Marcha al suplicio – Cuarto movimiento de la Sinfonía fantástica de Berlioz 6 Noviembre 2009
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- PINCHAS STEINBERG con la Orquesta Sinfónica de la NHK de Tokio: Versión del director israelí nacido en 1945 y que ha dirigido en calidad de invitado a las principales agrupaciones orquestales del mundo. Steinberg fue asimismo titular de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Viena entre 1989 y 1986 y de la Orquesta de la Suisse Romande entre 2002 y 2005. Actualmente colabora con distintas agrupaciones norteamericanas, como la Sinfónica de Dallas y la Sinfónica de Cincinnati y es, además, un reconocido director de ópera. La versión es cuidadosa y bien tratada, en líneas generales, aunque observamos un punto un tanto aséptico en la interpretación. (La fanfarria de trompetas resulta un tanto sosa). De igual manera, la transición hasta el primer estallido orquestal adolece de cierta precipitación. Se perciben ciertos desequilibrios de tempi en algunas fases y la dinámica sonora de los acordes finales es francamente mejorable. La orquesta cumple con su papel de manera notable y demuestra un nivel técnico encomiable, aunque el sonido resulte un tanto metálico en comparación con otras formaciones europeas de primerísimo nivel. Versión para andar por casa, aceptable.

- NICOLAS KRAUZE con la Orquesta Filarmónica de Budapest: Nicolas Krauze es un jovencísimo director francés que ha desarrollado buena parte de su formación musical en el Conservatorio de Moscú, siendo alumno de Gennady Cherkassov y de Edward Ambartsourtnian entre otros directores. Aparte de dirigir en calidad de invitado a las principales agrupaciones de su Francia natal, Krauze ha seguido colaborando con muchas formaciones de Rusia y del este de Europa. Es principal director y co-fundador de la Orquesta de Cámara de la Nueva Europa y ha dirigido más de cien representaciones operísticas en diversos escenarios europeos. Por su parte, la Orquesta Filarmónica de Budapest, fundada en 1853 por Ferenc Erkel, pasa por ser la más ilustre y antigua de las orquestas húngaras. Sus miembros son reclutados entre los mejores profesores de la Ópera de Budapest. A pesar de que la toma sonora — y visual – del vídeo es más bien mediocre, podemos extraer algunas conclusiones: Versión bastante precipitada, en principio, con evidentes desajustes en su primera parte. Observamos también como las dinámicas sonoras son muy mejorables, algo que se confirma con ese tono precipitado al que hemos aludido. Sin embargo, el desarrollo hacia el primer estallido sonoro está muy bien perfilado, mucho mejor que en la anterior versión. La segunda parte se acelera en exceso, aunque esto puede resultar casi beneficioso para la partitura, según se mire. Muy bien atacados los acordes finales, con más fuerza y vigor que en la versión precedente. Versión algo nerviosa pero que deja entrever aceptables maneras. Aprobado alto. No puedo juzgar a la orquesta por la discreta toma sonora.

- ARKADY LEYTUSH con la Orquesta Sinfónica Nacional de Ucrania: La crítica afirma que el ruso Arkady Leytush es un director en “la gran tradición rusa”, con interpretaciones plenas de dinamismo que suelen hacer las delicias de las audiencias. En otras palabras, que resulta en ocasiones un tanto excéntrico. Realizó sus estudios en los Conservatorios Glinka y Mussorgsky y fue alumno de Rozhdenstvenski y de Kondrashin. Pese a haber dirigido numerosas formaciones de Europa Oriental en calidad de invitado, su carrera se ha centrado principalmente en los EEUU, donde tiene un inmejorable cartel. Actualmente es el Director Invitado Principal de la Orquesta Sinfónica Nacional de Ucrania y el Director Musical del Festival de Yalta. Asimismo, es profesor de dirección y orquestación en el Conservatorio de Long Island — ha realizado numerosas transcripciones y orquestaciones de música instrumental — y director invitado de la Orquesta Sinfónica de New Jersey. Por su parte, la Orquesta Sinfónica Nacional de Ucrania fue fundada en 1931 y es una de las mayores instituciones culturales de Ucrania. Volodymyr Sheiko es su actual titular. En cuanto a la versión, aunque la toma del vídeo tampoco es buena, podemos comentar lo siguiente: La interpretación es muy potente aunque se aprecian numerosas descompensaciones, especialmente en la percusión. La fanfarria de trompetas está muy bien expuesta, con sabios manejos en la dirección, y el primer estallido orquestal es realmente soberbio, con magníficas variaciones de tempi. Extraordinario el clarinete en los instantes previos al “golpe de guillotina” y precipitado final, muy acelerado, que no termina de convencerme. Buen nivel orquestal y versión más que interesante en líneas generales.

- CHARLES DUTOIT con la Orquesta Sinfónica de la NHK de Tokio. De nuevo la NHK — para una mayor información sobre esta orquesta, remitimos a nuestra entrada sobre las diez mejores orquestas del mundo: División de bronce. Charles Dutoit es un director suizo (Lausana 1936) que estudió con Charles Munch, Alceo Galliera y, en menor medida, con el gran Ansermet. Ha sido director musical de la Orquesta Sinfónica de Berna y de la Sinfónica de Radio Zurich. Más tarde asumió la titularidad de la prestigiosa Tonhalle de Zurich, de la Orquesta Nacional de México y de la Orquesta Sinfónica de Goteborg. Un paso definitivo en su carrera fue su prolongado paso por la Orquesta Sinfónica de Montreal, a la que elevó a sus mayores cotas artísticas. Fue asimismo director musical de la Orquesta Sinfónica de la NHK de Tokio y es director principal — con carácter transitorio – de la Orquesta de Filadelfia. La versión de Dutoit presenta un extraordinario equilibrio y es cuidadosa y detallista al máximo, con unas dinámicas sonoras del todo logradas. La ejecución es correctísima aunque parece faltarle una pizca de emoción. Sensacional desarrollo previo al primer estallido orquestal (Portentosamente dirigido), genial clarinete solista y estupenda conclusión. La orquesta — particularmente metales y percusión — suena admirablemente bien y mucho tiene que ver Dutoit en ello. Versión notable muy cercana al sobresaliente.

- SIR COLIN DAVIS con miembros de la Julliard Orchestra y de la Royal Academy of Music. En esta versión, perteneciente a una ejecución de los Proms londinenses de 2005, Sir Colin Davis dirige una orquesta de jóvenes reclutados entre las dos instituciones anteriormente mencionadas. Davis siempre ha sido un director polémico, capaz de lo mejor y de lo peor. Sus limitaciones al piano condicionaron en buena medida su trayectoria como director, pero en numerosas ocasiones se ha resuelto como un maestro de excelsa categoría. Es, sin duda, el mayor especialista de Berlioz en el mundo y, gracias a su labor, el compositor francés vivió un nuevo renacer durante la segunda mitad del siglo XX. La versión que aquí escuchamos, con las dificultades que supone dirigir una orquesta tan ecléctica, es de auténtica categoría. Magnífica introducción, de precisas dinámicas, que facilita que todos los instrumentos de la orquestas adquieran su merecido protagonismo (Sublimes los fagots). Davis ejecuta en esta versión la obligada repetición que culmina con el prodigioso estallido orquestal, perfectamente construido y armonizado, con geniales oscilaciones de tempi. Brillantísimo final (Estupendo también el clarinete solista), donde Davis nos da toda una lección de cómo se ha de dirigir una orquesta. Sensacional la respuesta del conjunto orquestal. Versión de referencia, de sobresaliente cum laude. (El vídeo prosigue con el arranque del último movimiento)

- NOAM ZUR con la Orquesta Filarmónica de Israel: Nacido en 1981, el jovencísimo director israelí – posee también la nacionalidad alemana –Noam Zur es uno de los maestros con mayor proyección en el panorama actual de la dirección orquestal. A su edad ha participado con gran éxito en los principales concursos de dirección del planeta y en 2005 debutó con la prestigiosa Orquesta Filarmónica de Israel y con la Ópera de Heidelberg. En 2006, Pierre Boulez le eligió como asistente de la Orquesta del Festival de Lucerna y entre 2005 y 2007 fue el Principal Director Residente de la Ópera de Heidelberg, institución donde llevó a cabo numerosas representaciones. Actualmente, es asistente de la Joven Orquesta Filarmónica de Israel, cantera de la formación principal. La versión — muy amplificada de sonido en el vídeo — está construida con gran precisión y conocimiento, presentando una gran fuerza y nervio. Al igual que Colin Davis, el maestro israelí realiza la obligada repetición. La fanfarria de trompetas suena de maravilla y el paso al primer estallido orquestal es para valientes, arriesgando con una dinámica sonora muy alta y derramando una extraordinaria personalidad sobre el podio. Gran sucesión de acordes finales, con un estupendo sentido del tempo. La orquesta responde a lo que se le presupone, dada su categoría, pese a ciertos desajustes iniciales. Muy buena versión, de notable alto.

- DANIEL BARENBOIM con la West-Eastern Divan Orchestra: De Barenboim como director poco tenemos que comentar. Para unos, es un genio que consigue trasladar su extraordinaria sensibilidad pianística a la orquesta. Para otros, es un director mediocre. Para quien esto escribe, es un director convincente, en líneas generales, aunque no está a la altura de los grandes nombres de siempre. Pero si algo ha distinguido siempre al maestro Barenboim ha sido su compromiso por cualquier iniciativa enfocada hacia la paz entre los pueblos tradicionalmente enfrentados. Y buen ejemplo de ello es la West-Eastern Divan Orchestra, un proyecto ideado en 1999 que incorpora a jóvenes músicos palestinos, árabes e israelíes. En 2002, la formación se instaló en Sevilla — algunos músicos españoles se incorporaron a la misma — y desde allí preparan las giras mundiales. Daniel Barenboim nos ofrece una elegante versión — extraordinaria toma de sonido del vídeo — en lo que todo obedece a la pulcritud con que el maestro aborda la partitura. El tempo es un poco más acelerado que en versiones precedentes y se advierte una gran soltura en el discurso. El estilo directorial de Barenboim es algo tosco, con extrañas indicaciones y con esa manía de no desabrocharse el botón de la americana. (O, mejor dicho, de no utilizar una más acorde con su talla…). Pero la música, que es de lo que se trata, suena extraordinariamente bien. Conseguidísimo el pasaje de las fanfarrias, del primer estallido orquestal (Aunque un trombón resbala) y de la brillante coda, en la que Barenboim se saca de la manga un gradual crescendo de logrado efecto, una buena muestra de su natural predisposición a la elegancia. La orquesta responde a las mil maravillas. Versión cercana al sobresaliente.

- CHARLES MUNCH con la Orquesta Sinfónica de Boston: Histórica grabación de uno de los mejores intérpretes de Berlioz de todos los tiempos y uno de los más geniales directores de mediados del siglo XX. El director francés (Nació en Estrasburgo cuando dicha ciudad estaba bajo administración alemana) realizó además una extraordinaria labor como titular de la Boston Symphony entre 1949 y 1962. Reconozco que esto de comparar versiones resulta un tanto subjetivo: Algunas nos gustan más que otras y ya está. Pero, en ocasiones, con independencia de gustos particulares, existen versiones de auténtica antología que no admiten discusión. Y ésta de Munch es una de ellas, guste o no: Munch nos envuelve en una misteriosa atmósfera, lograda como ningún otro, para presentar el tema principal con un sorprendente dinamismo. La claridad de la ejecución es pasmosa y el estilo de Munch es prodigioso, creando diversos efectos a lo largo de la interpretación (En eso consiste realmente la lectura de la obra). El virtuosismo de la orquesta resulta encomiable ante la vivacidad exigida por el maestro Munch. Versión de absoluta referencia. Insuperable.
Por último, esta curiosa versión. Por favor, no os burléis de los pobres chicos. Son estudiantes y hacen todo lo que buenamente pueden. Además, la composición del grupo orquestal es más reducida, con lo que los fallos se advierten más.
Obertura de LAS BODAS DE FÍGARO de Wolfgang Amadeus Mozart 9 Octubre 2009
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- John Eliot Gardiner con los English Baroque Soloists: Magnífica y cristalina versión — con instrumentos originales — la de Gardiner y sus chicos de la English Baroque Soloists, formación fundada en 1968 y que obtuvo su actual denominación 10 años después. La versión se corresponde con una producción de dicha ópera mozartiana efectuada en el parisino Teatro del Châtelet. Además, Gardiner, una de las mayores personalidades musicales británicas del momento, fundó en 1990 la conocida Orchestre Révolutionnaire et Romantique con la que nos ha brindado versiones de absoluta referencia dentro del panorama compositivo del siglo XIX. En esta versión, inmejorable en cuanto a tempi y dinámica sonora, podemos escuchar a un Mozart muy cercano y ameno, con un desarrollo de la partitura francamente extraordinario. Da gusto ver como los profesores de la orquesta se comprometen totalmente con la partitura y disfrutan con la ejecución. Lo que más me ha llamado la atención es la sensacional línea interpretativa de Gardiner, buscando y encontrando la jovialidad de una pieza musical maravillosa que, pese a su corta duración, está entre las creaciones más geniales de Mozart. A mi juicio, la versión es sobresaliente, destacando la claridad interpretativa y la veracidad en una partitura inolvidable. ¡Bravo, maestro Gardiner!

- Simon Rattle con la Orquesta Filarmónica de Berlín: Versión diametralmente opuesta a la anterior e interpretada por el actual y polémico director titular de la Filarmónica de Berlín, una de las tres mejores orquestas del mundo. La ejecución… Me parece desproporcionada y poco convincente. Observo un cierto desequilibrio general a la hora de abordar la partitura, con unos golpes de timbal que llegan a asustar y que, posiblemente, sean magnificados debido a la deficiente calidad del vídeo del enlace. El segundo tema principal de la obertura resulta un tanto soso y penosamente ralentizado en tempo, aunque Rattle se nos muestre entusiasmado en su concepción gestual. La orquesta, brillantísima, parece no acabar de entender la versión que propone Rattle, muy encasillada en el concepto interpretativo romántico que desvirtúa por completo la partitura. (No acabo de entender el intento del director británico por tratar de interpretar a Mozart a la manera de Beethoven). La recapitulación carece de alegría y frescura, y el crescendo final adolece de una precipitación que considero contraproducente, aumentando la dinámica sonora en apenas un compás y no gradualmente. No me gusta esta versión. Creo, y pido disculpas si mi opinión resulta un tanto polémica, que al maestro Rattle le viene muy grande la Berliner Philharmoniker. Esta prodigiosa orquesta merece otro director titular aunque no olvidemos que fueron los propios profesores de la formación los que eligieron democráticamente a Rattle para el cargo.

- Dean Anderson con la Orquesta de Cámara de la Ciudad de Rose: La Rose City Chamber Orchestra fue fundada en 1998 por un grupo de músicos en Portland, Estado de Oregón, EEUU, disconformes con la actividad musical del estado noroccidental norteamericano, mayormente centralizada en la Orquesta Sinfónica de Oregón. Su primer concierto fue dirigido por Tim Hankevich, a la sazón colaborador de la mencionada Orquesta Sinfónica de Oregón y actual director asistente de la Orquesta Sinfónica de Kansas City. La orquesta presenta la particularidad de ser completamente autogestionaria, teniendo todos y cada uno de los profesores su voz y voto para tomar las decisiones que afectan al conjunto. La agrupación carece de director titular y para concierto invita a un director diferente, llegándose a dar la circunstancia de que tocar sin director en algunas actuaciones. Por su parte, Dean Anderson es un emergente director norteamericano cuya formación musical llevó a cabo en la Universidad de Missouri, graduándose en violín y dirección. Ha dirigido numerosas orquestas norteamericanas en calidad de invitado y en la actualidad es el director titular de la Orquesta Sinfónica de Orange County. Es uno de los directores americanos más prometedores del momento, como así se puede apreciar en esta más que correctísima versión de la obertura mozartiana que podemos contemplar en el vídeo del enlace. Obviamente, la calidad de la orquesta deja mucho que desear — las cuerdas gritan — y bastante tiene el joven maestro Anderson con ofrecernos una versión ortodoxa y sin ninguna alegre concesión de cara a la galería. Versión correcta — aunque algo sosa — de un director al que no se le puede pedir más, de momento. Su planteamiento, aún con las lógicas y consecuentes limitaciones, me parece mucho más congruente que el de Rattle. Aprobado alto.

- Michael Charles Clark con la Orchestra 1791: En este vídeo podemos escuchar la alegre interpretación de Charles Clark, director australiano que realizó sus estudios musicales en el Conservatorio de Sydney y posteriormente amplió en Londres su formación. Hombre musicalmente polifacético, ha dirigido en países como Bulgaria, República Checa, Polonia y Suiza. Apasionado por la ópera, ha colaborado en algunos teatros alemanes (Bremen y Pforzheim) y ha llegado a ser director musical del Sydney Mozart Players. En esta versión, observamos a un Clark muy poco ortodoxo en sus peculiares formas de dirección — parece que lleva un sable en vez de una batuta — y la grabación tiene mucho de “comercial”. Aún así, la ejecución no es censurable y la obertura se desarrolla con limpieza y alegría, aunque con cierto amaneramiento en la resolución del segundo tema. El crescendo final está correctamente edificado y la orquesta suena aceptablemente bien. (De veras, no dejo de sonreír ante los extraños modos de dirección de Clark). Versión para andar por casa y no complicarse la vida.

- James Levine con la Orquesta del Metropolitan de Nueva York: Primeramente, hemos de aclarar que en el vídeo no se nos ofrece información alguna sobre la orquesta, aunque intuyo que se trata de la Orquesta del Teatro de Ópera del Metropolitan de Nueva York, institución de la que Levine es su director musical desde 1976 en una prolongada trayectoria que resulta francamente admirable. Bajo la dirección de Levine, el Metropolitan se ha convertido en una de las mejores y principales instituciones operísticas del mundo, con una orquesta realmente sensacional. En esta versión, de auténtica categoría, vemos el gran dominio de Levine a la hora de abordar la obertura. La orquesta suena de maravilla — enorme la madera y la cuerda grave — y Levine disfruta como un niño con una ejecución desenfadada y pulcra en la que destacan las admirables y cuidadísimas transiciones entre los distintos temas. Extraordinaria matización y prodigioso crescendo final. Versión de absoluta referencia. ¡Qué bien que se lo pasa Levine dirigiendo esta obra!

- Edo de Waart con la Orquesta Filarmónica de la Radio Holandesa: Antiguo oboísta de la Royal Concertgebouw Orchestra, Edo de Waart es una de las máximas figuras del panorama musical de los Países Bajos. Ha sido director musical de la Orquesta Sinfónica de San Francisco y principal director de la Orquesta de Minnesota. También fue el director asistente de la Royal Concertgebouw en los tiempos en que dicha formación estuvo tutelada por Bernard Haitink. En la actualidad, Edo de Waart es director artístico de la Orquesta Filarmónica de Hong-Kong y director musical de la Orquesta de Milwaukee, aparte de ser director laureado de la Orquesta Filarmónica de la Radio Holandesa. Por su parte, la Orquesta Filarmónica de la Radio Holandesa fue fundada en 1945 por Albert van Raalte y ha contado con la titularidad de directores como el propio Edo de Waart (1989-2004), Paul van Kempen, Bernard Haitink o Sergiu Comissiona. Su actual director titular es Jaap van Zweden. Después de la prestigiosa Royal Concertgebouw, la Filarmónica es la orquesta holandesa de mayor relieve. En este vídeo nos encontramos con una grandiosa ejecución de la obertura mozartiana, cuidada hasta el último detalle — maravilloso el pianissimo de los primeros compases — y con gran equilibrio de tempi y masas sonoras. La pulcritud, elegancia y seguridad de Edo de Waart se corresponde con un portentoso sonido de la orquesta. Excelente versión.
- Mariss Jansons con la Orquesta Filarmónica de Viena: ¡Agarrémonos que vienen curvas! La versión se debe a uno de los tradicionales Conciertos de Año Nuevo — concretamente el de 2006 — celebrados en la mítica Musikverein de Viena. He de confesar que soy un declarado entusiasta de Jansons, a mi juicio, uno de los mejores directores de la actualidad. La ejecución que nos ofrece de la obertura mozartiana es valiente, firme y con unos extraordinarios contrastes en lo que a dinámica sonora se refiere. Los tempi son decididamente vivaces y la orquesta suena de escándalo (Es la mejor orquesta del mundo con diferencia). El último tema, antes de la recapitulación, es un prodigio de trazo y delicadeza, difícilmente superable. La conclusión, genialmente matizada, es de manual de dirección. Gran Jansons… Pero, claro, con esta orquesta todo parece más fácil. (¡Qué maderas! ¡Qué cuerda! ¡Qué trompas…! ¡Demonios! Me he puesto a dirigir con un bolígrafo frente a la pantalla del ordenador…). A pesar de ser una lectura indudablemente romántica considero que la versión es de lujo. La Wiener Philharmoniker es Patrimonio de la Humanidad.

- Nikolaus Harnoncourt con la Orquesta del Festival de Salzburgo: En este vídeo podemos escuchar la obertura mozartiana dentro de una de las sesiones del Festival de Salzburgo de 2006 en las que Harnoncourt interpretó la ópera completa. Que quede claro que el magisterio y la personalidad del maestro Nikolaus Harnoncourt están fuera de cualquier posible duda, aunque, dicho esto, la versión que nos ofrece en este vídeo de la obertura de Mozart me parece inadecuada, sobre todo en lo referente a unos tempi que considero excesivamente lentos. El sonido y la lectura, fuera de este aspecto, parecen impecables pero, en mi opinión, la música de Mozart se me antoja algo sosa en esta ejecución del maestro Harnoncourt. Me encantaría tener una charla con el maestro para que me explicase su decisión de tomar unos tempi tan incontestablemente lentos, razón que en Mozart, hasta donde llega mi conocimiento, no parece muy convincente (Ni Celibidache se atrevió a ralentizar a Mozart de esa manera). Pero, obviamente, el maestro Harnoncourt es una de las máximas autoridades mundiales en el actual panorama musical y sus motivos tendrá para ello. A mí, esta versión, no me gusta en absoluto. Pero, reitero una vez más, que quizás el problema resida en mi más completa ignorancia comparada con la contrastada sabiduría del maestro Harnoncourt.
Obertura OBERON de Carl Maria von Weber 19 Junio 2009
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- WILLEM MENGELBERG con la Orquesta del Concertgebouw: Primeramente, digamos que este video de enlace tiene trampa. Las tomas iniciales, desde la escalinata de la mítica sala holandesa del Concertgebouw, corresponden a un concierto ofrecido en 1930 por Eduard van Beinum. Todas las secuencias de fondo son del otro director holandés, mientras que las tomas a primer plano se corresponden con el mítico Mengelberg en un concierto celebrado en París en 1931. De todas formas, estimamos que el vídeo nos vale ya que la mayor parte del mismo se centra en la figura del incomparable director neerlandés, posiblemente el mejor director de orquesta que hayan dado nunca los Países Bajos. Figura controvertida, Mengelberg ha pasado a la historia por ser el alma mater de la Orquesta del Concertgebouw y también, desgraciadamente, por el veto impuesto por el gobierno surgido en Holanda tras la liberación de dicho país finalizada la Segunda Guerra Mundial. Se le acusó, con razón, de ser un colaboracionista nazi; otros (Karajan, Böhm…) también lo fueron, aunque finalmente acabaron siendo exonerados. De esta, en comparación, injusticia, ya tendremos la oportunidad de hablar en otro apartado. Si nos fijamos bien, la versión de Mengelberg es nerviosa y tensa, con una extraordinaria capacidad impositiva a la hora de marcar los compases. Su interpretación de la obertura de von Weber no admite concesiones: Tempo vertiginoso y control de la situación en todo momento. No le importa llevar las capacidades técnicas de la orquesta hasta el límite, delatando una firmeza y seguridad verdaderamente asombrosas. Las transiciones son extraordinarias y las progresiones dinámicas de sonido impactantes. Siendo una interpretación clásica, muy alejada de los convencionalismos interpretativos posteriores, el maestro Mengelberg despliega una de sus mayores virtudes: El saber qué es lo que quiere en todo momento, apoyado en una autoridad directorial fuera de toda duda. Sus cambios de ritmo, sobre todo en la recapitulación, son geniales, mostrándose como un director electrizante y endiabladamente magnético (Sólo se ha de observar cómo le buscan con la mirada en todo momento los profesores de la orquesta). Brillantísima conclusión, con una capacitación rítmica y dinámica, como ya dijimos, envidiable. Versión, a pesar de los años, de auténtica referencia. Vídeo recomendado para aquellos alumnos que se adentren en el dificilísimo arte de dirigir una orquesta, sin duda, el oficio más complicado de cuantos haya en el mundo.

- PAAVO JÄRVI con la Orquesta Sinfónica de la Radio de Frankfurt: Concierto celebrado durante la temporada de los Proms londinenses en 2007. El director estonio, hijo de Neeme Järvi, uno de los directores que año tras año nos visitaba a España ya fuese como invitado o al frente de la Nacional de Escocia, tiene las mismas virtudes de su padre, aunque también adolece de algún que otro heredado defecto. (Recientemente escuché una Segunda de Brahms por la radio y, la verdad, la orquesta “se le fue” en alguna ocasión). A pesar de ello, sus buenos manejos como titular de la Filarmónica de Estocolmo y sus actuaciones más que convincentes como invitado de las mejores formaciones del mundo le han hecho merecedor de ser nombrado titular de la Orquesta de París sucediendo a Christoph Eschenbach, cargo que se formalizará en 2010. En esta versión, ya desde los primeros compases vemos a un Järvi muy cuidadoso y atendiendo a todos los matices. (Magistral la frase dibujada por las violas instantes previos al primer tutti, con un sonido magnífico). Tras este acorde — fortísimamente marcado por Järvi — el director nos presenta una visión de moldes románticos, muy ligera y desenvuelta, y con una construcción bien conseguida. Quizás se le puede reprochar una cierta monotonía, una pizca de sal que de más brillo a la lectura, pero eso es mucho pedir para un director nacido en Tallin. La obertura está francamente bien resuelta, con buenos contrastes de ritmo en el epílogo y la orquesta suena de maravilla (De un tiempo a esta parte, las tradicionales “orquestas de radio alemanas” — NDR, Frankfurt, Stuttgart… — han experimentado un salto cualitativo admirable). Es una versión correcta, pero yo prefiero la que viene a continuación.

- MARISS JANSONS con la Orquesta Filarmónica de Berlín: Se trata de un concierto ofrecido en el Suntory Hall de Tokio en 2000. Que el director letón es una de las máximas figuras en el actual panorama de la dirección orquestal ya nadie lo puede poner en duda. Titular de dos de las mejores orquestas sinfónicas del momento, la Bayerischer Rundkunk y la del Concertgebouw, su declarada “alergia” al fenómeno conocido como Jet-Lag le impide realizar una carrera americana que consideramos imprescindible para erigirse como el mejor director del momento. No pasa nada, maestro Jansons: Que yo sepa, todavía se puede viajar en barco hasta América y así disponer de tiempo suficiente para adaptarse a los cambios horarios… Ciñámonos a la versión del vídeo: La precisión y delicadeza de Jansons (Dirige sin batuta) cristaliza en una serie de extraordinarios detalles, como esa conseguidísima filigrana descendente de flautas en los compases de la introducción. De cualquier manera, la orquesta suena de escándalo, con unas cuerdas primorosas de las que Jansons extrae lo mejor, sobre todo en las dinámicas sonoras. (Prodigiosos pianissimos). El tema principal es magníficamente declamado por los violines, destacando la fuerza y precisión de un inconmensurable Jansons que dirige su mirada en todo momento a las distintas secciones orquestales, en una extraordinaria demostración de conocimiento y seguridad. Un momento inolvidable es la pulida intervención del clarinete solista exponiendo uno de los temas principales de la obertura, que en todo momento mira al director y no a su particella, algo realmente asombroso y conmovedor que dice mucho de la calidad de los profesores de la agrupación y del trabajo de ensayo de Jansons. La elegancia del director en los pasajes cantabiles centrales es digna de todo encomio y su manera de culminar la obertura es sensacional, ofreciendo toda una lección de cómo de ha de dirigir una orquesta. Magistral Jansons e inconmensurable esa máquina de precisión que es la Berliner Philharmoniker. Versión de absoluta referencia.

- DANIEL RAISKIN con la Hong-Kong Sinfonietta: Concierto ofrecido en el Concert Hall de Hong-Kong City en 2006. Obviamente, la Sinfonietta de Hong-Kong no tiene la calidad de las orquestas que hasta ahora nos han precedido y ello se nota sobremanera. La formación asiática se fundó en 1990 con 56 músicos formalmente contratados y con el objeto de acercar la música seria a la comunidad del enclave chino. Tsung Yeh fue su director titular hasta 2002, fecha en la que fue sustituido por Yip Wing-Sie. Varios artistas de renombre han colaborado con la agrupación desde entonces, como Ashkenazy, Pavarotti, Pinchas Zukermann o Christopher Hogwood. La orquesta mantiene la buena política de ofrecer música contemporánea y sus ciclos musicales están diseñados para distintos segmentos de la población, en una labor que nos parece encomiable. Por su parte, el ruso Daniel Raiskin es el actual director titular de la Orquesta del Estado de Renania, una formación alemana de segundo orden. También conocido violista, el sanpeterburgués Raiskin estudió con Lev Savich y ha realizado masters en dirección con Neeme Järvi y Mariss Jansons, entre otros. Ha dirigido como invitado a los mejores conjuntos sinfónicos europeos y ha colaborado con renombrados solistas como Natalia Gutman, Shlomo Mintz y Martin Fröst. Desde 2002 es el Principal Director Invitado de la Orquesta Filarmónica del Estado de Wroclaw. En cuanto a la versión que aquí nos ocupa… Ya en la entrada la trompa “estornuda”, pero insistimos en que no podemos comparar el nivel técnico de esta orquesta con las anteriormente vistas. La interpretación es correcta aunque con alguna precipitación de Raiskin en las transiciones. El vídeo sufre unos extraños cortes — casi me vuelven loco — y aparecen diversas fases de la ejecución chapuceramente “pegadas”, pero ello no es óbice para juzgar de aceptable la versión del maestro ruso, una interpretación con ciertos toques clásicos y muy alejada de la anterior de Jansons.

- AVI OSTROWSKY con la Orquesta Sinfónica de Bilkent: No tenemos más información sobre las circunstancias que rodearon la ejecución pero sí podemos ofrecer datos de sus intérpretes. Avi Ostrowsky es un director israelí que estudió con Gary Bertini — aquel director que siempre venía como invitado de la Orquesta Sinfónica de RTVE — en Tel-Aviv. Perfeccionó conocimientos en Viena con Swarowsky y con Ferrara en Italia (Tradicional peregrinaje de todo aquel director que quiera hacerse un nombre en estas artes). Como no podía ser de otra manera, también ganó el prestigioso Concurso de Dirección Nikolai Malko de Copenhague. Ha sido titular de la Orquesta Sinfónica de Haifa y de la Israel Kibbutz Orchestra, ambas de Israel. Fundó además la Ber Sheva Sinfonietta y fue su titular hasta que fue nombrado director de la Orquesta Filarmónica de Amberes con la que mantiene una estrecha colaboración. También ha estado al frente de la Sinfónica de la Radio de Noruega y ha sido invitado por las mejores orquestas europeas. Por su parte, la Orquesta Sinfónica de Bilkent fue fundada en 1993 por la Universidad de Bilkent y su sede es Ankara, la capital de Turquía. Entre los artistas que han colaborado con la formación destacan Elisabeth Leonskaia, Mischa Maisky, Lang Lang y Dmitri Sgouros, entre otros. Isin Metin es su actual Director Artístico mientras que el alemán Klaus Weise es su Director Musical. El búlgaro Emil Tabakov ha sido hasta tiempos recientes el titular aunque aún sigue colaborando estrechamente con la formación turca. En cuanto a la interpretación, Ostrowsky se nos revela como un magnífico y cuidadoso director, con una introducción muy perfeccionista y de tempi más pausado que en las que hemos visto hasta ahora. Sin embargo, los fragmentos posteriores a la introducción los ataca de manera vivaz, rápida, firme y muy decidida, respondiendo la orquesta con admirable prestancia. Estupendas también las transiciones, en las que Ostrowsky demuestra un gran maestría y un no menor gusto musical. La lectura es muy eficiente, con un cierto toque “vienés”, y al maestro israelí no se le va la orquesta en ningún momento, síntoma de su poderosa personalidad. La conclusión, brillantísima, no admite más concesiones que las estrictamente reflejadas en la partitura (Clara influencia de Swarowsky). La pieza finaliza con un Ostrowsky que en todo momento mantiene el rigor directorial. Notabilísima versión y estupenda respuesta de la orquesta.
“Una furtiva lacrima” – Gaetano Donizetti – L´elisir d´amore 21 Mayo 2009
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ALFREDO KRAUS: Tenor lírico ligero, posiblemente Kraus haya sido una de las mejores voces de la mitad del siglo XX. La perfección de su canto fue tan asombrosa como alabada por toda la crítica. Su interpretación del aria es insuperable, con un sensacional equilibrio entre lo dramático y lo estrictamente lírico. La delicada dicción y la precisa y nada precipitada subida a los agudos hacen que esta versión, a mi juicio, sea insuperable. El timbre de su voz es angelical y su delicadeza a la hora de abordar el aria de Nemorino es toda una excelencia. Muchas veces se ha comentado que quizás este no fuese el papel más adecuado para las características líricas de Kraus, más acorde con los roles dramáticos de las óperas francesas (Massenet), pero esta sublime interpretación deja sin argumentos esa respetable aseveración. Parece verdaderamente admirable como a esa edad Kraus podía cantar de esa manera tan perfecta y sensible.

LUCIANO PAVAROTTI: Resulta ciertamente conmovedor pensar que una de las más bellas voces líricas que ha dado la interpretación ya no está con nosotros. Con la desaparición de Pavarotti, se nos fue algo más que un inigualable tenor lírico; se nos fue un personaje auténticamente legendario que ya forma parte de la historia de la música. En esta versión apreciamos a un tenor con un timbre de voz exquisito, con un registro paradisíaco en los agudos y con una coloratura sensacional. Si escuchamos con atención el vídeo, observamos como Pavarotti hace fácil lo difícil, salvando la dificultad de la partitura con un sentido de la musicalidad verdaderamente prodigioso. En mi opinión, el año de la interpretación de esta aria, 1982, significó el período artístico más elevado de Pavarotti, un cantante de repertorio más bien reducido pero que jamás tuvo rival — exceptuando quizás a Kraus — en sus versiones de Bellini, Donizetti, Puccini y Verdi. Su voz es poderosa y de una fuerza tan arrolladora como explosiva. Me sigo quedando con la elegancia de Kraus pero no puedo evitar emocionarme cuando escucho este vídeo de un artista mítico como siempre lo habrá de ser un inmortal Luciano Pavarotti.

ENRICO CARUSO: En este enlace podemos escuchar una histórica versión — acompañado al piano — de otro de los grandes mitos de la interpretación operística, el gran Enrico Caruso, posiblemente el mejor tenor del primer tercio del siglo XX. La interpretación es de una directísima expresividad, cualidad primordial de Caruso, que lograba embelesar a todos los públicos hasta el llanto en las plateas. No deja de ser una paradoja que, con esta ópera, Caruso cosechó el mayor fracaso de su vida en Nápoles, su tierra natal, en 1901, y que ello provocó que el cantante afirmara que jamás habría de volver a cantar en dicha ciudad, terrible promesa que mantuvo a lo largo de toda su vida. El timbre de Caruso es un tanto oscuro y su técnica deja mucho que desear, pero su gran mérito fue el de evolucionar el canto hasta unas cotas inimaginables de expresividad en aquellos tiempos gracias, en buena medida, a que se convirtió en uno de los primeros fenómenos discográficos de la historia y con ello pudo ser escuchado por multitud de gente desde los salones de sus casas, con lo que su popularidad fue inmensa. Por si no fuera poco, Caruso fue una persona bondadosa y comprometida con las gentes más necesitadas — se estima que ayudaba económicamente a más de 200 familias en graves dificultades — y esa circunstancia elevó su figura más allá de lo estrictamente musical. Recomiendo que esta versión la escuchéis, al menos, un par de veces.

BENIAMINO GIGLI: Otro de los grandes tenores líricos-spinto de la primera mitad del siglo XX, Gigli supo también aprovecharse de la incipiente industria fonográfica para ganarse una merecidísima fama que se vio extendida a su intervención en papeles cinematográficos de más que dudoso interés debido a sus escasas cualidades como actor. Aún así, su repertorio fue impresionante, abarcando óperas de todos los compositores italianos, desde Cilea hasta Verdi, y su registro discográfico resulta también vastísimo. Para muchos entendidos, su grabación de Cavalleria Rusticana, con Rasa, Bechi y la Orquesta del teatro de la Scala, es insuperable. En esta versión se aprecia la suavidad de su voz, no exenta de potencia y fluidez, que da un calor especial al discurso lírico. Su timbre de voz, en el registro medio, es grandioso aunque a veces recurra a manidas aspiraciones que dramatizan en exceso la interpretación. Gigli fue un cantante muy querido en América, especialmente en el Metropolitan de Nueva York, donde actuó en más de 500 representaciones, toda una proeza en su tiempo. Sus simpatías por el régimen de Mussolini no fueron ningún problema en el desarrollo de su carrera y Gigli no hizo nunca nada especial por encubrirlas. Para muchos, fue el sucesor natural de Caruso.

MARIO LANZA: De verdadero nombre Alfredo Cocozza, Lanza fue un intérprete de gran fama pero muy por encima de sus posibilidades líricas. En esta versión apreciamos una interpretación un tanto “light”, con muchos recursos que tratan de esconder una más que evidente carencia de cualidades musicales. El fraseo es más bien pobre y la dicción paupérrima, alejada de cualquier mínima ortodoxia académica. Aún así, el timbre de su voz es realmente magnífico. Lanza se hizo famoso, más que por sus cualidades como cantante, por su interpretación de Caruso en una famosa película, El gran Caruso, que se convirtió en un apoteósico éxito. Sin embargo, a medida que su fama como actor se acrecentaba, su paralela trayectoria como cantante lírico se veía cada vez más envuelta en la sospecha, y mucho más desde que Lanza realizó incursiones en la música ligera. Lanza padeció graves problemas relacionados con su adicción al alcohol y por su afición a vivir con desmesura, sobre todo a raíz de la ruptura de un contrato cinematográfico. Sin embargo, nunca le faltaron las ofertas para cantar en recitales y óperas, lo que da buena prueba de su inestimable popularidad. Tras muchas enfermedades, Lanza falleció en Roma a los 38 años víctima de una embolia. Su viuda se suicidó cinco meses después.

TITO SCHIPA: Seguimos con las versiones históricas, como esta del gran tenor italiano Raffaele Attilio Amadeo Schipa, más conocido como Tito Schipa. Este tenor lírico llegó a ser el más cotizado en la Europa de los años treinta, ligándose al fascismo de Mussolini por medio de sus intervenciones en infumables películas italianas. Paradójicamente, llegó a abandonar posteriormente los EEUU ante las acusaciones de comunista que sobre él se vertieron. En esta versión apreciamos una extraordinaria dicción y una cierta ligereza en los agudos, defecto que se compensa por la belleza de su melódico timbre — recuerda lejanamente al de Kraus — y por su suavidad sonora. En sus últimos años, ya de vuelta en Italia, se dedicó principalmente la enseñanza. Murió de diabetes a los 77 años de edad. Su grabación del Don Pasquale de Donizetti está considerada de absoluta referencia hoy en día.

GIUSEPPE DI STEFANO: Para muchos, Pippo — como se le conoce popularmente — ha sido la voz más bella que jamás haya dado la ópera. Su relación artística con Maria Callas fue una de las más fructíferas de toda la historia de la interpretación musical. En este vídeo apreciamos una de las mejores cualidades de Di Stefano, su genial paso de tonos agudos en forte a una línea de pianissimo, algo verdaderamente prodigioso y que se puede observar particularmente al final de la interpretación, ovacionada clamorosamente por el público antes de que el tenor concluya la última nota. Sus cualidades le encasillan en el registro de un tenor lírico-ligero, aunque el paso de los años — sumado a su vicio del tabaco — le hizo cambiar de voz. Di Stefano vivió un momento tremendamente complicado en el mundo de la interpretación operística y por ello se vio obligado a salirse de su registro para dar forma a papeles más dramáticos que condicionaron negativamente la poca durabilidad de su instrumento. Increíblemente, Di Stefano fue objeto de un asalto en Kenia en 2004 que le causó unas graves lesiones de las que nunca se recuperó. Falleció cuatro años después. Como regalo, os dejo también el enlace a su primera grabación discográfica, también con esta pieza.

PLÁCIDO DOMINGO: ¡Dios mío, qué voz! Clasificar la voz de Plácido Domingo dentro de las gamas de tenor sería objeto de una tesis doctoral, ya que el genial cantante español es capaz de interpretar con la misma facilidad a Haendel que a Wagner. Ya nos sorprendió hace unas décadas, cuando realizó un dificilísimo Otello de Verdi en lo que todavía hoy se considera de referencia absoluta. En esta versión, apreciamos la característica primordial de ese todo-terreno de la música llamado Plácido Domingo, la potencia y versatibilidad de su voz, todo un don de la naturaleza, capaz de cantar con la misma escultural fuerza en cualquiera de los registros. La versión, aunque tiene sus detractores, a mí parece portentosa. (Insuperables las subidas a agudos). Pero, aparte de todo esto, es de justicia señalar que Plácido Domingo es también una magnífica persona, siempre comprometido con su desinteresada ayuda a los más necesitados. Mi admiración, maestro.

JOSEP CARRERAS: Muchas son las opiniones que se han vertido sobre este extraordinario tenor catalán, un hombre que afortunadamente pudo reponerse de una gravísima enfermedad que le mantuvo al borde de la muerte en 1987. No existe el término medio; o se le ama o se le odia. Yo prefiero amarle, por su aterciopelada voz, por su comunicatividad y por su estricto rigor interpretativo, como bien se aprecia en el vídeo del enlace. Carreras supo ganarse la confianza — crucial en su carrera — del todopoderoso Von Karajan, un director que se quedó prendado con el bellísimo timbre del tenor barcelonés. Carreras puede resultar frío en ocasiones, sobre todo en algunas tomas discográficas, pero en vivo se aprecia a un extraordinario intérprete que sabe adaptarse a la música que interpreta en todo momento. El único pero que puede atribuírsele, desde mi subjetivo punto de vista, es su oscilante animosidad sobre los escenarios. Recientemente, en una entrevista ha declarado que se retirará de la ópera en breve y que su actividad se va a ceñir exclusivamente a ofrecer algunos recitales. Piénselo bien, maestro. La Ópera no puede prescindir así por así de un extraordinario intérprete.

JUAN DIEGO FLÓREZ: Tenor lírico-ligero, Flórez ha sido la aparición más fulgurante en el mundo de la interpretación operística de los últimos años y ello implica, correspondientemente, un aluvión de críticas, tanto positivas como negativas. Para sus incondicionales, el peruano Flórez es el sucesor natural de Pavarotti — afirmación hecha por el propio italiano — y el mejor tenor ligero de todos los tiempos — afirmación hecha por Plácido Domingo. Para los detractores, su voz parece la de un gato maullando y carece por completo de comunicación debido a un excesivo ego interpretativo. Mi humilde opinión: Es un cantante con unas condiciones fabulosas, con una magnética y poderosa voz, aunque recurre a un exceso de vibrato que, si bien puede encandilar al público, también le aleja de los cauces ortodoxamente interpretativos. Y por descontado, de sucesor de Pavarotti, nada de nada, al menos por ahora. (Compárense los dos vídeos). Creo que lo mejor será seguir su carrera, que no dudo va a ser del todo apasionante.
Tercer movimiento – Rondo (Vivace) – del Concierto nº4 para piano en Sol mayor, Op. 58, de Ludwig van Beethoven 17 Abril 2009
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- Claudio Arrau con la Orquesta de Filadelfia dirigida por Riccardo Muti: Que Claudio Arrau fue uno de los mejores intérpretes de Beethoven nadie lo va a poner en duda a estas alturas. Simplemente, con escuchar los compases previos a la cadenza de este movimiento, nos damos cuenta de cómo Arrau llevaba a Beethoven en su corazón. Esta versión es pura, limpia, con los lógicos y casi inapreciables desajustes de un ya anciano Arrau, pero con una delicadeza interpretativa que está al alcance de muy pocos. Sorprende la fuerza de ataque del maestro chileno en los acordes más comprometidos de la coda, su genial y maravilloso progreso dinámico y el bellísimo sonido que sabe extraer de la complicadísima mano izquierda en este concierto. Por su parte, Muti está a la altura de lo que se espera de él, cuidando minuciosamente cada detalle y llevando los tempi acorde a las limitaciones longevas de Arrau. Es una gran versión y un magnífico legado de uno de los más inolvidables intérpretes de Beethoven que haya dado la música, el siempre recordado Claudio Arrau. ¡Bravo, maestro!

- Murray Perahia con la Orquesta Filarmónica de Nueva York dirigida por Sir Colin Davis: ¡Abrochémonos los cinturones que vienen curvas! Perahia, a juicio de muchos, ha sido uno de los más grandes “mecánicos” del piano del último tercio del siglo XX. Su técnica aúna virtuosismo y lirismo a partes iguales, en lo que supone toda una demostración de facultades. Hasta el bueno de Davis se le queda mirando embobado en algunos pasajes (Colin Davis nunca supo tocar el piano con la exigencia que se le debe a cualquier reputado director de orquesta). Da gusto ver las inclinaciones del torso de Perahia a la hora de contrastar las diferentes dinámicas sonoras, todo un prodigio de técnica depurada. Su mano derecha, diabólicamente veloz, nos brinda toda una sesión del arte de la digitación pianística y de cómo atacar las escalas más complicadas sin perder la compostura. El arqueo de hombros a la hora de ejecutar fortes está en sintonía con los postulados de la tradicional escuela…¡Rusa! En cuanto a Davis, dirección aceptable, sin más. Se echa un poco de menos una mayor complicidad con los músicos en una lectura que, en ocasiones, pierde un poco de frescura orquestal. Aún así, el ciclón de Perahia eclipsa cualquier duda al respecto. Versión de referencia de un pianista absolutamente portentoso.

- Hélène Grimaud con la Orquesta de París dirigida por Christoph Eschenbach: Versión nerviosa, agitada e impetuosa de una desmelenada Hélène Grimaud, la excelente y polifacética pianista judeo-francesa. Ya advertimos que tanto nervio debe ir siempre acompañado de un equilibrio que evite caer en pasajes de claridad opaca, que es justo lo que le ocurre a Grimaud en ciertos fraseos vertiginosos de la obra. Si comparamos esta versión con las anteriores, encontramos que el dinamismo de la interpretación nos oculta una mayor calidad en la resolución de las líneas más comprometidas de la pieza. Vemos también como en las transiciones la pianista francesa deja colgada — a causa de su nervioso ímpetu — alguna cuerda que sobrecarga dudosamente los acordes sostenidos al pedal. Aún así, la técnica es encomiable y los ataques contrastadamente poderosos. Es una gran versión, pero le falta claridad, aspecto fundamental a la hora de interpretar a Beethoven. En cuanto a la orquesta, Eschenbach deja todo el protagonismo a la solista — fijaos como apenas levanta la mano izquierda — y se limita a arropar a la misma. Dadas las características de la interpretación, pienso que no es una mala idea (Eschenbach es también un grandísimo pianista)

- Maurizio Pollini con la Orquesta del Festival de Lucerna dirigida por Claudio Abbado: Versión de acentuados matices clásicos, donde observamos a un Pollini al que ya se le empiezan a notar los años, hablando en términos de edad, que no de arte, que lo derrocha y a raudales. La madurez de Pollini se traduce en un exquisito e inolvidable sonido, propio de un maestro que está ya de vuelta de todo. Notamos, eso sí, cierta falta de claridad a la hora de abordar algunas escalas y un detrimento generalizado de la técnica en aras de una expresividad mayor y así, la pulcra manera con que el artista milanés matiza determinados pasajes en pianissimo es absolutamente magistral y difícilmente imitable. Pollini logra que el Steinway suene de manera celestial, con un fraseo aterciopelado propio de los más grandes pianistas del repertorio romántico. Más mérito, si cabe, para un artista muy comprometido en su trayectoria con la música contemporánea, donde es uno de los mejores especialistas. La coda, majestuosa, es resuelta de una forma verdaderamente prodigiosa, mostrándonos al gran Pollini de los mejores recitales. En cuanto a Abbado… ¡Sensacional! Dirige con soltura y cuidando de cualquier detalle por mínimo que sea. Su dominio de la partitura es absoluto, logrando unos matices orquestales propios de uno de los más grandes directores de orquesta de la actualidad. Mi reverencial admiración, maestro.
Lamentablemente, a la hora de redactar esta entrada, fue anulado en YOUTUBE el vídeo con la interpretación, magistral, de Krystian Zimerman con la Orquesta Filarmónica de Viena bajo la dirección de Leonard Bernstein. Una verdadera lástima.
Presto agitato de la Sonata nº14 en do sostenido menor, Op. 27 nº2, de Ludwig van Beethoven 23 Marzo 2009
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Antes que nada, quisiera felicitar a felipefelipe por la edición de este magistral e inolvidable vídeo que nos muestra una perfecta combinación de imágenes sobre la interpretación del último movimiento de la Sonata Nº14 en do sostenido menor, Op. 27 Nº2, de Ludwig van Beethoven en versiones de Wilhelm Kempff, Daniel Barenboim y Murray Perahia, tres de los más grandes intérpretes de la literatura pianística de todos los tiempos. La dinámica y sucesión de imágenes del vídeo son de una realización extraordinaria y nos permiten observar como tres pianistas, muy distintos entre sí, abordan un fragmento de extrema dificultad tanto técnica como expresiva.
La Sonata Nº14 de Beethoven, popularmente conocida como CLARO DE LUNA, es una de las piezas más famosas del autor de Bonn. Sin duda, su primer movimiento, Adagio sostenuto, forma parte por derecho propio de la extensa lista de hits musicales que el mundo de la Música Clásica ha otorgado a numerosas recopilaciones, algunas de muy dudoso gusto, susceptibles de ser escuchadas por un público más bien profano pero con deseos de penetrar en esta dimensión pluscuamperfecta del arte de combinar sonidos. En realidad, pocos saben que ese fragmento es una introducción para una de las creaciones más excepcionales que se hayan escrito jamás para el género pianístico: La Sonata Nº14 de Beethoven, compuesta en 1801 y dedicada a Guiletta Guicciardi, una de las cumbres creativas del genial músico alemán. Su tercer movimiento, Presto agitato, es de extrema dificultad para el ejecutante — y para los nerviosos aspirantes a obtener el grado superior de piano en muchos conservatorios musicales de todo el mundo — y supone un claro contraste entre sus dos movimientos precedentes, por lo demás, fáciles y sin ninguna relevante dificultad técnica a la hora de ser abordados. El fragmento es endiablado, con numerosas escalas ascendentes quebradas por severos acordes y ciertos arpegios de transición que ponen los pelos de punta y obligan a una máxima concentración por parte del ejecutante. Todo el movimiento es una especie de dramático diálogo entre las distintas secciones de octavas del piano, con deliberados cruces e interludios que parecen pelear por adquirir el protagonismo melódico a lo largo del desarrollo de la partitura.
Este magnífico vídeo nos ofrece la interpretación de este último movimiento alternando, con una maestría digna de elogio, distintas fases de la pieza sin ningún tipo de interrupción en el discurso. Los pianistas elegidos por el autor para elaborar este inolvidable vídeo representan, a su vez, tres distintas escuelas interpretativas y suponen auténticos paradigmas de las mismas. Se trata de Wilhelm Kempff, Daniel Barenboim y Murray Perahia. A mi juicio, son tres de los mejores pianistas de todos los tiempos y en esta cinta, literalmente, se “salen”.
Wilhelm Kempff, cuya interpretación íntegra podéis ver en este enlace, pertenece a una generación de pianistas representada por Erdmann y Gieseking que es a su vez heredera de la primera generación alemana de pianistas del siglo XX y cuyos máximos exponentes fueron Schnabel, Backhaus y Fischer. Kempff fue alumno de Heinrich Barth, depositario de la gran tradición lisztiana, y de Robert Kahn, discípulo de Brahms, en composición. Esta escuela germánica se caracteriza por la sobriedad en la interpretación, huyendo de cualquier efecto gratuito que pueda desnaturalizar la partitura. En ocasiones, esta concepción aséptica provoca que a muchos aficionados les resulte un tanto aburrida la interpretación beethoveniana a manos de Kempff. En todo caso, son cuestiones de gusto personal y ello no priva al ilustre pianista de Jüterbog su condición de referente absoluto en lo relativo a la literatura pianística del genial sordo de Bonn. La austeridad, sobriedad y economía de medios de que hace gala Kempff son una prueba indiscutible en el capítulo de la correcta ejecución beethoveniana.
En este video, lo primero que nos llama la atención es la valentía del maestro — calculo que debía de tener cerca de los noventa años en la fecha en que se realizó la filmación — para abordar un pasaje tan complicado. Cierto que en ocasiones se le resbalan los dedos al efectuar una escala o atacar un acorde, pero no podemos otorgar mayor importancia a esos “fallos”, del todo excusables. Además, en un ejercicio de dominio y seguridad, el artista apenas dirige su mirada al teclado y adopta una pose trascendental, a la manera de una comunión mágica entre compositor e intérprete. Uno de los aspectos más destacados de esta versión es la prodigiosa mano izquierda de Kempff, insuperable a la hora de marcar el ritmo de la ejecución. No perdáis de vista la perfección con la Kempff resuelve el paso a la primera repetición (Minuto 1: 36 del vídeo con la interpretación completa) Es maravillosa su claridad y atemperación del ritmo, verdaderamente insuperables. También debemos resaltar la magistral forma de atacar los acordes y arpegios de transición previos a la coda ( Minuto 6: 05 del vídeo que contiene la interpretación completa) ¡Qué sonido extrae el maestro Kempff del piano Steinway! Una verdadera locura que consigue emocionar hasta casi el llanto. El final es toda una lección de cómo ha de abordarse un pasaje de endiablada dificultad técnica cuando las manos ya no quieren — ó pueden –responder. Ya os anticipo que esta es mi versión predilecta de las tres que vamos a comentar hoy aquí. De verdad, creo que no se puede concebir el legado pianístico de Beethoven sin hacer expresa mención de Wilhelm Kempff.
Daniel Barenboim, cuya interpretación íntegra podéis ver en este enlace, pertenece a la escuela de Edwin Fischer que, a su vez, se emparenta con el tronco de Rosenthal, testigo directo de Franz Liszt. El mejor maestro de Daniel fue su propio padre, Enrique Barenboim, quién llegó a ser profesor de piano en la Academia de Viena y que supo transmitir a su hijo la clave fundamental de su estilo interpretativo: Que la música fluya como algo completamente natural, sin obsesionarse nunca con la perfección mecánica. De hecho, Barenboim no suele hacer ejercicios en el teclado y simplemente controla su técnica a base de numerosos conciertos y recitales. Por ello, siempre se le ha achacado una carencia técnica a la hora de abordar las composiciones más difíciles aunque, dentro de esta arriesgada afirmación, este presumible defecto se compensa, y de qué manera, por la musicalidad que se desprende de cualquiera de sus interpretaciones. Si observamos el vídeo con la interpretación íntegra, podemos apreciar como Barenboim arranca el movimiento con mayor velocidad que Kempff, pero con menos claridad a la hora de atacar las temidas primeras escalas ascendentes. El Beethoven de Barenboim se caracteriza, lejos de los tiempos de su primera integral en disco, por su libertad de concepto, el rico colorido de la expresión y la belleza del fraseo, con construcciones basadas en una elegancia no reñida con el sentido dramático que sabe imprimir a aquellas partituras que así lo requieren.
Observemos el vídeo con la interpretación íntegra: En el tiempo 1: 12 podemos apreciar esa libertad a la que antes aludíamos con un ligero retardo en los acordes que consigue añadir un punto de dramatismo y sensibilidad a la ejecución. Si seguimos el desarrollo, vemos la gran diferencia de concepto con respecto a Kempff a la hora de manejar las notas que preceden inmediatamente a la primera repetición: Barenboim acelera y sube la intensidad de sonido para culminar con un acorde al que dota de vida propia y que sirve de enlace para la repetición. Fijaos bien en el fraseo del momento 2: 06 del vídeo… ¡Qué belleza y que derroche de expresividad! También hay que destacar la elegancia en el difícil contrarritmo (Minuto 3: 29 del vídeo) de manos, pasaje que encierra mucha más complejidad técnica de lo que a primera vista parece. Barenboim resuelve estos diálogos cambiados con una maestría encomiable, con una tremenda concentración sobre lo que está ejecutando. El particular uso que hace del pedal el maestro argentino (Minuto 5: 55 del vídeo) logra que en los arpegios finales se fundan las armonías bajo una atmósfera de inestabilidad que parece conquistar la partitura en los momentos previos a la coda. Es un buen ejemplo de cómo Barenboim arriesga con las masas sonoras para obtener ese punto dramático que inspira la composición. Las escalas finales las ejecuta con firmeza y convicción, otorgando una estupenda grandeza a la sonata beethoveniana. Estupenda e inolvidable versión, de lujo. Por último, no quiero dejar de comentar una jugosa anécdota que le aconteció a Barenboim en Barcelona: En un café de la ciudad, sus amigos le animaron para que tocara algo en el piano del local, toda vez que el pianista oficial del café se encontraba ausente. Barenboim se arrancó con unos tangos. En estas, el dueño del café se le acerca y le espeta: –”Señor, siento decirle que en este local no se permite que el piano sea tocado por pianistas aficionados. Retírese, por favor… “–
Murray Perahia, cuya interpretación íntegra podéis ver en este enlace, pertenece a la escuela de Horszowski que, a su vez, se emparenta con la rama de Theodor Leschetitzky, paradójicamente, la menos virtuosística y más sensible de los discípulos de Liszt. Decimos esto porque Murray Perahia es, con diferencia, uno de los pianistas más técnicos que hayan surgido en la segunda mitad del siglo XX. Lo de Perahia es un caso de precocidad y, sobre todo, de auténtica mala fortuna personal. Ya muy joven grabó la integral de los conciertos de Mozart, dirigiendo también a la English Chamber, y posteriormente la serie de Beethoven junto con el Concertgebouw y Haitink. Para muchos, entre los que humildemente me incluyo, Perahia tiene esa doble y difícil virtud de equilibrar una impresionante técnica con un gran sentido del discurso musical debido, esto último, a la estrecha relación que mantuvo con pianistas de la talla de Serkin y, sobre todo, de Vladimir Horowitz. El pianista neoyorquino atesora una facultad imprescindible para ser una figura de la interpretación: Su conocida velocidad al teclado desemboca en un fraseo puro, cristalino y limpio, lejos de exhibiciones circenses muy en boga hoy en día (Lang Lang) pero un tanto insustanciales a la hora de construir Música, que es de lo que se trata, ni más ni menos. De no ser por un fatal accidente que lastimó su mano, con secuelas que se reproducen a lo largo de los años como si de una maldición se tratase, posiblemente Perahia hubiera sido el mejor pianista, con diferencia, del mundo. (Bueno, para quien esto escribe, es uno de ellos)
Ya en el segundo : 13 del vídeo con su interpretación completa nos damos cuenta de que Perahia arriesga hasta lo indecible con asombrosos resultados. Es imposible resolver este pasaje tan rápido y con esa pasmosa claridad; esto va a ser la constante a lo largo de toda la interpretación. En el minuto 1: 12 del vídeo podemos contemplar su magnífica dinámica para atacar los acordes en fortissimo, toda una demostración de poderío y técnica por parte del artista. (Obsérvese cómo inclina el cuerpo hacia atrás al lanzar el ataque sobre el teclado). Digno de elogio también es su trabajo con la mano derecha (Minutaje 3: 27 del vídeo completo), desconectando en intensidad sonora las dos manos, algo verdaderamente complicado y a la altura de unos pocos escogidos para este arte. En 4: 42, Perahia se desmelena y nos brinda una clase magistral de digitación (Es realmente impresionante la cualidad técnica del artista). Los arpegios finales que preceden a la coda los ejecuta como si tal cosa, con una seguridad rayana en lo decididamente insultante. (Para muchos estudiantes de piano debe resultar desesperante contemplar como Perahia resuelve los pasajes más comprometidos). El artista ha tomado la autovía a todo gas y no hay tiempo para pausas: La coda es vertiginosa, maravillosamente bien resuelta. ¡Enorme Perahia!
Sería mi deseo que quién decida comentar esta entrada nos haga saber cuál de las tres versiones le ha gustado más. También resultaría muy interesante que los lectores nos comentasen otras grabaciones sobre esta obra que les hayan impactado. Queda abierto el debate.
Cuarto movimiento – Allegro con brio – de la Sinfonía nº7 de Beethoven 2 Febrero 2009
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- Wilhelm Furtwängler y la Orquesta Filarmónica de Berlín: Grabación de 1943. Como un Rolls-Royce, empieza algo lento y se va animando. El sonido de la orquesta berlinesa es potente e inconfundible, como si estuviera preparando la llegada de Karajan. El maestro alemán nos da todo un curso de interpretación romántica: Acelera cuando tiene que acelerar y frena en los pasajes que así lo requieren, con prudencia no exenta de osadía. La coda, brillantísima, es un típico modelo de ejecución del director alemán, acostumbrado a acelerar hasta lo inverosímil el tempi. La dinámica general de la interpretación es perfecta y el planteamiento sublime, con una construcción precisa y en absoluto amanerada. De la orquesta no quiero comentar nada más. Es un lujo. (¡Qué cuerda, qué metales!). Versión de auténtica referencia. Hubiera dado media vida por ver a este director en directo… Señoras y señores, esto es dirigir una orquesta.

- Arturo Toscanini y la Filarmónica de Nueva York: Grabación de 1936 efectuada en el Carnegie Hall de Nueva York. Toscanini, a los mandos de un lujoso Hispano-Suiza, vehículo clásico que no se presta a experimentos, nos regala una interpretación diametralmente opuesta a la versión de Furtwängler. Alternativa clasicista, donde lo importante en sí es la música escrita en el pentagrama y no la exacerbación de sentimientos. Voy a decir un pecado: En diversos fragmentos parece que escuchamos más a Mozart que a Beethoven… Toscanini realiza una construcción impetuosa, mediterránea, fortaleciendo los subrayados rítmicos de los bajos, pero en ningún momento se pierde entre las aureolas de un idealismo interpretativo de connotaciones germánicas. La versión del enlace es un poco pobre de sonido pero no por ello se dejan de sentir los matices de una traducción prodigiosa. No paro de pensar en los pobres músicos neoyorquinos: Toscanini fue, de largo, el director de orquesta con más mal genio que haya dado jamás la historia de la música.

- Erich Kleiber y el Concertgebouw de Amsterdam: Grabación de 1953, es un ejemplo del perfeccionamiento orquestal de “papá” Kleiber. Al director vienés siempre se le ha considerado como un objetivista que trata de buscar el mejor sonido. Y sin duda, por lo menos en esta versión, lo consigue de manera radiante y conmovedoramente luminosa. Hemos abandonado el Hispano Suiza de Toscanini y nos subimos a bordo de un Mercedes 190 de los años cincuenta, con esa claridad de sonido que le brindan sus cilindros. Porque, precisamente, lo más destacado de esta versión es la claridad sonora de una exquisita orquesta holandesa como es la del Concertgebouw. Lectura delicada, de elegantísimo fraseo y con el fondo de una tradicional y vienesa manera de dirigir. Se aprecia una gran serenidad en el planteamiento aunque con precisas notas de brío en los pasajes de transición entre los desarrollos. Versión de auténtica referencia.

- Karl Böhm y la Filarmónica de Viena: Grabación de 1964 en un concierto celebrado en Innsbruck. Böhm fue un director muy soberbio que no para de lanzarse flores en sus autobiografías — Donde, por otra parte, sufre un ataque de amnesia en lo relativo a su sospechosa afinidad con los nazis – Su mal genio y su “convicto” papel de eterno secundón de un todopoderoso Karajan así lo confirma, aparte de que nunca gozó de las simpatías de sus contemporáneos colegas. En esta versión nos subimos a un Porsche al que se le gripa un poco el motor. Böhm es un director de oficio, un artesano de la dirección en su más teutónico rigor. La versión es clásica, pero dentro de la tradición germánica y resulta un tanto sosa e indolente. Sus modos de dirigir, como se observa en el vídeo, son un poco aburridos y en ocasiones desatan la sonrisa del espectador. (A mí, con todos los respetos, me recuerda un poco a Harold Lloyd… ). Böhm nos brinda una versión, diríamos que caducada, aunque con irreprochable conducta. Su lectura adolece de una falta de “ardor” que la partitura requiere, la misma que sí nos otorgó en una versión de la Novena donde quebró su oficio de artesano y, literalmente, se desmelenó. El Beethoven de Böhm no es, ni mucho menos, la referencia. (Por cierto, la autobiografía de Böhm se titula Ich erinnere mich ganz genau, que traducido al castellano significa, más o menos: Me acuerdo muy bien…)

- Wolfgang Sawallisch y la Orquesta Sinfónica de la NHK de Tokio: Grabación en concierto celebrado en 1988 y que cuenta con la colaboración del timbalista Peter Sondermann, profesor de la Staatskapelle de Dresde. La biografía de Sawallisch es muy interesante: Fue soldado de guerra y fue capturado como prisionero en Italia por las tropas inglesas. De regreso a Alemania estudió a marchas forzadas y llegó a convertirse en un exquisito pianista. En esta versión, Sawallisch se apea del gripado Porsche de Böhm y se instala en un BMW serie 5. Su lectura es decididamente clasicista y objetiva, aunque con una constante preocupación por la plasticidad derivada de la exactitud. El director muniqués no arriesga nada y apuesta por lo seguro, coyuntura que hace que Sawallisch sea visto por muchos aficionados como un director aburrido y excesivamente técnico. De cualquier manera, esta interpretación clasicista de Beethoven nos parece interesante, bien edificada y en absoluto tediosa. Nada más. El ejemplo que viene a continuación es el verdadero contrapunto a este modo de interpretar a Beethoven.

- Carlos Kleiber y la Orquesta del Estado de Baviera: Grabación de 1986 en concierto celebrado en Japón. Kleiber decide subirse a bordo de un lujoso Bentley para dirigir y no se acobarda a la hora de pisar el acelerador. Magistral versión, de auténtica referencia. Resulta difícil superar la valentía del artista berlinés para afrontar los últimos compases, en continuo acelerando, perfectamente edificado y con un buen gusto incomparable. Kleiber disfruta como pocos dirigiendo la música que más le gusta y lo hace sin complejos, de manera ensoñadora y en sintonía con los postulados de una interpretación netamente romántica. Kleiber es muy listo y nos intenta despistar: Trabaja los ensayos hasta la extenuación, buscando la absoluta perfección, y luego, durante el concierto, nos transmite un gesto general como de improvisación a la hora de dirigir. Saca lo mejor de cada orquesta y los músicos no sólo le respetan, sino que también le adoran. En esta grabación salen a escena las mejores virtudes de Kleiber (Buen gusto, perfeccionamiento y elegante sentido del discurso). Pero además, otra virtud mayor: Ofrece el concierto (Anda que no llegó a cancelar conciertos a última hora, para desesperación de los nerviosos organizadores) Extraordinaria versión de uno de los más grandes directores de todos los tiempos.

- Claudio Abbado y la Filarmónica de Berlín: Grabación de 2001 efectuada en un concierto celebrado en Roma. Abbado se sube a un lujoso Maserati Quattroporte y le saca el mayor rendimiento posible. En esta grabación la orquesta suena de escándalo y, tal vez, durante el período en que fue dirigida por Abbado como titular, fue la mejor formación del momento. Abbado nos brinda una versión brillante, ecléctica, con elementos tanto clásicos como románticos y de una factura irreprochable. El milanés maneja con maestría todas las orquestas con las que colabora merced a la gran empatía que surge siempre entre director y profesores, condicionada por la relación, en absoluto autoritaria, que despliega el maestro. En Abbado existe un cierto toque improvisado, impetuoso, como de algo que se deja sin pulir, careciendo de la elegancia ejecutiva de un Carlos Kleiber, por poner un ejemplo. Pero su interpretación es la de un apasionado por la música en general y el vídeo del enlace da buena prueba de ello. Su versión es conceptualmente estupenda, apoyada en una orquesta inigualable que capta con maestría la intención del italiano. Posiblemente, Abbado es el mejor director de orquesta del mundo hoy en día. Con él, el éxito está plenamente garantizado. Excelente Beethoven, para la posteridad.

- Mariss Jansons y la Orquesta Sinfónica de la Radiodifusión Bávara: Grabación de 2005 efectuada en concierto celebrado en la sala NHK de Tokio. ¡Atención! Versión moderna, llena de recursos y matices, que puede dar lugar al estupor entre los academicistas. Jansons se sube a bordo de un prototipo experimental y se deja llevar. La biografía del director letón no tiene desperdicio: Fue alumbrado a escondidas en el ghetto de Riga después de que su abuelo y tíos fuesen asesinados. Estudió con Swarowsky en Viena y con Karajan en Salzburgo y llegó a ser asistente del mítico Mravinsky en la Filarmónica de Leningrado. Siendo titular de la Filarmónica de Oslo sufrió un infarto mientras dirigía La Bohème. (Tuvo suerte: Su padre sí que llegó a fallecer en un podio). Desde entonces dirige con un desfibrilador en su pecho, por si acaso. Actualmente es titular de dos de las mejores orquestas del mundo (Concertgebouw y Sinfónica de la Radio de Baviera) y ha pasado a formar parte de la selecta lista de directores que han actuado en el tradicional Concierto de Año Nuevo en Viena. Contra el criterio de Swarowsky — Fidelidad total y absoluta a la partitura — Jansons nos deleita con una versión efectista, plagada de logrados contrastes y sorprendentes giros dinámicos. El prisma de la interpretación es más clásico que romántico y Jansons extrae lo mejor de una orquesta que suena de maravilla (Grandioso el timbalista). Formidable y magistralmente resuelta coda donde el director letón insiste en la ininterrumpida línea de violoncelos que marcan con insistencia el subrayado rítmico de la secuencia, una de las grandes genialidades de esta sinfonía. (Si no le da el infarto aquí, que esté tranquilo…). Particularmente, me encanta esta versión. ¡Bravo, Jansons!

- Lorin Maazel y la Orquesta Sinfónica de la Radiodifusión Bávara: Grabación de 1998 donde Maazel se quita todos los complejos y se sube a bordo de un Lamborghini Miura para interpretar esta sinfonía. ¿Qué queréis que os cuente? En mi opinión, estamos ante el Maazel verbenero y amante de la frivolidad musical. Este director tiene un doble rostro, capaz de lo mejor y más sublime (Sibelius) y del fracaso más estrepitoso. (En Londres todavía se recuerda aquella maratoniana sesión donde dirigió, en un solo día, la integral sinfónica de Beethoven, con resultados más que cuestionables, por intentar decirlo de la manera más amable posible). Maazel se dispara en esta grabación y su acelerada versión oculta muchos de los extraordinarios pasajes compositivos de la obra. La sufrida orquesta resuelve con encomiable dignidad su papel y demuestra por qué es considerado como uno de los tres mejores conjuntos sinfónicos germanos. A pesar de esta versión, Maazel es un director que se deja querer y que resulta simpatiquísimo en los camerinos. Tiene un excelente humor y es muy amable con todas aquellas personas que solicitan su autógrafo. Que siga así, pero que ralentice un poco los tiempos. De veras que se lo habremos de agradecer. Este tipo de lecturas para los guateques con los amigos.

- Vladimir Ashkenazy y la Orquesta NHK de Tokio: Nos bajamos del Lamborghini de Maazel y nos subimos a un Mazda Rx-8 japonés, vehículo peculiar para una orquesta peculiar, un director asimismo peculiar como pocos y una interpretación consecuentemente, y valga la redundancia, peculiar. Ashkenazy no ha sido nunca santo de mi devoción y siempre he considerado, desde mi más personal y subjetiva apreciación, que fue un elegante pianista que se metió a director cuando ya no tenía nada más que decir al piano. Pero esta maliciosidad mía se queda en evidencia cuando escuchamos esta interpretación del Allegro con brio. Cierto es que la ortodoxia formal de Ashkenazy deja mucho que desear (Se arrasca la nariz, se le sale la baba, parece que se pierde al pasar la página de la partitura, no da un paso, asemejando estar clavado en el podio, con estrafalarios giros de cadera al estilo del cómico actor Leslie Nielsen… ¿A que se parece un poco? ) pero su musicalidad a la hora de abordar este movimiento es del todo admirable. Ashkenazy se fue a vivir a Islandia, entre otras cosas, para que sus hijos no cayeran en la cultura del alcohol (Que de esto Ashkenazy, como buen ruso, sabe mucho). Pero aquí parece que se ha tomado una botella de vodka y nos brinda una versión firme, poderosa, dominadora y plena de contrastes. Sólo podría achacársele una cierta dejadez en las dinámicas sonoras, con pianos que parecen fortes y viceversa. Sin embargo, la versión es de categoría, muy bien diseñada y extraordinariamente conducida en sus compases finales. La respuesta de la orquesta es también excelente. ¡Un brindis por don Vladimir! Eso sí, con agua…
Con esta entrada inauguramos una nueva sección, VERSIONES COMPARADAS, que debido al análisis y estudio que conlleva nos veremos obligados a insertar con una periodicidad más amplia. Haremos todos los esfuerzos posibles para que, al menos, tenga una frecuencia mensual.