedor. Miré a mi alrededor en la búsqueda de otras personas pero no vi a nadie, la calle estaba desierta y vacía… Mas, en un visto y no visto, contemplé a Marian paseando tranquilamente con su carro de Correos. – ¿Qué hace esta mujer a estas horas aquí y con la que está cayendo? – Pensé. Me fui hacia ella y la llamé pero, al ir a gritar su nombre en medio del espantoso ruido, me quedé como afónico. No podía gritar por más que lo intentaba, algo me lo estaba impidiendo. Recuerdo que ese fue el momento de máxima ansiedad en el transcurso de mi retorcida pesadilla. Observé como las esferas caían al lado de Marian y ella no parecía inmutarse de nada. Estaba tirando del carro y como haciendo que leía algo que portaba su otra mano. A continuación, ocurrió algo aún más insólito, si cabe: Marian levantó la vista y me miró. Dejó su carro y se vino corriendo hacia mí. Sonreía. En ese preciso instante dejé de escuchar sonido o ruido alguno. Marian se dispuso a abrazarme y de pronto sentí una hiriente punzada en mi espalda (Juro que me llegó a doler en pleno sueño). Marian se desembarazó por sorpresa de mí, me empujó y me empezó a mirar con un rictus de odio. Vi como sacaba un aparatoso cuchillo de su chaleco para luego venir de nuevo hacia mí gritando: ¡Te tengo que matar! ¡Te tengo que matar!. Traté de zafarme de ella y durante el forcejeo — en el que, extrañamente, me dio por reír — me desperté. Tras unos momentos de confusión, recordando mentalmente la pesadilla, sentí una inmensa alegría al comprobar que aquello tan solo había sido un mal sueño.
A Marian nunca le he contado esta experiencia porque me hace mucha ilusión que pueda enterarse de la misma leyendo esta página. Sólo quiero añadir un dato: Cuando me desperté el reloj señalaba las 03.33 AM. Me gustaría saber a qué hora exactamente tuvo lugar el paralelo y de algún modo coincidente sueño de Marian. Es por simple curiosidad. ¿Será verdad aquella conjetura que declara la supradimensionalidad del mundo onírico y por ello algunos sueños son coincidentes en lugar y tiempo? Quién sabe…
De ti tampoco me olvido 13 Octubre 2008
Posted by leiter in Acerca de Tánger, For your eyes only.add a comment
Celia, Alberto y Rosa en instantánea tomada por el autor este mes de septiembre en La Carihuela, Málaga
Toda, absolutamente toda la familia tangerina de los Treceño decía haber visto o hablado en sueños con la abuela Valentina. Desde Celia a Luisa pasando por el recordado Enrique y Rosa; también Federico, por supuesto. Pero el hermano Alberto, el más guasón de toda la prole, negaba la mayor, arguyendo que todo eso no eran más que cuentos y patrañas y que él jamás había conversado en sueños con la abuela Valentina. Nadie le creía, pero como Alberto siempre fue tan dicharachero pensaron que algún motivo debía de tener para ocultarlo. Yo siempre tuve problemas para guardar la compostura delante de Alberto. Recuerdo que a la media hora de habernos visto por primera vez ya se me estaban saltando las lágrimas de risa por sus graciosas y estrafalarias ocurrencias. Alberto es capaz de contar más de cien chistes en menos de media hora y, la verdad, no es que sean muy ingeniosos, pero tal es la forma en que los narra, con ese deje tangerino-malacitano, que hasta la persona más seria y recatada que uno pueda imaginar no tarda en desternillarse de la risa. Desde luego, con Alberto no hay lugar para la tristeza aunque Celia siempre se enfada con él porque se refiere a ella como “La cucaracha”. – “Yo que tenía ilusión por tener una hermana rubia de ojos azules y mira… ” – Me suele repetir. Quién si era rubia como los destellos solares y tenía los ojos color mar al atardecer era la abuela Valentina, carismático personaje que dejó huella en Tánger. Quienes la conocieron no dudaron en afirmar que era una mujer con desarrolladas capacidades extrasensoriales, las cuales fueron heredadas, en mayor medida, por su hija, la muchas veces aquí mencionada tía Rafaela. Como otras tantas personas dotadas de enigmáticas facultades sobrenaturales, los orígenes de la abuela Valentina están envueltos en una aureola de leyendas y misterios, pero a ciencia cierta todo el mundo en Tánger conocía la verídica historia de su nacimiento. La Abuela Valentina vio la luz por primera vez en un río, el conocido como Arroyo Judío de Tánger: Una mañana, Mariana, su madre, fue como otras muchas a lavar la ropa y al regresar trajo consigo, liada entre las prendas, a Valentina. Las excelentes predicciones auguradas por los maestros de la Cábala parecieron cumplirse durante buena parte de su vida, pero la abuela Valentina soñaba reiteradamente con tinieblas, con una oscuridad que lo iba devorando todo. Y, desgraciadamente, así ocurrió al poco de fallecer su marido, un inquieto y emprendedor hombre de aventuras que a base de fe, coraje e insistencia consiguió llevar el alumbrado público a las callejuelas de Tánger. De esta manera levantó una notable industria que garantizaba la futura educación de sus hijos pero, prematuramente muerto, unos desalmados se aprovecharon de la ignorancia de la pobre abuela Valentina y se apoderaron de todas sus heredadas acciones en la próspera compañía de alumbrados de Tánger. De esta manera, la abuela Valentina y su familia se quedaron sin ningún medio de subsistencia en aquellos tiempos tan difíciles.
Pero la abuela Valentina, gracias a su seguridad en sí misma y a la tradicional solidaridad de casi todos los tangerinos, consiguió sacar adelante a su familia y ¡Vaya si lo consiguió!. Y lo que es más paradójico, no sólo en vida sino también después de fallecida. Su hija, la tía Rafaela, aseguraba hablar con ella en sueños todas las noches y no pocas recomendaciones dictadas desde un hipotético Más Allá fueron llevadas a la práctica en la realidad cotidiana con contrastada fortuna. También, desde donde quiera que se encontrase la abuela Valentina, tenía la virtud de alertar sobre futuros riesgos que podían hacer peligrar a todos los miembros de su familia. Algunos piensan que incluso intervenía directamente en las situaciones más complicadas. Fue hará unos diez años, cuando su nieta Celia se dirigía a una de esas interminables jornadas de promoción a bordo de su pequeño utilitario en la llamada M-30 de Madrid. Paulatinamente, fue reduciendo la velocidad de su vehículo y buscando el carril situado más a la derecha ante la próxima y obligada salida. El tráfico era denso, pero fluido para lo que solía ser habitual durante esa hora por la vía de circunvalación madrileña y la maniobra no presentaba mayores dificultades… No así para aquel camión articulado que, de pronto y sin señalizar su maniobra, se escoró como una exhalación hacia el carril derecho emparedando, literalmente, entre el propio camión y la valla de seguridad el coche de una aterrorizada Celia. Instintivamente, Celia pisó a fondo el freno en un desesperado intento de evitar la colisión, pero el Renault no respondía. Al primer contacto entre el camión y el vehículo, las enormes ruedas del primero engancharon las aletas del coche y lo fueron arrastrando bajo una nube de humo de los neumáticos bloqueados, un destello de infinitas chispas por el roce y un insoportable chirrido de frenada que preludiaba la tragedia. 50 metros, 100 metros… Y el seto de separación, mortal en caso de impacto, quedaba entre los márgenes de la trayectoria del vehículo de Celia, quién sintió como el tiempo parecía ralentizarse. Aquel seto se hacía cada vez más grande y Celia sólo tuvo tiempo, desentendiéndose ya del volante, de proteger su cabeza entre las manos a la espera de la inevitable colisión final. De pronto, sintió un impulso, una llamada interior y, por entre los dedos, levantó la mirada hacia el espejo retrovisor. Allí contempló reflejada la figura de la abuela Valentina, con esos cabellos tan dorados y esos ojos tan celestes… — “¿Se encuentra bien, señora? ¡Rápido, avisen a una ambulancia y a la Policía! ¡Señora, señora! ¿Me escucha?” –. El coche se detuvo a escasos veinte centímetros del seto, según podía leerse en el atestado policial. Los allí presentes no daban crédito a que Celia hubiese salido ilesa y sin ningún rasguño del accidente, dada la aparatosidad del mismo y del estado ruinoso en que quedó el pobre Renault (Siniestro total). – “La vi, Leiter, te juró que la vi por el espejo… Y me dijo: Tranquila, ya ha pasado… ” –. Pero aquellas insólitas apariciones supradimensionales de la abuela Valentina no sólo alertaban de futuros peligros, sino que también avisaban de próximos acontecimientos, algunos del todo imprevisibles. Como aquella noche durante la que Rosa, la hermana de Celia, se sobresaltó: En sueños, la abuela Valentina le había advertido de la inminente llegada desde Israel del padre de ambas. Muchos años habían transcurrido desde su partida, tantos que ya casi nadie se acordaba de él. Con el primer café de la mañana, Rosa descolgó el teléfono ante el molesto e insistente vibrar del mismo. — “Vaya, ¿Quién será ahora tan temprano?” –. Su rostro palideció: – “Rosa, soy Maimón, tu padre. Esta misma noche he llegado desde Tel-Aviv. Quiero veros, a ti y a Celia…” — Por cierto, Celia se quedó sin palabras al descubrir el asombroso parecido físico que tenía con una, hasta el momento, desconocida hermana por parte de padre en Tel-Aviv. Cotejando sendas fotos, ni yo mismo fui capaz de distinguir una de la otra. Ambas tenían hasta el mismo y simpático lunar en la nariz… ¡Increíble!. Como también fue increíble lo que ocurrió la otra noche cenando Celia y yo con su hija Gema y su novio en un restaurante. A poco de tomar asiento, Gema se levantó y dijo: – “¡Andá, mi amiga Belén está allí!. Jo, mira que hacía tiempo que no nos veíamos. Sabía que me iba a encontrar con ella… Esta noche lo soñé…” –. Decididamente, estas cosas vienen de familia.
En ocasiones, la vida se empeña en maltratar a la gente de buen corazón, como lo es el hermano Alberto. Una serie de circunstancias acumuladas le hicieron caer en un profundo desánimo, aunque nunca dejó de regalar una sonrisa y unos chistes a nadie. Una noche, de vuelta a su domicilio en Alhaurín, se tumbó en la cama y reflexionó a solas: – “Ayúdame, abuela Valentina. Todos los hermanos hemos soñado contigo menos yo… Necesito tu ayuda.” –. Alberto fue cerrando los ojos… Pronto vio la fachada de su propia casa como reflejada en un espejo que estaba ardiendo. Rápido, se adentró en la misma, con la intención de apagarlo. Dentro, en medio de las llamas, estaba incorporada la abuela Valentina en la propia cama de Alberto, con sus ojos azules y su cabello dorado. — “No me vais a dejar nunca tranquila” – Escuchó Alberto. – ” Enciéndeme unas velas para que pueda descansar en paz, Alberto. Enciéndeme unas velas… “–. Como casi todas las mañanas, al día siguiente Alberto fue a visitar a su hermana mayor, Luisa, la mujer que de hecho crió a toda la familia. — “Hola, Alberto… ¡Qué cara más pálida traes hoy! Escucha, he pensado que por qué no le enciendes unas velas a la abuela Valentina… Quizás te sirvan de ayuda para tus problemas.” –. Desde aquel día, Alberto enciende una vela diaria junto a un viejo retrato de la abuela Valentina. Las cosas ya le van mucho mejor.
