Poco – Rose of Cimarron 4 Noviembre 2009
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Entre este enlace y este otro han pasado ya muchos años…
Lo cierto es que Rose of Cimarron es una de esas canciones que jamás se olvidan, una joya del Country que, con independencia de estilos o corrientes, ha sobrevivido al paso de los años manteniendo esa frescura incomparable que la colocan entre las selectas canciones que ya no sólo marcan una época, sino que además debe formar parte de cualquier discoteca ideal que se pretenda realizar con los mayores éxitos de la industria musical y mucho más ahora, cuando están de moda todo tipo de recopilaciones, algunas de más que dudoso gusto.
Rose of Cimarron es una canción perteneciente al homónimo y undécimo álbum editado por la banda creada en 1968 por Richie Furay y Jim Messina, Poco, una formación que pasó por múltiples avatares, con continuas salidas y entradas de músicos, y a la que dichos fundadores ya no pertenecían cuando en 1976 el grupo sacó a la luz este inolvidable trabajo. El quinteto principal de artistas que grabaron Rose of Cimarron estaba formado por Rusty Young (No es el hermano del canadiense Neil Young, como erróneamente se ha llegado a afirmar en alguna publicación) Paul Cotton, Timothy Schmit, George Grantham y Al Garth, aunque éste último abandonó la formación poco tiempo después. Una de las peculiaridades de Rose of Cimarron es que, pese a presentar un inconfundible sabor a música country, está arreglada tomando ciertos préstamos del llamado Rock progresivo, muy evidentes en el desarrollo de la canción y sobre todo en su grandioso giro final. Ciertamente, esta pretendida e insólita fusión resulta realmente extraordinaria.
Una breve introducción a cargo de la acústica (Tónica-dominante-subdominante-tónica) presenta el esquema armónico principal de la balada, luego enriquecido por el resto de instrumentos acústicos en una sosegada e inconfundible atmósfera country. El solista declama el tema principal de manera amable, cercana y muy directa. Dicho tema es respondido con una nueva estrofa que se balancea entre los tonos mayor y menor para conectar directamente con el tema principal. En la nueva exposición, los coros y arreglos de cuerda adquieren mayor protagonismo, embelleciendo el tema con un gusto exquisito. El tema B aparece ahora de forma cadenciosa, con breves interrupciones o rubatos que consiguen otorgar un inestimable efecto que evita que la canción se recargue en exceso. En la tercera repetición, el tema principal presenta incluso un asomo de contracanto en los coros y prepara el gran giro final, precedido por cadencias de guitarra e intervenciones del solista en una octava más alta. El clímax final se ve nuevamente escoltado por los punteos de guitarra y demás intervenciones de instrumentos (Armónica y banjo) que se van desvaneciendo en una atmósfera acrisolada, muy bien construida. Un arreglo de auténtica categoría para una canción que, sin lugar a dudas, es una verdadera obra maestra.
Ahí os dejo la letra y su traducción:
Roll along, roll on
Rose of Cimarron;
dusty days are gone
Rose of Cimarron.
Shadows touch the sand and look to see who is standing,
waiting at your window, watching will they ever show?
Can you hear them calling? You know they have fallen on
campfires cold and dark and never see a spark burn bright.
Roll along, roll on
Rose of Cimarron;
dusty days are gone
Rose of Cimarron.
Trails that brought them home echo names they have known,
four days high and lonely coming to you only;
You are the one they had turn to, the only one they knew who had do
all her best to be around when the chips were down.
Hearts like yours belong
following the dawn
wrapped up in a song
Rose of Cimarron.
——————–
Rueda, sigue tu curso
Rosa de Cimarrón.
Los días de polvo han llegado
Rosa de Cimarrón.
Las sombras palpan la arena e intentan ver quién permanece de pie,
esperando en tu ventana, ¿Observarás lo que ellas quizás muestren?
¿Puedes oírlas invocar? Se sabe que ellas han caído sobre
campos de fuego fríos y oscuros y que nunca ven una chispa de brillo candente.
Rueda, sigue tu curso
Rosa de Cimarrón.
Los días de polvo han llegado
Rosa de Cimarrón.
Estelas que llevaron a casa los ecos de nombres que tú has conocido,
cuatro días llegando altas y amorosas sólo para tí;
eres el único al que ellas querían cambiar, el único al que ellas querían dar
lo mejor para viajar cuando las astillas hayan caído.
Corazones como el tuyo corresponden
para seguir el amanecer
arropado en una canción
Rosa de Cimarrón
Joan Manuel Serrat – Mediterráneo 7 Octubre 2009
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Ya sea en la celebración de concursos o eventos musicales; ya sea en las recopilaciones discográficas de las mejores canciones y baladas; la inmensa mayoría de profesionales de la música, incluidos críticos, arreglistas, productores, compositores… Coinciden en que Mediterráneo de Joan Manuel Serrat es la mejor canción compuesta en la historia de la música pop española. Pese a sus casi cuarenta años de existencia, Mediterráneo nos sigue pareciendo hoy en día una canción eternamente joven, directa, sensual, poética y, en especial, deliciosamente fresca, a semejanza con las aguas del mar que dan nombre a la misma. En muy pocas ocasiones un nexo físico de unión — que han vertido en ti cien pueblos, de Algeciras a Estambul — de gentes y culturas diversas, como lo es el antiguamente denominado Mare Nostrum, ha protagonizado el núcleo central de una canción que podemos catalogar, sin temor a equivocarnos, como una verdadera obra de arte. Pero Mediterráneo no es tan solo una bella música compuesta e interpretada por uno de los más grandes cantautores españoles, Joan Manuel Serrat, sino que además encierra en su letra un maravilloso poema que bien podría llevar la firma de alguno de los más afamados autores de la lírica española de cualquier época. Este sensacional binomio de letra y música ha hecho posible que Mediterráneo sea una composición que trasciende incluso lo meramente legendario para circunscribirse de lleno en el ámbito de lo sagrado o mítico.
A pesar de la leyenda que ha rodeado siempre el proceso mediante el cual se gestó esta inolvidable canción, lo realmente cierto es que la misma fue compuesta en algún momento concreto entre agosto y noviembre de 1970. Un año después, el LP Mediterráneo saldría a la luz y se colocaría durante casi un año en la lista de los discos más vendidos, amén de varias semanas en el privilegiado puesto de honor. Los arreglos del disco fueron debidos a Juan Carlos Calderón, Gian Piero Reverberi y al director de orquesta Antoni Ros-Marbá. El disco fue editado por la casa Zafiro-Novola. Nunca se ha podido determinar con precisión el número total de copias del disco vendidas debido a la inexistencia real y auténtica de datos relativos a las mismas con anterioridad a 1980.
La canción se arma sobre una base rítmica en 3/4 con un breve e insistente motivo ligeramente sincopado. La estructura es de tipo binario, con un tema principal expuesto en tono menor que va modulando a mayor con unos acertados tránsitos armónicos para retomar de nuevo al modo menor y enlazar con la siguiente estrofa mediante la prolongación de la nota dominante por parte del solista. Tras un chispeante arpegio, se procede con el segundo tema, íntimamente ligado en estructura y armonía con el precedente, tras el que aparece el estribillo. La reexposición de todo el componente temático es similar, con la ingeniosa idea de ligar la última nota del solista con el motivo rítmico que sirve de armazón a la canción. La pieza está primorosamente arreglada — magistral el uso dado a los teclados — y presenta un fondo de cuerdas que logra transmitir la sensación inconfundible de la refrescante brisa mediterránea. La canción discurre con tal facilidad que, llegado el final, parece como si nos hubiera resultado más breve y fugaz de lo que en realidad es. Obra maestra del género, ahí os dejo la letra.
Quizás porque mi niñez
sigue jugando en tu playa
y escondido tras las cañas
duerme mi primer amor,
llevo tu luz y tu olor
por dondequiera que vaya,
y amontonado en tu arena
guardo amor, juegos y penas.
Yo… Que en la piel tengo el sabor
amargo del llanto eterno,
que han vertido en ti cien pueblos
de Algeciras a Estambul
para que pintes de azul
sus largas noches de invierno.
A fuerza de desventuras
tu alma es profunda y oscura.
A tus atardeceres rojos
se acostumbraron mis ojos
como el recodo al camino.
Soy cantor, soy embustero,
me gusta el juego y el vino,
tengo alma de marinero.
¿Qué le voy a hacer, si yo
nací en el Mediterráneo?
Y te acercas y te vas
después de besar mi aldea.
Jugando con la marea
te vas pensando en volver,
eres como una mujer
perfumadita de brea
que se añora y que se quiere
que se conoce y se teme.
Ay… Si un día para mi mal
viene a buscarme la parca.
Empujad al mar mi barca
con un levante otoñal
y dejad que el temporal
desguace sus alas blancas.
Y a mí enterradme sin duelo
entre la playa y el cielo…
En la ladera de un monte
más alto que el horizonte
quiero tener buena vista.
Mi cuerpo será camino,
le daré verde a los pinos
y amarillo a la genista.
Cerca del mar porque yo
nací en el mediterráneo.
Shakira – La pared 12 Agosto 2009
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Desde su aparición en el firmamento del espectáculo, hace ya más de una década, la carrera y proyección internacional de la bella cantante colombiana Shakira ha sido imparable, con más de cincuenta millones de discos vendidos desde entonces a lo largo y ancho del mundo. Tres factores, primordialmente, han contribuido sobremanera a ese fabuloso éxito: De una parte, Shakira interpreta unos temas generalmente frescos, con unos ritmos pegadizos y fáciles de asimilar por cualquier persona; por otra parte, la cantante demuestra una arrolladora fuerza sobre los escenarios, circunstancia que conlleva que sus conciertos en vivo sean tanto un acontecimiento musical como meramente visual; y, por último, la peculiar coloratura de su voz, siendo capaz de utilizar un amplio registro vocal mediante el que consigue diferentes timbres de voz según proyecte notas agudas o graves. Su personalidad en el escenario es indiscutible, al igual que la desgarradora carga emocional que fácilmente logra transmitir a un público generalmente enardecido.
Shakira no es posiblemente mi modelo ideal de cantante — aunque reconozco que su belleza salvaje me cautiva — pero he de asumir que es una artista dotada de un gancho irresistible, una verdadera fuerza de la naturaleza. Muchos han sido sus éxitos desde que en 1995 editó el primero de sus grandes trabajos, ¿Dónde estás corazón?, una solitaria canción que incluía un disco recopilatorio de canciones colombianas de diferentes artistas. Pero yo me quedo con una balada que me parece extraordinaria, La pared, todo un cántico de amor declarado que la artista de Barranquilla interpreta con un profundo y conmovedor sentimiento. La canción posee todos los ingredientes de una clásica balada, a saber, una letra descriptiva y apasionada, unas melodías suaves y contrastadas, y un acompañamiento ligero que en la versión que os dejo en el vídeo de enlace se basa exclusivamente en el piano. La pieza pertenece al álbum Fijación Oral Vol. 1, presentado en junio de 2005 y que desde entonces ha superado la increíble cifra de más de cuatro millones de ejemplares vendidos. En el CD existe además otra versión de la misma canción, siendo la que aquí comentamos hoy la conocida como “versión acústica”.
El piano presenta la base rítmica sobre la que se ha de sustentar la melodía principal mediante la repetición de un simple motivo en su escala natural y en la octava inferior correspondiente. El tema tiene una sencilla construcción binaria en la que la segunda frase, descendente y sincopada, prepara el estribillo. Dicho tema es elegante y tiernamente melancólico, con amplios intervalos que parecen querer aprovechar las cualidades interpretativas de Shakira. Tras una repetición de todo este material temático, el piano despliega unos acordes en tresillo que van a servir para que la artista despliegue una lograda exhibición vocal que da buena cuenta de sus cualidades líricas y de su preciso sentido de la afinación. Nueva repetición del estribillo y conclusión, quizás un tanto mejorable. Es de justicia señalar la extraordinaria ejecución del pianista, muy bien acoplado a la solista en todo momento.
Ahí os dejo la letra
Eres como una predicción de las buenas.
Eres como una dosis alta en las venas.
Y el deseo gira en espiral
porque mi amor por ti es total
y es para siempre.
Después de ti la pared,
no me faltes nunca,
debajo el asfalto
y más abajo estaría yo.
Después de ti la pared,
no me faltes nunca,
debajo el asfalto
y más abajo estaría yo…
Sin ti
Eres la enfermedad y el enfermero.
Y ya me has convertido en tu perro faldero.
Sabes que sin ti
ya yo no soy.
Sabes que a dónde vayas voy…
Naturalmente.
Después de ti la pared,
no me faltes nunca,
debajo el asfalto
y más abajo estaría yo
Después de ti la pared,
no me faltes nunca,
debajo el asfalto
y más abajo estaría yo…
Sin ti
Víctor Manuel – Por el camino de Mieres 29 Julio 2009
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Decantarse por un tema en concreto dentro de la extensísima lista de éxitos que ha cosechado el cantante asturiano Víctor Manuel a lo largo de su carrera no es tarea nada fácil. Más de treinta álbumes, aparte de numerosos sencillos en sus comienzos y de algunos otros trabajos extraordinarios, cimentan la carrera de uno de los mejores autores de la llamada música moderna en España. Además, su unión, tanto sentimental como artística, con otra figura de la canción como es Ana Belén ha dado como fruto muchas y muy interesantes propuestas que han logrado superar el rentable ámbito de las giras de conciertos. Víctor Manuel es un cantante cercano y a la vez distante; no posee la fibra sensible de un Serrat, la complicidad directísima de un Sabina o el intimismo trascendente de un Aute, por poner unos comparativos ejemplos. Pero aúna, en muy buena medida, las mejores características de los más grandes cantautores de la música española, con ese toque un tanto tímido e introspectivo que otorga a sus obras. Gustos aparte, nadie puede poner en duda que Víctor Manuel, a día de hoy, ocupa por derecho propio un lugar más que privilegiado en la historia de la música ligera española.
Tras mucho pensarlo, me he decidido por la que considero una de las mejores canciones de su extensa discografía, Por el camino de Mieres, perteneciente al álbum Por el Camino, un trabajo que vio la luz en 1983 y que cuenta con grandes y conocidos temas, como ¡Déjame en paz!, Bailarina o Asturias, una de sus canciones baluartes. Pero Por el camino de Mieres también hace referencia a su siempre presente tierra asturiana. No obstante, el autor nació en Mieres del Camino, una de las localidades mineras más emblemáticas de toda la región astur. La canción es una joya a nivel compositivo que cuenta con una pequeña orquesta clásica de cuerda extraordinariamente adaptada a un estilo que a veces puede parecer tan antagónico. La obra es un tanto melancólica y desconsolada, con claras alusiones a la vida minera y a las cotidianas preocupaciones por un amor supuestamente incomprendido.
Una melodía, aparentemente en tono mayor y que servirá posteriormente como base para el estribillo central, es dulcemente expuesta por la orquesta de cuerda, modulando en breves transiciones a modo menor mediante unos bellos intervalos armónicos en terceras y su correspondiente inversión en sextas; con ello se prepara el pórtico de introducción en el acorde menor de dominante para que el solista entone el tema principal sustentado en la tónica, cadencioso, ligado y de resonancias claramente asturianas, que se ve acompañado rítmicamente por los acordes de la guitarra en la inicial exposición. El siguiente enunciado del tema va escoltado por una cuerda que parece querer imprimir un contracanto en pianissimo. Tras esa repetición, sobreviene el estribillo marcadamente acentuado por los acordes graves de las cuerdas, cerrando dicho pasaje con repetidas notas en tresillo. A continuación, surge un solitario pasaje en la cuerda que va a desarrollar el tema principal de forma lacónicamente expresiva para desembocar de nuevo en el solista vocal, quien, a modo de recapitulación, vuelve a entonar el tema principal, esta vez modulado a un intervalo de tercera superior. Doble repetición del estribillo y conclusión en el registro agudo de la cuerda sobre nota dominante.
A mí me encanta y fascina esta canción. Ahí os dejo su letra.
Por el camino de Mieres,
entre aldeas y montañas,
junto al puente de la perra,
puedo verme en la distancia.
Río muerto ¡cuánto diera!
por clarear tus negras aguas.
Por el camino de Mieres
un carbonero cantaba:
¿por qué dices que me quieres
y si falto no me extrañas?
Si en mi corazón mandara
no me robaras el alma.
Señor San Xuan
ya en la foguera
non hay que quemar.
Viva la danza
y los que en ella están.
Por el camino de Mieres
ya no me despierta al alba
el run run del tren de chapa,
la sirena de la fábrica.
No dejaron ni migajas
de los años de abundancia.
Silvio Rodríguez – Ojalá 8 Julio 2009
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Junto con Pablo Milanés y Noel Nicola, el cantautor cubano Silvio Rodríguez fue uno de los creadores de la llamada Nova Trova Cubana, movimiento artístico surgido a raíz de un concierto ofrecido por estos tres cantantes en febrero de 1968 en la Casa de las Américas, si bien el grupo no se constituyó oficialmente en 1972 en la ciudad de Manzanillo. Dicho movimiento se caracterizaba por un fuerte compromiso político con los movimientos revolucionarios de signo manifiestamente izquierdista que se estaban dando por Iberoamérica en aquellos tiempos. También fue un claro intento de fusionar las raíces de la música popular con las corrientes innovadoras de las nuevas tendencias, dando lugar a una serie de creaciones de enorme fuerza expresiva, con textos de factura elaborada y en donde muchas obras poéticas de artistas contemporáneos son musicalizadas con gran acierto y estableciéndose una estimable vinculación entre los poetas y los trovadores.
Silvio Rodríguez es un cantante fuera de serie y de un talento incuestionable. Su voz es aguda, con un timbre algo metálico aunque frágil, pero muy lejos de ser cálida ni pretendidamente seductora. Y eso, que para otros muchos artistas sería casi un defecto, para Silvio es todo un carisma personal cimentado, además, en una sinceridad y honestidad creativa de la que pocos artistas pueden presumir. Para acceder a su público Silvio no necesita de intermediarios previos, sino que se presenta tal y como es, dando de lado cualquier superficial apariencia que pueda desvirtuar ese extraño atractivo con el que logra seducir a su fiel audiencia. La única duda que puede plantearse es saber si Silvio es un poeta que canta o, más bien, un compositor que se sirve de la propia musicalidad de la poesía. De todos sus grandísimos éxitos, páginas inolvidables del género musical de los cantautores, he decidido quedarme con una de sus mejores piezas, Ojalá, incluida en el álbum Al final de este viaje una de sus incuestionables cimas creativas. La historia del proceso compositivo de este álbum es bien jugosa: En 1969, Silvio se enroló en un buque pesquero de la marina cubana, navegando durante cinco meses por las costas del Océano Atlántico. A lo largo de ese periplo compuso un total de 62 canciones que posteriormente editaría en distintos álbumes, entre ellas, Ojalá. En 1976, después de combatir en la guerra de Angola como miembro enrolado de las Brigadas Internacionales Cubanas, hace una breve gira por España, en donde con tan sólo dos sesiones de grabación y únicamente acompañado por su inseparable guitarra, consigue dar luz a uno de sus mejores trabajos, Al final de este viaje. El disco carece de arreglos y adornos, con lo que se muestra directo y entrañablemente cercano.
Ojalá es una joya lírica desarrollada sobre unas notas en la guitarra que parecen desarrollar una serie de arpegios cromáticos. El contenido melódico es de una riqueza extraordinaria, de frases largas y estupendamente ligadas con un gusto compositivo encomiable. Las transiciones entre las dos principales secuencias temáticas están impecablemente ensambladas y Silvio Rodríguez se resuelve como un verdadero maestro a la hora de entonar y acoplar el persistente ritmo de la guitarra, aspecto que no es tan sencillo como parece. Las notas finales en la guitarra, a modo de coda, demuestran una gran lucidez e inventiva compositiva por parte del autor. La canción, tanto por letra, musicalidad e interpretación, es una verdadera obra maestra del género. O, al menos, es lo que a mí me parece.
Ahí os dejo la letra:
Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan
para que no las puedas convertir en cristal.
Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo.
Ojalá que la luna pueda salir sin ti.
Ojalá que la tierra no te bese los pasos.
Ojalá se te acabe la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones:
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.
Ojalá que la aurora no de gritos que caigan en mi espalda.
Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz.
Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado.
Ojalá que el deseo se vaya tras de ti,
a tu viejo gobierno de difuntos y flores.
Ojalá se te acabe la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones:
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.
Antonio Vega – El sitio de mi recreo 24 Junio 2009
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El pasado 12 de mayo nos despertamos con una de las más luctuosas noticias artísticas del año: Antonio Vega Tallés, compositor y antiguo componente de la mítica banda Nacha Pop, nos abandonaba para siempre tras perder su pulso con un maldito cáncer de pulmón que arrastraba desde tiempo atrás. Con su desaparición, la música pop española pierde a uno de sus mayores referentes, una figura contrastada y respetada por todos cuyo mayor mérito fue el de dotar de un maravilloso y sincero intimismo a sus canciones, verdaderas derroches de poesía y sensibilidad.
De 1978 a 1988, junto con su primo Nacho García Vega, formó parte de la mítica banda Nacha Pop, uno de los mejores grupos de la llamada movida madrileña. Fruto de aquellos años, seis álbumes vieron la luz (además de dos recopilatorios) pero la canción emblemática del grupo siempre fue Chica de ayer — perteneciente al primer disco homónimo del grupo (1980) y compuesta por el propio Antonio Vega — considerada hoy y de manera unánime como el himno oficial de aquellos inolvidables años que vivió la música madrileña. Tras la disolución de Nacha Pop, Antonio Vega prosiguió su carrera en solitario. En 1992 publicó un interesante trabajo, El sitio de mi recreo, un recopilatorio de sus mejores baladas entre las que se destaca la canción que hoy comentamos. Sin embargo, dos años después, dicho tema fue arreglado en una nueva versión que apareció en uno de los discos más polémicos publicados por Antonio Vega, Océano de sol, un trabajo que contó con la colaboración — muy criticada por Antonio Vega — del ex-guitarrista de Roxy Music, Phil Manzanera.
El sitio de mi recreo es posiblemente la mejor canción compuesta por Antonio Vega. La aparente sencillez de la línea melódica — un simple tema sustentado sobre la base de la guitarra acústica — se transforma en un extraordinario discurso que modula constantemente de modo mayor a menor, con una derivación del estribillo a un recurrente salto de cuarta que logra mantener el equilibrio general de la canción. Dicha economía de medios no es óbice para que la pieza adquiera un componente nostálgico de certeras connotaciones melancólicas, muy apoyadas en la propia escenificación de un vídeo donde afloran las imágenes de un “tiempo pasado” que, no sabemos si fue mejor, pero que sí dibuja un trazo sugerentemente ensoñador. El gato negro que sale en las distintas tomas es clavado a mi querido Winston…
La letra de la canción, íntima y decididamente poética, es diáfana y no resulta en absoluto difícil de asimilar. El autor nos transmite sus sensaciones de forma directa y sin ningún complejo excluyente. Ahí os dejo la misma.
Donde nos llevó la imaginación,
donde con los ojos cerrados
se divisan infinitos campos.
Donde se creó la primera luz
junto a la semilla de cielo azul
volveré a ese lugar donde nací.
De sol, espiga y deseo
son sus manos en mi pelo,
de nieve, huracán y abismos,
el sitio de mi recreo.
Viento que a su murmullo parece hablar
mueve el mundo con gracia, la ves bailar
y con él, el escenario de mi hogar.
Mar, bandeja de plata, mar infernal
es su temperamento natural,
poco o nada cuesta ser uno más.
De sol, espiga y deseo…
Silencio, brisa y cordura
dan aliento a mi locura,
hay nieve, hay fuego, hay deseo,
ahí donde me recreo.
Hace relativamente poco, estuve compartiendo en LA FLAUTA unas copas con Carlos Moraleda, un buen amigo y un excepcional compositor, alma mater del grupo revelación este año en Madrid, EL JARDÍN DE MARÍA. Advertí que Carlos, un hombre que jamás ha ocultado su admiración por Antonio Vega, se encontraba especialmente sensible con la terrible noticia del fallecimiento de Antonio. Fueron unas dos horas en las que Carlos se confesó artísticamente con quien esto escribe y, dado el interés de sus declaraciones, considero conveniente hacer un resumen de las mismas.
–”Leiter” – me comenta Carlos dando giros imposibles al vaso de whisky – “Tenía compradas las entradas del último concierto que iba a dar Antonio en Madrid el 8 de Mayo (en la sala Imperio Pop, en el mismo escenario en el que yo había estado tocando escasos dos meses antes), al que teníamos previsto asistir mi hermano Javier Moraleda, el famoso dramaturgo Lastra y alguna de sus acompañante. Cuando se aproximaba la fecha, Manolo Tena me dijo: “No te hagas ilusiones, Carlos. Antonio no va a ofrecer ese concierto; está en la UCI. Esperamos que se recupere y salga pronto, pero el viernes no habrá concierto” Lamentablemente, poco después de la suspensión del concierto, el 12 de Mayo de 2009 falleció.”
Carlos se enciende un pitillo y dirige su mirada hacia el fondo de la barra: –”¿Te acuerdas, Leiter, de la magnífica impresión que te produjo la audición de Antonio Vega que te ofrecí una tarde en la terraza del ático de mi casa? No sé, macho, pero vi como te emocionabas… Bueno, la verdad es que ibas un poco cargadito de copas… ¡Como todos! Te soy sincero, Leiter: Antonio Vega ha sido probablemente uno de los artistas que más me ha influido, a mí y a muchos. Es un maestro. Te voy a contar algo muy personal, Leiter: Recuerdo un día que estaba yo en Mallorca de vacaciones con Vanesa y nos enteramos de que Antonio Vega iba a ofrecer un recital al aire libre al que finalmente asistimos. Pese a que había mucha gente, pero no muy aglomerada, nos fue fácil ponernos en primera fila. En un momento del concierto, Vanesa se va a por bebidas, y mientras no estaba ella dice Antonio por el micro mientras sujetaba un vaso de plástico –”¿Quién quiere una cerveza?”– Levanté el brazo y le dije “Yo…” Fui el único en contestar y Antonio se agachó y le dijo al de seguridad “Esta cerveza es para ese chico”. A los tres minutos vuelve Vanesa con la bebida y me dice, “Pero… ¿Cómo has conseguido esa cerveza?” a lo que contesté ”Me ha invitado Antonio Vega”. Claro que ella no se creía nada de nada por lo extraño de la situación mientras que yo le repetía con toda tranquilidad y como si fuera lo mas normal del mundo, “Que si, joer que te estoy diciendo que me ha invitado Antonio”. Mientras, unos fans de al lado que escuchaban con mucha atención nuestra conversación y se quedaban alucinados por mi frialdad al contar de donde salió la cerveza, no resistieron callarse y saltaron “¡Qué es verdad, qué es verdad, qué se la ha dado Antonio Vega!”. Luego continuó el concierto y seguimos de buen rollo interactuando con él entre canción y canción; le dije que la chica que estaba a mi lado era mi novia, que cuidado con lo que dijera, y en la siguiente pausa entre canción y canción me preguntó también de buen rollo y con sonrisa cómplice “¿Qué pasa, eres tú de los que pega fuerte?”. Pues así de cachondeo entre los tres durante todo el concierto”–
Carlos, animado por los felices recuerdos, me agarra del brazo y me suelta: –”Leiter, tienes que hacerme un favor: Hay una canción de Antonio que me fascina, que me parece casi hipnótica, Una décima de segundo. Quiero cantarla sólo con acompañamiento al piano y quiero que tú seas el pianista…”– Intento esquivar la sugerencia con alusiones del tipo: “Ya estoy viejo, Carlos; los dedos ya no me responden como antes; yo vengo de la música clásica y este estilo no es mi especialidad… “. Pero no consigo frenar la obsesiva idea de Carlos: –”¡Y una mierda, tío! Acuérdate del pasado verano; improvisamos un tema aquí, en La FLAUTA, y la poca gente que ya quedaba a esas horas se quedó alucinada con tu manera de tocar… Aunque no te lo creas, ya aún recuerdo esa improvisación. Tengo el tema en mente y quiero darle forma. Pero necesito tu colaboración, claro…”–
Carlos sigue hablando del piano y de Antonio Vega: –”Durante más de un año, cuando estaba en el instituto, programé mi cadena musical para despertarme a las 7 de la mañana con una de sus canciones, Desordenada Habitación, que empieza con una introducción de piano y a continuación dice “Despierta ya, mira que luz…”. Es una pasada. En el concierto del 30 de Mayo en Joey, le dediqué una canción, Y la melodía suena. Creo que era la mejor que le podía dedicar, habla de las personas con manifestaciones artísticas que han marcado y cambiado la vida de los demás haciéndolas ver que no todo se basa en la rutina de sus vidas, si no que hay otras cosas también. Es una canción que habla de Antonio y otros muchos, y reconozco que cuando la compuse él estaba presente en mi mente e influyó en la manera de componerla, seguro; por eso se la dediqué y se la dedico. Además, te cuento algo: Una de las canciones de El Jardín de María, hasta ahora inédita, se llama Canciones Mojadas, compuesta ya hace muchos años, y el puente hacia el estribillo dice:
“Con las ganas y frescura que le dije a Javier,
con la técnica artesana que aprendí de Andrés,
con la voz inconfundible del escurridizo Miguel.
Antonio me invitó a la cerveza de la sensibilidad,
y Manolo a su Marylin particular”
Ya puedes imaginar que Javier es Andreu; Andrés es Calamaro; Miguel es Ríos; Antonio es Vega y Manolo es Tena…”–
Carlos y yo nos despedimos con la intención de vernos de nuevo a no mucho tardar. A la salida, tras unos pasos enfilando la calle Alcántara de madrugada, la voz de Carlos me advierte a lo lejos: –”¡Leiter, vete ensayando Una décima de segundo… Tenemos que interpretarla juntos…!”–
Nacho Cano – Vivimos siempre juntos 3 Junio 2009
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Nacho Cano ha sido y es uno de los compositores más influyentes y peculiares de la música española en las últimas tres décadas. Ya como miembro de Mecano, uno de los grupos más emblemáticos de la historia del pop español, se resolvió como un superdotado para todo lo relacionado con los sintetizadores electrónicos. De esta forma, muchos de los éxitos de aquel inolvidable grupo se debieron a su buen hacer como arreglista y como compositor de los temas exclusivamente instrumentales, como Boda en Londres, ¿Dónde está el país de las hadas? o Por la cara. Las desavenencias surgidas en la relación con su propio hermano, José María, acabaron por disolver aquel mítico grupo que logró vender una cifra estimada de 25 millones de discos a lo largo de sus casi veinte años de andadura. Con posterioridad, Nacho Cano ha seguido ligado al mundo de la música de una manera polifacética, bien como compositor o arreglista, bien como editor o productor.
En 1996, un par de años antes de que se consumase una ruptura que ya entonces parecía del todo inevitable, Nacho Cano sacó a la luz su segundo álbum en solitario, El lado femenino, un disco compuesto para narrar historias desde el punto de vista exclusivamente femenino. Para ello contó con la colaboración de varias voces femeninas, seleccionadas expresamente para la grabación de este trabajo, entre las que destacó especialmente la de Mercedes Ferrer, antigua componente del grupo La llave. Mercedes se encargó de poner la voz a dos de las canciones de aquel álbum, Planeta de los hombres, y la sensacional Vivimos siempre juntos que hoy comentamos en esta sección. Esta sensual pieza es un cántico amoroso con inconfundible atmósfera idealista y algo ensoñadora. La canción está magníficamente arreglada y es una muestra del buen hacer de Nacho Cano como compositor y arreglista.
El tema principal, expuesto al unísono por la voz solista y el piano desde el mismo arranque, está en modo mayor y es suave, tranquilo y decididamente simple en su construcción. Pero lo que realmente le da realce es el exquisito timbre de voz de Mercedes Ferrer en una interpretación mucho más complicada de lo que a primera escucha puede parecer debido a que la ejecución requiere de un amplio registro vocal. A la tercera entrada, la frase modula a tono menor con un arriesgado salto de octava, volviendo a activarse el modo mayor tras dos acordes de transición. Y así, vuelta a empezar de nuevo. La aparente monotonía melódica se evita mediante recursos como la adición de efectos sintetizados, el silencio de la voz solista y las fugaces interrupciones del discurso melódico. Estas coloraturas, unidas a la propia textura de una melodía muy equilibrada y clara, evitan que la canción se recargue peligrosamente debido a la constante reiteración temática. Por su parte, la interpretación de Mercedes Ferrer nos parece estupenda, con un bello matiz en su timbre sonoro.
Ahí os dejo la letra:
Llenamos el caldero de risas y salero,
con trajes de caricias rellenamos el ropero.
Hicimos el aliño de sueños y de niños,
pintamos en el cielo la bandera del cariño.
Las cosas se complican,
si el afecto se limita a los momentos de pasión.
Subimos la montaña de riñas y batallas,
vencimos al orgullo sopesando las palabras.
Pasamos por los puentes de celos y de historias,
prohibimos a la mente confundirse con
memorias.
Nadamos por las olas de la inercia y la rutina,
con la ayuda del amor.
Vivimos siempre juntos, y moriremos juntos,
allá donde vayamos seguirán nuestros asuntos.
No te sueltes la mano que el viaje es infinito,
y yo cuido que el viento no despeine tu flequillo,
y llegará el momento
que las almas se confundan en un mismo corazón.
Enya – Orinoco Flow 13 Mayo 2009
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La cantante irlandesa Enya, cuyo verdadero nombre es Eithne Patricia Ní Bhraonáín, comenzó componiendo bandas sonoras para películas con un éxito más bien moderado. No obstante, en 1987 recibe una oferta de la BBC para escribir la música de un documental titulado Los Celtas. Aquella idea contribuyó a que se editase su primer LP, Enya, que fue un completo éxito en Inglaterra y los EEUU, lanzándola definitivamente al estrellato artístico. Pero fue al año siguiente donde consiguió el unánime reconocimiento internacional debido al lanzamiento de su LP Watermarks, un disco extraordinariamente bien trabajado y que contaba con canciones escritas en gaélico e incluso en latín. A pesar de que la cantante nunca lo consideró así, el disco es una buena muestra del movimiento New Age, una vía creativa caracterizada por el misticismo y la espiritualidad. De aquel sensacional trabajo sobresalía una canción que dio la vuelta al mundo por su extraordinario arreglo y nivel compositivo, Orinoco flow, tema que con frecuencia es confundido con otro llamado Sail away debido a que utiliza esta misma frase en el estribillo.
La canción, en 4/4 y con unas acentuadas síncopas, se abre con un original y ostinato ritmo que imita el pizzicato de una sección de cuerdas orquestales. Sobre el mismo, se instala una melodía sinuosa con un motivo estructurado en pregunta-respuesta. La sensación armónica de coro pinta de manera un tanto exótica esta peculiar coloratura. Tras unas repetidas y breves entonaciones sobre acorde menor de subdominante, bellamente decoradas con imitaciones en arpegio de los teclados, una nota sostenida da paso al estribillo — Sail away — modulado sobre tónica mayor y que se engarza perfectamente al ritmo anterior, interaccionando incluso con el mismo, en un logrado efecto compositivo. La sección central nos ofrece un nuevo motivo rítmicamente ligado al tema del estribillo, partiendo del tono menor para ir a desembocar en mayor y dar nuevamente paso al referido estribillo. La canción, aunque parece un poco artificial en una primera audición, está ingeniosamente estructurada y los ya mencionados efectos de pizzicatti otorgan una atmósfera muy sensual a la misma. Los arreglos, muy bien acometidos, consiguen crear un misterioso y envolvente efecto que logra cautivar al oyente.
Enya es una cantante que compone y produce sus propias obras, siendo por ello investida Doctora Honoris Causa en Música por la Universidad de Galway. Además, no ofrece conciertos y sus trabajos creativos salen siempre al mercado en el formato EP. Vive recluida en su castillo de Manderley, en el condado de Dublín, y mantiene un absoluto celo en lo referido a su vida privada. Ahí os dejo la letra de la canción y su traducción.
Let me sail, let me sail,
let the Orinoco flow,
Let me reach, let me beach
On the shores of Tripoli.
Let me sail, let me sail,
Let me crash upon your shore,
Let me reach, let me beach
Far beyond the Yellow Sea.
From Bissau to Palau – in the shade of Avalon,
From Fiji to Tiree and the Isles of Ebony,
From Peru to Cebu hear the power of Babylon,
From Bali to Cali – far beneath the Coral Sea.
From the North to the South,
Ebudc into Khartoum,
From the deep sea of Clouds
To the island of the moon,
Carry me on the waves
To the lands I’ve never been,
Carry me on the waves
To the lands I’ve never seen.
We can sail, we can sail…
We can steer, we can near
With Rob Dickins at the wheel,
We can sigh, say goodbye
Ross and his dependencies
We can sail, we can sail…
—————————————
Déjame navegar, déjame navegar,
deja fluir al Orinoco,
déjame alcanzar, déjame arribar
en las costas de Trípoli.
Déjame navegar, déjame navegar,
déjame chocar con tu costa,
déjame alcanzar, déjame arribar
más allá del Mar Amarillo.
De Bissau a Palau – En la sombra de Avalón,
de Fiji a Tiree y las Islas de Ébano,
de Perú a Cebú escuchando el poder de Babilonia,
de Bali a Cali – Por debajo del Mar de Coral.
Desde el Norte hasta el Sur,
Ebudae hacia Khartoum,
desde el profundo mar de nubes,
a la isla de la Luna,
llévame en las olas
a las tierras donde nunca he estado,
llévame en las olas
a las tierras que nunca he visto.
Podemos dirigir, podemos acercarnos,
con Rob Dickins en la rueda,
podemos suspirar, decir adiós
a Ross y sus dependencias,
podemos navegar, podemos navegar…
Luz Casal – No me importa nada 29 Abril 2009
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Gallega de nacimiento y asturiana de adopción, Luz Casal es una de las mejores voces que ha dado la música española en los últimos treinta años. Ya desde su primer gran éxito, El ascensor, canción con indiscutibles ritmos de reggae, la artista daba muestras de un talento musical del todo encomiable. Fueron estos primeros años dedicados a un tipo de música más rockera, como lo prueban sus colaboraciones y giras con grupos como Leño o el propio Miguel Ríos. Aparte, Luz Casal destacó por ser una de las pocas artistas que parecían triunfar lejos de nuestras fronteras y en lugares tan insólitos como en la Checoslovaquia de mediados de los ochenta. Poco a poco, Luz se va despojando de su faceta más rockera y adopta un estilo más personal e íntimo, resolviéndose como una excepcional intérprete de baladas. Pero el verdadero aldabonazo le llega en 1989 con la edición de su disco LUZ V, primer trabajo fruto de la colaboración con el sello Hispavox, un LP que se vendió como rosquillas y en el que destacaban un buen puñado de canciones, entre ellas la inolvidable balada No me importa nada, una de sus mejores canciones a lo largo de toda su trayectoria. En 2007, afortunadamente, la artista superó un cáncer de mama y de esa convalecencia sacó un disco con claras referencias a su enfermedad y posterior tratamiento, Vida tóxica. Tenemos la absoluta certeza de que Luz Casal todavía nos tiene que ofrecer mucha y buena música.
No me importa nada es una hermosísima balada que hace referencia al hartazgo que produce una relación sentimental que se agota sin remedio. Una brevísima cadencia de la guitarra, subrayada por una sostenida pandereta, da paso a la introducción en la que la misma guitarra, aparte de armar el valiosísimo componente rítmico de la canción, nos anticipa fugazmente el desarrollo armónico de la misma. El bellísimo timbre de voz de Luz Casal nos expone los dos motivos principales – Tú juegas a quererme y no me importa nada — preciosamente coloreados con unas cromáticas apoyaturas propias del blues. La segunda sección de la balada es un lógico desarrollo del segundo motivo, que hace las veces de estrofa, con unas transiciones moduladas muy efectivas que equilibran extraordinariamente el discurso melódico. Tras esta exposición, originalmente cantada en la dominante, la guitarra recoge el testigo melódico que no es sino una prolongación rítmica sobre la base en la que se apoya toda la composición y que, como ya hemos señalado, supone el armazón fundamental de la pieza. Nueva reexposición temática y recapitulación final sobre unas notas de la guitarra que dan sensación de cierta improvisación.
El resultado se traduce en una canción deliciosamente fresca, magníficamente ensamblada y que evita en todo momento los contrastes rítmicos, manteniendo una línea de tempo similar, algo que no es tan fácil como aparentemente parece. En mi opinión, se trata de una de las mejores canciones de Luz Casal y la que posee un arreglo más trabajado. Ahí os dejo la letra.
Tú juegas a quererme,
yo juego a que te creas que te quiero.
Buscando una coartada,
me das una pasión que yo no espero
y no me importa nada.
Tú juega a engañarme,
yo juego a que te creas que te creo,
escucho tus bobadas
acerca del amor y del deseo
y no me importa nada, nada
que rías o sueñes
que digas o que hagas
y no me importa nada
por mucho que me empeñe
estoy jugando y no me importa nada.
Tú juegas a tenerme,
yo juego a que te creas que me tienes
serena y confiada
invento las palabras que te hieren,
y no me importa nada.
Tú juegas a olvidarme
yo juego a que te creas que me importa,
conozco la jugada
sé manejarme en las distancias cortas
y no me importa nada, nada
que rías o sueñes
que digas o que hagas
y no me importa nada…
Sting – Fields of gold 1 Abril 2009
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Sting es un cantante cuya carrera en solitario ha tenido tanto o más éxito que su período inicial como solista y cantante de uno de los mejores grupos que haya dado jamás el pop británico, The Police. Ya diez años antes, en 1983, nos sorprendió con una de las mayores joyas musicales del grupo escrita exclusivamente por él, la célebre Every breath you take, una balada rítmica y sinuosa que se convirtió desde su estreno en una de las piezas emblemáticas de toda una generación. El éxito de The Police fue tan arrollador como su efímera existencia, publicando la banda su último trabajo en 1983, Synchronicity, aunque con una fugaz vuelta tres años más tarde para grabar un disco recopilatorio de sus mejores singles tras un concierto efectuado en el Live Aid. Tras esta etapa, Sting emprendió su carrera en solitario y en 1993 editó su cuarto álbum de estudio, Ten Summoner´s Tales, donde toca temas de amor de una manera mucho más optimista que en su anterior trabajo, The Soul Cages, un disco en memoria de su fallecido padre. De todos los cortes de de Ten Summoner´s Tales sobresalía especialmente la pista nº3, Fields of gold, una de las más conseguidas y extraordinarias composiciones de Sting, una canción que destacaba además por su sencilllez constructiva. Sin embargo, fue al año siguiente, en 1994, cuando en un nuevo álbum, Fields of Good: The Best of Sting 1984-1994, volvía a aparecer esta preciosa canción, reelaborada con un arreglo prodigioso.
Fields of Gold es una enigmática y serenísima canción donde la figura cuasi fantasmagórica de Sting en el vídeo que os dejo de enlace parece querer darnos a entender a un hombre cuyo tiempo se está agotando y que suplica a su amante que, en un futuro, le recuerde en unos imaginarios campos de oro donde ellos pasaron juntos toda su existencia. La canción, en 4/4, comienza con la breve pulsación de la dominante en una escala menor sobre un fondo plano de cuerdas donde la guitarra Ovation emite breves pinceladas a modo de ligeros destellos. Es digno de resaltar el cromatismo empleado en todo momento en la cortina musical de las cuerdas en pianissimo, recurso que dotará a la composición de un marcado acento melancólico. Nada más intervenir el solista, el modo modula a mayor y ya no se abandonará en todo el resto de la pieza, con lo que el anteriormente mencionado cromatismo de la base de cuerdas adquiere un especial relieve en lo relativo a la estructuración armónica de la canción, sencilla pero elegantemente desarrollada y con un gusto musical irreprochable. El tema principal, subdividido en dos frases similares de cuatro compases cada una, es respondido al final de cada período por un saxo sopranino (Muy sintetizado con el timbre de un clarinete) que nos evoca un breve y lejano motivo de fuertes connotaciones bretonas (Similar al empleo de una gaita). Tras la incorporación de un nuevo tema, apoyado sobre la nota dominante, la guitarra retoma la estrofa principal con un maravilloso toque de profundidad y nostalgia, en base a la suavidad sonora del fondo de cuerdas. Una nueva exposición vocal y la canción concluye plácidamente con la equilibrada reiteración de unos dulces acordes finales (Do – Mi – Fa – Mi…)
Fields of Gold es una de esas inolvidables canciones que nos hacen reflexionar en la intimidad. Hace más o menos un año, paseaba un domingo por la tarde con mi perro Pepito cuando escuché esta pieza por los auriculares. Se me nublaron los ojos y aún no sé el motivo. Además, durante el verano pasado, tuve unas extrañas pesadillas en las que recuerdo perfectamente como esta misma música hacía de banda sonora en mis oníricas visiones. Quizás esta canción tenga algún tipo de mensaje oculto; quién sabe…
Ahí os dejo la letra y su traducción:
You’ll remember me when the west wind moves
upon the fields of barley.
You’ll forget the sun in his jealous sky
as we walk in fields of gold.
So she took her love for to gaze awhile
upon the fields of barley.
In his arms she fell as her hair came down
among the fields of gold.
Will you stay with me, will you be my love
among the fields of barley?
We’ll forget the sun in his jealous sky
as we lie in fields of gold.
See the west wind move like a lover so
upon the fields of barley.
Feel her body rise when you kiss her mouth
among the fields of gold.
I never made promises lightly
and there have been some that I’ve broken
but I swear in the days still left…
We’ll walk in fields of gold,
we’ll walk in fields of gold
Many years have passed since those summer days
among the fields of barley.
See the children run as the sun goes down
among the fields of gold.
You’ll remember me when the west wind moves
upon the fields of barley
You can tell the sun in his jealous sky
when we walked in fields of gold,
when we walked in fields of gold,
when we walked in fields of gold.
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Recordarás cuando el viento del oeste sople
sobre los campos de cebada.
Olvidarás el sol en su celoso cielo
mientras caminamos en campos de oro.
Así que ella tomó a su amor
para mirarlo un momento
sobre los campos de cebada.
En sus brazos cayó con su pelo suelto
entre los campos de oro.
¿Te quedarás conmigo
entre los campos de cebada?
Olvidaremos el sol en su celoso cielo
mientras caminamos en campos de oro
Mira el viento moverse como un enamorado
sobre los campos de cebada.
Siente su cuerpo elevarse cuando besas su boca
entre los campos de oro.
Nunca hago promesas a la ligera
y hay algunas que he roto.
Pero juro por los días que me quedan
que caminaremos en campos de oro,
caminaremos en campos de oro
Muchos días han pasado desde esos días de verano
entre los campos de cebada.
Veo a los niños correr mientas el sol se va
entre los campos de oro.
Me recordarás cuando el viento del oeste sople
sobre los campos de cebada.
Puedes notar al sol en el cielo celoso
cuando caminamos por los campos de oro,
cuando caminamos por los campos de oro,
cuando caminamos por los campos de oro.