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Diez pinturas inolvidables XVII (Tate Britain, Londres) 16 noviembre 2010

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 Inaugurada en 1897 bajo el patrocinio de Sir Henry Tate, la antiguamente conocida como Tate Gallery es denominada desde el año 2000 como Tate Britain dentro de un grupo de galerías de arte pertenecientes a la red Tate y que incluyen otros museos como el Tate Modern, el Tate Liverpool y el Tate St. Ives. Algunos de los fondos de la Colección Tate se distribuyen periódicamente por cada una de las cuatro galerías de la red, por lo que ciertas obras no pueden considerarse en exclusiva como permanentes en la Tate Britain. Para los amantes de la pintura inglesa, la Tate Britain es posiblemente el mayor templo existente en el mundo y en cuyo interior se alberga una de las más completas colecciones de obras de Turner. Una visita a dicha galería se complementa, casi de forma obligatoria, con otra posterior a la Tate Modern mediante el ferry que conecta ambos museos a través del Támesis y cuyo embarcadero se localiza enfrente de la Tate Britain. Con esta entrada ya atesoramos 170 obras de los mejores museos del mundo… Y las que nos quedan. Así, hasta ahora, hemos visitado El Prado, El Louvre, La Galería de los Uffizi, La National Gallery londinense, El Rijksmuseum de Amsterdam, El Orsay parisino, el Metropolitan de Nueva York, la Alte Pinakothek de Munich , el Museo Thyssen-Bornemisza, el Kunsthistorisches de Viena , el Hermitage de San Petersburgo , el Reina Sofía, la Pinacoteca di Brera en Milán, el MOMA neoyorquino, el Chicago Art Institute, y el Museum of Fine Arts de Boston. Como siempre, esta selección de obras pictóricas está dedicada a la madrina de este blog, Amalia, de quien recibimos en su día la bendición para dar paso a esta aventura. A ver qué os parece mi selección. Espero que sea de vuestro agrado.

1- EL CAPITÁN THOMAS LEE de Marcus Gheeraerts el Joven: Gheeraerts fue uno de los principales retratistas de la alta sociedad inglesa a caballo entre los siglos XVI y XVII. La pintura es realmente curiosa: El capitán Lee — que acabó siendo ejecutado por deslealtad siete años después de la realización de este retrato — aparece como un soldado de infantería con las piernas desnudas. Con este aspecto tan estrafalario, unido a la ostentosa armadura y a cierto amaneramiento en la mano izquierda, Gheeraerts parece intuir el poco futuro del capitán Thomas Lee, quien ya en ese momento estaba siendo cuestionado por sus actuaciones en el ejército colonial inglés. Este retrato es una de las grandes rarezas de la historia del género. Formidable en su factura y en el prodigioso contraste entre las desnudas piernas del retratado con un fondo de claros matices pastorales.

2- LA FAMILIA STRODE de William Hogarth: Hogarth fue uno de los pintores ingleses dotados con mayor talento y perspicacia a la hora de abordar sus retratos sobre grupos familiares ingleses. La escena representa a los miembros de una familia reunidos en el salón principal de la casa en actitud de tomar el té. La atmósfera que transmite la pintura es de especial serenidad, apoyada en las dos figuras de los perros que escoltan la composición y que sirven para resaltar el aspecto de fidelidad. El tono general de la obra es deliciosamente suave y se contrasta con las tonalidades brillantes del vestido de la joven y de la casaca del individuo que permanece a su lado. En ningún momento el artista pretende valorar el fondo, muy difuminado con una serie de cuadros, con lo que se aparta de la característica suntuosidad de este tipo de lienzos en otros pintores. El denominador común de todos los personajes es la fuerza que les comunica Hogarth a través de un magnífico dibujo.

3- HOMERO RECITANDO SUS POEMAS de Thomas Lawrence: Lawrence fue un prodigio de facultades pictóricas hasta el punto de que llegó a ser ferozmente criticado en su época por comprometerse a realizar los cientos de encargos que anualmente recibía y no disponer de tiempo suficiente para emplearse a fondo en muchos de ellos. A pesar de su enorme fama como retratista, Lawrence intentó abordar, con menor éxito, la pintura de género. Esta pintura que aquí mostramos es obra de juventud y fue pintada para el famoso marchante inglés Richard Payne Knight. El cuadro es todo un cántico al estilo clásico tanto en técnica como en temática y no dejan de apercibirse ciertas concomitancias con la obra de Poussin. Sin embargo, el tono es más melancólico, más teatral si cabe por una iluminación completamente artificiosa, y muestra al poeta Homero recitando sus obras ante una admirada audiencia entre la que destaca la joven figura de un muchacho desnudo que no es sino un retrato de un célebre luchador de la época conocido como Jackson. Es de las pinturas menos conocidas de Lawrence.

 

4- EL CASTILLO DE HADLEIGH de John Constable: Este castillo, cuya construcción data del año 1230 por orden del rey Enrique III y del que a día de hoy apenas se conservan dos torres, es uno de los mejores exponentes de la arquitectura civil medieval de Inglaterra. Lugar considerado mítico por algunos historiadores por el gran protagonismo que la región tuvo durante algunos siglos de la historia inglesa, el entorno fue visitado por Constable en 1814 y en consecuencia el artista realizó hasta diez bocetos previos al óleo antes de concluir la obra definitiva quince años después. En esta pintura mostramos uno de esos bocetos, un magistral trabajo que muestra una inconfundible imagen de soledad y decadencia equiparable al estado anímico del pintor en aquellos días, desolado por el fallecimiento de su esposa. La pintura presenta un fortísimo acento expresivo que se ve reforzado por las amenazantes nubes del fondo. Obra maestra sin posible discusión.

5- TORMENTA DE NIEVE de Joseph M. W. Turner: A partir de 1840 Turner se convirtió cada vez más en un pintor incomprendido por sus radicales experimentaciones y ello tuvo mucho que ver con este portentoso lienzo de la Colección Tate presentado en 1842. Los espectadores se quedaron absortos por la composición en remolino utilizada por Turner y por unas líneas compositivas que provocan vértigo, desorientación y caos. La fusión enloquecida de masas de aire y luz en una paleta muy limitada evocan un estado cercano a lo meramente onírico. Pese a todo, Turner controla en todo momento los movimientos y simboliza la pequeñez humana frente a las poderosas fuerzas de la naturaleza colocando el barco en el epicentro del remolino. La leyenda cuenta que Turner se había atado a la cubierta de un barco en medio de una tempestad para sentir la naturaleza de cerca. Obra maestra que me llevo a mi casa.

6- OFELIA de John Everett Millais: Uno de los más famosos óleos de la pintura prerrafaelita que coincide con la etapa de máximo fervor juvenil del grupo. El cuadro representa la famosa escena de Hamlet en la que Ofelia, tras perder a su padre de manos de su enamorado, se arroja al río y se ahoga. Siguiendo la argumentación de Shakespeare, Millais pintó flores con botánica exactitud e incorporó muestras del lenguaje floral victoriano. El detallismo de la obra es obsesivamente meticuloso y se dice que Millais pasó unos cuatro meses cerca del río Hogsmill, en el condado de Surrey, para trabajar el fondo del cuadro. La mujer que hizo de modelo, Lizzie Sidall – futura esposa de Rossetti — tuvo que posar durante varias semanas en una bañera llena de agua que era calentada por debajo mediante hornillos. Obra cumbre del simbolismo poético propio del prerrafaelismo.

7- EL DESPERTAR DE LA CONCIENCIA de William H. Hunt: Miembro también de la Hermandad de los Prerrafaelitas, William Holman Hunt fue el que mostró mayor fidelidad a los planteamientos del grupo a lo largo de toda su carrera. Este lienzo fue considerado como escandaloso por representar sin ambages una auténtica relación extramatrimonial. Se observa como una joven — repleta de anillos aunque ninguno de ellos es una alianza – se levanta bruscamente mirando hacia arriba como reacción a algo visto u oído en la estancia. El cuadro es un compendio de simbología (reloj dentro de una campana de cristal, pájaro cazado por un gato, partitura enrollada por el suelo…) que alude al cautiverio de una joven que mira hacia el exterior, hacia un mundo de libertad que se refleja en el espejo del fondo. El cuadro, pese a presentar un ineludible componente religioso plasmando una emoción espiritual, fue rechazado por la ultramontana iglesia anglicana de la época.

8- BEATA BEATRIX de Dante Gabriel Rossetti: Otro de los miembros de la Hermandad Prerrafaelita, Rossetti realizó muchas versiones de esta imagen inspirada en el texto Vita Nuova de Dante en el que la amada del escritor, Beatriz, moría en plena juventud y pasaba a la beatitud eterna. Rossetti concluyó el cuadro en 1863, un año después de que su mujer Lizzie Sidall falleciera. El bellísimo rostro de la mujer aparece con un inconfundible gesto de éxtasis en su tránsito desde la Tierra al Cielo. Un pájaro sagrado le entrega la amapola símbolo del eterno descanso y la propia figura de Dante se adivina tras el reloj de arena que señala las nueve, hora simbólica de la muerte. Al fondo del todo y en posición central se acierta a intuir un paisaje florentino con el río Arno entre los arcos del Ponte Vecchio. Este cuadro está ya en los umbrales del Simbolismo y se aparta del todo del naturalismo objetivo postulado por el prerrafaelismo. Otra obra que con vuestro permiso me llevo directamente a mi casa.

9- NOCTURNO: AZUL Y PLATA (CHELSEA) de James McNeill Whistler: Americano de nacimiento, la biografía de Whistler serviría como argumento para una serie de televisión o una producción cinematográfica. De niño estuvo en Rusia y luego se matriculó en la academia militar norteamericana West Point, abandonando dicha institución a causa de un monumental enfado que agarró porque le suspendieron un examen de química. Bisexual sin complejos, fue amante de Oscar Wilde, compartió mujer con Courbet y dicen que mantuvo una relación más que íntima con Jack el Destripador… Este magistral óleo es el primero de una serie de pinturas que representan distintas vistas nocturnas del Támesis. Whistler reduce la escena a un puñado de elementos básicos, aunque dicha supuesta economía de medios resalta su maestría y sensibilidad para captar el dominio de la luz de una forma nostálgica y absolutamente personal. La tabla fue objeto de severas críticas y se acusó al autor de dejarla inacabada, reparos que también recibieron pintores como Turner o Cézanne. El efecto que provoca contemplar este óleo es similar al que produce la sonoridad de la forma musical denominada de igual manera. Grandioso cuadro.

10- ENA Y BETTY de John Singer Sargent: Para muchos, el ítalo-norteamericano John Singer Sargent es un retratista tan genial que sólo puede ser comparado con Velázquez; para otros, Sargent fue un pintor desconectado de su época que producía cuadros atendiendo al exclusivo interés monetario. Para mí, Sargent es un genio, anacrónico sí, pero un genio de la pintura. La contemplación en directo de su pintura por primera vez puede causar desmayos, lo advierto. A decir verdad, este cuadro es una maravilla en todos los aspectos: Las increíbles texturas de los vestidos, contrastando la seda blanca de Ena – por quien el pintor se sentía sentimentalmente atraído — con el lujoso terciopelo rojo de Betty, hacen que la pintura adquiera un ficticio aspecto tridimensional. El jarrón de porcelana es un cántico a la velazqueña perspectiva aérea, al igual que los juegos de luz y sombra que contornean el fondo. Obra maestra absoluta de un artista por cuyos cuadros en la actualidad se pagan verdaderas fortunas en las subastas. Otro motivo más para llevármelo a mi casa.

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El Temerario remolcado a su último destino – Turner 23 junio 2009

Posted by Maria Bell in Análisis pictórico.
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El temerario

* Óleo sobre lienzo
* 91 x 122 Cms
* Realizado en 1839
* Ubicado en la National Gallery de Londres

 La grandeza de Turner, pese a haber llegado más lejos en sus audacias lumínicas, no reside en haberse adelantado a los impresionistas. Pero no hay duda de que es uno de esos genios que han desarrollado un modelo conceptual similar al de los artistas nacidos casi un siglo después, desafiando cualquier tentación psicológica o sociológica de plausible explicación. Los cuadros de Turner producen en el espectador la impresión de algo absolutamente contemporáneo, con esas, en general, atmósferas de crepúsculo que parecen adormecidas. Este privilegio creativo de mantenerse “eternamente joven” justifica el apelativo de “genio” que anteriormente le hemos aplicado. Quizás este particular misterio de Turner puede ser desentrañado si nos paramos a leer su biografía, sobre todo sus años de juventud, y descubrimos que la madre del artista era una mujer loca que acabó encerrada en el manicomio y que llenó los 25 primeros años del pintor con una realidad envuelta de temor y dudas, en una clara proyección vital introspectiva. A diferencia de Constable, su principal competidor, Turner compone sus paisajes en medio de violentas tormentas y suntuosas arquitecturas, representando una especie de reverso de una moneda cuya principal muestra el estudio de las variaciones de luz natural que define el campo de actuación paisajística de Constable.

 Uno de los factores más importantes que contribuyeron al peculiar desarrollo paisajístico de Turner fue su absoluto dominio tanto del óleo como de la acuarela, dando a veces al primero la transparente luminosidad de la segunda y viceversa. También es un excelente grabador, como se demuestra por el hecho de que en 1799 recibió el título de miembro asociado de la Real Academia con tan sólo 27 años. Entre los paisajes de Turner, cabría distinguir entre los que captan un simple efecto natural y los que se basan en un argumento mítico o histórico, siguiendo el ejemplo de Claudio de Lorena. Pero un capítulo aparte, acaso más rico en valores pictóricos originales, es el de los cuadros basados en un suceso contemporáneo, como el óleo del Temerario que hoy nos ocupa. A este apartado también pertenecen los dramáticos Incendio en el mar e Incendio en el Parlamento.

 Turner significa un nuevo concepto del paisaje: Es un paisaje hecho de luminosidad y color, más que de relieves. A menudo, sus nubes u oleajes parecen irresistiblemente empujados hacia una curva, ya sea centrífuga o centrípeta, que quiebra el tradicional sentido de la perspectiva renacentista de líneas rectas de fuga convergentes hacia un punto del fondo. El paisaje ya no es una vista de óptica inmóvil — a semejanza de Canaletto — sino una agitación, un torbellino que parece chocar contra el marco. En sus últimos cuadros — que no se expusieron en vida del autor y que fueron casualmente descubiertos, enrollados, en un barracón del Támesis — hay una especie de locura dinámica que parece prepararnos, más que al propio Monet, a la llamada Action painting de Pollock. Estos paisajes son una confesión eufórica y desesperada del artista al tratar de advertir a su hipotético espectador toda la vertiginosa sublimidad de lo creado por Dios.

 El Temerario remolcado hacia su último destino fue expuesto por primera vez en la Royal Academy en 1839 (Con la indicación en el catálogo “La bandera con la que desafió la batalla y la brisa ya no le pertenece”) y representa a un célebre navío, el Fighting Téméraire (Nombre de otro barco francés capturado en Lagos en 1759) que se distinguió en la batalla de Trafalgar a las órdenes del capitán Harvey, en 1805, y que en 1838 fue separado del servicio militar y desguazado. En la escena, vemos el antiguo navío de guerra, alto y dorado, como una aparición, arrastrado por un remolcador negro cuya chimenea le envía su humareda para ser destruido. Un par de barcos veleros se apartan a su paso y forman una especie de escolta de homenaje al viejo héroe. La puesta de sol, más que un accidente meteorológico — fue duramente criticada por su imposibilidad dada la dirección del barco — es como una alegoría de su propia muerte. Turner, mediante un formidable contraste de colores a la manera de una sinfonía, ha sabido producir la impresión de una marcha lenta y majestuosa, una verdadera marcha fúnebre y triunfal, como seguramente la hubiera definido Berlioz. Turner siempre estuvo muy apegado a esta formidable pintura – “Ni por cuestiones de dinero ni de favores volvería a prestar a mi querida” – y en ella el autor quiso servir de testimonio a los profundos cambios tecnológicos que se estaban produciendo en su época. El cromatismo y la factura son propios de sus últimas obras, las que permiten considerarlo como el más revolucionario de los pintores de paisaje. El cuadro, además, muestra la fascinación de Turner por los temas elementales: El agua, el aire y el fuego. La criticada y ya referida “imposible” puesta de sol es un homenaje tanto a la gloria pretérita del buque como una demostración virtuosística del autor. Se trata de una obra de cuando el pintor ya había rebasado los sesenta años y estaba a punto de entrar en su fase final, casi por completo abstracta y que los críticos de la época no terminaron de comprender. Turner abunda en los contrastes que tanto le gustaban: La pincelada suelta y el color empastado del cielo en contraposición con el detallismo del barco; los colores fríos del lado izquierdo frente a los cálidos del derecho; y, por último, la evidente confrontación entre el mundo antiguo y el moderno. En obras como El Temerario es donde mejor se aprecia la disolución de la forma, el énfasis en la luz y el color y la pincelada emotiva de Turner, características que marcarán posteriormente a los impresionistas y a tantos y tanto pintores abstractos. Pocas veces en la historia del arte un objeto inanimado y a punto de ser destruido adquiere tanta “vida” interior.

Diez pinturas inolvidables IV (London National Gallery) 23 julio 2008

Posted by Maria Bell in General.
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 London National Gallery

 Por fin le llegó el turno a una de las mejores y más valiosas galerías de pintura del mundo. Mucho he recorrido con estos cuadros a mis espaldas pero, finalmente, están a buen recaudo. La catástrofe que amenaza a la humanidad puede pasar tranquilamente por Madrid, París, Florencia y Londres. Tengo en mi poder las mejores obras pictóricas de las pinacotecas más representativas de esas ciudades. No ha sido nada fácil componer una selección en la National Gallery aunque, gracias a los ánimos de mi amiga AMALIA, la empresa ha sido realizada con presumible éxito. Estos cuadros no acabarán siendo destruidos. Aquí están. Os dejo. Me llaman urgentemente del Rijsmuseum…

Velazquez Venus del espejo

 

1- LA VENUS DEL ESPEJO de Velázquez: Vamos a empezar poniéndonos de rodillas, que estamos ante una de las grandes obras del mejor pintor de todos los tiempos. Único desnudo femenino del autor, lógico si tenemos en cuenta la época que le tocó vivir. Magistral juego de cromáticos contrastes entre las telas que escoltan a la diosa y su propio cuerpo. Formidable efecto difuminado del espejo, de gran rigor técnico. Escorzo sensual y poético. Nótense los distintos matices entre las pieles de Cupido y de la diosa. La cara de Cupido es totalmente impresionista. Un prodigio de cuadro.

Van Eyck Matrimonio Arnolfini

 

2- EL MATRIMONIO ARNOLFINI de Jan Van Eyck: Quizás la mejor obra del pintor flamenco. Cuadro lleno de simbolismos. Impresionante maestría técnica en la utilización de un espejo cóncavo como punto de fuga. Entrada lateral de luz que nos anticipa a un futuro Vermeer. Detallismo y pulcritud cromática. Obra maestra entre las obras maestras. Me lo llevo a mi casa.

Leonardo Virgen de las rocas

 

3- LA VIRGEN DE LAS ROCAS de Leonardo: Para muchos, mejor ésta versión que la del Louvre. Ejemplares gradaciones lumínicas. Cuadro de supuestas connotaciones esotéricas. Deliciosa la expresión del ángel, uno de los rostros más bellos de Leonardo. Extraordinario el efecto logrado de profundidad, aunque se nota la mano de algún discípulo. Ingenioso contraste entre el cálido primer plano y la gama fría de los fondos.

Piero_della_Francesca Bautismo de Cristo

 

4- EL BAUTISMO DE CRISTO de Piero Della Francesca: Preciosa gama de tonos claros y transparentes. Los personajes llevan ropas de Umbría,  posando de una manera casi distante con la escena. Cuadro “futurista” que nos intenta recordar la geometría abstracta, a la manera de un muy posterior Cézanne. Aspecto genérico de serenidad y armonía. De lo mejor del maestro de Arezzo. Un detalle para los amantes de lo enigmático: Las nubes, ¿Son tales o son ovnis?

Hans Holbein Los embajadores

 

5- LOS EMBAJADORES de Hans Holbein: Adivina, adivinanza: ¿Qué objeto misterioso aparece cruzado en primer plano?  Obra maestra del autor y de todo el género del retrato. Grandiosa plasticidad y simbolismo. Los personajes se encuentran en los lados, dejando ver el centro del aparador, en una solución muy ingeniosa. Magnífico tratamiento de los ropajes. Una joya de cuadro.

Gainsborough La carreta del mercado

 

6- LA CARRETA DEL MERCADO de Gainsborough: ¿Cómo no ponerse melancólico ante la contemplación de este cuadro magistral? Obra de madurez, con la que Gainsborough consigue plasmar todo el esplendor y riqueza de la naturaleza, su pasión. Paisaje otoñal de incomparable riqueza. Conseguidísimos efectos lumínicos. Perfecta pincelada. Magistral obra

Turner Lluvia, vapor y velocidad

 

7- LLUVIA, VAPOR Y VELOCIDAD de Turner: Nuevamente de rodillas, que merece este cuadro tal pleitesía. Torbellino luminoso donde Turner logra reunir los tres elementos que define el cuadro. Arriesgadísimo contraste de claroscuros. Magisterio en el empleo del color y perfecta combinación “alocada” de gamas y gradaciones. Una pena que Turner no pudiera pintar el olor a vapor… ¿Seguro que no? Dicen que Turner se asomaba a la ventana los días lluviosos para experimentar el golpeo de la lluvia…

Botticelli Venus y Marte

 

8- VENUS Y MARTE de Botticelli: Insuperable maestría en el dibujo de Marte, de lo mejor del maestro, que nos recuerda al gran Miguel Ángel. Perfecta composición resolutiva culminada por la lanza que transportan los faunos. Contraste de estados entre la diosa y Marte, vida y pausa. Cuadro alegórico del matrimonio. Botticelli es un genio del dibujo y ésta es una de sus mejores muestras. Perfecto.

Caravaggio Cena de Emaus

 

9- LA CENA DE EMAUS de Caravaggio: Voy a ser sincero: Caravaggio es un pintor que se ve muy favorecido en las ilustraciones y que decepciona un tanto al natural. Luego de esta pecaminosa advertencia, admiremos este cuadro. Las figuras de los tres discípulos superan totalmente la de un insustancial Cristo. Calidad pictórica fuera de toda discusión en las viandas de la mesa. Los personajes parecen sacados de una película italiana de posguerra. Buenísima la expresión del tipo que está de pie, a la izquierda. Inconfundible atmósfera tenebrista. Gran cuadro.

Constable El maizal 

10- EL MAIZAL de Constable: Genial paisaje de resonancias bucólicas. Precisa y cuidada técnica. Hay un especial recuerdo a Claudio de Lorena en el tratamiento de la luz. Cuadro de infinita añoranza, demuestra el amor del autor por la naturaleza.  Cuidadoso detallismo en la escena del niño junto al arroyuelo. Obra muy trabajada y felizmente resuelta.

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