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Diez pinturas inolvidables XV (Chicago Art Institute) 10 febrero 2010

Posted by Maria Bell in General.
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 Dentro de nuestro periplo por América, ofrecemos hoy la decimoquinta entrega de esta serie dedicada a seleccionar las diez obras más representativas de las más importantes pinacotecas del mundo. Hacemos parada en Chicago, la moderna capital de Illinois que se encuentra a orillas del lago Michigan, y nos adentramos en uno de los mejores museos estadounidenses, el Chicago Art Institute, probablemente la pinacoteca que reúne la mejor colección de pintura impresionista del mundo fuera de Europa. Este museo es muy peculiar, ya que en el mismo se exponen principalmente pinturas de estilo medieval y de estilo impresionista, es decir, obras de épocas muy distantes entre sí. El museo se fundó en 1879 y desde 1893 se ubica en un edificio de estilo neo renacentista diseñado por un gabinete arquitectónico de Boston. Con esta entrada, atesoramos ya 150 cuadros de quince museos del mundo: Así, hasta ahora, hemos visitado El Prado, El Louvre, La Galería de los Uffizi, La National Gallery londinense, El Rijksmuseum de Amsterdam, El Orsay parisino, el Metropolitan de Nueva York, la Alte Pinakothek de Munich , el Museo Thyssen-Bornemisza, el Kunsthistorisches de Viena , el Hermitage de San Petersburgo , el Reina Sofía, la Pinacoteca di Brera en Milán y el MOMA neoyorquino… Y los que nos quedan. Cumplimos así los deseos de la madrina de este blog, Amalia, de quien hemos recibido la bendición para seguir con esta serie que comenzó con la idea de salvaguardar las mejores obras de la pintura universal ante el advenimiento de una presumible catástrofe cósmica que resultó ser un camelo… Bromas aparte, a ver si os gusta mi selección de hoy.

El Greco Asuncion de la virgen

1- LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN de El Greco: Es imposible dejar de pensar en otra conocida Asunción, la de Tiziano, a la hora de contemplar este cuadro. La pintura fue concebida para decorar el retablo mayor de Santo Domingo el Antiguo en Toledo, pero fue vendido en 1830 y sustituido por una copia. El original llegó hasta Chicago y fue el primer cuadro de El Greco expuesto en tierras norteamericanas. El cuadro presenta la misma disposición que el ya mencionado de Tiziano, con dos escenas, terrenal y celestial, que quedan vinculadas por la impactante figura de la Virgen. La obra destaca por la extraordinaria expresividad de los figurantes, aspecto en el que El Greco era un consumado maestro, y en el inconfundible y luminoso cromatismo.

Zurbaran san Barulas

2- SAN ROMÁN DE ANTIOQUÍA de Francisco de Zurbarán: La historia que narra este cuadro de Zurbarán es del todo escalofriante: San Román de Antioquía fue un diácono cristiano que murió en el año 303 durante las persecuciones ordenadas por el emperador Galerio. Cuenta la leyenda que al pobre Román le seccionaron la lengua para impedir que siguiera haciendo prosélitos. Pero el bueno de Román, que para eso era santo, siguió hablando sin lengua… Un niño llamado Barulas, al contemplar la escena, declaró la divinidad de Cristo y fue por ello igualmente martirizado. En este cuadro, el artista muestra a San Román sosteniendo su propia lengua con la mano derecha mientras que el niño le escucha con atención. La expresión del rostro del santo es una de las más logradas por Zurbarán en toda su extensísima producción y también resultan excepcionales los bordados de la casulla.

Watteau fiesta campestre

3- LA FIESTA CAMPESTRE de Antoine Watteau: Como suele ser tónica habitual en la producción de Watteau, este gran lienzo está ambientado en elegantes jardines aristocráticos que muestran el ambiente social del Rococó. Destacan las majestuosas tonalidades verdosas y azuladas del paisaje y una posible herencia de la pintura flamenca en cuanto a la técnica. Los personajes, ricamente vestidos y pintados al detalle, aparecen en una proporción inferior en comparación al exuberante paisaje. Existe un cierto componente erótico en la actitud de algún figurante, quien parece ajeno a las conversaciones tal vez insustanciales del resto del grupo. Watteau aplica los colores de una forma muy diluida, recurso que permite las transparencias. El cuadro aparece más oscuro de lo que fue en su origen debido a la aplicación de unos barnices coloreados que dificultan su limpieza y conservación. Aún así, me parece una obra maravillosa que, con vuestro permiso, me llevo a casa.

Renoir mujer al piano

4- MUJER AL PIANO de Pierre-Auguste Renoir: Grandísimo óleo del que quizás fue el exponente más sensibilizado del Impresionismo. Como buen impresionista, Renoir se siente motivado para retratar escenas del todo cotidianas, evitando las mitologías e historicismos de los académicos. La joven aparece vestida con un amplio vestido blanco ribeteado en negro que el artista pinta con gran maestría, logrando captar distintas tonalidades correspondientes a las sombras proyectadas. Otro magnífico contraste es el que enfrenta el delicado y pálido rostro de la joven con el negro caoba del piano, aspecto que indefectiblemente nos recuerda a Manet, el gran referente de los impresionistas. El cuadro refleja también el interés de Renoir por la atmósfera más que por el detalle y para ello aplica una pincelada rápida y muy empastada. Emotivo y excepcional óleo.

Caillebotte La plaza de Europa

5- LA PLAZA DE EUROPA EN TIEMPO LLUVIOSO de Gustave Caillebotte: El artista parisino, discutido aún por cierta parte de la crítica, pertenece a la escuela realista anteriormente abanderada por Courbet y Millet aunque sus obra presenta influencias del Impresionismo. De esta manera, este prodigioso cuadro refleja la realidad tal y como es en un empeño de reducir la teatralidad inherente de la pintura. Pero en este óleo, Caillebotte llega a tal dosis de hiperrealismo y maestría que consigue plasmar de manera fotográfica una calle de París. El aspecto moderno y distintivo del cuadro es evidente — recuerda mucho a Hooper — y la técnica delata el uso de colores planos. La arriesgada y profunda perspectiva puede resultar un tanto exagerada; sin embargo, Caillebotte demuestra ser un pintor valiente y no adherido a estilo pictórico alguno. El colorido del cielo y de las losetas de la calzada — observad como se “inclinan” hacia nosotros, como en una foto — están conseguidos con verdadera maestría. Obra maestra sin posible discusión.

Seurat grand Jatte

6- TARDE DE DOMINGO EN GRAND JATTE de Georges-Pierre Seurat: Nada menos que dos años empleó Seurat en completar esta cuidada composición que arranca de formas geométricas simplificadas. Las casi cuarenta personas que aparecen en el cuadro ofrecen la sensación de estatismo y poca comunicatividad; sin embargo, la intención de Seurat es la de plasmar los estereotipos parisinos de la época, añadiendo un cierto simbolismo lascivo en la figura del mono. El contraste entre el primer plano de sombra y el fondo soleado permite crear una conseguidísima sensación de profundidad que se ve reforzada por la continua recesión de los figurantes. El cuadro tiene algo de onírico, de irreal, pero me parece fascinante. Es además un claro exponente del alejamiento temático de Seurat respecto a los impresionistas, más preocupados éstos por captar la espontaneidad y fugacidad escénica.

cezanne-pannierdepommes1895

7- BODEGÓN CON MANZANAS Y MELOCOTONES de Paul Cézanne: Este sensacional cuadro corresponde a la época de mayor madurez del autor. Cézanne culmina su estudio del color mediante la aplicación de unas cuantas pinceladas yuxtapuestas de color. En este lienzo apreciamos como el artista expresa su teoría de que lo que realmente se ha de modular es el color y no el claroscuro, como se había hecho hasta entonces en la pintura tradicional. Otra de las características de este bello cuadro es la completa dislocación de la perspectiva en un intento de ofrecer al espectador dos puntos de vista. Si nos fijamos, el plano izquierdo no está a la misma altura que el derecho. Hasta cierto punto, y con muchas reservas, podría hablarse de un precedente del cubismo. Otro lienzo que me llevo directamente a mi casa.

Nonet nenúfares

8- LIRIOS DE AGUA (NENÚFARES) de Claude Monet: El cuadro pertenece a la serie de más de 250 óleos que Monet dedicó a esta serie y para cuya inspiración se fijó en los juegos de agua de su jardín de Giverny. Por algunas de estas obras se han llegado a pagar verdaderas fortunas en las subastas. Monet, ya enfermo de cataratas cuando inicia esta prodigiosa serie, se resuelve como uno de los más grandes pintores de la historia. Pocos saben que Monet ordenó importar nenúfares de Japón para su estanque de Giverny y para ello se tuvo que elevar artificialmente la temperatura del mismo, provocando las protestas de los vecinos que acudían a lavar al río que pasaba por la finca y que formaba el estanque. En este magistral óleo se advierte como la pincelada de Monet es cada vez más suelta, en un proceso que paulatinamente va a eliminar la forma en aras de una incipiente abstracción posteriormente desarrollada por otros autores. Grandioso y sublime lienzo de una serie que, con toda justicia, se ha venido llamando como La Capilla Sixtina del Impresionismo.

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9- RETRATO DE PICASSO de Juan Gris: De rodillas, que estamos ante un monumento pictórico. Con este cuadro, homenaje de Gris a un compatriota que le aventajaba en edad y fama, se presentó Juan Gris en el famoso Salón de los Independientes de París. El cuadro se compone de una serie de planos cuyos bordes están delineados en firmeza y claridad. Dichos planos son construidos a base de pinceladas cuadradas de colores cálidos y fríos que Gris aplica a la superficie de la tela con una irregularidad distinta a la de la técnica empleada usualmente por Picasso o Braque. Para muchos especialistas, la adopción de esta estructura geométrica aparentemente rígida significa que Gris es el exponente más puro del Cubismo, consideración con la que estoy absolutamente de acuerdo. Prodigioso el detalle de la paleta negra sostenida por el retratado y en la que aparecen manchas de los tres colores primarios más el negro. Este cuadro, en mi opinión, forma parte de los diez mejores cuadros de la historia de la pintura española. Obra maestra sin posible discusión.

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10- NIGHTHAWKS (NOCTÁMBULO) de Edward Hopper: La clave de la belleza de este cuadro radica en el uso expresivo de la luz artificial que juega sobre las formas simplificadas. La pareja — ¿A que se parecen a Humphrey Bogart y Lauren Bacall? — contempla al camarero inclinado bajo el mostrador mientras que sus manos están a punto de tocarse, escena que hace resaltar indirectamente al solitario cliente que da la espalda al espectador. Las formas geométricas curvas, acentuadas por una fachada art-déco y una luz angular, proporcionan un escenario casi teatral al grupo de figuras casi aisladas. El anuncio de cigarrillos marca Phillies — marca barata que solía venderse en gasolineras — delata que el local no es, precisamente, de gran categoría. La escena es del todo intrigante al no verse la entrada al establecimiento, por lo que el espectador parece imperativamente expulsado de la escena. Este óleo sirve para decorar algunas historias contadas por el autor de este blog en otras categorías del mismo…

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Diez pinturas inolvidables VII (Metropolitan Museum of New York) 11 febrero 2009

Posted by Maria Bell in General.
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 Bueno, yo no sé si esa catástrofe cósmica que dio pie a esta serie de comentarios era más bien referida a la actual crisis económica que padecemos. Lo cierto es que me encuentro en Nueva York con la trascendental tarea de salvaguardar las diez mejores obras pictóricas del Museo Metropolitano, trabajo nada sencillo, por cierto. Ya tenemos lo mejor de El Prado, del Louvre, de la Galería dei Uffizi, de la National Gallery, del Rijksmuseum, del Orsay… Y ahora nos toca esta sensacional pinacoteca americana. Mi madrina, Amalia, debe estar un poco enfadada por mi silencio en estos dos meses de búsqueda pictórica pero, en mi descargo, he de comentar que me he visto agobiado para decidirme por los diez mejores cuadros dentro de una extensa y variadísima lista como es esta a la que hoy viajamos. No acabo de terminar esta nota y ya estoy recibiendo peticiones de la Alte Pinakhotek de Munich, del Kunsthistorisches vienés, del Ermitage ruso… No sé cómo voy a ser capaz de hacerlo pero no dudéis en que por aquí aparecerán esas listas. Seguro. Bueno, a ver si os gusta mi selección de hoy.

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1- LA ADORACIÓN DE LOS PASTORES de Mantegna: Gran colorido y escultórica concepción de las figuras, con posible influencia de Donatello. El cuadro adquiere una gran profundidad por el fondo paisajístico. Los rostros un tanto estrafalarios de los pastores delatan un período de formación del autor, aunque ya se advierte su gusto por la perspectiva en la arriesgada colocación del niño. Se advierten también influencias de Piero Della Francesca, sobre todo en la amplitud del paisaje.

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2- VISTA DE TOLEDO de El Greco: Uno de los escasos paisajes de la pintura española de la época. La ciudad se encuentra amenazada por unas inquietantes nubes tormentosas y el atrevimiento de El Greco con la utilización de los verdes es del todo arriesgado. El dramatismo de la pintura acentúa la imagen de una ciudad por entonces imperial. Quizás el autor haya intentado recoger un cierto misticismo acorde con su personalidad creativa. El contraste entre el cielo, con bellísimos contrapuntos de luz, y el tono insólitamente verde de la ciudad está magistralmente concebido. Para mí, una de las mejores obras de El Greco.

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3- RETRATO DE JUAN DE PAREJA de Velázquez: Magnífico retrato del pintor sevillano donde lo que se destaca es la poderosa mirada del retratado. Velázquez, grandioso psicólogo, capta perfectamente el gesto altivo de quién fue un esclavo árabe manumitido por el propio artista. Resulta casi increíble ver cómo Velázquez es capaz de dotar al cuadro de un genial cromatismo basándose tan solo en la utilización de gamas de colores. El juego de luces y sombras en el rostro del retratado es verdaderamente sensacional, propio de un maestro insuperable como lo es Velázquez. Las pinceladas sueltas anuncian el futuro impresionismo.

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4- LA BUENAVENTURA de Georges de la Tour: Lo que más poderosamente llama a la atención en esta pintura es el mudo diálogo psicológico que se establece entre sus personajes. Un joven rico mira altivamente a una gitana que lo está engañando ante la cómplice mirada de unas acompañantes que le están robando la cartera, como quién dice. El dibujo es verdaderamente sensacional y los trazos de las zíngaras que aparecen tras el noble son de una belleza incomparable. La escena es lo único que importa, por ello el autor prescinde de cualquier fondo que pueda desviar la atención del episodio. Un cuadro estupendo, donde parecen escucharse los diálogos que se están dando.

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5- LA ALEGRE COMITIVA de Franz Hals: Pocas veces podremos ver retratada una escena tabernaria tan llena de simbolismo como la que el maestro holandés nos ofrece en este divertido lienzo. Observad la ristra de salchichas que a modo de collar rodea el cuello del personaje barbudo del primer plano, cuyas tonalidades rosáceas y bermellones delatan un excesivo consumo de vino. La alegre mirada de la dama, dirigiendo su visión hacia el personaje situado por encima, denota un flirteo característico de ambientes más que sospechosos. La ironía preside esta pequeña obra maestra de un pintor fabuloso como lo fue Franz Hals.

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6- LA JOVEN DORMIDA de Jan Vermeer: De rodillas, que estamos ante una obra maestra de uno de los mayores genios de la pintura de todos los tiempos. No se puede pedir mayor poesía e intimidad a un cuadro, reflejando una acción tan cotidiana como la de echarse una siestecilla. Lo más asombroso de esta pintura es el juego de iluminaciones. Por un lado, vemos una puerta entreabierta que deja pasar algo de luz y que concede cierta profundidad al cuadro. Por el otro, vemos que el rostro de la joven se encuentra radiantemente iluminado por una luz que procede de la derecha. La composición sitúa todos los diferentes elementos de forma paralela al espectador y hay quien afirma que se trata de una alegoría sobre la embriaguez femenina ocasionada por posibles episodios de adulterio. Da igual, el cuadro es precioso y me lo llevo directamente a mi casa.

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7- ARISTÓTELES CONTEMPLANDO EL BUSTO DE HOMERO de Rembrandt: No parece probable que el filósofo Aristóteles vistiese de esa guisa, con capa, cinta aristocrática y tocado de elegante sombrero. Rembrandt es el gran maestro de las gradaciones cromáticas y así se pone de manifiesto en este bellísimo cuadro. Además, parece como si el busto homérico tuviese vida interior, reflejando una expresión que intenta mentalmente dialogar con el anacrónicamente vestido filósofo. Una luz misteriosa baña todo el lienzo y consigue crear una atmósfera de inquietante intimidad. En el rostro de Aristóteles se descubren todos los colores y gamas posibles de una paleta. Genial obra.

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8- WASHIGTON CRUZANDO EL DELAWARE de Emanuel Leutze: Monumental cuadro que representa un trascendental episodio de la independencia norteamericana. De proporciones colosales, la figura de Washington se yergue con nobleza en el centro de la escena. Lo más curioso del cuadro es que los modelos elegidos son norteamericanos que estudiaban en Düsserldorf. El cuadro original fue destruido durante el bombardeo aliado de Bremen y esta versión es una copia de 1851. Se advierte una clara influencia del neoclasicismo de David en su factura. La luz de alborada ayuda a remarcar la grandiosidad tanto del cuadro como de la escena.

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9- DOS MUJERES TAHITIANAS de Gauguin: De lo mejor de Gauguin, sin duda alguna. El realismo y la naturalidad de la escena reflejan un momento de especial felicidad en la vida del artista. Los rostros de las muchachas están primorosamente dibujados y el escorzo de la mujer de la derecha nos conduce a un perfecto contraste entre el radiante tono de la rodaja de sandía y el color tostado de la piel de las mujeres. La gama cromática utilizada en la composición revela un absoluto dominio del artista en ese campo. La tierna mirada de la joven situada a la izquierda es de lo más grandioso jamás pintado por un pintor amante de lo femenino como pocos. Con vuestro permiso, me llevo también este lienzo a mi casa.

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10- SEÑORA TOMANDO EL TÉ de Mary Stevenson Cassatt: El cuadro nos muestra una situación casi superficial y cotidiana, pero con un punto de tensión dramática tanto psicológica como emocional. La obra refleja un minucioso uso de la línea y el color inspirado en el gusto de la artista por el grabado japonés. La pintura fue encargo de la hija de la retratada y se disgustó enormemente por la representación tan humanamente realista de su madre. Por ello, el cuadro fue conservado por su autora en su colección privada hasta que finalmente lo donó en 1932 al Metropolitan. Particularmente, me parece un retrato prodigioso.

El Entierro del Conde de Orgaz – El Greco 14 octubre 2008

Posted by Maria Bell in Análisis pictórico.
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* Oleo sobre lienzo
* 460 x 360 cms
* Realizado entre 1586 y 1588
* Ubicado en la Iglesia de Santo Tomé, Toledo.

 La historia de este suntuoso lienzo arranca en 1579, cuando El Greco recibe dos trascendentales encargos: De parte del cabildo de la Catedral de Toledo se le encomienda pintar una obra sobre el tema del “Expolio de Cristo”, obra actualmente expuesta en la Catedral de Toledo y, de parte de Felipe II, como prueba para una posible colaboración como pintor del flamante Monasterio de El Escorial, “El Martirio de San Mauricio ó La Legión Tebana”. Esta obra, desgraciadamente, no fue del agrado del rey y acabó por apartar al artista de los encargos oficiales, sumiéndole en una introspección mística que dará como fruto, entre otras obras, “El Entierro del Conde de Orgaz”, la cumbre pictórica del autor y uno de los mejores óleos del siglo XVI.

 A la hora de analizar cualquier cuadro de El Greco hemos primeramente de tener en cuenta sus características como artista y sus condicionamientos pictóricos. El Greco, de inicial formación eminentemente bizantina, tiende a la composición espiritualizada de la realidad visual. Las extrañas perspectivas, a menudo invertidas, el alargamiento proporcional de las figuras y la estrechez espacial son aspectos genéricos de la estética bizantina, con cuyos conceptos se familiarizó tempranamente el autor. Pero, ya en Venecia, varios pintores influyeron decisivamente en la formación de su peculiar e indiscutible estilo. De Tiziano aprendió el concepto del color como referencia fundamental de un cuadro, en oposición al dibujismo de Miguel Ángel. De Tintoretto adopta el empleo de las luces artificiales, inexistentes en la naturaleza, y que sirven para la representación religiosa conforme a las visiones místicas. También de Tintoretto es la influencia de los llamados dobles puntos de vista (Diopsia). El Greco viajó posteriormente a Roma y tuvo contacto con la pintura de Rafael, de quién admiró su sentido de la composición.

 Como pintor religioso, El Greco hace uso de la descomposición volumétrica de las figuras, de la asimetría y de los movimientos serpenteantes. Al artista no le interesa en sí el carácter histórico de los relatos que acomete sino más bien su significado espiritual. El “santo” es un ser agitado que siente la llamada de Dios y esa presunta “agitación se traduce en un alargamiento de las figuras, casi hasta el punto de la estilización, como plena voluntad del artista y no siendo debido, como reiteradamente se ha comentado, a un presumible defecto óptico del autor. Algunos críticos afirman que El Greco tomaba apuntes de locos, de enajenados, y luego se servía de maniquíes a los que iluminaba escenográficamente para resaltar el contenido expresivo. También debemos apuntar que El Greco estuvo influenciado en buena medida por la corriente manierista y su alargamiento de figuras se corresponde igualmente a esta circunstancia.

 El Entierro del Conde de Orgaz se inspira en una leyenda toledana según la cual don Gonzalo Ruiz, Señor de Orgaz, a la hora de su muerte fue milagrosamente colocado en el sepulcro por unos santos, agradecidos por las buenas obras que dicho noble realizó en vida, como fueron las de favorecer económicamente a los agustinos y levantar una iglesia en honor a San Esteban. El milagro ocurre ante un distinguido grupo de nobles y frailes toledanos entre los que se autorretrata el autor (La única de estas figuras que nos mira frontalmente). Mientras el párroco prosigue ensimismado con sus rezos, el sacristán observa la llegada a los cielos del alma del Señor de Orgaz. No deja de ser una alegoría de la muerte como principio de la vida eterna. Dos son las partes en las que se divide estructuralmente el cuadro: En la superior, vemos una representación celestial con la llegada del alma del Conde, quién transmite su respeto ante un Cristo escoltado por ángeles y apóstoles. Separada por la línea que forma la numerosa fila de nobles, se encuentra la parte inferior, donde se aprecia el milagro descrito de los dos santos colocando el pálido cuerpo del Conde en el sepulcro. La figura infantil inferior de la derecha es un retrato del hijo del autor. El contraste entre el colorido de las dos partes del cuadro es magistral, predominando la claridad en la superior toma espiritual frente a la mayor oscuridad de la escena más mundana.

 Si nos fijamos, entre los elegidos que aparecen a la izquierda del Cristo Triunfal y Juez, se encuentra la anciana figura de Felipe II, con la característica mano en el pecho a la manera de El Greco. Al parecer, el autor incluyó esta figura a la muerte del monarca en 1598, en un acto bondadoso, rechazando cualquier rencor contra la figura de Felipe II pese a no haber resultado elegido por éste como pintor oficial para El Escorial. Los mayores detalles técnicos se perciben mejor en la parte inferior del cuadro. El detallismo en los ropajes que visten los santos que sostienen el cadáver del Conde es de una perfección inusitada, donde el artista se permite el lujo de recrear incluso la lapidación de San Esteban, en clara referencia a las obras acometidas por el Conde en vida, en la casulla del santo más joven. Magistral el efecto conseguido de transparentar las telas blancas del sacristán, de espaldas a nosotros, cuya expresión está a caballo entre el asombro y la piadosa admiración. Como ya nos hemos referido anteriormente, El Greco acentúa a propósito la palidez del rostro del fallecido, contrastándola genialmente con el plano diametralmente superior iluminado por la infinita luz celestial de Cristo (Ego sum lux mundi). La armadura del fallecido, exquisitamente elaborada, es un pequeño homenaje al gran Tiziano y en los numerosos rostros de los nobles que contemplan el entierro se han querido ver retratos de personajes famosos de la época, pero este asunto es ya materia de acreditados especialistas.

 En resumen, una obra grandiosa cuya contemplación justifica de por sí una escapada a la bella ciudad de Toledo. Si es en otoño, fuera de los agobios propios de la época estival, mejor que mejor.

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