Las principales orquestas sinfónicas españolas III: Orquesta Sinfónica de RTVE 11 Noviembre 2009
Posted by leiter in General.add a comment

La ORQUESTA SINFÓNICA DE RTVE, Fundada en 1965, es la principal orquesta de radiodifusión española. Aunque su primer concierto fue en el extranjero al frente de Odón Alonso, la presentación oficial de la formación tuvo lugar en el Teatro de la Zarzuela de Madrid junto con su director fundador, el excepcional Igor Markevitch, quien colaboró con la formación hasta su muerte. El maestro José María Franco fue la persona encargada de dirigir los primeros ensayos antes de que se nombrara primer director — no titular — a Igor Markevitch y se convocara una oposición a titulares. El 27 de mayo de1965 se presenta oficialmente la orquesta en el Teatro de la Zarzuela de Madrid con un programa compuesto por obras de Prokofiev, Wagner, Falla y Beethoven (Quinta sinfonía) bajo la dirección del inolvidable maestro de Kiev. Pronto se hacen públicos los resultados de las duras oposiciones efectuadas para ocupar el puesto de titular y la dirección de la orquesta recae en manos de dos jóvenes maestros españoles, el catalán Antoni Ros-Marbá y el valenciano Enrique García Asensio, aunque la figura de Markevitch sigue permaneciendo en un plano paralelo hasta el fallecimiento del maestro en Antibes en 1983. Ros-Marbá realizó con máxima brillantez las oposiciones a plaza de titular y permaneció al frente de la formación entre 1966 y 1967, cuando es reclamado por la Orquesta Ciudad de Barcelona para cubrir la nueva etapa artística que se abría tras el fallecimiento de Eduard Toldrá.
García Asensio venía de dirigir la Orquesta Municipal de Valencia entre 1964 y 1965 cuando asumió el podio de la formación de RTVE. Formado en el Conservatorio de Madrid, donde culminaría sus estudios de violín y composición, estudia dirección en Munich con Lessing, Eichhorn y Menerich y fundamentalmente en la Academia Chigiana de Siena, donde fue un destacado alumno de Sergiu Celibidache. Obtuvo premios en Roma y Siena, aunque el principal galardón fue el primer premio conquistado en el Concurso Dimitri Mitropoulos en 1967 en Nueva York, lo que le valió para actuar como titular adjunto de la Orquesta Sinfónica Nacional de Washington durante la temporada 1967/68. García Asensio dirigió a la Sinfónica de RTVE centenares de conciertos por toda España y realizó también algunas giras internacionales. Su figura fue muy conocida en España a raíz de su colaboración en un programa educativo que se emitió semanalmente en RTVE en la década de los años setenta, El mundo de la música. Maestro de técnica firme y precisa, en esta su primera etapa como titular que se prolongó hasta 1984, nada menos que 18 años, hizo gala de un interesante eclecticismo que cubrió una programación extensa y sumamente variada. Especialmente significativa fue su aportación a la música contemporánea española, protagonizando un gran número de estrenos absolutos de compositores como Alís, Alonso, Arteaga, Balada, Benguerel, Bernaola, Blanquer, Castillo, Coria, Cruz de Castro, Escudero, Esplá, Fernández Alvez, Fernández Blanco, García Abril, Gombau, González Acilu, Rodolfo Halffter, Tomás Marco, Montsalvatge, Morales, De Pablo, Claudio Prieto, Villa Rojo… También presentó primeras audiciones de obras extranjeras, desde el repertorio barroco hasta el contemporáneo. Durante algún tiempo fue además titular de la Cátedra de Dirección orquestal del Conservatorio de Madrid.
Al poco de abandonar Ros-Marbá la titularidad de la Orquesta Sinfónica de RTVE, fue designado para ocupar su puesto en 1968 el maestro leonés de La Bañeza, Odón Alonso, quien compartirá titularidad de la formación con García Asensio hasta 1984. Su nombre había sonado muchísimo como posible sustituto de Argenta en la Orquesta Nacional de España, circunstancia que vio esfumarse y que se unió a su negativa a presentarse a la oposición para la titularidad de la Sinfónica de RTVE. Hombre de una extraordinaria base cultural, estudió dirección en Viena, Salzburgo y Siena con maestros de la talla de Markevitch o Van Kempen. Desde 1960 venía llevando las riendas de una depauperada Orquesta Filarmónica de Madrid para dirigirla en lo que sería la última etapa de dicha formación (Aunque con posterioridad tomaría el relevo el maestro extremeño García Polo). Su período al frente de la Orquesta Sinfónica de RTVE se caracterizó por la presentación de un repertorio basado en criterios imaginativos y de renovación, asumiendo incluso un gran riesgo artístico. Su planteamiento fue el de un director que intentó planificar programas que más pudieran interesar a un público contra los criterios de otros directores muy dados al divismo que trillan y trillan el mismo programa hasta lograr el aplauso fácil. Alonso ofreció gran número de obras nuevas para el público español del momento o de rara audición, como la excepcional Sinfonía Turangalila de Messiaen – el 19 de octubre de 1974 y con la presencia del autor — o los Gurrelieder de Schönberg. De la misma manera, dirigió estrenos de los principales compositores españoles del momento — Cano, Coria, Nieto, Oliver, Roig Francolí, Ruiz Pipó, Rodrigo de Santiago, Suriñach… — y realizó giras con la formación por toda España y por EEUU, Inglaterra, Bélgica, Francia y México. Tras su período de titular, ha venido dirigiendo con regularidad como invitado en las principales orquestas españolas y siempre es muy bien recibido por el público madrileño.
Durante estos años, la Orquesta Sinfónica de RTVE pasó de ocupar la sede del Teatro de la Zarzuela al escenario más lustroso del Teatro Real de Madrid y fue ocasionalmente dirigida por invitados de talla inestimable como Celibidache, Maazel, Rozhdenstvenski o Kiril Kondrashin. Sin embargo, y pese a los esfuerzos de García Asensio y Alonso, la formación presentaba evidentes carencias de sonido en comparación con otros conjuntos sinfónicos europeos de relevancia. Para intentar solventar un tanto este lastre, en 1984 se contrató como titular al granadino Miguel Ángel Gómez Martínez, quien ejerció el mando hasta 1987. De comienzo arrollador y tutelado por la experta mano de su madre, Gómez Martínez se formó musicalmente en Granada y Madrid, ciudad donde obtuvo un premio extraordinario de piano en el Conservatorio. Completó su formación como director en Viena con Swarowski y consiguió numerosos galardones. Su meteórica carrera se impulsó sobremanera al dirigir el Fidelio en 1973 en la Ópera Alemana de Berlín con un éxito apoteósico, circunstancia que le abrió las puertas de los teatros de Hamburgo, Frankfurt y Munich. Con sólo 26 años, ya había debutado en el Covent Garden y en la Ópera de Viena, en donde permaneció como director estable entre 1977 y1982. Gómez Martínez se caracterizó siempre por contar con una memoria prodigiosa — en los años al frente de la Sinfónica de RTVE no le recuerdo haber dirigido con partitura, incluso en los estrenos de obras contemporáneas. Se cuenta, además, que dirigió de memoria La Tetralogía wagneriana en Alemania, algo así como 20 horas de música, toda una proeza — y una merecida fama de excelente concertador. Durante su etapa al frente de la Sinfónica de RTVE, Gómez Martínez dio un giro total a la programación y basó el repertorio en Mozart, Beethoven, Brahms y Mahler. Su absoluta fidelidad a la partitura provocó, en buena medida, que sus conciertos adolecieran un tanto de sobriedad, echándose en falta un punto más sutil de condimentación en las interpretaciones. Sus actuaciones se esperaban con una expectación que en ocasiones no se correspondía con el resultado artístico final, aunque sus logros están fuera de toda discusión. Se movió mejor con los compositores románticos y tuvo la valentía de acometer obras difíciles y complejas, como una excepcional Segunda de Mahler (Pese a que en un pasaje los trompetistas se durmieron, provocando el momentáneo enfado del maestro) o la versión de concierto y en tres entregas de Tristán e Isolda (También dirigidos de memoria y en donde el entonces crítico musical de El País, Enrique Franco, cometió el desliz de juzgar la actuación de unos cantantes que no hubieron de intervenir). Su dedicación a la música española contemporánea fue más bien parca, con estrenos del maestro Rodrigo y de los compositores García y Guerrero. En marzo de 1985, la orquesta vivió un extraño conflicto al negarse a tocar en un concierto extraordinario con obras de Miguel Ángel Coria, situación por la que los profesores fueron sancionados por el Ente Público aunque posteriormente se recurrió dicha sanción. En marzo de 1986, la orquesta emprendió una gira con su titular, Gómez Martínez, por Suiza con buenos resultados artísticos que se confirmaron en junio del mismo año durante el Festival Internacional de Orquestas de París. Pese a tales éxitos, la orquesta seguía sin tener un sonido decididamente sobresaliente. También en 1986, concretamente en noviembre, Miguel Alonso es nombrado nuevo delegado general de la orquesta, sustituyendo a Miguel Ángel Coria, que lo desempeñaba desde 1982. El 22 de mayo de 1987, Gómez Martínez anuncia que no seguirá en el cargo de titular de la Sinfónica de RTVE cuando finalice su contrato en el mes de septiembre de dicho año por claras discrepancias con el Ente Público. El director titular de la orquesta exigía, para seguir al frente de la agrupación, un aumento general de las retribuciones, mantener un número mínimo de veinte o veinticinco conciertos anuales y continuar y aumentar el número de giras al exterior. La dirección del Ente Público, por su parte, planteó la necesidad de que la orquesta retomara sus fines originales: Hacer hincapié en grabaciones y vídeos para RTVE, limitar el número de conciertos y dedicar su atención principal a la música escrita en el siglo XX. Muy dolido, Gómez Martínez habló incluso de un “homicidio involuntario de la orquesta”. El 17 de septiembre de 1987 se ofrece un concierto extraordinario en el Teatro Real que es dirigido por un joven pianista y director húngaro, Arpád Joó, con un gran éxito de público y crítica — Joó incluso ejecuta al piano el Segundo concierto de Liszt — y se rumorea entre bastidores que dicho concierto no es sino la presentación del nuevo director titular. La orquesta se entendió a las mil maravillas con el húngaro. Finalmente, la víspera de Nochebuena de 1987, la entonces directora del Ente Público RTVE, Pilar Miró, anuncia la contratación de Arpád Joó como nuevo titular de la orquesta, presentándose en junio del año siguiente, y también la incorporación de Antoni Ros-Marbá como principal director invitado.
Arpád Joó había nacido el 8 de junio de 1948 en Budapest y procedía de una familia noble emparentada incluso con la línea dinástica de la Casa Windsor. Estudió en la Academia Franz Liszt y en el Conservatorio Bartók, ambos en Budapest, para pasar después al Mozarteum de Salzburgo. Su carrera como solista de piano fue fulgurante y en 1968 emigra a los EEUU, obteniendo posteriormente el pasaporte norteamericano. Allí comenzó a interesarse por la dirección orquestal y llegó a ser alumno destacado de Markevitch en Montecarlo. Venía de grabar la integral de las obras de Bartók y Kodály con las principales orquestas húngaras y de dirigir como invitado en muchas agrupaciones filarmónicas de relieve cuando aterrizó en Madrid como titular de la Sinfónica de RTVE, convirtiéndose en el primer director titular no español de dicha formación (Markevitch no llegó a ser nunca titular). Su presentación oficial como titular se produjo el 9 de junio de 1988 en el Teatro Real con un concierto centralizado en la Novena de Beethoven y en una actuación que dejó un tanto escépticos tanto a crítica como público. Es en estos momentos cuando la orquesta empieza a ofrecer sus conciertos en el Monumental Cinema, lugar que contará con opciones para ser sede permanente de la agrupación. Una divertida anécdota tuvo lugar el 20 de octubre de aquel año en un concierto del pianista Andrei Gavrilov acompañado a la orquesta por Joó: Momentos antes de iniciarse el Concierto en Si bemol de Chaikovski se escuchó una tremenda algarabía propiciada por unos abonados que no encontraban su localidad. El pianista ruso, sonriendo, empezó a practicar unas escalas y, aprovechando un breve silencio, se dirigió al público - ”All right?” – y comenzó con la ejecución tras el bochornoso incidente. Esa primera temporada se cerró el 22 de abril de 1989 con un concierto en donde Joó brindó una versión notable de la Novena de Schubert. Pero, en esa primera temporada, pareció haber más sombras que luces en el trabajo general del húngaro con la orquesta. La segunda temporada se inicia con los mismos síntomas preocupantes en el binomio director-orquesta. La versión de La Consagración de Stravinski ofrecida en uno de los primeros conciertos de la nueva temporada, el 5 de octubre de 1989, resulta sosa y deshilachada. De esta manera, el 15 de febrero de 1990 se rumorea la próxima contratación de Sergiu Comissiona como titular de la orquesta y la no renovación del contrato de Joó, que expiraba en julio del mismo año. Esos rumores fueron consistentes al encontrarse Comissiona en Madrid para ofrecer un concierto como invitado de la ONE. El 5 de agosto de 1990, Arpád Joó ofrecía su último concierto como titular de la orquesta en Santander durante el transcurso del Festival de dicha ciudad y en el que se interpretaron obras de Arriaga, Liszt, Kodály y Bartók. A juicio de muchos críticos, el director húngaro llegó de manera un tanto improvisada y precipitada a la titularidad de la orquesta, esto es, sin haber llegado a la cúspide de su madurez como músico. De haber permanecido un par de temporadas más, tal vez hubiéramos podido contemplar a un director con más cuajo y solvencia. El 20 de febrero de 1990 es ya prácticamente oficial la designación de Sergiu Comissiona como relevo de Joó en vistas a la nueva temporada.
Sergiu Comissiona nació en 1928 en Bucarest y desde los cinco años se especializó en el estudio del violín, ofreciendo sus primeros recitales a los 17 años. Estudió dirección orquestal en Bucarest con los profesores Silvestri y Lidemberg y debutó como director sin hacer cumplido aún los veinte años. Su rápida e incipiente carrera hizo que fuese nombrado titular en la Ópera del Estado de Rumanía en 1955, cargo en el que se mantuvo hasta 1959, cuando decide abandonar definitivamente Rumanía para establecerse en Israel. Fue invitado por los principales conjuntos sinfónicos del mundo, firmando la titularidad de la Orquesta Sinfónica de Baltimore en 1968 y trasladándose a vivir a los EEUU, en donde estuvo al frente de dicha formación hasta 1985, siendo posteriormente nombrado Director Emérito de la misma. En 1990, al tiempo en que firmaba su vinculación con la Sinfónica de RTVE, cargo en el que se mantuvo hasta 1998, se comprometía además como principal director de la Orquesta Filarmónica de Helsinki, aparte de mantener sus numerosos compromisos con orquestas norteamericanas. En esa nueva temporada de 1990/91, Ros-Marbá seguía siendo de facto el principal director invitado de la formación radiotelevisiva. Comissiona debutó como titular de la orquesta el 1 de noviembre de 1990 con un concierto de abono celebrado en el Teatro Monumental que incluía piezas de Vaughan-Williams, Beethoven y Brahms y que fue muy bien recibido por la crítica. Momentos antes del concierto, el maestro rumano declaró en una entrevista:–”Noto que hay buena voluntad entre los músicos y mi obligación es que el grupo vaya superándose en calidad. La orquesta debe moverse y participar en la vida musical madrileña. Debe tocar en los barrios, por ejemplo, o programar los ensayos generales con carácter educativo. También tenemos la idea de realizar conciertos para familias, en los que los padres traigan a sus hijos, y los hijos a sus padres, a escuchar obras populares, divertidas, incluso música de cine o programas centrados en temas como los pájaros en la música. Hace poco hice en Helsinki, con gran éxito, un concierto dedicado a las tormentas”– La temporada transcurrió con más altos que bajos (Entre estos, una horrorosa versión de la Sinfonía 41 de Mozart). El 11 de abril se pone fin al primer abono con una más que aceptable versión de la Novena de Beethoven. El primer concierto de la siguiente temporada, celebrado el 1 de noviembre de 1991, presenta una obra de la compositora francesa Sophie Leclerc, Syzygies, que fue galardonada con el Premio Reina Sofía de Composición y que asimismo fue recibida con pitos y pataleos por parte de un público muy enojado ante la sorpresiva cara de Comissiona. El 6 de diciembre del mismo año, y en sintonía con los actos del bicentenario del fallecimiento de Mozart, Comissiona ofrece una magnífica versión del Requiem en donde al final del concierto se depositaron unas flores sobre la partitura, con un público emocionado y en pie. La temporada de 1992/93 se inició con un concierto celebrado el 22 de octubre con obras de Lalo, Falla y Prokofiev y que auguró muy buenas vibraciones de cara al transcurrir de la temporada que finalmente resultó más que aceptable, con un Comissiona plenamente asentado en la formación orquestal. Las cuatro siguientes temporadas fueron las de la afirmación de un director sensible que obtuvo grandes éxitos en algunos momentos puntuales y que mejoró sustancialmente el eterno problema de sonido que lastraba la orquesta desde casi sus orígenes. El 5 de febrero de 1998 Comissiona anuncia su próximo abandono de la titularidad de la formación con estas palabras: –”Tengo los cabellos muy blancos y ha llegado el momento de dar paso a un director más joven que aporte savia nueva a la orquesta. Estoy muy contento del trabajo que hemos realizado juntos, pero creo que ha llegado el momento de la renovación. Ojalá que mi sustituto aproveche el buen momento del conjunto”– Comissiona se dedicó posteriormente a su trabajo como titular en la Orquesta de Vancouver. Lamentablemente, el 5 de marzo de 2005, un infarto de miocardio acabó con la vida del maestro en Oklahoma, EEUU, en los instantes previos a un concierto.
Tan pronto como se pudo, se zanjó la cuestión de la nueva titularidad de la orquesta otorgando el puesto, de manera un tanto sorpresiva, al maestro Enrique García Asensio, en lo que se consideró como una decisión bastante improvisada y en lo que pareció ser una solución de puro compromiso. García Asensio repitió titularidad durante tres años, hasta 2001, y su segunda etapa al frente de la orquesta estuvo muy condicionada por el buen sabor de boca que había dejado su predecesor, Comissiona. Lo cierto fue que en esta nueva andadura, la labor del maestro valenciano fue un tanto gris y no dejó un poso demasiado especial. La formación perdió parte del buen sonido que paulatinamente fue cimentando su predecesor — aspecto en el que García Asensio no fue responsable del todo — y se entró en una dinámica insustancial que parecía retomar los vicios del pasado. Además, el Ente Público pareció despreocuparse un tanto de “su” orquesta y, de puertas a dentro, se llegó a cuestionar incluso la viabilidad de la misma. Finalmente, el 18 de mayo de 2001, se hace público el nombramiento del británico Adrian Leaper como nuevo titular de la formación.
Adrian Leaper nació en el Reino Unido en 1953 y estudió en la Royal Academic of Music londinense, graduándose en piano, trompa y dirección. En 1986 es contratado como asistente en la Orquesta Hallé de Manchester, cargo en el que se mantuvo durante cinco años. Durante ese tiempo, dirigió como invitado las principales orquestas británicas. En 1994 es nombrado Director Musical de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, formación con la que realiza numerosas grabaciones discográficas para el sello ARTE NOVA, la marca económica de BMG. De las Islas dio el salto definitivo a la Orquesta Sinfónica de RTVE, formación en la que a día de hoy sigue siendo titular. Durante estos años, Leaper se ha mostrado como un director aséptico y muy poco arrebatador, con un estilo tan seguro como correcto que, sin embargo, impregna de cierta tibieza muchas de sus lecturas, algunas de ellas bastante anodinas. Aún así, su labor ha ido de menos a más y en los últimos tiempos la orquesta ha ganado en frescura y ductibilidad. A ello no ha sido ajeno el plan de renovación emprendido en septiembre de 2007 y dirigido por la gerente María José Prieto, con nuevas incorporaciones para suplir las vacantes por las jubilaciones anticipadas fruto del expediente de regulación de empleo. Con todo, parece una obviedad que el trabajo de Leaper en la orquesta está más que superado y que se requieren nuevas perspectivas que en la actualidad no parecen vislumbrarse en el horizonte.
Como ejemplo, os pongo el enlace a un vídeo con la interpretación de un fragmento del primer movimiento de la Octava Sinfonía de Dvorak bajo la dirección de Carlos Checa.
Recordamos que en esta sección ya han sido publicadas las entradas correspondientes a la ORQUESTA SINFÓNICA DE MADRID y a la ORQUESTA NACIONAL DE ESPAÑA.
Diez pinturas inolvidables XIII (Pinacoteca di Brera) 14 Octubre 2009
Posted by leiter in General.3 comments

Ubicada en Milán, la Pinacoteca di Brera alberga una de las mejores colecciones de pintura italiana de Europa, lo cual equivale a decir que del mundo. Su fondo artístico contiene obras que abarcan todos los períodos importantes de la historia del arte, desde el estilo gótico a las corrientes modernistas del siglo XX. Realizar una visita a la capital lombarda y dejar de lado esta pinacoteca supone uno de los mayores y más injustificados pecados culturales que se pueden cometer. Y, como no podía ser de otra manera, en esta serie pictórica que venimos realizando gracias a la bendición de la madrina de esta página, Amalia, la Pinacoteca di Brera era una parada obligada y que ya no podía demorarse por más tiempo. Con esta serie, tenemos ya seleccionados 130 cuadros de los mejores museos del mundo… ¡Y los que nos quedan! Recordemos que hasta ahora, hemos visitado El Prado, El Louvre, La Galería de los Uffizi, La National Gallery londinense, El Rijksmuseum de Amsterdam, El Orsay parisino, el Metropolitan de Nueva York, la Alte Pinakothek de Munich , el Museo Thyssen-Bornemisza, el Kunsthistorisches de Viena , el Hermitage de San Petersburgo y el Reina Sofía. Os adelanto que tras esta complicada selección, que espero sea de vuestro agrado, cruzaremos el charco y visitaremos, según promesa realizada a Jesús, el MOMA neoyorquino. Y aprovechando nuestra estancia en el continente americano, aprovecharemos también para tomar nota de algún otro museo estadounidense en vistas a futuras selecciones. De momento, vamos a ver diez obras de la Pinacoteca di Brera que considero imprescindibles, manteniendo el criterio de no repetir autor.

1- VIRGEN CON EL NIÑO de Ambrogio Lorenzetti: Mucho se ha discutido sobre las influencias que suscitaron en los hermanos Lorenzetti tanto Duccio, de la escuela tradicional de Siena, como Giotto, de la innovadora de Florencia. Hoy en día, parece consensuado que Pietro estuvo más en sintonía con Duccio mientras que en Ambroglio se identifican elementos de Giotto. Sin embargo, en esta preciosa tabla todavía son manifiestos los convencionalismos pictóricos bizantinos heredados por la escuela sienesa: Halos santíficos en oro y cierto hieratismo en las expresiones, algo rígidas. Pero si nos fijamos, existe un tratamiento volumétrico que nos recuerda lejanamente a Giotto. También se advierten ecos de Simone Martini en la dulce mirada de la Virgen. Obra de transición de un artista que también podemos catalogar como de transición.

2- SACRA CONVERSACIÓN de Piero della Francesca: Magistral composición del artista de Borgo de San Sepolcro en donde toma cuerpo el marco arquitectónico siguiendo las teorías de Alberti. Los cuerpos de los personajes son una clara prolongación de las pilastras que sustentan el ábside de la iglesia donde tiene lugar la representación escénica. La minuciosidad de los detalles es un claro guiño a la pintura flamenca mientras que el excepcional colorido sirve para contrastar genialmente el elemento vital con el meramente arquitectónico. La perspectiva es extraordinariamente precisa y el cuadro presenta numerosos simbolismos. Obra maestra sin posible discusión.

3- CRISTO MUERTO de Andrea Mantegna: Posiblemente, la obra más conocida del autor de Isola di Cartura, un pintor verdaderamente apasionado por la perspectiva como bien se puede apreciar en este peculiar óleo sobre tabla. El violentísimo y hasta entonces inédito escorzo de Cristo, irrespetuoso para algunos contemporáneos, obedece a una proyección del mismo sobre un punto de fuga central. El cuadro es una verdadera maravilla, ya que si cambiamos nuestra posición al contemplarlo, da la impresión de que arrastramos también la perspectiva. A medida que uno se aleja de la pintura, la figura de Cristo va perdiendo todo el impactante horror inicial hasta dar una sensación de esperanzadora y potencial dulzura. Mantegna no ha reparado en detalles y nos ha dejado un Cristo que parece posar en la sala de un instituto forense. Grandiosa obra, toda una declaración de principios por parte del artista.

4- CRISTO EN LA COLUMNA de Bramante: Aunque Bramante ha pasado a la posteridad artística por ser uno de los más notables arquitectos del Renacimiento, inicialmente se formó como pintor. Este óleo es verdaderamente una escultura llevada a una tabla de pintura, con una anatomía corporal de Cristo verdaderamente imponente. Uno de los grandes aciertos de Bramante a la hora de resolver lumínicamente este cuadro consiste en disponer de un doble foco de luz, uno que entra por la ventana y otro, más contundente, que baña todo el cuerpo de Cristo, logrando un extraordinario contraste. Para algunos especialistas, existe una cierta influencia de Leonardo en lo referente a este desarrollo lumínico. La obra resulta del todo imponente y supone una magnífica síntesis entre arquitectura y pintura.

5- LOS DESPOSORIOS DE LA VIRGEN de Rafael: Aunque basada en una obra de Perugino, este cuadro evidencia un cambio de paradigma artístico en Rafael, con una estructuración del grupo de figuras y del poligonal edificio perfectamente desarrollada y que delata ya un excepcional dominio de la perspectiva. Las baldosas de la explanada nos guían hasta el punto de fuga, que no es otro que la puerta principal del templo. Los paseantes que aparecen por la explanada le sirven a Rafael para contrarrestar la monotonía que se desprende en la composición de las figuras principales del primer plano. La disposición de este grupo consigue prolongar la proyección circular de la obra, centralizada en el templo. Las tonalidades cromáticas de los figurantes armonizan de manera sublime con el paradisíaco color azul del cielo. Prodigiosa obra de uno de mis pintores predilectos de todas las épocas.

6- VIRGEN DEL ROSAL de Bernardino Luini: Sinceramente, uno ya no sabe si lo de Bernardino Luini es un caso de suerte o de desgracia: De suerte, por haber sido discípulo de Leonardo (Muchas de sus obras fueron atribuidas al propio Leonardo); desgracia, por habérsele etiquetado como un imitador sin más del incomparable artista de Anchiano. Una de las mejores características de este cuadro es el pietístico gesto de la Virgen, muy sentimental aunque excesivamente dulzón para algunos críticos. La expresión es algo lánguida, quizás monótona, pero indefectiblemente bella. El gusto por la naturaleza del pintor de Dumenza queda extraordinariamente bien reflejado en el fondo del cuadro, un entramado a base de rosales de gusto exquisito y que sirve para dar nombre a la obra. ¿A que no adivináis una de las curiosas peculiaridades de Luini? Os daré una pista. Fijaos en los ojos de la Virgen.

7- ADORACIÓN DE LOS MAGOS de Correggio: Antonio Allegri — verdadero nombre de Correggio, su lugar de nacimiento – es uno de los pioneros en el uso de la luz. Sus figuras presentan una frágil delicadeza y una maravillosa sensibilidad, una amable suavidad que consigue transmitir toda la sensibilidad artística del pintor. En este cuadro, el autor logra un curioso efecto de perspectiva al hacer posar en diagonal a los Reyes Magos simulando un movimiento circular. Las características anteriormente mencionadas toman cuerpo en la ensoñadora silueta de la Virgen, un modelo que contrasta femeninamente con la mayor dureza empleada en las formas masculinas. El tono paisajístico del fondo, maravillosa gama de grises y perlas, otorga a la atmósfera general del cuadro un poético toque de melancolía. Indescriptible la expresión del mago agachado junto al Niño.

8- EL DESCUBRIMIENTO DEL CUERPO DE SAN MARCOS de Jacopo Tintoretto: Cuenta la leyenda que San Marcos padeció tormento en Egipto en forma de arrastramiento por las calles, tirado por los caballos. Tras la tortura, al pobre santo lo encerraron en una mazmorra y falleció. Jacopo Robusti, conocido como el Tintoretto, haciendo caso omiso a la leyenda, sustituye el lúgubre calabozo por un espectacular escenario renacentista, que era lo que de verdad le interesaba desarrollar. El cuadro parece una compleja representación escénica, aspecto fortalecido por la teatralidad que adoptan las posturas de algunos personajes. Siguiendo las teorías manieristas, Tintoretto logra una grandiosa profundidad al hacer reflejar la luz, verdadera protagonista del cuadro, en los diferentes arcos. Magnífico empleo del claroscuro, que junto con los escorzos de algunos figurantes, consigue realzar la expresividad del conjunto. Un cuadro magnífico, se mire como se mire.

9- EL BESO de Francesco Hayez: Pintor sentimental, exponente de la transición entre el Clasicismo y el Romanticismo en Italia, Hayez es un pintor que ejemplifica el optimismo latente tras la unificación italiana. El lienzo es especialmente notable por la claridad de su luz y por una composición especialmente ordenada, de refinado estilo narrativo. El hombre y la mujer se besan en secreto, como si estuviesen en un lugar prohibido. La poética sombra de la derecha dirige nuestra atención hacia el largo de la sensual falda de la mujer, de excelente factura. La tensa mano de la mujer acusa la pasión, mientras que el hombre acaricia con suavidad su rostro. La atmósfera es de vaga nostalgia y tierna melancolía. Un consejo: Practicad esta escena con vuestras respectivas parejas de vez en cuando. Os sentiréis más reconfortados, seguro.

10- EL BEBEDOR de Umberto Boccioni: Clasificar las diversas etapas del corpus artístico de Umberto Boccioni es materia de tesis doctoral, a mi entender. En este cuadro de 1914, Boccioni se adentra en la composición de imágenes estáticas y sus correspondientes aspectos volumétricos, en una clara influencia de Cezanne. Se percibe algo de melancolía, incluso de resignación y pesimismo, acentuado por el predominio de los tonos amarillos, color que expresa como ningún otro las situaciones deprimentes. También se percibe algo de cubismo aunque a diferencia de éste, Boccioni intenta evitar el trazo rectilíneo. De cualquier forma, la obra es un tanto angustiosa, si bien adquiere un poderoso magnetismo. Para una mejor comprensión, la obra requiere de un especial tacto a la hora de su contemplación. A mí, particularmente, me gusta tanto que me la llevo a mi casa.
Algunas de las mejores bandas sonoras del cine 5 Agosto 2009
Posted by leiter in General.6 comments

Para hoy tenía pensado hablar del descubrimiento de nuevas partituras de Mozart. Pero mi amigo Frank Ar se adelantó el pasado domingo y nos dejó una excelente entrada en su blog sobre el tema que recomiendo encarecidamente. Por cierto, no os perdáis el vídeo que Frank inserta en dicha entrada. Es algo realmente asombroso. Esta entrada, como no podía ser de otra manera, se la dedico a Frank.
He de reconocerlo: De todas las artes, el cine es mi verdadera asignatura pendiente y no me avergüenza comentar que no piso una sala cinematográfica desde hace ya más de veinte años. He desviado mi interés cultural por otros derroteros y mi acercamiento hacia el mundo del celuloide se limita a contemplar, de vez en cuando, algunos DVD´s en la comodidad del salón de mi casa. Aún así, como es lógico, suelo escuchar algunas de las bandas sonoras de muchas películas y luego de darme una vuelta por el portal de YOUTUBE me he decidido incluir en esta entrada algunos de los fragmentos sonoros cinematográficos que más me han llamado la atención por lo destacado de su escritura musical. He obviado en esta selección los títulos clásicos – Lo que el viento se llevó, Lawrence de Arabia, Doctor Zhivago, etc… — por considerar que por sí mismos merecen una entrada exclusiva que ya compondré con el tiempo. Ahora le toca el turno a una serie de fragmentos musicales que me han impactado por su indudable belleza compositiva. A ver si os gusta esta particular e improvisada selección. (Por descontado, sería estupendo que cada lector nos ofreciese su propia lista para ir ampliando esta entrada a medida que se vayan recibiendo distintos comentarios y opiniones)

- LA MISIÓN (Ennio Morricone) – En la tierra como en el cielo: A Morricone se le ha criticado — con exceso de superficialidad — que casi todos los temas amplios y emotivos de sus bandas sonoras son prácticamente idénticos. Nada más lejos de la realidad: Morricone es un excepcional orquestador que sabe fusionar como nadie los elementos clásicos con otros estilos, ya sean innovadores o no. He aquí un magnífico ejemplo en una de las más logradas partituras de toda su producción. Sobre una base en forma de cantata – con bajo continuo incluido — Morricone dibuja una maravillosa melodía a cargo del óboe que se ve salpicada por los incesantes golpes de percusión propia de los instrumentos amerindios. A ello se le une un coro en un contrapunto fuertemente sincopado que marca el ritmo flexivo del tema. El resultado es una pieza de sorprendente originalidad y de inestimable belleza sonora. Magnífico fragmento.

- BLADE RUNNER (Vangelis) – Love Theme: Vangelis se sacó de la manga — o, mejor dicho, del cerebro — toda la maravillosa banda sonora de Blade Runner durante una madrugada, según sus propias declaraciones. Pocos compositores han sabido manejar tan extraordinariamente bien los sintetizadores para crear esos efectos de distancia y profundidad que esta película requiere en muchas de sus escenas. Sin embargo, de toda la banda sonora original del portentoso y genialmente depresivo film de Ridley Scott, me quedo con este íntimo fragmento, un tema de amor deliciosamente declamado por el saxo en un ambiente de sórdida melancolía. El desarrollo central está perfectamente elaborado — extraordinarias modulaciones tonales – Una joya musical que evito escuchar en mis madrugadas de insomnio so pena de derramar lágrimas de nostalgia.

- NOVECENTO (Ennio Morricone) – Romanzo: De nuevo Morricone en uno de sus más exitosos e inolvidables temas correspondiente a esa maravillosa epopeya de Bertolucci titulada Novecento. Una breve introducción de fagot da paso a una melodía amplia y melancólica a cargo del óboe sobre un fondo plano de cuerdas. En la reexposición se une el coro a boca cerrada que aumenta aún más la expresividad del conjunto, derivándose la línea melódica en una doble vía en forma de marcha del coro y un contracanto de las maderas sobre la misma. La pieza muestra una fuerte coloratura de himno marcial, más solemne que rimbombante, y fue utilizada por muchos partidos políticos de izquierda en los años setenta como fondo a sus espacios publicitarios en vísperas de elecciones.

- EL IMPERIO CONTRAATACA (John Williams) – Marcha Imperial: De toda la saga de Star Wars, a mi entender este fragmento es el más conseguido y mejor acabado de toda su banda sonora, adaptándose perfectamente a la toma visual en donde se exhiben orgullosas las amenazadoras y temibles fuerzas del imperio galáctico. El tema, de una fuerza arrolladora, presenta la base rítmica de una cuerda que parece imitar el redoble marcial de un tambor y sobre la que se instala un magistral dibujo a cargo de los trombones que, tras unos breves compases, se modula sensacionalmente hacia la subdominante menor. La sección central mantiene la tensión dramática del momento gracias a los trémolos de la cuerda. Un extraordinario fragmento musical pleno de sentido rítmico.

- MEMORIAS DE ÁFRICA (John Barry) – Tema principal: Este es, sin lugar a dudas, uno de los temas más extraordinarios de toda la historia de la música para cine. Un motivo ascendente en las trompas, que parece querer plasmar la inmensidad de las llanuras africanas, da paso a otro motivo, ahora descendente, en las cuerdas que se enroca para servir de pórtico al tema principal, bellísimamente cantado por los violines y que se ajusta perfectamente a la narrativa en flash-back que da pie al guión de esta película. La música es de un gusto exquisito, destacando por su sencillez constructiva y por una irreprochable elegancia formal. Obra maestra absoluta.

- ÉRASE UNA VEZ EN AMÉRICA (Ennio Morricone) – Theme: Otro tema de Morricone de una de sus más conseguidas bandas sonoras, la de este film de Sergio Leone. Este fragmento es uno de los temas más reiterados a lo largo del extenso desarrollo de la película. Sobre un inquietante acorde disonante se presenta el motivo interpretado por una flauta de pan – insistimos en que Morricone es un orquestador portentoso — que va girando sobre notas picadas en una atmósfera de verdadero suspense. El tema central es mucho más suave y se corresponde con el melancólico leitmotiv que llena de recuerdos al protagonista principal del film. La pieza es sensacional, como el resto de toda la banda sonora del film.

- BAILANDO CON LOBOS (John Barry) – Journey to Fort Sedgewick: Buena parte del éxito obtenido por el director de este extraordinario film, Kevin Costner, fue debido a una inspiradísima e inmensa banda sonora compuesta al efecto por John Barry y que constituyó uno de sus más completos trabajos para la industria cinematográfica. El tema, épico aunque nada pesante, adquiere una poderosa fuerza rítmica mediante los continuos quiebros del compas (3/4 y 4/4) y los recurrentes acentos sincopados. Resulta verdaderamente imposible el dejar de imaginar las inmensas llanuras norteamericanas al escuchar este inolvidable tema de John Barry.

- EL CAZADOR (Stanley Mayers) – Cavatina: Del magnífico retrato colectivo e intimista que realizó Michael Cimino en esta extraordinaria película destacamos la popular Cavatina, una pieza original para guitarra española y que ha sido interpretada en diferentes versiones, algunas de ellas de más que dudoso gusto. La melodía, simple y decididamente melancólica, es esbozada por la guitarra española en modo mayor con numerosos pasajes de breve modulación al menor. El tema es atractivo por su amplia línea discursiva y por el suave equilibrio que mantiene en todo momento. El célebre guitarrista John Williams – no confundir con el homónimo compositor de música de cine — solía incluir esta Cavatina como pieza de propina en sus conciertos. Es una pieza serenamente bella que, de manera inevitable, nos hace mirar hacia el pasado.

- AMOR A QUEMARROPA (Hans Zimmer) – You´re so cool!: Una deliciosa película que cuenta con una peculiar banda sonora de Hans Zimmer, sobre todo en este breve y famoso fragmento que es toda una genialidad compositiva. Un persistente ritmo en 2/4 sirve como base a un despliegue de los instrumentos de percusión, en especial vibráfonos, marimbas y xilófonos, que cantan una tonificante y sencilla melodía extraordinariamente bien desarrollada. Sólo en los últimos compases, un óboe pone una nota un tanto melancólica a la pieza. Este fragmento sirvió también como cierre a un no menos famoso programa dominical deportivo radiofónico durante algunas temporadas. La música presenta una construcción realmente admirable. De lo mejor de Hans Zimmer.

- FORREST GUMP (Alan Silvestri) – Tema principal: Silvestri ya nos dejó buenos apuntes musicales en Regreso al futuro o Predator y posteriormente revalidó su éxito musical de la película de Tom Hanks con Contact. En la cinta que aquí comentamos, Silvestri opta por un tema suave y sencillo, expuesto con total claridad por el piano solista en un ambiente que mezcla ternura y melancolía a partes iguales. Lo mejor de esta partitura es que conjuga perfectamente con las peculiaridades del personaje interpretado por Tom Hanks, en lo que fue uno de los mejores trabajos de su carrera. Forrest Gump es un personaje, ante todo, entrañable, como de manera exquisita retrata esta música de introducción. Gran partitura.
Diez pinturas inolvidables XII (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía) 22 Julio 2009
Posted by leiter in General.2 comments

Inaugurado oficialmente en septiembre de 1992, el Reina Sofía es uno de los museos más emblemáticos de España y posiblemente el mejor de su categoría en lo relativo a arte del siglo XX. El Museo alberga no sólo pinturas, sino todo tipo de artes figurativas, aunque presenta algunas lagunas en su repertorio. Junto con El Prado y el Thyssen, forma la trilogía de pinacotecas de obligada e imprescindible visita en el marco de la capital de España. Si difíciles han sido otras selecciones llevadas por mí a cabo en otras entradas de este tipo, os aseguro que decantarme por una serie de diez cuadros — con la máxima de no repetir autor — en este museo ha resultado tremendamente complicado. Pero, como siempre, creo que el esfuerzo ha merecido la pena y con esta colección atesoramos ya 120 cuadros de las mejores pinacotecas del mundo. Recordemos que esta tarea, bendecida por la madrina de este bar virtual de copas, Amalia, nos ha llevado a seleccionar las mejores obras de El Prado, El Louvre, La Galería de los Uffizi, La National Gallery londinense, El Rijksmuseum de Amsterdam, El Orsay parisino, el Metropolitan de Nueva York, la Alte Pinakothek de Munich , el Museo Thyssen-Bornemisza, el Kunsthistorisches de Viena y el Hermitage de San Petersburgo… Y los que nos quedan. En fin, aunque ya no haya tragedia cósmica que amenace estas inmortales pinturas, espero que os guste mi selección.

1- EL CRISTO DE LA SANGRE de Ignacio Zuloaga: Antes de viajar a París, Zuloaga se formó como copista en el Museo del Prado. Su relación con la generación del 98 le llevó a desarrollar temas de una España en crisis, a menudo con una gran crudeza. En este sensacional óleo vemos estas características, sobre todo en lo relativo a la peculiar idiosincrasia del pueblo español, al que critica con vehemencia. Destaca el lúgubre tono ocre de los fondos, contrastado con un atrevido rojo en la casulla del sacerdote. Los retratos de los personajes parecen sacados del campo castellano que siempre hubo de admirar el genial pintor eibarrés, uno de los máximos exponentes del costumbrismo español.

2- RETRATO DE JOSETTE de Juan Gris: A mi juicio, es una de las mejores obras del pintor madrileño, quien decide retratar a su esposa como reflejo de sus conocimientos de las tradiciones anteriores. El cuadro se despoja de cualquier elemento accesorio, huyendo también de cualquier perspectiva y otorgando un especial tratamiento al volumen y a la luz. La figura se descompone en numerosos planos remarcados por el uso del color negro entre los que la figura se representa de modo transparente, creando una mágica unidad visual con el fondo. Las gamas blancas empleadas en rostro y manos aportan una sensación del todo cálida. El conjunto parece querer desembocar en la plena abstracción aunque con un original toque de realidad. Cuadro muy influyente para artistas posteriores, una indiscutible obra maestra.

3- MUJER CON ABANICO de María Blanchard: Tras un inicial período de formación en Madrid, la pintora cántabra se trasladó a París y se puso en contacto con las corrientes modernistas del momento, desarrollando una etapa cubista en donde nunca llegaron a desaparecer del todo las referencias figurativas. De esta época es el cuadro seleccionado, un muy atractivo lienzo en donde parecen tomar cuerpo las angustias y depresiones de su autora, una mujer que ha sido rescatada para la historia española del arte en tiempos recientes. El motivo de un abanico descompuesto sirve a la autora para plasmar una dramática exposición cromática basada en los contrastes de los tonos amarillos y rojos. La construcción es decididamente monumental dentro del llamado cubismo figurativo. Una joya de lienzo.

4- RETRATO DE LUIS BUÑUEL de Salvador Dalí: El cuadro supone un punto de ruptura con el cubismo adoptado en años anteriores y una vuelta a la figuración por parte del artista de Cadaqués, cualidad que caracterizará su obra en la década de los años veinte. Tanto la figura del retratado como el paisaje del fondo son de construcción meramente sintética, con una atmósfera general un tanto enigmática y misteriosa. Aunque puede ser una obra considerada de la llamada pintura verista, para muchos especialistas, el surrealismo ya está presente en esta obra de Dalí. La pintura presenta contornos duros, colores fríos y distanciadores pero llenos de una atractiva seducción. Existe una cierta melancolía desprendida en el metafísico paisaje del fondo, quizás como reacción a los tumultos futuristas.

5- ESCARGOT, FEMME, FLEUR, TOILE de Joan Miró: Uno de los cuadros más conseguidos de Miró en donde se destaca el difuminado del color del fondo en contraste con las formas que se nos aparecen en primer término. Las palabras, dibujadas de forma ondulante y expresiva, parecen dotar de unidad a ambos planos. En el lienzo se valora especialmente el color — negro y rojo — y la figura, dentro de un horizonte onírico muy del gusto surrealista. La obra, además, nos invita a desatar los límites impuestos a nuestra imaginación, liberándonos del lenguaje y del discurso y siendo dueños del código y del mensaje. Los objetos no dejan de ser proyecciones de la mente a través de una serie de lenguajes y de esos códigos que la propia obra propone.

6- GUERNICA de Pablo Picasso: Poco que contar acerca de uno de los cuadros más famosos de todos los tiempos. De esta legendaria obra hablamos detalladamente en otra sección de este blog.

7- RITMO CON OBLÍCUAS EN BLANCO Y NEGRO de Joaquín Torres García: Más conocido por desarrollar el estilo del universalismo, la carrera de Joaquín Torres empezó a los 17 años cuando su familia abandonó Montevideo y se instaló en Barcelona, ciudad en la que estudió Bellas Artes y en la que colaboró con Gaudí antes de trasladarse a Nueva York y París. En esta obra, las formas geométricas irregulares evocan las estructuras arquitectónicas primarias. El dramático contraste entre luces y sombras en los planos crean un efecto de profundidad y volumen. Existe algún eco de los trabajos de la arquitectura incaica en lo relativo a los oscuros límites entre los compartimentos que parecen dar la impresión de bloques de piedra alienados.

8- OTOÑOS de Pablo Palazuelo: Artista esencial dentro del llamado constructivismo español, las obras de Palazuelo acusan fuerte influencia de Mondrian, Klee y Kandinsky. Su producción, en sintonía con la conocida abstracción geométrica, es muy peculiar y está dotada de un gran sentido poético. Esta pintura es de austera tonalidad y rigurosa estructuración, apreciándose ya ese mencionado lirismo y delicadeza que tomará cuerpo en los años venideros. Palazuelo se sirve de la llamada familia de formas, series que utiliza como medio para profundizar en el conocimiento de la materia. Durante la fase de elaboración de esta pintura, Palazuelo se interesó en su aproximación al análisis de la materia tanto en la filosofía presocrática como en la de la corriente musulmana sufí.

9- GRITO Nº7 de Antonio Saura: Una de las obras más conocidas y emblemáticas del autor en donde se advierte toda su fuerza y expresividad pictórica. Sin color, en blanco y negro, el pincel recorre el lienzo con tal vehemencia que permite que el propio grito interior explosione en todo el cuadro. Existen efectos de chorreado muy propios de la conocida como art painting, aunque el personalismo de Saura, nunca abandonando del todo la figuración, consigue una perfecta simbiosis entre abstracción y realismo. La pintura refleja un sentimiento acusador sobre una presunta España negra y gris de aquel tiempo. Aragonés como Goya, hereda en línea directa el expresionismo desgarrador de éste, configurándose como el gran maestro español de expresionismo abstracto.

10- FIGURA TUMBADA de Francis Bacon: Es el pintor emblemático de la corriente figurativa surgida en Europa tras la guerra, con grandes dosis de informalismo material. En este cuadro se aprecia esta característica, rehuyendo el autor de formas artísticas concretas. Bacon plasma el período particularmente angustioso de una Europa destrozada por la guerra y con las secuelas de una dramática postguerra. Mucho se le ha criticado al autor sus excesos en las deformaciones de las figuras humanas, llegándose a pensar que nos encontramos ante verdaderas figuras de cadáveres. En casi todas sus obras se insinúa la idea de la muerte y sus propias figuras parecen tener dicha conciencia. Para muchos, Bacon sigue siendo un pintor maldito. Para mí, es uno de los más grandes autores del siglo XX, un artista empeñado en descubrirnos su particular y muy peculiar verdad.
Las principales orquestas sinfónicas españolas II: Orquesta Nacional de España 15 Julio 2009
Posted by leiter in General.add a comment

- ORQUESTA NACIONAL DE ESPAÑA: Creada en 1940, aunque su primer esbozo se dio en 1937, hoy en día pasa por ser la formación española más prestigiosa y conocida fuera de nuestras fronteras. El lorquino Bartolomé Pérez Casas, antiguo director titular de la Orquesta Filarmónica de Madrid desde el 18 de marzo de 1915 – formación que junto con la Sinfónica de Madrid, capitaneada por Arbós, daría esplendor y vida a la actividad musical madrileña durante las dos décadas previas al estallido de la Guerra Civil Española — fue nombrado titular, el 28 de octubre de 1938, por el gobierno republicano, de la Orquesta Nacional de Conciertos. El primer ciclo de conciertos se desarrolló en Barcelona y abundó en composiciones españolas. Terminada la contienda civil que enfrentó a los españoles, la Orquesta Nacional entra en un breve período titubeante y el maestro Pérez Casas, por considerársele colaborador de iniciativas republicanas, es apartado del proyecto de la nueva Orquesta Nacional de España, que con tal nombre se refundó por orden ministerial el 10 de julio de 1940. Salvados los problemas de una posible depuración, Pérez Casas debutó con la nueva Orquesta Nacional de España el 7 de mayo de 1943 en un concierto donde se ofreció el estreno español del Concierto Heroico del maestro Rodrigo con Querol al piano en el madrileño Teatro Español. En la temporada de 1943/44, Pérez Casas dirigió a la ONE cuatro conciertos en Madrid, cuatro en Lisboa y tres en Oporto. Finalmente, en mayo de 1944 es nombrado oficialmente titular de dicha formación. Su labor al frente de esta orquesta no fue extensa pero sí fecunda, sirviendo la alternativa a un prometedor Ataúlfo Argenta. Después de 34 conciertos y ya en franca decadencia física, Pérez Casas abandonó la dirección interpretando en el Palacio de la Música de Madrid, el 25 de noviembre de 1949, la Sinfonía Pastoral de Beethoven que igualmente había figurado en el concierto de su presentación con la Orquesta Filarmónica de Madrid en 1915.
A la muerte de Pérez Casas, la sucesión en el podio de la Orquesta Nacional estaba dada y la elección recayó en la figura emergente de Ataúlfo Argenta. Nacido en 1913 en la localidad cántabra de Castro Urdiales, Argenta comenzó su andadura musical como concertista de piano aunque ya había empuñado la batuta en la década de los treinta en el Teatro María Guerrero de Madrid, en un concierto de la Asociación de Estudiantes del Conservatorio, dirigiendo la Incompleta de Schubert entre otras piezas. Fue decisivo su encuentro en 1941 en Alemania con el director Carl Schuricht, quien le reorientó en la carrera de director. Este director alemán ofreció en 1944 una memorable serie de conciertos con la Orquesta Nacional, basados en el ciclo sinfónico de Brahms, que causaron impacto tanto en la orquesta como en su por entonces opositante al puesto de instrumentista de piano-celesta, titulación a la que finalmente accedió Argenta, compaginando esta labor con la de titular de la naciente Orquesta de Radio Nacional de España. Argenta subió al podio de la ONE por primera vez el 10 de octubre de 1945 en el Teatro Calderón con un programa que incluía obras de Weber, Bach, Brahms (La Segunda), Debussy y Turina, repitiendo unas semanas después en el Palacio de la Música en un concierto de temporada oficial. Ya en el ocaso de Pérez Casas, la ONE le nombró segundo director en agosto de 1946, y en enero de 1947 recibiría el nombramiento como director titular. Su primer concierto como tal fue ofrecido el 24 de enero de 1947 con obras de Guridi, Britten y Beethoven. El 6 de mayo de 1950, en el Teatro de los Campos Elíseos de París, Argenta y la ONE obtuvieron un clamoroso éxito — repetido al día siguiente — con obras de Wagner, Brahms, Ravel, Strauss, Beethoven, Turina, Rodrigo y Falla, y con las propinas de Chapí y Jiménez. Aquel éxito abrió las puertas europeas a la ONE, que desde entonces acudiría puntualmente de gira por algunas ciudades europeas como París, Bruselas, Burdeos, Bayona, Lisboa, Coimbra y Estrasburgo. De particular interés fue la gira ofrecida en Suiza en 1955, con conciertos en Biel, Lausanne, Zurich, Ginebra y Freiburg. Por lo que respecta a España, Argenta y la ONE tuvieron un decisivo protagonismo en las primeras ediciones de los Festivales Internacionales de Santander y Granada. Aparte de los conciertos sinfónicos de abono, la ONE visitó casi todas las localidades españolas susceptibles de acoger un concierto de estas características, siendo de especial relevancia el ciclo sinfónico de Beethoven ofrecido en Santander, en la Plaza Porticada de la capital cántabra, entre los días 1 y 9 de agosto de 1953. El repertorio cultivado por Argenta al frente de la ONE tuvo dos pilares fundamentales: La música española en toda su extensión y el repertorio germánico y de los clásicos vieneses. También se estrenaron muchas piezas de compositores españoles y se ofrecieron asimismo estrenos o primeras audiciones en España de numerosos compositores europeos. Argenta también destacó como invitado de otras formaciones orquestales europeas, estableciendo una gran relación con la Orquesta de la Suisse Romande y su director, el mítico Ernest Ansermet, quien parece que le propuso como sucesor cuando éste hubiera de retirarse… Lamentablemente, el binomio Argenta-ONE se truncó en enero de 1958, cuando el músico fue encontrado muerto en un garaje de Los Molinos, Madrid, en circunstancias del todo confusas que han dado pie a múltiples especulaciones. Con su fallecimiento, se cerró no ya la página más brillante de la historia de la Orquesta Nacional, sino también la del, a juicio de muchos, mejor director de orquesta español de todos los tiempos. El 31 de enero, diez días después de su fallecimiento, la Orquesta se presentó por primera vez al público sin su admirable director. Los músicos, en pie, interpretaron con impresionante expresión de dolor el Coral de la Cantata 140, de Bach, escuchada por el público también en pie, y en un religioso silencio.
En noviembre de 1962, casi cinco años después de la muerte de Ataúlfo Argenta, la ONE iba a encontrar sucesor en la figura del por entonces joven burgalés Rafael Frühbeck Frühbeck, quien adoptaría la denominación artística de Rafael Frühbeck de Burgos. Formado en Bilbao y en Madrid, estudió dirección en Munich con Eichhorn, Genzmer y Lessing, y entre 1958 y 1962 fue director de la Sinfónica de Bilbao. Se presentó en Madrid al frente de la ONE el 4 de diciembre de 1959 con obras de Haydn, Beethoven, Hindemith y Wagner, causando una extraordinaria impresión. Revalidado dicho éxito en posteriores actuaciones, le llegó por fin el nombramiento como titular de la formación, dirigiendo en su primer concierto, el 23 de noviembre de 1962, la Atlántida de Falla. Director enérgico, brillante y de inestimable capacidad comunicativa, Frühbeck tomó la orquesta en un buen momento, cuando la base la constituían profesores fundadores del conjunto, ya en plena madurez, y logró mantener el excelente nivel artístico que había heredado de su predecesor mientras tuvo lugar la natural y progresiva renovación de la plantilla. Su repertorio se basó, al igual que Argenta, en el espectro romántico centroeuropeo sin dejar de lado la música española. Uno de sus mejores aciertos fue el de ofrecer el podio de la ONE a grandes directores invitados y así, en este período de 16 años, maestros consagrados como Martinon, Celibidache y Markevitch se alternaron con figuras por entonces emergentes de la talla de Zubin Metha, Riccardo Muti o Lorin Maazel. Se calcula que Frühbeck dirigió, como titular de la ONE entre 1962 y 1978, unos 700 conciertos repartidos entre Madrid, numerosas ciudades españolas y giras por Francia, Italia, Alemania, Portugal, Suiza, Hong-Kong y Grecia.
A Rafael Frühbeck de Burgos le sucedió en la titularidad de la ONE, en 1978, el barcelonés Antoni Ros-Marbá, discípulo de Toldrá y depositario de su modo de aproximación a la música. El director catalán había estudiado con Celibidache en Siena y con Martinon en Düsserldorf. Con la ONE había debutado en 1969 y la hubo de dirigir también en ocasiones relevantes, como el 1 de julio de 1976 en Granada, con ocasión del estreno de la versión revisada del ballet Fuego Fatuo en el Festival de Granada. También en dicha ciudad, dirigió a la ONE con ocasión del concierto inaugural del Auditorio Manuel de Falla. La etapa de Ros-Marbá se prolongó sólo tres años, hasta 1981, y estuvo marcada por un pronunciado proceso de renovación, ya iniciado con Frühbeck, y por la incomprensión de un público conservador, en términos generales, ante la valentía del director para ofrecer un repertorio más moderno en donde no faltaban los estrenos de música contemporánea y la inclusión de músicos intergeneracionales como Gerhard, Halffter, Mompou… Su salida no fue lo que se dice inocua.
En 1982 se acuerda por la entonces ministra de cultura, Soledad Becerril, la ampliación de la plantilla de la orquesta a 120 profesores y se nombra a Peter Maag como Director Principal Invitado. El director suizo se ganó la cordialidad y simpatía del público, pero no así el entusiasmo. El conjunto parecía pasar por un delicado momento cuando en 1984 asume la titularidad de la formación el director zamorano Jesús López Cobos, un hombre de gran capacitación intelectual que había estudiado con Swarowsky en Viena y con Franco Ferrara en Siena. López Cobos había dirigido por primera vez a la ONE en octubre de 1970, en el Teatro Real, y refrendó el éxito de esta actuación tres años después con un programa enteramente dedicado a Bruckner. López Cobos se mostró en los cinco años en que duró su labor como titular, hasta 1989, como un excelente concertador, mostrando un gran interés por la programación de obras de connotaciones escénicas, y con un repertorio basado en la tradición sinfónica del romanticismo europeo, ofreciendo páginas infrecuentes en nuestros conciertos e incluso ediciones no habituales de obras bien conocidas. Más moderada fue, si cabe, su inclusión en la música española, con esporádicas incursiones en la música contemporánea. En sus primeros años contó con la asistencia del chileno Maximiano Valdés como Director Invitado, un músico que fue ganando cuajo con el tiempo. El nivel técnico de la orquesta mejoró con respecto a los años precedentes, pero los problemas hubieron de surgir ante el violento enfrentamiento que mantuvo con las autoridades administrativas y con un sector de los profesores de la formación, ambos reacios ante las medidas propuestas por el maestro zamorano para modernizar la orquesta. Un momento lamentable se produjo en 1987, durante la interpretación del Bolero de Ravel en el Teatro Real, cuando la mayoría de solistas encargados de ejecutar las dos principales secuencias melódicas de la pieza cometieron unos fallos del todo imperdonables e impropios de la mínima categoría que se le presupone a un profesor de orquesta. Al final de tan improcedente ejecución, el maestro mandó saludar a los solistas ante los abucheos de un público escandalizado, en lo que se consideró una alevosa afrenta. Todos aquellos problemas culminaron con la renuncia de López Cobos en 1989, a poco de inaugurar el Auditorio Nacional de Música con tres conciertos en los que se repuso La Atlántida de Manuel de Falla, y después de tener conocimiento de una carta crítica a su dirección firmada por algunos miembros de la comisión interna de la orquesta.
Tras el convulso período que culminó con la renuncia de López Cobos, el Ministerio de Cultura acometió la reforma del reglamento interno de la ONE, aunque las tentativas de nombrar a un nuevo titular de relevancia — se habló de Rozhdenstvenski — cayeron en saco roto hasta 1991. La orquesta fue dirigida en esos dos años por Walter Weller, Cristóbal Halffter y Víctor Pablo Pérez, en calidad de directores invitados. Cuando parecía haberse llegado a un acuerdo para que Cristóbal Halffter fuese el titular de la ONE, a propuesta de Adolfo Marsillach, el entonces director del INAEM, la orquesta rechazó en una asamblea su nombramiento y Halffter rompió todos sus compromisos con la agrupación. En 1990 las cosas parecen pacificarse un poco con el nombramiento de Tomás Marco como director técnico (administrativo) de la ONE, aunque sus tentativas para reclutar al israelí Eliahu Inbal como director titular resultan un completo fracaso. Finalmente, el 7 de noviembre de 1990 se anuncia el nombramiento del director milanés Aldo Ceccato como titular de la formación a partir de la temporada 1991/1992 y por un período de tres años.
Ceccato había dirigido a la ONE por primera vez en 1974 y era un asiduo como director invitado de las dos principales orquestas con sede en Madrid, la Nacional y la Sinfónica de RTVE. Anteriormente había sido director estable de la Sinfónica de Detroit y de la Filarmónica de Hamburgo. Su labor al frente de la ONE fue compartida con sus anteriores compromisos como director artístico de la Filarmónica de Bergen y titular de la Orquesta de la Radio de Hannover. Como principal director invitado se siguió contando con un solvente Walter Weller, aunque en su primera temporada como titular tuvieron también un gran protagonismo como invitados — dirigieron tres conciertos cada uno — Antoni Ros-Marbá y Juan Pablo Izquierdo. Como director asistente, Ceccato contó con la ayuda de un jovencísimo Ángel Gil. En 1992, la orquesta presenta un contencioso administrativo contra el Ministerio de Cultura por la decisión ministerial de suprimir de un plumazo una comisión de la misma democráticamente elegida y que dejó un tanto tocado al por entonces director técnico, Tomás Marco. El 31 de marzo de 1992, con motivo del cincuentenario de la orquesta, se ofrece una gran versión de la Novena de Beethoven en la que tanto orquesta como director dieron lo mejor de sí. En su segunda temporada, Ceccato dirigió la integral de las sinfonías de Beethoven y Weller siguió como principal director invitado. Además, en octubre de ese mismo año, la orquesta realizó una gira por los EEUU de América. Sin embargo, el 19 de noviembre de 1993, vuelven los líos a la orquesta y se declara la primera huelga en sus cincuenta años de historia, con posiciones enfrentadas entre los profesores que levantaron algunas sospechas de agresión sobre la persona de Eduardo Carpintero, representante sindical de UGT. Estos conflictos desviaron la atención estrictamente musical de la ONE, como se pudo comprobar en un decepcionante concierto ofrecido el 17 de diciembre del mismo año en donde se hizo una pésima lectura de la colosal Misa en si menor de Bach. El 16 de marzo de 1994, y de manera un tanto sorprendente, Ceccato declara a la prensa su próximo abandono de la titularidad de la ONE al finalizar la temporada. Sus palabras fueron hirientes y sus motivos no menos lacerantes: “El futuro incierto de la ONE, así como la falta de clarificación de competencias entre los distintos sectores de la formación. Tengo 60 años, soy avaro de mi tiempo y debo alejar de mí periodos estériles. Cuando acepté la dirección titular de la Orquesta y Coro Nacionales de España, país al que amo especialmente y en el que cuento con excelentes amigos, lo hice, principalmente, por una razón: La de hacer algo positivo para situar a la ONE en el lugar que potencialmente merece y le corresponde. No he visto la necesaria clarificación de competencias entre los distintos rectores de la orquesta, ni tampoco el tan necesario nuevo reglamento marcha al ritmo urgente que las circunstancias aconsejan. Hemos visto cómo la orquesta ha perdido media docena de elementos de gran importancia y todos estos asuntos puntuales forman una especie de laberinto que hacen difícil mi andadura y la de la orquesta“. Todos los problemas administrativos de la época anterior de Cobos parecen resucitar de nuevo en la ONE, una formación que se gana el calificativo de “ingobernable”. En un acto un tanto justificativo, Tomás Marco hace públicos los emolumentos percibidos por Ceccato en estos años, unos 7 millones de pesetas por semana de trabajo en Madrid. Por si no fuera poco, se extiende un anecdótico y malicioso rumor por los círculos musicales para explicar la diferencia entre las grandes orquestas internacionales y la ONE que deja en muy mal lugar al conjunto: Los músicos españoles tocan sus instrumentos con el cuerpo echado para atrás y la pierna derecha adelantada, mientras que el resto de los europeos y los americanos lo hacen con su pierna derecha hacia atrás y todo el peso de su cuerpo hacia adelante… Ceccato se despidió como titular con una ovacionadísima versión de la Novena de Beethoven el 10 de junio de 1994.
Tras la salida de Ceccato en 1994, la orquesta inició una andadura de varios años sin director titular y pasó por un largo túnel oscuro. Para la temporada 1994/95, se sigue contando con el sempiterno Walter Weller como director invitado, aunque también se suma a estas tareas el español Theo Alcántara. Por increíble que pueda parecer, Aldo Ceccato dirigirá dos conciertos como invitado. En octubre de 1994, se firma un nuevo reglamento por el que los profesores pasan a cobrar una cantidad estimada de 450.000 pesetas mensuales y con el compromiso de la grabación de dos discos al año. Se anuncia también el relevo de Tomás Marco en la dirección técnica por el violinista José Vicente Cervera. En 1995 vuelven los problemas, esta vez en forma de nueva huelga, al manifestar el comité de la ONE el reiterado incumplimiento de lo pactado con el Ministerio de Cultura el año anterior. La huelga se desconvoca el 12 de mayo, al pactar los músicos un aumento de sueldo a cambio de las cesiones de los derechos de radiodifusión. En la temporada 1995/96, el renombrado director Kurt Sanderling actúa en dos conciertos de abono con la ONE, lo que desata alguna que otra especulación sobre su posible nombramiento como titular. (Algo difícil de creer por los 83 años de edad que por entonces contaba el prestigioso director). La temporada de 1996/97 se abrió con grandes perspectivas, al venir como invitados directores de la talla de Eliahu Inbal y Yuri Temirkanov. Además, se contó también con la presencia de Cristóbal Halffter y del compositor Krzysztof Penderecki. Pero a pesar de las promesas de Tomás Marco, ahora director del INAEM, la orquesta siguió sin titular pese a las negociaciones emprendidas con Rafael Frühbeck de Burgos, con quien parecía haberse llegado a un acuerdo en diciembre de 1996. Por estas fechas se rumorea también el paso de la ONE como orquesta sede del Teatro Real de Madrid, propuesta que es denegada por la entonces ministra de cultura, Esperanza Aguirre. En agosto de 1997, y luego de dar un concierto con la ONE en Santander, Frühbeck deja caer que no se hará cargo de la titularidad de la misma y define a la misma como una “orquesta para andar por casa”. Finalmente se acuerda, como solución de compromiso, que Frühbeck sea el Director Emérito de la ONE a partir de la temporada 1998/99, ejerciendo funciones muy parecidas a la de titular. Es destacable la gira que lleva a cabo la orquesta por Francia y Alemania en junio de 1999 bajo la dirección de Cristóbal Halffter. En 2002, regresa la polémica cuando los profesores de la orquesta se niegan a hacer ensayos extraordinarios para tres conciertos que iba a dirigir Eliahu Inbal (Novena de Mahler). La situación parece insostenible ya que los músicos se dividen entre funcionarios y contratados, algo realmente discriminatorio que se traduce en la existencia de músicos de primera y segunda categoría. El nuevo director general del INAEM, Andrés Amorós, promete la esperada reforma de la ONE en abril de 2002. La situación se agrava cuando los profesores cancelan algunas citas de la orquesta por los dichosos ensayos extraordinarios durante el mes de mayo y acusan a Amorós de degradar a la ONE. La situación empeora en noviembre, cuando los músicos de la ONE anuncian una nueva huelga para protestar por el proyecto de decreto con el que el Ministerio de Educación y Cultura quiere acabar con su régimen funcionarial, sustituyéndolo por otro laboral. Pese a esta amenaza, el propio Consejo de Estado respalda dicha reforma (Muchos, por entonces, se acuerdan de Jesús López Cobos, quien hace trece años había advertido de esta insostenible situación y que paradójicamente ha de dirigir a la ONE durante la huelga prevista) y los expertos jurídicos de Cultura declaran abusiva la huelga. El 29 de noviembre el público del Auditorio increpa a la orquesta y a Amorós por la huelga y, unos días después, el Ministerio de Cultura amenaza con tomar toda serie de medidas, aunque el gobierno declara que la ONE seguirá siendo pública a todos los efectos (Con lo que sus profesores se podrán jubilar como funcionarios). La huelga prosigue – López Cobos no consigue ofrecer ninguno de sus dos conciertos programados — y el Ministerio ofrece a un jurista como mediador. Finalmente, tras numerosas reuniones, la ONE desconvoca la huelga el 16 de enero de 2003, aunque en su primera actuación, el 24 de enero con Pedro Halffter a la batuta, la orquesta recibe una sonora pitada al hacer su aparición en el Auditorio. Cuando las cosas parecían haberse calmado un tanto, la ministra de Cultura, Pilar del Castillo, anuncia el 27 de marzo de 2003 que Josep Pons será el futuro titular de la ONE. (Aunque el libanés George Pehlivanian se había postulado para tal honor en el arranque de la temporada 2002/03 y el propio Pons había renovado su contrato con la Orquesta Sinfónica Ciudad de Granada). Con su nombramiento, la ONE ponía fin a doce años sin responsable, con heredados e inacabables enfrentamientos administrativos que Pons trataría de solventar.
Josep Pons comenzó sus estudios musicales en la Escolanía de Montserrat y fue discípulo de Ros-Marbá. En 1985 fue co-fundador de la Orchestra de Cambra Teatre Lliure y en 1992 se encargó de las ceremonias musicales de las Olimpiadas de 1992. Desde 1994, asumía la titularidad de la Orquesta Sinfónica Ciudad de Granada. Sus declaraciones nada más aterrizar en Madrid fueron elocuentes: “Vengo a aportar una regeneración de ideas y a inyectar nuevas vitaminas a la orquesta. Creo que la ONE debe ser nuestro referente de calidad, de repertorio, el mejor embajador fuera de nuestras fronteras y el mejor huésped para que los grandes intérpretes se acerquen a tocar con ella. Creo en el diálogo, la calidad la presupongo; que suene bien lo doy por hecho. Yo pretendo alcanzar algo más, y eso se consigue con implicación y persiguiendo objetivos comunes. No soy una persona de conflicto y, si éstos existen, la magia, el duende o como lo quieras llamar, no aparecen, necesitan un paso más para salir, y eso ocurre si se crea la atmósfera adecuada”. Pons debutó con la ONE en San Sebastián, el 27 de agosto de 2003, con obras de Ligeti, Mozart y Haydn. En su primera temporada, 2003/04, presentó un programa ecléctico donde supo combinar sabiamente todos los estilos musicales, música contemporánea incluida. En su primera actuación como titular de la ONE en la serie de conciertos de abono dirigió la impresionante Tercera de Mahler, el 9 de octubre de 2003, con tan enorme éxito de crítica y público que aquello supuso el comienzo de una nueva etapa en la ONE. (Y eso que la orquesta estuvo más bien discreta). Un momento culminante de la temporada se produjo el 28 de noviembre, con una sensacional ejecución de la Turangalila de Messiaen. Pons empezó a demostrar su buen hacer en una orquesta que iba día a día ganando en sonido y arquitectura. La temporada 2004/05 supuso la confirmación de un director valiente y eficaz como pocos, ofreciendo en su primer concierto los Gurrelieder de Schönberg. Desde entonces y hasta la actualidad, Pons se ha destacado por su buen hacer, logrando elevar el nivel técnico de la ONE hasta extremos difícilmente imaginables y, lo más importante, superando el lastre de una conflictividad que parece a día de hoy felizmente resuelta.
Como ejemplo, os pongo el enlace a un vídeo con un fragmento de la Sinfonía de la Danza Prima de María Teresa Prieto dirigida por el maestro José Luis Temes.
Diez pinturas inolvidables XI (Museo del Hermitage de San Petersburgo) 17 Junio 2009
Posted by leiter in General.5 comments

Viajamos hasta la infinita y siempre enigmática Madre Rusia para seleccionar diez obras de uno de los museos más importantes del mundo, el Museo del Hermitage de San Petersburgo, posiblemente la mayor pinacoteca del mundo, con un fondo de colección de más de tres millones de obras. Se estima que una visita a dicho museo, observando detenidamente cada una de las obras de arte y efectuando las obligadas pausas para almorzar, dormir, descansar, etc… Llevaría un total de ¡60 años! de tiempo. Como yo no tengo tanto tiempo ni posiblemente viva la mitad de esa cantidad de años, he seleccionado diez cuadros que incorporamos a esta serie de entradas sobre las mejores obras de las principales pinacotecas del mundo y que tanto le gusta a la madrina de este blog, mi siempre admirada Amalia. Con esta selección, ya tenemos 110 cuadros guardados y seguimos con esta difícil tarea que nos ha llevado a elegir las mejores obras de El Prado, El Louvre, La Galería de los Uffizi, La National Gallery londinense, El Rijksmuseum de Amsterdam, El Orsay parisino, el Metropolitan de Nueva York, la Alte Pinakothek de Munich , el Museo Thyssen-Bornemisza y el Kunsthistorisches de Viena. Espero que mi selección — que en absoluto ha sido fácil — sea de vuestro agrado.

1- MADONNA DE LA CHIMENEA de Robert Campin (Flemalle): Junto con Van Eyck, Flemalle fue el iniciador del estilo flamenco que rompería con los moldes del estilo Gótico Internacional. En esta preciosa tabla observamos como el artista logra unir espiritualidad y realidad en partes iguales. En el extremo superior izquierdo vemos una ventana donde se muestra una panorámica de la ciudad. Este aspecto será adoptado por casi todos los pintores flamencos y posteriormente será imitado por los artistas italianos. La escena es deliciosamente cotidiana y transmite cercanía hacia unos personajes sagrados. Extraordinarios efectos lumínicos.

2- MADONNA LITTA de Leonardo da Vinci: Polémica obra cuya autoría es aún cuestionada por algunos especialistas. La dureza cromática y de modelado parece confirmar esa sospecha, aunque es cierto que existen dibujos preparatorios de Leonardo que calcan la cabeza de la Virgen. Una solución más consensuada afirma que la obra fue empezada por Leonardo y terminada por algún discípulo. Con todo, la extraordinaria mirada de la Virgen, algo enigmática, bien merece la inclusión de este cuadro en esta selección. El niño, más que Jesús, parece Goliat… Elemento muy característico de Leonardo.

3- EL ALMUERZO de Diego Velázquez: Magistral y poco conocida obra de Velázquez correspondiente a su período sevillano. Las expresiones tanto del personaje central como del chico sentado a la derecha — no me digáis que ese gesto con el pulgar levantado no es “fotográfico” — derraman humor y complicidad. El trato que Velázquez da a los tonos oscuros y el naturalismo expresivo del conjunto de la escena delatan su incipiente maestría pictórica. El cuadro es un prodigio de rigor compositivo y de facultad técnica, como bien se puede comprobar en la precisión con que Velázquez pinta los distintos elementos de la mesa. Obra maestra de juventud. Grandioso Velázquez.

4- BACO de Peter Paul Rubens: Uno de los cuadros más tremendos de Rubens en donde el artista pinta una verdadera y monstruosa alegoría de los vicios del alcohol: Tripa hinchada, cara entumecida, extremidades infladas como consecuencia de retención líquida… La escena resulta animada por la criaturita de la derecha, en pleno y desenfadado proceso de micción, por el ser de espaldas que bebe directamente del cuadro y por la dama que sirve un vino del que se aprovecha otro angelito a la derecha. Tonos muy claros para lo que suele ser habitual en Rubens y gestos de genialidad: Observad, dentro de la horrible fealdad general del cuadro, la belleza del animal que pisa Baco y el paisaje que se percibe inmediatamente encima. Fabulosa obra.

5- DESAYUNO CON CENTOLLO de Willem Claesz Heda: (No confundir con Peter Claesz, otro gran bodegonista). Este magnífico cuadro está en el estilo propio del autor, muy caracterizado por la representación de suculentos bodegones de almuerzo. El detallismo y la precisión en una escena aparentemente desordenada es lo más destacado de esta pintura. El fondo, de matices grisáceos, supone un verdadero y admirable riesgo cromático que logra enfatizar las viandas que aparecen sobre la mesa. Magistral resolución del limón pelado de la izquierda, aunque a mí lo que más motiva es el plato de cerámica azul que contiene lo que parecen ser aceitunas, sensacional. Este cuadro, con vuestro permiso, me lo llevo directamente a mi casa.

6- RETRATO DE DAMA EN AZUL de Thomas Gainsborough: Uno de los más grandes pintores de la época Rococó, el inglés Gainsborough destacó por sus habilidosos y penetrantes retratos de una clientela que, por lo general, era de lo más selecto. En este bellísimo retrato apreciamos la extraordinaria pincelada del pintor, capaz de incidir en la psicología del personaje. Como en muchas de sus obras, Gainsborough hace gala de un sensual tratamiento cromático, sobre todo en la gama de azules. La elegancia y evocación ensoñadora del retrato resultan del todo admirables. Una gran obra de un excelente artista que jamás contó con la colaboración de ayudantes en la elaboración de sus cuadros.

7- LA MUERTE DEL PARALÍTICO de Jean-Baptiste Greuze: Representa la figura de un anciano en su lecho de muerte y rodeado de su familia. Al parecer, el cuadro de Greuze estuvo muy influenciado por la obra de Rousseau, La nouvelle Héloïse. Aunque algunos críticos han acusado a Greuze de ser un tanto efectista, convencional y artificial, el trato dado por el autor a esta obra me parece del todo admirable. Ciertamente, la fuente de luz que impregna la escena parece del todo artificiosa pero el sensualismo de la escena me parece muy logrado (Aunque resulte hipócrita para algunos detractores). Greuze fue un excelente retratista que vivió uno de los períodos más convulsos en la historia del arte. Su figura, a día de hoy, creo que merece una justa revisión.

8- PERSEUS Y ANDRÓMEDA de Antonio Rafael Mengs: Su padre le dio los nombres de Antonio (Por Correggio) y de Rafael (Por el inmortal artista del Renacimiento). Mengs, uno de los artistas con más mal genio de la historia universal de la pintura, desarrolló buena parte de su carrera en la corte española, donde llegó a ser el pintor más admirado de su tiempo. En este primoroso cuadro se dan todas las características del neoclasicismo rupturista que atesoró Mengs: Suavidad en los colores, imponente iluminación, extraordinario y preciso dibujo y gran minuciosidad en los detalles. Perfecta la ejecución de la tela translucida que cubre a Andrómeda. El cuadro es todo un derroche de técnica.

9- LA DANZA de Henri Matisse: Obra gemela de otra que se encuentra en el MOMA de Nueva York. Matisse es el gran artista del color, de la supremacía cromatística por encima de cualquier otra consideración. Pero Matisse utiliza el color de forma absolutamente arbitraria, como bien se puede apreciar en este legendario cuadro. La composición en círculo de los figurantes nos recuerda vagamente las cerámicas de la antigüedad clásica griega. Ritmo, increíble incorporación de azul cielo y verde pradera, fortísima pincelada y comunicatividad son los grandes rasgos de esta pintura que, también con vuestro permiso, me llevo a mi casa. Obra maestra sin posible discusión.

10- COMPOSICIÓN VI de Vassili Kandinsky: El ruso Kandinsky se hizo pintor gracias a Monet y a la música de Wagner, explosivo cóctel con el que pretendió que la pintura aspirase a ser un arte abstracto como la música, capaz de suscitar en el espectador respuestas emocionales. Esta obra supone un decidido camino hacia la abstracción paralelo a las innovaciones de Schoenberg en el terreno musical. El artista nos ofrece una muestra de naturaleza interior, un mensaje sobre el mundo perceptivo y sensorial. Con esta serie de lienzos, la pintura inició un camino sin retorno hacia la más completa abstracción. Como no hay dos sin tres, esta obra maestra que no me canso de admirar también me la llevo a casa.
Deja que te mire… 13 Junio 2009
Posted by leiter in General.6 comments
FELIZ CUMPLEAÑOS, CELIA
No son las mejores fotos; pero sí son las que a mí más me gustan…

Deja que te mire, no vuelvas la cara…

Quiero que me claves tu negra mirada

Deja que te mire, no sigas jugando…

Que tus miraítas son de contrabando

¡Ay, deja que te mire!

¿Quién se pone en medio?

Deja que me pierda…

En la noche oscura de tus ojos negros

Deja que te mire, quédate un momento…

Eres el motivo de mi sufrimiento

Deja que te mire, sólo es un instante…

Aunque tu mirada ya no es la de antes

¡Ay, deja que te mire!

¿Quién se pone en medio?

Deja que me pierda…

En la noche oscura de tus ojos negros.
LETRA: Deja que te mire – LOS MARISMEÑOS
Diez pinturas inolvidables X (Kunsthistorisches Museum de Viena) 27 Mayo 2009
Posted by leiter in General.2 comments
Una ciudad antaño imperial no podía dejar de contar con un magnífico y extraordinario museo y así, la inolvidable Viena, se precia de acoger a uno de las mejores pinacotecas de Europa, el Kunsthistoriches Museum, sede no ya de una extraordinaria colección de pintura, sino además de una extensa colección de escultura y numismática. Con esta selección, que empezamos con el objetivo de salvaguardar los mejores cuadros ante una pronosticada catástrofe cósmica — un puro camelo — tenemos ya en nuestro poder 100 cuadros. Mi trabajo me ha costado, no os vayáis a creer, pero el esfuerzo ha merecido la pena… Y aquí no acaba nuestra labor; ya me están llamando de otros museos para que elija sus diez mejores obras y parece que a Amalia, la madrina de este bar virtual de copas, este esfuerzo mío le parece de obligado cumplimiento. En fin, seguiremos pues con esta difícil tarea que nos ha llevado a seleccionar las mejores obras de El Prado, El Louvre, La Galería de los Uffizi, La National Gallery londinense, El Rijksmuseum de Amsterdam, El Orsay parisino, el Metropolitan de Nueva York, la Alte Pinakothek de Munich y el Museo Thyssen-Bornemisza. Ya no sé dónde poder guardar estos cien cuadros y lo terrible es que he dejar hueco para al menos otros cien más… Pero bueno, asumiremos el reto. La selección que he hecho de las mejores pinturas del Kunsthistorisches vienés es la que os dejo a continuación. Espero que os guste. ¿Próxima parada? La Gran Madre Rusia… L´Ermitage.

1- LA CAÍDA DEL HOMBRE de Hugo Van der Goes: Increíble la minuciosidad del irrepetible pintor flamenco, una demostración de técnica que tan sólo es posible de contemplar al natural. Insinuante la posición de Eva, quien ya está con su mano izquierda agarrando otra manzana del Árbol Prohibido por si la primera tentación no fuese del todo suficiente. Destaca la absoluta perfección con la que Van der Goes cubre el vello púbico de Eva, más un ejercicio de técnica pictórica que un simple elemento ambiental y estrictamente funcional. La figura del Diablo es excesivamente real, bastante desagradable, con una más que probable referencia al mundo onírico. Tabla de pequeñas dimensiones, es una de las joyas de todo el museo.

2- RETRATO DE MAXIMILIANO I de Alberto Durero: Para muchos especialistas, nos encontramos ante el mejor retrato jamás realizado por Durero. El cuadro está realizado merced a unos apuntes que el artista alemán tomó del emperador durante la Dieta de Augsburgo, en 1518, ya que en el instante de la ejecución de la obra, en 1521, el emperador ya había fallecido. La sobriedad y dignidad con la que el artista retrata al emperador son del todo encomiables, aspecto que le valió la confianza de María de Hungría, su hija y futura protectora. Los ropajes son de una exuberante exquisitez, perfectamente plasmados mediante sutiles gamas de color rojo. El emperador sostiene en su mano izquierda una granada, símbolo del poder mundial por su forma, aunque denotando la humildad en su aspecto exterior. El modelo de retrato sirvió a futuras generaciones de pintores. Obra maestra sin posible discusión.

3- JÚPITER E IO de Corregio: Con sinceridad, el cromatismo de esta bellísima pintura es motivo suficiente como para ser seleccionada en esta relación de obras pictóricas. Lo más genial de esta escena mitológica es el genial contraste entre el paño blanco donde se asienta Io y la gama de grises que encierra la nebulosa jupiterina, adoptando una forma casi humana para besar a la princesa. Las proporciones de la retratada son prodigiosas, con la inestimable habilidad del potente foco de luz que envuelve a toda la figura. Desde cualquier punto de vista compositivo — forma, disposición, luz, etc… — el cuadro es arriesgadísimo y demuestra las buenas maneras de un pintor legendario. Con vuestro permiso, este óleo me lo llevo directamente a mi casa.

4- TORRE DE BABEL de Pieter Bruegel el Viejo: Es una de las pinturas más famosas del museo, ya que ha sido objeto de ilustración en numerosas y famosas narraciones bíblicas. Existe una clarísima influencia de Patinir en lo relativo al paisaje del fondo, de lograda y conseguida gradación cromática celeste. El colorido de la obra es majestuoso y, en vivo, se puede apreciar el detallismo del pintor a la hora de plasmar las distintas actividades que se dan en los sucesivos pisos de la torre. Sin lugar a dudas, el cuadro es una inconfundible alegoría de la vanidad — vanitas vanitatum et omnia vanitas, Ecles 1, 1 – pero el autor, lejos de utilizar la imagen como un mero símbolo de esa aludida vanidad, eleva la condición artística humana hasta extremos casi censurables. La ligerísima inclinación de la torre hacia el plano derecho, según la mirada del espectador, parece pronosticar su metafórico derrumbe. Gran óleo.

5- SUSANA EN EL BAÑO de Tintoretto: Obra de claras connotaciones didácticas acerca de la acusación falsaria que caracteriza a buena parte de la sociedad a lo largo de los tiempos. Cuadro complicadísimo en su ejecución, al mostrar a la bañista Susana en un extremo de la composición y metafóricamente bañada por una luz un tanto artificiosa que resalta los distintos utensilios empleados por la joven para el acto de lavarse. El dibujo es primoroso, muy ayudado por la original toma de luz. La posición de los libidinosos ancianos, escondidos en un trabajado escorzo en la zona inferior izquierda del cuadro, nos hacen sentirnos un tanto cómplices a la hora de contemplar la escena. El estudio del color y de la luz es un claro ejemplo de las preocupaciones estilísticas de los pintores venecianos del siglo XVI. La difuminación del paisaje del fondo, genialmente resuelta en esta obra, es una de las principales aportaciones de los pintores de la Escuela Veneciana al Barroco.

6- EL BAUTISMO DE CRISTO de Guido Reni: Quizás, a primera vista, este magistral lienzo no nos llame a la atención, pero una contemplación más detallada del mismo hace que enseguida nos enamoremos del arte del pintor boloñés Guido Reni, discípulo de Domenichino. La composición, simple a primera vista, se estructura en tres planos: Uno, con Cristo y el Bautista; otro, con los ángeles como espectadores; y finalmente, el fondo paisajístico sobre cuyas nubes desciende la paloma en forma de Espíritu Santo. Pero lo más sensacional de la obra, a mi juicio, es la perfecta armonización cromática de los colores primarios de la paleta. Pocos artistas son tan valientes como para intercalar un manto rojizo entre las figuras de los dos principales protagonistas del cuadro. Obra primorosa.

7- ANGÉLICA Y EL EREMITA de Peter Paul Rubens: Hay que ser un verdadero maestro para pintar una alegoría de las tentaciones lujuriosas y otorgar el mayor protagonismo, precisamente, al objeto de dicha lujuria. La expresión del viejo al retirar la tela que cubre la desnudez de Angélica es verdaderamente alucinante, de lo mejor de todo el arte barroco del siglo XVII. La presumible “gordura” de la retratada obedece a los cánones de belleza que ya Rubens adoptó en otros cuadros de desnudos femeninos. La influencia de la Escuela Veneciana — particularmente de Tiziano — es ineludible a la hora de aplicar una pincelada rápida sobre una masa aparatosamente iluminada que contrasta con las oscuras tonalidades del fondo. La composición, en diagonal, es una buena muestra del hacer de los pintores del barroco más tardío. La cara del Demonio, contemplando con rostro desencajado la escena, imprime un conseguido valor psicológico a toda la escena. Grandioso Rubens.

8- EL REY BEBE de Jacob Jordaens: Obra que cuenta con otras conocidas réplicas en diferentes museos. Si bien Jordaens es un auténtico discípulo de Rubens a la hora de tratar el color, en este hermoso lienzo vemos como el colorido es un tanto “pasteloso”, característica muy peculiar del artista de Amberes. A Jordaens le encantaba plasmar escenas concurridas, como la del cuadro en cuestión, con esa notable influencia ya señalada de Rubens. Pero Jordaens imprime su propio sello a la hora de abordar una decoración peligrosamente recargada con unos contrastes marcadísimos y unas formas muy voluptuosas en los personajes. La escena se enmarca en un realismo auténticamente descarnado, ejemplificado en la inquietante figura de un hombre que vomita alcohol a la izquierda del lienzo. Es un cuadro que merece ser contemplado con mucho detenimiento para evitar caer en una mareante recarga escénica.

9- LA INFANTA MARGARITA de Diego Velázquez: Bueno, pongámonos de rodillas ante uno de los más geniales retratos del mejor pintor de todos los tiempos. El cuadro es un verdadero precedente del Impresionismo en la forma en como el maestro sevillano aborda la pincelada, imprecisa, rápida y creando una serie de increíbles efectos que ponen en un pedestal la teoría de la perspectiva aérea, fundamental icono y aportación de Velázquez al desarrollo de la pintura. ¿Se pueden mezclar mejor los tonos grises y platas? ¿Se puede plasmar mejor la mano derecha de la Infanta — tiene todos los colores de la paleta? ¿Se puede pintar más perfectamente un fondo y, sin embargo, frenar su protagonismo ante la visión de la verdadera protagonista del retrato? ¿Se puede reflejar mejor la expresión de angustia de una infanta condenada a casarse con un tipo al que aborrecía, Leopoldo de Austria? ¿Se puede pintar mejor? Otro cuadro que me llevo a casa. Este lo pondré en el Sancta-Sanctorum… ¡Qué prodigio!

10- ALEGORÍA DE LA PINTURA de Jan Vermeer van Delft: Ya que estábamos de rodillas analizando el anterior cuadro… ¡Sigamos, pues! Nos encontramos ante uno de los más grandiosos cuadros de uno de mis pintores más queridos, Vermeer. La melancolía que se desprende de su factura es inimitable, con un juego de luces y sombras verdaderamente asombroso. La perfección técnica del artista — lámpara, cortinaje, tapiz de fondo… — no empaña en absoluto la delicadeza y espíritu de la obra en general. Es difícil, por no decir imposible, que se establezca un diálogo tan sonoro entre la expresión de la retratada y el retratante, de espaldas al espectador. El cuadro es una cámara fotográfica, una sublime instantánea. El cuadro es puro panteísmo. Todas las cosas son Dios… Al menos, así Vermeer trató de plasmarlo. Observad de qué color es el libro que sostiene la retratada al fondo…¡Valiente y inimitable Vermeer, el Brahms de la pintura!
Las principales orquestas sinfónicas españolas (I): Orquesta Sinfónica de Madrid 6 Mayo 2009
Posted by leiter in General.3 comments

La ORQUESTA SINFÓNICA DE MADRID, fundada en 1903, está considerada como la orquesta de conciertos decana en España. El 7 de febrero de 1904 hizo su presentación dando un concierto bajo la dirección de Alonso Cordelás, aunque las desavenencias entre el director y los profesores de la orquesta hicieron que se rompiera pronto esa vinculación, causando la inmediata sustitución de Cordelás por el insigne violinista Enrique Fernández Arbós, quien dirigió su primer concierto con la Sinfónica en el Teatro Real de Madrid el 16 de abril de 1905, iniciando una relación extraordinariamente fructífera que sólo se quebró con la desaparición del maestro. No resulta nada fácil resumir la labor realizada por Arbós al frente de una formación que acabaría adoptando su propio apellido, Orquesta Sinfónica Arbós, y con la que ofreció una cifra aproximada de 1.500 conciertos. Entre los hitos de esta vinculación artística, a partir de la primera representación ya referida, podemos mencionar: Su primera salida a Barcelona, el 21 de abril de 1909; el estreno de La Procesión del Rocío de Joaquín Turina el 30 de marzo de 1913, con un éxito clamoroso que convertiría al autor en el más estrenado y repetido por la orquesta; la primera salida al extranjero, el 29 de octubre de 1913, con un concierto en el Teatro de los Campos Elíseos de París en el que intervino Pau Casals; el estreno, el 9 de abril de 1916, de Noches en los jardines de España de Manuel de Falla, con José Cubiles al piano; el estreno de Prometeo de Scriabin, el 19 de abril de 1922, con explicaciones previas de Arbós al público ejemplificadas al piano por Turina; el estreno de la extraordinaria Sinfonietta de Ernesto Halffter el 5 de abril de 1925; el estreno en el Teatro Calderón, el 23 de diciembre de 1932, de La Consagración de la primavera de Stravinski, con una magnífica expectación y una no menor respuesta; el estreno absoluto del Concierto para violín nº2 de Prokofiev, el 1 de diciembre de 1935, a cargo del violinista Soettens y con la presencia del propio Prokofiev en el Monumental Cinema… Arbós fue el introductor en España de un ingente caudal del repertorio sinfónico europeo postromántico y moderno, estrenando con sorprendente prontitud muchas partituras del siglo XX. Dirigió primeras audiciones de obras rusas, alemanas, francesas, italianas, inglesas y húngaras. Uno de sus hitos interpretativos fue la Sinfonía en re menor de César Franck. En cuanto a la música española, llevó a cabo innumerables estrenos absolutos, desde los grandes nombres del nacionalismo español — Albéniz, Bretón, Granados, Falla, Turina, Usandizaga, Guridi… — hasta los inicios de compositores que posteriormente tuvieron un gran peso específico en el panorama musical español: Esplá, Fernández Blanco, Ernesto y Rodolfo Halffter, Moreno Torroba, Remacha, Rodrigo, Solozábal… Pero la labor de Arbós, lejos de reducirse sólo a Madrid, se proyectó por toda España, incluidos los territorios insulares. Se calcula que en un cuarto de siglo de actividad — que luego se prolongaría otros siete años más — la Orquesta Sinfónica de Madrid ofreció un total de 1.358 conciertos, de los cuales 1027 fueron en provincias. Y en lo relativo a la intervención de solistas internacionales que colaboraron con Arbós, cabe mencionar a Cortot, Rubinstein (Quien siempre le estaría agradecido al maestro Arbós por el papel fundamental que tuvo para su lanzamiento como estrella del firmamento pianístico), Busoni, Gieseking, Landowska, Sarasate, Thibaud, Kreisler, Milstein, Casals, Fournier, Cassadó… Finalmente, Enrique Fernández Arbós dirigió su último concierto en Granada el 17 de junio de 1936.
Durante el transcurso de la Guerra Civil Española, la Orquesta intentó ofrecer algún concierto, pero la actividad musical era casi nula y los pocos maestros que había entonces se dedicaron a ofrecer pequeños recitales con un grupo reducido de músicos para partidos políticos y centrales sindicales. Finalizada la Guerra Civil, en 1939, la orquesta intenta retomar los conciertos, pero fue entonces cuando falleció el maestro Arbós, en junio de 1939, iniciándose un período de crisis que se vio aumentado por el fallecimiento de numerosos profesores en el frente, además del exilio político de otros muchos. La formación en 1940 de la Orquesta Nacional de España provocó que muchos músicos se pasaran a la misma, ante las buenas y fijas condiciones de trabajo que esta nueva agrupación ofrecía. Sólo unos pocos profesores se mantuvieron fieles a la Sinfónica — algunos de ellos por resultar sospechosos para el régimen — y a todos estos problemas se sumó la imposibilidad de contratar a profesores extranjeros — Europa estaba sumida en la Segunda Guerra Mundial — y al escaso número de instrumentistas disponibles para reclutar en la propia España debido a los estragos causados por la guerra. Aún así, en 1940, asume la titularidad de la misma el maestro donostiarra Enrique Jordá, músico de excelente formación y hombre extraordinariamente culto. Sus clamorosos éxitos en el Monumental de Madrid le abrieron las puertas de la Orquesta Sinfónica, aunque no acabó por integrarse del todo en el ambiente musical español, abandonando el cargo en 1945. Al año siguiente, es nombrado titular Conrado del Campo, quien tras de sí atesoraba una larga carrera como violinista y violista en las orquestas del Teatro Apolo, de la Sociedad de Conciertos, del Teatro Real y de la Capilla de Palacio. También había sido miembro fundador del Cuarteto Francés y del Quinteto de Madrid. Con una edad ya avanzada, su labor al frente de la Sinfónica, que alternó con la recién constituida Orquesta de Radio Nacional de España, se basó sobre todo en el repertorio zarzuelístico y perduró hasta 1950. Al año siguiente, fue nombrado titular el irundarra José María Franco Bordons, un músico dotado de una excepcional formación (pianista, violinista, director, compositor pedagogo y crítico) y cuya presentación como director había tenido lugar en Buenos Aires y que también había dirigido a la Orquesta de Unión Radio desde que esta formación iniciase su andadura en 1925. Su labor al frente de la Sinfónica, que abarcó hasta 1958, no fue acompañada de ese fulgor que tantas veces se revela importante a la hora de un lanzamiento en la carrera de la batuta. Merece destacarse la biografía que realizó del mítico maestro Arbós.
La actividad de la formación cambió diametralmente en 1958, cuando es contratada como orquesta titular del Teatro de la Zarzuela y alterna su actividad tanto en el foso como en el escenario. Su nuevo titular, y prácticamente director fijo a todos los efectos, fue el alicantino Vicente Spiteri, violinista y flautista que ocupó plaza como flautín en la Banda Municipal Madrileña y en la Orquesta Nacional. Hizo su presentación en el Teatro de la Zarzuela el 13 de octubre de 1958 y se mantuvo al frente de la misma hasta 1977, viendo muy mermado su horizonte musical ante la dura competencia tanto de la Orquesta Nacional como de la incipiente Sinfónica de RTVE, creada en 1965, ambas con sede también en Madrid. Por cierto, la fundación de la Sinfónica de RTVE provocó otro éxodo masivo de profesores a dicha formación, por lo que la orquesta se queda un tanto despoblada y reduce casi exclusivamente sus actividades a las representaciones del Teatro de la Zarzuela. Por estas fechas, firma un contrato con la casa discográfica HISPAVOX y realiza numerosas grabaciones de zarzuelas y óperas españolas, colección muy valorada por la crítica y los aficionados. También, desde 1971, participa en todos los montajes musicales de la famosa Antología de la Zarzuela de José Tamayo. Sin embargo, la formación empieza a resentirse por la jubilación de muchos de sus profesores y por la desidia de otros que ven como su trabajo está muy mal remunerado en relación con los colegas de otras orquestas. La calidad de la formación se resiente por ello hasta extremos realmente preocupantes. Llega la hora entonces de intentar reimpulsar la orquesta, que tras el abandono de Vicente Spiteri se mantuvo sin un director titular fijo hasta 1999.
Un momento decisivo llegó en 1981, cuando la formación firmó un contrato para atender exclusivamente las necesidades del Teatro de la Zarzuela. La orquesta se reestructuró y consiguió paulatinamente aumentar su calidad. Un hecho clave se produjo en 1985, cuando la orquesta ofreció un concierto sinfónico en el Teatro Real de Madrid bajo la dirección de Miguel Ángel Gómez Martínez en el que se interpretó una sensacional lectura de la Segunda Sinfonía de Brahms que confirmó el magnífico nivel de una orquesta casi desconocida para el público habitual de los conciertos de abono de la Orquesta Nacional y de RTVE. A todo ello, se sumó el hecho de la creación del nuevo Auditorio Nacional de Música de Madrid, un acontecimiento que permitió la nueva actividad de conciertos de la formación, circunstancia que se materializó con la firma de un contrato con la Comunidad de Madrid para la programación de un ciclo anual de conciertos en el mencionado auditorio. Pero quizás el acontecimiento más importante de la historia moderna de esta agrupación sobrevino en 1997, cuando abandona definitivamente el Teatro de la Zarzuela y se instala en el recién reinaugurado y flamante Teatro Real de Madrid como orquesta titular. En 1999, se nombra a Luis Antonio García Navarro como Director titular, a Kurt Sanderling como Director Honorario y a Cristóbal Halffter como Maestro Compositor Asociado. Además, se crea un coro lírico dependiente de la orquesta y su dirección recae en el británico Martin Merry. La labor del valenciano Luis Antonio García Navarro fue encomiable y sólo se vio fatalmente interrumpida por la desgraciada desaparición del maestro en octubre de 2001. Hombre de fuerte carácter que se crecía frente a las adversidades, como la penosa enfermedad que le estaba minando su salud, dio lo mejor de sí en los casi tres años que estuvo al frente de la agrupación, con verdaderos e irreprochables logros musicales. En su último concierto con la Sinfónica nos brindó un programa con obras de García Abril y Bruckner (La Séptima), con una magistral lectura de la partitura del inolvidable compositor austríaco. Tras el fallecimiento de Luis Antonio García Navarro, la titularidad de la Sinfónica fue asumida por el zamorano Jesús López Cobos, quien a su vez es director musical del Teatro Real de Madrid con un contrato actual estimado en un millón de euros, a sumar los aproximadamente 17.000 que percibe cada vez que empuña la batuta. La labor de López Cobos ha sido del todo positiva, si bien en los últimos años se ha producido un divorcio entre las autoridades musicales y el director que ha acabado por anunciar su marcha en la temporada de 2010. López Cobos ha declarado con cierta amargura que no tiene pensado hacer más proyectos en España… Y afirma también poca disposición anímica para los mismos. Se ha lamentado también de las dificultades que ha tenido que sufrir para llevar adelante su trabajo debido “a la improvisación de las instituciones culturales”, y ha criticado severamente el modo de trabajar en España, “un país en el que es imposible realizar proyectos a largo plazo”.
De cualquier manera, la Orquesta Sinfónica de Madrid representa un punto y aparte en la complicada y tradicional burocratización de las orquestas españolas. Su modelo es autogestionario, situación que si bien favorece un buen entendimiento general a la hora de desarrollar los trabajos, también provoca una cierta inseguridad laboral en algunos de sus profesores, muy dados a emigrar a otras orquestas de la capital que tienen un claro esquema funcionarial. Con las lógicas reservas, el modelo actual que sigue la Sinfónica de Madrid es muy parecido al de la Filarmónica de Viena (Titularidad del teatro de ópera y orquesta sinfónica de la capital). Como ejemplo, os sirvo un enlace a un vídeo con la interpretación de ciertos fragmentos de El Sombrero de tres picos de Manuel de Falla en versión del maestro Luis Izquierdo en concierto celebrado en el Auditorio de Madrid.
Con esta entrada, inauguramos un nuevo ciclo dedicado a las formaciones orquestales más relevantes de España. Por mi condición de madrileño, me he permitido el privilegio de iniciar esta serie con la Orquesta Sinfónica de Madrid, mi ciudad de nacimiento y actual residencia. Este ciclo nos parece un buen complemento a otras entradas anteriores que han versado sobre las mejores orquestas a nivel internacional y que son las siguientes:
- Las diez mejores orquestas sinfónicas
- Las mejores orquestas sinfónicas (II): División de plata
- Las mejores orquestas sinfónicas (III): División de bronce
Diez pinturas inolvidables IX (Museo Thyssen-Bornemisza) 22 Abril 2009
Posted by leiter in General.2 comments

Nos llega el turno de hacer la selección en una de las mejores colecciones de pintura del mundo, la llamada Colección Thyssen que alberga el museo del mismo nombre. Primeramente he de reconocer la dificultad que me ha supuesto elegir diez pinturas en una inmensa colección que ronda los 1.000 cuadros y que abarca todos los estilos imaginables, desde la pintura gótica hasta el Pop-Art. He intentado hacer una selección abordando la mayor faceta estilística posible y ello ha sido el motivo de que muchas obras geniales de Goya, Vermeer o Picasso se hayan quedado fuera de la misma. Ni es la mejor selección, por supuesto, ni tampoco la más ecuánime. Pero después de mucho pensarlo me he decantado por estos cuadros. Espero que os guste, especialmente a la madrina de este bar de copas, mi admirada Amalia, alma de esta serie de entradas que comenzó con una selección de El Prado para luego seguir con El Louvre, La Galería de los Uffizi, La National Gallery londinense, El Rijksmuseum de Amsterdam, El Orsay parisino, el Metropolitan de Nueva York y la Alte Pinakothek bávara. La cacareada catástrofe cósmica que amenazaba este mundo y que dio pie a estas series ha sido un camelo. Pero seguiremos en la labor de seleccionar los mejores cuadros. Con estos, ya tenemos noventa. ¿Qué tal el Kunsthistorisches vienés para la próxima entrega? Bueno, a ver qué os parece mi selección.

1- DÍPTICO DE LA ANUNCIACIÓN de Van Eyck: Catalogada como obra de Van Eyck desde 1934. La pintura está concebida como un escultural díptico trabajado en grisalla. El fondo se realizada tan magistralmente que no sólo reproduce los contornos de las figuras sino que nos muestra, en el caso de la Virgen, la parte posterior de su figura como si de un espejo se tratase. Por la posición adoptada de los protagonistas, parece como si éstos fuesen a abandonar el marco de la pintura. Los pliegues tienen una considerable dureza visual y los protagonistas reposan en peanas hexagonales. En la sala donde está actualmente expuesta esta pintura, muchos visitantes, a lo lejos, se confunden y sorprenden al descubrir que no es una escultura sino un cuadro. Tal es la asombrosa perfección técnica.

2- RETRATO DE GIOVANNA TORNABUONI de Doménico Ghirlandaio: Una de las joyas de esta fabulosa colección y uno de los retratos más elegantes de toda la historia de la pintura. Es un modelo del característico retrato florentino del Quattrocento, donde el cliente posa erguido, de perfil, con los brazos en reposo y las manos juntas. En el cuadro aparecen muchos detalles que sirven para aludir a la vida pública de la retratada, Giovanna de Tornabuoni, mujer de un conocido y rico noble florentino. La leyenda que aparece en el cuadro es un epigrama de Marcial: “¡Oh, arte, si fueses capaz de representar las costumbres y el alma no existiría en el mundo un cuadro más bello”. La belleza ideal de la retratada corresponde a los principios teóricos del Quattrocento que recogen modelos de la Antigüedad clásica y los combinan con los rasgos individuales del cuadro pintado. Este cuadro me lo llevo a mi casa. Sublime obra.

3- JOVEN CABALLERO EN UN PAISAJE de Vittore Carpaccio: Atribuido inicialmente a Durero, es uno de los cuadros más famosos del Museo y sirve para ilustrar la portada de alguna de sus guías. Al serle practicado un proceso de limpieza, en 1958, se descubrieron las inscripciones con la ficha, firma y leyenda. El detallismo y minuciosidad de la flora es verdaderamente antológico. La identificación del personaje es todo un misterio, aunque abundan las distintas conjeturas. De tratarse de un retrato, sería el primer ejemplo conocido en que el cliente posa de cuerpo entero. Hay algo de inquietante y misterioso en esta pintura y ello ha dado pie a que se interprete como un cuadro funerario, donde la flora y fauna no son sino meros símbolos alusivos a la pureza y la corrupción. De cualquier manera, el cuadro me parece prodigioso.

4- SANTA CATALINA DE ALEJANDRÍA de Caravaggio: El Thyssen tiene el lujo de contar con una de las mejores obras del maestro lombardo. Inicialmente se dudó de su autoría, pero desde 1922 es opinión unánime que la pintura pertenece al gran Caravaggio. El potentísimo claroscuro acentúa el sentido expresivo de toda la escena. La santa se nos presenta lujosamente vestida — en consonancia con su rango de princesa — y arrodillada en lo que parece un cojín de Damasco. La gama cromática de los ropajes es admirable y el juego de líneas de los distintos objetos que hacen alusión a su martirio es de una extraordinaria eficacia pictórica. Se piensa que el modelo elegido por Caravaggio fue el de una cortesana que frecuentó el círculo del artista.

5- ESAÚ VENDIENDO SU PRIMOGENITURA de Hendrick Ter Brugghen: El maestro de Utrecht está considerado como uno de los más fieles seguidores de Caravaggio y este lienzo es buena prueba de ello. Brugghen se sirve de una composición cerrada, muy habitual en el conjunto de su obra, donde los personajes se pliegan hacia el centro, espacio que queda reservado para una vela que constituye el único foco de luz y que contornea los perfiles y cuerpos de los personajes con un intenso juego de claroscuros. Las manos de los personajes adquieren un relevante protagonismo y son todo un monumento de expresividad. En cuanto a la gama cromática, es muy arriesgada (Marrones, verdes, violetas…) pero admirablemente resuelta por el pintor. Extraordinario cuadro que, con vuestro permiso, también me llevo a casa.

6- INTERIOR DE UNA MUJER COSIENDO Y UN NIÑO de Pieter de Hooch: Pese a que el museo cuenta con algún que otro ejemplar de mi venerado Vermeer, he decidido incluir esta preciosa obra de Hooch, muy característica de la pintura holandesa del siglo XVII y que, indefectiblemente, nos recuerda al inmortal pintor de Delft. El cuadro es un ejemplo típico de la pintura interiorista holandesa de la época y nos permite asomarnos a una escena cotidiana de la incipiente burguesía de aquel momento. La mirada de la mujer hacia el chico es de un lirismo irreprochable, aunque, a mi juicio, lo mejor de la tela es el magistral detallismo que envuelve a todo el cuadro. El espacio se crea, de forma verdaderamente sublime, por el juego de luces, el enlosado del suelo y la puerta que da acceso a una habitación que se deja entrever a la derecha. Este lienzo me eriza el vello. Obra maestra sin posible discusión.

7- MAÑANA DE PASCUA de Caspar Friedrich: Yo siento decirlo, pero es que a mí este pintor me pone a cien… La sensación religiosa de unos árboles que están echando yemas junto a la mera contemplación de los brotes del campo que han sobrevivido al invierno es verdaderamente mística. Tres mujeres caminan hacia el cementerio por la mañana muy temprano, cuando aún no ha amanecido del todo y la luna permanece todavía alta en el firmamento. ¿Se puede ser más genialmente simbólico? Nunca se ha expresado un sentimiento tan religioso sin recurrir al tradicional repertorio de imágenes directamente alusivas. El cuadro es un prodigio interpretativo de la vida y la otra vida después de la muerte. Hay una clara referencia a la resurrección y el silencio del cuadro es tan patéticamente doloroso como esperanzador. Genial Caspar David Friedrich.

8- LA CALLE SAINT-HONORÉ (EFECTO DE LLUVIA) de Camille Pisarro: Este portentoso lienzo es uno más de la serie que entre 1897 y 1898 pintó Pisarro desde la ventana del hotel parisino situada en la Place du Théâtre de Paris. Este modelo pictórico de vista urbana ya había quedado anteriormente establecido por Monet en sus lienzos del Boulevard des Capucines. La escena es de primera hora de la tarde, después de un chaparrón lluvioso, como así se advierte en los numerosos paraguas abiertos de los personajes que caminan por las calles. El delicado punto de vista consigue que la composición tenga un aire fortuito, en consonancia con las aspiraciones impresionistas de pintar realidades. El cuadro significa un excepcional ejemplo de relación entre la modernización urbana de París emprendida por Napoleón III y la nueva pintura impresionista.

9- CANAL DU MIDI de Henry Matisse: La pintura es completamente neoimpresionista, con marcados empastados y fuertes tonos lumínicos. Matisse no superpone los colores y emplea el gris claro para amplias zonas del fondo, actuando como tono neutro que permite la plasmación de los carmines y naranjas de la puesta de sol. El cuadro forma parte de una serie que Matisse pintó entre 1898 y 1899 y que se corresponde con la estancia del artista en Toulouse tras una temporada vivida en Córcega. El cartón supone una de las primeras aproximaciones del autor a la luz y el color, aunque en absoluto es naturalista y revela, en mayor medida, el subjetivismo cromático que unos años más tarde caracterizará a todo el movimiento fauvista. En este cuadro empezamos a atisbar al grandísimo Matisse.

10- MUJER EN EL BAÑO de Roy Lichtenstein: Los años sesenta supusieron el abandono del expresionismo abstracto y la llegada de una nueva corriente artística, el Pop Art. Lichtenstein, al igual que Warhol, empieza a fijarse en los objetos cotidianos, en los anuncios comerciales y en todo aquel producto propio de una sociedad de consumo en relación con la bonanza económica experimentada en esa década. En este impresionante lienzo — nada que ver su observación al natural con las ilustraciones al uso — Lichtenstein aplica la llamada técnica Benday de puntos, la misma con la que se imprimían entonces los cómics y que establece una conexión entre el arte y la cultura popular. Este cuadro, pintado en 1963, presenta un tema recurrente en la historia de la pintura — Baño de Venus — aunque con una imagen muy habitual de los artistas Pop. La pintura está realizada con unos elementales cromatismos de colores primarios aplicados con la ya referida técnica Benday. El resultado es verdaderamente espectacular; he llegado a estar parado frente a esta obra maestra durante media hora. Y mi asombro cada día es mayor.